Paralizada, Carol miraba incrédula a Daryl, quien permanecía de pie, inquieto y nervioso, esperando una respuesta de ella. Pero Carol estaba en shock. Daryl había verbalizado sus sentimientos anteriormente, pero era la primera vez que lo hacía con tanta contundencia. Además, ella no esperaba esta declaración.

A cada segundo que pasaba sin una respuesta, Daryl se ponía más nervioso. Ella parecía noqueada y completamente sorprendida de la declaración que le había hecho. El ambiente se fue tornando más denso mientras ambos se miraban con intensidad.

Finalmente, tras unos segundos, pero que fueron como una eternidad para Daryl, ella pestañeó y balbuceó antes de empezar hablar.

–Daryl… yo… ¿Estás completamente seguro de esto? –Habló Carol. Aunque no era la respuesta que Daryl esperaba. El hombre frunció el ceño confundido. –Quiero decir, ¿Qué va a pasar con la boda y con Sheila?

–No hay boda. –Soltó Daryl. A pesar de que no había hablado con Sheila aun, de eso estaba completamente seguro. No iba a casarse, pasara lo que pasara–. No voy a casarme con Sheila.

Carol abrió la boca sorprendida, mientras intentaba aclarar sus propias ideas.

–Pero… ¿Pero estás seguro? –Volvió a preguntar.

Carol intentaba asegurarse de que Daryl no estaba teniendo dudas por la boda o por su casi beso. Sin embargo, esa insistencia de Carol, hizo que Daryl se sintiera rechazado, mientras su corazón se rompía en mil pedazos.

¡No me quiere!

Daryl no podía con la humillación y el dolor que sentía en ese momento, necesitaba huir de ahí. Sorprendiendo a Carol, éste empezó a caminar hacia la puerta con la clara intención de salir de su casa. La mujer quien intuyó lo que estaba pasando, corrió para interponerse entre la puerta y él, impidiéndole salir.

–Por favor, déjame… –susurró él, al verse retenido.

–Hey, Daryl, –le dijo con voz suave, mientras intentaba conectar con sus ojos para poder hablar con él. Daryl le escuchó pero no podía mirarle. Le dolía tanto. –Daryl, mírame… por favor.

Cuando él le hizo caso, ella sintió como todo su mundo se desmoronaba. Daryl había intentado esconder las lágrimas pero ya era imposible. La amaba tanto. Las lágrimas aparecieron en sus pequeños ojos, y él no se sorprendió ya que había intentado retenerlas durante tanto tiempo. Se enjuagó el agua salada que empezó a gotear por sus mejillas.

– ¡Oh dios mío, Daryl! –Conmovida, Carol se adelantó hacia él, mientras ella intentaba retener sus propias lágrimas.

Llorar delante de Carol no era nada nuevo, pero nunca se había sentido tan débil y patético.

–Hablemos, por favor, Daryl… No te vayas. –Dijo la mujer, con la voz quebrada, e inevitablemente, las lágrimas se precipitaron por las mejillas de Carol.

– ¿Para qué? –Su respuesta fue más dura de lo que él quería pero la idea de que ella no le quisiera le había lastimado tanto que no podía evitarlo. –No hace falta que digas nada… lo has dejado muy claro.

–No, Daryl… Es solo que no… no me esperaba esto. Pero por favor, hablemos. No puedes irte así. –Daryl levantó la mirada intentando calmar sus lágrimas y sus sentimientos, aunque estaban desbordados.

– ¿Entonces porque… me preguntas por la boda y Sheila?

–Porque quiero que estés completamente seguro… no quiero que de aquí tres o cuatro meses te levantes arrepentido por haber anulado la boda con Sheila.

– De lo que me voy a arrepentir toda mi puta vida es de no volver a intentarlo contigo… – Tantas emociones inundó en el cuerpo de Carol que se estaba ahogando en ellos.

Daryl vio como Carol le miraba indecisa y confusa. Y él hizo un paso hacia atrás como si se hubiera percatado de eso.

–Tú no me quieres. –Dijo Daryl en voz alta, verbalizando lo que pensaba.

–No, Daryl, yo… –Sin dejarle hablar, Daryl le interrumpió.

– ¿Es por Robbie? ¿Estás… enamorada de… él? –preguntó temiendo la respuesta. Carol le miro y negó con la cabeza.

–No. Él no significa nada para mí… Mi relación con él no tiene futuro.

– ¿Entonces… tu no me quieres?

–Yo solo creo que… quizá… La boda está cerca y quizá nuestro casi beso te confundió y… –El rostro de Daryl cada vez iba mostrándose más triste–. Yo solo intento hacer las cosas bien, echarme a un lado y que seas feliz con Sheila.

– ¿Pero tienes alguna jodida idea de lo que me hace feliz? –Espetó Daryl con voz dura–. ¿Cómo sabes que Sheila me hace feliz?

–No lo sé Daryl… pero puedo entender que estés confundido… Nuestra relación fue muy intensa, importante… y bonita. –Su corazón se apretó al recordar algunos momentos de su historia de amor–. Y además soy la madre de tu hija… puedo entender que aún sientas algo por mí. Lo entiendo. Pero quizá sólo estás confundido. –Intentó decir mientras él negaba con la cabeza, totalmente exasperado.

–No me estás escuchando. No estoy confundido. No lo estoy. Es la primera vez en mi penosa vida que sé lo que quiero. Te quiero. Quiero estar contigo toda mi vida. Contigo y Sophia. –Soltó con vehemencia, pero al ver aún las dudas en el rostro de Carol, Daryl se adelantó hacia ella y susurró–. Le pedí matrimonio a Sheila porque pensé que era la mejor manera de olvidarte. Me he estado engañando durante mucho tiempo… –Carol se llevó las manos a su pelo sorprendida por esa confesión, que complicaba mucho más las cosas–. Sé que no quiero casarme con ella. No estoy confundido. –Repitió. –Estoy jodidamente enamorado de ti.

