Esquivando a los enfermeros y médicos, Carol caminaba a paso rápido entre ellos. Se paró en mitad de un pasillo abarrotado de gente mirando las indicaciones para saber hacia dónde debía ir. Se dirigió hacia la recepción donde una enfermera de pelo castaño le miró con una ceja levantada.
–Me han llamado por mi novio Daryl Dixon. Ha tenido un accidente. –Soltó con rapidez debido a los nervios.
Sin decir nada, la enfermera miró en el ordenador buscando el nombre que le habían dicho.
–Planta 3, habitación 315.
Sin esperar contestación de la mujer, Carol se giró hacia el ascensor y se dirigió hacia el piso indicado. Buscó la habitación 315 y entonces, desde la puerta pudo ver a Daryl estirado en la cama del hospital, con una pierna enyesada.
-Oh, Pookie, -se lamentó Carol al entrar a la habitación del hospital.
Ante su apodo, el adolescente Dixon miró a su novia que se adentraba en aquella impersonal habitación. La preocupación estaba marcada en su hermoso rostro. Daryl le dedicó una suave sonrisa, haciéndole ver que estaba bien, a pesar de que la pierna le dolía mucho.
Había tenido un accidente con la motocicleta, y nada más trasladarle al hospital, él había pedido que llamaran a Carol para informarle de su accidente. El médico le había preguntado si tenía unos padres a quienes informar, pero él solo quería a llamar a Carol, era la única persona que le importaba.
-Que susto, Daryl… -dijo Carol acercándose a él. Enmarcó su rostro, y apartando sus cabellos de sus ojos. -¿Cómo estás?
-Con un esguince… no es nada -besando suavemente sus labios. -Estoy bien. –Carol ladeó la cabeza y levantó las cejas por sus palabras.
-¿Por qué sigues ingresado?
-Están haciendo pruebas para ver si tengo algo más. –Carol asintió levemente. Con suavidad peinó sus cabellos rubios mostrando preocupación.
-Ni se te ocurra volver a asustarme de esta manera.
-Lo prometo. –Dijo con pesar, Carol le sonrió.
Ella se acercó y rozó su nariz con la suya, sin llegar a besarle. Cerró los ojos disfrutando de la cercanía. Pero él no puede evitar atraerle, profundizando el beso y su lengua le invita a entrar en la suya.
Carol no durmió aquella noche. Su mente daba vueltas buscando soluciones a la situación en la que se encontraba. Con los pocos dólares que le quedaban en el monedero y con la cuenta bloqueada le era imposible subsistir. Dejó a Sophia durmiendo en la cama del motel, mientras ella se levantó y caminó a través de la oscuridad hacia la ventana. Desde allí pudo ver como las luces de los automóviles le iluminaba cada vez que pasaban.
Apoyó la frente en el frío cristal y cerró los ojos. La mente de Carol empezó a correr en una vorágine de pensamientos negativos sobre su destino. Por más que meditara sobre su futuro, no encontraba una salida posible. No podía permitir que Sophia pasará la noche en el coche o debajo de cualquier puente. Necesitaba un techo donde ella estuviera segura.
Observó a su pequeña, quien dormitaba con una mano sobre su cabecita rubia y la otra sobre su estómago. Tan inocente y tan hermosa. Daría toda su vida por ella, por darle lo mejor. Se acercó a ella, y besó suavemente su frente intentando no despertarla. Se acostó a su lado, abrazándola.
A pesar de que le parecieron solo cinco minutos, Carol cayó en un sueño profundo. Unas manitas en su rostro le despertaron. Carol abrió los ojos para encontrarse a su pequeña sentada en la cama con una sonrisa. Sophia se abrazó a su madre y se estiró encima de ella, aplastándole.
Carol soltó una risita, mientras se dedicaron algunos minutos simplemente a jugar. Tras ello, duchó a la pequeña, y tuvo que ponerle la misma ropa, sintiéndose la peor madre del mundo. Con los pocos dólares que le quedaban, compró unas galletas y unos pañales.
Montó a la pequeña en el coche con la intención de ir a la ciudad.
Sin embargo, no se puso en marcha en seguida. Mientras Sophia jugaba con su único juguete de trapo, Carol agarró el teléfono y empezó a buscar el número de Daryl.
Había meditado mucho sobre si debía llamarle o no, y tras pensar mucho sobre ello había decidido hacerlo. No le agradaba la idea, pero quizá era la única opción que tenían. Su deber como madre era velar por el bienestar de Sophia y en las condiciones en las que se encontraba en ese momento, era difícil proporcionarle una estabilidad.
Miró el nombre iluminado de Daryl en la pantalla, mientras su corazón empezó a bombardear con fuerza. Solo tenía que apretar el botón verde. Insegura, o quizá avergonzada por pedir ayuda, Carol dudaba de su decisión. El pulgar sobre la pantalla táctil tembló levemente. Se mordió el labio, mientras escuchaba a su hija hablar con palabras inconexas.
Arrepentida, Carol dejó el teléfono móvil en el asiento de copiloto, dejando a la vista el número de Daryl. La situación entre ambos era demasiado tensa como para pedirle ayuda. Tenía que buscar otra opción. Esperaba llegar a la gran ciudad y quizá llamar a Andrea, esperanzada de que ella pudiera ayudarle, a pesar de que se encontraba fuera de la ciudad.
Arrancó el coche y condujo por las carreteras secundarias que le llevaban a la gran ciudad. Estaba absorta escuchando como su hija tarareaba las canciones infantiles, cuando al llegar a un cruce, un coche rojo que venía a gran velocidad por la derecha se saltó el Stop.
