A paso rápido, Daryl se adentró en la sala de espera buscando a Carol. Nada más verlo, la mujer levantó la mano para hacerse ver. Agarró su bolso, que reposaba en el asiento contiguo y se lo puso en sus piernas, dejando que él se sentara. Su rostro, al igual que el de ella, mostraba preocupación y angustia. Daryl se sentó a su lado.

–¿Cómo está? –preguntó el rubio.

–Están intentando bajarle la fiebre. Creen que puede ser neumonía. –Le informó Carol. Él asintió.

–¿Podemos verla?

–Aún no, nos avisaran. –Dijo la mujer con voz baja, mirando el ir y venir de enfermeros y médicos que se adentraban en boxes dónde estaba su hija.

Daryl miró en dirección donde la mujer estaba mirando y se quedó en silencio. Dejó caer la cabeza hacia atrás, intentando calmar su ansiedad. En estos casos, no era demasiado paciente; saber que su hija estaba enferma y no poder verla, hacía que estuviera más nervioso.

En un intento de calmar su nerviosismo, Daryl sacó el anillo de su bolsillo y empezó a acariciarlo con el pulgar, mientras ambos estaban sumidos en un tenso silencio.

Al intuir su movimiento, Carol giró levemente el rostro hacia él, viendo el anillo entre sus dedos, el cual acariciaba. Carol lo reconoció al instante, pues había pertenecido a ella. Recordó con todo lujo de detalle como ella se lo había devuelto cuando Daryl terminó su relación.

Sorprendida, Carol lo observó mientras sintió como su estómago se removió por la melancolía. Inmediatamente, su mente le trasladó a ese instante en que él le explicaba la importancia de la Rosa Cherockee.

–¿Aún lo guardas? –Preguntó la mujer con sorpresa.

Daryl giró el rostro confundido, y en ese momento se percató que estaba hablando del anillo. Avergonzado, lo miró y asintió. Tras unos segundos, él volvió a levantar la vista hacia ella, centrando la mirada en sus hermosos ojos que estaban tristes. Ella le dedicó una media sonrisa, Sin embargo, a pesar de este pequeño momento de conexión, aún había mucha tensión negativa.

Pasaron largos minutos en silencio sin que ninguno de los dos se atreviera a decir nada. Pero en el interior de Daryl sabía que debía comentarle sobre lo ocurrido la noche anterior. Él sabía que su aptitud no había sido la más acertada, por mucho que le molestara que Carol saliera con alguien, no podía actuar así.

–Siento lo que te dije de tu novio. Sé que no tengo derecho. –Confesó en voz baja.

A pesar de que él seguía pensando lo mismo de Robbie, –pues había algo que no le gustaba de él–, Daryl sabía que no tenía derecho a meterse en su vida privada. Por mucho que le lastimara, ella tenía razón.

Carol le miró y medio sonrió. Agradecía que él le pidiera perdón, sabía que él era tremendamente impulsivo, pero siempre pedía perdón cuando sabía que se había excedido.

–Está bien. –Dijo ella con una media sonrisa. –Pero espero que sepas que jamás pondría en peligro a Sophia.

–Lo sé… –dijo Daryl. –De eso estoy seguro.

Daryl era consciente que su ataque de celos no tenía fundamentos. Había justificado su ataque a Robbie en que Sophia estuviera en contacto con un hombre al cual no conocía, pero la razón de fondo era otra. Le preocupaba Carol. A pesar de que no conocía a ese tipo, no le inspiraba confianza; y sobre todo, no soportaba ver a Carol con otro hombre. Pero sabía que no podía hacer nada. Así que por mucho que le doliera o le molestara, era su vida.

El suspiró angustiado de Carol le hizo olvidar sus pensamientos.

–Estoy muy preocupada, Daryl. –Confesó la mujer.

–Hey, –le llamó, al mismo tiempo que llevó su mano derecha a su mentón para obligarle a mirarle. Sus hermosos ojos azules empezaban a llenarse de lágrimas. –Todo saldrá bien. Se pondrá bien; y dentro de nada la tendremos en casa, pidiendo chocolate a altas horas de la madrugada o despertándonos a las 7 de la mañana los domingos.

Carol ahogó una risa ante sus palabras. Eso era algo muy de Sophia.

