Daryl dejó escapar el humo de su boca mientras observaba las calles desiertas de la ciudad de Atlanta. Las dos de la madrugada; ya excepción de las ambulancias o algunos coches, estaba desierta. El insomnio causado por sus pensamientos le impedía descansar en condiciones. Estar en casa de Sheila le agobiaba y prefería salir a dar una vuelta para desesperar sus ideas.

Su mente se llevó semanas librando una batalla emocional que no sabía como solucionar. Todo se originó cuando Daryl abrazó una Carol al verla triste por la amenaza de su padre. No supo si fue su cercanía o sus lágrimas, pero el cosquilleó familiar en su estómago y en su cuerpo lo abrumaron, y que era mucho más intenso de lo que recordaba.

Pero estos sentimientos han hecho replantearse algunos aspectos de su vida. Y cada noche se replanteaba sus sentimientos una y otra vez.

Abrumado y confuso por la cantidad de sensaciones que le invadían, metió la mano en el bolsillo sacando una cajita de terciopelo. Con sus dos dedos, él abrió y visualizó el anillo que esa misma tarde había comprado.

En una de esas noches de indecisión, él había llegado a la conclusión que para zanjar dicho dilema la mejor opción era pedirle matrimonio a Sheila. Tenían una relación duradera desde hacía bastantes años y ella era una gran mujer. Fuerte, valiente, decidida e inteligente. Le había ayudado en casi todo cuando se enteró del tema de Sophia, ella fue su gran apoyo para él.

Ella le amaba.

Lo último que quería era la última, nunca se perdonaría si tú mismo sí lo hiciera.

Pero en cuanto pensó en sus propios sentimientos hacia ella, Daryl se llevó las manos a la cabeza, confuso por éstos. Estaba intentando por todos los medios sentir algo tan intenso por ella, y se esforzó por mostrarse amoroso. Sabe que siente algo por Sheila, aunque no sabe muy bien de que se trata.

A su vez, sabe que los sentimientos por Carol son abrumadores. Se ha intentado convencer de que siempre se siente algo por ella, debido a que es la madre de su hija y que ha tenido una relación muy intensa tanto afectivamente como sexualmente. Y por esta razón, esos sentimientos lo invaden en ocasiones, pero él se intenta convencer de que no se trata de amor.

Sabe que su relación con ella nunca volverá a ser la misma; y nunca se puede volver a tener una relación sentimental. Debe asumir que su relación con Carol ha finalizado, que siempre tiene una persona especial para él, pero que su relación nunca será posible.

Aspiró el aire frío, mientras que siente que su mente estaba más clara ante sus últimos pensamientos. Debe pedirle matrimonio a Sheila. Se lo merece y él estará bien con ella.

Volvió a mirar ese anillo cerrado en su cajita, para volver a guardarlo en su bolsillo, mientras intentaba un plan para pedirle matrimonio. No se el bien estas cosas, pero algo se le permite. A pesar de que nunca ha pensado en el matrimonio, sabe que es algo que a ella le tiene especial ilusión, pues lo ha comentado en diferentes ocasiones.

Daryl ha tomado una decisión, y piensa cumplirla.


Nos casamos en mayo del año que viene.

-¡Felicidades! -Masculló Andrea, felicitándola gratamente sorprendida por la noticia.

-Felicidades. -Logra decir Carol, intentando mostrar una sonrisa.

-Gracias, no tenía ni idea ... Daryl tenía unos días raro, creíste que había otra, pero no ... -Carol dejó de escuchar mientras Sheila les contaba, totalmente alegre como Daryl le pidió matrimonio.

Sin quererlo, dirigió la mirada a Daryl quien estaba jugando con su pequeña en uno de sus juegos. Al mismo tiempo, su estómago se llenó de dolor y volvía a mirar a Sheila que seguía en su narrativa sobre la pedida.

-No me esperaba nada, pensé que me iba a dejar y de repente me enseña el anillo. ¡No me lo quieran creer!

En ese instante, Daryl giró el rostro para mirar las tres mujeres que parecían charlar tan intensamente. Al levantar la mirada, coincidir momentáneamente con Carol, quien puede ver la sorpresa mezclado con la tristeza en sus hermosos ojos. Mira a Andrea y esta parece sorprendida ya la misma vez incómoda. Ambas tenemos que escuchar a Sheila, quien habla alegremente sin saber que sus acompañantes no parecen tan contentas.