Para evitar chocar con él, giró el volante. Exclamó asustada al perder el control del vehículo. Lo último que escuchó fue el llanto de Sophia, quien estaba presa del pánico, antes de estrellarse con fuerza contra un árbol.
Como si estuviera a kilómetros de distancia, la dulce risa de una niña inundó sus orejas. Movió la cabeza hacia ese dulce sonido en un intento de escucharlo mejor. Empezó a abrir los ojos lentamente adaptándose a la luz del lugar desconocido donde se encontraba. Debido a su visión borrosa solo pudo visualizar una silueta de un hombre, quien estaba sentado en la silla de al lado de la camilla de urgencias. En sus rodillas, estaba sentada una niña quien supuso que era Sophia.
-¡Soph! –Susurró Carol, sin saber a ciencia cierta si se trataba de ella, aunque intuía que sí. Pestañeó varias veces para enfocar la visión borrosa hacia ellos. – ¿Sophia?
El hombre escuchó la voz de la mujer, levantó la mirada hacia ella y al ver los ojos entreabiertos, agarró en brazos a la pequeña y se acercó a Carol. A medida que se aproximó, Carol pudo reconocerlo, se trataba de Daryl, quién sujetaba a su hija.
-Hey, hey, no te muevas, voy a llamar a una enfermera. –Su voz era suave y preocupada, una que hacía mucho tiempo que no escuchaba. Carol asintió y centró la mirada al techo blanco, dejando que el dolor de cabeza permanente se apaciguara un poco, mientras su mente procesaba dónde estaba y porqué.
En ese momento, los recuerdos se amontaron en la cabeza: un coche cruzándose delante suyo, un volantazo, el choque contra un árbol, el llanto lleno de miedo de Sophia…
Su respiración se aceleró al recordar lo sucedido, ¿estaba bien Sophia? ¿Estaba herida? Carol levantó la cabeza buscando a Sophia completamente desesperada. Y entonces la vio. En los brazos de Daryl, mientras sujetaba un globo en forma de guante que algún médico o enfermera le habría regalado.
Ni siquiera se había percatado que junto a Daryl, una enfermera se acercaba a ella para examinar cómo se encontraba.
-¡Mami! –Llamó la pequeña al percatarse de que se encontraba despierta.
-Sophia, ¿Cómo está? – preguntó en esta ocasión a la enfermera.
-Está bien, señora Peletier, su hija está perfectamente. Solo tiene un pequeño rasguño en el brazo debido a unos cristales. -Le tranquilizó la enfermera. Carol miró a su hija quien tenía un pequeño vendaje en el brazo derecho-, usted se llevó la peor parte. Lleva inconsciente un par de horas.
Carol asintió ante las palabras de la enfermera y desvió la mirada a Sophia; y después a Daryl quien le observaba con cierto toque de preocupación. Por primera vez, desde que se habían encontrado él no estaba enfadado o molesto. No entendía porque él estaba allí, pero le alegraba que no hubieran llamado a Ed. O sus padres.
Tras indicar a Daryl que esperara fuera, le hicieron algunos reconocimientos y tras hacer una comprobación de la tensión o la visión; y asegurarle que parecía estar todo bien, le dijeron que debía quedarse en observación aquella noche para asegurarse de tenía lesiones internas.
Tras salir la enfermera, Daryl y Sophia volvieron a entrar en la habitación. Daryl dejó a la pequeña sentada en la cama encima de Carol.
-Oh, mi amor, ¿estás bien? –preguntó Carol mientras examinaba el rostro de Sophia a cada detalle. Y entonces le besó en la frente.
Daryl observaba la escena apoyado contra la pared algo incómodo. Recordaba la angustia que había sentido cuando le habían llamado, y le habían dicho que Carol y Sophia habían tenido un accidente. Acababa de salir de una entrevista de trabajo, cuando su teléfono sonó. Angustiado, se subió a su moto y aceleró lo máximo que pudo para llegar lo antes posible al hospital.
Una vez en el interior, preguntó por Carol y los médicos le condujeron hacia la habitación dónde estaba inconsciente. A su lado, una enfermera estaba junto a Sophia en brazos, quien sujetaba un globo en forma de guante. Al verle, Sophia le reconoció y levantó los brazos hacia él, enseñándole el globo.
-¡Globu! –Levantó su mano mostrando su nueva adquisición a su padre.
Daryl vio que los ojos de su pequeña estaban aguados señal de que había estado llorando, pero ahora que estaba entretenida con el globo estaba más tranquila. La agarró en brazos mientras le informaban de cómo se encontraba Carol, quien seguía inconsciente. Daryl se quedó con Sophia, quien la entretuvo lo máximo que pudo mientras jugaban, e incluso se quedó dormitando en los brazos de Daryl. Hasta que Carol despertó.
-¿Por qué te llamaron? –preguntó Carol, al mismo tiempo que Sophia, cansada de estar allí, quería bajarse de la cama. Daryl la ayudó a bajarse y esta empezó a corretear por su alrededor.
-No encontraron ningún número de emergencias y el mío fue el primero que vieron al desbloquear tu celular.
Lo que no sabían es que los médicos habían llamado a Ed, y éste de muy malas maneras le había dicho que no quería saber nada de esa persona. Ante su respuesta decidieron mirar el teléfono de Carol, -el cual había quedado hecho pedazos-, y dónde encontraron el teléfono de Daryl al desbloquear la pantalla. Por suerte, encontraron una respuesta positiva por parte de él.
