–Tengo buenas noticias, -dijo Luque nada más entrar a su despacho.

A pesar de que era sábado, el abogado había hecho una excepción para encontrarse con Sheila y Daryl, ya que se trataba de un asunto de familia. La pareja estaban sentados en el despacho del abogado, le miraron expectantes ante las palabras.

Luque se sentó delante de ellos, tendiéndoles un par de hojas, al tiempo que les hablaba.

–Hemos estado investigando el pasado de Carol. Y hemos encontrado que se ha intentado suicidar en tres ocasiones a base de pastillas.

–¿Qué? –preguntó Sheila, sorprendida por las palabras de su primo. A pesar de que apenas conocía a Carol, esto le sorprendió enormemente.

Daryl se paralizó ante las palabras de Luque, con la boca entreabierta por la sorpresa, observó los documentos de los hospitales, en los que quedaban reflejados los tres intentos de suicidios y sus posteriores lavados de estómago. Sheila le observó antes de mirar los papeles y supo enseguida que Daryl desconocía estos hechos.

-¿Y porque es bueno, Luque? –Inquirió la mujer intentando descubrir que utilidad podía tener esto para el proceso judicial en el que estaban inmersos. Luque miró a su prima sabiendo que no le agradaría lo que iba a decir.

-Ante un juez, esto puede dar a entender que ella no está muy capacitada para cuidar a su hija. –Sheila abrió los ojos completamente indignada por las palabras de su primo, pues consideraba que eso era de ser muy ruin.

-¿Cuándo sucedió? –Preguntó Daryl, con un bajo hilo de voz, ajeno a las palabras de su novia y de su primo. Sheila le observó, antes de volver a mirar los papeles para descubrir cuando se dieron.

- Los dos primeros fueron durante el 2013, el primero en agosto y el segundo en septiembre y el ultimo que tenemos constancia fue en noviembre de 2014. –Contestó Luque mirando al aturdido hombre.

-Joder… -Masculló Daryl, totalmente anonadado.

-¿Qué pasa?

-Ya nos veíamos en aquella época. –Contestó en un hilo de voz, al imaginar que alguna de las veces que ella venía a la reunión totalmente destruida, había intentado suicidarse y él nunca llegó a saber nada. –Nunca supe que… Nunca supe nada. Sabía que estaba pasando una mala época con su marido pero jamás me dijo nada. Ni siquiera supe que Ed era su marido, además de mi jefe.

-Al parecer tiene un largo historial de depresión, antes de esto… ha estado tomando medicación contra la depresión. Pero nos puede beneficiar para la custodia de Sophia. Da una visión de una mujer inestable y que… –intervino Luque.

-No, no quiero que utilices esto… -Le interrumpió al entender lo que quería hacer con esta información. Luque le miro atentamente para hacerle entender lo importante de esto.

-Esto podría hacernos ganar.

-¡Te digo que no! -Totalmente alterado mientras se levantó del despacho.

-Es muy feo sacar esto a la luz para ganar el caso, Luque. –Intervino Sheila, estando a favor de las palabras de su novio.

-Bueno, puede que no sea ético, pero estamos mirando el bien de la menor. No es bueno que este en contacto con una persona que se ha intentando suicidar en tantas ocasiones. –Empezó a hablar, y levantándose también al ver el nerviosismo de Daryl. Éste negó con la cabeza y dejó caer las hojas en el lujoso escritorio de roble.

-No. Olvídate de esto. –Señaló los papeles desordenados que estaban reposados en la mesa. Y tras esto, miró a Sheila quien siguió sus pasos para salir del despacho.


Daryl y Carol permanecían de pie en mitad de la sala, al mismo tiempo que no apartaban la mirada del otro. La mujer sentía que su corazón latía fuertemente contra su pecho; nerviosa e inquieta por la conversación que sucedería a continuación. Inhaló profundamente intentando calmar la ansiedad. Al mismo tiempo, la dulce voz de su hija retumbaba en la parte superior de la casa, quien no dejaba de parlotear, dirigiéndose a su tía Andrea.

Carol suspiró, sin saber cómo afrontar la situación, ni siquiera sabía que decir ante la última frase de Daryl. Pues éste estaba visiblemente afectado por lo que acababa de descubrir. La mujer se mordió el labio con indecisión.

-¿Vais a utilizar eso contra mí? –preguntó Carol retomando la conversación.

La mujer caminó hasta el sillón, sentándose en él. Daryl le imitó haciendo lo mismo en el sofá de al lado. Aún con la mirada fija en la pelirroja, él negó con la cabeza.

-No. No podría… -confesó él, con la mirada puesta en sus hermosos ojos, que estaban llenos de tristeza.

-Gracias. –Agradeció ella, asintiendo.

