11 de febrero del 2015

Dos rayas rosas.

Dos malditas rayas rosas. Estaba embarazada.

Carol se llevó la mano al estómago que aún estaba plano mientras las lágrimas se deshicieron por sus mejillas.

–¡Oh, dios mío! –masculló.

Carol no puede creer que sea verdad, durante mucho tiempo Ed le ha humillado por no poder tener hijos y la ha hecho sentir menos mujer por no poder quedarse embarazada. Según él y su madre, ella era estéril. En el fondo de su ser, ella sabía que muy posiblemente que Ed también lo fuera, pero le habían repetido tantas veces que era incapaz de quedarse embarazada que había llegado a creérselo.

Durante todos estos años, ella se había mentalizado que no estaba destinada a tener hijos. E incluso, agradecía que así fuera ya que de esa forma, no tendría que tener a Ed como padre.

Pero ahora, se había quedado embarazada.

Y entonces, un nudo en la garganta floreció al recordar sus encuentros sexuales con Daryl. Debido a que estaba convencida de su esterilidad, ella le había asegurado que no podía tener hijos, y a excepción de las tres primeras veces, no habían utilizado ningún método anticonceptivo.

En ese momento, Carol se sintió una autentica gilipollas por no haber previsto que el problema podría ser de Ed y no suyo.

–¡Mierda! –Se dijo a sí misma.

Se sentó en el suelo del baño, abrazándose a sus rodillas analizando la situación.

Ed siempre había detestado los condones y nunca había utilizado. En vista de esto, Carol había tomado pastillas anticonceptivas durante los primeros años de noviazgo y durante sus primeros años de matrimonio. Hasta que él las descubrió y las tiró a la basura, pues lo que quería era tener un progenitor pronto, además de las presiones de los padres de ambos. Así que se vio obligada a obviar cualquier método anticonceptivo.

Habían pasado seis años desde entonces, y ahora estaba embarazada. Cabía la posibilidad de que Ed fuera el padre, pero en su interior le decía que Daryl era el padre biológico del bebé que llevaba en su interior. Estaba segura.

Daryl era el padre de su bebé.

Se llevó las manos a su cara, dejando que las lágrimas brotaran. Esto era lo que había deseado desde que era joven. Un bebe de Daryl. Pero sin duda las circunstancias eran las peores en las que podía estar. No era como se lo había imaginado.

Carol estaba abrumada y mareada por la situación en la que estaba. No sabía que iba a hacer. Pero de una cosa estaba segura, Daryl debía saber que estaba embarazada e iba a ser padre.

La mujer se quedó paralizada al darse cuenta de que es el momento que estaba esperando. Sabe que es el momento de irse de casa; hasta ahora no se había atrevido por miedo a su familia. Pero si se queda en casa y les cuenta que está embarazada, salir de casa iba a ser mucho más complicado.

Se levantó rápidamente; se dirige hacia la habitación, rebusca entre sus cosas y agarra la mochila que tiene preparada. No es la primera vez que se plantea huir de casa. Va hacia la caja fuerte y agarra unos cuántos dólares para subsistir y poder pagar los costes médicos del embarazo.

Mientras deja la mochila en la parte trasera de su Jeep, piensa en lo que va a hacer: irá al motel dónde ella y Daryl suelen encontrarse. Se quedará allí hasta el viernes. Sólo dos días más. Y entonces le contará que está embarazada de él. Además, que ha dejado su casa y que no piensa volver.

No sabe si es el embarazo, pero siente la adrenalina en su cuerpo, e incluso está feliz de poder dejar esta vida detrás, por fin. Es el momento de formar la vida que ella realmente quiere. Con Daryl. Con su futuro bebé. Quizá deban mudarse de estado, dejar Atlanta y empezar una nueva vida. Nunca antes se había sentido tan segura de dejar toda su vida atrás.

Miles de cuestiones aparecen en su mente mientras conduce hasta el centro de la ciudad, hasta el motel. Tiene miedo de que Daryl la rechace, que no quiera irse con ella. Pero por otra parte, ella sabe que él nunca la dejará sola. Confía en él.

Por suerte, la habitación 221 está libre y Carol paga la estancia hasta el sábado. Tres días hasta que vuelva a verle de nuevo. Podría ir al taller a buscar a Daryl, pero es arriesgarse demasiado. Prefiere no salir del hotel hasta que no esté con él.