Carol asintió al recordar que minutos antes de arrancar, ella había dejado el teléfono en el asiento del copiloto, con el número de Daryl en la pantalla. Suponía que no había sido muy complicado para los médicos encontrarle.
Su hija no paraba de moverse de un lado a otro de la habitación, mientras Daryl intentaba que no tocara nada de los instrumentos médicos.
-Daryl, –le llamó cuando éste intentaba que Sophia no tirara del cable que estaba conectado a otra máquina. -¿Me puedes hacer un favor? –El hombre frunció el ceño al mismo tiempo que asintió. – Puedes llevarte a Sophia a casa esta noche. Tengo que estar en observación.
-¿Quieres que llame a Ed o a tus padres? –Preguntó sorprendido por la sugerencia.
Carol suspiró, pues había olvidado que él no sabía nada. Los ojos entrecerrados y agotados de Carol se cerraron al recordar el dolor de lo sucedido. Ella negó con la cabeza.
-No… Ellos… No… -Tartamudeó mientras buscaba las palabras adecuadas-. No tenemos ningún lugar a donde ir, Daryl. Nos han echado de casa. –Soltó con rapidez. Daryl se irguió con el semblante serio, queriendo saber más. Sophia pasó entre Daryl y la cama e intentó subirse de nuevo. Daryl volvió a ayudarle.
-¿Ed? –Preguntó Daryl.
-Sí… y mis padres… no quieren saber nada de nosotras. –Daryl observaba atentamente sus hermosos ojos tristes y dolidos. -Han recibido la demanda de paternidad que has interpuesto. Ed ha quitado todo el dinero en mi cuenta y nos ha echado de casa; ni siquiera nos pudimos llevar los juguetes de Sophia o su ropa.
Daryl permaneció en silencio, intentando asumir el sentimiento de culpabilidad que apretó en su corazón.
-¿Tus padres… como han podido? –preguntó el hombre con un hilo de voz.
-Mi padre, sobre todo, pero mi madre se ha dejado llevar por él… Por muy injustos que hayan sido conmigo nunca pensé que nos echaran de casa de esta forma. No les importa que su nieta tenga que dormir en un motel o que no tenga nada que llevarse a la boca. –Masculló mientras sentía un nudo en la garganta evitando ponerse a llorar delante de Daryl.
-¿Habéis dormido en un hotel? –Preguntó incrédulo.
-Te pedí por favor que no lo hicieras. No por mí, sino por Sophia… Sabía que consecuencias podía tener para ella…
-No es mi culpa que tengas unos padres tan hijos de puta. –Carol negó con la cabeza y desvió la mirada hacía la ventana del hospital, aguantándose las ganas de llorar-. Mi intención no era que te dejaran en la calle como un perro. Pensaba que al menos tus padres te acogerían.
-Te equivocaste. Parece mentira que aún no sepas como son… –Las miradas llenas de dolor y culpabilidad se intercambiaron, mientras ambos se mantenían en silencio solo interrumpidos por los juegos de Sophia. Finalmente, una lágrima cayó por el rostro de Carol y rápidamente fue limpiada por ella misma. Se aclaró la voz en un carraspeó, e intentó volver a hablar. -¿Puede quedarse Sophia con vosotros? –Preguntó de nuevo, zanjando la conversación.
-Si, por supuesto. –Contestó Daryl. –Estoy seguro que a Sheila no le importara.
-Gracias. –Le dijo mirándole con tono serio, antes de centrar la mirada en su hija, quien volvía a estar sentada en sus piernas. –Mi amor, hoy dormirás en casa de Daryl, mamá tiene que quedarse en el hospital una noche. –La pequeña miró a su madre intentando comprender las palabras. Carol besó la mejilla de Sophia-. Compórtate bien, cielo.
-Será mejor que la lleves a casa, necesita descansar –propuso Carol a Daryl, al ver el rostro de la pequeña que parecía agotada. Daryl asintió ante las palabras de la mujer.
-Vamos, pequeña, vámonos a casa –dijo mientras la alzaba en brazos y apoyándola contra sus caderas, con cuidado de no perder el globo que sujetaba en la mano.
Con ella en brazos se dirigió a la puerta y por un segundo, Daryl se giró con intención de decir algo, sin embargo, se arrepintió y simplemente le hizo un gesto con la cabeza para despedirse.
Daryl y Sophia desaparecieron por la puerta mientras su niña se despedía de ella con la mano y con tristeza en su rostro. Segundos después, pudo escuchar el llanto de Sophia alejarse por el pasillo del hospital.
Para sorpresa de Sheila, Daryl había llegado con Sophia en brazos y una bolsa llena de comida en el otro. En cuánto Daryl le contó lo sucedido, Sheila ayudó a que la pequeña se sintiera cómoda, ya que debido al accidente estaba un poco nerviosa. La entretuvieron jugando con algunos juguetes que habían comprado para ella, entre ellos ceras y pinturas. Debido a que Daryl aún no tenía trabajo, él se quedó con ella todo el día.
Aquella noche Sheila tenía un concierto, así que no volvió hasta bien entrada la madrugada. Daryl estaba sentado en el sofá, con Sophia estirada a su lado completamente dormida, y tapada con una manta.
-¡Hola! –susurró Sheila, intentando no despertar a la niña. Daryl se levantó con cuidado y ambos se dirigieron hacia la cocina, que estaba lo suficientemente lejos del sofá y así, poder hablar con tranquilidad.
-¿Cómo ha ido? –preguntó la joven, acercándose a él y dándole un pequeño beso.
