A pesar de que hacía un año que no le veía, Carol estaba segura que era él, Daryl no había cambiado en su aspecto físico desde que se habían despedido en la habitación 221 del motel. La noche y la luz de la farola no le habían permitido verle con claridad, pero sabía que era él. No le cabía ninguna duda.

Su corazón se había acelerado al verlo parado entre ambos vehículos mirándola, reconociéndola. Y entonces su mente empezó a darle vueltas. ¿Habría visto a Sophia? ¿Desde cuándo estaba allí? ¿Le estaba espiando? ¿O a Ed?

Su cuerpo se llenó de rabia, por mucho que fuera su expareja y alguien a quien amaba, no le agradaba la idea de que él le estuviera espiando de esa forma. Habían decidido dejarse de ver y por muy doloroso que fuera, debían hacerlo. Y no aceptaría que Daryl le estuviera siguiendo.

Aceleró el coche entre la penumbra con ganas de llegar a casa, y deshacerse de todos los pensamientos que la presencia de Daryl había creado en ella.

Carol miró a su derecha donde su marido estaba roncando contra la ventanilla del coche. A pesar de estar enfermo, él seguía bebiendo y esto le hacía estar peor pero aún tenía autonomía para irse a beber y a trabajar. A pesar de eso, Ed había dejado las responsabilidades laborales a sus trabajadores. Al ser su empresa, él seguía recibiendo dinero de los talleres cada mes.

Desde que Ed estaba más enfermo, Carol siente que su vida se desmorona cada día que pasa. El empresario se pasa casi todo el tiempo en casa lo que implica que sus voces y sus gritos están a todas horas, menos cuando sale con sus amigos o solo a beber. A Carol le sorprende como a pesar de su enfermedad puede seguir yendo al bar casi a diario.

Además, están la familia de Ed y la suya propia, quienes no ayudan a llevar una vida tranquila. Sus padres, quienes consideran que no es una buena madre ni una buena esposa, la cuestionan y la juzgan cada vez que la ven, creándole más inseguridades de las que ya tiene. Además los padres de Ed consideran que Carol es la típica mujer que solo quiere el dinero y la fortuna de la familia Peletier. Por ello, cada día que pasa en esa casa es una auténtica tortura.

Lo único que le alivia ese dolor emocional y no volver a caer en las redes de la depresión como años atrás, es la pequeña Sophia de dos años. Esta más hermosa que nunca, ha empezado a hablar y tiene mucha energía. Carol solo quiere pasar su tiempo junto a su pequeña.

Al llegar a casa, despierta a Ed, quien suelta un par de improperios y recordándole lo inútil que es por no haber llegado antes y por no saber cuidar de su hija. Está acostumbrada a escuchar los insultos de él y como le desacredita por absolutamente todo. Carol siente un cierto alivio cuando a causa de la gran borrachera que lleva encima, Ed se queda durmiendo en el sofá.

La mujer no se esfuerza en despertarlo para que vaya a la parte superior de la casa para dormir, no quiere aguantar sus palabras, críticas, humillaciones o amenazas. Con la pequeña en brazos, quien dormita contra su hombro, la sube hasta su habitación y se queda un rato viéndola dormir.

Mientras acaricia el pelo rubio de su pequeña, no puede evitar sentir como las lágrimas caen por sus mejillas. No tiene un motivo en concreto, simplemente no puede más con la presión que está soportando a sus espaldas. Además, volver a ver a Daryl le ha vuelto a traer nuevos sentimientos que ella pensó que estaban enterrados.

Pero sabe que Daryl ya está fuera de su vida y no va a volverlo a ver. No puede volver a mantener ningún contacto con él. Solo espera que él mantenga su parte del trato.


Tras varios días encerrada en casa cuidando de Ed, ya que debido a su última borrachera le ha causado náuseas, fatigas y dolor, Carol decide salir de casa junto con su pequeña. Era insoportable la tensión que estaba soportando aquellos días. Sabía que si Ed se despertaba en su ausencia recibiría una bronca monumental por dejarlo solo mientras dormía, pero ella no podía más.

Era sábado por la mañana cuando Carol decidió salir de la casa e irse un rato con Sophia al parque infantil. Montó a la pequeña en el coche y salió del garaje con el coche de Ed. El Jeep Cherockee aún seguía aparcado enfrente del bar Smith. Ya iría a recogerlo en algún momento cuando pudiera dejar a Sophia con Tara o mandaría la grúa a recogerlo.