–Odio cuando hace eso. –Dijo con una media sonrisa limpiándose la lágrima furtiva que se precipitaba por su mejilla. –Sé que me estoy preocupando en exceso, pero…

–No… Eres una buena madre, pero Sophia es fuerte. Como nosotros dos. Tiene nuestros genes. Sobrevivirá. –Carol sonrió por las palabras de él, haciendo referencia a que ellos dos habían sufrido tanto y ambos habían salido adelante, que estaba seguro que ella también saldría.

En un rápido movimiento, él le agarró la mano en un claro gesto de apoyo, pero que hizo estremecer todos sus sentidos. Aun así, entrelazó sus dedos con los suyos, esperando en mitad de la noche, hasta que finalmente una enfermera les llamó.

–Familiares de Sophia Dixon.


A pesar de que se encontraba mejor, los médicos decidieron tener a Sophia en observación un día más. Ambos progenitores habían pedido unos días libres en sus respectivos trabajos para poder estar junto a su pequeña hasta que ésta estuviera recuperada del todo.

Carol había pasado la noche en el hospital. Habían tenido un debate sobre quien iba a quedarse, y tras debatir mucho, decidieron que aquella noche se quedaría Carol; y a la siguiente él. Daryl se adentraba en la habitación a primera hora de la mañana con dos vasos de café: un café moca, –el preferido de Carol– y otro normal para él. Había parado expresamente en el Starbucks para comprar el café. Sophia estaba durmiendo, pese a que le cuesta respirar, se encuentra mucho mejor.

En el sillón de al lado, Carol dormita también, agarrando el muñeco preferido de Sophia. Al notar su presencia, Carol gira el rostro para ver a Daryl que se acerca a dejar los cafés en la mesa.

–Lo siento, no quería despertarte. –Lamentó Daryl.

–No importa. –Dijo Carol desperezándose. –¿Qué hora es?

–Las 7.56. –Al ver el rostro de ella, él se encogió de hombros–. No podía dormir más.

Apenas había podido dormir, así que prefirió levantarse pronto e ir con Sophia y Carol.

–Si necesitas descansar, podes ir…

–No te preocupes, prefiero quedarme aquí.

–Está bien. He traído café. –Anunció el hombre, haciendo sonreír a Carol al ver que había ido expresamente al Starbucks para comprarle el café a ella. Él odiaba ese lugar.

– Muchas gracias, no hacía falta que…

–Me pillaba de camino. –Se justificó, aunque no era del todo verdad, pues se había tenido que desviar un poco. –El café moca para ti.

–Te has acordado.

–Como para olvidar tu adicción al chocolate… –Carol se rio, al mismo tiempo que ella se llevó el café a los labios, saboreando el sabor de éste. – Y por lo que veo Sophia ha heredado esa adicción. –Daryl caminó por la habitación hasta al otro lado del sillón donde había una silla muy incómoda.

–No me extraña, me pase todo el embarazo comiendo chocolate. Eso sí, engordé unos 10 kilos. Ed decía que parecía un tanque. –Carol pudo ver el rostro lleno de furia.

–Ed es un idiota. –Masculló con rabia Daryl. Carol se llevó el café a sus labios mientras le miraba.

–Lo sé, pero no tenía autoestima en esa época. –Confesó amargamente la mujer.

–Seguro que estabas preciosa. –Sorprendida por su piropo, Carol le miró a sus ojos, que estaban observándole tan fijamente que sentía las mariposas en el estómago.

Ella sabía que debía apartar ese sentimiento, pero no podía dejar de mirarle; sus ojos le miraban con tal intensidad que parecía hipnotizada por éstos.

–Mami–, la voz débil de la pequeña rompió ese momento. Carol apartó la mirada de él y ambos se levantaron de donde estaban para acercarse a la cama.

–Hey, mi amor, –dijo Carol inclinándose para besar la frente apartando sus cabellos rubios. Daryl también se acercó a su cama, agarrando su pequeña mano y besándola.

–Hey, pequeña –Dijo Daryl.

–Hola papi. ¿Cuándo vuelva a casa, puedo comer chocolate? –preguntó Sophia. Los adultos se miraron y sonrieron ante las ocurrencias de su pequeña.

–Por supuesto, pero para eso tienes que estar buena –Contestó la mujer. A pesar de que estaba pendiente de Sophia, pudo intuir que Daryl se movió para quedar a su lado, pero sabía que estaba muy cerca. –Duerme un poco más, mi amor.

Haciendo caso su madre, ella volvió a cerrar los ojos y Carol giró el rostro para ver a Daryl detrás de ella, muy cerca.

