Sentada en la lujosa sala del bufete de abogados, Carol intenta no morderse los labios y las uñas por los nervios. Sus piernas se mueven nerviosamente bajo la mesa de roble. Andrea quien se encuentra a su lado, pone una mano en su pierna en un intento de tranquilizarla. Luque, sentado al lado izquierdo sigue escuchando al abogado de los Peletier.
Ed, Lona y sus respectivos abogados están sentados enfrente.
Desde que entró en la sala, Carol había evitado coincidir su mirada con la Ed o Lona, e intenta mirar todo el rato al hombre de mirada fría, que expone los motivos por los cuales reclaman a Carol tantos millones.
A medida que el abogado habla, Carol no puede creer lo cínicos e hipócritas que pueden llegar a ser.
–Debido a la infidelidad de su cliente, Ed Peletier ha caído en una depresión que ha hecho que su enfermedad se agrave más. –Carol niega con la cabeza molesta y enfadada por estas palabras y por primera vez dirige una mirada a Ed.
Éste tiene un aspecto horrible, su enfermedad parece estar calando en cada centímetro de su cuerpo, sin embargo, puede ver una sonrisa cínica cuando sus miradas coinciden. Él sabe que todo lo que está diciendo es mentira.
–Por todas estas razones, reclamamos 15 millones a Carol, por humillar y engañar a su marido haciendo que su enfermedad se agrave a causa de eso. –Concluyó el abogado antes de mirar a Lona quien parecía satisfecha.
Luque se adelantó para responder.
–No aceptamos el trato. Puede que la señora Carol haya cometido errores, pero que pasaría si se supiera que Ed Peletier tampoco era honesto en esa relación. –El abogado miró al demacrado hombre, aunque éste ni se inmutó. Sin embargo, Luque abrió una carpeta y sacó unos cuantos recibos–. Como pueden ver estos recibos son de servicios sexuales de prostitutas e incluso de orgias, que Ed pagó con dinero de la empresa, que según tenemos entendido, ahora está en bancarrota, ¿verdad? –dijo mirando a Ed, quien ahora no estaba tan tranquilo como antes.
–Eso es mentira... –Soltó con vehemencia el hombre.
–¿Qué pasaría si esto saliera a la luz? –Dijo Luque ignorando las palabras de Ed, haciendo referencia que a nivel empresarial, Ed era un referente en Atlanta.
–¿Nos está amenazando? –Preguntó Lona con rabia. Luque sonrió y negó con la cabeza.
–Para nada, pero al igual que ustedes creemos que la señora Carol merece una recompensa por la humillación que ha recibido por parte de Ed Peletier durante todo su matrimonio. –Ed y Lona se miraron entre sí, sorprendidos por las palabras del abogado–. Además hay que tener en cuenta que debido al libertinaje de Ed Peletier, Carol ha estado en constante peligro de ser contagiada por alguna enfermedad sexual. Por todas estas razones creemos razonable una recompensa de 10 millones de dólares.
–¡Pero os habéis vuelto locos! –Soltó Lona.
Sin inmutarse, Luque volvió a abrir la carpeta que contenía más informes. Carol observaba la situación sin saber cómo sentirse. Solo podía pensar en que si no llegaban a una negociación, e iban a juicio y perdían, no sabía cómo iba pagar todo lo que le reclamaban. La angustia se apoderaba de ella, pero a la misma vez, confiaba en Luque, quien era un experto en sacar trapos sucios de las personas para usarlos en su contra en un juicio.
–Carol Peletier ha visto peligrada su vida en varias ocasiones debido a su matrimonio con Ed. Psicólogos han declarado que Carol estaba sometida a demasiada presión y por esa razón se intentó quitar la vida en varias ocasiones.
–Venga ya, ella es una puta perra... –Soltó sin importarle quien estuviera allí.
Carol pudo ver como Andrea estuvo a punto de contestarle, pero con una valentía que no sabía de donde procedía, empezó a hablar.
–Ed, –le llamó Carol mirándole a los ojos intensamente–. Solo tú y yo sabemos lo que pasaba en ese dormitorio y todo lo que me llegaste a hacer.