Lo cierto es que necesitaba salir de casa, disfrutar de un momento de paz con su hija.

-¡Vamos a ir al parque a jugar! –Dijo la pequeña con una sonrisa en los labios.

-Claro, cielo.

El corto camino hacia el parque fue bastante entretenido, ya que la pequeña no paraba de hablar y compartir cualquier hecho relevante que se le pasara por la cabeza. Minutos más tarde, llegaron al parque dónde varias vecinas estaban allí junto a sus hijos y hijas. Entre ellas, la señora Robins o la señora Johnson. Carol con la pequeña en brazos y con la mochila de juguetes en el hombro se adentró en el parque infantil. Nada más verla, le saludaron con la cabeza y con una sonrisa en los labios dándole la bienvenida.

Había varias madres juntas en un círculo, probablemente compartiendo anécdotas de los niños, o más bien curioseando sobre la vida íntima y personal de los vecinos. Carol no se sentía cómoda compartiendo detalles de su vida personal u opinando sobre la vida de los demás, era por eso que no tenía demasiada relación con ellas.

Carol dejó a la pequeña en la arena y le cedió la mochila. Sin perder demasiado tiempo la pequeña abrió dicha mochilita esparciendo todos los juguetes de su interior y empezando a moldear la arena con los cubos.

La mujer vio como Sophia se juntaba con Camille Johnson, hija de la señora Johnson y empezaron a compartir historias inventadas sobre una princesa que parecía atrapada en algún lugar de su historia.

Estaba tan pendiente de ellas que Carol no se había percatado que todas las madres parecían bastante alteradas por alguna razón que desconocía. En ese instante, sintió cierto revuelo que le hizo levantar la mirada en dirección hacia dónde ellas miraban.

Carol se irguió sorprendida por ver al hombre rubio con una chaqueta de cuero y el casco de motos en su otro brazo dirigiendose hacia ella, pasando entre los niños y las madres, que le miraban desconfiadas.

Nerviosa le observó sin saber cómo reaccionar, pues era evidente que se dirigía a ella. Carol dirigió una mirada rápida hacia su hija quien ajena a todo seguía jugando con su amiga.

Volvió a mirar a ese hombre quien se había acercado lo suficiente a ellas. Le miró a los ojos viendo en ellos enfado y confusión. Pero sobre todo, pudo ver las ojeras bajo sus hermosos ojos, señal de que últimamente no dormía demasiado.

-Daryl, ¿Q-qué estás haciendo aquí? ¿Te has vuelto loco o qué? –dijo mirando a las demás madres que les observaban y cuchicheaban entre sí.

-¿Por qué se llama Sophia?

-¿Qué? –Preguntó Carol sorprendida por la pregunta, mientras su boca se entreabrió,–D-Daryl… no es el momento para hablar…- dijo la mujer susurrando viendo como las demás madres les miraban.

-Me importa una mierda que esté todo el puto barrio de pijos de mierda mirando. Respóndeme. ¿Por qué tu hija se llama Sophia? –Le preguntó completamente alterado, mirando a los ojos de la mujer.

-Daryl, por favor… -empezó a decir Carol al intuir hacia donde iba la conversación.

Carol vio como Daryl dirigió una mirada confusa y dolida hacia la pequeña por encima de su hombro. La pelirroja se giró un momento y pudo ver como Sophia estaba sentada en la arena pero sin perder de vista a su madre y a ese desconocido.

-Sabes de lo que te estoy hablando… ¿Es mía? –Le preguntó totalmente desesperado. –Dime, ¿es mi hija? –Carol sintió como su corazón empezó a latir fuertemente mientras miraba los azulados ojos y el rostro fruncido lleno de furia de Daryl.

La mujer abrió la boca para responder algo aunque no sabía exactamente el que, pues su pregunta le había dejado sin habla y no tenía respuesta, y en ese momento, ambos sintieron la presencia de alguien a su derecha.

-Carol… -Interrumpió Nora Johnson entrometiéndose en la conversación. Carol giró el rostro hacia su vecina, mientras el rubio le observaba atentamente, -¿Está todo bien? –preguntó Nora dirigiendo una mirada de desconfianza a Daryl.

-Señora, ¿por qué no se mete en sus puñeteros asuntos? –La vecina, claramente ofendida por las palabras de Daryl, miró a Carol quien parecía estar bastante aturdida.

