Es su cuarto fin de semana sin Sophia; y Carol sigue sin acostumbrarse a estar sola. Andrea solía estar con ella, pero aquel fin de semana tenía compromisos que no podía eludir, así que se encontraba sola. La casa de Andrea le parecía enorme sin nadie. Sentada en el sofá, intentaba entretenerse mirando la televisión, pero volvió a cambiar de canal. Buscaba alguna serie que le entretuviera, pero nada le hace distraerse. Agobiada por estar en casa, y sin nada que hacer decidió salir a dar una vuelta.
Se montó en su coche, y se fue al centro comercial. Aunque no puede gastarse dinero, ella decidió dar vueltas por las tiendas mientras mira la ropa que sabe que no puede permitirse.
Carol se adentró en una famosa heladería, y disfruta de un helado de vainilla, mientras observa el ir y venir de las personas que disfrutan del fin de semana. Parejas, familias enteras, amigas y amigos disfrutando de esos momentos. Carol pasa la lengua por la cucharilla blanca sintiendo el placer de saborear el frescor en su boca. Sonríe internamente, al sentir la libertad de tomarse un helado sin tener la presión de tener que volver con Ed o con su familia.
Pensar en Ed le hace sentir un nudo enorme en su estómago.
Desde que se ha separado, no sabe nada de él y prefiere que así sea. A pesar de que en un inicio le había sido muy difícil seguir adelante, ahora creía que era lo mejor que le podía haber pasado. El hecho de que Ed y su familia descubrieran todo lo de Daryl le había ayudado a salir de ese agujero negro en el que se encontraba.
Ahora era libre.
Y por mucho que le insistiera, no iba a volver con Ed. Su libertad era el mejor regalo que había obtenido de su separación. Aun así, esto tenía algunas consecuencias negativas. No podía negar que a veces se encontraba muy sola, como ahora; y en momentos desesperados, pensaba en volver junto a Ed, pero cuanto pensaba en todo lo que conlleva, rápidamente cambiaba de opinión.
Cucharada a cucharada se acabó el delicioso helado, disfrutando del sabor en su boca y de ese momento de intimidad, mientras intentaba evitar los pensamientos negativos de su mente. Pero sin quererlo, éstos volvieron. Cuando intentaba visualizar su futuro, éste se presentaba muy negro. No sabía cómo iba a superar el litigio que tenía con su antigua familia. A nivel económico, era prácticamente imposible tener la cantidad de dinero que ellos le requerían. Ella seguía siendo una simple camarera. A pesar de que confiaba en Andrea, a veces pensaba que no podría salir de esa situación.
El celular que reposaba encima de la mesa vibró. Un mensaje apareció en la pantalla indicándole que Daryl le enviaba una foto. Abrió la aplicación y una foto de su hija ocupó toda la pantalla.
Sophia estaba sentada en un columpio del parque mientras se balanceaba en él. La felicidad estaba por todo su hermoso rostro. Carol sonrió inevitablemente al ver a su hija tan feliz. Respondió a su mensaje con un emoji de corazones en sus ojos. No podía apartar la mirada de la fotografía, era tan hermosa. Estaba admirando cada detalle de la instantánea cuando el celular sonó, pero en esta ocasión se trataba de Valerie. Carol negó con la cabeza y se negó a atender la llamada. Sin embargo, tras la tercera llamada, ella acabó respondiendo.
-Por fin… -Escuchó al otro lado.
-¿Qué quieres, mamá? –preguntó con tono desagradable.
-Hija, por favor…
-¿Para qué has llamado? Por mucho que insistas no voy a volver con Ed.
-Lo sé. -Ésta hizo una pausa-. Te llamo por otra cuestión. –Carol suspiró y espero a que ella siguiera-. Pero aun así creo que deberías replantearte lo de Ed. Los Peletier ya tienen preparada la demanda; y si ganan tendrás que pagar una gran indemnización. Ambas sabemos que no tienes ese dinero.
