Sophia daba saltitos por el pasillo del supermercado por delante de Carol. La mujer miraba por encima del hombro vigilándola, mientras dejaba tres cartones de leche en el carro del supermercado. Al ver que la pequeña se separaba mucho de ella, la llamó. Sophia miró a su madre, se acercó al estante, dónde estaba el chocolate y agarró su favorito.

Con el dulce en la mano, la niña fue en dirección a su madre con su obsequio en la mano. Carol sonrió y se lo quitó de las manos para dejarlo en el carro con los demás alimentos. Contenta por haber conseguido su objetivo, Sophia salió corriendo hacia el final del pasillo y giró a la derecha. Carol volvió a llamarla, para que volviera junto a ella, pero cuando desapareció de su vista, Carol caminó con rapidez.

Al adentrarse en el siguiente pasillo la encontró en mitad de éste hablando con un hombre, quien conocía a la perfección: Robbie. Presa del pánico, Carol soltó el carro de la compra, corrió hacia Sophia y la agarró en brazos.

Robbie se irguió mirando a la mujer quien ya mostraba pavor en sus ojos. Carol pudo ver como una pareja que pasaba por el lado les miró confundidos. El hombre mostró una sonrisa que no fue nada tranquilizadora.

–¿Qué haces aquí, Robbie? –Preguntó Carol. –¿Estás siguiéndome?

–Estoy comprando, y esta linda niña se acercó a mí, ¿verdad? –Intentó acariciar la mejilla de Sophia pero Carol se apartó para que no le tocara.

–No te acerques a ella, Robbie. Ni a ella ni a mí. Acepta de una puta vez que no hay nada entre nosotros. –El hombre inspiró, al mismo tiempo que su rostro se tensó.

–Me mentiste. Estás tirándote a tu ex. –Carol no quería seguir con esta conversación.

–No es de tu incumbencia. Nuestra relación no significó nada para mí. –Dijo ella, mientras se giraba sobre sí misma, no sin antes amenazarle. –Déjame en paz, Robbie o te denunciaré por acoso.


Daryl se limpiaba las manos llenas de grasa con el pañuelo lila que solía guardar en su bolsillo trasero. Admiró la moto, viendo el gran trabajo que había hecho con ella y mostró una media sonrisa orgullosa.

–Daryl, –escuchó la voz de Brian que le llamaba–, alguien pregunta por ti.

Daryl frunció el ceño, dirigiendo la mirada hacia el reloj que estaba colgado en la pared. Eran las 13:24, casi era la hora de salir del trabajo. Esperaba que no se tratara de un cliente insatisfecho, lo último que quería era tener que lidiar con el enfado de un cliente. Volvió a guardar el pañuelo en su bolsillo y se encaminó afuera.

Daryl suspiró al reconocer al hombre trajeado que esperaba a las afueras del taller. Se trataba de Luque, el primo de Sheila y novio de Andrea. Negó con la cabeza pues no quería entablar conversación con él. Sin embargo, Daryl caminó hacia él.

–¿Qué quieres? –Preguntó Daryl.

–Qué poca vergüenza tienes.

–¿A qué has venido? –preguntó de nuevo, ignorando su comentario. Luque le miró con desprecio.

–Sheila está muy mal. Y todo por tu culpa. –Daryl bajó la mirada mientras sentía la culpabilidad acechar su cuerpo–, nunca confié en ti… pero mi prima confía en la gente y es demasiado inocente. Y siempre hay personas tan hijos de puta como tú que se dedican a aprovecharse de ella. –Daryl apretó los puños intentando contenerse, pues aunque le enojaba cómo se estaba dirigiendo a él podía comprender su ira. Él se mantuvo callado–. ¿Sabes lo que más me molesta? Que he tenido que defender a la zorra de tu novia de su marido para que des…

–No te atrevas a insultar a Carol. –Soltó conteniéndose. Luque sonrió ya que había conseguido su objetivo: hacer enojar a Daryl. Él levantó la barbilla orgulloso.