Sorprendido y queriendo averiguar qué pasa, besa los cabellos dorados de Sofía, el que sigue jugando en su mundo imaginario, se levanta y se dirige a las mujeres. Al sentir su presencia, Sheila deja de hablar y se gira para verla. Sin corte alguno y posiblemente debido a su felicidad, se abraza a Daryl por su cintura. El le corresponde llevar uno de sus brazos sobre sus hombros.

-Lis estaba contando cómo me pediste matrimonio. -Soltó la mujer visiblemente emocionada.

-Oh, sí ... sí ... -titubea nervioso sin saber a dónde mirar, hasta que finalmente dirige su mirada fija a Carol.

-Muchas felicidades, me alegro mucho por vosotros. -Dice Carol con un hilo de voz y intentando mantener una sonrisa en su rostro, aunque no sabe si ya es convincente, mientras mira a la pareja, pero sobre todo a Sheila, incapaz de mirar a Daryl.

- Muchas gracias, estamos muy felices. -Suelta la mujer, contenta.

En ese instante, la mirada de Sheila coincide con los suyos, y Carol intenta mostrar una amplia sonrisa aunque es fingida, Daryl puede notarlo. Mira a Sheila mientras siente la incomodidad de ese momento. Sophia entra en escena reclamando la atención haciendo ese momento incómodo quedará en un segundo plano.


Carol estaba metiendo los platos en el lavaplatos, mientras la radio estaba encendida. Los pasos adentrándose en la cocina le hicieron girarse, para ver a Andrea con el pijama. Pase por la cocina hasta agarrar la tetera y rellenarla de agua.

-Hey, ¿cómo estás? - Le preguntó Andrea, dejando la tetera en el fuego. Carol, la mirada un momento y la continuación ordenando el lavavajillas.

-Bien, ya casi estoy acabando.

-No me refiero a eso, Carol. -Soltó con contundencia, mientras se apoyó contra la isla de la cocina y el miró. -La boda. -Carol la mirada, y entonces Andrea pudo ver un atisbo de tristeza en sus hermosos ojos.

-Estoy bien, Andrea. -masculló la mujer cerrando el navajillas.

-Carol ... -la pelirroja suspiró y se giró para enfrentarla. -No me mientas. ¿Cómo estás?

-Da igual cómo me sienta. -Dijo con contundencia y Andrea quiso hablar pero ella le cortó. -No ... Mi relación con Daryl se acabó hace mucho tiempo. Me duela o no, él merece ser feliz. Y si casándose con Sheila y teniendo una familia con ella es feliz, yo solo puedo desearle lo mejor. Se lo merece Mientras no hay una Sophia, yo no tengo nada que ver en las decisiones que él tome.

Andrea asintió ante su discurso. Ella tenía razón, pero no podía evitar sentirse mal por la misma razón que esto. Se acercó a ella y enmarcó el rostro de su amiga.

-Tienes razón. Pero no te olvides que tú también mereces ser feliz. -Susurró su amiga. Carol asintió.

- Lo sé, lo intento. -Tras esto la mujer se giró dándole la espalda. -Buenas noches.


Aquella noche ninguno de los dos pudo dormir bien. Mientras Sheila dormía plácidamente a su lado, él volvía a sufrir insomnio. Daryl no podía dejar de pensar en los ojos de Carol al conocer la noticia de su boda. Por un instante, esto se puso en duda de la decisión que se tomó, pero rápidamente se percató de que no podía retratarse en su decisión.

Otra vez, esa sensación de malestar volvió a aparecer en su cuerpo. Y entonces sí, la convenció de que solo había malinterpretado la reacción de Carol. Probablemente sentirás lo mismo que Carol se casara con otro hombre. Así que era una reacción lógica. Con esa idea en una cabeza de guerra

Por otro lado, Carol estaba sentada en su cama, mientras Sophia dormía a su vera. Aquella noche, la pequeña se había colado entre sus sábanas y Carol, había visto que no. Sophia dormía mientras que su cabeza pensaba en el anuncio de la boda de Sheila y Daryl.

Había notado incomodidad en Daryl, pero entendía que la situación no era la idónea. Contarle a tu ex que te vas a casar no debe ser una situación especial cómoda. Sheila estaba radiante y feliz. Y Daryl también lo parecía.

A pesar del dolor que esta noticia le había creado, ella estaba feliz por Daryl. Lo quería mucho y siempre lo quería fuera. Aunque le lastimaba que no fuera con ella, se alegraba de que había encontrado algo de paz en su vida. Su vida no había sido fácil. Cuando le conoció era un adolescente con dolor e inseguridad por los maltratos de su padre y las humillaciones de los compañeros del instituto.