-No te preocupes, ya me las arreglare para que no ganen el juicio.
-No seas ingenua, Carol. Tienen los mejores abogados del estado. Y además, el hecho de que Sophia sea hija de otro hombre no ayuda en nada en el caso. Van intentaran hacer creer que tú eres la responsable de que la enfermedad de Ed se haya agravado.
-Ya, claro; y el hecho de que él bebiera todos los días, no tiene nada que ver, ¿verdad? Todo el mundo sabe que eso es mentira. –Carol cerró los ojos ante sus palabras.
-Eso es lo de menos Carol. Sabes que nadie testificara a tu favor. Tienen mucho dinero y pueden pagar a cualquier persona para ponerlos en tu contra.
-Ya lo sé... –Masculló la mujer, apenada. Su madre se mantuvo en silencio. Y finalmente, volvió a hablar.
-Carol, te llamo porque… tu padre está pensando en avisar a los servicios sociales. He intentado disuadirlo, pero está convencido que si te comportas así, no estas capacitada para cuidar de Sophia. –Comentó Valerie.
-¿Qué? -Soltó la mujer, mientras sintió que toda la alegría, desapareció en un instante-. Mamá, sabes que eso no es verdad. –Suplicó Carol.
A pesar de que su madre estaba en el otro bando, era la única que podía hacer algo, porque aunque no se atrevía a enfrentarse ni a John, ni a la familia Peletier; ella le apoyaba. Aunque solo era de forma privada. Escuchó un suspiro amargo al otro lado del teléfono.
-No puedo hacer nada. –Masculló apenada.
-Claro que puedes, mamá… -Dijo con rabia mientras las lágrimas se apoderaban de sus hermosos ojos-. Por cierto, si para papá Sophia y yo ya no somos de su familia, ¿Qué le importa lo que hagamos? –Escuchó como Valerie quiso responder, pero estaba muy enojada y colgó el teléfono dejándolo en la mesa.
Pudo intuir que algunas personas le miraban, pero ella estaba demasiado enfadada y molesta para prestar atención a ellos.
Miles de dudas y preguntas surgieron en aquel momento: ¿Qué podía hacer contra ellos? Ella no tenía el apoyo de nadie. ¿Podrían quitarle a su hija? ¿Por qué le hacían esto?
Aterrada por la posibilidad de que le quitaran a su hija, comenzó a hiperventilar e imaginarse el peor escenario posible. Debía confiar en Andrea y en si misma. Por mucho que John, Lona o Ed pudieran decir, ella no era una mala madre. Al menos no se consideraba, pero cuando sucedían estas cosas, ella no podía evitar que su autoestima cayera por los suelos.
Con un mar de dudas se levantó y se fue a casa de Andrea; dónde encontró algo de calma cuando llamó a su amiga. Ésta la aseguró que no debía temer nada, pero ella no podía quitarse esa idea de la cabeza.
Aquella noche, Carol apenas pudo dormir, cada vez que cerraba los ojos; aparecía Ed o su padre o Lona quitándole a su hija. Se había sobresaltado en varias ocasiones durante aquella noche. A pesar de que pensó que no le iba a afectar, lo estaba haciendo, tanto que al día siguiente en su rostro quedaba marcado su cansancio de no haber podido dormir.
A pesar de que no tenía responsabilidades a las que atender, Carol no podía quedarse en la cama, y se levantó temprano. Tenía demasiadas dudas en su mente. Podía haber descansado, y dormir hasta el mediodía, sin embargo, se levantó y empezó a hacer labores del hogar; de esa forma, se entretuvo para evitar pensar en lo que le estaba quitando el sueño.
A media mañana cuando ya había hecho todo, se sentó en el sofá con una taza entre sus manos mientras miraba hacia el lujoso cuadro pintado a mano. En él se podía apreciar un extenso campo de trigo junto a varios payeses trabajando en él. Éste estaba colgado en la pared por encima de la chimenea.