-Es verdad, ¿entonces? ¿Intentaste suicidarte? –Preguntó con la esperanza de que no fuera real. Los ojos de Carol se llenaron de lágrimas, y finalmente asintió. Daryl bufó, incrédulo, llevándose las manos al cabello. -¿Mientras estábamos juntos? –Su voz se quebró al pronunciar la pregunta. La mujer abrió la boca intentando buscar una respuesta a su pregunta, pero no encontraba palabras. Y entonces, la mujer volvió a asentir. – Joder… ¿Por qué? ¿Por qué nunca me contaste nada?

Carol volvió a notar como su voz se quebraba, y ella le observó sin saber qué decir. Desvió la mirada hacia otro lado; y entonces le contestó.

-Mi vida en aquel momento… era un infierno. No tenía ningún motivo para vivir: estar casada con Ed era una tortura y mis padres seguían guiando mi vida como querían. Nada me motivaba para seguir viviendo.

Sus palabras lastimaron a Daryl, aunque era consciente que no tenía motivos para hacerlo.

-¿Lo nuestro no era importante para ti? –La pregunta brotó de sus labios con rapidez, casi sin pensar. Sorprendida por la carga emocional que había en ésta, Carol negó con la cabeza.

-No he dicho eso… Sabes lo que había entre nosotros, pero… pero ambos sabíamos que era imposible.

-Nope, para mí no era imposible…

-Daryl, -le advirtió Carol, pues él conocía las circunstancias en las que se encontraba. –Conocías a mis padres y conociste a Ed. Era imposible.

Daryl no estaba seguro de esa afirmación, sin embargo, ella así parecía creerlo.

-Ed es un auténtico imbécil. –Sentenció Daryl, negando con la cabeza-. ¿Por qué te casaste con él? –preguntó por curiosidad. Carol suspiró, se recostó en el sillón y empezó a recordar esos momentos.

-Lo conocí en la facultad, él estaba estudiando empresariales mientras yo estudiaba farmacéutica. Yo apenas iba a las clases, así que me pasaba las horas en el campus haciendo de todo menos estudiar: fumaba, bebía, cualquier cosa menos asistir a clase... –Daryl levantó las cejas sorprendido y Carol sonrió-. Fue mi época rebelde… Odiaba ir a la universidad para estudiar algo que odiaba profundamente.

-En una de esas mañanas en las que simplemente me dedicaba a pasar el tiempo, conocí a Ed. Él tampoco parecía muy entusiasmado por asistir a las clases, así que… nos pasábamos horas por ahí. En aquella época creía que era encantador, sobre todo porque no bebía tanto.

-Y te enamoraste de él. –Intervino Daryl, y Carol negó con la cabeza.

-Nunca lo he estado. Tú acababas de desaparecer de mi vida, él estaba allí y yo estaba despechada… me sentía sola. Solo quería olvidarte y sentirme querida. Él lo hizo, un poco… –Daryl desvió la mirada hacia el suelo lleno de culpabilidad al recordar los motivos del porque ella le había odiado. –Creo que mi relación con él no hubiera sido más duradera de no ser por nuestros padres. En cuanto supieron que era el adinerado Ed Peletier, hijo de Lona Peletier; mis padres estuvieron encantados de que fuese mi novio. A ojos de mis padres, por una vez había hecho algo bien. Y una vez más, me dejé guiar por ellos. Unos meses después Ed me pidió matrimonio y acepté.

- Dejé la universidad y nos fuimos a vivir juntos. A partir de ese momento todo se convirtió en un calvario. Ed cada vez bebía más, se iba con prostitutas todas las noches y después me utilizaba a mí también. –Dijo haciendo referencia al ámbito sexual y Daryl lo entendió a la perfección-. Me prohibió que utilizara métodos anticonceptivos y cada año que pasaba sin quedarme embarazada, lo utilizaba para humillarme más. Me convertí de pronto en un ama de casa, cuidando a Ed de sus innumerables borracheras… pero pronto… empecé a agobiarme. Me conoces, no soporto estar en casa todo el día. Busqué un trabajo, y empecé a trabajar, a pesar del disgusto de mis padres y de Ed… El resto ya lo conoces.

-¿Te pegaba? -preguntó Daryl.

-No, pero… no era el marido ideal. Me humillaba cada vez que podía; ni siquiera podía salir con Andrea.

-¿Y tus padres lo aceptaban?

-Si alguna vez han sabido lo que ocurría entre nosotros, creo que lo han ignorado. Solo les importa los negocios. Les daba igual que me sintiera atrapada en una vida que no quería o que me levantara cada día sin ganas de vivir, he sufrido depresión y me he intentado quitar la vida tres veces. No tenía fuerzas para seguir viviendo… Encontrarte de nuevo me alivió un poco, y cuando llegó Sophia, ella revivió mis ganas de vivir.

-¿Nunca intentaste separarte de Ed?