-Sí, Nora está todo bien. –dijo finalmente Carol, antes de que Daryl respondiera, ya que tenía intención de hacerlo. Y viendo el estado de enfado y de furia de Daryl, sabía que la respuesta no iba a ser muy educada.

Con la mirada puesta en el hombre, Nora se apartó de ellos, se acercó a Camille Johnson y la elevó en brazos separándola de Sophia. Camille protestó un poco por la separación de su amiga, mientras que Sophia se levantó para acercarse a su madre.

Al notar las manos de Sophia aferrarse con fuerza a sus pantalones vaqueros, se agachó y la tomó en brazos. Al levantar la mirada, pudo ver los ojos azules brillar mientras las observaba atentamente.

-Vete, Daryl. –Respondió contundentemente la mujer adulta.

-Mamá…-empezó a decir la pequeña dejando caer la cabeza contra su hombro.

-¿No me vas a responder? –preguntó el rubio, con un nudo en la garganta.

-No, y menos si te dedicas a seguirme y abordarme de esta manera. Delante de mi hija y de todo el maldito barrio. –Por el tono que utilizó Daryl supo que ella se había enfadado por su presencia.

-Pero…

-¡Te he dicho que te vayas, Daryl! –Masculló la mujer enfadada.

-Mama. –le llamó su hija, quien parecía algo temerosa.

Carol vio la rabia, el dolor y la decepción en sus ojos, antes de que éste se girara sobre sí mismo y se fuera en dirección a la moto, mientras las demás madres les observaban.

-¿Qué cojones miráis? –les gritó el rubio, a todas esas mujeres que le observaban con miedo, y alternaban la mirada con Carol, mientras cuchicheaban.

Daryl se montó en su moto y desapareció de la vista de todos, mientras Carol se sentó al lado de su hija, aunque no dejaba de mirar en la dirección en la que se había ido la moto.


6 de julio de 2005

Daryl y Carol disfrutaban de una tarde verano en el parque Piedmont sentados en el césped. Más concretamente, Carol estaba sentada contra un árbol, mientras Daryl estaba estirado en el césped con la cabeza apoyada en los muslos desnudos de Carol. Ésta aprovechaba para acariciar sus cabellos rubios y de vez en cuando le dedicaba besos.

La ausencia de clases y la luz solar hasta la tarde, les permitían estar más tiempo juntos, después de que Daryl acabara su jornada laboral en el taller mecánico. El cielo amarillento del atardecer empezaba a teñir el cielo, pero ninguno de los dos tenía intención de moverse del lugar. Al menos, no por el momento.

Carol observó el rostro de su novio mientras le dedicaba caricias, y éste las recibía sin quejarse ni poner ninguna objeción.

-¿Quieres saber que me ha contado Andrea? –Empezó a hablar Carol mientras acarició su cabello rubio apartándoselo de sus ojos.

Daryl elevó la mirada hacia ella escuchándola, y entonces se irguió, sentándose en el césped.

–Al parecer, Rose Sanders se ha quedado embarazada. –Narró la adolescente contándole un detalle sobre su antigua compañera de instituto.

Daryl abrió los ojos sorprendido. Hacía más de un año que había dejado el instituto, pero Carol solía contarle lo que sucedía en él. Había coincidido poco con Rose, pero sabía que no era una joven en la pudiese confiar.

-Ya sabes que sus padres son bastantes católicos, y quieren que se case con Scott Campbell. Pero él dice que no es el padre del bebé y que no piensa hacerse responsable.

-Que cabrón… -insultó al adolescente, el cual nunca le había caído bien. Era evidente que el joven se había asustado de la futura paternidad, pues todos en el instituto sabían de la relación amorosa que ambos adolescentes tenían. Carol asintió ante las palabras de su novio.

-Sí, no me gustaría estar en la situación de Rose. –Dijo Carol, sabiendo la difícil situación en la que debía estar su compañera de instituto-. Son muy jóvenes. Debe estar muy asustada, pasar por esa situación sola. Si me llega a pasar a mí… -Daryl le observó y habló.

-Yo nunca haría lo que ha hecho Scott. –Soltó Daryl de repente como si su respuesta le hubiera ofendido-. Yo no te dejaría sola.

Carol le miró, elevó sus manos y enmarcó su rostro sonriéndole.