–Nunca te puse la mano encima. –Dijo con una media sonrisa.
–No hacía falta. Nunca te importé, ni como mujer, ni como persona. La primera vez que intenté suicidarme, me viste tirada en el suelo y sabías que me había tomado un pote entero de pastillas. En vez de llamar a la ambulancia, te fuiste al bar. Si no llega a venir mi madre, hubiera muerto...
–Ese ejemplo es solo uno de los miles que tengo por contar. Puede que para todos los demás seas un buen hombre y ejemplar. Un gran empresario, que ha tenido la desgracia de caer enfermo, pero no hay nada de realidad en eso. Si la cadena de EP's está en bancarrota es únicamente tu culpa por gastarte todo ese dinero en prostitutas y en alcohol. –La mujer miró con contundencia mientras sentía que sus piernas le temblaban debido a ese momento. –Tengo mucho que contar de todos estos años... Y si es necesario que lo cuente en un juicio lo haré. Ambos sabéis que tenéis las de perder.
Carol miró a Lona en esta ocasión, quien parecía seria y molesta. La mujer miró a su hijo y después a su abogado. Tras algunos tensos minutos en silencio, Lona habló.
–Vamos a llegar a un acuerdo.
–¡Ni hablar! –Soltó Ed completamente anonadado de que su madre estuviera cediendo a las palabras de Carol.
–Cállate, Ed... Esto es por tu culpa, no tienes otra opción sino quieres caer más en la ruina... –Miró a su hijo con desprecio y como si se tratara de un niño pequeño, éste se quejó por lo bajo–. Ocho millones y queremos tu silencio. –Soltó Lona mirando a los abogados de Carol.
Carol no lo podía creer, debido al pacto que habían llegado los dos abogados, ella recibiría dinero por parte de la familia Peletier por todos los daños emocionales que éstos le habían ocasionado. Los Peletier estaban asustados de que Carol contara a la opinión pública lo que Ed Peletier, –quien era un reconocido hombre entre los empresarios de Atlanta–, hacía en su tiempo libre. Y a su vez, Carol destaparía por qué su empresa había caído en bancarrota.
A ella le daba igual todos estos aspectos, y a su vez, le daba igual tener tantos millones, pero esto le aseguraba tanto a ella como a su hija un futuro, que hasta ahora lo tenía bastante difícil. Iba a guardar gran parte de este dinero, para una casa o un apartamento y otra gran parte, quedaría reservado para los estudios de Sophia.
Carol escuchó la risa de Luque y Andrea que estaban al otro lado del salón celebrando su victoria, de la cual ellos, tenían mucho que ver. Carol les miró y supo que debía darles una propina por esto. A pesar de que Andrea siempre se había negado a cobrarle, ella sentía que debía recompensarles a los dos.
Los observó mientras hablaban y reían al otro lado del salón. Negó con la cabeza al verlos juntos, pues sabia por Andrea que entre ellos había surgido algo. Según Andrea era algo temporal, pero su compenetración y su química distaban mucho de un rollo simplemente sexual.
Se acercó a la pareja, y ambos le miraron con una gran sonrisa, mientras Andrea le pasó su brazo por los hombros.
–Estás radiante. Y no me extraña. –Soltó Andrea con una gran sonrisa.
–Ocho millones. Ocho millones de dólares. No me lo puedo creer. –Habló Carol con emoción.
–Pues sí, y lo has hecho tu solita. Menuda cara se le ha quedado cuando has empezado a hablar –Se rio Andrea mientras vertía un poco de champán en su copa.
–Podrías ser una buena abogada, –habló Luque.
–No, no sirvo para ser abogada. –Se rio.
–¿Y qué vas a hacer con tanto dinero?
–Pues, había pensado en comprar un alquilar un apartamento para Sophia y para mí. Creo que es el momento de salir de tu casa. –Soltó la mujer con una media sonrisa.
–Sabes que para mí no sois ningún incordio. Me gusta teneros conmigo. –Dijo ella abrazando a su amiga.
–Eso no te lo crees ni tú, amiga... –Dijo haciendo referencia a su relación con Luque. El hombre se rio por lo bajo y Andrea abrió la boca como si se hubiera ofendido.