Carol sentía la contundencia de sus palabras e hiperventiló ante éstas mientras intentaba procesarlas.

– ¡Oh! –Exclamó Carol sorprendida.

Daryl observó a la mujer que tenía enfrente intentando leer en su expresión cuales eran sus sentimientos, pero solo podía ver la sorpresa y la incredulidad en su rostro. Pero él necesitaba una respuesta por parte de ella. Necesitaba saber cuál era su pensamiento al respecto de todo esto. Ella seguía de pie, observándole. Y una vez más su interior se removió al entender que quizá se estaba equivocando y que era una mala idea.

Agotado emocionalmente, Daryl cerró los ojos queriendo saber la verdad. Necesitaba saber que era lo que sentía ella.

–Por favor, puedes responderme… –Suplicó dejando a la vista su parte más vulnerable–. ¿Qué sientes por mí? Dime la verdad. La necesito… –Su voz se quebró, mientras él buscaba la respuesta en esos ojos azules que estaban empañados de lágrimas–. Si no me quieres… lo entenderé y… –Vio como Daryl tragó saliva–, y si es necesario, me apartaré y no volverás a saber nada de mí, a excepción de todo lo relacionado con Sophia… –Dijo Daryl con un toque de desesperación. Carol vio mucho dolor en sus ojos. Estaba sufriendo por verle sufrir.

–Esto me está matando… –Concluyó Daryl reteniendo el llanto.

Las lágrimas volvieron a rodar por las mejillas de Carol, ante las palabras y el sufrimiento de Daryl. Carol era consciente de cuáles eran sus sentimientos por Daryl, ella le amaba. Pero también se había percatado durante su declaración que tenía pavor a sufrir de nuevo. Aun así ella no pudo mentirle, necesitaba decirle la verdad.

Carol levantó la mirada y le observó a esos ojos desesperados que querían una respuesta. Un par de lágrimas cayeron por sus mejillas y se las limpió, antes de agarrar un poco de aire y empezar a hablar.

–Creo que nunca he dejado de amarte, Daryl. Pero… –Sus palabras reforzaron el atisbo de esperanza que había en el interior de Daryl–. Pero ya tuvimos nuestra oportunidad hace años… No estoy segura de que…

–No… no digas eso. Por favor…

–Si vuelve a salir mal… yo… –Carol suspiró llena de dolor recordando sus otras dos rupturas.

Habían sido tremendamente dolorosas y si volvía a haber una tercera, ella sabía que iba a sufrir mucho más. La presencia de Sophia complicaba mucho la situación, ya que esto implicaba que no importaba lo que ocurriera entre ambos, iban a estar unidos de por vida. Y no estaba segura de poder superar una nueva ruptura. Sabía que si volvían a estar juntos por una vez más todo iba a ser diferente. No eran unos críos y no tenían ningún tipo de impedimentos para estar juntos. Ella sabía que ahora todo sería diferente, pero el miedo a volver a sufrir de nuevo le estaba impidiendo volver con Daryl.

Pero Daryl parecía no sopesar las consecuencias, él estaba dispuesto a intentarlo una vez más. El hombre se adelantó, quedando a escasos centímetros de ella, y prácticamente le miraba con ojos esperanzados.

–Intentémoslo, solo una vez más… no tendremos a nadie que nos impida estar juntos. Ni tus padres, ni Ed, ni Sheila… Como debió ser desde el principio. Es nuestra oportunidad.

–Yo… es que…

–Mira… yo tampoco sé si saldrá bien o no… No tengo ni puñetera idea, pero sé que si no lo intentamos ahora… puede ser nuestra última oportunidad. Te quiero. Y no porque seas la madre de mi hija, sé que aunque Sophia no estuviera, esto hubiera ocurrido igual. ¡Lo sé!

Carol le miró con los ojos llenos de lágrimas, mientras intentaba aguantar el llanto, pero rompió a llorar. Confundido por su reacción, Daryl se adelantó hacia ella y entonces Carol volvió a hablar.

–Me rindo, Daryl… yo he intentado hacer las cosas bien, hacerme a la idea de que solo éramos amigos con una hija en común. He intentado separarme de ti para que fueses feliz con Sheila. Te juro que lo único que quiero es tu felicidad y si tu… eras o eres feliz con ella… yo…

–Pero tú eres la única que me hace feliz. –Intervino Daryl. –Tú y Sophia. –Carol se limpió las lágrimas ante las palabras de él.

–Pero no sé si funcionara. –Siguió hablando ante la expectante mirada de Daryl–. Nos hemos hecho mucho daño mutuamente durante todos estos años. Y no tenemos 17 años, quizá no sea tan fácil como creemos–. Daryl negó ante sus palabras.

–Nunca lo ha sido... –respondió él. Carol asintió finalmente y tras un suspiro, siguió hablando.

– Pero… tienes razón. Es posiblemente la última oportunidad que tenemos. Y… yo tampoco quiero perderla.

Las lágrimas se desbordaron por las mejillas, mientras empezaba a hiperventilar.

–Quiero intentarlo de nuevo.

Daryl se acercó más a ella, y tomó una de las manos temblorosas de Carol entre las suyas. En ese instante la química, surgió de nuevo. Con un sollozo agudo que estalló en el pecho, Carol se tambaleó hacia delante, y echó los brazos alrededor del cuello de Daryl.

Apretó su cara contra su cuello, mientras ambos sollozaban.

–Te amo. –Susurró Carol contra su oreja.

Daryl le apretó más a su alrededor y la abrazó con fuerza. Durante mucho tiempo, se quedaron abrazados, disfrutando de ese momento, al mismo tiempo que ambos procesaban lo que acababa de suceder.