Está a punto de empezar una nueva vida. A pesar del temor por este cambio repentino, ella está dispuesta a dejar todo para empezar de cero. Y se siente feliz.

Carol se estira en la cama. Se toca la panza totalmente plana, pero sabe que allí esta su pequeña o pequeño. No puede creerlo. Tanto tiempo creyendo que es estéril y ahora, está embarazada.

Está deseando ver la reacción de Daryl. No sabe cómo será. Sólo espera que sea positiva. Un nudo en la garganta aparece de golpe, ¿y sí él no quiere tenerlo? ¿La rechazará? Carol cierra los ojos evitando pensar en esa posibilidad.

A los pocos minutos, el cansancio le vence, manteniendo sus manos en su estómago como si estuviera protegiéndole.

Entre neblinas puede visualizar a Daryl sujetando a una niña, la alza por encima de su cabeza, mientras escucha el tierno sonido de la risa. Daryl tiene una enorme sonrisa en sus labios. "Sophia" escucha entre las palabras del hombre.

"Papi" la voz suave de su hija, le hace dirigir una mirada a la pequeña. Sus ojos son azules como los de su padre. Su fino pelo rubio está recogido en una coleta, con un lazo rojo.

Es preciosa y tiene cierto parecido a Daryl.

Daryl deja a la pequeña en un columpio que tienen en su enorme jardín. Sophia parece encantada, mientras se intenta balancear en su pequeño columpio que tiene para ella sola.

El hombre se acerca a Carol, quien solo los observa, enmarca su rostro suavemente. Y le da un suave beso en los labios. "Te amo" susurra contra sus labios.

¡TOC, TOC, TOC!

Los golpes le despiertan de golpe de su idílico sueño. Se levanta frustrada, pues la felicidad del sueño se ha desvanecido en pocos segundos. Respira hondo, intentando calmar su corazón que está a mil por hora. Recuerda donde está: en el motel. Mira hacia el móvil que reposa sobre la mesa de noche.

Las 17:36 del miércoles.

¡TOC, TOC!

Suenan con más impaciencia. Carol se inquieta, pues no espera la presencia de nadie hasta el viernes por la noche, cuando Daryl debe aparecer. Quizá es algún empleado del hotel que debe comunicarle algo. Se levanta de la cama y descalza se dirige hasta la puerta.

Y en ese momento, toda la felicidad y sus planes se desmoronan delante de ella como un castillo de naipes.


Carol siente el corazón en el puño cuando vuelve a entrar en la casa, encontrándose entre la espada y la pared. Tiene la necesidad imperiosa de hablar con Daryl y contarle la verdad. Sabe que tiene derecho a saber que es el padre biológico de Sophia. Pero tras la conversación con Lona, no sabe cómo encontrarse con él, sin que ella o sus detectives le sigan.

Sabe que Lona va a enviar a sus detectives, no es la primera vez que lo hace. Así que la libertad que gozaba hasta ahora va a volver a desaparecer de nuevo.

Tara parece sorprendida cuando le ve entrar de nuevo. Le paga por haberse molestado en venir. Le pide disculpas y ésta sorprendida por sus palabras se va a su casa.

Carol se sentó en el sofá bloqueada por no saber qué hacer. Se siente de nuevo atrapada por Ed, la familia de él y la suya propia. Odia esta sensación de estar cada vez más ahogada.

Con un suspiro, Carol empezó a escribir en el teléfono móvil un mensaje para Daryl. Escribió y borró tres veces, hasta que finalmente se decantó por enviar el mensaje:

"Lo siento, Daryl. He tenido un problema. No puedo encontrarme contigo hoy"

Miró el mensaje una docena de veces, antes de apretar el botón de enviar. Sujetando el aparato, espera con impaciencia su mensaje de vuelta. Sabe que estará enfadado.

"Ers una cobarde"

Estas palabras le duelen, pues inconscientemente ella tiene esa misma percepción de sí misma. No deberían afectarles, pero no puede evitar molestarse por éstas. Carol decide no contestarle y se va a la cama.