En ese momento, el móvil de Carol vibró, y se apartó de la pareja para hablar con tranquilidad con Sheila, quien le llamaba para darle la enhorabuena, debido a que Luque le había comentado la noticia.
Una semana después, Carol recibió el dinero por parte de los Peletier. Ella sabía que era el final a esta etapa de su vida y aunque llevaba años soñando con este momento, no puede creer que sea verdad. Por fin, no tendría que tener relación con los Peletier.
Carol afrontó esta nueva etapa con gran ilusión. Para empezar, Carol decidió comprar un coche nuevo. Desde el accidente, utilizaba uno que Daryl le dejó de su taller. Tiene debilidad por los Jeep Cherockee. Así que sin pensárselo mucho se dirigió al concesionario y se compró un coche Jeep Cherockee, aunque uno de los más baratos.
Tras meditarlo mucho, alquiló un pequeño apartamento. Más adelante podrá buscar una casa grande para ellas dos y quizá adoptar un pequeño perrito o gatito, pero por ahora, el apartamento le va bien.
Su nueva casa, se encuentra cerca de su trabajo de la librería. A pesar de que no está muy acostumbrada a la gran ciudad, ha escogido una zona de las menos transitadas. A su vez, el piso de Sheila no está demasiado lejos de allí; de esa forma, los intercambios de Sophia serán mucho más fáciles. Tiene unas grandes vistas de la ciudad, y además de los grandes ventanales, Carol le encantaba que fuera pequeño y acogedor. Sabe que no será permanente, pero ella está contenta con su elección.
El viernes por la mañana se mudaron definitivamente llevándose consigo las pocas pertenencias de Sophia y las suyas. Aprovechó la mañana para comprar algún cuadro y decoraciones para hacer su apartamento un poco más suyo.
Mientras Sophia y ella paseaban por una tienda de muebles, recibió un mensaje de Robbie preguntándole si aquella noche le apetecía ir a cenar. Ella aceptó puesto que es su fin de semana sin Sophia. Carol aún no estaba preparada para que su hija y Robbie se conocieran, y prefería que por el momento siguiera así.
En esta ocasión acudieron a un restaurante Italiano. Carol estaba más tranquila en esta segunda cita y aunque no siente ninguna mariposa en el estómago, se siente atraída por ese hombre. Es agradable estar con él, le permite reír y pasar un buen rato. Sin embargo, en esta ocasión hablaron de sus antiguos matrimonios, sobre todo de Ed y Daryl, aunque prefiere omitir algunos aspectos de Daryl.
Él, sin embargo, no tiene reparos en hablar sobre su exmujer; una mujer llamada Rose de su edad, mientras le explica todas las maldades que ella le ha hecho. Carol no quiere indagar en esos aspectos, e intenta cambiar de tema.
Al final de la noche, él vuelve a besarle y ella le corresponde de nuevo. El beso es más ardiente que el anterior, y en esta ocasión, Carol notó la mano grande de él por debajo de la camisa de flores.
–Robbie, –le dijo cuando su mano intenta pasar por debajo del sujetador–, ¿podemos ir un poco más despacio? –Por alguna razón, Carol no está preparada para pasar al siguiente nivel.
Por un momento, Carol puede apreciar la frustración en el rostro de Robbie, y entonces, él apartó la mano de debajo de su ropa y asiente, intentando mostrarse comprensivo; pero ella sabía que le ha molestado. Sin embargo, una vez que Carol llegó a su casa, recibió la llamada de Carol para disculparse sobre su enfado y le prometió esperar el tiempo necesario hasta que ella se decida a dar ese paso.
Aunque con Daryl la relación se había distanciado y solo hablaban de temas relacionados de Sophia, Carol había encontrado una amiga en Sheila. Carol había notado que Daryl durante ese tiempo, él se había distanciado y, prácticamente evitaba estar demasiado en contacto con ella. Carol lo encontraba lógico, puesto que él se iba a casar y más allá de Sophia no tenían por qué tener relación.