Daryl se separó lo suficiente para mirarle, mientras su mano recorrió su espalda con movimientos suaves en una tierna caricia. Los latidos del corazón latían contra el suyo mientras centraban sus ojos hermosos en los suyos. Él deslizó su mano derecha por el rostro de la mujer en una tierna caricia, y se inclinó para juntar sus labios contra los suyos, gimiendo suavemente contra el dulce sabor de éstos.

La otra mano que reposaba contra la espalda baja de ella, tiró con más fuerza mientras sus bocas se separaron al unísono y sus lenguas se encontraron finalmente. El gemido de Carol en la boca de Daryl, le hizo llegar a la locura. Deslizó su lengua profunda dentro de su boca, en un beso sensual, lento y lleno de afecto.

El tiempo se detuvo entre ellos, mientras seguían apoyados contra la pared justo al lado de la puerta, y hacían pequeños gemidos mientras las lenguas se arremolinaban entre sí.

Había pasado tanto tiempo desde el último beso, que lo último que quería era separarse de ella. Sin embargo, un toque de cordura apareció en la mente de Daryl al percatarse de que no podía hacer las cosas así. Él aún estaba comprometido con Sheila, y Carol aún estaba con Robbie. Debían hacer las cosas bien.

Con una fuerza sobre humana, Daryl se separó de ella. Jadeantes, ambos se miraron entre sí, conscientes del indudable deseo y química que aún flotaba entre ellos. Sí él no se hubiera separado, ambos sabían cual habría sido el resultado. Pero él no quería serle infiel a Sheila. Nunca se lo podría perdonar si lo hacía.

Daryl centró su mirada en los ojos color cielo de Carol que le observaban llena de deseo y afecto. Inconscientemente, él alzó su mano pasando el pulgar sobre el labio inferior de Carol, y suspiró reteniendo el deseo de volver a besarla.

–Hey, –susurró a centímetros de su cara. Carol pedía secretamente que le besara otra vez, pero en vez de eso, Daryl acercó su cara a su mejilla. –Debemos hacer las cosas bien. –Susurró mirándole de nuevo a sus ojos. Carol asintió completamente de acuerdo con él.

–Lo sé… Debes… –Empezó a decir, pero no encontraba la frase exacta.

Sip, debo ir a hablar con Sheila. –Carol sintió como él le apretó en su abrazo, mientras el pecho se apretaba de la culpa y del pánico. Suspiró fuertemente ante la situación tan difícil que iba a vivir.

Carol asintió sintiendo una pena enorme por Sheila, quien ahora mismo desconocía todo lo que le venía encima. Y entonces, ella recordó que debía hacer lo propio con Robbie, aunque ella sabía que esa relación estaba sentenciada desde hace tiempo, pero la declaración de Daryl había precipitado el final.

–Yo llamaré a Robbie para quedar con él mañana. Cuánto antes mejor. –Daryl asintió y mostró una leve sonrisa.

–Yo no sé cuándo… –dijo indeciso sobre cuando iba a poder volver.

De hecho, estaba dudando si era una buena idea decirle que volvería aquella noche. Pero Carol entendió sus palabras y habló.

–No importa, estaré despierta. –Le aseguró la mujer dándole a entender que ella le esperaría. Carol estaba segura que no iba a poder dormir hasta que él estuviera de vuelta.

Daryl agradeció sus palabras, ya que él no tenía un hogar al que volver. A pesar de que siempre podía ir con Merle, nunca era una buena opción, prefería mil veces dormir en su furgoneta que en su antigua casa.

Daryl se giró hacia la puerta, agarró la maneta para abrirla y en ese momento, él giró el rostro para mirarle. Carol le observaba atentamente, mientras cruzaba los brazos contra su cuerpo, y con esos hermosos ojos llenos de afecto, pero a la misma vez de preocupación.

Para sorpresa de Carol, vio como Daryl caminó de vuelta hacia ella con contundencia, enmarcó su rostro y le dio un suave beso en la frente. Su cuerpo tembló por ese hermoso gesto y Carol se apoyó contra él, cerrando los ojos y disfrutando de la caricia de sus labios contra su frente.

–Hasta ahora. –Susurró fijándose en sus hermosos ojos, antes de marcharse de casa.


Nervioso, Daryl se adentró en casa de Sheila. Se sorprendió al encontrarse las luces apagadas, pues estaba seguro que aquel día, ella no tenía ningún concierto. Las encendió y se fue hacia la nevera donde había un gran calendario. Allí solían apuntar todos los eventos importantes, como todos los conciertos que Sheila solía tener. La culpabilidad le golpeó fuertemente al ver el día 25 de mayo marcado como 'el día de la boda'. Intentando obviar ese sentimiento, Daryl buscó el día en el que estaban. Como recordaba, Sheila no tenía ningún concierto.

En ese instante, Daryl escuchó como alguien se movía en la habitación que durante más de dos años habían compartido, y seguidamente la luz se encendió. Sin saber qué hacer, Daryl se quedó quieto al ver a Sheila aparecer en el salón con su rostro desencajado y sus ojos rojos, señal que había estado llorando por un largo tiempo.

Daryl sintió la culpabilidad clavarse aún más en su interior.

– ¿Daryl? Al fin, ¿Dónde te habías metido? Me has asustado –Murmuró la mujer. Sin embargo, a diferencia de lo que él esperaba, Sheila no le abrazó ni se acercó a él.

Lo sabe.

–Lo siento. –Es lo único que pudo decir.

Su disculpa hizo que en el interior de Sheila empezaran a reafirmarse todas sus sospechas que llevaba meditando toda la tarde.

–N-necesitamos hablar. –Titubeó el hombre.

Sheila cerró los ojos dejando caer las lágrimas, y Daryl aún se sintió peor.

