11 de febrero del 2015
-¿Mamá? – Valerie Peletier estaba parada al otro lado de la puerta con su rostro entre enfadada y triste.
-¿Se puede saber qué haces? –Preguntó Valerie adentrándose en la habitación de hotel, cerrando la puerta tras de sí.
-¿Cómo...? ¿Me... me has seguido? –dijo incrédula Carol, sintiendo como toda su alegría se deshacía entre rabia e impotencia.
-Lona te puso un detective. –Los ojos de Carol con abrieron en incredulidad.
-¿Y te pareció bien?
-Bueno, cielo... estaba más tranquila, sobre todo después de que te tomaras todo el pote de pastillas... –Carol cerró los ojos intentando evitar hablar sobre ese hecho del pasado.
-No me lo puedo creer... –Masculló Carol para sí misma. -¿Entonces... sabéis todo? –dijo Carol haciendo referencia a su idilio con Daryl.
Valerie centró la mirada en los ojos tristes, y asintió. El rostro de Carol cayó entre el miedo y la incredulidad. Miró a su madre que estaba en la mitad de la habitación, observándola. Carol se mordió el labio intentando no llorar.
-¿A dónde pensabas ir? –Preguntó Valerie con un suspiro. -¿Pensabas fugarte con él y cuidar de ese bebé como si fueseis una familia feliz? –Los ojos de Carol se abrieron en sorpresa, ¿cómo podían saber qué estaba embarazada? Se acababa de enterar hace unas horas...
-¿Cómo...? –empezó a preguntar, pero su madre entendió lo que le quería decir.
-Te dejaste la prueba de embarazo en el baño y Ed lo vio. No ha tardado en decírselo a su madre.
-¡Mierda! –Carol se llevó las manos a la cabeza, odiándose por dejar a la vista algo como eso. Se sentó en el filo de la cama, tapándose el rostro.
Valerie observó a su hija desde su posición, y cerró los ojos sintiendo un nudo en la garganta.
-No puedes irte, Carol. –Habló la mujer, haciendo que Carol le mirara con dolor.
-No quiero a Ed, nunca lo he querido. Me casé con él porque me obligasteis... por vosotros, por papá. Pero... no puedo más mamá, necesito irme, hacer mi vida. Crear una familia con Daryl, es con quien verdaderamente quiero estar. –Suplicó con lágrimas en los ojos. - Por favor, deja que me vaya-. Su madre le miró apenada, pero negó con la cabeza.
-Carol, -suspiró antes de seguir hablando-, ¿es que no has aprendido nada en todos estos años? –Carol le miró con pesadez-. Da igual lo que tú quieras, no importa...
-No quiero a Ed, no soy feliz, -replicó ella.
-¿Acaso crees que yo amo a tu padre? –Mostró una sonrisa triste, y Carol le miró sorprendida por sus palabras-, sé lo doloroso que es estar con alguien a quien no amas, pero debes aprender... a sobrellevarlo...
-¿Cómo? Me está matando...
-Sólo dale lo que quiere, sé la mujer perfecta y después... haz lo que quieras con Daryl. Pero sé discreta. No la fastidies con Ed, o si no lo perderás todo.
-Me da igual perderlo todo. Mamá, todo eso me da igual... La casa, el dinero...
-Es que no lo entiendes. –La mujer llevó sus manos a su rostro, enmarcándolo con ternura-. No tienes opción. No es lo que tú quieras, es lo que debes hacer. –Las lágrimas cayeron por el rostro de Carol-. Podrías perder a ese bebé, conoces a tu padre y Lona... No te van a dejar en paz.
-No entiendo por qué me hacen esto a mí. ¿Qué le importa a papá con quien sea feliz?
Valerie entrecerró los ojos entendiendo esa pregunta. Ella le entendía muy bien, pues había vivido una historia similar a la de su hija. Sus padres también habían sido exigentes respecto con quien debía casarse.
Carol se separó de su madre y se sentó en la cama, tapándose el rostro con las manos. Percatándose de que era el fin.
-Mamá... No me obligues a volver con él... déjame irme con Daryl, desapareceré y nadie podrá encontrarnos.
-No puedo. Cariño, por mí, puedes seguir viendo a Daryl. Pero hazlo bien, no dejes que Lona o Ed se enteren.
Carol miró a su madre con lágrimas en los ojos, mientras pensaba en Daryl y en el futuro que podrían tener, pero que era imposible. Una vez más, algo se interponía en su relación. Para ella era inverosímil tener una relación en secreto con él, estando embarazada de su hijo y sin poder estar juntos, como una familia. Era tremendamente injusto para Daryl, y para su futuro hijo o hija.
No tenía más opción que dar por finalizada su relación con Daryl. Y mientras se percataba de eso, un llanto desgarrador se apoderó de ella.
Carol apoyaba la cabeza contra la pared del hospital tras tres horas esperando a que le dijeran cómo se encontraba su marido. A pesar de que había estado enfermo, en cuanto se había encontrado un poco mejor, había salido de casa de Lona y había vuelto a beber. En esta ocasión, Ed había vomitado sangre en mitad de la calle.
Lona estaba sentada a su lado, lloriqueando por el estado de salud de su hijo, mientras se limpiaba las lágrimas con un pañuelo de papel.
-Has permitido que siga bebiendo. Mi hijo esta así por tu culpa. –Susurró Lona. Carol dirigió la mirada hacia ella, cansada de las acusaciones que su suegra vertía sobre su persona.
Pero Carol estaba demasiado preocupada por otras cosas, y le daba igual las palabras acusatorias de Lona. Desde que había visto a Daryl, y éste le había dicho que iba a hacer todo lo posible por luchar por la paternidad de Sophia, no paraba de pensar sobre este asunto.
No podía dejar de pensar en que pasaría cuando todo saliera a la luz. Le daba absolutamente igual lo que ocurriera con su matrimonio y con Ed. Pero le aterraba que pudiera pasar con Sophia. ¿Y si le quitaban a su hija a pesar de que Ed no era el padre? En el contrato prematrimonial que ella firmó, se aseguraba que en caso de separación, la familia Peletier se quedaría con el progenitor. Ella tenía la esperanza que al no ser la hija biológica de Ed, esto cambiara las cosas, pero ni siquiera estaba convencida, pues con tal de arruinarle la vida eran capaces de todo.
Lona y su madre eran conscientes de su aventura fuera del matrimonio, fueron ellas quienes le pusieron un detective, y habían amenazado con quitarle a Sophia si volvía a verse con Daryl. Sabían que había la posibilidad de que Sophia no fuera de Ed. Sin embargo, mantenían su amenaza.