Le hubiera encantado poder ser su amiga, pero ella era consciente que era algo imposible, debido a que su química era demasiado fuerte. Por una parte, ella prefería que él se distanciara de ella, porque cuanto más contacto tuvieran más probabilidades de que sus propios sentimientos se acrecentaran. Y sabía que si ella no contenía sus sentimientos con respecto a Daryl iba a sufrir mucho por verle casándose con otra persona.
Sus sentimientos aún eran confusos; aunque intentaba no sentir nada por él, a veces era inevitable. Ahora que estaba empezando una relación con Robbie parecía que éstos habían disminuido un poco, pero inevitablemente, resurgían cuando pensaba en la boda o en él. Lo último que quería era estropear la relación de Daryl con Sheila; o incluso no quería estropear su propia relación de amistad con Sheila. Para ella, la felicidad de Daryl era más importante que la suya.
Por muy sorprendente que fuera, Andrea, Sheila y Carol se habían hecho amigas y solían reunirse de vez en cuando. Además, ahora que Luque y Andrea tenían una relación, Sheila y Andrea se veían a menudo.
Era sábado por la noche, y Sheila les había invitado a las chicas a uno de sus conciertos, aprovechando que era el fin de semana de Daryl con Sophia; Carol pudo salir con ellas, mientras Daryl cuida de la pequeña.
Andrea y Carol están sentadas en una mesa mientras esperan que Sheila salga del camerino para reunirse con ellas. Ambas mujeres bebían de su cerveza mientras Andrea le comentaba algunos aspectos de su relación con Luque.
–Dime la verdad, Andrea... Es mucho más que un rollo. Nunca te había visto así... –Andrea negó con la cabeza antes de llevarse la botella a la boca.
–No sé qué decirte, Carol. Es cierto que estoy sintiendo cosas que nunca había sentido. –Carol le miro con escepticismo y Andrea negó con la cabeza–. No, Carol, no estoy enamorada.
–No te lo crees ni tú... –Andrea bufó y entonces vieron como Sheila se acercaba a ellas.
–Hola–, saludaron a la vez.
–Muchas gracias por venir, chicas.
–Me ha encantado. Se me ha puesto la piel de gallina. –Alabó la mujer a su amiga. Sheila sonrió avergonzada pues no estaba acostumbrada a estos halagos.
–Me alegro que os haya gustado. ¿De que hablaban?
–Pues de Luque... Andrea dice que no está enamorada, pero yo la veo hasta las trancas.
–Mi primo está fascinado contigo. –Soltó Sheila mientras se sentaba al lado. Llamó al camarero y pidió otra cerveza.
–Eso mismo le he dicho yo, pero como Andrea tiene alergia al compromiso... –Soltó Carol.
–Pues igual que Luque, pero desde que está contigo, parece otro. Él siempre ha dicho que nunca se casaría, pero... quien sabe... Daryl tampoco era de bodas y aquí estamos. Por cierto, hablando de bodas. Tengo vuestras invitaciones, –dijo mientras buscaba en el bolso sacando un par de sobres grises, tendiéndoselo a ambas. Carol lo agarró y lo miró mientras intentaba no mostrar el dolor que sentía en su interior–.
–Ah, si quereis, podéis llevar acompañante... Solo necesito que lo dijerais lo antes posible. –Dijo haciendo referencia a Carol.
–Puedes llegar a Robbie. –Soltó Andrea. Sheila miró a Andrea y después a Carol que parecía cohibida.
–¿Robbie? ¿Quién es Robbie? ¿Estas saliendo con alguien y no me lo habías contado? –Preguntó la mujer sorprendida, pero alegre por su amiga.
Carol abrió la boca sin saber que responder.
–Bueno, aún estamos empezando. Solo hemos salido un par de veces.
–Y se han besado. –Apuntó Andrea. –Pero Carol no se atreve a acostarse con él.
–¿Por qué no? –Preguntó Sheila.
–Quiero ir despacio. –Andrea soltó un bufido.
–Nah, pero si lo divertido de las relaciones es el sexo. No sabes lo que te estás perdiendo... –Dijo Andrea dando un trago a su cerveza. Y Carol compartió una mirada con Sheila, pues ellas dos pensaban diferente.