–Dime de una vez que está pasando, por favor. –Dijo Sheila–. Llevas semanas evitándome, apenas me miras, o me tocas. Y lejos de parecer contento por la boda, pareces un alma en pena. Y ahora desapareces un día entero sin decirme dónde estabas.

Daryl suspiró ante sus palabras, sabiendo que todo lo que había dicho era verdad. Desde que Carol y él casi se besan en el hospital, Daryl no podía mirar a Sheila a los ojos, ni siquiera podía darle un beso o hacer el amor con ella. La había evitado día tras día. Era un idiota si pensaba que ella no se daría cuenta de que algo estaba sucediendo.

El hombre desvió la mirada, cogió algo de aire y habló.

–No quiero casarme contigo. –Soltó con valentía, a sabiendas de lo dolorosas que eran esas palabras para ella.

Sheila aspiró llena de dolor y se sentó en el sofá escondiendo su rostro entre sus manos. Daryl permaneció de pie, escuchando los llantos de Sheila sin saber qué hacer ni qué decir, mientras no podía evitar sentirse como una auténtica escoria. Tras eternos segundos, él se atrevió a disculparse:

–Lo siento. Lo siento mucho… –Susurró el hombre. Sus palabras hicieron reaccionar a la mujer quien negó con la cabeza, apartó sus manos de su cara y limpiándose las lágrimas se acercó a él.

–Es por Carol, ¿verdad? –Preguntó llena de rabia. –Dímelo, necesito saberlo.

Daryl intentó buscar palabras para que éstas no le lastimaran tanto, pero no encontró nada que pudiera mitigar la rabia. Sheila cerró los ojos dejando rodar las lágrimas por su rostro.

–Lo sabía, te juro que lo sabía… He sido una imbécil… Me convencí de que lo vuestro… era por Sophia… pero… por la forma en que… que le miras… tú nunca me has mirado como la miras a ella... Nunca… –Ahogó un llanto, tapándose su boca con su mano–. Y mientras yo… confiando en ti y en ella… mientras follabais a mi espalda… –Ante sus palabras, él tuvo que hablar.

–No. Eso nunca ha ocurrido. –Masculló él.

–¿Ah, no? ¿Y dónde has pasado la noche? –Preguntó llena de furia.

–En mi furgoneta… Yo solo…Necesitaba pensar. –Sheila que estaba dominada por la rabia, entrecerró los ojos, sin llegar a creérselo.

–Sois unos mentirosos. ¿Os lo pasabais bien a mi costa?

–¡No! Es la verdad… Mira, nunca quise hacerte daño, pero… te puedo asegurar que no te he sido infiel. –Ella seguía sin creerle y negaba con la cabeza.

Daryl bajó la mirada avergonzado, sin saber que decirle para que ella le creyera. Aun así, el seguía sintiéndose como la peor persona del mundo, Daryl suspiró ampliamente, entre una mezcla de dolor por lastimar a esa mujer que lo había dado todo por él y el alivio de que no debía ocultar nunca más sus verdaderos sentimientos.

–Lo siento… lo siento de verdad… créeme nunca quise hacerte daño…

–Lo has hecho. Dime una cosa, ¿alguna vez quisiste casarte conmigo?

Daryl abrió sus labios para hablar, pero sabía que aquella respuesta era la más dolorosa de todas. Él no se atrevía a responder, y Sheila leyó la respuesta en su silencio, se limpió las lágrimas de los ojos.

–Coge tus cosas y vete de mi casa. –Daryl asintió, entendiendo su petición.

Daryl evitó la mirada de la mujer que intentaba esconder su evidente dolor, mientras él caminó hacia la habitación de matrimonio. Abrió el armario agarró su mochila y guardó en él la poca ropa que poseía. Al volver al comedor, visualizó la habitación de Sophia. Se adentró en ella y agarró la ropa de la pequeña y sus juguetes. Con la mochila contra su espalda, atravesó el comedor sin ni siquiera mirar a la mujer debido a la vergüenza que sentía.

–Yo… lo siento… –Quería decirle muchas cosas; pues realmente le tenía afecto, pero no sabía si sus palabras podían ser más dolorosas de lo que ya eran.


Carol veía pasar los minutos totalmente absorta. No podía creer lo que acababa de pasar. Daryl le acababa de confesar sus sentimientos y se empeñaba en que volvieran juntos. Había puesto resistencia durante algunos minutos pero finalmente no había podido evitar dejar fluir esos sentimientos.

Daryl había ido a hablar con Sheila y a dar por finalizada su relación.

Pero lejos de sentirse aliviada y contenta, sentía un nudo en el pecho. No podía evitar sentirse mal por Sheila. Ella había sido su amiga y ahora, su relación con ella se iba a ver rota por esto. No podía negar que le lastimaba esta situación. Carol miró de nuevo su celular pero nadie le había escrito. Esperaba un mensaje de enojo de Sheila. Unas palabras de ella. Algo que le dijese que estaba pasando. La incertidumbre era lo peor de todo.

Intentó leer o ver una película, entretenerse con cualquier cosa, pero su mente no paraba de pensar en que estaría ocurriendo. Intercambió mensajes con Robbie para quedar al día siguiente para verse en la portería de su casa; y acabar su relación con él. Se cambió de ropa poniéndose su pijama, que consistía en una camisa negra larga que le llegaba por encima de las rodillas. Volvió a sentarse en el sofá mientras con una taza de café esperaba pacientemente a que Daryl volviera a casa.

A las 00:54 el timbre del portal sonó y Carol se levantó con rapidez para apretar al botón, abriéndole la puerta. Ni siquiera preguntó, pero sabía que solo podía ser Daryl, quien le había prometido que volvería.

La mujer abrió la puerta de su apartamento esperando a que el ascensor apareciera Daryl de su interior. Pareció una eternidad hasta que vio el ascensor pararse y la puerta se abrió.