A pesar de que no es la primera vez de esta amenaza, ella teme a su familia, ya que ella es consciente que son capaces de todo por conseguir su objetivo. No acababa de comprender porque su padre quería quitarle a su hija, cuando él no quería saber nada de su nieta. Ella sabe que hay una mezcla de motivaciones detrás de su actitud. Para empezar, sabe que su padre quiere lastimarle; a su vez quiere vengarse por haberle hecho pasar vergüenza delante de los Peletier; y también sabe que él no le considera responsable para cuidar de un bebe. .
Intenta no pensar más en ello, durante el resto del día, pero prácticamente pasa el día pensando en esto.
A las 19:30, Carol se sube a su coche para ir a buscar a su hija. Aparcó a las afueras del apartamento de Sheila, apretó el interfono de su apartamento y a los pocos segundos, la puerta del portal se abrió. Cuando estaba en la planta, se adentró en el apartamento que estaba en la puerta entreabierta.
-¿Hola? –Gritó desde la puerta, al ver que no había nadie. Casi al instante, Sheila salió de la parte derecha.
-Hola Carol, -una gran sonrisa apareció en la mujer quien se acercó a ella para saludarle. Le dio un beso en la mejilla-. Pasa. –Cerró la puerta tras de ella. –Daryl se ha llevado a Sheila al Zoo. Tengo un concierto esta noche y tengo que irme pronto. Estarán a punto de llegar.
-Oh, vale, -dijo la mujer con una media sonrisa. –Mucha suerte en el concierto.
-Muchas gracias. –Se adentró en su dormitorio, para agarrar su bolso antes de volver a salir de nuevo-. ¿Cómo estás? –Preguntó Sheila. Había visto el rostro de Carol e intuía que no estaba bien. Carol ladeó la cabeza, mientras intentaba no llorar delante de la novia de su ex.
-No está siendo fácil. No estoy acostumbrada a estar sin Sophia. Desde que nació, no he pasado más de un día sin estar junto a ella. –Le comentó Carol evitando decirle cual era el verdadero motivo de su estado anímico.
-Me lo imagino… Deberías encontrar alguna distracción.
-Eso mismo me dice Andrea. –Dijo con una risa. –Aunque ni siquiera sé que podría hacer.
-No lo sé, prueba con yoga o algo así… -Sonrió Sheila. Ella miró su móvil e hizo una mueca con el rostro. –Lo siento tengo que irme, pero que sepas que cualquier cosa que necesites, puedes llamarme.
-Gracias.
Sheila, con su habitual alegría, se despidió de Carol, dejándola sola en su apartamento.
Se mordió el labio al sentir la incomodidad de estar en un apartamento que no es el suyo. Paseó la mirada en el luminoso apartamento intentando decidir que iba a hacer hasta que Daryl y Sophia volvieran. Se sentó en el sofá pero se sentía incomoda. Volvió a levantarse, acercándose al mueble que había enfrente suyo. En él, había infinidad de música y algún que otro libro. Quizá Carol podría recuperar su afición a la lectura que había dejado abandonada cuando se casó con Ed.
A su lado, hay un portarretratos con 8 fotos distribuidas de formas diferentes. En todas ellas, había fotos de Sheila y Daryl. Carol observa una por una todas las fotos que hay en aquel lugar, mientras niega con la cabeza, con una inmensidad de sentimientos contradictorios. Se les ve tan felices a ambos, y ella no puede evitar sentir como su estómago se retuerce.
Cierra los ojos, intentando controlar sus emociones respecto a Daryl. Él es solo el padre de su hija y nada más; ni siquiera quería ser su amiga, pues sabía que esto podía ser perjudicial para ella.
El tintineó de las llaves le sorprendió y se giró sobre si misma dirigiéndose a la puerta. Sophia entró a pasó rápido, con un nuevo peluche en forma de mono en la mano. Carol intuyó que ya se había convertido en su favorito. Detrás de ella, Daryl entraba en el lugar empujando el carrito de Sophia al interior del apartamento.