Cuando su relación se acabó debido a la amenaza de su padre, Carol conoció lo suficiente como para que hubiera sufrido mucho, al igual que toda su etapa en el hotel. Carol cerró los ojos recordando esa época. Sus encuentros en los que ella se empeñaba en reducir su relación en puramente sexual, pero ambos sabían que era mucho que eso. Él se reprochaba en cada uno de esos encuentros que no aceptaron sus sentimientos y que al igual que ella, él había sufrido ante su desaparición.

Ahora, Daryl había encontrado otra mujer. No podía negar que le sorprendía, porque era bastante tímido y sobre todo, la costaba confia en las personas. Si Sheila había llegado a tener una relación con él, es que se había ganado su confianza. Y además Carol sabía que Sheila era una gran mujer, e incluso, Carol sentía afecto por Sheila.

Por esa razón, ella no puede ser egoísta y, debe dejarse un lado, sus sentimientos a ese respecto y solo podría alegrarse por él. Y eso es lo que iba a hacer ahora, mostrarse alegre y contenta por Daryl.


Durante el siguiente encuentro, Carol intentó ser igual de cordial con Daryl como siempre. Pero a pesar de que intentaba mostrarse normal, había un ambiente diferente entre ambos.

Carol cuenta cómo Sophia reclamaba la atención de su padre, antes de que ambos se quedaran en casa de Daryl a pasar la tarde juntos.

-Daryl, -llamó la mujer al hombre mientras este ayudaba a la pequeña a ponerse su mochila para irse a casa-. Deberíamos empezar a mirar las escuelas para Sofía, creo que es necesario que el año que viene fuera.

-Está bien, un ... -en ese instante, el sonido del timbre les interrumpió. Carol frunció el ceño sorprendida pues no esperaba la visita de nadie.

Al otro lado del umbral, una mujer con una carpeta esperaba pacientemente. Era baja y morena, con gafas y elegantemente vestida.

-¿Carol Peletier? -preguntó la mujer admirando a la pelirroja quien asintió con desconfianza. Desde el interior de la casa, Daryl observaba curioso a esa mujer.

-Sí, soy yo, ¿pasa algo?

-Soy Hilary Kirmen trabajadora social de los Servicios Sociales. -Carol se puso tenso al escuchar las palabras de la mujer e instintivamente, se puso a la defensiva. A la misma vez, Daryl avanzó hacia la puerta y la mujer miró al rubio. -Perdón que les molesta pero que ha llegado una denuncia de que su hija Sophia Peletier esta desatendida.

Daryl soltó un bufido indignado.

-Eso es mentira. -Soltó Daryl enfadado. Carol cerró los ojos y suspiró.

¿Es usted el padre de Sophia? ¿Daryl Dixon?

-Sí, y yo puedo asegurar que eso es mentira.

-Parada, pero comprendan que debo hacer mi trabajo y recibí una llamada de un posible menor desatendido mi trabajo es averiguarlo. ¿Puedo pasar?

Carol miró un momento a Daryl quien parecía molesto y enfadado.

-Claro. -Ambos le dejaron pasar, pues no tenían más remedio. -Sí que alguien les ha dado esa información, pero es totalmente errónea. Sophia está muy bien cuidada; Tanto su padre como yo hacemos todo lo posible para que no falte de nada.

Mientras Carol hablaba, Hilary tenía el interior de la casa, y podía hacerse una idea de las condiciones en las que se encontraba la pequeña. A pesar del pequeño problema que había en la sala de estar debido a algunos juguetes, este estaba limpio y cuidado. Después miró a Sophia, quien tenía un juguete de trapo en una mano y su mochila a su espalda, estaba sentada en el suelo jugando, haciendo que sus padres estuvieran entretenidos con esa desconocida.

-¿Están separados?

-Sí, pero tenemos una buena relación por el bien de nuestra hija. -Habló Carol, mientras Daryl se mantenía a su lado en modo protector.

-¿Ambos trabajan? -Los dos asintieron. -Sin embargo, ¿esta no es su casa? Verdad, señorita Peletier.

-No lo es, pero estoy buscando un hogar propio.

-¿Por qué tantas preguntas? Daryl enfadado.

-Necesito saber cuál es el entorno familiar y social del niño, es importante para hacer una idea. -Daryl elevó los ojos al cielo.