Además, Lona aseguraba que podría inhabilitarla por el hecho de haber sufrido una grave depresión anteriormente. Andrea le había dicho en múltiples ocasiones que era difícil demostrar que realmente no estaba capacitada para cuidar de Sophia. Y en su caso, no había ningún hecho negligente que pudiera incriminarle. Pero conocía a la familia Peletier y todas las triquiñuelas que hacían para salirse con la suya. Tenían contactos con médicos que podrían inventarse que ella no era capaz de cuidar de Sophia.
No obstante, aunque su madre manifestaba de forma pública estar a favor de esto, en privado solía mostrarle su apoyo. Pero sabía que si Lona decidiera interponer dicha demanda para quitarle la custodia, ella acabaría apoyando a la familia de Ed, por miedo y represión.
Quizá se estaba volviendo loca pensando en que ellos iban a falsificar un documento para que asegurara de que ella no era capaz de cuidar de Sophia para quitársela. Pero no confiaba en ellos. Ni en su familia, ni en la de Ed.
Así que, no estaba segura de que podía pasar.
Había pensado en huir, de hecho, había preparado una mochila con unos 2100 dólares, que había conseguido ahorrar; más a más ropa y juguetes de Sophia. Ésta estaba guardada en el fondo del armario de su hija. Pero a pesar de que lo había pensado desde hacía bastante tiempo, sabe que no llegaría demasiado lejos, pues con el detective siguiendo cada paso que da, no puede esconderse.
Apoyó de nuevo la cabeza en la fría pared del hospital, meditando en que iba a hacer. Cuando pensaba en su futuro lo veía tremendamente oscuro y difícil. Sabe que se avecinan momentos muy complicados y no está segura de poder sobrellevarlo.
Pero si algo tenía claro, es que no iba a permitir que nadie le quitara a Sophia. Si lo hacían, sería su fin.
-Tú le has inducido a que beba. –Escuchó de la boca de Lona, al tiempo que se limpiaba las lágrimas de sus ojos.
Carol cansada y molesta le miró con rabia. Ya no podía quedarse callada y entonces habló.
-No le he puesto una pistola en la cabeza para que beba. Él es suficientemente mayor para saber que no debería emborracharse todos los días. Se ha desgraciado su vida él solo.
Los ojos de Lona se abrieron con sorpresa pues era la primera vez que ella le contestaba de forma tan altiva.
-¿Pero cómo te atreves? –Se levantó de su asiento enfrentándola. -No me extraña que mi hijo quiera quitarse las penas emborrachándose para olvidar que tiene a una esposa como tú. –Masculló llena de furia.
Carol negó con la cabeza ante las palabras de ella. El discurso de Lona era egoísta y poco realista, pues ésta le hacía responsable de las acciones de su hijo. Se miraron duramente entre sí, mientras sentían las miradas curiosas de una docena de personas que, al igual que ellas, esperaban en la sala de espera.
Carol quiso replicar, pero un médico joven se adentró en la sala de estar e hizo que ambas mujeres se giraran sobre sí para mirar al doctor.
-Familiares de Ed Peletier. –Lona se adelantó a paso rápido.
Carol repaso la mirada por la estancia, viendo como un par de mujeres compartían miradas sorprendidas por la discusión que acaban de presenciar. La pelirroja siguió los pasos de su suegra poniéndose a su vera.
-Soy su madre, ¿Cómo está mi hijo? –Escuchó decir de boca de la mujer, volviendo a mostrar pena en su voz.
Carol pudo ver como el rostro del médico, que tenía unos ojos marrones intensos se descompuso ligeramente. Sabía que eran malas noticias.
-Su hígado le está fallando. –Un lamento salió de la boca de Lona-. Es necesario que deje de beber o podría morir en pocas semanas.
-¿Y ya está? No pueden hacer nada más... -Masculló enfadada la mujer, mientras que Carol se cruzó de brazos a la espera de ver como Lona se enzarzaba en una pelea verbal con el médico-. ¿Pagamos una fortuna en un seguro médico, y no son capaces de hacerle un trasplante de hígado?
-No funciona así, señora. Está en la lista de espera para recibirlo, pero es larga.
-Vergüenza. Es una vergüenza.
Carol compartió una mirada con el médico, antes de que éste le asegurara que estaban haciendo todo lo posible, y que si querían verle.
-Por supuesto. –Anunció Lona. –Será mejor que te quedes aquí. –Ordenó a Carol.
Carol los vio desaparecer por el pasillo del hospital hacia la habitación de Ed. Y entonces, la pelirroja decidió abandonar el hospital, sabiendo que su actitud le traería una reprimenda por parte de su suegra, pero le daba igual.
Alterado, Daryl entró en la casa de Sheila, mientras la mujer le seguía hasta el interior de ésta. Acababan de tener una cita con el abogado Luque Evans, que era primo de Sheila. A pesar de que Daryl no confiaba demasiado en esta figura, sí que confiaba en su novia.
Éste le había informado que en su caso existían dos formas para hacer legal su paternidad: la primera opción era que Carol y Daryl llegaran a un acuerdo sobre las condiciones de la paternidad, quedando anulada la paternidad de Ed. Aunque en este caso, no era obligatorio la prueba de ADN, Luque había recomendado hacérsela.
La segunda opción, era interponer una demanda de paternidad dónde le obligaría de forma legal hacer la prueba de ADN. Una vez que esto ocurra y sepan el resultado, siempre y cuando éste sea positivo, entonces la situación se complicaría, puesto que probablemente acabarían en juicio para decidir las condiciones de su paternidad.
El hombre nervioso avanzó por la casa en busca de la computadora de la joven. No quería perder tiempo, y quería localizar donde estaban los juzgados más cercanos para presentar la demanda aquel mismo día. Sin embargo, Sheila parecía reticente ante esta idea.
A pesar de que en un inicio, Daryl parecía reacio a contarle todo a Sheila, ahora estaba contento de haberlo hecho, pues ella le ayudaba a ver las cosas con más claridad. De hecho, ella se había tomado la situación con mucha más naturalidad de la que pensaba. Sin embargo, Sheila no aprobaba hacer las cosas de forma tan impulsiva como Daryl pretendía.
Ella le siguió con la mirada, se sentó en el sofá mientras le observaba como se sentaba a su lado encendiendo el portátil, visiblemente inquieto.
-¿Estás decidido? –Preguntó Sheila, apoyando un brazo contra el sofá y girando el rostro para mirarle.
Daryl frunció el ceño, mirándole levemente antes de volver a centrar la mirada en la pantalla y poner la contraseña del PC.
-Si... Quiero hacerlo.