Carol se acercó a su hija y se agachó para alzarla en brazos. Le dio un beso en la mejilla, mientras la pequeña le enseñaba su nueva adquisición.
-Mira Mami, es un monito.
-Es precioso, mi amor. –La pequeña se abrazó a su mono, antes de removerse entre los brazos de Carol queriendo bajar al suelo. Carol la dejó en el suelo, justo en el momento que Daryl se acercaba a ella.
En su rostro pudo apreciar el cansancio de estar vigilando a una niña pequeña durante tanto tiempo.
-¿Cómo ha ido? –preguntó Carol.
Daryl miró un momento a la pequeña, antes de centrar la mirada a la mujer.
-Bien, muy bien, aunque es un terremoto.
Carol asintió, cruzando los brazos sobre su cuerpo, evitando su mirada. No sabe de qué se trata pero siente que no puede mirarle. Abrazar a su pequeña y las fotos de Daryl con Sheila, había despertado demasiados sentimientos en ella.
Rápidamente, Daryl se percata que algo está mal. Ella no le mira a los ojos como suele hacer, a pesar de los tensos momentos que han vivido en los últimos tiempos, ella siempre le miraba a los ojos. Finalmente consigue centrarlos apenas unos segundos y entonces ve las lágrimas en sus hermosos ojos. Carol aparta la mirada en busca de su pequeña, quien cómodamente se ha sentado en el sofá jugando con su nueva adquisición. Está pendiente de ella cuando siente la mano de él en su hombro.
-Hey, -le llama suavemente. Sorprendida, ella levanta la mirada hacia él, pero en esta ocasión no puede apartar su mirada de la suya que le observa atentamente y tremendamente preocupada. ¿Estás bien? –pregunta con tono suave.
Carol pestañea intentando procesar lo que está ocurriendo. Y sobre todo, intentando saber que iba a decirle. Carol negó con la cabeza.
-Lo de siempre. Mi padre… Ed… -Carol suspiró mirándole antes de hablar-. He hablado con mi madre. Mi padre quiere avisar a los servicios sociales, considera que no estoy capacitada para cuidar a Sophia.
A pesar de que no tenía pensado contárselo, pero la sensación de librarse de ese sentimiento de su interior le empujó a hacerlo. Pudo ver como el rostro de Daryl se tornó primero en confusión, para finalmente pasar a la rabia.
-¡Y una mierda! –Soltó lleno de furia-. No saben nada… Eres una buena madre. –Carol negó con la cabeza no muy convencida de sus palabras. -Escúchame, estamos juntos en esto… No voy a permitir que nos quiten a Sophia. Estoy seguro que Andrea o Luque podrán hacer algo. No nos la van a quitar.
Carol le observaba atentamente. Y su reacción fue la que hizo que las lágrimas empezaran a florecer por el hermoso rostro. Ella las quiso retener, pero ya era demasiado tarde.
-Hey, no llores, por favor… -suplicó el hombre, pues no soportaba verla llorar.
Instintivamente, él pasó sus brazos por sus hombros y le abrazó. Carol sabía que era un enorme error, sin embargo, sus emociones le nublaron la razón y se dejó abrazar por él dejándose embriagar por su enorme cuerpo.
Daryl cerró los ojos, aspirando el perfume de Carol, embriagado por las sensaciones que la aproximación le estaba causando. Mientras estaban abrazados, el mundo desapareció. Los corazones de ambos empiezan a latir muy fuertemente mientras siguen abrazados. Carol empezó a sentir las mariposas en su estómago y fue en ese momento que se percató que debía poner fin a esto.
Daryl se percató que ella empezó a separarse de él y entonces se dio cuenta de lo sucedido. En ese momento, el ambiente tenso les invadió percatándose de que no había sido una buena idea. Daryl carraspeó intentando quitar la tensión que había entre ambos.