–Entiendo a Carol. Yo también me tomo mi tiempo antes de dar ese paso. –Sheila sonrió a la mujer. –¿Entonces vendrá a la boda?
–No lo creo, ni siquiera conoce a Sophia. –Sheila asintió.
–Cuéntame, ¿Cómo lo conociste? –Carol empezó a contarle como sucedió todo, mientras se pedían otra cerveza más.
Daryl cambiaba de canal una y otra vez, mientras intentaba buscar algo para entretenerse. Su hija se había dormido hacía varias horas. Sheila tenía concierto, y además había quedado para tomar unas copas con Andrea y Carol. Para sorpresa suya, Carol y Sheila se habían hecho amigas y tenían buena relación. De hecho tenían más buena relación que con él.
–Hola, amor. –Suelta Sheila mientras se adentra en el apartamento acercándose a Daryl quien permanece en el sofá. La mujer se acerca a él y le da un beso en los labios, que él corresponde tímidamente.
–¿Cómo ha ido? –preguntó Daryl, Sheila aprovecha para quitarse los molestos tacones que le lastimaban los pies. La rubia levantó la mirada con una enorme sonrisa.
–Bien, el concierto ha ido de lujo, había mucha gente... hemos llenado.
–¿Has bebido? –Preguntó su prometido al escuchar el dudoso timbre de su voz que evidenciaba su estado.
Sheila se rio y se tapó la boca como si le hubiera pillado. Lo cierto es que empezaba a sentirse perjudicada por el alcohol.
–Quizá me pase un pelín con las copas pero en mi defensa he de decir que, Andrea es una mala influencia... –dijo ella mostrando una sonrisa haciendo reír a Daryl.
–Les he dado las invitaciones. ¿Y...? ¿A que no sabes que...? –preguntó como si fuera decirle un gran anuncio. –Es probable que Carol venga acompañada. –Dijo con una gran sonrisa.
–¿Qué? ¿Con quién? –Preguntó mirando con sorpresa.
–Es un compañero de trabajo. Ya era hora que saliera con alguien, no te parece... –Daryl se mordió el labio. Mostró su rostro serio a diferencia de Sheila que parecía alegre, probablemente por las copas que había tomado.
–A saber con qué energúmeno va a salir ahora. Es capaz de salir con alguien como Ed... –A pesar de que se encuentra ebria, Sheila sabe que la reacción de él es exagerada.
–Ni siquiera lo conocemos, pero estoy segura que Carol no quiere volver a estar con alguien como su exmarido.
–A saber... –dijo molesto. –No quiero que mi hija este en contacto con tipos como él.
Sheila frunce el ceño mientras intenta encontrar algún tipo de coherencia a las palabras de Daryl, pero sabe que ella está bajo los efectos del alcohol y no está en todas sus facultades para comprender a Daryl.
–Carol es inteligente, dudo que vuelva a ponerse en una situación similar. –Daryl le miró y negó con la cabeza... – Mi amor, no le des más vueltas, Carol estará bien y no permitirá que le pase nada a Sophia. Así que... Yo me voy a dormir que empieza a darme todo vueltas.
Sheila se rio de sí misma; y se acercó a Daryl para besarle en los labios.
–¿Sabes? Llevo pensando en ti tooooda la noche. – Dijo de forma sugerente, tocando a su prometido por su estómago hacia la zona sur de su cuerpo.
Daryl intenta disuadir a su novia, apartándola de él, realmente no le apetecía tener relaciones sexuales con ella aquella noche. Su mente estaba en otra cosa.
–Sheila, Sophia está durmiendo. –Dijo en un intento de disuadir las intenciones de su novia.
–No haré ruido... lo prometo. –Sheila se rio.
Sin poder evitarlo, Daryl se dejó llevar hasta la habitación de matrimonio donde las atenciones de Sheila no le dejaron pensar demasiado.
28 días para la boda...
Como era habitual en un miércoles por la tarde, Daryl estaba junto a su hija mientras Carol trabajaba. Dejó que Sophia durmiera la siesta, para más tarde ir al parque dónde pasaron un buen rato juntos; él la empujaba en el columpio o le ayudaba a subirse en el balancín... Estuvieron entretenidos, hasta que Daryl decidió que era tarde y debían ir a casa. Su pequeña protestó llena de lágrimas porque quería quedarse más tiempo.