-Mire, sé que es su trabajo, pero puedo asegurarme de que su padre y yo hagamos todo lo que esté en nuestra mano para poder darle lo mejor a Sophia. No soy nuestra casa, pero seguro que nunca ha podido dejar mi hija pasé hambre o esté bajo un puente. Y sé que Daryl tampoco lo permitiría. Quien le ha informado, se ha equivocado.

Carol sabía que se trataba de su padre, pero no quería darle esa información a ella.

A pesar de que escuchó las palabras de Carol, la mujer siguió apuntando en su papel, antes de volver a hablar.

-Tengo entendido que se ha intentado suicidar hasta en tres ocasiones, ¿toma antidepresivos? - Carol se mordió el labio por saber que su padre había dado esa información.

-No, no toma medicación. Eso se debió a un momento puntual de mi vida en que mi antiguo matrimonio y mi familia me presionaban mucho. Fue una época extremadamente difícil, pero puedo asegurar que esa etapa terminó.

-¿Consumen drogas alguno de ustedes?

-No, por supuesto que no. -Soltó Daryl.

-Esto es una locura. -Dijo por lo bajo Carol.

-Muy bien, ¿podrías hablar un momento con Sophia? -Ambos progenitores se miraron y aceptaron. Realmente no tenía más más opción. Ambos padres vieron como Hilary le preguntaba a Sophia por su edad, que había comido ese día, que iban al parque o que le gustaba estar con sus padres, entre otras preguntas ...

Abrumada por tantas preguntas, Sophia miró a la mujer con desconfianza y se fue hacia su padre con el muñeco en mano. Daryl le abrazó, mientras Sophia se refugia en ellos. Finalmente, la trabajadora social asintió y se levantó el sofá para dirigirse a los adultos.

-He terminado. -Les anunció-. Parece que todo todo está bien. Es probable que hagan una visita más adelante, pero por mi parte el caso está cerrado.

-Gracias. -Agradeció Carol mirando a la mujer antes de dirigir una mirada a Daryl, quien parecía igual a molesto y preocupado como Carol.

Carol se apoya en el capó del Mercedes que descansaba en la puerta de casa de sus padres. Nunca fumaba pero estaba tan enfadada a la par que nerviosa que no había sido evitada comprar una cajetilla de tabaco.

Pasaron como veinte minutos hasta que un hombre trajeado saliera de su casa. Sorprendido, el hombre se dirigió a ella.

-¿Qué haces aquí? -Preguntó John, mientras Carol tiraba el cigarro a medio acabar.

-Hoy ha recibido una visita de la trabajadora social, ya que alguien ha dicho que no está bien cuidada y atendida. -Respondió llena de furia.

-No estas capacitadas para cuidar de un niño.

-Para saber qué servicios sociales, qué Sophia está bien atendida.

Carol pudo ver cómo el rostro de su padre se llenó de furia.

-No tienes ni idea de cómo cuido a Sophia. ¿Cuándo fue la última vez que viniste a ver como estaba tu nieta? Ni siquiera te importa ...

-No digas tonterías, Carol ...

-¿De verdad? Si de verdad te importa, no nos hubieras conectado a casa cuando más necesitábamos. Serás un gran empresario, pero como padre no vales nada.

-¿pero cómo te atreves a hablarme así? He dado todo para pagarte una buena universidad para que estudiaras farmacéutica y lo tiraste todo por la borda. Ibas a ser la dueña de mi empresa.

Carol sonrió irónicamente.

-Y después de todos estos años sigues sin comprender nada. –John le miró, antes de que ella siguiera hablando. –Puedo entender que quisieras lo mejor para mí. Yo quiero lo mejor para mi hija. Pero ante todo, quiero su felicidad. Y nunca le voy a obligar a hacer algo que no quiera hacer. Ni le voy a forzar a que su novio la deje porque a mí no me guste.

-Era por tu bien.

-No me mientas papá, nunca fue por mí. Fue por ti… Tenías tus propios intereses, y no te importó arruinar mis sueños de querer ser profesora o de seguir mi relación con Daryl. Te daba tanta rabia que estuviera saliendo con él que hasta llegaste amenazarle para que me dejara. –El rostro de su padre se volvió tenso-. Lo sé todo, papá. Pero cometisteis un gran error. Os olvidasteis que era mi vida y no la vuestra. –Las lágrimas aparecieron en el rostro de Carol. -Me habéis arruinando la vida. Y no pienso permitir que le hagáis lo mismo con Sophia.

-Ya te arrepentirás, cuando te veas sola y bajo un puente.