Sheila asintió, y suspiró intentando buscar las palabras adecuadas para decir lo que quería decir. Lo observó mientras se peleaba con el aparato. Mostró un gemido de frustración al no encontrar el navegador. Realmente era un desastre en todo lo referente a la informática, y Sheila encontraba ese detalle adorable.
-En el escritorio, arriba a la derecha. –Le indicó la mujer sin moverse de su posición, pero con una media sonrisa. –Daryl, creo que deberías pensarlo bien. –Dijo finalmente.
Daryl giró el rostro hacia ella, con cierta confusión.
-¿Qué mierda quieres decir? –Masculló alterado.
-No estoy diciendo que no te hagas cargo de Sophia. Creo que debes hacerlo. Y te honra que quieras ser su padre, aun sabiendo todo lo que cuesta mantener a un hijo. –Dijo Sheila-, muy pocos hombres están dispuestos a hacerse cargo. Eso define lo bueno que eres.
Daryl sintió como las mejillas se tornaron en rojo debido al cumplido que acababa de hacerle.
-¿Entonces qué quieres decir?
-Solo creo que deberías ser más cauto. Aun no tienes un nuevo trabajo... Ed te despedirá en cuánto todo se sepa.
-Me iré antes de que ese imbécil me despida... –Sheila asintió, pero no estaba convencida. -¿Qué mierda pasa? No entiendo porque estás en contra... Ya has escuchado a tu primo. Mientras no se demuestre que soy su padre legalmente...
-Sí, pero Luque también ha dicho que podéis llegáis a un acuerdo, donde ambos ponéis las condiciones, no haría falta llegar a juicio... y sería tu hija legalmente. Pero si presentas la demanda de paternidad, iréis a juicio y, esa debería ser la última opción, Daryl.
Daryl escuchó las palabras, intentando asimilarlas aunque no parecía estar demasiado convencido.
-Cielo, estás enfadado, y lo entiendo. Es normal. No conozco a Carol, pero hasta este momento no te ha puesto muchos impedimentos para estar con Sophia. Creo que puedes llegar a un acuerdo con ella con facilidad. Deberías darle una oportunidad antes de enfrentarte legalmente.
Daryl meditó las palabras de la mujer, en silencio. Paseó nervioso por la habitación llevándose las manos por sus cabellos, pero tras unos momentos de silencio meditándolas volvió a hablar.
-Nope, para que eso llegara a suceder, Carol debería contar a Ed y a su familia que yo soy el padre biológico de Sophia. Eso nunca va a suceder. Está acojonada y absorbida por la vida de ricachones.
-No lo sabes.
-Lo sé... Ella solo aceptará que sea su padre en la sombra, y no estoy dispuesto a serlo. No quiero que pase 10 años hasta que Sophia comprenda que soy su padre. Puedo llegar a un acuerdo con Carol, pero entonces Sophia nunca sería mi hija. No tengo otra maldita opción. –Masculló Daryl.
-Por intentarlo, no pierdes nada. –Sugirió Sheila encogiéndose de hombros.
-No creo que sirva de una mierda... -contestó Daryl. Aunque finalmente cerró el portátil de golpe. Lo iba a intentar, pero sabía que acabarían en juicio.
Sheila suspiró, algo aliviada de que él le diera la oportunidad de poder solucionar la situación de otra forma. Aunque sabía que debido a su impulsividad, en cualquier momento todo podía variar. Sheila asintió, se adelantó y besó suavemente los labios de su novio.
Carol preparó la mochila de Sophia para salir de casa: juguetes, ropa, biberón con agua... Sophia, con un vestido de flores de color naranja y amarillo, y una diadema del mismo tono, corría por su habitación mientras sostenía una muñeca de trapo. Era una de sus preferidas.
-¿Parque? –preguntó la pequeña a su madre.
-No, cariño, vamos a ver a Daryl. ¿Te acuerdas de él? –Carol se agachó quedándose a su altura. Sophia llevó sus dedos a la boca pensativa y negó con la cabeza. Carol sonrió antes de besar su frente.
Podría decirle que era su padre, pero no sabía cómo hacerlo para no confundir a la pequeña. Sabía que en algún momento debía abordar esta cuestión con su hija pero no sabía cómo ni cuándo.
Salió de casa pensando sobre esto que últimamente no paraba de rondarle por la cabeza, mientras Sophia cantaba una canción infantil o más bien lo intentaba. La pelirroja sentó a Sophia en su asiento, atándola con las medidas de seguridad oportunas y arrancó el coche. Encendió la radio y la música infantil empezó a sonar.
Carol condujo hasta el centro de la ciudad a sabiendas de que el coche del detective iba detrás de ella. Daryl le había facilitado una dirección de un apartamento en el centro de la ciudad, dónde suponía que él estaría viviendo en la actualidad. Carol aparcó el coche a varias manzanas del lugar indicado, puso a Sophia en el carrito y caminó con ella hasta el lugar mezclándose entre la gente. Dio varias vueltas a la manzana simulando que estaba mirando tiendas, y cuando se percató de que había perdido de vista al detective, debido a la gente, se encaminó hasta la dirección que Daryl le había proporcionado.
Se trataba de un edificio ubicado en mitad de la ciudad, más concretamente en 565 Peachtree Street. Carol tocó al timbre de la portería, y tras esperar algunos segundos ésta se abrió.
Al llegar a la segunda planta se dirigió a la puerta número 3, que estaba entreabierta.
-¿Hola? ¿Daryl? –Dijo permaneciendo en el umbral de la puerta sin llegar a entrar.
-¿Hola? –Repitió Sophia imitando a su madre.
Carol sonrió a la pequeña quien miraba curiosa la estancia. El apartamento era amplio; un gran sofá en el centro de la sala de estar, una cocina americana a su derecha y un pasillo a la izquierda que suponía que conduciría a las habitaciones. El lugar estaba debidamente cuidado, nada que ver con la casa en la que Daryl y su hermano habían vivido anteriormente.
Carol estaba sorprendida, pues no era un lugar donde Daryl viviría. Permaneció unos segundos más allí a la expectativa hasta que finalmente del pasillo, apareció alguien, que para su sorpresa no se trataba de Daryl. Una mujer de media estatura, -ataviada con unos vaqueros, una camisa de tirantes y unas bambas-, caminaba hacia ellas.
-Perdona, me he equivocado... -empezó a decir Carol, cuando la mujer se acercó a la puerta.
-Eres Carol, ¿verdad? –Preguntó la mujer con una media sonrisa. Carol asintió, un poco desconcertada. –Soy Sheila, la novia de Daryl. –Anunció la mujer.