-Quería comentarte una cosa. –Empezó a decir la mujer. Y volvió a centrar la mirada en él-. En un mes será el cumpleaños de Sophia, estaba pensando en celebrarlo juntos. Solo nosotros, no tengo a muchos conocidos.
Daryl le miró y asintió con una media sonrisa.
-Me parece perfecto. Cuenta con nosotros.
-Está bien. Debemos irnos. –Y tras esto, madre e hija desaparecieron del apartamento.
Cuando se quedó solo, Daryl se llevó las manos a la cabeza. Su malestar interior se apoderaba de él cada vez que pensaba en todo lo que habría podido suceder si Carol no se hubiera separado. Estaban cerca y él sabía lo que hubiera pasado. Maldiciéndose a sí mismo, él no podía dejar de pensar en eso. ¿Cómo había permitido que esto sucediera? Estaba saliendo con Sheila, una mujer que prácticamente le había ayudado a sobrevivir en los últimos años.
No podía hacerle daño. Se sentó en el sofá pensando en lo sucedido. Él es consciente que solo se trata de un abrazo que no tiene que implicar nada más, pero él sabe que no es así. Ese abrazo había despertados sentimientos entre ambos y él sabe que debe pararlo.
Por su parte, Carol tampoco puede dejar de pensar en lo sucedido. Sabe que está mal y no puede permitir esto. Pero pronto se da cuenta que Daryl tampoco lo piensa permitir. Al día siguiente cuando vuelven a encontrarse, Daryl se muestra distante y serio con ella. Así que ella simplemente acepta que las cosas serán a partir de ahora así. Solo tendrán relación en lo referente a Sophia.
Carol observó el comedor totalmente decorado para celebrar el cumpleaños de Sophia. Debido a que a Sophia le atraía mucho los animales había decidido hacer una fiesta temática. Compró algunos globos en forma de animales y los distribuyó por toda la sala. A su vez, un gran globo dorado con forma de 4 estaba en mitad de ésta. Ella había hecho las galletas con moldes en forma de animales, y estaban distribuidas por la mesa. Además de bocadillos sin cortezas cortados con diferentes formas y un gran bol con patatas. El mantel y las servilletas también estaban decoradas. El pastel estaba en mitad de la mesa, y que había pasado toda la mañana haciéndolo.
Cuando Andrea llegó a su casa, su boca se abrió sorprendida por la enorme fiesta que había montado.
-Wow, Carol…
-Quizá me he emocionado un poco. –Confesó Carol cuando vio el rostro de su amiga.
-Para nada, tu hija se lo merece.
Carol asintió, pues eso mismo había pensado. Ahora que empezaba a ser más mayor y ella se merecía esto.
A pesar que iban a haber pocos invitados: Daryl, Sheila, Andrea, Carol y Sophia; la madre no ha podido evitar decorar la casa de Andrea como si de una gran fiesta se tratase.
Debido que Sophia aun no tenía la edad para ir a la escuela, apenas tenía amigos, más allá de los conocidos en el parque. Carol se estaba planteando apuntarla al año siguiente ya al Kindergander pues consideraba que era importante que se relacionase.
Aquel fin de semana Sophia le tocaba quedarse con Daryl, y aun no había podido felicitar a su hija, quien seguramente estaría más que contenta. Aquel cumpleaños sería el primero que podrían pasarlo los tres juntos y para Carol, a pesar de la situación de distanciamiento entre ambos, era una muy buena noticia.
Andrea se acercó a su amiga, mientras ésta estaba inquieta moviéndose por el comedor.
-Está todo perfecto. No te preocupes más. –Carol le miró y sonrió. Su perfeccionismo no le dejaba estar tranquila.
-Lo sé, -se rió la mujer antes de abrazar a su amiga. En ese instante, el timbre resonó en la casa. Ambas amigas se separaron y Carol fue a abrir la puerta.