–¡Vamos, hazlo! Pégame, sé que lo estás deseando. –Le provocó él. Daryl negó con la cabeza, él no iba a entrar en ese juego.

–No tienes derecho a venir aquí y decirme nada. Lo que haya sucedido es entre Sheila y yo. No tengo nada más que decirte.

Y entonces, Daryl se giró dando por finalizada esa conversación que él no le encontraba sentido. Pero al girarse, notó que le tocaba el hombro, se giró y recibió un puñetazo en la mandíbula. Daryl retrocedió varios pasos para atrás debido al golpe. Sintió la furia reunirse en su cuerpo y tuvo el impulso de responder a su golpe, pero no le dio tiempo porque varios de sus compañeros del taller mecánico se interpusieron para evitar que Luque siguiera pegándole.

–¡Fuera de aquí! –Gritó Brian echando a Luque.

Instintivamente, Daryl se llevó la mano al labio y notó la sangre brotar de él, mientras mantenía la mirada fija en Luque quien se montaba en su coche y desaparecía.

–¿Estás bien, Daryl? –Preguntó otro compañero. Daryl levantó la mirada y asintió.

–Sip, me voy a casa. –Se separó de ellos, y sin ni siquiera limpiarse su rostro emprendió camino, mientras sus compañeros se miraron entre sí intentando comprender lo que había pasado.


Carol había pasado gran parte de la mañana nerviosa, debido a su encuentro con Robbie. Una vez más se había intentado convencer de que todo era cuestión de tiempo, y que Robbie acabaría aceptando que se había acabado. Pero cada vez que pensaba en que había conocido a su hija, su estómago se removía de miedo.

Carol suspiró intentando tranquilizarse, no quería tener que denunciar a Robbie. Esperaba que esta fuera la última vez que él le siguiera.

A su vez, estaba pensando en cambiar de trabajo, porque odiaba tener que cruzarse con él a cada rato. Pero cada vez que lo pensaba se convencía a sí misma en esperar hasta septiembre, ya que Sophia empezaba la escuela, y Carol trabajaría por las mañanas, y de esa forma, podría estar con ella por las tardes. Así que cuando eso ocurriera, Robbie y ella ya no trabajarían en el mismo turno.

Solo debía esperar unos meses.

Carol cerró los ojos, agarrando fuerzas, deseando que toda esta situación se tranquilizara. Pensó en contarle todo lo sucedido a Daryl pero, sabía que él ya tenía suficiente con todo lo de Sheila. Así que, una vez más decidió no comentarle nada.

Aquella mañana antes de irse a trabajar, Daryl había estado algo más distante de lo normal. Carol entendía que al acercarse la fecha en la que estaba destinado a casarse él se sintiera más culpable.

Sophia tarareaba una canción infantil "5 monkeys jumping on the bed" mientras comía pescado y ensalada.

Carol la observó atentamente, y de repente, se le ocurrió irse fuera de la ciudad ese fin de semana. Con una media sonrisa, la mujer agarró el portátil, lo puso en la mesa y empezó a buscar casas rurales en el estado de Georgia. Buscó en infinidad de páginas webs, alguna casa que además de que estuviera disponible para ese fin de semana, el precio fuera razonable. Llamó a unas cuántas para informarse, pero finalmente encontró una que le encantó.

Llamó, y le confirmaron que estaba disponible. Nada más colgar el teléfono, escuchó las llaves abrir la puerta, señal que Daryl acababa de llegar. Y Carol estaba ansiosa por contarle la idea que había tenido.

–Pookie, he tenido una idea, –anunció Carol con alegría, cuando él ni siquiera había cerrado la puerta. Pero cuando Carol centró la mirada en su rostro serio, y se percata de la sangre en el labio, la sonrisa desaparece.

-¡Hola papi! –Saludó su hija. Daryl se acercó a ella y le removió los cabellos dorados.

–¡Oh dios mío, Daryl! ¿Qué te ha pasado?

Al acercarse a él, Carol evaluó sus heridas tocándole la barbilla.