-No podía, Daryl. –Ella negó al mismo tiempo que hablaba-. Firmé un acuerdo prematrimonial, donde si me separaba de él, le debía más de la mitad de sus posesiones. No tengo dinero, todo pertenece a él; Ed es rico, no yo. Si me separaba, me dejaban en la ruina, puesto que sabía que mis padres no me iban ayudar. Nunca he tenido la suficiente valentía de enfrentarme a ellos, solo cuando me quede embarazada de Sophia. Has visto lo que me han hecho; y ni siquiera ha empezado todo el proceso judicial. Seguramente acabaré endeudada de por vida por ese maldito acuerdo prematrimonial.

Daryl la observaba, intentando asimilar todas y cada una de las palabras que ella le decía.

-¡Que hijos de puta! –Soltó con vehemencia-. ¿Qué piensas hacer?

-No lo sé… Espero que Andrea me ayude a salir de esta situación. Si no, no voy a levantar cabeza en toda mi vida.

Daryl asintió preocupado.

-¿Por qué no pudiste decirme que estabas embarazada? ¿Qué pasó? –preguntó Daryl recordando que ella le había comentado que le habían impedido decírselo.

Carol soltó un suspiro y dejó que las lágrimas se amontonaran en sus ojos. Por fin iba a poder explicarle lo que había sucedido; era un verdadero alivio para Carol.

-Cuando me enteré, supe enseguida que era tuyo. Recogí todas mis cosas y me fui al hotel; alquilé nuestra habitación para reencontrarme contigo en nuestra siguiente cita… Quería decírtelo, te lo juro… -dijo Carol con la voz quebrada. Daryl pestañeó intentando asimilar sus palabras-, quizá podríamos haber huido del estado juntos, no sé, ni siquiera pensé en nada, solo… solo quería irme contigo… Empezar de cero. Como una familia.

La mujer centró sus hermosos ojos llenos de lágrimas en los de Daryl, y pudo intuir el dolor de él. Ella dejó caer una por su rostro y se la limpió con rapidez. Respiró profundamente y siguió hablando, mientras Daryl estaba expectante por saber que había pasado.

-Pero… No sabía que Lona había contratado a un detective que me seguía a todos lados. Ella le dijo a mi madre que estaba en el hotel y que llevaba una maleta... Así que esa misma tarde, mi madre vino al hotel… y básicamente me obligó a volver a casa.-La mujer hizo una pausa para respirar y volver a limpiarse otra lagrima furtiva-. No tuve salida, Daryl. Lo intenté, te juro que lo intenté. Si no hubiera venido mi madre...

-Joder… ¿Por qué nunca me dijiste nada de todo esto? Te hubiera ayudado… -masculló entre la rabia y el dolor. Carol negó con la cabeza.

-Era una cobarde. Dios, daría lo que fuera para poder cambiar eso… y que todo hubiese sido diferente. –Soltó Carol llevándose las manos a su rostro y volver a centrar la mirada en ese hombre que le observaba fijamente en una mezcla de tristeza y disgusto. Sus ojos pequeños también estaban llenos de lágrimas, aunque las retenía en él.

-Yo también hubiera deseado que todo hubiese sido diferente. –Susurró Daryl, mirándole fijamente y ella asintió volviendo a limpiarse las lágrimas de su rostro.

-Mira, Daryl… No podemos cambiar el pasado, pero podemos intentar que todo sea mejor a partir de ahora. Por el bien de Sophia. –Daryl suspiró y asintió ante sus palabras. Ella tenía razón, no podían cambiar nada de eso, pero si el cómo iban afrontar los siguientes años-. Solo te pido que podamos tener una buena relación… No tenemos que ser amigos. Solo que… podamos hablar de nuestra hija sin tener abogados delante o peleas sobre quien tiene que tener la custodia.

-Está bien… tienes razón.

Aliviada por su contestación, ella mostró una discreta y pequeña sonrisa de satisfacción. Sin embargo, a pesar de que era un pequeño avance, la tensión acumulada en su garganta no desaparecía.

Por unos segundos, centraron sus miradas entre sí, y la tensión en su garganta se deshizo cuando dejó escapar un par de lágrimas y las siguientes palabras brotaron de sus labios.

-Lo siento mucho, Daryl... De verdad que lo siento. Nunca quise hacerte daño… y entiendo que… y no me puedo imaginar lo doloroso que ha sido para ti… enterarte de Sophia de la forma en la que lo hiciste…

Su voz sonaba entrecortada, mientras sus lágrimas se precipitaban sin medida por el rostro aterciopelado de la mujer. Apartó la mirada de Daryl debido a la vergüenza, pero segundos después volvió a mirarle, y él estaba sollozando también.

-Yo también lo siento… –Habló el hombre con la voz quebrada. –Me he comportado como un auténtico capullo. –Reconoció.