-Lo sé. No estaba hablando de ti, sé que nunca lo harías. Te conozco, y sé… que te harías responsable. –Le aseguró acariciando su rostro. Se inclinó besando sus labios suavemente. –No tengo ninguna duda de eso.

La respuesta de Carol pareció tranquilizar a Daryl, quien sin quererlo se había tomado esa respuesta como algo personal.

-Igualmente, asusta mucho quedarse embarazada a nuestra edad. –Daryl asintió ante las palabras de su novia, teniendo esa misma sensación. –Tenemos solo 18 años.

-Sip, asusta. –Confirmó el rubio.

Se mantuvieron en silencio, al mismo tiempo que ella le abrazó por sus hombros y Daryl dejó caer su cabeza contra su pecho cubierto por el vestido de flores. Él buscó sus manos para entrelazar sus dedos con los suyos, viendo el anillo que él le había comprado con su primer sueldo. Éste era de oro blanco con una flor.

Sin poder evitarlo, la joven se imaginó su futuro en el cual formaba una familia con Daryl. En él, ellos compartirían una vida juntos en una casa con jardín y piscina, lejos de sus familias y sí, con un pequeño niño rubio correteando por sus vidas. Idéntico a Daryl. Carol sonrió ante la idea. Daryl giró levemente el rostro para verla sonreír.

-¿Qué pasa? –preguntó él.

- ¿Te gustaría tener hijos? –El adolescente sorprendido por la pregunta, giró el rostro hacia ella.

-¿Qué? ¿Se puede saber en que estás pensando? –Carol se rio por el rostro asustado de él.

-No te estoy proponiendo tener hijos ahora. Tranquilo, Pookie. Me preguntaba en un futuro. Aún tengo que ir a la universidad y viajar antes de plantearnos esa situación. –Dijo con tranquilidad la mujer, mientras dejaba reposar su mejilla contra el pelo encrespado de Daryl. Lo sintió respirar muy profundamente.

-No tengo ni puñetera idea. No sé lo que es tener una jodida familia. ¿Qué te hace pensar que podría cuidar de unos hijos? –Masculló el adolescente con un toque serio y triste.

-Yo creo. Eres bueno conmigo. Sé que podrías…

-Quizá. –Dijo resignándose finalmente-. Quizá…

-Yo me veo formando una familia contigo. –Confesó finalmente la adolescente, desvelando lo que tenía en mente. Bajó la mirada hacia el rubio, quien le miraba halagado por pensar que con él podría tener un futuro prometedor-. ¿Tú no?

Daryl le miró y suspiró. No podía mentir, siempre había deseado tener lo que no había tenido desde pequeño: una verdadera familia. Y lo que le estaba planteando Carol era tremendamente tentador. Quizá nunca lo había pensado de manera seria, porque él en su mente creía que algún día Carol se a cansaría de él y le dejaría. Tal y como su hermano y su padre le habían dicho.

"En cuanto se canse de ti, se irá y te dejara para irse con algún rico que le pueda pagar todos los caprichos de niña rica."

Esas palabras habían sido las que no le habían dejado plantearse un futuro con ella. Por alguna razón no creía que su relación fuera duradera. Pero las palabras de la adolescente en ese instante le hacían ver que ella quería estar con él durante mucho tiempo. Y si dependiera de él, haría todo lo que estaba en su mano para que así fuera.

Cerró los ojos y por primera vez, se atrevió a imaginar una vida con ella. Una vida tan diferente a la que tenía ahora.

-Me encantaría. –Confesó finalmente imaginándose esa vida idílica con ella-, tendríamos una pequeña niña.

-¿Una niña? –preguntó Carol ante la seguridad con la que lo dijo.

-No sé, yo solo… -se encogió de hombros, mientras Carol seguía rodeándole - sé que sería una niña.

-¿De verdad? –Dijo Carol con una tierna sonrisa en los labios. - Y, ¿qué nombre le pondrías? –Preguntó por curiosidad, besando su mejilla rozando la barba incipiente.

-Sophia. –Carol sonrió abiertamente ante la sugerencia.

-Es un nombre precioso, Daryl.

-Era el segundo nombre de mi madre. –Dijo en voz baja.

-¡Oh! –Exclamó la mujer, antes de acariciar su rostro y besarle suavemente.

Carol sabía que su madre había muerto cuando él tenía seis años y lo poco que sabía es que ella había sido tremendamente afectuosa con él, a diferencia de su padre. Y siempre hablaba con muchísimo cariño de ella.