Las palabras sorprendieron a Carol quien no pudo evitar mostrar la sorpresa en su rostro. Sheila percibió el asombro en la pelirroja, e intentó mostrarse lo más natural posible. La situación no era fácil para ninguna de las dos mujeres. Pero Sheila quería intentar llevarse bien con ella por el bien de Daryl y Sophia.
–Oh, claro... hola. –Murmuró Carol, pues es lo único que pudo llegar a decir.
-¡Hola! –Dijo Sophia.
–Pasad, Daryl está en la ducha. –Se hizo a un lado, invitándolas a adentrarse en el apartamento. Carol empujó el cochecito de Sophia hacia el interior.
-¡Hola! ¡Hola! –Repitió Sophia, en un intento de que alguien le hiciera caso. Carol la desató y la pequeña se puso en pie. Al mismo tiempo que Sheila se acercó a ella.
-Hola, preciosa, -dijo Sheila con ternura, agachándose a la altura de la pequeña. –Soy Sheila. ¿Y tú?
-¡Sophia!
-¡Wow! Eres muy grande... -Sophia asintió con la cabeza con vehemencia. –Y muy hermosa.
Carol observaba a esa mujer rubia desconocida entablar conversación con su hija, intentando adaptarse a la situación. A pesar de que no debía sorprenderse porque Daryl tuviera una relación sentimental, no podía evitar que esta revelación le hubiese causado mucho asombro.
Carol era consciente que Daryl tenía derecho a rehacer su vida con quien quisiera, pero no podía evitar cierto malestar, e incluso una sensación de celos por que Daryl estuviera en una relación.
Se mordió el labio mientras Sheila le preguntaba sobre su muñeca y sobre cómo se llamaba. Era una idiota por pensar que Daryl estaría soltero esperando a que ella estuviera disponible.
Pero por otra parte, envidiaba que esa mujer pudiera tener lo que ella nunca pudo. Una relación normal con Daryl. Cosa que ellos dos nunca pudieron vivir, y a pesar del dolor que le causaba ver que estaba con otra mujer, debía alegrarse por él. Así que intentó guardarse el dolor para sí misma.
Carol vio como Sheila se incorporó después de entablar una pequeña conversación con Sophia y dirigió la mirada hacia la mujer con la intención de marcharse.
-Debo irme a trabajar. Ha sido un placer conoceros. Daryl estará a punto de acabar, poneos cómodas. –Dijo la mujer, agarrando su bolso.
-Igualmente, gracias. –Contestó Carol, observando como Sheila le miraba con ingenuidad.
-Espero volver a verte pronto. Hasta otra-. Habló Sheila desde la puerta.
Carol pudo notar sinceridad en su voz. Era honesta. Realmente quería que Sophia este en la vida de Daryl. A pesar de lo poco que había coincidido con esa mujer, podía ver en ella cierta sinceridad, honestidad e incluso, inocencia. Carol sonrió ante sus palabras.
-Lo mismo digo. -Sheila le respondió antes de desaparecer por la puerta y cerrarla tras de sí.
-Mira Soph, -llamó a su hija.
Sophia se acercó a su madre y hacia la bolsa donde sabía que estaban los juguetes, y sin el menor cuidado, metió la mano en la bolsa y empezó a sacarlos uno por uno.
-¿Cielo, que quieres?
-Cuento.
-Vamos a leer un cuento.
Carol supo enseguida a cual se refería. La mujer metió la mano entre las pertenencias y sacó de entre ellos un fino libro con el dibujo de un pollo amarillo en la portada. Antes de leer dicho libro, Carol le dijo que debía guardar todos los juguetes y tras ayudarle a hacerlo, Sophia se acurrucó contra su madre, mientras esta empezaba a leer el cuento que tanto le gustaba.
-El pollo Pepe come... -Leyó Carol mientras Sophia repetía las frases, pues empezaba a sabérselas de memoria.
-¡Mucha cebada! –Gritó la pequeña con entusiasmo.
-Por eso tiene una enorme...
-¡Barriga! –Volvió a decir la niña, mientras Carol aprovechó para hacerle cosquillas en la barriga haciendo que el apartamento se llenara de risas.
Cuando Daryl se adentró en el salón pudo escuchar con claridad la risa de Sophia y una sensación indescriptible se apoderó de él.
Al sentir su presencia, Carol levantó la mirada hacia Daryl, quien se acercaba por el pasillo a paso lento, e incluso parecía cohibido a pesar de que estaba en su propia casa. Con unos vaqueros negros, una camisa a cuadros y sus cabellos rubios mojados se acerca a ambas mujeres. Carol le observa, dedicándole una suave sonrisa.
-Mira amor, -se dirige a Sophia señalando al hombre-, ¿te acuerdas de Daryl? -La pequeña parece reconocerle y asiente-, ¿vas a saludarle? –Sophia acepta, con bastante agilidad se baja del sofá y prácticamente corre hacía Daryl.
Desde su posición, observa la escena con ternura. El rostro de Daryl se transforma en afecto, mientras se agacha para alzarla en brazos, dándole un suave beso en la frente. Sophia se mueve entre sus brazos para volver a mirar a su madre.
-Hola, pequeña. –Dice con ternura.
-Hola Daryl. –Saluda en esta ocasión la mujer.
Ante su saludo, Daryl solo le dirige una mirada algo fría y distante.
-Hey, -murmura con un tono seco. Carol suspira sin perder de vista la imagen de Daryl y Sophia.
-Tengo un regalo para ti, –anunció Daryl.
Sophia, quien prácticamente ya entendía todo, se emocionó. Con Sophia en sus brazos, Daryl caminó por el salón hacia la parte izquierda desapareciendo en una de las habitaciones. Al salir de allí, Daryl sujetaba un cubo grande lleno de piezas de lego. Carol sonrió pues sabía que Sophia iba a disfrutar mucho, puesto que este tipo de juguetes le encantaban.
-No sabíamos si le gustaría... -Se dirigió a Carol por primera vez, mostrando sus dudas sobre si habían acertado en el regalo.
-Te aseguro que le gustará. Le encanta. –Aseguró Carol, mientras ambos veían a la pequeña visiblemente emocionada por su nuevo juego.
Durante los siguientes minutos, Carol se dedicó a observarlos mientras ambos jugaban juntando unas piezas con otras formando torres.
-¡Aquí! –Ordenaba Sophia a Daryl, obligándole a poner la pieza en donde ella quería. –No, aquí. –Volvió a repetir cuando él no le hacía caso.
-Tiene un poco de genio. –Aseguró Carol con una media sonrisa, Daryl levantó la mirada ante el comentario.
-Sip, eso parece. Es una pequeña patea-culos, ¿verdad?
-¡Si! Pequeña patea-culos. –Repitió la niña.