-Sí, un poco. –Contestó Carol; Daryl, entre lágrimas, sonrió ante su contestación. –Pero te entiendo… -Daryl suspiró.

-No ha sido fácil, sobre todo, porque no me dijiste nada. Si me lo hubieras dicho tú… pero… enterarme de todo de repente, me lastimó mucho. –Carol le miró a los ojos, y vio mucho dolor.

-Lo siento tantísimo. En serio, Daryl… yo… lamento tanto que haya sucedido de esta forma.

-Pero tienes razón, debemos dejar atrás toda esa mierda… -dijo con contundencia el hombre, pues estaba dispuesto a empezar una nueva etapa.

-Si… eso espero.

Carol suspiró aliviada, al mismo tiempo que él le dirigió una pequeña mirada de alivio, incluso pudo ver una leve sonrisa. Ambos sabían que sería difícil pues aun había muchos sentimientos encontrados, les costaría un tiempo adaptarse a la situación. Pero por el bien de ambos; y sobre todo por Sophia, debían dejar a un lado sus rencillas e intentar llevarse bien.

Por unos segundos, siguieron mirándose intensamente. Ambos pudieron percibir de nuevo esa conexión de antaño. Daryl apartó la mirada con rapidez y miró a su reloj de pulsera.

-Debería irme, -susurró Daryl, levantándose del sofá. Carol asintió y le imitó.

-Daryl, -él se giró para enfrentarla, expectante a lo que quería decirle-. ¿Esto significa que… podremos sacar adelante el horario? –preguntó Carol haciendo referencia al horario que había establecido, y que él había rechazado.

-Tengo que pensarlo… me gustaría hacer algunos cambios.

-Podemos adaptarlo.

- Podemos hablarlo en la reunión, el lunes. –Carol asintió.

-Está bien. –Y tras esto, el hombre le dirigió una mirada que no supo definir, se giró y abrió la puerta para irse. –Hasta el lunes.

Y tras esto desapareció.


Sentada en la barra americana de su casa, Sheila chequeaba sus emails, al mismo tiempo que desayunaba un gran bol de cereales. Sintió la presencia de Daryl adentrarse en el salón quien se abrochaba su camisa a cuadros, mientras sus cabellos aún seguían mojados.

-¿Hoy vais a firmar el acuerdo? –Preguntó la mujer metiéndose una gran cuchara de cereales en la boca. El hombre se acercó a la cocina y asintió.

-Sip, espero que no se complique y salga todo bien. –Respondió Daryl, esperanzado de que la tregua a la que habían llegado el sábado anterior se mantuviera. Sheila negó con la cabeza.

-No lo creo. Esto era lo que Carol quería… Dudo que te ponga impedimentos. –Daryl asintió, sin embargo no parecía estar muy seguro de sus palabras. Sheila frunció el ceño-. ¿Qué pasa?

Daryl le miró y vertió un poco de café en un vaso, antes de hablar.

-¿Crees que es lo correcto para Sophia? Quiero decir, estamos decidiendo por ella, y a veces me pregunto si es lo mejor… -Sheila dejó la cuchara en el bol e hizo una mueca con su rostro.

-Daryl… nunca sabrás que es lo mejor para ella… -empezó a hablar la mujer-. Pero, sabes que yo he vivido una situación similar. Mis padres se separaron cuando apenas tenía seis años: y desde entonces lo único que recuerdo de ellos, son peleas y discusiones por ver quién tiene la custodia. Mis padres se odian; mi madre no quería que pasara tiempo con mi padre y su prometida; y lo mismo ocurre con mi padre.

-Te aseguro que hubiera dado lo que fuera porque mis padres pudieran hablarse; o poder celebrar mi cumpleaños con los dos presentes. Me hubiera gustado que no fueran tan egoístas, y que dejaran al lado su odio e hicieran el esfuerzo de llevarse bien. Por mí y por mi hermano.

Daryl escuchaba atentamente mientras bebía el café lentamente.

-No te puedo asegurar que sea lo mejor, pero si es lo que yo siempre hubiera querido. Te lo aseguro.

-Espero que así sea… -Dijo Daryl. Y tras esto, el hombre se fue hacia su reunión.


Daryl fue hacia la reunión con los abogados, donde ambos aceptaron tener la custodia compartida y así ambos podrían disfrutar de la pequeña. A pesar de que esto era un gran avance y un alivio para Carol y para él, Daryl tenía sentimientos encontrados.

La conversación con Carol había ayudado a mitigar la rabia y la ira, y agradecía que Carol le hubiera contado todo lo que había sucedido en aquella época. Sin embargo, aún tenía cierto rencor hacia ella. Su novia le había dicho que era normal, pues necesitaba tiempo para superar algo así y sobre todo, le había dicho que debía centrarse en lo positivo. En ocasiones debía luchar contra ese odio e ira que a veces crecía en su interior al pensar que se había perdido el nacimiento de su pequeña o sus primeros días o palabras.