–Ya está mejor –Susurró Daryl, haciendo referencia al comentario del chocolate.

Pero Carol apenas le escuchó, solo sintió la piel de su nuca erizarse debido a la cercanía de él.

Tanto que podía oler el perfume de hombre que solía utilizar. Paralizada por la tensión y la química que existía entre ellos, Carol le observó viendo como los ojos de él se iban a sus labios, mientras sentía como su corazón se le aceleraba. Segundos después, su mirada volvió a subir a sus ojos donde ambos se miraron intensamente.

La respiración de ambos se aceleró. Daryl seguía hipnotizado mirando esos ojos que brillaban intensamente, viendo reflejados en ellos la esencia de Carol. Daryl se inclinó hacia ella, acercándose, despacio como si tuviera miedo de rozar sus labios.

Olvidándose de todo, ella se acercó a él también.

Centímetro a centímetro, sus rostros fueron acortando distancia, mientras sus intensas miradas no dejaban de observar cada detalle del hermoso rostro de Carol. Daryl elevó la mano y apartó sus cabellos de sus mejillas. Él podía sentir su aliento contra su rostro, cuando la puerta de la habitación se abrió de golpe.

Instintivamente, Carol y Daryl se separaron.

–Buenas días, vamos a ver como se encuentra Sophia –dijo la doctora Smith mirando los papeles sin percatarse de lo que acababa de interrumpir.

Carol aun podía sentir su corazón bombeando a mil por hora y la anticipación en su estómago, mientras intentaba recomponerse.

Daryl igual de aturdido se separó, y se fue hacia el ventanal donde se apoyó mientras empezó a morderse las uñas.

–Parece que va mejorando. Es una niña fuerte… –dijo mirando a los padres, quienes ambos parecían estar tremendamente inquietos. –Probablemente mañana ya podremos darle de alta. –Dijo la mujer mostrando una sonrisa a los padres.

La doctora se fue, y en ese momento se cruza con Sheila quien se adentra en la habitación.

–Hola, –saludó Sheila a todos.

Sorprendido, Daryl frunce el ceño por verla tan temprano en el hospital. Sabía que iba a venir a visitar a Sophia pero pensaba que vendría más tarde. El hombre observa como Sheila se adelanta para dar un abrazo a Carol, quien corresponde al abrazo más incómoda de lo habitual.

–¿Cómo está? –Pregunta Sheila mirando a la mujer antes de dirigirse a su prometido, quien parece tenso e incómodo, también.

–Está mejor. –contesta Carol mientras ve como Sheila se abraza a Daryl y le da un beso en los labios. Incapaz de ver esa escena, aparta la mirada y centra su mirada en Sophia quien está dormida, mientras de fondo escucha a la pareja hablar sobre su hija.


Después de ese día, Daryl y Carol apenas coincidieron en el hospital. Ambos parecen evitarse mutuamente, solo para hacer los relevos para estar con Sophia. Ninguno de los dos ha mencionado nada sobre lo que estuvo a punto de ocurrir allí, pero ambos saben que lo mejor es olvidarlo. Dos días después le dan el alta a Sophia y vuelve a casa a pesar de que debe estar en reposo, Sophia se encuentra mucho mejor.

A medida que Sophia se recupera vuelven a la rutina; a los breves intercambios, a los fines de semanas compartidos, las citas con Robbie o la preparación de la boda que apenas quedaban 14 días para el día señalado.

A pesar de que ella intenta tener una relación normal con Daryl, le está costando establecer una simple conversación. Él parece excesivamente incómodo cuando está junto a ella, no le mira a los ojos y apenas le dirige la palabra. De nuevo, los encuentros con él se habían vuelto distantes. Odiaba que su relación con Daryl tuviera estos altibajos, pero puede llegar a comprender el motivo.

Si no les hubieran llegado a interrumpir, se hubieran besado y eso habría complicado la situación tanto, que ella no quería pasar por eso. Respetaba la relación de Daryl y Sheila, y no quería estar en mitad de su relación.

Así que, ella decidió seguir con su vida, y a su vez, con sus citas con Robbie.

Era una noche de sábado cuando la mujer había quedado para cenar con su novio. No sabía si era por su ansia de que la relación avanzara, o en un intento desesperado de olvidar lo sucedido con Daryl; que decidió que aquella noche daría un nuevo paso en su relación con él. Se compró nueva lencería, y se preparó a consciencia para esa noche.