-Buff, es un terremoto-. Se quejó el hombre, quien estaba completamente cansado por seguir el ritmo de una niña tan pequeña. Sheila sonrió. –Pero es un cielo, -su rostro decayó en un toque de ternura, mientras miraba a lo lejos a su niña dormir. Cada minuto que pasaba junto a Sophia, más se enamoraba de ella. –Ha estado un poco nerviosa pero creo que es por el accidente.
-Seguro, además echa de menos a Carol. –Asintió Sheila.
-Sí, me ha preguntado por ella todo el rato.
-Por cierto, ¿sabes algo de Carol? –Preguntó Sheila. Se adelantó hacia delante; agarró una copa con forma abombada, vertiendo un poco de vino tinto en su interior. Daryl le miró, y negó con la cabeza.
-No, mañana iré a ver cómo está. –Su novia asintió.
-¿Cómo han podido echar de casa a su propia hija? ¿Dejando a su nieta en la calle? –Daryl suspiró, y llevó su mano a sus ojos.
Daryl negó con la cabeza sintiendo culpabilidad. Quizá no pensó en las consecuencias que su demanda de paternidad tendría, pero jamás pensó que los padres de Carol la echaran de casa, dejándola casi a la intemperie y con una niña a su cuidado.
-Nunca pensé que harían esto. –Se mantuvieron en silencio mirando desde la lejanía como la pequeña seguía en un profundo sueño.
-Se parece a ti. –Soltó Sheila con ternura.
-¿Tú crees? –preguntó el hombre con indecisión y Sheila asintió. El padre totalmente orgulloso la observó completamente embobado. No supo cuánto tiempo estuvo mirando a su hija, pero la voz de la mujer le distrajo.
-¿Qué quieres hacer? –Preguntó Sheila. Daryl le miró confuso. –Carol va a salir del hospital mañana o a lo sumo dos días. No tienen ningún sitio a dónde ir, no puedes dejar que se vayan y que duerman en cualquier lugar.
Daryl levantó la mirada, intentando interpretar bien sus palabras.
-¿Estas sugiriendo que Carol venga aquí?
-¿Dónde van a ir sino? Al menos hasta que encuentren algún sitio.
Daryl asintió. Él había pensado en esa posibilidad, sin embargo, no era su casa. Era la de Sheila.
-Vamos a invadir tu casa. Podemos irnos con Merle. -Nada más decirlo, descartó la idea. No iba a meter a Sophia en un ambiente de prostitutas y drogas. –Olvídalo. –Dijo con rapidez, al percatarse de lo que acababa de decir.
-No me importa Daryl… -Dijo Sheila. –De hecho, quería sugerirte que… deberíamos reformar mi estudio y crear ahí la habitación de Sophia. –Daryl levantó las cejas, sorprendido por su sugerencia.
-¿Estás segura? –preguntó Daryl.
-Sí, es tu hija, Daryl. Ella es bienvenida siempre. Va a necesitar su propia habitación, no puede dormir en el sofá siempre. –Daryl asintió.
-Gracias… -antes de besar suavemente sus labios.
Carol pasó tres días en el hospital, pues los médicos no querían dejarla marchar sin asegurarse que el accidente no había afectado a ninguna parte del cerebro o del cuerpo. Finalmente, tras hacer todas las comprobaciones médicas necesarias, le dieron el alta.
Esos tres días, fueron suficientes para Daryl desmontar el pequeño estudio de Sheila. Y en substitución habían comprado una cama infantil para la pequeña. A su vez, decidieron comprar un colchón hinchable para que Carol pudiera dormir también ahí. Por el momento, y a excepción de los juguetes, la habitación constaba solo de una cama.
A pesar de su negativa, Carol accedió a quedarse algunos días en casa de Sheila. Pues por muy incómodo que fuera era mejor que estar viviendo bajo algún puente. Sobre todo, porque además ahora no disponía de coche, pues éste estaba reparándose debido al golpe que se habían dado. Así que sin un hotel o coche donde poder dormir, las opciones quedaban reducidas a muy pocas.
Daryl fue el encargado de llevarla a casa.
El camino fue tenso, pues Carol básicamente se quedó todo el viaje observando el paisaje. Se sentía extraña al lado de él, pues sentía que nada es igual que antes. Es como si les separara un gran muro entre ambos. Además puede leer en el rostro de Daryl una mezcla de culpabilidad por la situación en la que está abocada Carol, y a la misma vez, puede ver el rencor.
Carol sabe que no le ha perdonado nada de lo sucedido con Sophia, sigue demasiado dolorido. A pesar de que lo entiende, también le lastima mucho. Una parte de ella no puede evitar sentirse dolida porque él hubiera tomado la determinación de interponer una demanda de paternidad, sin antes haber hablado con ella.
Carol nunca pensó que entre ellos dos pudieran llegar a este punto, pero ambos estaban en un mismo coche, sin hablarse y prácticamente sin mirarse. Ambos estaban dolidos y sobre todo, estaban lastimados por la distancia que se había creado.
Rompiendo el tenso silencio, roto únicamente por la radio, Carol se atrevió a preguntar cómo se encontraba Sophia. Él respondió con apenas un hilo de voz de que estaba bien. Posiblemente había mucho de qué hablar y echarse en cara. Pero ninguno de ellos, quiso pronunciarse.
Nada más traspasar la puerta, Sophia quien estaba junto a Sheila sentada en el suelo mientras pintaban un dibujo de una mariposa, se levantó y fue corriendo con gran efusividad hacia su madre.