Él debía aceptar la situación en la que ahora se encontraban y sobre todo, perdonar a Carol. Estaba intentado cumplir la promesa que habían hecho de intentar llevarse bien por el bien de Sophia, pero a veces era complicado.


Para Carol fue un alivio la conversación que habían mantenido aquel sábado por la noche. Y cuando dos días después, en la reunión entre los abogados se materializó dicho acuerdo, ella estuvo más tranquila. Aun así, Daryl quería hacer ciertos ajustes en dichos horarios para dividirse las fechas importantes como cumpleaños o festivos.

Antes de salir del despacho, Carol le miró y le dio las gracias por haber permitido que hubieran llegado a dicho acuerdo. Daryl le miró y le dedicó un gesto con la cabeza.

-Te dije que lo haría. –Ella asintió.

-Aun así, gracias. –Recalcó la mujer, antes de que Daryl simplemente le mirara.

-De nada. Nos vemos pronto.

Carol lo vio salir mientras se daba cuenta de que empezaba una nueva etapa en su vida.

A pesar de que Sophia parecía que se había adaptado muy bien a la presencia de Daryl; a Carol le estaba costando un poco más, ella sentía una cierta sensación de malestar en su interior, debido a que no llevaba bien los cambios y este era uno muy grande.

Aunque se alegraba por su pequeña, y también por Daryl, aun debía adaptarse a esta situación.

Y sin duda el peor momento de esta transición fue el primer fin de semana en que Sophia lo pasaría con Daryl. No estaba acostumbrada a estar alejada de su pequeña durante tantos días seguidos. No era fácil para ella.

Daryl le había dicho que vendría a buscar a Sophia sobre las 13 para llevársela. Y a medida que se acercaba dicha hora se ponía más nerviosa. Aun así intentó combatir la ansiedad mientras preparaba la maleta de Frozen, el cual había sido un regalo de Daryl.

Vistió a la pequeña con un vestido de flores, y empezó a peinarla mientras ambientaba la estancia con música para aliviar su estado de ansiedad.


Daryl aparcó el coche a las afueras de la casa de Andrea. Al acercarse a la puerta, el hombre puede escuchar una música procedente del interior. No puede identificar de cual se trata, pero tiene un buen ritmo. Esboza una sonrisa, antes de levantar el puño golpeando la madera. Intuye que debido al volumen alto de la melodía no le escuchan. Insiste una vez más pero siguen sin tener contestación.

El rugido de un motor le sorprende, al girarse ve un lujoso auto, parándose al lado del suyo. Puede distinguir a Andrea, quien se acerca a él con una maleta en la mano.

-¡Hola, Daryl! –Saluda la rubia con una media sonrisa-. ¡Wow! Menuda fiesta tienen montada, -dice la mujer al escuchar la música procedente del interior.

-Eso parece. –Contestó Daryl.

Andrea busca en los bolsillos las llaves, y tras algunos segundos consigue abrir la puerta.

La música invade los oídos de los dos intrusos quienes observan como Carol y Sophia bailan al ritmo de Segar de Marrón 5. Carol sujeta un peine en su mano derecha mientras baila moviendo sus brazos y sus caderas con movimientos descoordinados y poco profesionales, al mismo tiempo tararea la letra de canción. A su lado Sophia intenta imitar a su madre, se balancea y va dando vueltas, aunque se inventa pasos de su propia cosecha.

Ante tal espectáculo, Andrea y Daryl se observan entre sí, con diversión en sus rostros por la imagen tan inédita que están presenciando.

-'Cause I really you are… here you ir… -Carol canta a pleno pulmón, mientras dirige la mirada a su pequeña, totalmente alegre y feliz. En ese instante, notar la presencia de Daryl y Andrea en la puerta - ¡Oh, mierda! – suelta Carol cuando finalmente los ve allí, observándoles.

Carol se dirige hacia la mesa donde tiene el celular para pausar la música.

-Lo siento, lo siento –Se disculpa Carol con nerviosismo. –Se me ha hecho tarde… -se lamenta, pues no se había percatado que ya era la hora en la que Daryl vendría a buscar a su pequeña.

-No pasa nada, –dice Daryl, quien muestra un toque de diversión en su rostro, sobre todo al ver la mezcla de vergüenza y timidez que de repente se había apoderado de la mujer.

Sorprendida por la ausencia de música, Sophia gira la cabeza para buscar el motivo. Y al ver a su padre, va corriendo hacia él.

-¡Papi! –Soltó Sophia acercándose a su padre. Daryl se agachó para recibirla, y la alzó en brazos.

-Hey preciosa, ¿Me das un beso? –Sophia le beso en la mejilla.

-Eh, voy… a buscar su mochila… -Carol desapareció escaleras arriba, mientras Andrea se adentró en su casa cerrando la puerta.