Carol obvió su última frase y se metió en su coche. Sus piernas le temblaban pero una sensación de alivio se apoderaba de ella. Se había enfrentado a su padre. Le había dicho cosas que jamás se había atrevido a decirle.


Plantar cara a su padre marcó un antes y un después en la vida de Carol. Él había sido la persona que más le había lastimado en toda su vida. Él siempre le había querido imponer todo: sus estudios, sus relaciones amorosas, etc… Al principio se reveló contra él saliendo a escondidas con Daryl o no yendo a la universidad. Pero John siempre acababa tomando las riendas de su vida.

Aunque le lastimó que su padre le rechazara y no le dejara entrar en casa cuando más le necesitaba, Carol había encontrado la libertad. Había sido duro, pero ahora se encontraba fuerte y segura para seguir con su vida como ella siempre había querido. Ahora ella era la dueña de su vida.

A pesar de que no tenía relación con su padre, Valeria le llamaba en ocasiones para ver cómo se encontraba o para informarle de las decisiones que la familia Peletier estaba tomando en contra de ella.

Aunque hacía tiempo que lo sabía, Carol se percató que su madre era una víctima más de su padre. Y si fuera por Valerie, Carol y Sophia estarían en casa de sus padres a pesar de que ella no aprobaba a Daryl.

Valerie intentaba mediar entre su marido y su hija, pero Carol estaba cansada y no quería saber nada de él. Y a pesar de los esfuerzos de Valerie, ésta tuvo que aceptar que su hija se alejaría de ellos para siempre. Es por esa razón, que la mujer decidió cambiar de aptitud y no volvió a nombrar a John y pidió a Carol si podía reencontrarse con su nieta.

A pesar de la sorpresa inicial, Carol aceptó a encontrarse con ella para pasar tiempo con Sophia, de esa forma, estos encuentros se convirtieron en habitual.

Los meses fueron pasando, mientras Carol empezó a hacer cambios importantes en su vida.

Cansada del trabajo en la hamburguesería, probó a buscar laburo en otros puestos: desde administrativa hasta en librerías. Finalmente, tras hacer varias entrevistas la admitieron en una librería. Su sueldo era mucho mayor; y se sentía mucho más motivada.

Estaba ahorrando para poder alquilar un pequeño apartamento cerca de la ciudad, donde Sophia y ella pudieran vivir sin tener que molestar a Andrea. Su amiga le insistía que no hacía falta, pero ella necesitaba tener su propio espacio. Pero estaba algo indecisa debido a que en el caso de que perdiera el juicio con los Peletier debería darles mucho dinero que no disponía.

Otro cambio importante es que se había cambiado el apellido de casada. Peletier había desaparecido de su nombre y de todos los documentos oficiales. Había recuperado su nombre de la infancia con la que se sentía más ella: Carol Mason. También había cambiado el apellido de su hija Sophia. Había hablado con Daryl sobre este asunto y entre ambos habían cambiado el apellido a Dixon.

Aunque todo parecía estar cambiando en la vida de Carol, los problemas judiciales con la familia Peletier seguían estando en su vida.

Las demandas de separación y compensación económica seguían adelante, con innumerables negociaciones entre los abogados, pero sin llegar a ningún acuerdo en concreto. Eran un quebradero de cabeza, Carol quería tener la separación lo más pronto posible, quería olvidarse de los Peletier y seguir con su renovada vida.

Todos estos cambios han hecho que ella se sienta segura y fuerte para vivir su vida.

Daryl y Carol siguen teniendo una relación exclusivamente en lo referente a Sophia. Pero a pesar de que han creado un frente común en lo referente a su hija, ambos se han distanciado. Su relación se reduce a mensajes, llamadas o encuentros de apenas minutos cuando uno de los dos va a buscar a Sophia. De hecho apenas habían coincidido en un mismo lugar por más de cinco minutos, a excepción de cuando se encontraron para hablar sobre cuál sería el colegio al que iría a Sophia.


Un jueves por la tarde, Carol llegó a su trabajo con una sonrisa en los labios. Aquel día, en la librería donde ella trabajaba, acudiría el famoso escritor de Isaac R.H. para firmar libros a sus seguidores. Carol también es una de sus fans desde que su compañero de trabajo, Robbie le recomendó leer sus libros. Desde ese entonces, no ha parado de leer todos y cada uno de ellos.

Robbie se encuentra en la sección de lenguas cuando Carol pasa por el enfrente hasta su sección de ciencia-ficción. Al verla entrar, su compañero de trabajo, un hombre de su edad, moreno y alto se acerca ella.