Carol negó con la cabeza ante lo que le estaba enseñando.
Carol suspiró cansada. Estaba intentando entablar una conversación con Daryl, darle un poco de normalidad a la situación, pero él seguía siendo muy distante. Sintió el nudo en la garganta al percibir su hostilidad. El ambiente entre los dos adultos era tenso. Solo la risa de Sophia ayudaba a destensar el ambiente. Daryl enseñó a la pequeña a 'chocar los cinco', mientras seguían jugando.
-¿Cuándo nació? –Preguntó de pronto.
-El 22 de octubre del 2015. –Daryl asintió mirando a la pequeña, quien le tendía otra pieza para que la colocara encima de su torre. –Sé que estás enfadado... y sé que no me crees, pero quise decírtelo.
-Tienes razón... no te creo. –Carol suspiró con dolor.
Se mantuvo callada ante sus palabras, pues evidentemente seguía resentido con ella. Solo debía dejar pasar el tiempo hasta que su dolor y la rabia desapareciera, aunque como le había dicho en su anterior encuentro, no estaba seguro si iba a poder perdonarle.
-Me gustaría llegar a un acuerdo. –Volvió a hablar Daryl, mirándole directamente a los ojos.
-Yo también, Daryl quiero hacer esto lo mejor posible para Sophia y para nosotros. -aseguró Carol con esperanza de poder llegar a un entendimiento que evitará llevar el asunto a los tribunales.
- Pero... entonces tendrías que admitir delante de Ed que él no es el padre. -Carol cerró los ojos antes de negar con la cabeza.
-No puedo hacer eso. –Afirmó finalmente.
- Entonces a que mierda de acuerdo quieres llegar, ¿eh? No voy a ser su padre a escondidas de nadie. –Daryl se puso en pie.
-Daryl, estoy muy presionada por mi familia y por la de Ed. –Se levantó del sofá para caminar tras él.
-¡Me importa una mierda! –Gritó.
-Por favor, Daryl. Solo necesito q...
-¿Por favor qué? Si es mi hija debe serlo en todos los putos aspectos, que seas una cobarde y no te atrevas a enfrentarte a tu marido, no te da derecho a quitármelo a mí... –Masculló visiblemente enfadado -. Me importa una mierda quedarme sin trabajo o si tengo que pasarle dinero cada puñetero mes. Es mi hija, y es mi responsabilidad.
Carol vio las facciones tensas de Daryl. Sus miradas se cruzaron, en la de él rabia, ira y dolor; en la de ella culpabilidad y vergüenza. Carol apartó la mirada de él para fijarla en su pequeña quien estaba sentada en el suelo, inmersa en el juego. Se limpió las lágrimas, intentando mantener la cordura, y no dejando al descubierto como de dolorosas habían sido esas palabras para ella.
Ojalá pudiera explicarle que sus padres le obligaron a seguir con Ed; o contarle la posibilidad de que ellos quieren quitarle a Sophia. Pero en algo tenía razón, era una cobarde que no era capaz de enfrentarse a todos ellos. El sonido del teléfono rompió el tenso momento. Carol sacó el móvil viendo en la pantalla el nombre de Lona reflejado en él.
-¿Dónde te has metido? Tu marido vuelve a casa esta tarde. –Escuchó al otro lado del aparato. Daryl pudo ver el terror en el rostro de Carol.
-Ya vamos para casa.
-Date prisa. –Masculló con desprecio, para colgar con rapidez.
-Debemos irnos. –Anunció la mujer a Daryl, aunque evitó mirarle a los ojos.
-¿Cuándo podré volver a verla? –preguntó el hombre con un tono más calmado.
-Intentaré que sea muy pronto. Aunque no puedo prometerte nada. Ed vuelve a casa esta tarde, será más complicado para mí. –Habló la mujer.
-¡Cojonudo! –Masculló enfadado.
-Voy a hacer todo lo posible para que sea cuanto antes. –Aseguró Carol, aunque esa respuesta no era del agrado de Daryl. El hombre enfadado se giró sobre sí mismo. –Daryl... -Esperó a que él se girara para poder mirarle a los ojos-. Sé que no es justo, lo sé... lo siento.
-No lo es... pero no voy a quedarme con los brazos cruzados. -Carol asintió.
-Haz lo que tengas que hacer. –Aseguró finalmente pues era consciente que no iba a hacerle cambiar de idea. Se acercó a su pequeña, –Cariño, debemos irnos. Hay que recoger todos los juegos. .
Carol ayudó a la pequeña a guardar todas las piezas en el cubo, mientras Daryl solo las observaba.
-Daryl, si te parece bien, dejaremos esto aquí, –haciendo referencia al cubo de lego. Al ver que el hombre fruncía el ceño entre molesto y enfadado, siguió hablando-, así cada vez que venga tendrá algo con lo que jugar.
-Como quieras.
-Bueno, mi amor, despídete de Daryl. –Alentó a la pequeña para que se despidiera de Daryl.
Sophia se acercó a Daryl y este la alzó en brazos.
-¡Choca esos cinco! –Daryl levantó una mano y Sophia chocó su mano lo más fuerte que pudo. –Te veo pronto, -le anunció Daryl, antes de darle un beso en la frente.
-Estamos en contacto. –Dijo Carol mientras ataba a Sophia en el carrito del bebé. Daryl asintió con una mirada de desconfianza. –Puedes llamarme cada vez que quieras para hablar con ella.
Daryl volvió a asentir, al mismo tiempo que centró su mirada en sus ojos. Había evitado profundizar en ellos, y ahora que había sucumbido, ya no había vuelta atrás. La tristeza estaba marcada a fuego en el azul eléctrico de sus pupilas.
Por un momento, Daryl desea olvidar todo, recorrer la distancia que les separa y abrazarla, para no separarse jamás. Quiere protegerla de Ed y de su familia. Añora poder abrazarla y poder sentir el cálido cuerpo contra el suyo, el aroma y sabor de su piel.
De pronto, siente la sensación familiar de impotencia por aquello que pudo ser, y no fue.
Carol no puede apartar la mirada de él, ve dolor en sus ojos, pero algo ha cambiado en la profundidad de éstos. Vuelve a ver esa mirada de afecto y de amor que solo le dedicaba a ella cuando estaban en la intimidad.
Le extraña tanto. Una lágrima se precipita por la mejilla. Él lo ve haciendo que su dolor se agudice. Daryl aparta la mirada, rompiendo la magia y con ello, el sufrimiento del recuerdo de la promesa de su amor imposible.
-Adiós. –Se despidió Carol antes de salir de casa.