–Luque. Me ha hecho una visita. –Susurró él.

–¿Qué? –Pregunta Carol, negando con la cabeza, incrédula–. Ven, vamos a curarte. –Intenta tirar de él para llevarle al baño y limpiarle la sangre. Pero él le rechazó.

–Estoy bien, además me lo merezco. –Contestó Daryl.

–No digas eso. –Carol estaba molesta por sus palabras.

–Me ha dicho que Sheila está mal.

Carol le miró sabiendo la culpabilidad que él estaba soportando en su interior. Ella se acercó a él, y pasó sus brazos por su cuello y le abrazó. Daryl apoyó su barbilla en su hombro y desde allí se fijó en el portátil y la página web. Él se separó y le preguntó.

–¿Qué estás mirando?

–He pensado que este fin de semana podríamos irnos a una casa rural, está bien de precio. Nos vendrá bien salir de la ciudad. –Dijo haciendo una clara referencia a la boda. Daryl medio sonrió aunque sintió el dolor en su labio. –¿Qué piensas?

–Me encantaría, –susurró él. Carol sonrió ante sus palabras.

–Échale un vistazo, tiene muy buenas críticas. –Sugirió Carol, él se separó de ella y se sentó en la silla admirando las fotos del lugar.

–Me gusta. –Admitió él, Carol le abrazó por los hombros mientras sonreía y entonces, le besó en la mejilla. -¡Soph, nos vamos de fin de semana al bosque!

-¡Bien! –Gritó la pequeña–. Quiero hacer una cabaña. –Daryl miró a Carol, quien aún estaba abrazándole por los hombros, mientras se reía.

–Sip, eso será interesante. – Dijo ella con una sonrisa. Giró el rostro para mirar a Daryl, y pudo ver como la sangre se secaba en el labio. Él tuvo la intención de besarle en los labios, pero Carol se separó. –Nope, nada de besos hasta que te cure eso. Ven.

Daryl elevó los ojos al cielo pero se dejó guiar hasta el baño, donde bajó la tapa del váter, se sentó mientras Carol le curaba la pequeña herida. Cuando terminó, Daryl tiró de sus caderas para sentarla en su regazo.

-¿Ahora puedo besarte? –Daryl acarició su mejilla, suplicándole.

-¿No te haré daño? –preguntó ella apartando sus cabellos de sus ojos.

-Nah, -Daryl juntó sus labios contra los suyos y la besó suavemente.


Carol estaba deseando que llegara el viernes por la tarde para poder irse a la casa rural, que estaba al norte de Georgia, en Cleveland. Cerca estaba el Rio Chattahoochee y Daryl le había prometido a Sophia que irían a ver los peces. Ella estaba encantada con la idea. También había algunas cascadas cerca. Aunque hacia demasiado frío para bañarse en él, Carol estaba segura que podría disfrutar de esos días. Estaba ilusionada porque sabía que era su primer viaje como una familia. E incluso en pareja.

Cuando habían estado juntos, Carol y Daryl nunca habían tenido la oportunidad de hacer un viaje. Esto era algo nuevo para los tres, además ella esperaba que esto ayudara a Daryl a olvidarse de la boda.

Y a ella para olvidarse de Robbie, realmente le estaba resultando muy complicado trabajar con él. Se sentía observada y acosada, Pero no sabía que podía hacer. Aunque debía denunciarle ella no quería meterse en esos litigios, pues sabía que serían largos y molestos.

Carol se sintió aliviada cuando llegó el viernes por la tarde. Aunque normalmente ella trabajaba, Carol había pedido la tarde del viernes libre, para que cuando Daryl saliera de trabajar al medio día emprendieran camino hacia la casa rural que habían alquilado aquel fin de semana.

Nada más llegar, Carol se enamoró de la casa. Ésta estaba situada entre la arboleda, lejos del bullicio de la gran ciudad. El aire puro entró por sus pulmones mientras con Sophia en brazos y Daryl a su lado se dedicaron a investigar cada rincón de la casa.