-¿Qué tal, Carol? Preparada para el día de hoy –Preguntó Robbie, mientras Carol se acomoda en su puesto de trabajo con un ordenador enfrente. Carol le observa y sonríe abiertamente.

-Sí, estoy emocionada. Me encantan sus libros. Me he traído un par para que me firme. –Dijo la mujer.- De hecho, un par de amigas me han dado los suyos para que se los firme. –Dice haciendo referencia a Andrea y a Sheila a quienes les había recomendado sus libros y estaban igual de enganchadas a éstos.

Robbie sonrió oyendo a la mujer.

-Me alegro… -Se mantuvo unos segundos en silencio, como si estuviera meditando algo-. Eh, Carol… quería pedirte algo. -Carol le miró y asintió.

-Sí, claro. Dime.

-¿Te gustaría cenar conmigo? –Soltó el hombre. Sorprendida, Carol levantó la mirada totalmente anonadada. Ni siquiera lo había visto venir.

-Wow, -soltó la mujer-. Eh…

-Quizá he sido muy directo… Pero me atraes, y creo que ambos sentimos lo mismo. –Argumentó Robbie con confianza.

-Yo… eh… No sé qué decir, me has pillado desprevenida. –Dijo titubeando, sorprendida.

-No te estoy pidiendo que nos acostemos… Solo una cita, cenar, tomar algo… hablar de libros. Creo que podemos pasar un buen rato.

Carol pestañeó intentado decidir qué hacer. Sin embargo, en su interior había una voz que le decía que aceptara. Finalmente, Carol miró a ese hombre sonrió y asintió.

-Está bien… Este fin de semana, Sophia se queda con Daryl, ¿te va bien?

-Perfecto.


El sábado por la noche, Carol estuvo hasta último momento decidiendo que iba a ponerse para su cena con Robbie. Finalmente, decidió ponerse algo sencillo. Unos vaqueros con botas, una camiseta de tirantes y por encima, una camisa abierta.

Se miró al espejo mientras se acomodó los cabellos rizados, peinándoselos. Se aplicó algo de rímel por primera vez en mucho tiempo. Salió de casa con el tiempo justo para llegar al restaurante donde habían quedado. Robbie le esperaba en la puerta con una media sonrisa. Le saludó con beso en la mejilla y se adentraron en el lugar.

Se trataba de un restaurante tailandés.

-Nunca había venido aquí-, dijo Carol mientras miraba la decoración del lugar.

-Me encanta este tipo de comida.

Carol bajó la mirada y sonrió, al sentirse observada. Estaba nerviosa, debido a que hacía mucho tiempo que no tenía una cita.

-Hace mucho que no salgo con nadie, creo que he perdido la práctica. –Soltó la mujer con una sonrisa.

-No te preocupes mujer, esto es como andar en bicicleta, no se olvida. Solo siéntete cómoda.

Carol sonrió y se dejó llevar... El camarero apareció en ese instante y Carol pidió un poco de vino, para quizá así olvidarse de la vergüenza. Debido a la cantidad de platos que quería probar, Carol tardó en decidir, pero finalmente escogió las brochetas de cerdo bañado al coco y tallarines al estilo tailandés.

Hablaron sobre muchos temas, aunque ninguno de ellos incluía las relaciones amorosas anteriores. Aunque sabía que él también estaba divorciado y tenía un hijo de 15 años que vivía con su exmujer. Sin embargo, en esa primera cita prefirieron dejar ese tema para otro día.

La cita no había ido mal, quizá se esperaba más mariposas en el estómago, como en su primera cita con Daryl. No había sido como con Daryl pero era un buen inicio, se sentía atraída por ese hombre y habían podido hablar de libros, música, películas y de política. Se había reído y se lo había pasado bien.

E incluso al final de la noche, al despedirse se habían dado un beso en los labios. Un suave beso en los labios, pero que no había sido tan intenso como ella esperaba.

Más tarde mientras intentaba dormir, comprendió que no podía comparar a Robbie con Daryl.

Daryl le había hecho sentir cosas que estaba segura que nunca podrá a sentir con otro hombre. Su relación había sido especial única y diferente, y estaba contenta de haber podido vivir el amor de verdad, tan intenso, tan fuerte y con tanta profundidad como ese. Ella era consciente que no encontraría a nadie como él, ni a nadie con el que llegara a tener esa complicidad y química.