Al otro lado de la puerta, Daryl y Sheila con la pequeña delante de ellos, esperaban a entrar.
-¿Dónde está la niña del cumpleaños? –Bromeó la madre.
-¡Aquí! –Soltó la niña, antes de que su madre la alzara en brazos y le diera un sonoro beso en la mejilla, ante la vista de Daryl y Sheila que le observaba desde el otro lado del umbral.
-Hola, ¿Qué tal? Pasad, -se dirigió a los adultos.
Sheila dirigió una breve mirada antes de adentrarse en la casa. Daryl parecía algo inquieto, y ella no sabía muy bien porqué. Quizá era porque la situación era extraña,
-Wow, menuda fiesta… –dijo Daryl mirando la decoración de la casa. Carol le miró y sonrió, al mismo tiempo que dejó a la pequeña en el suelo.
-He tirado la casa por la ventana. –Dijo con una media sonrisa mirando a Daryl.
Andrea apareció en su comedor, con varios vasos en las manos.
-Hola, -saludó dejando los vasos en la mesa para dirigirse a los invitados. Le da un beso en la mejilla a Daryl y después se dirige a Sheila.
-Sheila, está es Andrea. Seguro que has oído hablar de ella. –Presentó a su amiga, y ambas mujeres se saludaron con una sonrisa.
-Sí, Luque me ha hablado de ti. Me ha dicho que eres brillante. –Carol vio el rostro de orgullo de su amiga y no pudo evitar sonreír.
Carol volvió a mirar a la pareja, Sheila y Andrea seguían juntos mientras Daryl estaba mirando todas y cada una de las diferentes galletas y el pastel. A la misma vez, Sophia estaba entretenida agarrando algunos de los globos.
-Por cierto, Daryl, -el hombre levantó la mirada de las galletas de dinosaurios-, gracias por avisar a Luque.
Después de que Daryl supiera que John y Valerie querían quitar a Sophia, Daryl avisó a Luque por si podía ayudar a Andrea. La abogada se reunió con Luque, y ambos hablaron de cómo iban a afrontar la amenaza de quitarles a Sophia. De esa forma, estaban ideando un plan para hacer frente a esta situación.
-Te dije que te ayudaría. No estás sola en esto.
Carol miró a los ojos de Daryl y asintió. Justo cuando empezaba a sentir su estómago revolotear decidió apartar la mirada. Miró a Sheila quien estaba al otro lado escuchando y mirando la conversación.
Sheila asintió dándole el valor a sus palabras, y Carol entendió el mensaje. No estaba sola. Eran un frente contra su familia y eso le daba seguridad.
Carol asintió agradecida, y miró a su hija, quien estaba entretenida jugando con los globos. Decidieron sentarse en la mesa y empezar a picotear la comida que Carol había preparado tan cuidadosamente. De mientras, los adultos comenzaron a hablar sobre los diferentes trabajos que cada uno tenía y sin saber muy bien como acabaron hablando de extraterrestres y fenómenos paranormales.
-De este tema sabes mucho, ¿verdad? –soltó Daryl mirando a Sheila. Esta se rio y le dio un codazo a su novio.
-Es cierto, me encanta ver los documentales sobre esto.
-Pues ya sois dos. –Dijo Andrea, señalando a Carol. La mujer elevó los ojos al cielo como si su amiga no le comprendiera y miró a Sheila. –Carol también es una friki de esos documentales, en cuanto me descuido me ha cambiado de canal.
-No nos entienden. –Dice Sheila, mirando a Carol y ambas se rieron.
-Y lo peor, Daryl, que le está inculcando eso a vuestra hija. –Dijo Andrea.
-Buff, que peligro.
La tarde se les pasó realmente muy rápida y divertida, e incluso la tensión desapareció entre ambos progenitores. Sophia pasó gran parte de la tarde jugando, a veces se sentaba en las piernas de su madre y picoteaba algo de comida; y volvía a jugar.