Intenta dormir, pero le es imposible cuando piensa en Daryl, quien probablemente aún debe estar en el motel. Ella siente que necesita hablar con él. Sabe que a pesar de sus palabras ella le debe una conversación para hablar sobre Sophia. Él merece saber la verdad.

Enciende de nuevo la luz del dormitorio, agarra el celular y vuelve a escribir. Esta vez con rapidez, enviando el mensaje sin pensar.

"Mañana. En el McDonald de Python RD a las 13"

Carol sabe cuál son los horarios del taller de su marido y por eso, le propone quedar a una hora que le da tiempo para ir. A su vez, decide un lugar neutro y público.

Sin duda, sabía que no era el mejor sitio para tener una conversación como esta, pero no tenía más opción. Quedar en el hotel de siempre ya iba a ser misión imposible a partir de ese momento, mientras Lona y su madre le pusieran detectives. Así que, quedar en un lugar público ahuyentaba las sospechas de éstas.

Ambos conocen ese McDonald, pues en su adolescencia pasaron algunas de sus citas en aquel lugar. A pesar de que no sabe si es una buena idea, llevaría a Sophia consigo. Al fin y al cabo, es su hija, tiene derecho a conocerla y pasar tiempo con ella.

Si algo tiene claro es que Daryl tiene derecho a formar parte de la vida de ella.

Minutos después, el sonido del móvil le avisa que tenía un nuevo mensaje. Un simple ok fue su respuesta, y entonces con nervios intentó dormirse de nuevo.


Daryl no sabe cómo, pero consigue llegar a casa de Sheila, pues ha tomado demasiado alcohol. Desde su adolescencia, no recordaba una borrachera de tal magnitud. Entra en la casa tambaleándose justo en el momento que la luz del salón se enciende de repente, deslumbrándole.

–Que susto me has dado… –dice Sheila, apareciendo por el pasillo, visiblemente adormilada y con los cabellos despeinados–. ¿Estás borracho?

–¿Quéee miiiierdas te importa? –su voz mostraba una clara evidencia de su estado de embriaguez. Sheila suspiró cansada.

Su novia estaba muy preocupada por el estado anímico de Daryl. No sabía que le pasaba pero era evidente que algo ocurría. Y debido a lo reservado que era, le estaba costando mucho averiguar de qué se trataba.

La joven se acercó a él, entre enfadada y preocupada.

–Daryl… –empezó a decir, pero él se alejó de ella.

–No me ppppasa nada… No me cooomas la cabeza. –Dijo Daryl, pasando por el lado de Sheila.

–No te creo, sé que algo te está pasando. Nunca te había visto así.

–Que más te da… ¡Me puedes dejar en paz! –Gritó Daryl, cansado de dar tantas explicaciones.

Sheila asintió sabiendo que no era el momento de hablar de esto. Lo intentaría a la mañana siguiente. Enfadada y dolida, Sheila con lágrimas en los ojos se giró sobre si misma hacia la habitación.

Daryl caminó unos pasos hasta el sofá, donde se dejó caer y en menos de cinco minutos se durmió.


Cuando los ojos de Daryl se abrieron, la cabeza le estallaba. Se incorporó con lentitud, llevándose las manos a su malherida cabeza. Estaba tan aturdido que ni se había dado cuenta que Sheila está allí, sentada en el suelo admirando las calles desde la ventada de su apartamento, sujetando una taza de café.

Sheila estaba enfadada, y aunque nota que él se ha despertado, no gira la cabeza y sigue mirando los transeúntes que caminan por las calles de Atlanta.

–Buenas, –dice Daryl. Sin embargo, Sheila solo gira levemente la cabeza le mira y vuelve a mirar la calle sin decir nada.

Daryl se siente avergonzado por su actitud de anoche. Es consciente que ella necesita una explicación sobre todo porque se ha comportado muy mal con ella, a pesar de que lo único que ella quiere es ayudarle.

Tras algunos segundos tensos sumidos por el silencio, Daryl finalmente habla.

–Es posible que tenga una hija. –Soltó Daryl. Sheila se giró totalmente sorprendida.

–¿Qué? –Preguntó.

Daryl vio las emociones en el rostro de Sheila. A pesar de eso, Daryl siente alivio al comentar en voz alta lo que le estaba sucediendo.

–¿Estás seguro? –Pregunta la mujer levantándose del suelo y acercándose a él para sentarse a su lado en el sofá.