Con su rostro desencajado y su mochila a su espalda, Daryl apareció en el rellano. Carol respira hondo al verle, mientras sus miradas se cruzan cuando él avanza hacia el interior de la casa. Cierra la puerta tras de él y vuelve a mirar sus ojos más detenidamente, hay atisbos de tristeza en ellos, pero también hay una parte de liberación. No debe imaginar lo que debe estar pasando. A pesar de que le ha asegurado de que no siente nada por ella, sabe que debe tenerle aprecio. Y sobre todo, se siente culpable.

No hubo palabras, él dejó caer la mochila contra el suelo, y entonces dio un par de pasos hacia ella rodeándole con sus brazos. Ella le respondió de inmediato, apretándole fuertemente hacia él, dejando caer su rostro contra su hombro.

Se estremeció al sentir los labios de Daryl contra su cuello, besando suavemente en la piel expuesta. El corazón de Carol latió con fuerza dejándose embriagar de esas sensaciones. Su abrazo era tan fuerte que parecía que le iba a romper. Finalmente, él tiró para atrás, secándose los ojos con los dedos y fue en ese instante que Carol se percató que estaba llorando.

Carol extendió la mano y suavemente acarició la mejilla. Ante su contacto, él exhaló y presionó su cara en su mano para demostrarle que esto era lo que quería. Ella sabía lo aliviado que estaba, pero al mismo tiempo sabía que también se sentía mal por haber destrozado a una mujer a la cual respetaba. Ella lo sabía y no quería ni imaginar cuan de dolor estaba pasando Sheila. Realmente tenía empatía hacia ella.

–Estoy contento de haber tomado esta decisión… pero… me hace sentir tan mal. –Susurró el hombre finalmente. –Nunca quise hacerle daño.

–Lo sé…

–Pero era lo que debía hacer. –Él centró la mirada en sus ojos.

Y le besa los labios, suavemente sin prisa. Carol se deja llevar por las sensaciones que está sintiendo. Ese beso dulce que sella su amor.

–Hey. –susurra él contra sus labios. Se echa para atrás para observarla atentamente. –Me muero por besarte de nuevo y hacerte el amor. –Levantó su mano y apartó sus rizos de sus ojos. Sintió que ella se estremeció, aunque no sabía si era por sus palabras o por el roce de sus dedos. Daryl miró sus labios con deseo, pero volvió a mirar a los ojos de la mujer. –Pero creo que no estaría bien… Necesito un poco de tiempo.

Carol entendía perfectamente la situación, y asintió ante sus palabras. Mostró una sonrisa comprensiva, a pesar de que ella también se moría de ganas por volver a estar con él en la intimidad. Sus palabras le hicieron estremecer mientras recordaba algunas de sus noches que habían compartido en el pasado, más concretamente en el hotel. Más allá del amor profundo que ambos se tenían, la atracción sexual era muy potente.

Pero ella iba a respetar su decisión e iba a esperar hasta que él estuviera bien.

–Lo sé. Lo entiendo… –susurró.

–Gracias. –La mirada de él volvió a sus labios y Carol sintió el deseo en su cuerpo–. Solo quiero… estar contigo… –Dijo mostrando su vulnerabilidad.

Tras varios minutos, se separaron. Daryl se duchó y se cambió de ropa, a una más deportiva. Carol le preguntó si quería comer algo, y él asintió, no recordaba la última vez que se había llevado algo a la boca. Así que sacó un poco de risotto que había sobrado del mediodía y Daryl lo devoró sin pensar.

A pesar de que el ambiente era extraño, a medida que iban pasando los minutos, ambos empezaron a relajarse. Conversaron sobre sus trabajos, Sophia e incluso sobre películas, y entonces, ambos se relajaron notablemente, tanto que aparecieron las sonrisas en el rostro de Daryl. Pero la tensión sexual entre ellos era tan palpable que la densa atmosfera de deseo ambientaba el apartamento de Carol.

Pequeños roces como el de sus dedos contra los de Daryl mientras cargaban el lavavajillas hacían que ambos sintieran una tensión indescriptible, pero lograron controlarse. Daryl podía ver el cansancio en el rostro de Carol, y él empezaba a sentir el suyo propio debido a la carga emocional de lo sucedido en aquel día, así que decidieron ir a dormir.

Carol no sabía cómo preguntarle si quería dormir con ella o por el contrario, prefería en la habitación de invitados, pero él se adelantó.

– ¿Puedo… puedo dormir contigo?

Ella solo asintió con una suave sonrisa, abriendo la puerta del gran dormitorio, adentrándose en ella. Daryl se quitó los pantalones dejándose los boxes, mientras Carol aprovechó para ir al baño. Levantaron las sábanas blancas y se acomodaron entre ellas. Cuando estaban estirados, Carol sintió como las manos de Daryl se aferraron a su cuerpo, abrazándola por detrás, sintiendo su cuerpo caliente contra su espalda. Él buscó su mano y la entrelazó con la suya.

Carol sintió un escalofrió cuando sintió sus labios en la curvatura de su mandíbula en un tierno y suave beso. Apretó su mano en respuesta y una sonrisa salió de su rostro. Poco a poco su respiración fue haciéndose más profunda, y pronto supo que él estaba en un profundo sueño.


Como era habitual en un domingo, Sophia se adentraba en la habitación de su madre. Incapaz de estar en la cama, la niña pretendía meterse entre las sábanas junto a Carol hasta que ésta se despertara. Cuando Carol escuchó el sonido de la puerta abrirse, se despertó enseguida. Aturdida debido al sueño, Carol se separó de Daryl con cuidado para no despertarlo y se levantó de la cama.

Sophia quien parecía sorprendida de ver a su padre en la cama junto a su madre, frunció el ceño.