Minutos después, Carol bajaba las escaleras con una mochila de Froten en la mano. Ella se acercó a él y le comentó que había puesto ropa de recambio para estos tres días que pasaría fuera. Y tras esto, Sophia se despidió de su madre.

-Hey, por cierto-, dijo Daryl con tono serio -, espero que la próxima vez me invitéis a la fiesta. –Dijo haciendo una clara alusión a la escena que había presenciado antes, le miró con diversión antes de despedirse y cerrar la puerta tras de sí.

Carol observó la puerta mientras negaba con la cabeza. Al mismo tiempo escuchó una risa y entonces, se giró para ver a su amiga riéndose.

-¡No digas nada! –Le advirtió Carol.

-Debes enseñarme ese movimiento de cadera –Imito su movimiento, mientras Carol le miro con falso enojo.

-¡Cállate! ¡Para! –Andrea se reía más fuerte, y entonces Carol se rio también.

Aquella sensación de alegría y de diversión le hizo mitigar la ansiedad por la separación de su pequeña. Hacia tanto que no se reía que había olvidado como se sentía. Andrea se acercó a ella, volviendo a imitar su movimiento de caderas.

-¡Para! –volvió a repetir con una media sonrisa. -Por cierto, ¿qué haces aquí?

-¿Tú qué crees? –dijo su amiga. – ¿Acaso piensas que voy a dejarte sola el primer finde semana que pasas sin Sophia?

Carol miró a Andrea agradeciéndole sin palabras su presencia y entonces se abrazó a ella, pues ella era consciente que no iba a ser nada fácil.

-Gracias. –Susurró contra su oreja.


Daryl conducía hacia la casa de Sheila dónde pasarían el resto del fin de semana. Su hija estaba sentada en la parte trasera del coche mientras jugueteaba y hablaba con su muñeco de trapo preferido. La radio estaba encendida mientras sonaba alguna canción que él desconocía.

Tamborileó los dedos contra el volante, mientras sonreía al recordar a Carol y Sophia bailar de esa forma tan desenfrenada.

Para él no era ninguna sorpresa ver bailar a Carol, pero esa escena le había recordado a la adolescente. Había vuelto a ver la alegría y esa actitud desenfrenada que tanto le caracterizaba y añoraba de la Carol adolescente. Pero verla así, junto a su hija le había traído tantos buenos recuerdos que rememoró uno de ellos como si fuese ese mismo instante.

23 de julio de 2005

-¿Estás segura que no vendrán? –Preguntó el adolescente, al mismo tiempo que subían las escaleras de la lujosa casa de los padres de Carol. Daryl miró de un lado a otro con temor de encontrarse con ellos.

Carol, quien sujetaba su mano, tiró de ésta mientras subían los peldaños con rapidez.

-Segura, se han ido a una cena de la empresa de mi padre. Suelen volver más allá de media noche. –Daryl miró su reloj que marcaba las 19:27, así que tenían mucho tiempo por delante.

Aun así sus afirmaciones no le dejaban tranquilo, pero decidió confiar en ella. El adolescente se dejó guiar por la parte superior de la casa hasta la habitación de la joven. La estancia estaba debidamente ordenada y toda la decoración era elegante, pero a la misma vez sencilla. Predominaban el blanco y el beige. La cama estaba en mitad de la habitación y con un montón de almohadas en él.

Daryl observó la habitación, acercándose a la cómoda, dónde Carol guardaba una rosa Cherockee que él le había regalado en una de sus primeras citas. Los pétalos de ésta estaban marchitas, pero ella la conservaba. Daryl sonrió levemente, sintiendo que su corazón se agrandaba de afecto.

Se sobresaltó cuando unos brazos le abrazaron por detrás, y sintió el aliento sobre su nuca. Sin embargo, él se tensó y Carol se alejó de él al recordar las heridas de su espalda.

-Lo siento.

-No importa-, dijo él intentando calmar su corazón que aún seguía a mil por hora. -¿Aun la guardas? –Preguntó el adolescente cambiando de tema. Carol se puso a su lado y le abrazó por la cintura.

-Por supuesto… Nunca la tiraría. –Sonrió besando sus mejillas. -¿Quieres algo de beber o de comer? –preguntó la joven.

-No te preocupes. –Respondió él, dándole un beso en los labios. Carol se separó.

-Tengo hambre… -dijo haciendo un puchero con sus labios, haciendo reír a Daryl. –Quiero pizza. –Pidió.

-¡Está bien! –Dijo finalmente el adolescente, y antes de que acabara de hablar, Carol ya estaba subiéndose a la cama para agarrar su teléfono inalámbrico, que estaba en una de las mesitas de noches. Marcó el número de la pizzería.