–Es casi seguro. –Respondió el hombre .

La mujer asintió asimilando las palabras de su novio. Estaba sorprendida, sobre todo porque nunca le había hablado de ninguna relación anterior.

–¿Quién es? –Preguntó Sheila, con curiosidad. Daryl suspiró antes de hablar.

–Se llama Carol. Hace dos años desapareció de un día para otro.

–¿No te dijo que estaba embarazada? –Preguntó totalmente sorprendida por la actitud que esa tal Carol había tenido.

-Nope… es un poco complicado. Ella está casada. –Sheila elevó los ojos.

Aunque apenas conoce nada de esa mujer, a Sheila no le gusta nada.

-Por muy complicado que sea la situación de esa tal Carol… –dijo con desprecio–, ella debería habértelo dicho. –Daryl asintió con la cabeza. Estaba bastante perdido sobre sus sentimientos, y que Sheila le dijera estas palabras le animaban y ayudaban a entender lo que le estaba sucediendo–. Es horrible lo que te ha hecho. –¿Qué vas a hacer?

–No tengo ni puta idea… Ni puta idea. –Admitió finalmente, cansado de batallar internamente sobre lo que debía hacer.

–Daryl, debes hacerte cargo. Si es tu hija, no puedes dejarlo pasar. Ella no tiene ningún derecho a ocultarte algo así. Ni a ti, ni a la niña. –Daryl sabía que Sheila tenía razón. – Debes reclamar tus derechos como padre.

Daryl se quedó mirando la ventana, analizando sus palabras. Tenía que hacer algo. Había quedado con Carol en unas horas e iba a ir. Pero esta conversación con Sheila le había ayudado a tener las ideas más claras.

–Daryl… -el hombre quien estaba sumido en sus pensamientos, giró el rostro para mirarle-. Voy a apoyarte en lo que decidas. -El hombre mostró una media sonrisa, Sheila se acercó a él y le besó suavemente en los labios, que él correspondió.

Sheila tenía razón, debía luchar por su hija y eso iba hacer.


Carol vuelve a mirar al coche de detrás que lleva siguiéndole desde que salió de casa. Sabe que se trata de un nuevo detective que habrán contratado para seguirla. Carol se detiene en el supermercado a comprar con su hija. Hace varias paradas en diferentes establecimientos, entre ellos: ropa para Sophia, farmacia, etc… Hasta que finalmente se detiene en el McDonald donde ha quedado con Daryl.

El coche del detective espera a las afueras, sabe cuál es y sabe que aspecto tiene el hombre que le persigue. Así que se adentra en el interior del establecimiento y tras pedir un HappyMeal para la pequeña, se sientan a la espera de que Daryl aparezca.

Sophia se remueve en el asiento, está emocionada por poder comer patatas fritas y jugar con el juguete que viene con el menú.

-¡Minion! –Grita la pequeña al ver el dibujo animado dibujado en el exterior de la caja.

Carol abre la caja con la mirada incesante de Sophia quien intenta agarrar el muñeco antes que su madre. Emocionada, observa al juguete amarillo de solo un ojo. Al mismo tiempo que Carol deja la bandeja de patatas fritas y le pone kétchup encima de éstas. Sophia alterna jugar con Minion y al mismo tiempo que se lleva patatas a la boca.

Carol no pierde la oportunidad de llevarse un par a la boca.

De mientras, la mujer observa a través de las ventanas, viendo como el coche del detective seguía allí, dentro del vehículo a la espera de seguir con su seguimiento. No es la primera vez que es investigada por un detective. En el pasado durante algunos periodos de su vida, esto formaba parte de su vida diaria. Había aprendido a identificarlos e incluso, hasta engañarlos. A sabiendas de esto, la mujer ha elegido sentarse en un asiento alejado de las ventanas para que éste no pueda observar con quien se encuentra.

Sophia se pone en pie en el asiento, agarrando una patata untándola en kétchup y con su otra mano agarra un Nuggets.

–Cariño, de uno a uno, –dice al ver que la pequeña tiene ansia por comer con las dos manos–. ¿Está rica?

–Muy rica. –La niña siguió comiendo–, ¡banana! –Dijo la pequeña mientras movía el juguete amarillo por la mesa, imitando al muñeco animado–. ¡Piro, piro!