El calor agobiante de principios de julio empieza a ser insoportable. Carol y Sophia se pasaban gran parte de los días en la piscina de casa. Adora esta época del año, si fuera por ella alquilaría una casa en la playa y se pasaría el verano bañándose en la inmensidad del océano. Sin embargo, a Ed no le gusta. Y ahora que está enfermo, apenas puede moverse. Aunque preferiría irse sola antes que compartir cualquier viaje con él.
Carol cierra los ojos intentando relajarse, pero tal y como le ocurre cada vez que lo intenta es completamente inútil.
Carol está inquieta, nerviosa y tremendamente angustiada. Daryl y la demanda de paternidad, Ed, Lona, su padre... Todo ello aparece en su mente cuando intenta tomarse un descanso.
A pesar de que Daryl no le ha asegurado que vaya a poner la demanda, intuye que lo hará. Está lleno de furia y de rabia. Carol no sabe qué ocurrirá si Daryl finalmente interpone dicha demanda, pero ha intentado prevenir cualquier situación. La bolsa sigue preparada en el fondo del ropero de Sophia, pero lo que más le preocupa que ocurrirá con ella.
Carol desvía la mirada a la pequeña quien está en una pequeña piscina de plástico diseñada para los más pequeños, mientras juega consigo misma. Como es habitual, Sophia mantiene conversaciones sin sentido y Carol no puede evitar reírse al escuchar sus palabras.
La melodía del móvil les distrajo a ambas, en especial a Sophia quien miró a su madre con inquietud.
-¡Daryl! –Soltó con alegría. Se había convertido en un hábito que Daryl llamara cada día, simplemente para hablar con Sophia, a pesar de que las conversaciones eran inexistentes, ya que la pequeña solo escuchaba y asentía.
-No, cielo, es Andrea. –Masculló la mujer sorprendida porque su hija relacionara el móvil con Daryl. Pero lejos de alegrarle, esto le preocupó, pues si esta escena se repetía delante de sus padres o de Ed, iba a tener serios problemas.
-¿Carol que está pasando? Me ha llegado una notificación del juzgado... - Carol se sentó de golpe en la tumbona donde estaba reposada.
-¿Es la demanda de paternidad? –Preguntó inquieta.
-¿Qué? ¿Qué demanda de paternidad?
-¿No me llamabas por esto? –Preguntó entre aliviada y preocupada.
-No, no... Dios Carol, que está pasando... -Suspiró Andrea antes de seguir hablando-. Te llamo porque Lona quiere evaluarte psicológicamente para ver si puedes cuidar de Sophia.
-¿Qué? ¿Puede hacer eso? -A pesar de que le aliviaba que no se tratase de la demanda de Daryl, su respuesta no era demasiado alentadora.
-Depende de si tiene motivos para creer que no estás cuidando bien a Sophia. –Escuchó un suspiro por parte de Andrea-. ¿Qué es eso de una demanda de paternidad?
Carol se pasó una mano por el pelo pelirrojo antes de hablar, recordando que ni siquiera a su mejor amiga le había contado la verdad sobre la paternidad de Sophia.
-Daryl... quiere reclamar la paternidad de Sophia.
-¿Qué? Pero él no es su padre, ¿no? Ed es el padre...
-No, Ed no es el padre. –Carol miró a la pequeña quien permanecía ajena a la conversación que estaba manteniendo. Andrea quien seguía al otro lado del teléfono parecía molesta y enfadada por descubrir que su mejor amiga le había engañado durante todos estos años.
-¿De qué estás hablando? ¿Daryl es el padre de Sophia? Me dijiste que Ed era su padre...
-Te mentí. –Confesó finalmente. - Lo sé desde que me quede embarazada, Daryl es el padre de Sophia. Y para verificarlo le hice una prueba a los pocos meses de nacer.
-¿Por qué? ¿Por qué nunca me dijiste nada? –Preguntó ofendida.
-Porque... fui una estúpida. Solo intentaba convencerme de que Ed era el padre de Sophia. Pensaba que así sería más fácil para mí seguir con él y olvidar a Daryl. –Confesó amargamente-. Nunca funcionó.
Escuchó el silencio a través del teléfono, entendiendo el enfado de su amiga.
-Siento haberte mentido.
-Ya... hubiera preferido que me hubieras contado la verdad. Nunca he aprobado tu relación con Daryl, pero nunca pensé que me ocultaras algo así.
-Lo siento.
-¿Y entonces ahora quiere hacerse cargo de Sophia? –Preguntó la mujer queriendo saber cuál era la situación de su amiga.
-Si... está dispuesto a luchar por ella.
-¿Qué crees que ocurrirá cuando se enteren?
-No tengo ni idea, pero espero que me dejen de molestar para quitarme a Sophia, al no ser de su sangre es probable que no les interese. O si, solo para lastimarme.
-De los Peletier me espero cualquier cosa. Aun así, Carol, no deberías preocuparte por la evaluación psicológica de Lona. Solo se hacen en casos en los que los niños están en malas condiciones, y es evidente que Soph, está bien cuidada y atendida.
-Siempre y cuando no compren a los médicos o hagan informes falsos...
-Bueno, entonces llevaremos nuestros propios informes.
-Gracias Andrea, no sé qué haría sin ti.
Carol no podía creer que todo estuviera pasando a la misma vez; la demanda de Daryl, la evaluación psicológica de Lona. A pesar de que Andrea le había dicho que ésta era muy probable que no tuviera mucho recorrido, le preocupaba enormemente.
Durante las siguientes semanas, Carol estuvo inquieta, sin poder dormir mientras pensaba en todos y cada uno de los quebraderos de cabeza. Incluso su físico empezaba a resentirse por su malestar emocional. Estaba perdiendo peso debido a todo lo que estaba sucediendo en su vida.
Al menos estaba aliviada porque Ed volvía a estar en casa de Lona y eso le daba un respiro. Al parecer, su marido cada vez estaba peor, y estaba en la lista de espera para que le trasplantaran un hígado. Carol iba a visitarlo, para hacer acto de presencia, pero realmente no tenía ganas de ir a verlo. Sobre todo, porque Lona aprovechaba la oportunidad para criticarla.
Había vuelto a hablar y verse con Daryl de nuevo, siempre con la presencia de Sophia. Pero a pesar de que se mostraba atento y cariñoso con la pequeña, con ella seguía siendo frío y distante. Carol esperaba que su enojo y su rabia desaparecieran, a medida que fueran encontrándose para estar con Sophia. Y a la vez, llegar a un acuerdo sobre la paternidad de ésta sin tener que llegar a un juicio. Sin embargo, no parecía que fuera a perdonarle.