La casa rural constaba de un extenso salón–comedor, una amplísima cocina, una habitación de matrimonio adherido a un baño, un dormitorio pequeño y otro baño más pequeño.

Además, en la parte delantera de la casa había un gran porche con una gran hamaca que colgaba del techo, y unos asientos de madera.

Nada más llegar, Sophia había insistido en si podían crear unas cabañas. La familia se adentró entre los bosques, y fueron buscando palos de madera para crear una simple cabaña. Pasaron horas mientras entre los tres la crearon. Sophia estaba encantada con su creación. Pronto se hizo de noche, y volvieron a la casa, dónde cenaron unos sándwiches que Carol había preparado para no cocinar.

En un momento determinado, Carol se fue al baño y al volver, Daryl y Sophia se habían trasladado al porche. Daryl había encendido las luces de afuera y ambos estaban estirados en la hamaca, mientras que Daryl le leía en voz alta uno de los cuentos preferidos de Sophia, quien estaba cómodamente estirada en el pecho de su padre.

Carol se adentró en el porche con una sonrisa.

–¡Mamá! ¡Escucha! Papá está leyendo El principito.

Daryl hizo una pausa para mirar a Carol, ella sonrió mientras se sentaba en las escaleras, apoyando la cabeza contra la madera. La voz de Daryl se escuchaba a través de la noche, fuerte y ronca. La voz melosa de su hija repetía sus palabras.

Sophia levantaba la mirada hacia su padre mientras Carol veía en ella la adoración en sus hermosos ojos azules. Carol se percató cuanto se parecían entre sí: sus cabellos dorados, la forma de la cara, su nariz… Sophia tenía los ojos iguales a los de Carol, pero todo lo demás era igual a su padre.

Ella sonrió al ver como su pequeña, poco a poco se quedaba durmiendo en los brazos de su padre. Y cuando ya estaba dormida de todo, Carol se la llevó en brazos para meterla en la cama. Tras arroparla, y besar su frente, Carol vuelve al porche dónde Daryl sigue estirado en la hamaca. Con cuidado de no caerse, Carol se sube también y apoya su cabeza contra su pecho.

–Sigue leyendo. Me encanta escucharte. –Daryl sopla, pensando que ella está de broma, pero realmente ella quiere escuchar su suave voz leer el libro.

Carol sentía el aliento contra su frente, y a veces, él se callaba y besaba. Cuando se cansó, cerró el libro y se quedaron allí admirando el cielo, en un cómodo silencio, hasta que ambos deciden irse a la cama.


Hacía tiempo que no se despertaba tan descansada. El sonido de los pájaros cantando entraba por la ventana. Todavía no había ni un solo ruido en la habitación de Sophia, señal que seguía profundamente dormida. Desconocía que hora era, pero podía ver el hermoso amanecer a través del ventanal. Cerró los ojos disfrutando de ese momento de paz y tranquilidad que era bastante inusual.

Sin embargo, aquella mañana, Carol sentía su cuerpo particularmente excitado. Quizá se trataba de un sueño que había tenido pero no lograba recordar.

A su lado, tumbado sobre su espalda, Daryl dormía profundamente. Carol giró su cuerpo para enfrentarle. Contempló su rostro y una sonrisa tonta apareció en la cara. Con cuidado, apartó suavemente sus mechones que tapaban sus ojos, antes de inclinarse hacia su mandíbula y besar suavemente su piel.

Apretó su cuerpo contra el suyo, y entonces notó su habitual erección matutina.

Bajó su mano por su pecho desnudo acariciándole, dejando que sus dedos hicieran dibujos en él. A la misma vez, dejaba una estela de besos por su mandíbula hacia su cuello y él se estremeció ante su toque. Por la caricia de su boca y sus manos, él se movió ligeramente, soltando un suave suspiro, aunque él seguía con los ojos cerrados.

Su mano bajó por su estómago y este se tensó a medida que se deslizaba hacia la parte sur de su cuerpo. Podía sentir como su miembro se ponía más tenso contra su pierna. Sus dedos pasaron por encima de la cinturilla de los boxes, antes de que pasara la mano por encima de su bulto, acariciándole.