-Me encanta. Así que ya tenemos nombre para nuestra hija. –Daryl se irguió mirándole como si estuviera loca. Y ella se rió.

-¡Estás loca, nena! –Dijo con diversión el rubio y ella se lanzó a sus labios, besándolos fuertemente.

-Te lo dije antes, aún queda mucho. Quiero disfrutar de mi vida y hacer muchas cosas antes de tener hijos. –le susurró cuando se separó de él.

-¿Así? ¿Qué cosas quieres hacer? –Carol aprovechó la situación para ponerse a horcajadas encima de él.

Él llevó sus manos a su cintura mientras levantaba el rostro para observarle mejor, al mismo tiempo que sentía que su cuerpo se excitaba por el contacto de su novia.

-Viajar, ir a la universidad, salir de fiesta, y sobre todo… -llevó sus labios al lóbulo de la oreja susurrándole,- practicar.

-¿Practicar? ¿El qué? –preguntó el joven mientras sentía el deseo correr por sus venas.

-Hacer el amor. Muchas veces. Hasta que nos salga perfecto.

-¿Más? –preguntó con suficiencia el rubio y ella se rio con picardía.

-Sí, más. -Notó como se tensó debajo suyo cuando lo beso en los labios, al mismo tiempo que él le abrazó fuertemente correspondiéndole al beso.


-¿Estás bien, amor?

La voz de Sheila le sacó de su ensoñamiento mientras recordaba el momento en que él le había confesado a Carol que Sophia era su nombre preferido para su futura hija. Había sido una conversación de tantos años atrás, que él ni siquiera recordaba hasta que escuchó el nombre en la boca de Carol. Desde ese entonces, esa conversación emergía en su memoria todo el tiempo. Una sensación extraña le invadía cada vez que pensaba en esa niña.

-¿Daryl?

Volvió a llamarle al ver que no respondía. El joven levantó la vista de su hamburguesa de la que no había pegado bocado y la miró. La joven le miraba preocupada y confusa.

-¿Estás bien?

-Sip. -Respondió secamente, dejando la hamburguesa encima de la mesa y levantándose. Sheila se levantó tras él intentando parar sus pasos.

-Daryl, ¿a dónde vas? –preguntó al ver que se ponía la cazadora de cuero y se disponía a salir a esas horas de la noche.

-A dar una vuelta.

-Espera, Daryl… -le llamó la mujer. El joven se giró para ver la mirada preocupada de ella.

-¿Qué te está pasando? Sabes que puedes confiar en mí, y me gustaría ayudarte…

-Estoy bien. –Le interrumpió girándose sobre sí mismo hacia la puerta. Dejando con la palabra en la boca a su novia, Daryl salió por la puerta dando un gran portazo.

Comenzó a caminar sin rumbo aparente por las calles de Atlanta, pensando sobre lo que estaba sucediendo. Desde que había coincidido con Carol y Ed a las afueras del bar musical, Daryl no había podido dejar de pensar en Carol, y sobre todo, en la hija de ésta.

El aire frío de la noche no le ayuda a calmar su ansiedad que siente cada vez que piensa en lo que ha descubierto días atrás. Y sobre todo, cuando en su mente relaciona ese nombre con la conversación de hace años.

¿Y si…? ¿Podría ser posible que…? ¿Sophia fuera su hija?

-Mierda, mierda, mierda. –Masculla Daryl hablando solo mientras camina por las calles de la gran ciudad.

El corazón le empezó a latir fuertemente al pensar en la posibilidad de que esa pequeña pudiera ser su hija. El hombre se llevó las manos a la cabeza noqueada con esa posibilidad, confuso, dolido y sorprendido.

-No puede ser. Es imposible –Masculló para sí mismo.

No podía ser. Carol le aseguró que no podía tener hijos, parecía bastante segura de esa afirmación. ¿Y si no era así? No era un experto en niños, pero estaba seguro que esa niña no debía tener más de tres años. Justo el tiempo en el que ella desapareció.

-¡Oh, mierda! –Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo que cada vez era más posible de que realmente esa niña fuera su hija.

Y entonces, la rabia y el dolor florecieron en él. Si así era, ¿porque Carol no le había dicho nada? ¿Por qué desapareció por completo?