–Buenos días, renacuaja–, le dijo Carol mientras la alzó en brazos, y le dio un beso en la mejilla, al mismo tiempo que entrecerró la puerta para que Daryl no se despertara con los ruidos que ella o su hija pudieran hacer.

– ¿Por qué papá ha dormido aquí? –Preguntó Sophia curiosa mientras se adentraban en el salón-comedor.

–Papá estará unos días con nosotras. –Respondió la mujer.

Lo cierto es que ni siquiera sabía si aquella afirmación era cierta o no. De hecho, era un asunto que no habían llegado a discutir aún, pero Carol intuía que Daryl se quedaría con ellas a partir de ahora, y ella estaba encantada con la idea.

– ¿Y Sheila vendrá también? –preguntó la pequeña mientras su madre la dejaba en el suelo, y ella misma se subió en la silla.

–Cariño… -Ante la mirada expectante de su hija, Carol tomó la decisión de contarle lo que estaba sucediendo-, papá y Sheila no se llevan bien y han decidido separarse.

–Oh… –Mostró la niña con pena en el rostro. -¿Y dónde dormirá papá?

-Dormirá con nosotras. ¿Te gusta eso? –Sophia asintió.

Satisfecha con las contestaciones de su madre, Sophia pidió si podía ver sus dibujos animados. Carol asintió y la acompañó al sofá. Sophia se acomodó en él, y esperó pacientemente a que su madre pusiera sus dibujos preferidos.

Aprovechó que su hija estaba entretenida para ir al baño. Vio bajo sus ojos las ojeras debido a lo poco que había dormido y se lavó la cara para intentar despejarse un poco. Desde allí pudo escuchar como Sophia tarareaba canciones y sonrió mirándose al espejo mientras se recogió el cabello en una gran coleta, dejando un mechón pelirrojo caer por su rostro.

Antes de volver al salón junto con Sophia, asomó su cabeza en la habitación y pudo ver a Daryl quien seguía profundamente dormido. Una sonrisa tonta apareció en su rostro, mientras regresaba al salón.

Carol volvió a la cocina donde se dispuso a preparar el desayuno de Sophia, ya que esperaría a que Daryl se levantara para desayunar con él, pero le dejaría descansar un poco antes, ya que suponía que estaba demasiado cansado.

Sin embargo, antes de ponerse a prepararlo fue en busca de su celular que reposaba en la mesita del comedor. Apretó el botón para desbloquear la pantalla y aparecieron varios mensajes; todos ellos de Andrea. Nada más abrirlos, vio una retahíla de mensajes de su amiga.

"La boda de Daryl y Sheila se ha anulado. Sabes algo?"

"Sheila no nos atiende las llamadas"

"Luque está muy preocupado, no sabemos nada de Sheila"

"Daryl tampoco responde"

"Sabes algo?"

El corazón de Carol se encogió al leer esos mensajes. Carol entendía que Sheila no quisiera hablar con nadie tras ese momento, y sabía que ella daría la cara más adelante, pero ahora era todo tan reciente que era lógico que ella quisiera su espacio.

Carol suspiró sin saber que responder a su amiga, ella sabía de primera mano lo que estaba ocurriendo. Finalmente tras meditar mucho, decidió que contestaría a su amiga más adelante. A su vez, Carol tenía la necesidad de hablar con Sheila, pero sabía que no era el mejor momento para hacerlo. Cuando encontrara el momento adecuado sabía que le enviaría un email.

Con esa idea en la cabeza, Carol empezó a preparar el bol con leche, cereales y fruta para su hija.


Quince minutos después, Daryl se despertaba con el sonido de los dibujos animados de fondo y una dulce risa acompañando a éstos. Pestañeó intentando adaptarse al ambiente en el que se encontraba. Su vista se fijó en la pintura con toques verdes y amarillos de un hermoso paisaje que estaba colgado en el dormitorio de Carol.

De pronto, la paz momentánea de su dulce despertar fue substituida por la culpa y el dolor, cuando el recuerdo de la noche anterior apareció de golpe.

La ruptura con Sheila. Su declaración a Carol. Todo ello apareció en su mente como si de una película se tratase.

Sentía que su cuerpo estaba dividido en dos: una parte de él sentía la culpa por despertar en la cama de otra mujer, justo después de acabar una relación duradera. Pero otra parte de él, –la que prácticamente le invadía todo su ser–, se sentía alegre y feliz de estar junto a Carol.

El aroma de pan tostado y el café invadió su olfato. Daryl se puso sus pantalones y una camisa, fue al baño para asearse y fue al reencuentro de las mujeres. Carol quien aún vestía su camisa larga por mitad de los muslos, se inclinaba hacía uno de los estantes para agarrar el bol de plástico para Sophia.

Su hija se acomodaba en el sofá mirando la televisión totalmente embobada, sin percatarse de la presencia de su padre. Daryl caminó a pasos lentos por el apartamento y nada más sentir su presencia, Carol levantó la vista hacia él.

–Buenos días, –le dijo ella con una afectuosa sonrisa.

–Buenas, –respondió él correspondiéndole con una media sonrisa. Pasó por delante y fue hacia la pequeña para darle un beso en sus cabellos dorados. Al sentir su presencia, ella levantó la mirada y sonrió abiertamente.

–Papi, –reclamó la atención.

–Hola, pequeña. –Sonrió acariciando sus cabellos, antes de que ella siguiera viendo la televisión.

Daryl volvió hacia la cocina, donde Carol cortaba plátano, fresas y vertía un poco de leche en el bol para su pequeña. Al acercarse a ella, Carol sonrió abiertamente cuando él se apoyó contra la isla de la cocina observándole.