Aun le costaba dominar la situación cuando Sophia quería algo y esta se ponía a llorar. Pero cada vez se sentía más seguro en estas situaciones. Daryl se agachó para estar a su altura y mirar a esos hermosos ojitos que estaban llenos de lágrimas. Eran iguales a los de Carol y siempre que la miraba se sentía perdido en ellos. Aquel día estaba especialmente llorosa.
–Soph, debemos ir a casa, cenar e ir con mamá. –Sophia soltó un puchero, e intentó volver a llorar–. Mamá tiene ganas de verte. –Aquello pareció convencer a la pequeña, quien asintió y levantó los brazos para abrazarse a su padre.
–Mamá y yo vamos a hacer galletas. –Le comentó la niña mientras se dejaba alzar en sus brazos en dirección al coche.
Le preparó la cena; un poco de puré de patatas y hamburguesa que Sophia devoró, mientras veía un poco la tele y cantaba. La pequeña preguntó por Sheila, con quien parecía tener una buena complicidad. Tras cenar, lavarse los dientes y jugar un poco, Sophia sabía que era el momento de volver junto a su madre. Así que cuando Daryl le dijo que debían marchar, ella agarró su peluche en sus manos y su pequeña mochila para irse.
La montó en el coche en dirección a la nueva casa de Carol.
Daryl aparcó cerca del apartamento de Carol, y con su hija dormitando contra su hombro, caminó un par de calles hasta llegar a la casa. Al girar la calle, puede ver a una pareja enfrente de la portería del nuevo apartamento de Carol compartiendo un beso apasionado.
A medida que se acercaba, Daryl consiguió distinguir a la mujer. Se trataba de Carol con su novio compartiendo un apasionado beso.
Como si recibiera un puñetazo en el estómago, Daryl se quedó paralizado. El dolor se apoderó de él mientras observaba la escena a escasos metros de ellos. La rabia, el enojo y el dolor se adueñaban de él. Se separaron de ese amoroso beso, escuchó la risa de ella mientras se despedían y entonces, él se encaminó hacia el otro lado.
Carol miró como su novio se alejaba de ella, con una media sonrisa antes de sacar el móvil comprobando que era la hora indicada para el intercambio. Levantó la mirada para observar la calle y entonces lo vio: Daryl estaba parado a unos 20 metros, mientras cargaba con su pequeña en brazos. Gracias a la luz de la farola pudo ver su rostro lleno de furia y de enojo.
–¿Daryl? –preguntó cohibida.
Daryl se adelantó, acercándose a ella, aunque un sinfín de sensaciones negativos se apoderaban de él.
–¿Está durmiendo? –Intentando evitar el momento incómodo, ella preguntó por la pequeña quien al sentir la voz de su madre se removió en el hombro de Daryl.
–Sip. –Su tono fue áspero a pesar de que apenas había dicho una sola palabra.
–Está bien. –Dijo Carol y agarró a la pequeña para llevarla en brazos.
–Hey, hola, mi amor. –Susurró cuando la pequeña se acomodó contra su cuerpo. Besó su cabellera rubia antes de mirar a Daryl, quien le observaba de forma dura. –¿Ha ido todo bien?
–Sip, aunque tiene mucha tos... –Carol asintió. Se había percatado de eso aquella mañana y aunque parecía que Sophia estaba bien, esperaba que no se pusiera mala. Ella asintió intentando saber qué hacer en ese momento, así que decidió terminar con este momento incómodo.
–¿Nos vemos mañana, como siempre? –Él asintió y se giró sobre sí mismo para irse al coche, pero no pudo más y volvió a enfrentarle.
–Hey... ¿quién cojones es ese tipo? Tu hija casi ha estado a punto de verte morreándote con ese idiota... Espero que tengas cuidado de a quien metes en tu casa esta vez. –Sorprendida por las palabras llenas de furia y de rabia, Carol abrió la boca intentando buscar la respuesta adecuada.
–¿Pero se puede saber qué te pasa, Daryl? No tienes derecho a decirme nada de esto.