En un momento determinado, Daryl y Sophia están el sofá jugando y hablando, mientras las mujeres siguen hablando sobre Sophia. Carol estaba contándole sus temores sobre la poca relación que tenía con otros niños de su edad, debido a que ésta no iba a la escuela.
-Es bastante sociable. Cuando está en el parque no tiene problema para hablar y jugar con otros niños.
-Lo sé, pero aun así creo que sería bueno que fuera la guardería el año que viene.
-Creo que le hará muy bien. –Comentó Sheila, llevando su cerveza a sus labios. En ese instante, Andrea se fijó en un anillo plateado con diamantes en el dedo anular.
-Qué bonito anillo. –Sheila se miró la mano y sonrió abiertamente.
-Me lo regalo Daryl hace una semana. –Soltó la mujer. Y rápidamente volvió a hablar-. Es mi anillo de compromiso.
Debido a la sorpresa, las dos amigas parecían sorprendidas. Sheila quien había bebido algo más de lo habitual, no pudo percatarse de la sorpresa y la confusión en el rostro de Andrea y Carol.
-¿Os vais a casar? –preguntó Andrea.
-Sí, nos casamos en mayo del año que viene.
23 de mayo de 2005
Sentada en la cama, Carol movía las piernas nerviosa. La habitación permanecía en silencio, al mismo tiempo que intentaba escuchar cualquier ruido procedente de su casa. Sus padres aún estaban despiertos, en especial su padre que seguía con alguna negociación importante. Carol estaba nerviosa. Quería salir de casa, ya que su novio le estaba esperando desde hacía varios minutos.
Normalmente la pareja no solía verse entre semana, pero a pesar de ser lunes, Daryl había insistido en verse. Carol sabía porque había insistido. Era su cumpleaños, así que suponía que Daryl quería felicitarle personalmente. Finalmente tras varios minutos de tensión, pudo notar la ausencia de ruido en su casa.
Con cuidado de no ser pillada, la adolescente abrió la puerta de su habitación y sacó la cabeza mirando si efectivamente sus padres se habían ido a dormir. Por suerte, parecía que así era. Carol salió y bajo las escaleras lo más silenciosa que pudo. Y entonces salió de casa, con la misma discreción.
La calle estaba desierta a excepción de Daryl al otro lado de la calle. Este estaba sentado en su moto esperándola.
-Hey, -le llamó en cuanto la vio acercarse-, feliz cumpleaños, nena.
Carol sonrió, mientras se acercó a él, pasó sus manos por su cuello e inclinó su cabeza para juntar sus labios con los suyos, saboreando el amargo sabor del tabaco.
-Gracias –susurró Carol, antes de volver a besarle suavemente. Y entonces él se separó de ella.
-No te enfades, pero…
-¿Qué has hecho? ¿Me has comprado un regalo? –Carol miró a su novio interrogándole.
Carol le había pedido expresamente que no le regalara nada para su cumpleaños. Ella sabía la situación que estaba viviendo en su casa y era consciente que estaban muy mal económicamente, así que le hizo prometer que no le compraría nada.
-Lo siento pero quería hacerlo…
-Está bien. –Se resignó la adolescente. Vio gracias a la luz de la farola una media sonrisa, y entonces él sacó una pequeña cajita de terciopelo. Carol se quedó sorprendida y entonces, le miró antes de que él tendiera la mano para ofrecérsela. Con cuidado, ella lo abrió y vio un anillo de color de bronce con una pequeña rosa en él.
Era precioso.
-Oh, Daryl no debiste… es precioso… te habrá costado mucho dinero.
-Nah, no me importa. –Ella le miró cuestionarle.
Carol juntó sus labios con los suyos en un beso de agradecimiento.
–Muchas gracias. Eres el mejor –Soltó la mujer contra sus labios.
–Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
Hola Carylers!
Aquí un nuevo capítulo. Mil gracias una vez más a todas las personas que leen y comentan.
Nos leemos muy pronto.
San