Él necesitaba respuestas, por esa razón el sábado por la mañana fue hacia la lujosa urbanización donde vivía Carol y espero pacientemente a que ésta saliera de su casa. Vio como el Land Rover salió del garaje y lo siguió, a una distancia prudente, hasta el parque infantil. Si no hubiera estado tan alterado y tan fuera de sí, hubiera meditado su encuentro, pero en ese momento él necesitaba hablar con ella.

Necesitaba respuestas, o se iba a volver loco.

Sin embargo, su reencuentro no ha sido como él esperaba. Es consciente que no era el momento adecuado quizá, pero estaba desesperado y necesitaba saber si sus sospechas eran ciertas.

Tras ese encuentro, Daryl no sabe qué hacer, está desesperado y las palabras conjunto con la reacción de Carol no han hecho más que incrementar sus sospechas. Se pasa todo el día dando vueltas sin un rumbo aparente.

El móvil empieza a sonar viendo el nombre de Sheila en la pantalla del aparato. No quiere hablar con ella ahora. Ni siquiera sabe como explicar todo lo que le está sucediendo. Vuelven a llamar de nuevo, y Daryl se mueve pacientemente por la habitación que hace tanto que no reservaba. No tiene ni idea que hace allí, pero sus pasos inconscientes le han llevado a la habitación 221.

Sabe que estar aquí le hace daño, le recuerda a ella y a todo lo que tiene que ver con esa vida idílica que se imaginó y que no tendrá jamás.

Daryl bufa cansado intentando poner en orden sus pensamientos. No sabe qué hacer. Ahora que parecía que empezaba a tener estabilidad junto a Sheila, y que había superado su relación con Carol, la revelación de que ésta tenía una hija, había puesto patas arriba toda su vida. Sobre todo por la intuición de que esa pequeña podría ser su hija biológica.

El sonido del móvil vuelve a sonar destrozando la tranquilidad de la habitación, llena únicamente por la furia y la rabia de Daryl. Sin prestar atención de quien se trata, Daryl aprieta el botón de responder llevándoselo a la oreja.

-¿Qué mierda quieres? –responde con un tono borde y poco amable, esperando que sea Sheila quien esté al otro lado del teléfono.

-Daryl. –La voz de Carol le sorprende. Daryl se pone en pie nervioso. –Tenemos que hablar. –Daryl puede escuchar la voz temblorosa de Carol al otro lado del aparato.

-¿Ahora sí? –Dice con ironía.

-Estábamos en un parque infantil con todo el mundo mirando, ¿qué esperabas? –le dice la mujer con enfado.

-La verdad. –Contestó el joven con dolor y rabia. Daryl escucha como Carol bufa cansada a través del teléfono e incluso parece dolida.

Tras algunos momentos tensos, Carol responde a las palabras de Daryl.

-¿En media hora, dónde siempre? –sugirió la mujer en esta ocasión.

Sorprendido por la sugerencia, Daryl le asegura que estará esperando a que ella aparezca.

Tras colgar el teléfono, Daryl no puede evitar sentirse impaciente. Necesita respuestas de inmediato, mientras siente que cada segundo que pasa es una eternidad. Eran las 23:36 cuando pidió su primer whisky, ya que sentía que lo que iba a ocurrir aquella noche le iba impactar totalmente. Necesitaba un poco de alcohol para afrontar la conversación con Carol.

El camarero le trae su segundo whisky a las 00:14 mientras siente desesperación por la ausencia de la mujer, quien le había prometido que acudiría a la cita. Cuando toma su tercera copa, la habitación ya empezaba a dar vueltas mezclado por la rabia, decepción y tristeza por sentirse engañado por ella.

Media hora más tarde, Daryl por fin comprende que no va a aparecer en su cita, y el nudo en la garganta y las lágrimas se apoderan de él. Sin embargo, tras el dolor inicial por sentirse traicionado y abandonado por ella una vez más, decide que es el momento de tomar cartas en el asunto.

No quiere lastimar a Carol, pero si Sophia es su hija, va a descubrir la realidad cueste lo que cueste.


Como le había prometido, Tara llegó sobre las 23:34, tiempo suficiente para irse al hotel donde ha quedado con Daryl. La joven, a quien tiene un gran aprecio, no dice nada ni le juzga y agradece enormemente su discreción. Por suerte, la madre de Ed ha venido a llevarse a su hijo a su casa, pues considera que Carol no le cuida bien.