Carol aparcó su coche en la entrada de su casa, mientras elevó los ojos al ver el coche de Lona ocupando la entrada del garaje. Negó con la cabeza al ver que esta le impedía entrar en él para aparcar su auto en su interior. Además, no tenía ánimo para aguantar sus insultos y sus críticas sobre lo mala madre que era.
Aquel día en especial solo le apetecía estar en casa con Sophia, cenar tranquilamente mientras ve alguna película nueva de Netflix y dormir. Solo dormir. Pero es evidente que no va a poder ser.
Carol salió del coche con pesadez, mientras esperaba que la visita fuese corta. Abrió la puerta de atrás agarrando a Sophia y la bolsa con sus pertenencias: juguetes, ropa de recambio...
-Mami, -le llamó Sophia-. Tengo hambre.
-Ya va, vamos a cenar unas verduritas que mamá ha comprado.
-¡Buah!
Con Sophia en los brazos y su bolsa con sus pertenencias en la otra, se adentró en la casa. Nada más adentrarse en el lugar, vio a Lona y Ed ambos sentados en el sofá.
-¡Papi! – Gritó la pequeña, mientras Carol la dejó en el suelo y ésta fue hacia su padre para abrazarle, quien tenía una cara horrible debido a su enfermedad.
-Hola, -saludó Carol a ambos, pero ninguno de los dos adultos le contestaron, al mismo tiempo que vio como Ed apartaba de un manotazo a Sophia quien se acercaba a él con toda la alegría del mundo.
-Aléjate de mí, asquerosa niña.
-¡Hey! ¿Pero se puede saber qué te pasa? –Masculló Carol con enojo acercándose a Sophia quien se había caído hacia atrás y empezaba a llorar debido a la contestación de su padre. Carol agarró en brazos a su pequeña intentando calmar el llanto de esta. –No te atrevas a ponerle una mano encima.
-¿Qué pasa? Lo que pasa es que Cortain nos ha llamado. –Habló Lona en esta ocasión. Nada más pronunciar el nombre de Cortain, que era abogado de la familia Peletier, intuyó que estaba pasando. –Un tal Daryl Dixon reclama la paternidad de Sophia.
Carol acarició la espalda de Sophia quien ya había parado de llorar y se refugiaba en el cuello de su madre, aunque seguía llorosa. Carol levantó la barbilla intentando tener una fortaleza que no tenía.
-¿Te has follado a mi empleado? –Preguntó Ed lleno de ira. A pesar de su enfermedad consiguió ponerse en pie y andar un par de pasos hacia ella. Mientras Carol retrocedió para evitar acercarse a él. –Eres una zorra de mierda... Fuera de mi casa. No quiero volver a verte. Zorra de mierda. No te vas a llevar nada de mi dinero. –Escupió lleno de odio, mientras Lona observaba la escena con cierta satisfacción en sus ojos. Estaba disfrutando con esto y mucho.
-No me importa el maldito dinero. Nunca me ha importado. –Contestó Carol.
-Ya claro, cielo. Y por eso sigues aquí. –Contestó Lona con cierto aire de cinismo y de superioridad. Carol soltó una sonrisa irónica antes de contestar.
-Sigo aquí, porque tanto tú como mi madre me habéis amenazado con quitarme a la niña.
-No nos importa una esa niña, hija de un barriobajero.
-Lo sé, lo único que os importa es el prestigio y el puñetero poder. Nunca os ha importado como estaba Sophia o yo. Hace unos meses, me amenazabas con quitármela porque pensabas que tenía tu sangre, pero como ahora puede ser de otro hombre no te importa. Eres una hipócrita.
-No pienso criar a una niña que tiene sangre de un drogadicto y perdedor como ese hombre.
Carol negó con la cabeza. Era evidente que su madre y su padre le habrían hablado de Daryl.
-No te preocupes, Ed. Ahora podrás irte con todas las putas que quieras. Eso si consigues que se te levante con todo el alcohol que tienes encima.
-¡Carol!–Dijo Lona, abriendo los ojos escandalizada.
–Oh, no lo sabías, Lona. Su hijo se va al prostíbulo de la zona y se acuesta con todas esas mujeres. Pero que yo me acueste con mi novio de la infancia, a quien mis padres le obligaron a dejarme, me convierte en una zorra, ¿no? ¡Idos a la mierda los dos!
-Es un hombre, cielo. –Dijo con ironía y justificando las acciones de su hijo.
Carol negó con la cabeza sorprendida por las palabras tan hipócritas de su suegra. Por una parte agradecía que esto sucediera para poder librarse de Ed y de su familia. La mujer se giró sobre si misma con la intención de subir arriba y recoger sus cosas, pero Lona se interpuso entre medio de las escaleras impidiéndole el paso.
-¿A dónde te crees que vas?
-A por las cosas de Sophia y mi ropa. –Contestó la mujer con naturalidad, quería salir de allí cuanto antes.
-No, está ya no es tu casa. Ni la de tu hija. Fuera.
Carol le miró, antes de negar con la cabeza, se giró sobre sí misma y se marchó de casa.
Se montó en el coche, arrancó y condujo hacia la casa de sus padres. No sabía que reacción iban a tener al relatarle lo sucedido con Ed y la paternidad de Sophia, pero esperaba que a pesar del enfado, fueran comprensivos y les permitieran estar algunos días hasta encontrar algún lugar donde hospedarse.
Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer contra el coche, justo cuando aparcó a las afueras de la casa. Con Sophia en brazos, caminó a pasó rápido hasta la puerta de madera de su antigua casa.
-¡Abuelos! –Soltó Sophia emocionada.
Carol picó fuertemente a la puerta y segundos después, ésta se abrió. Valerie estaba parada en el umbral.
-Mamá, Ed... -Empezó a decir, pero rápidamente ella le interrumpió. Carol vio el rostro de su madre que estaba serio y triste.
-Lo sabemos... -Carol levantó la mirada hacia atrás donde su padre estaba plantado al fondo del pasillo, presenciando la escena. Volvió a mirar a su madre, mientras los ojos se volvieron llorosos-. No... no podéis entrar en casa. –Carol dejó caer las lágrimas por las mejillas, dejando entrever el dolor que estaba sintiendo por el rechazo de sus padres-. No sois bien recibidas.
-Por favor, hacerlo por ella... -dijo Carol mirando a su pequeña, quien miraba a su abuela, sin comprender porque no podían entrar en casa de sus abuelos-. Sigue siendo vuestra nieta.
-No, ella no es nada nuestro. –Soltó John desde el final del pasillo-. Vete con el idiota de Daryl.
-Papá, por favor...
-¡No, Carol! Me he dejado la piel para poder darte lo mejor. Dejé pasar el que no acabaras la carrera de farmacéutica... pero esto... mi hija acostándose con drogadictos y barriobajeros como si fuese una prostituta barata.