Se miró al espejo mientras observaba el vestido de flores y se atrevió a maquillarse un poco. Sin embargo, mientras se admiraba a sí misma, su instinto le decía que no era una buena idea. Y conforme fue pasando la noche, su instinto le hizo ver que así era; pero sus sospechas se confirmaron cuando el teléfono vibró recibiendo un mensaje de Daryl.

Éste le preguntaba si Sophia aún tenía que tomar alguna medicación o no. Tras contestarle con una escasa respuesta, Carol dejó el teléfono en la mesa y miró con una sonrisa a Robbie.

–Perdona, era Daryl… – Se justificó antes de agarrar su tenedor para llevarse un trozo de salmón ahumado a la boca. La mirada de Robbie parecía sombría y seria.

–¿Te hablas con tu ex? –preguntó. Ante ésta, Carol levantó la mirada confusa.

–Claro. Tenemos una hija en común. –Contestó Carol con contundencia.

–Pues a mí no me gusta que hables con él. –Sorprendida por sus palabras, elevó las cejas.

–Debo tener una relación buena con él. Es importante para mi hija. –Carol le miró y al ver el rostro serio de Robbie, siguió hablando. – ¿Me estás prohibiendo que hable con el padre de mi hija?

Robbie se llevó la copa de vino a la boca y negó con la cabeza.

–No, no te prohíbo, pero sí que me gustaría que no lo hicieras. –Enfadada, Carol dejó el cuchillo y el tenedor encima de la mesa.

–Tú no tienes nada que decir sobre la relación entre Daryl y yo. –contestó con un tono fuera de lo normal.

–Bueno, estamos empezando una relación, creo que algo tengo que decir, ¿no crees? –Su rostro empezó a mostrar furia.

–Me da igual quien seas, pero sé que por el bien de ella, es importante que Daryl y yo nos llevemos bien. No voy a cambiar mi relación con Daryl ni por ti, ni por nadie. –La contundencia de sus palabras le sorprendieron tanto a él como a ella misma.

–Ya veo. Entonces nuestra relación no tiene ninguna importancia para ti. –Carol suspiró y rápidamente tomo una decisión.

–No he dicho eso… pero, ¿sabes qué? Tras mi matrimonio me jure a mí misma que no volvería a aguantar lo mismo nunca más.

–¿A qué te refieres?

–Celos, inseguridad, egoísmo…

–No soy como tu marido.

–Quizá no, pero eres igual de egoísta que él. –Ante sus palabras Robbie pareció meditar levemente–. Quieres que deje de tener relación con Daryl, solo por ti, sin importar cuan de importante es para mi hija y sin saber todo lo que he sufrido y luchado para llegar a este punto.

–Si me lo pidieras yo lo haría.

–Pero yo jamás te lo pediría, porque yo quiero tu felicidad y no quiero cambiar nada de ti. Y si realmente quieres tener una relación conmigo, no deberías intentar cambiarme o disuadirme para cambiar de compañías. No pienso cambiar nada de mí por estar contigo, Robbie. Es algo que he aprendido con los años. He cedido y he dejado de ser yo por Ed o por mis padres. Y no voy a hacerlo más. Si de verdad me quieres, debes aceptarme como soy. Respetando mis decisiones y mis relaciones.

Robbie se mantenía callado escuchando las palabras de Carol, aunque parecía que su rabia había disminuido.

–Sigues enamorada de él, ¿verdad? –Carol elevó la barbilla y respondió.

–No, él se va a casar y yo tengo mi vida. Lo único que nos une, es Sophia. –A pesar de que sabía que no era del todo cierto, ella intentaba creerse sus propias mentiras.–Creo que nuestra relación no va a ninguna parte. –Dijo levantándose de la mesa con intención de dejar la cena a mitad. Al ver esto, el hombre se levantó también y se interpuso para que no se fuera.

–No tienes por qué irte, Carol. Es cierto, yo tengo un pensamiento diferente al tuyo. Mi relación con mi ex es tan mala, que no concibo una buena relación con ella. Es mi problema. Lo sé. –Carol le miró a los ojos y vio parte de verdad en ellos–. Pero dame otra oportunidad. Prometo no interponerme en tu relación con Daryl.