Carol sonrió al ver como su hija jugaba consigo misma. En ese momento, notó la presencia de alguien que se acercaba a ellas. Al levantar la mirada vio a Daryl a unos metros de ellas, algo confuso por ver a Sophia.

Daryl se sienta enfrente de ambas y las observa. Carol parece más mayor, tiene ojeras y parece cansada. Sophia le dirige una mirada curiosa por haber invadido la mesa en la que están ambas, y entonces puede ver sus ojos azules intensos. Son preciosos, iguales que los de su madre. Sus cabellos rubios están recogidos con un lazo en el lado izquierdo. Es la primera vez que puede verla tan de cerca.

Es preciosa.

Los dos adultos cruzan las miradas, mientras la pequeña juega con el Minion por toda la mesa mientras alterna imita los sonidos del Minion. Daryl no puede evitar sonreír levemente al ver a Sophia inmersa en su juego interno.

–¡Hey! –Dice Daryl con sequedad.

–Hola, Daryl. –Carol le dedica una media sonrisa, pero es respondido por una mirada seca de él-. Perdóname, por dejarte plantado ayer… se complicó. –Él no parece muy convencido por sus explicaciones. Sólo levanta las cejas, incrédulo.

–¿Ahora nos vemos aquí? –Mirando a todos lados, sorprendido por que fuera en un lugar público.

–Es todo muy complicado, Daryl.

–Ya… –dice con cierta ironía. Carol sabe que está bastante molesto por no haber acudido a la cita de la noche anterior.

–¡Piro-piro! –balbucea Sophia mientras se pone en pie en el asiento rojo y mueve el muñeco casi por delante de Daryl.

El hombre dirige la mirada a la pequeña, quien con una patata en la boca y con la comisura manchada de kétchup sigue inmersa en su juego.

–Hey, pequeña, –Carol se mantiene callada al ver como Daryl interactúa con Sophia.

Su tono es distinto, es suave y dulce. Sophia levanta la mirada curiosa hacia ese hombre con timidez. Daryl parece un poco perdido por como entablar una conversación con la pequeña, sin embargo, él sigue hablando.

–Me llamo Daryl. ¿Y tú cómo te llamas, preciosa?

Carol está sorprendida por ver como están interactuando entre ellos.

–Sophia. –Dice con su voz infantil.

–Es un nombre precioso. –La pequeña sonríe avergonzada–. ¿Cuántos años tienes? –Sophia levanta el dedo índice primero y después el medio.

–¡¿Dos?! –dice emocionada.

–¡Wow, eres muy mayor! –Ella asiente, y pierde la atención en la conversación, moviendo el muñeco amarillo por la mesa.

–¡Banana! –vuelve a decir, haciendo que Daryl suelte una pequeña risita.

Sophia se inclina en la mesa y agarra una patata con sus pequeños dedos y se lo tiende al hombre.

–¿Es para mí? –dijo el hombre y la pequeña asintió. -Gracias.

–Le encanta las patatas fritas… –Habló su madre.

–Ni me sorprende. –Dijo Daryl, haciendo referencia a que a Carol también le gustaban mucho y en sus citas en la adolescencia, éstas eran imprescindibles.

–Siéntete afortunado de que te haya ofrecido una, se las come todas, ¿verdad, granuja? –dice la mujer con una sonrisa y le hace cosquillas a la pequeña, quien se ríe sonoramente, y se mueve hacia el otro lado, para evitar que su madre le haga cosquillas.

El hombre asintió ante sus palabras, con una media sonrisa observando la escena. Las miradas coinciden de nuevo y entonces, las sonrisas desaparecen. Carol suspira intentando afrontar la situación, no sabe cómo hacerlo. Nunca pensó que se daría de esta forma y en este lugar.

Hay un tenso silencio, roto únicamente por las dulces palabras de Sophia, quien sigue jugando ajena al tenso momento que se va vivir. Carol suspiró agarrando fuerzas y entonces habló.

–Daryl… tú eres su padre. –Soltó la mujer. No podía retener más esa información. Tarde o temprano, iban a tratar esa cuestión.