Pero al menos podía disfrutar de la compañía de otras personas que le hagan sentir. Si quería empezar algo con Robbie debía dejar las comparaciones y dejarse llevar aun sabiendo que nunca podrá llegar a sentir lo mismo que con Daryl.

Estaba ilusionada con esta nueva etapa que se abría delante de ella, algo nuevo y diferente.


18 de Noviembre de 2004

Carol atravesaba los pasillos de su instituto con varios libros en la mano. Era su hora libre e iba a aprovechar para almorzar. Andrea, su mejor amiga del instituto, no había ido a clase debido a que estaba con su nuevo novio, Kevin. No le gustaba cuando Andrea le dejaba sola, porque aunque era sociable, prefería estar con ella. Carol avanzó hacia la parte trasera del instituto donde había unos bancos de piedra y allí se sentó antes de sacar su comida.

Un revuelo al otro lado del patio le hace levantar la mirada, frunció el ceño intentando averiguar que estaba pasando. Probablemente otra pelea del equipo de rugby. Éstos se creían superiores y Carol no les soportaba, sobre todo, porque se dedicaban a menospreciar a los demás. Carol se levantó y se acercó a todos esos jóvenes que se agolpaban para ver el espectáculo.

La pelirroja pasó entremedio de algunos adolescentes y entonces puede ver lo que sucede. Mark y Chris se dedican a pegar patadas a un tercero que está estirado en el suelo y protegiéndose la cara.

-¡Basta! ¡Parad! -Se interpuso entre ellos, y los dos jóvenes le miraron cuestionándola.

-¿Qué pasa, Mason? Ahora te dedicas a defender a los pardillos como los Dixon.

-Dos contra uno es un poco cobarde, ¿no creéis? –dijo mirando a ambos jóvenes, mientras Daryl empezaba a levantarse.

-Darylina tienes suerte que te defienda una chica, vámonos. -Dijo en esta ocasión Chris, caminando en dirección contraria. –Esto no quedará aquí. –Amenazó a Daryl.

Carol le miró desafiante mientras todo el mundo que se agolpaba viendo el espectáculo empezó a desaparecer. La pelirroja se giró para mirar al rubio que estaba detrás de ella, estaba lleno de furia y el labio le sangraba, seguramente de algún puñetazo que le había dado.

-¡Daryl, estás sangrando!

-Estoy bien. –Carol entrecerró los ojos, porque a pesar de que él era muy cerrado con ella, empezaba a conocerle un poco. .

Había conocido a Daryl en la clase de química. Apenas sabía nada de él, pues no solía acudir al instituto. Pero un día que tenían que hacer experimentos en química, Daryl acudió a clase. Él como siempre estaba solo sentado al final de la clase sin atender. Ninguno de los dos tenía pareja y, aunque podría haber escogido a Chris Robinson, decidió sentarse a su lado.

La reacción de Daryl fue de absoluta desconfianza, pero, en cuanto le preguntó que hacía allí, ella se encogió de hombros.

-Debemos ponernos por parejas y eso he hecho. –Él le miró desconcertado, porque nadie solía acercarse a él más de lo necesario. Daryl pestañeó y empezó a trabajar junto a ella.

Al principio, él era algo arisco, pero a medida que fueron pasando la clase, Carol notó que él se volvía más amable e incluso su tono de voz cambió. La adolescente notó cierta complicidad entre ellos dos y a partir de ese día, siempre se sentaban juntos. Carol no sabía si se trataba de una casualidad, pero desde ese día; él no había faltado a ninguna clase de química. No sabía si era por ella, pero intuía que algo tenía que ver.

-Daryl, vamos a la enfermería a que te…

-No, me voy de este lugar de mierda. –Soltó el joven intentando separarse de ella, pero Carol se interpuso en el camino.

-Hey, no te puedes ir, ahora toca química… ¿vas a dejar a tu compañera de prácticas sola? Ya sabes que soy un desastre… -Soltó con una media sonrisa, pues solía ser algo patosa y en más de alguna ocasión, había tirado los tubos de ensayos, arruinando las prácticas.

Daryl miró a los ojos azules y suspiró.

-Me quiero ir… -suplicó el adolescente. Sus ojos estaban llenos de dolor.

Daryl era bastante hermético en lo que respectaba a sus sentimientos: le había visto lleno de furia o tímido, pero nunca había visto el dolor tan claramente como ahora. Sorprendida por esto, Carol asintió.

-Está bien. –Dijo mientras iba en dirección contraria de las clases. Daryl frunció el ceño. –Vámonos.