De mientras, Daryl curioseaba por la habitación, fijándose en la cantidad de libros que aguardaba en sus estanterías –desde Harry Potter o Buscando a Alaska de John Green-. Al lado seguía una hilera de cd's de música de como U2, Maroon 5 entre otros.

A su lado, estaba el IPod conectado a unos altavoces; Daryl miró a Carol quien seguía enumerando una lista de ingredientes para la pizza. Y entonces apretó el botón de encendido y de pronto, la habitación se ambiento con la canción You 're beautiful de James Blunt, fue pasando una por una las canciones buscando alguna que le gustara.

-¿No te gusta mi música? –Escuchó de pronto. Carol estaba su lado observando lo que estaba haciendo.

-Nah, -dijo con sinceridad. Carol se rio – quiero ver que tienes por aquí.

Finalmente, Daryl dejó sonar Every Breath You Take de The Police.

-¿Te gusta? – Preguntó la adolescente con una sonrisa en los labios.

-Por supuesto… -Respondió él.

-Va, baila. –Incitó Carol a su novio.

-No… esto no se baila. –Respondió Daryl.

-Da igual. Solo muévete.

-¡No! –se quejó el otro.

-No te miro…te lo prometo. –Cerró los ojos, y empezó a moverse sin sentido. Aunque adoraba muchas cosas de ella, era evidente que el baile no era uno de sus puntos fuertes. –Baila, Daryl.

-Estás fatal… -Y aunque le parecía absurdo, cerró los ojos y la imitó. Se sentía como un estúpido pero siguió moviéndose al ritmo de la música.

Carol abrió un ojo mientras lo veía moverse sin ton ni son. Y sonrió, sin poder evitarlo, se abalanzó y besó sus labios. Él sorprendido, se aferró a ella, correspondiéndole en ese cariñoso gesto. Dejaron de moverse, mientras se dejaban llevar por un tierno beso. Carol se separó, dejando reposar su nariz con la suya. Daryl aun permanecía con los ojos cerrados disfrutando de ese sentimiento.

-Bailas muy bien. –Susurró Carol con una leve sonrisa. Él abrió los ojos y se separó de ella, indignado.

-¡Tramposa! Prometiste no mirar. –Ella se rio, y se abrazó a él.

Dieron unos pasos hacia atrás, y cayeron contra la cama. Él quedó estirado boca arriba, mientras ella aprovechó la situación para sentarse sobre sus caderas. La adolescente miró a su novio con una enorme sonrisa y sin poder evitarlo, se inclinó hacia él, volviendo a juntar sus labios con los suyos, pues ya añoraba su contacto.

Perdiendo la noción del tiempo y con la música de fondo, siguieron besándose, al mismo tiempo que sus manos acariciaban sus cuerpos. Daryl le rodeaba con sus fuertes brazos mientras sus lenguas jugaban a ese tórrido y ardiente juego.

El sonido del timbre les interrumpió, Carol se separó de Daryl y se levantó dejando a un confundido Daryl estirado en la cama.

-¡La pizza! –Dijo totalmente emocionada, se levantó de la cama con rapidez y corrió escaleras abajo.

Daryl quien aún estaba aturdido por los besos tan ardientes que estaban compartiendo, la vio desaparecer totalmente emocionada. Se llevó una mano a sus cabellos antes de que se echara a reír por las locuras de su novia.

Daryl seguía perdido en su recuerdo mientras inconscientemente sonrió al revivir ese recuerdo, sintiendo la melancolía de esos momentos. Otra vez, esos sentimientos encontrados: extrañaba a la Carol de la que había estado enamorado tiempo atrás; extrañaba sus conversaciones, su risa, sus momentos que eran únicos… Pero a la misma vez, seguía lastimándole todo lo referente a ella y a Sophia.

Miró en el retrovisor interior de su furgoneta, donde Sophia seguía ajena a los recuerdos y sentimientos de su padre. Como si se tratase de magia, empezó a sonar Every Breath you Take de The Police.

Daryl miró la radio, sorprendido por lo que acababa de pasar y subió un poco el volumen de ésta, dejándose embriagar por los recuerdos.


Andrea quería llevar a Carol a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, sin embargo, ella se negó debido a que no tenía suficiente dinero. Su amiga le insistió en que ella pagaría dicha cena, pero ella se negaba. Finalmente, acabaron en un restaurante especializados en los Frankfurt. Carol estaba encantada, pues el simple hecho de salir a cenar fuera de casa ya era una novedad.

La abogada estuvo contándole las novedades sobre una nueva relación que seguramente sería igual de efímera que todas las anteriores. Pero ella no escatimaba en contar y detallar algunos detalles íntimos de la relación. Todos sus 'novios' los conocía a través de una página de contactos y Andrea insistía que ahora que ella estaba separada al fin, quizá era el momento de conocer a otro hombre.

-No voy apuntarme, Andrea. –Dijo con una sonrisa.