-Hola, amor mío. –Dijo mientras le besaba en la mejilla.
-¿Cómo te encuentras? –Preguntó Sheila, mientras se acercaba a ellos. Ella dirigió una leve mirada a su novio quien había entrado tras Carol. Rápidamente pudo ver que éste estaba muy serio.
-Aún un poco dolorida. –Sonrió levemente, mientras Sophia se removía en los brazos de su madre, pues quería volver al suelo para seguir pintando. La mujer se agachó y la dejó en él, mientras seguía mirando a Sheila. –Muchas gracias por dejar que nos quedemos aquí. Serán unos días, en cuánto encuentre un lugar nos iremos.
-No te preocupes… -Sheila sonrió agradecida-. Me quedaría más, pero tengo un ensayo en 5 minutos y ya llego tarde. –Se excusó la mujer.
Carol asintió, y se fue junto a su hija quien seguía pintando, se sentó en el sofá y le ayudó a pintar. Por un momento, levantó la mirada para ver a Sheila y Daryl quienes estaban hablando contra la barra americana. No alcanzaba a oír lo que decían, pero tampoco quería saberlo. Ella volvió a desviar la mirada a su pequeña.
-Cera azul. –Soltó la pequeña, agarrando la cera de color verde.
-¿Azul? No cielo, este no es azul… ¿Qué color es? –Le preguntó su madre. Su hija lo volvió a mirar y entonces gritó.
-¡Verde!
Al otro lado del salón, Sheila intentaba descubrir si había sucedido algo en el viaje de vuelta. Daryl insistía en que todo estaba bien, pero ambos sabían que no era así. No había sucedido nada pero todo estaba tenso entre ellos. Daryl seguía dolido por todo lo sucedido con Sophia, mientras que Carol no podía perdonarle que él hubiera interpuesto la demanda a pesar de que le pidió que no lo hiciera. Carol sabía que él tenía derecho, pero sabía que debido a esto, ahora estaban en una situación muy complicada.
-¿Me prometes que todo está bien? –Preguntó Sheila, al mismo tiempo que Sophia empezaba tararear a trozos la canción del libro de la selva: 'O dubi du…quiero… como tú...'
-Sí…
-Está bien. Hasta luego. –Se despidió de Sophia y de Carol con un suave movimiento de cabeza, antes de darle un suave beso en los labios a Daryl.
Una vez que se cerró la puerta, ambos volvieron a sentir la tensión mascarse entre ellos. Afortunadamente las palabras de Sophia recitando canciones sin fin aliviaban el ambiente tenso. Pero de pronto, una pregunta inocente de Sophia volvió a trastocar la tensa paz.
-¿Dónde está papá? –Formuló de repente la pequeña mientras pintaba con fuerza agarrando la cera de color verde.
Las miradas entre ambos se cruzaron, aunque no duraron mucho. Carol sabía que era el momento de decirle a su hija que las cosas habían cambiado y que Ed ya no sería más su padre. Carol suspiró intentando encontrar la manera de explicarle esto a su hija de 3 años. Ojalá existiera un manual para poder decirle a tu hija que su padre, ya no será más su padre.
Daryl se acercó más a ella, expectante por lo que Carol iba a comentar.
-Sophia, -La pequeña seguía inmersa en su dibujo-, mamá tiene que decirte algo sobre tu papá. –Aquello pareció llamar la atención de su hija, pues levantó la mirada hacia ella-. Ehm, -miró a Daryl por un momento, y éste pudo ver lo duro que estaba siendo para ella. –Ahora tu papá es Daryl. –dijo señalando al hombre que estaba de pie.
-¿Por qué? –Preguntó la pequeña mirando a Daryl. Carol compartió una mirada con Daryl quien parecía sorprendido.
-Pues porque te quiere mucho y quiere ser tu papá. ¿Quieres que Daryl sea tu papá? –Preguntó Carol. La pequeña le miró y asintió.
-¡Si! –Gritó emocionada.
-Está bien.
Carol se levantó para acercarse a Daryl.
-Creo que aún no comprende exactamente lo que está pasando pero creo que es importante que sepa que eres su padre. –Daryl asintió.
-Gracias.
Carol pudo ver la mirada de sorpresa de Daryl.
-¿Qué clase de persona crees que soy? ¿De verdad creías que no le iba a decir nada de que eras su padre? Tarde o temprano iba a suceder. –Soltó con dureza, pero sobre todo dolida porque él pensara que iba a omitirle de la vida de Sophia.
-Honestamente ya no sé qué clase de persona eres… Solo sé que me ocultaste durante tres años que tenía una hija. ¿En algún momento ibas a buscarme para decírmelo? Las duras miradas de ambos se cruzaron-. Sabes que no… Si no nos hubiéramos encontrado, yo seguiría sin tener ni puta idea de que esa niña es mía. –Dijo señalando a la pequeña.
Carol, dolida, quería acabar la conversación en ese mismo instante.
-Ya te pedí perdón. Tuve que hacerlo.
-Muy bien, entonces no entiendo porque te sorprende que piense que ibas a ignorarme de la vida de Sophia, como has hecho hasta ahora.
-Te dije en el McDonald que no lo iba a hacer. -Daryl soltó una sonrisa irónica.
-Ya no confío de ti. –Soltó Daryl, mientras Carol sintió como las lágrimas caian por las mejillas. Se las limpió para evitar que él las viera, aunque era demasiado tarde, y carraspeó la garganta intentando buscar fuerzas para hablar. Con sólo un hilo de voz habló.