-¿A dónde?

-Contigo. –Carol le miró y tras varios segundos de confusión, él siguió sus pasos-. Si no vas a clase de química, yo tampoco.

Daryl estaba sorprendido de que ella estuviera saltándose una clase. No era algo habitual en ella. La pelirroja acudía a todas las clases, por eso era extraño para él que estuviera allí con él. Habían caminado hasta el parque Piedmont que estaba cerca de su instituto.

Daryl apenas habló durante su trayecto y solo se dejaba guiar por ella. Estaba confuso y aunque su primera reacción era irse, se sentía bien estando con ella. Carol era la única razón por la que acudía a las clases de química, había encontrado estimulante trabajar junto a ella.

-Ven, vamos a sentarnos. –Las palabras de ella le distrajeron, mientras siguió sus pasos sentándose en un banco frente al lago Clara Meer que se encontraba en el interior del parque Piedmont.

Daryl nunca había estado aquí y se quedó sorprendido. Se sentó a su lado, admirando el lago verdoso enfrente de él. Esa zona del parque estaba desierta; así que Daryl se encontró más cómodo. Carol suspiró, mientras sacó un pañuelo de su bolso y una botella. Mojó un poco el pañuelo y lo llevó a su rostro.

-Aún tienes sangre. –Le dijo Carol. Él le miró decidiendo que hacer y finalmente le hizo una pequeña seña con el rostro.

Ella se adelantó y pasó el pañuelo por la herida de sus labios. Notó el temblor bajo sus manos, pero Carol siguió limpiándole con ternura, hasta que terminó.

-Gra…gracias. –Titubeó el adolescente nervioso.

-De nada. –Ella le sonrió. –Siento que tengas que pasar por esto cada vez que vayas. Son unos energúmenos. –Dijo Carol entre la rabia y la tristeza. Daryl no dijo nada y siguió mirando al frente.

-Odio el instituto. –Confesó Daryl. –Solo vengo a química para que no prendas fuego al maldito laboratorio. –A pesar de que lo dijo totalmente serio, Carol sabía que estaba bromeando. Ella le miró y empezó a reírse.

El rubio la observó con una media sonrisa, embobado, mientras sentía la familiar sensación en su estómago cada vez que estaba cerca de ella o sus manos rozaban sin querer su piel. Y entonces cuando dejaron de reírse, se quedaron mirando profundamente a sus ojos. Daryl sintió como su respiración se aceleraba sin saber muy bien que pasaba, pero solo quería estar cerca de ella.

Carol también estaba absorta mirando sus ojos, que le miraban con adoración y ternura. Nadie le miraba de esa forma. Instintivamente, Carol se acercó a él, a sus labios, rozándolos.

Daryl permaneció inmóvil intentando averiguar que debía hacer, pero se dejó llevar por sus sentimientos que le desbordaban completamente. Estaba acostumbrado a tener sentimientos negativos, que cuando estaba con ella todo era demasiado nuevo y agradable para él.

La pelirroja enmarcó su rostro mientras apretó sus labios en los suyos y entonces notó su respuesta. Sin embargo, Daryl se separó ligeramente en un respingo, debido a que la herida que tenía en el labio le dio un pinchazo de dolor.

Sorprendida, ella le miró.

-Lo… siento.

Confundido por si su perdón se trataba de su beso o por haberle causado dolor, Daryl negó con la cabeza.

-Está… está bien. No me… duele. –Titubeó también nervioso y con un hilo suave de voz, señalando su labio herido.

Sus miradas cargadas de complicidad seguían conectadas a sus hermosos ojos. Tras algunos segundos de indecisión, Carol vio como en esta ocasión Daryl se inclinó para adelante para buscar su contacto de nuevo de sus labios, y ella recortó la distancia volviendo a juntar sus labios con los suyos, profundizando más en su primer beso.


¡Hola Carylers!

Sé que quizá publicar este capítulo ahora no es una gran idea después de los últimos spoilers, pero solo os tengo que pedir un poco de paciencia. Carol está avanzando e intentando seguir con su vida. Totalmente lógico y comprensible, aun así, ninguno de los dos puede dejar de pensar en el otro.

En el siguiente capítulo veremos más a Daryl y veremos cómo la aproximación de la boda le está afectando.

Tengo los siguientes capítulos casi acabados. Así que intentaré abrir lo antes posible.

Mil gracias a todos, por sus comentarios y por leer. Espero que les guste.

San.