El rostro de Daryl se descompuso. A pesar de que tenía sospechas, que Carol se lo confirmara era como sentir un puñal en todo su estómago. Mantuvo la mirada a sus ojos, viendo cómo se llenaba de dolor. Podía ver lo doloroso que estaba siendo para él. Ella también estaba sufriendo, sentía un nudo en la garganta de angustia.

–¿Estás… segura? –Preguntó el hombre con un hilo de voz. Ella asintió con su cabeza.

–Lo sé desde que me quedé embarazada. Pero para asegurarme, a los dos meses de nacer, le hice una prueba a escondidas para saber si Ed era el padre. Salió negativo... Solo puedes ser tú. –Daryl negó con la cabeza y entonces su rostro, paso del dolor a la ira.

–¿Y no pensabas decírmelo nunca? –Soltó lleno de furia.

Carol comprendía la furia de Daryl. Le había ocultado algo tan importante como que tenía una hija. Lo entendía, y le dolía verle así.

–Intenté decírtelo pero…, –Daryl le interrumpió.

–Pero pasaron no sé qué mierdas que no me pudiste decirme que estabas preñada, ¿no? –Carol se mordió el labio, pues era exactamente lo que le iba a decir, aunque con otras palabras–. Estoy cansado de tantos putos secretos a tu alrededor, siempre tienes algo que no me puedes contar. ¿Sabes lo que creo? Que todo esto no es más que una puta escusa, que te avergüenzas de que tu hija pueda tener un padre como yo.

Estaba tan enfadado que Daryl no media las palabras y simplemente decía todo lo que le pasaba por su mente, aflorando las inseguridades.

–Nunca me he avergonzado de ti, ni de que seas su padre. ¡Nunca! –Llevó su mano hacia la suya, para mitigar ese sentimiento de inferioridad que estaba mostrando, pero él la apartó, evitando cualquier contacto con ella.

-Pues no lo parece.

-No tiene nada que ver contigo. Es muy complicado. –Contestó Carol, aunque no sabía si esa contestación le iba a ser suficiente para él.

Daryl miró a Carol y después dirigió la mirada a Sophia, quien aunque no comprendía de qué hablaban, parecía que era consciente de que algo estaba pasando. Sophia se había sentado y se apoyaba contra su madre, y miraba inquieta a Daryl.

Con la mirada puesta en la pequeña, sintió un escalofrió al darse cuenta de que era su hija. Sus ojos se aguaron ante los contradictorios sentimientos que le invadían.

–En mi puta vida pensé que tú pudieras ocultarme algo así. –Masculló Daryl con un tono de voz entre la tristeza y el enfado, volviendo a mirar a los ojos llorosos de Carol.

–Yo quería contártelo, me fui de casa en cuanto me enteré de que estaba embarazada. Quería irme contigo… –su voz se fue apagando cuando vio que él negaba con la cabeza.

–No te creo. –Dijo Daryl, dejando sin palabras a la mujer–. Ya no te creo.

–Daryl, por favor… –suplicó la mujer con lágrimas en los ojos–. Es la verdad.

–Nunca voy a poder perdonártelo.

Los ojos de Carol se llenaron de lágrimas, aunque era consciente de que en parte se merecía que él no le creyera, ni le perdonara. Las gotas resbalaron por sus mejillas y asintió ante sus palabras.

–Lo entiendo… –Dijo Carol limpiándoselas.

La pequeña se alzó poniéndose encima de la mesa, intentando reptar por encima de ésta.

-¿Dónde quieres ir? –La pequeña señaló al lado de Daryl. -¿Quieres ir con Daryl? –preguntó la madre. Miró al hombre quien las observaba con inquietud.

La pequeña asintió y levantó los brazos hacia él. El hombre se levantó y tomó en brazos a la pequeña, poniéndola en su regazo, aunque ella no soltaba su juguete. La pequeña se puso a jugar mientras seguía sentada en el regazo de Daryl.

Carol se quedó más tranquila cuando la pequeña volvía a estar inmersa en su juego, levantó la vista hacia Daryl quien tenía la misma expresión de dolor que ella. Además de enfadado.

–Quiero ser su padre en todos sus sentidos. Legalmente y todo lo que tenga que ver con su vida. –Soltó Daryl.

Sophia parecía muy cómoda apoyada contra Daryl, la pequeña dejó caer su cabeza contra su pecho.