-¿Por qué no? No sabes lo que te pierdes… -La amiga se encogió de hombros, pues no era la primera vez que le hacía propuesta, pero ésta siempre le daba la misma respuesta.

-Venga mujer, necesitas un buen revolcón… -La pareja que estaba en la mesa de al lado había escuchado la conversación y Carol se sintió observada.

-¡Andrea! –se quejó de que su amiga fuera tan indiscreta. -En serio, no insistas, ahora mismo lo último que necesito es una relación... Después de Ed, no me apetece conocer a nadie.

-Pero por una mala experiencia no tienes que…

-No es eso… es que creo que necesito enfocarme en mí… y encontrarme. –Andrea escuchaba a su amiga mientras llevaba el Frankfurt a la boca.

-¿Qué quieres decir?

-Estos últimos días, me he dado cuenta que toda mi vida siempre ha estado dominada por alguien: mis padres, después Ed… Nunca he hecho lo que he querido. Y por primera vez, siento que puedo hacerlo. Necesito descubrir quién soy realmente; y hacer lo que quiera con mi vida.

-Me parece bien, pero eso que tiene con conocer a alguien nuevo.

-Cuando Daryl me dejó, conocí a Ed y me dejé llevar por el despecho y por la sensación de quedarme sola. Ahora no quiero que me pase lo mismo. Quiero disfrutar de Sophia, no quiero tener ninguna atadura. Solo enfocarme en mí. Quizá suena egoísta, pero es lo que necesito.

- Carol no estoy hablando de amor, solo de un revolcón. –Le dijo Andrea, y Carol se rio por las ocurrencias de su amiga.

-Por ahora no. Si necesito alguno ya te pediré consejo. –La mujer se encogió de hombros.

-No sabes lo que te pierdes.

Carol le miro y sonrió. Es posible que se perdiera el placer inmediato de las relaciones sexual, pero a diferencia de Andrea, ella necesitaba tener una conexión para tener una relación sexual. Andrea buscaba el placer carnal y realmente respetaba su visión de la vida y las relaciones, pero eran diferentes en ese aspecto. Carol necesitaba mucho más. Andrea lo sabía y sonrió ante el previsible comentario de Carol. Así que decidió cambiar de tema.

-¿Qué tal con Daryl? ¿Cómo te sientes? Debe ser raro. –Preguntó. Para Andrea, quien era una espectadora directa de esta situación, le parecía una situación muy extraña.

-Un poco. Bastante. –Se corrigió a si misma-. Pero debemos llevarnos bien por Sophia. Por muy incómodo o raro que sea. Estoy contenta que hayamos llegado a este punto. No sé si durara mucho esta tranquilidad, pero quiero y necesito tener buena relación con él.

-¿Y con Sheila? –Se atrevio a preguntar.

-Es una buena mujer, trata bien a Sophia; es lo único que me debe importar. Él merece ser feliz y parece que lo es con ella.

-Sí, -asintió.

-¿Pero aún le quieres? –preguntó la amiga mirándole. Carol suspiró negando con la cabeza y se mantuvo en silencio unos segundos antes de hablar.

-No lo sé, Andrea… él ha sido mi primer amor. He estado locamente enamorada de él y hemos vivido muchas cosas. Ha sido muy intensa nuestra relación… Pero siempre fue un amor imposible. Por una razón o por otra siempre lo fue, y sé que siempre lo será… Le he amado mucho. Mucho. Pero ahora… después de todo lo que ha pasado… no sabría decirte que es lo que siento por él.

-Nunca se sabe, Carol. No puedes cerrar esa puerta

-No, Andrea. Sé que mi relación con Daryl se ha acabado para siempre. Ha sido, es y será una persona especial para mí, sobre todo porque es el padre de mi hija… pero sé que no podremos volver a estar juntos. Él tiene su vida, su novia y me alegro mucho por él. Y yo tengo la mía, necesito alejarme de ese pasado, es el momento de pasar página.

-¿Y crees que viéndolo a menudo podrás hacerlo?

La pelirroja no estaba segura de esto al cien por cien, solo se encogió de hombros.

-Tengo que hacerlo.-Respondió Carol.

Carol suspiró mirando a su amiga, sabiendo que no podía engañarse a sí misma. Ella aun sentía algo especial por Daryl, pero aun sabía que era algo imposible. Así que a pesar de lo doloroso que era, ella debía asumir que su relación con Daryl estaba acabada y que a partir de ahora, él solo sería el padre de su hija.


Hola Carylers,

Aquí está un nuevo capítulo, espero que os guste! Voy a intentar publicar el siguiente muy pronto. Quiero agradecer una vez más todos y cada uno de los comentarios que he recibido en el último capitulo, sois muy geniales.

Y prometo –esta vez, sí–, seguir con el de 'Compañeros de trabajo'.

Nos leemos muy pronto.

San.