Al parecer durante su ausencia en el parque infantil, ésta ha acudido para visitarles y al encontrarse la casa vacía ha decidido llevárselo. Carol agradece su ausencia porque esto le permite descansar de su marido. Los padres de Ed viven apenas un par de calles de ellos.

Carol sale de casa en la penumbra de la oscuridad, en dirección al coche, sintiendo como los nervios afloran en su interior. Sabe que la conversación que tienen pendiente entre Daryl y ella es sumamente importante.

Aprieta el botón del mando a distancia para abrir el coche, al mismo tiempo que escucha unos pasos resonar a su derecha, seguida de una voz.

-Carol, -la pelirroja se gira completamente asustada hacia donde procede la voz oscura-, parece que vuelves a las andadas.

Lona Peletier, la madre de Ed, está a las afueras de su casa, esperándole. Carol siente como la bilis en su garganta y empieza a sentir el mareo en su cuerpo, se apoya contra el coche para evitar caerse en medio del asfalto.

-¿Qué haces aquí, Lona? –le pregunta la mujer intentando parecer normal.

-Lo mismo puedo preguntarte. ¿A dónde vas? ¿Has vuelto a tus aventuras nocturnas?

-Voy a buscar pañales para Sophia, aún lleva por la noche y nos hemos quedado sin. –Intentó mostrar una sonrisa, intentando mostrar tranquilidad y normalidad. Carol puede ver la sonrisa cínica de su suegra sabiendo que no ha creído en su mentira.

-Sé que te has vuelto a ver con ese hombre. Nora le ha comentado a Elisabeth que un hombre de malos modales se ha acercado a vosotras en el parque. –Soltó la mujer con una satisfacción en su tono. Carol sabe que en su interior está disfrutando con esto.

Carol maldijo a su vecina en voz baja por no mantener la boca callada. Nora era la hija de Elisabeth íntima amiga de Lona Peletier. Debería haber intuido que se lo iba a contar.

-No es lo que crees, Lona. –Respondió Carol a la acusación que su suegra vertía sobre ella. Aunque sabía que no le creería, nunca lo había hecho.

-Ya… yo no sé qué vio mi hijo en ti, -dijo con desprecio-, no eres más que una puta. –Carol sintió la rabia en su cuerpo, además de la culpabilidad por ser infiel. Tragó saliva por las palabras de ella. No era la primera vez que le decía eso. -No estás capacitada para cuidar de Ed ni de mi nieta.

-No te atrevas a amenazarme con quitarme a Sophia otra vez. –Le dijo Carol acercándose a su suegra.

-Tu madre y yo coincidimos en que nunca debiste tener un hijo y menos en tu estado… Salir en la mitad de la noche para ir a acostarte con otro, prueba lo incapacitada que estás para cuidar de un niño.

Carol siente las lágrimas en sus ojos al sentir la amenaza de quitarle a su pequeña.

-No me vas a quitar a Sophia. –Volvió a decir Carol.

-Eso ya lo veremos. –Le amenazó de nuevo Lona, antes de irse caminando hacia su casa que estaba a unos metros.

Carol se apoyó contra el coche mientras sentía la ansiedad por las palabras de Lona. No podía permitir que su madre o su suegra le quitaran a Sophia. No podía permitirlo. Y entonces, su cita con Daryl pasó a un segundo plano y volvió a entrar en su casa totalmente alterada, antes de decirle a Tara que podía volver a la suya.


Hola Carylers,

Aquí les traigo un nuevo capítulo.

La situación se complica mucho. Daryl cree que Sophia podría ser su hija sobre todo por el hecho de que ésta se llame así, ya que inmediatamente recuerda cuando le confesó que le gustaba el nombre de Sophia. A su vez, en su desconcierto, Daryl necesita respuestas y actúa por impulso, siguiéndole y abordándole en el parque.

Esto le traerá consecuencias negativas a Carol pues por esta razón, la suegra de Carol se entera de que está viéndose con otro hombre, -de nuevo-. Y además con la amenaza de quitarle la custodia de Sophia.

Asi que, una vez más aquí tenéis un capitulo algo duro y triste. Lo siento L Me vais acabar odiando jajajaja

Quiero agradecer a todas las personas que me leen, y en especial quiero agradecer a Andrea por hermoso comentario en el capítulo anterior.

En fin mil gracias a todos, nos leemos muuuuuy pronto

San.