-¡John!
-Cállate, Valerie. –Le regañó. Carol frotó sus mejillas contra el cabello de Sophia mientras veía la discusión entre sus padres. Coincidió su mirada con la de su madre, sabiendo cuan de doloroso estaba siendo para ella también.
-Vete, Carol. –Habló Valerie, con sus ojos puestos en los suyos. Y entonces le susurró:- te advertí que tuvieras cuidado.
-¡Valerie!–, advirtió su padre y tras echar una mirada de arrepentimiento, cerró la puerta.
Al igual que la lluvia que empezaba precipitarse con fuerza, las lágrimas cayeron por el rostro de Carol. Armándose de valor, Carol refugió a la pequeña entre sus brazos y caminó a pasó rápido para volver al coche.
Una vez dentro, Carol miró a su hija quien parecía desconcertada sobre lo que estaba pasando. Por un momento pensó en llamar a Daryl, pero tal y como estaban las cosas entre ellos, no quería involucrarle. Suspiró encendiendo el motor, y mirando cuanta gasolina disponía. Estaba muy bajo, iría al hotel donde Daryl y ella se hospedaban algunas noches, pero necesitaba rellenar el deposito.
Carol encendió el motor, y a continuación, la música de la radio empezó a sonar también. Las primeras notas de Save you de Mathew Perry acompañaron al sonido de las gotas chocar contra el coche.
Intentó no pensar en lo que estaba sucediendo, aunque lamentaba que no le hubieran permitido agarrar su bolsa que ella había preparado por si esto llegaba a ocurrir. La música invadía cada uno de sus sentidos, al tiempo que las lágrimas caían por sus mejillas.
Sophia estaba en la parte de atrás, más callada de lo normal, como si intuyera que algo ocurría. A los pocos minutos paró en la gasolinera que estaba de camino al hotel. Con Sophia en brazos, se dirigió primero al interior del local donde agarró un par de sándwich para poder cenar aquella noche y unas chocolatinas para su hija. Le indicó al dependiente que quería poner 20$ de gasoil y le tendió la tarjeta de crédito.
Sin embargo, al pasar la tarjeta por el datáfono y este dio negativo, Carol supo que Ed había retirado su dinero. Lo comprobó un par de veces más, hasta que se dio por vencido. La pelirroja sacó su monedero pero solo disponía de 69$.
-¡Mierda! –Maldice mirando al dependiente. –Cóbreme solo los sándwiches.
-Chuches... -se queja Sophia, pues quiere comer la piruleta que su madre había comprado para ella.
-Está bien, ponme la piruleta. –Se da por vencida.
Volvió al coche, intentando idear un nuevo plan. Solo dispone de 64$ para pasar la noche, probablemente también el día siguiente. Necesita encontrar un motel barato y que este relativamente cerca de donde se encuentra. No puede permitir pasar la noche en el coche.
Busca en su móvil algún motel que sea barato, y tras una mínima búsqueda encuentra el Masters Inn Doraville, que le cuesta 38$/noche y está a menos 20 minutos de donde se encontraba. Condujo hasta allí, mientras la lluvia caía con fuerza contra los cristales.
Agarró a Sophia y con rapidez se adentró en recepción donde una señora mayor le atendió. Por suerte aún quedaban un par de habitaciones disponibles, y la mujer le dio la llave con un llavero de madera donde estaba tallada el número 23, que correspondía a la habitación en la que dormirían aquella noche.
Se adentró en la mugrienta habitación, que estaba sucia y que a través de las paredes se podía escuchar los gemidos de alguna pareja teniendo sexo. Carol besó la frente de su hija con ternura, mientras ella le sonrió y con sus pequeñas manos las llevó al rostro de su madre, apretándolo. Sophia se reía por ver la cara divertida de su madre. Carol no pudo evitar reírse, ante las ocurrencias de su hija. A pesar de todo, ella le hacía sonreír.
-¿Tienes ganas de jugar, pequeñaja? -Sophia se rió ante las palabras de su madre. Carol le besó en la mejilla, creándole cosquillas y la pequeña se rió fuertemente. -. Pero antes vamos a comer un poco. –Se sentaron al filo de la cama, mientras comieron los sándwiches que habían comprado.
Como era habitual, Sophia solía comer con lentitud, aunque Carol ya estaba acostumbrada a su ritmo. Tras cenar, Carol ayudó a la pequeña a cepillarse los dientes, y tras ponerse una ropa más cómoda se fueron a la cama.
-Móvil.
-¿Quieres llamar a alguien? –La niña asintió mientras señalaba el móvil que reposaba en la mesita de noche.
-Daryl. –Carol suspiró.
-Le llamaremos mañana, ahora es tarde. -La pequeña empezó a llorar por no conseguir lo que quería. –Mañana. Te lo prometo.
Carol no quería enfrentarse a tener una conversación con él en ese instante, pues debería explicarle su situación debido a la demanda que él había interpuesto. Por suerte consiguió calmarla, convenciéndola y entonces, empezaron a leer uno de sus libros. Sophia se quedó profundamente dormida en cuestión de segundos.
Fue en ese momento, ante la soledad de la habitación, que la mujer rompió a llorar hasta quedarse sin lágrimas.
¡Hola Carylers!
Mi intención no fue hacer un capitulo largo, pero entre una cosa u otra, me excedido. Una vez más, la tristeza marca el capítulo, y espero que no me odies mucho.
Finalmente, Daryl ha interpuesto la demanda de paternidad y aunque esto es beneficioso para librar a su familia, no ayuda en absoluto con los padres de Carol.
A pesar de que Carol sabe cómo sus padres, el rechazo de ellos le lastima mucho, porque a pesar de todo, ella espera un apoyo por su parte, encontrando una actitud totalmente diferente.
Respecto a Sheila. Carol no esperaba para nada que Daryl estuviese en una relación, pero ella la aceptara. Como veis no ha hablado de Sheila con él, porque realmente quiere que sea feliz aunque esto le lastime.
Y Sheila, como comentó en la historia es tremendamente inocente que solo ve la parte buena de la gente, y Carol se da cuenta de este detalle.
En fin, espero que os guste este capítulo y que no os aburran por ser excesivamente largo.
Una vez más quiero agradecer a todas las personas que leen, comentan y me apoyan. Sois geniales. No sería lo mismo sin vosotras. Como siempre, estoy abierto a las críticas, los errores gramaticales o si no les gustó algo, díganmelo por favor.
Por cierto, si alguien quiere que le avise cada vez que actualice, díganmelo.
Nos leemos muy pronto.
San.