Carol se quedó en pie unos segundos decidiendo que hacer. No sabía si darle esa oportunidad que él le estaba pidiendo o dar por finalizada esa relación. Dio un vistazo a su alrededor, mientras los comensales del restaurante les miraban curiosos. Finalmente, Carol asintió, todo el mundo se merecía una segunda oportunidad.

–Está bien. –Dijo volviendo a sentarse.

La cena fue algo más tensa de lo habitual, pero Carol decidió darle esa oportunidad. A pesar de eso, ella tenía una mala sensación sobre Robbie y su relación. Así que su intención inicial de pasar la noche junto a Robbie fuera descartada.

Así que cuando llegaron a la puerta de casa de Carol, ella simplemente le dio un pequeño beso en los labios y se despidió de él, antes de adentrarse en el edificio sola.


8 días para la boda…

Carol miró a través del retrovisor interior a su hija quien estaba profundamente dormida en su sillita. Habían pasado todo el día en la feria, dónde Carol había conseguido un nuevo muñeco de trapo para ella. Volvió a dirigir la mirada para ver como agarraba fuertemente el mono de trapo colgando de sus manos.

Antes de llegar a casa, Carol decidió parar en un McDonald's para cenar allí. Sophia brincó de alegría cuando su madre le preguntó si quería ir a comer una hamburguesa. Algo que no era muy habitual en su rutina.

Escuchó vibrar el móvil en el hueco que hay debajo de la radio. Bajó la mirada hacia la pantalla del celular para ver el nombre de su madre.

Carol suspiró, pues pensaba que se trataría de Robbie. A pesar de que su relación seguía adelante, ella estaba bastante insegura sobre sí seguir con él. Empezaba a ver ciertos detalles de él que no acababan de agradarle. Así que aún estaba meditando que iba a hacer con esa relación.

A su vez se sorprendía que Daryl no le hubiera llamado durante ese día. A pesar de que es su finde semana con Sophia, Daryl tenía costumbre de llamar cada día para hablar con su hija.

E incluso, Sophia había pedido llamarle en varias ocasiones para contarle que tenía un nuevo muñeco al que había apoderado brazoslargos, –debido a que sus brazos eran excesivamente largos–. Convencida de que Daryl le iba a llamar por la noche, Carol le convenció para que esperara. Pero por el momento, no había señales de su llamada.

Eran casi las 22, y dudaba que esa llamada se produjera a esas horas de la noche. Carol intuyó que la cercanía de la boda y sus respectivos preparativos le debían tener absorbido.

Intentó ignorar el consciente dolor que le produce ese pensamiento. Su estómago se encoge debido a ese sentimiento de celos y de dolor al pensar en que se va a casar con otra persona. Pero ante todo, ella quiere su felicidad, y Carol se ha prometido a sí misma no entrometerse en la vida de él.

Sin embargo, está temiendo asistir a la ceremonia. Sheila había insistido en que debían ir, tanto Andrea como ella; asegurándoles que podían traer acompañantes. Pero Carol había dudado mucho en ir, pero finalmente, no tuvo más remedio que asegurarle que asistiría. Estaba deseando que pasara ya ese día, para olvidarse de todo.

Carol dejó el coche en el parking de su apartamento, agarró a la pequeña en brazos, quien profundamente dormida, dejó caer su cabecita contra su hombro. Se montan en el ascensor, haciendo malabares entre su pequeña, su bolso y el muñeco; para finalmente apretar al botón de la séptima planta.

En ese instante, sintió el celular vibrar señal de que se trata de un mensaje. Como pudo, Carol agarró el teléfono y abrió la pantalla. Y un extraño mensaje de Sheila aparece en su teléfono.

"Carol, estoy preocupada. ¿Sabes algo de Daryl? Hace un día que no aparece por casa."

Preocupada, Carol se queda paralizada al leer el mensaje. ¿Le ha pasado algo a Daryl? ¿Estará bien?

Pero su preocupación desaparece cuando al salir del ascensor, Daryl está sentado en las escaleras del edificio.

–¿Daryl? –Pregunta sorprendida por encontrarle allí. Él levanta la mirada, cohibido y avergonzado.

–Hey, –susurró mientras se levantaba. Se acercó a ellas, acariciando la cabecita rubia de Sophia, quien seguía profundamente dormida.

–Sheila me acaba de enviar un mensaje, está preocupada por ti.

–Lo sé. Ahora iré a verla. Pero…– hizo una pausa y le miró a los ojos–, sé que es tu fin de semana con Sophia pero necesito hablar contigo. – Su voz era débil y sombría. Carol sabía que algo estaba pasando pero no sabía el qué.