-Necesito descansar, ¿Dónde puedo…? –La voz le quebró e intentó recuperar la fortaleza. Pero Daryl le respondió antes.
-Al final del pasillo, hemos puesto la habitación de Sophia. Hemos comprado un colchón hinchable para ti. –Carol asintió.
-Gracias. ¿Te quedas… con ella, por favor? –Pidió la mujer. Daryl asintió, y entonces sin mirar atrás se metió en la habitación, dónde rompió a llorar y entonces durmió un poco.
Por su parte, Daryl sentía su interior romperse en mil pedazos por ver a Carol totalmente destrozada. Estaba sufriendo y lo sabía. Pero su dolor era tan grande, que no sabía cómo manejarlo. Él quería evitar sentirse así con Carol pero le era imposible. Sentía ganas de romper absolutamente todo. Intentando obviar esa sensación de dolor, él se acercó a su hija, que seguía inmersa en su dibujo.
Una hora más tarde, Carol se despertó debido a unas sonoras risas entremezcladas. Con cuidado debido al dolor creciente de su cabeza se levanta hacia el baño. Su rostro está tremendamente horrible. Los ojos están rojos de tanto llorar, mezclado por sus ojeras. Se lavó la cara para intentar despejar la mente.
Desde el umbral del lavabo puede ver como Daryl tiene alzada en brazos a su pequeña, mientras la mueve por toda la habitación como si se tratase de superwoman. A ella le parece muy divertido porque no para de reír, y él contagiado por la hermosa risa, se ríe junto a ella.
Su corazón vuelve a dar un vuelco entre el amor y el dolor.
Quiere que todo se solucione con Daryl, pero intuye que esto es solo el principio. Es consciente que Daryl no va a ser cordial con el asunto de Sophia. Carol se percató que va a tener que luchar contra Daryl por su pequeña.
Sin embargo, a diferencia de Daryl, Sheila es amable con Carol y Sophia. Cuando le comentó la idea de ir a casa de Sheila, pensó que ella sería el problema. Pero no, la dificultad estaba en la relación con Daryl.
La rubia notaba la tensión entre los dos adultos, y a pesar de que había intentado hablar con su novio, éste parecía estar demasiado encerrado en sí mismo.
Para sorpresa de Daryl, quien estaba en el sofá mirando una peli de Disney con Sophia, las vio aparecer juntas en el apartamento. Al parecer se habían encontrado en la portería del edificio, cuando Carol había ido a comprar comida para Sophia y, la novia de Daryl llegaba del ensayo.
-¿Desde cuándo cantas? –preguntó Carol obviando la mirada de recelo de Daryl.
-Hace unos 10 años, siempre he querido montar mi propio grupo, pero… entre una cosa u otra, ha sido complicado. Además de que mis padres estaban en total desacuerdo en que me dedicara a algo que no tenía futuro. Pero aquí estoy ganándome la vida. No es gran cosa, pero algo es algo.
-Ya, te entiendo… yo quería ser profesora infantil, pero mis padres siempre quisieron que fuera farmacéutica. –Carol tragó saliva al recordar todo lo que había pasado. –El problema es que no tuve la misma valentía que tú a hacer lo que yo quería.
-Aún estás a tiempo… -dijo Sheila con una sonrisa.
-¿Estás de broma? Con 31 años está complicado. Me voy a pasar la vida sirviendo hamburguesas.
- Por cierto, ¿cuándo vas a buscar trabajo? –La sonrisa de Carol se borró de su rostro al escuchar la pregunta arisca de Daryl. Planteada con otro tono y en otro momento, hubiera sido una pregunta normal, pero la forma en que lo hizo, fue una pregunta con mucho reproche en ella.
Sheila miró a su novio, quien lejos de parecer relajado, estaba tenso y mirando con desconfianza a la madre de su hija. Carol también le miró y sus ojos azules se clavaron en los suyos llenos de odio.
-Si no querías tenerme aquí, ¿Por qué me obligaste a venir, Daryl?
-Por ella, no iba a permitir que viviera debajo de un puto puente.
-¡Daryl! –le regañó Sheila, por el tono y por la palabrota, pues una niña que empezaba a repetir absolutamente todo, estaba expectante ante la discusión que se estaba originando enfrente suyo.
Entonces, tras dirigir una tensa mirada a ambas mujeres, pasó entre ellas y se fue de casa, dando un gran portazo.
Ambas mujeres compartieron una mirada incómoda, pues no era una situación fácil para ninguna de las dos.
-Lo siento. –Dijo Carol mirando a la mujer. –Lamento que estés en medio de todo esto. –Sheila suspiró.
-Si… yo también. Está muy dolido. –Soltó Sheila.
-Lo sé, nunca quise hacerle daño… -Intentó decir algo más, pero aunque tenían una relación cordial, no tenía ese nivel de confianza, aún. Intuía que ella podría ser una gran aliada en el futuro pero por ahora era una desconocida.
-Mira. Voy a ser sincera. No apruebo lo que hiciste, no me gusta. Supongo que tuviste tus razones y no voy a juzgarte por ello. Pero soy consciente que a partir de ahora, vas a estar muy presente en la vida de Daryl, y para que esto funcione, por el bien de esa personita, -señaló a Sophia-, es que todos nosotros intentemos llevar esto de la mejor forma posible.
-Sheila, quiero lo mismo que tú, y estoy intentando llevar esto lo mejor que puedo. Pero Daryl… esta demasiado dolido aun. Y creo que no puedo culparle. No me va a perdonar nunca. Lo sé… Yo… solo… quiero que Daryl disfrute de su hija, aunque él piense lo contrario. –Sheila asintió viendo una mirada sincera en esa mujer-. Yo solo quiero no pelearme con él por Sophia… Pero, si tengo que hacerlo. Lo haré.