– ¿Cómo has dormido? –Preguntó Carol, pasando por su lado para dejar el bol en la mesa. –Soph, a desayunar. -Alegre y feliz, Sophia se deslizó por el sofá y se acercó a Carol. Daryl observó cómo Carol ayudó a la pequeña a sentarse en su silla y volvió a la cocina a acabar de preparar su desayuno.

–Bastante bien, pero todo se ve tan raro… -Daryl agarró las tostadas y las dejó en la mesa, mientras Carol hacia lo mismo con el café de ambos.

–Lógico. –Respondió ella mientras se sentaba y Daryl la imitó sentándose enfrente de Sophia, quien seguía pendiente de los dibujos.

-¿Cómo has dormido tú? Pareces cansada. –Susurró Daryl, mientras llevó el mechón rebelde por detrás de su oreja. Carol se estremeció ante su contacto.

-Lo estoy. Pero Sophia se ha vuelto a despertar pronto… -dijo la mujer y él sonrió al saber que significaba eso.

Daryl se llevó el café a la boca, mientras notó que el rostro de Carol se entristeció.

– ¿Qué pasa? –Preguntó él, dejando el café en la mesa.

–Andrea me ha escrito, dice que Sheila les ha dicho que se ha anulado la boda. Pero no saben nada más. Supongo que ella necesita estar sola hasta que lo asimile. –Dijo la mujer bajando la mirada. Daryl bajó la mirada lleno de culpabilidad. –He pensado en escribirle. –Anunció la mujer. –Aún no sé qué voy a decirle pero necesito hacerlo. ¿Te parece bien?

Daryl elevó las cejas, sin saber si era una buena idea.

–Sí, pero es posible que su respuesta no sea agradable… -le advirtió Daryl. Carol frunció el ceño sin comprender. Y él se dispuso a aclarar. –Ella piensa que le engañaba.

-Oh. –Exclamó la mujer, al darse cuenta de todo lo que eso implicaba.

Sabía que su relación de amistad estaba rota desde el momento en que ella aceptó volver con Daryl, pero esperaba al menos tener una conversación decente con ella. Ahora intuía que esto iba a ser imposible.

–Lo siento. –Se lamentó Daryl llevándose las manos a su rostro, sintiendo la culpa golpear fuertemente contra su pecho.

Carol llevó su mano por encima de la mesa hacia la suya.

– Daryl… –le llamó la mujer sintiéndose culpable por haber sacado el tema. El hombre le miró con los ojos llenos de culpabilidad–. Sabíamos que no iba a ser fácil, no voy a negar que esto también me lastima. Sheila era mi amiga y se ha comportado muy bien conmigo. Nunca quise hacerle daño y sé que tú tampoco… pero desgraciadamente, en estos temas, a veces es inevitable hacer daño. Es tan complicado.

– Me siento como una mierda… No quería lastimarle, pero… No la amo. Quizá al principio… Sé que es la mejor decisión que podía tomar. Lo sé… y no me arrepiento. Pero sé que es mi culpa por no dejar a Sheila cuando supe que no la quería… Nunca debí haberle pedido matrimonio. No quería arruinar tu amistad o hacerle daño.

–Lo sé…

Carol le miró, mientras él aún estaba cargado de culpabilidad. Ella le conocía tan bien, y sabía que ese sentimiento iba a ser algo muy difícil de superar. Daryl tenía tendencia a culparse por todo.

–Es tan complicado, Daryl. A veces sentimos que tenemos que estar con alguien por deber o porque nos han ayudado… Y muchas veces no existe amor… Pero piensa que si os hubierais casado, cuanto más tiempo hubiera sido peor para ambos.

–Quiero lo mejor para ella. Se merece alguien mejor que yo. –Dijo el hombre lleno de remordimientos.

–Lo superara, es una mujer fuerte e inteligente.

–Eso espero.

–Eres un buen hombre Daryl… –Se miraron entre si fijamente, solamente interrumpido por la música de los dibujos que su hija seguía mirando. Él negó con la cabeza. –Todos hemos tomado malas decisiones, y desgraciadamente, todos hemos hecho daño sin querer a otras personas. Pero sé que no querías lastimarla. –Él suspiró fuertemente.

A pesar de sus palabras, él no podía mitigar esa sensación de culpabilidad que le invadía, pero esperaba que con el tiempo, mientras compartía momentos junto a Carol y su hija, fueran desapareciendo.

Lo cierto es que todo eso era abrumador, y quizá demasiado rápido. De repente, estaba desayunando junto a Carol y su hija como si fueran una familia normal. La sensación era tan intensa que le estaba volviendo loco. Sabía que quería estar allí, pero había cambiado todo tan rápido.

Daryl cerró los ojos abrumado, y Carol se adelantó para cubrir su mano en la suya.

–¿Estás bien? –preguntó la mujer con preocupación.

Él dirigió una mirada a Carol quien se había inclinado hacia él mientras sus hermosos ojos azules le observaban.

Sin embargo, no pudo evitar fijarse en la parte superior de su camisa larga y que debido a su inclinación estaban dejando al descubierto parte de su escote. Rápidamente, Daryl desvió la mirada a su café tratando de no pensar en que había debajo de esa camisa.

Daryl se llevó la mano a su cara intentando poner en orden sus pensamientos, mientras se sentía mal por estar pensando en tener sexo con Carol.

–Daryl… –volvió a llamarlo, al levantar la mirada, pudo ver la preocupación en su rostro. -¿Estás bien?

–Sí… es solo que esta todo pasando tan rápido que…

–Yo estoy aquí para ti, para lo que necesites Daryl… y si necesitas algo de tiempo… yo… no quiero decir que te vayas… pero puedo entender que necesites estar solo para … pero yo… –Daryl la observó como la mujer tartamudeaba, algo muy impropio en ella.

Daryl pudo ver que las dudas estaban marcadas en el rostro de la hermosa mujer que tenía enfrente. Él se adelantó y agarró con firmeza sus manos.