–Buff… –Soltó un gemido y ella separó su boca para mirarle.

–Buenos días. –Dijo ella con una media sonrisa, al ver sus ojos achinados mezclados por el sueño y el deseo.

–Buenas… uff, –gimió cerrando los ojos de placer cuando ella metió la mano por dentro de su ropa interior y envolvió su miembro. –¿Y esto por qué? –preguntó él, mientras llevó su mano a su trasero.

–¿Tienes alguna queja? –Preguntó con una ceja levantada, al mismo tiempo que empezó a acariciar su miembro con movimientos suaves y rítmicos.

–¡Para nada!

Continuó acariciándole, mientras él llevó sus dedos a través de las bragas, rozándole su centro que ya estaba mojado. Enganchando sus dedos en la cinturilla de los boxes tiro para abajo, liberando su erección. Para sorpresa de Daryl, ella se separó de él, y empezó a bajar dando besos por su estómago.

–Nena. –suspiró él, al intuir hacia donde iba sus labios.

Daryl llevó sus dedos entre sus cabellos, y los acarició. Carol pasó la lengua por su estómago, mientras sus ojos se centraban en el rostro de Daryl que mostraba la frustración. Las miradas coincidieron mientras ella pasó la lengua por encima de su ingle.

Ella se colocó sobre él y sus labios estaban muy cerca de su furiosa erección, y puso sus manos a cada lado de su cuerpo. Sin dejar de mirar su rostro, su lengua pasó encima de la cabeza de su erección. Los músculos del estómago se tensaron mientras un frustrado gemido resonó en la habitación.

Envolvió su mano alrededor de la base de su miembro, y lo guió al interior de su boca.

–Dios… –Dejó caer la cabeza contra la almohada, antes de volver a elevar su mirada para mirarla, no quería perderse ningún detalle.

Ella seguía moviendo la cabeza hacia arriba y abajo. Daryl acarició sus rizos para apartar sus cabellos y poder verla mejor. Podía sentirlo palpitar en su lengua, mientras sus gruñidos y sus gemidos se hicieron más fuertes.

–Ei, –le llamó, mientras tiró suavemente para que se separara–, ven. –susurró él. Ella le hizo caso, soltó su erección y gateó sobre su cuerpo hasta que él llevó su mano a su mejilla y tiró sus labios hacia los suyos. La besó con fuerza haciendo que su estómago vibrara.

–¿Crees que… Sophia tardará en despertarse?

–Lo dudo… Debemos ser rápidos.

Se desnudaron rápidamente, Daryl la giró para que estuviera recostada sobre su lado derecho, y se posicionó detrás. Carol sonrió al saber cuál era su intención. Apartó sus cabellos rojizos, y dejó sus labios contra su cuello. Ella elevó su pierna y así permitirle mejor el acceso. Él movió ligeramente las caderas, dejando que su miembro erecto rozara contra su centro, llenándose de su humedad. Carol dejó caer la cabeza hacia atrás, cuando su miembro tocó su clítoris.

Daryl se posicionó en su entrada, y fue ella quien movió sus caderas permitiendo que entrara en su interior. Enterró su rostro en su cuello amortiguando el gemido gutural, mientras entraba profundamente en ella. Se quedó quieto un momento, antes de que empezaran a mover sus caderas. Sus embestidas eran lentas y tremendamente adictivas. Carol estaba lloriqueando contra la almohada, mientras sentía que se estaba volviendo loca sino aceleraba sus movimientos.

Él siguió moviéndose lentamente, justo cuando sintió la mano grande deslizarse hacia abajo. Sus dedos tocaron su clítoris y ella se estremeció cuando empezó a acariciarla. Se estaba volviendo loca con el contraste de sus embestidas lentas y sus dedos moviéndose frenéticamente, mientras besaba su cuello.