Sheila asintió entendiendo lo que quería decir, solo esperaba no tener que llegar a esa situación. Ella estaba en medio y quizá podría ayudar a que no llegara a ese extremo.
Al día siguiente, Carol agarró a Sophia, quien no dejaba de parlotear mientras se adentraban en la cocina. El apartamento olía a café y a tostadas del desayuno que Daryl y Sheila estaban preparando. Ataviados con el pijama, la pareja estaba en mitad de la cocina compartiendo un beso muy ardiente.
Al margen de la incomodidad inicial, Carol no pudo evitar sentir un dolor agudo en el pecho. Dio un paso para atrás con la intención de retroceder para volver a la habitación y dejarles a solas. Pero en ese instante, Sheila percibió el movimiento y se separa de Daryl.
-Buenos días –Dice Sheila, intentando no mostrar la incomodidad. -¿Qué tal pequeñaja? ¿Tigretón durmió bien? –Dijo refiriéndose al peluche nuevo que Sheila le había regalado. La pequeña asintió encantada.
Carol dejó en el asiento a Sophia intentando no mirar a Daryl, quien seguía preparando el café. Ella se fue hacia la encimera para preparar el desayuno a su hija, en su camino casi tropieza con Daryl, quien seguía enfadado por el día anterior. Se dirigieron una mirada, y entonces la apartaron rápidamente.
En ese instante, ella supo que tenía que salir de allí cuanto antes.
Dos horas después, Carol y Sophia estaban en el parque, Carol perseguía a Sophia a cada paso que daba, mientras jugaba o subía a los columpios o las escaleras que había en éste. Al mismo tiempo, Carol iba hablando por teléfono con Andrea. La mujer estaba sorprendida que el celular aun funcionara a pesar de tener la pantalla en mil pedazos. Por suerte, era lo único que sobrevivió del accidente.
-¿Por qué no me has llamado antes, Carol? –Le regañó la mujer.
-No estabas en Atlanta.
-¿Y qué? –La mujer bufó cansada-. Voy a llamar a mis padres, les diré que te dejen las llaves de mi casa. Puedes quedarte allí el tiempo que necesites. Yo volveré la semana que viene y me quedaré contigo.
-Muchas gracias, Andrea. Pero no tengo dinero tampoco… yo…
-No te preocupes.
Cuando Carol llegó al apartamento, ni Daryl ni Sheila estaban en su interior. Preparó la comida, sin saber si alguno de ellos estaría para comer. Mientras preparaba una salsa de tomate para los macarrones con queso, Carol volvió a mirar el teléfono, esperando la llamada del padre de Andrea.
Una vez que le llamara, Carol y Sophia podrían irse de allí. Movió los dedos nerviosamente por la encimera de la cocina, mientras su hija estaba ensimismada mirando por enésima vez 'El libro de la selva'.
La puerta del apartamento se abrió y apareció Daryl, quien tras dirigirle una mirada, empezó a caminar hacia su dormitorio.
-Daryl, Daryl, ¿podemos hablar? -El hombre se giró sobre sí mismo y la enfrentó. Por primera vez, él le miró a los ojos.
-¿Qué pasa?
-Mira… Entiendo que estés enfadado, pero quiero llevar esto de la mejor forma posible. Te pedí que no interpusieras la demanda, y lo has hecho y no podemos volver a atrás. Quiero empezar de nuevo… que intentemos llevar esto como adultos, por el bien de Sophia. No quiero ser tu amiga, ya no quiero nada de eso. Solo quiero el bien de mi hija. Así que, por favor, hablemos… vamos a tener que hacerlo durante mucho tiempo a partir de ahora. -Daryl pareció meditar sus palabras y entonces, asintió.
-Está bien. Lo intentaré. –A pesar de que era una respuesta corta, a Carol le valía.
-Por cierto, es posible que esta tarde nos vayamos. Creo que ya he cubierto el cupo de vuestra hospitalidad. -El rostro de Daryl se frunció en enfado.
-No.
-¿No, qué?
-Es mi hija también, no voy a permitir que viva debajo de un puto puente, vete tú… pero ella no se va. –Carol negó con la cabeza. Ni dos segundos había durado la tregua.
Carol empezaba a estar muy cansada de esta situación; y entonces sacando la valentía de no sabía dónde, ella respondió.
-Te recuerdo que Sophia aun no es tu hija legalmente. A efectos legales, para ti es una niña como otra cualquiera. Si me obligas a dejarla aquí, te puedes meter en un buen lío. No me obligues a ir por las malas. –Sorprendido por el cambio de actitud, Daryl le miró fijamente entendiendo lo que quería decir, pues le estaba amenazando. Daryl respiró hondamente lleno de furia y antes de que pudiera decir nada, Carol se giró sobre sí misma, agarró a la pequeña y se fue.
-¿Cuándo se sabrá el resultado? –Preguntó Daryl a su abogado. Él miró a Daryl y negó con la cabeza.
-No sabemos, pero suelen tardar. El procedimiento es sencillo nos encontraremos en el centro y allí os harán las pruebas. No son invasivas; con un poco de saliva ya está. –él asintió mirando a Sheila. -Ella estaba escuchando las palabras de su primo.
-Y después una vez tengamos el resultado y sea positivo; hablaremos de la custodia y de buscar un pacto con la otra parte para pactar un régimen de visitas. –Daryl frunció el ceño.