–Hey… –le interrumpió, sosteniendo su mirada. –Quiero estar aquí, contigo y Sophia. –Sus palabras fueron tan contundentes que ella se tranquilizó. –Te aseguro que no hay otro lugar en el mundo donde quisiera estar ahora mismo.


Al terminar de desayunar, Daryl se armó de valor para encender el teléfono que había estado desconectado toda la noche. Nada más encenderlo, éste se volvió loco, al recibir más de una veintena de mensajes. Andrea, Luque, Merle, y sus compañeros de trabajo le habían escrito.

Sheila había enviado mensajes a todos los presentes de la boda anunciándoles que no se iba a producir pero sin especificar detalles. Aturdido, Daryl volvió a apagar el celular. No quería enfrentarse a esto.

–Papi, –su pequeña se acercaba a su lado reclamando su atención, –¿quieres hacer galletas con mamá y conmigo? –Daryl miró a Carol quien empezaba distribuir los ingredientes por toda la isla de la cocina.

Ella le sonrió con diversión y después miró a Sophia quien le miraba esperanzada.

– ¡Claro que sí! –Dijo mientras Sophia mostraba una gran sonrisa y hecho a correr para subirse al escalón para llegar a la encimera.

De pronto, Daryl se vio envuelto entre harina, azúcar moreno, huevos, mientras Carol y Sophia le iban guiando sobre que debía hacer. Daryl observaba como Sophia aprovechaba los despistes de su madre, para zamparse la masa de las galletas. Pero las manchas evidentes en las comisuras de sus labios le delataban.

Carol asintió, antes de mirar a su pequeña quien volvía a meter la mano en la masa para llevárselo a la boca.

–Soph, cielo, no comas más que sino no habrá masa para las galletas.

Daryl se rio, ante la cara de malestar de Sophia y entre ambos empezaron a moldear la masa de las galletas, ante la vigilante mirada de Carol. Levantó la mirada hacia la mujer quien medio sonreía, mientras su rostro estaba manchada de harina, sus cabellos despeinados y su mirada divertida.

–Hey, –llamó Daryl a Carol. La mujer le miró y se inclinó hacia él, –estás hermosa con la harina en la cara. –Dijo el hombre con diversión, mientras moldeaba un poco de masa entre sus manos. Ella entrecerró los ojos por sus palabras.

–Gracias, Pookie, – y sin que se lo esperara, Carol llevó sus manos con harina en su rostro, dejando un rastro de polvo blanco en sus mejillas. – A ti tampoco te sienta mal. –Dijo Carol mientras se reía al ver su rostro blanco.

Sophia se rio fuertemente al verle lleno de harina.

–Puf, muy graciosa –masculló él con diversión.

Ambos se miraron con una gran sonrisa en los labios, y entonces sus ojos se encontraron, y la diversión dio paso a la cómoda tensión. Sin importar que sus manos estuvieran llenas de harina, él apartó su mechón de pelo que en ese momento le tapaba su rostro, dejando un toque blanco en sus pelirrojos cabellos.

El corazón de Carol se aceleró cuando él le pasó su mano derecha por su mejilla, y acercó su rostro a la suya, juntando sus labios con los suyos. Fue un beso suave y lento saboreando ese momento.

–Te amo, –susurró Daryl contra sus labios, al mismo tiempo que presionaba su mano contra su mejilla siguiendo con el beso.

–Puaff, ¡qué asco! –escucharon de pronto, procedente de su hija.

Sophia, -quien había aprovechado que sus padres se untaban de harina el uno al otro, para meter los dedos en la masa de las galletas y chupárselos; levantó la vista y entonces los vio compartiendo un beso mientras sus rostros aún estaban llenos de harina.

Sorprendidos por el comentario, se separaron de su tierno beso mirando a Sophia quien ponía cara de asco. Sin poder evitarlo, Carol se echó a reír contagiando a Daryl, mientras siguieron dando forma a las galletas de chocolate.

–¿Por qué os dais besos en la boca? –Preguntó la pequeña curiosa.

Los adultos se miraron entre sí, buscando una respuesta a la pregunta, que últimamente se estaban convirtiendo en habituales.

–Pues… porque nos queremos mucho. –Respondió Carol, y miró a Daryl quien medio sonrió mirando a su hija, quien pareció contenta con la respuesta, ya que siguió moldeando la masa de las galletas.

Pero al ver como lo estaba haciendo su padre, rápidamente le regañó.

–Papá, ¡lo estás haciendo mal!–, corrigió la pequeña a su padre. Sorprendido por las palabras de ella, Daryl se quedó paralizado y miró a Carol buscando ayuda, pero ella solo se encogió de hombros y se rio. -¡Se hace así! –Dijo mientras le enseñaba como debía hacerlo.

–Vale, vale… –Respondió Daryl sorprendido por el temperamento de su hija. Daryl volvió a mirar a Carol y ambos compartieron una risa.

Con su rostro lleno de harina y aun con el sabor de los labios de Carol, Daryl supo que jamás se arrepentiría de su decisión.


Hola,

A pesar de que están de nuevo juntos, aún hay dudas e inseguridades de por medio. Incluso Daryl se siente culpable por hacer daño a Sheila, y esta culpabilidad le seguirá acechando en varias ocasiones. No debemos olvidar que Daryl es propenso a culpabilizarse, y sobre todo, el hecho de que por su culpa Sheila sufra, él no lo llevara bien.

Aun habrá momentos difíciles entre ellos dos, pero también muy bonitos.

En el próximo capítulo veremos la reacción de Andrea, Luque y Robbie ante la nueva pareja. E incluso veremos a Sheila. Espero que les haya gustado este nuevo capítulo y espero verles pronto.

Mil gracias,

San.