Ella giró la cabeza hacia él, buscando sus labios besándolos ansiosamente. Se separaron dejando sus frente se apoyaran entre sí, mientras él la sostenía entre sus enormes brazos. Sus hermosos ojos azules brillaban llenos de deseo mientras sentía como entraba en su cuerpo lentamente y le acariciaba rápidamente en su clítoris.

–¡Daryl!

Él empezó a moverse más y más rápido, sin dejar de mover sus dedos en su centro.

–¡Vamos, cariño! –Sus movimientos, más sus palabras fue suficiente para que ella gritara en éxtasis. Él sintió que sus paredes se apretaron fuertemente contra él.

Aún podía sentir como ella temblaba entre sus brazos por los coletazos de su orgasmo. Se quedaron en esa posición por un tiempo, mientras Daryl le daba besos por todos los lados, hasta que ella dejó de temblar.

Ella esperaba que todo se volviera frenético, y que Daryl se moviera intensamente hasta que él llegara a su propio orgasmo. Pero para su sorpresa, él salió de ella y la recostó contra su espalda, bajó su rostro hasta sus senos, para después pasar su lengua por su estómago hasta su centro y se dedicó a torturarla. Estaba sensible por la actividad anterior, y rápidamente volvió a llegar al orgasmo.

Esperó a que se recuperara para posicionarse encima de ella, y volvió a entrar en su interior. Carol le envolvió con sus piernas mientras él empezaba a moverse muy lentamente de nuevo.

Con las frentes juntas, Carol pudo ver su mirada mezclada del deseo, el amor y la adoración. Sus gemidos se entrelazaban a cada embestida, suave y lenta. Ella estaba sorprendida porque normalmente solían tener encuentros sexuales frenéticos e intensos. Pero aquella mañana él se lo estaba tomando con calma.

Haciendo el amor con todos los sentidos.

Ambos sabían que Sophia podría despertarse en cualquier momento, pero Daryl no parecía dispuesto a acelerar. Estaba disfrutando de su intimidad y quería que durara todo lo que pudiera. Él acarició su mejilla mientras le besó con la boca abierta, y volvió a separarse para juntar su frente contra la suya, mirándole a los ojos de nuevo sin perder detalle de ellos.

-Te amo, -susurró Daryl con una sinceridad que le desbordaba. Ella sonrió en mitad de un gemido.

-Yo también te amo… -Susurró apartándole sus cabellos de sus ojos para mirarle.

Él gimió de nuevo. Entonces, él empezó a moverse con más intensidad, mientras Carol respondía a sus embistes con fuerza, ya que ese ritmo lento le había vuelto loca y ya no podía más.

Todo se volvió frenético, por fin. Los gemidos de ambos se entrelazaron a medida que él aceleraba sus embestidas. Daryl buscó su mano, entrelazándola. Otro beso, ahogando un gemido, mientras sintió de nuevo su orgasmo, y tembló debajo de él. Pero siguió moviéndose rápidamente sin dejar que se recuperase, y entonces sintió su orgasmo mientras se corría en su interior.

Carol abrazó a Daryl fuertemente, cuando él dejó caer su rostro contra su cuello, y lo escuchó gemir fuertemente. Le besó en la mejilla, abrazándole, mientras intentaba recuperarse del suyo.

La mujer se giró sin salir de sus brazos, y acarició su mejilla.

–Mmm –dijo él cuando dejó su nariz contra la suya. –gracias por este fin de semana. –dijo él mostrándose vulnerable. –Lo necesitaba.

Se besaron con lentitud por un largo rato, hasta que escucharon un sonido en la otra habitación que les indicaba que Sophia ya estaba despierta. Ambos se volvieron a poner la ropa interior y esperaron a que Sophia apareciera en la habitación con su muñeco en la mano.

–¡Buenos días! –Gritó la niña, Daryl y Carol compartieron una mirada divertida.

La pequeña subió a la cama, y jugaron un rato con ella. Después de algunos minutos, Daryl se levantó asegurando que les iba a preparar el desayuno. Se dirigió hacia la gran cocina de esa hermosa cabaña, se puso un delantal que encontró entre los cajones de la cocina, cortó varios trozos de pan y lo puso en la tostadora.