-¿A qué te refieres? ¿Sólo podré estar con Sophia durante unas putas visitas reglamentarias?
-No, no tiene porque. Si llegáis a un acuerdo o la custodia compartida, no hace falta que vayamos a juicio. Sino tendremos que ir. Y en ese caso, soy partidario de pedir la custodia completa.
-¿Seria posible? ¿Tener la custodia completa? –preguntó el hombre, mientras Sheila le miró sorprendida.
-Teniendo en cuenta todo lo que me has narrado de la situación de la señora Peletier, es muy posible. Al no tener las necesidades básicas cubiertas: un hogar y unos ingresos estables, es muy posible que si presentamos esa demanda, la ganaras.
-Bien.
-¿Qué? –pregunta Sheila sorprendida ante lo que le está sugiriendo su primo y abogado. -¿Te lo estás planteando?
-Es una posibilidad. –Responde Daryl a su novia, quien niega con la cabeza.
-Daryl no lo hagas. Busca un acuerdo de custodia compartida o unos horarios, pero no hagas esto.
-¿Por qué no?
-Porque estás rabioso, y no lo estás haciendo por el bien de Sophia, sólo lo estás haciendo para mitigar tu ira. Por ti y hacer daño a Carol.
-Carol no puede cuidar de Sophia ahora mismo. Tú lo has visto, está sin una casa y sin nada que poder llevarse a la boca. Ella me quitó ese puto derecho. ¿Por qué ella sí y yo no? –Masculló lleno de furia. De mientras, su abogado miraba desde la distancia la pelea de los amantes.
-Sí, e hizo mal. No me parece bien que le pagues con la misma moneda. Carol está pasando un mal momento, y lo sabes, no deberías aprovecharte para quitarle a Sophia. Llega a un acuerdo que tengáis los mismos derechos los dos, pero esto… es demasiado rastrero por tu parte. –Daryl suspiró.
-Si hay alguna posibilidad de hacerlo, lo haré.
-Muy bien, pues que sepas que en esto no voy a apoyarte. -Daryl le mira, y enfurecido se levantó para desaparecer de la sala.
Tras salir de la casa de Daryl y Sheila, Carol estuvo un buen rato simplemente en el parque hasta que recibió una llamada de Dale, el padre de Andrea. Éste le aseguró que en menos de veinte minutos estaría allí. Y así fue. Tras un achuchón, Dale le regañó por no haberle llamado cuando se había visto en la calle.
-No quería molestar.
-¡Bobadas! –soltó el hombre. –Sabes que eres como de la familia. –Carol bajó la mirada a sus manos mientras atravesaban la ciudad.
-Gracias.
-No hay de qué.
La casa de Andrea era grande, y tremendamente lujosa, nada que ver con el pequeño apartamento de Sheila. Lo cierto es que Carol nunca se había sentido atraída por el lujo y se sentía mejor en un lugar como el apartamento de Sheila.
Carol dejó que Sophia jugara en el suelo de la casa de Andrea, mientras ella intentaba encontrar un poco de paz en sus pensamientos. Ahora que estaba a solas; era el momento de meditar.
En menos de una semana, su matrimonio había llegado a su fin; sus padres le habían echado de casa; no tenía una casa y estaba sin ni un dólar. Por si fuera poco, tenía que depender de los demás para todo.
A pesar de que había huido de la casa de Sheila y Daryl, se sentía agradecida de que ellos le hubieran ofrecido un techo en el que dormir en esos días. Además le había permitido conocer más a Sheila.
Carol se mordió el labio, pues aunque lo fácil hubiese sido odiarla, había sucedido todo lo contrario.
Sin embargo, la presencia de Sheila le producía un profundo dolor en el centro de su pecho. Por primera vez, era consciente que su relación con Daryl había acabado para siempre. A pesar de que habían tenido miles de impedimentos en su relación, ella consideraba que era el final como pareja.
Había intentado no pensar en su relación y sus sentimientos hacia Daryl, de hecho los había obviado desde que se habían reencontrado. Pero en el fondo de su ser, había deseado que, a pesar de todo, existiera una mínima posibilidad de volver a estar juntos.
Pero el convivir con ellos dos durante esos dos días, había sido como un golpe de realidad. Ellos nunca habían podido disfrutar de su relación como lo estaban haciendo Sheila y Daryl. Como una pareja normal. Sin secretos, sin esconderse de un marido o de unos padres que boicotean su relación.
Daryl merecía esto, tener una relación normal. Él merecía ser feliz y con Sheila parecía estarlo.
Sin embargo, Carol sabía que estaba unida de por vida a Daryl, debido a Sophia. Y entonces el miedo y el dolor se apoderaron de ella. Él estaba tremendamente dolido y enojado con Carol, y sabía que él era capaz de cualquier cosa en ese estado. Sobre todo, tras la última conversación que ambos habían mantenido.
Ella nunca pensó que llegaría a tener que enfrentarse a Daryl, y por muy doloroso que fuera, ella iba a luchar contra viento y marea para que nadie, ni siquiera Daryl, le separara del único motivo que tenía para vivir: Sophia.
Hola Carylers;
Aquí les traigo un nuevo capítulo; como ven es algo triste… Hay mucho rencor y enojo por parte de Daryl y él no está actuando con racionalidad.
Espero que les guste. Mil gracias a todas las personas que leer, comentan y son fieles a la historia. Quería pediros disculpas por haber tardado tanto en publicar, espero que haya valido la pena.
Nos leemos muy pronto.
San.