–Si afecta a mi hija, oh sí, tengo derecho.
–¿Pero qué tiene que ver Sophia en esto? Es mi vida personal. Y ni siquiera le conoce aún... Además, estás siendo injusto, Sheila forma parte de la vida de Sophia y jamás he juzgado que este en contacto con tu novia. Es más, quiero y deseo que se lleven bien. ¿Qué diferencia hay entre Robbie y Sheila?
–Teniendo en cuenta tus antecedentes tengo mucho que temer.
–Esto es increíble... Ni siquiera le conoces. Y te recuerdo que no tienes ningún derecho en meterte en mi vida, Daryl. Con quien me acueste no es asunto tuyo. Yo no me he metido en tu vida, así que te pido que no lo hagas con la mía.
Y sin darle opción a decirle nada, Carol se giró sobre sí misma adentrándose en la portería.
A pesar de que conocía la existencia de ese novio por Sheila, verlo había sido el doble de doloroso de lo que pensaba. Se sentó en el coche y sin poder evitarlo tiró la cabeza para atrás.
¿Qué derecho tenía él de sentir celos sobre Carol? Él tenía una relación con otra persona también y Carol no había puesto ninguna objeción sobre este hecho. Intentó obviar esos sentimientos mientras volvía a casa, pero en su mente se repetía una y otra vez ese ardiente beso que había visto de Carol con su novio.
Nada más bajar del coche, sintió su móvil vibrar en sus pantalones. Probablemente se trataba de Sheila enviándole las flores que quiere poner en la decoración de su boda. Abrió el mensaje encontrándose con varias fotos de diferentes tipos de decoración para los centros de la mesa de invitados. Sin prestarle demasiada atención, Daryl cierra su conversación.
Su mente estaba en otra cosa.
Nada más llegar a casa de Sheila, se dio una ducha y se bebió un par de cervezas en soledad mientras Sheila estaba en un concierto. No quería hablar con Sheila aquella noche. Así que se acostó con la esperanza de que ella no le despertara cuando llegara.
El sonido de la playa rezumba en sus oídos. Un sentimiento alegre le invade, parece que está en un sueño ya que sus pies no parecen tocar la tierra. Giró el rostro cuando escuchó la música nupcial sonar. Él se giró expectante observando una multitud enorme, a la cual apenas reconoce. Sophia, vestida con un hermoso vestido blanco y llevando los anillos, camina en medio de un pasillo lleno de flores blancas. Llenas de rosas Cherokee.
Por detrás de ella, la novia vestida de blanco se acercaba a él. La observa de arriba abajo. Estaba preciosa, como siempre. Su cabello ondulado y pelirrojo estaba recogido en un elegante y bonito moño. Su vestido dibujaba las curvas de su hermoso cuerpo.
La sonrisa de Carol alumbraba toda su cara. Era feliz. Inmensamente feliz. Sus hermosos ojos azules como el cielo, brillaban como nunca.
Daryl esperó pacientemente a que ella llegara a su altura, para agarrar su mano. Miró un instante a su hija quien parecía más feliz que nunca entre ellos dos. Llevó la mano de Carol a la boca y le besó suavemente en el dorso de éste.
Centró la mirada en sus ojos, y susurró unas palabras que solo ella pudiera escuchar: 'Te amo', mientras sentía su felicidad recorrer cada poro de su cuerpo.
–Yo les declaro marid...
La magia se rompió cuando el molestoso ruido del móvil le despertó. Asustado y con el corazón a mil, Daryl se sentó en la cama. Miró hacia el despertador que apuntaba que era las 3.43 de la madrugada.
–¿Quién es? –preguntó Sheila medio adormilada.
Daryl estaba tan aturdido por su sueño de la boda con Carol, que no se había percatado que Sheila estaba durmiendo a su lado. Miró hacia el teléfono y pudo ver que se trataba de Carol. Inevitablemente pensó en la discusión que habían tenido horas antes, pero Daryl sabía que si le llamaba a esas horas era por otra razón. Y seguramente era algo malo.
–Es Carol. –Anunció Daryl agarrando el teléfono y llevándoselo a la oreja.
–Dime.