–Está bien, no pasa nada… –murmuró Carol, sorprendida.

– Espera que te ayudo. –Agarró a Sophia en brazos con cuidado de que esta no se despertara.

Tras abrir la puerta, Daryl entró en la casa con Sophia en brazos, y Carol agarró de nuevo a Sophia, para llevarla a la habitación.

–Voy a acostar a Sophia, –se escusa la mujer. –Ahora vuelvo.

Daryl asiente inquieto, observando atentamente el nuevo apartamento.

Carol llevó a la pequeña a su habitación, estaba tan dormida que tiene que ponerle el pijama con sumo cuidado para no despertarla. Una vez cambiada la dejó en la cama, la tapó con su manta y le besó suavemente su frente.

–Buenas noches, mi amor. –Susurró la mujer a sabiendas que no le escuchaba–. Te quiero.

Tras esto, Carol salió de la habitación ajustando la puerta y desde allí puede ver a Daryl caminando nervioso en el apartamento. Se mordía las uñas, una señal inequívoca de su estado de ansiedad.

Conocía lo suficiente a Daryl para saber que algo estaba pasando. En cuánto le vio, Daryl la observó y paró sus pasos en medio del salón, mirándole fijamente. La petición de querer hablar con ella era extraña porque hacía varias semanas que se habían distanciado.

–¿Estás bien, Daryl? –Preguntó la mujer mientras se acerca a él. Daryl no responde por un momento, mientras Carol se pregunta porque parece tan devastado. –Daryl… –vuelve a preguntarle.–. ¿Qué está pasando? ¿Dónde has estado?

–He estado en el parque Piedmont. Necesitaba pensar.

Carol abre los ojos mientras sintió que su corazón se aceleró al escuchar sus palabras. ¿Parque Piedmont? ¿El parque dónde ambos pasaron gran parte de su adolescencia? ¿Qué estaba pasando?

–Desde el otro día estoy muy confundido… No puedo sacarme de la cabeza que si no nos llega a interrumpir esa doctora tú y yo nos hubiéramos besado…

¡Oh dios, Daryl no!

Carol cierra los ojos llena de dolor.

–Daryl… no pasó. Es verdad, estuvimos a punto, pero no paso nada. No pienses sobre ello. Olvídalo… Puedes tener la conciencia tranquila para casarte y…

– ¡Pero no puedo! –Gritó exasperado y completamente fuera de sí–. No puedo, –volvió a decir con un tono más bajo, e incluso, su voz tartamudeaba. Carol le observó sorprendida por su tono, y esperaba en ese tenso momento a que él siguiera hablando.

–Me estoy volviendo loco fingiendo de que no siento nada… pero no puedo engañarme más… estoy jodidamente enamorado de ti.


2 horas antes…

A medida que se acercaba la fecha, Daryl empezaba a sentirse más inquieto. Estaba nervioso y alterado, y absolutamente todo le molestaba. Solo se sentía tranquilo cuando pasaba tiempo con Sophia. Con ella conseguía olvidarse de todo y dejar sus dudas existenciales a un lado.

Las dudas de Sheila sobre cómo iban a distribuir la mesa de los invitados apenas ayudaban a aclarar todo lo que sentía. Un sentimiento de culpa, rabia y enojo le invadían cada día.

Tanto, que Sheila empezaba a saber que algo no iba bien. Le preguntó en varias ocasiones si se encontraba bien, pero él simplemente le dijo que estaba cansado y estresado.

Perdido y angustiado, Daryl no sabía qué hacer, para quitarse esa sensación de malestar que le venía acompañando desde hacía varias semanas. Llevaba una noche sin acudir a la casa de Sheila, quien le había llamado en multitud de ocasiones para saber si se encontraba bien. Sabía que no era justo lo que le estaba haciendo pasar, pero él necesitaba aclarar sus ideas.

Sentado en el parque Piedmont dónde en infinidad de ocasiones Carol y Daryl habían pasado sus tardes juntos en su adolescencia, él recordó todos esos momentos del pasado. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué se torturaba de esa forma?

Pero en el fondo de su ser sabia porque lo hacía.

Y entonces, estando allí sentado viendo el ir y venir de los transeúntes, su corazón se apretó fuertemente al percatarse de que era el momento de tomar una decisión. No podía engañarse más. Quedaban ocho días para casarse con Sheila, pero él cada vez estaba más seguro que no era lo que quería.