–Daryl, no puedes hacerme esto. Me vas a poner en una situación muy complicada con Ed y su familia. –Suplicó la mujer al entender lo que esto le suponía a ella.

–¿Me dices que soy su padre y pretendes que me quede con los brazos cruzados sin hacer nada? ¡Y una mierda!

–Sé que lo que te estoy pidiendo es tremendamente injusto, pero…

–Me he perdido sus primeros años de vida y no los voy a recuperar nunca. No tiene ni puta idea de que soy su padre. No me pidas que pierda más años de su vida. –Masculló terriblemente enfadado. Carol vio como las personas que estaban detrás de Daryl se giraron al escuchar sus palabras–. Y si tengo que pelearme contigo… Lo haré.

–Podemos llegar a un acuerdo, para que le veas cada día o cuando tú quieras. –Propuso Carol buscando una solución–. No voy a oponerme a que pases tiempo con ella, a que la conozcas. Quiero que seas su padre, Daryl.

–¿Y cómo pretendes hacerlo? ¿A escondidas del imbécil de tu marido y su familia de ricachones? No quiero llevar esto a escondidas de todo el mundo.

–¿Que quieres entonces?

–Te lo he dicho. Ser su padre. No sé qué mierdas he de hacer para serlo, pero lo seré.

Carol cerró los ojos dejando que las últimas gotas resbalaran por sus mejillas.

–Está bien.

–Me tengo que ir, –dijo el hombre mirando la hora pues ya debía volver al taller–, hey, hermosa. –Se inclinó hacia su hija y ésta levantó sus grandes y hermosos ojos para verle–, te veré dentro de poco. ¿ok? –La niña le miró y asintió, aunque no parecía comprender que estaba sucediendo. Después miró a la mujer, y le dirigió una mirada de decepción.

–Me gustaría estar con ella mañana. –Pidió el hombre.

–Lo intentaré, pero no puedo asegurártelo. –El hombre asintió decepcionado.

–Menos mal que ibas a permitir poder verla siempre que quisiera. –Por el tono que él utilizó supo cuan de dolido estaba.

–Sí, pero debes entender que mi situación no es nada fácil, Daryl. Podemos buscar un momento que nos vaya bien a los dos. –Daryl negó con la cabeza.

–No me importa cuál sea tu situación. Ya no. Solo quiero pasar tiempo con ella. –Carol no supo que decir ante sus palabras, suspiró dolida por la indiferencia de éstas.

Como si se tratara de una muñeca de porcelana, agarró a Sophia por debajo de los hombros levantándola, tendiéndola en los brazos de su madre. Sonrió a su pequeña, quien le saludó con la mano. Daryl correspondió antes de dirigir una mirada tremendamente dura a la mujer, y sin decir nada más, se encaminó hacia la puerta y desapareció.


¡Hola Carylers!

Por fin se ha desvelado quien es el padre de Sophia de forma oficial. Como muchas de vosotras intuíais desde el capítulo uno, Daryl es su padre.

Como podéis suponer, la relación entre Carol y Daryl a partir de ahora no será nada fácil. Para Carol se complicará muchísimo en cuando Daryl intente luchar por la paternidad de su hija de forma legal.

Respecto a la actitud de Daryl quiero que entendáis que él está sumido en el dolor. Se siente traicionado por Carol. Y es algo que nunca llegó a pensar que ocurriría. Está muy rabioso por esto. Y aunque tiene derecho a hacer lo que hará, él sabe que va a lastimar a Carol, pero su dolor le impide ser racional. Desgraciadamente esto ocurre mucho en la vida diaria. A veces, nos dejamos llevar por el dolor y aun a sabiendas del daño que podemos causar a la otra personas, actuamos en base al dolor.

Y en los próximos capítulos veremos más interacción entre padre e hija. Que os aseguro que os gustará.

Una vez más quiero agradecer a todas las personas que comentan y leen mi fic. Millones de gracias. En especial a Mirna, Angie, Fanny, Diana y Evelyn que siempre me ofrecen el apoyo. Mil gracias.

Como dudo que vaya a actualizar antes de Navidad, quiero desearos a todos unas felices Navidades, que paséis con las personas que tanto amáis y que tanto queréis.

Nos leemos muy pronto.

San.