–Daryl... –la voz preocupada de Carol le hizo saber que algo malo estaba ocurriendo. Sheila se sentó en la cama expectante.
–¿Qué pasa? –Preguntó Daryl con preocupación.
–Sophia tiene 40 de fiebre. Voy de camino al Piedmont Hospital. –Antes de que ella hubiera acabado de hablar, Daryl ya se había puesto en pie buscando su ropa.
–En diez minutos llego. –Anunció dejando caer el móvil en la cama.
–¿Qué pasa? –preguntó Sheila.
–Sophia tiene 40 de fiebre. La está llevando al médico. –Se puso la primera camisa que encontró, y fue en busca de sus pantalones.
–¿Quieres que...? –Empezó a decir, pero él le interrumpió.
–Te iré informando. –Le dijo con un claro mensaje que no quería que fuera con ella.
Fue una vez más hacia el armario donde rebuscó en su mochila, metió la mano y entonces sacó de él un anillo con una flor plateada. Salió de casa con rapidez, mientras no dejaba de tocar con sus dedos el metal frío del anillo, susurrando una y otra vez:
–Todo va a salir bien.
1 de Agosto de 2005
Sentados en su lugar especial del parque Piedmont, Carol admiraba a los transeúntes caminar por el parque mientras acariciaba distraídamente los cabellos rubios de Daryl. Éste estaba apoyado contra sus muslos. Llevaban más de diez minutos en silencio y Daryl parecía distraído. Carol sabía por experiencia que cuando esto ocurría es que había sucedido algo malo con su padre. Pero no había querido detallar de qué se trataba. Carol se dedicó a acariciarle.
Después de tantos meses de relación, Carol le conocía a la perfección y sabía que a él le costaba abrirse emocionalmente, sobre todo en estos aspectos. Así que solo le dejaba el espacio necesario para que se tranquilizara y entonces poder hablar.
Daryl buscó su mano derecha y entrelazó sus dedos. Al mismo tiempo que él se dedicaba a acariciar una y otra vez el metal del anillo que él le había regalado para su cumpleaños.
–¿Puedo hacerte una pregunta? –La mirada curiosa de Daryl se levantó.
–¿Qué significa esa flor para ti? –Dijo haciendo referencia a la flor de su anillo. Daryl se mordió el labio y desvió la mirada hacia éste.
–Es una rosa Cherockee. Era la preferida de mi madre. –Carol suspiró pero siguió acariciando el rostro y los cabellos de Daryl.
–Cuando era pequeño mi madre me regaló una... cuando estaba a punto de morir. Sabía que odiaba quedarme a solas con mi padre y con Merle. Me dijo que cada vez que tuviera un problema, o estuviera enojado con mi papá... buscara una, y si la encontraba es que todo se iba a solucionar... –Daryl sonrió tristemente, mirando al cielo.
–Es una gilipollez, lo sé, pero me ayudaba a tener un poco de esperanza...sobre todo, cuando mi madre murió, y mi padre se dedicó a... ya sabes... esta flor me aportaba seguridad y esperanza de que todo iba a ir bien.
Daryl tocó la flor, mientras Carol le escuchaba atentamente. Él se quedó en silencio meditando sus próximas palabras y entonces, volvió a hablar.
–Pero ahora... te has convertido en mi Rosa Cherockee.
Hola de nuevo Carylers,
Como ven Daryl se ha enterado de la existencia del nuevo novio de Carol. Quiero aclarar que Sheila piensa y está convencida que lo que hay entre Daryl y Carol es puramente una amistad.
Ella confía en Carol, puesto que tiene una relación de amistad con ella, y también confía ciegamente en su novio. Sheila es bastante inocente. Ella es ajena a los sentimientos de ellos dos. También es cierto que cuando Sheila le cuenta la existencia de Robbie a Daryl, ella estaba borracha y no ha podido analizar bien la situación.
Espero que os haya gustado este nuevo capítulo, donde como ven, Daryl se ha mostrado más impulsivo y sobre todo celoso, dando argumentos sin razón para estar en contra de la relación de Robbie/Carol.
Como siempre agradecer vuestros comentarios y lecturas. Nos leemos muy pronto.
San.