Él sabía que estaba tomando la decisión equivocada. Él sabía que no quería casarse con Sheila.

Daryl amaba a Carol y quería pasar el resto de su vida junto a ella.

Respiró hondo cuando ese pensamiento apareció claro en su mente por primera vez en mucho tiempo. No podía engañarse más. Pero entonces, el miedo y la culpabilidad se apoderaron de él, llenándole de inseguridades.

Miedo al rechazo de Carol. Miedo a que ella no sintiera lo mismo que él, a que ella haya podido superar su historia, mientras él seguía colgado de una historia sin futuro. ¿Qué pasaba sí él le decía sus sentimientos y ella no quería saber nada de él? ¿Y si ella quería estar con el idiota de Robbie?

–Mierda. –Llevándose las manos a sus cabellos dejó caer la cabeza atrás contra el banco de madera en el cual estaba apoyado.

Las inseguridades y el miedo al rechazo le invadían completamente.

Y entonces pensó en Sheila; esa mujer que le había ayudado tanto en su vida y que lo había dado todo por él, pero a la cual no quería. Cada día era más difícil seguir manteniendo una relación de la cual no estaba seguro.

Se sentía la peor persona del mundo.

Agotado mentalmente por discutir consigo mismo, Daryl se tapó el rostro. Y entonces, recordó una de sus múltiples conversaciones con Carol. Fue allí en ese mismo lugar, donde ella y él compartían miles de conversaciones; dónde él llegó a sincerarse dejando ver sus miedos, inseguridades y sus anhelos por primera vez en su vida.


8 de abril de 2005

Aun con la respiración entre cortada, Carol se separó de él. Su mirada parecía brillar como nunca.

–Puedo preguntarte algo. –Preguntó en un susurro el adolescente. Carol frunció el ceño sin entender. Daryl bajó la mirada avergonzada, se lamió sus propios labios, que aún sabían a ella.

–Por supuesto.

–¿Por qué yo? ¿Por qué me besaste aquel día?– dijo haciendo referencia a su primer beso que se dieron en ese mismo lugar. Carol le miró, y este apartó la mirada avergonzado. Y entonces, ella le obligó a que le mirara.

–Mírame Daryl, –su mirada era tímida y vergonzosa. –Porque eres único y especial.

–No soy nadie. –Carol negó con la cabeza.

–No digas eso, Daryl.

–Tus padres no me quieren. En el instituto nadie me soporta; y al igual que mi familia.

–Me da igual lo que quieran mis padres. Yo te quiero a ti. Y siempre voy a hacer lo que siento. Porque estar contigo es lo que me hace feliz. Y te besé ese día porque era lo que sentía y lo que estaba deseando desde hace mucho tiempo.

–Y seamos sinceros, Daryl si tenía que esperar a que tú dieras el primer paso… pasarían años antes de que tú me besaras… –dijo con una media sonrisa. Daryl bajó la mirada avergonzado sabiendo que tenía razón, y se rio –. Así que dije: "ahora o nunca", prefería tener tu rechazo a no haberlo intentado nunca.

–Nunca te hubiera rechazado. Ni loco… –confesó Daryl, acercándole para darle un beso en los labios. –Gracias por lanzarte.


Daryl levantó la cabeza pensando en ese momento, percatándose de que ella había tenido razón. Si no se hubiera lanzado a darle un beso, probablemente nunca hubieran estado juntos. Y entonces se percató que estaban ante otra oportunidad, que probablemente sería la última que tendrían en toda su vida. En esta ocasión Carol no daría el primer paso, porque él estaba a punto de casarse y ella no iba a interponerse. Lo sabía. Así que él debía tomar una decisión:

Casarse con Sheila y olvidar a Carol, aunque la amara.

O anular la boda e intentar volver con Carol.

Y en ese momento la respuesta apareció en su mente con tal claridad que no dudó ni un segundo de cuál era su decisión... Podía salir todo mal, pero ahora no era el momento de dudar. Quizá ella le rechace, quizá estaba enamorada de Robbie y no quiere intentarlo…

Había muchos 'quizás' pero nunca lo sabría si no lo intentaba. Dejando a un lado las inseguridades, los miedos y la culpabilidad se levantó del asiento, en dirección a casa de Carol con una sola idea en la cabeza.

Ahora o nunca.