Minutos después, Carol y Sophia aparecieron por el salón. Al ver a Daryl vestido con los calzoncillos sueltos de tipo bóxer a cuadrados azules y blancos, y encima, un delantal rojo con el estampado de una manzana y un plátano, Carol estalló en una sonora risa.

-¿Qué pasa? –Preguntó él confundido.

Era una estampa entre divertida y sexy.

Carol dejó a Sophia en el asiento en la mesa de madera, y ésta se entretuvo dibujando. La mujer se acercó a Daryl por detrás, levantó la barbilla y susurró contra su oreja.

–Estás muy sexy, Pookie. –Dijo ella, antes de tocarle el culo, y se separó de él con una sonrisa traviesa.

–Puff, para–, soltó él mientras sus mejillas se pusieron rojas. Daryl se giró hacia ella, la agarró de su cintura y tiró hacia él para juntar sus labios en un ansioso beso.

–Parece que no has tenido suficiente con lo de esta mañana. –Dijo ella, ante su intenso beso.

–Nunca tengo suficiente de ti. Eres tan hermosa.

–Mentiroso-, dice ella volviendo a rozar su nariz contra la suya, antes de volver a besarle.

–Papi, –La voz de su hija les interrumpe. Daryl giró el rostro para mirar a su hija, y Carol aprovecha para besarle el cuello antes de separarse. Agarra la cafetera y empieza a preparar el café para ambos y la leche con cereales para su pequeña. –¿Iremos al rio? –Preguntó la pequeña ante la promesa que Daryl le había echo el día anterior.

–Claro, pequeña. Ire…–, pero la voz de Carol les interrumpe.

–¡Daryl, las tostadas!. –Daryl se gira para ver cómo sale humo del pan tostado.

Joder… mierda… –dice totalmente exasperado. Sophia empieza a reírse de su padre.

–¿Pero de que te ríes, renacuajo? Has visto lo que ha hecho tu madre. –Sophia miró a su madre.

–¿Yo? Pero yo que he hecho… -Se quejó la mujer.

–Me has distraído con lo hermosa que eres…–Carol le miró, sintiendo un repentino sentimiento de amor y de felicidad.

–¡Para! –Dijo Carol, aunque no puede evitar reírse junto a su hija.

-Mami, papá tiene razón, eres hermosa.


Daryl escuchó como el agua empezó a correr al otro lado de la habitación. Carol estaba en el interior, mientras él miraba el teléfono que sostenía en su mano. Desbloqueó la pantalla. Las 11:14 del sábado. A esa hora, él se suponía que debía estar de camino a la iglesia para dar el 'sí quiero'.

Caminó por la casa rural, que tanta paz le traía mientras escuchaba los pájaros cantar, al mismo tiempo que escuchaba a Sophia jugar con sus muñecos en el suelo. Había sentado a varios muñecos en círculo y ella les hablaba sobre que iban a hacer aquel día.

Daryl salió a las afueras del lugar mientras en la pantalla del móvil aparecía el número de Sheila. Indeciso llevó el dedo hacia la pantalla un par de veces, hasta que finalmente apretó el botón verde.

Sentía ganas de vomitar cuando escuchó el timbre un par de veces. Se sentó en la mesa exterior, admirando la vegetación que tenía enfrente intentando tranquilizarse. Finalmente, notó como al otro lado del teléfono descolgaban.

–Hola. –Daryl le costó identificar a Sheila, pues su voz era muy diferente a la que él recordaba. Su alegría se había perdido. Daryl respiró profundamente mientras su estómago se encogió de dolor.

–Hola. –Respondió en voz baja.

Durante unos segundos se quedaron en silencio, y Daryl se maldijo a si mismo por haber llamado. Ni siquiera sabía que quería decirle, ¿debía disculparse otra vez? ¿Preguntarle cómo estaba? Era absurdo. Ese día había estado marcado en el calendario durante mucho tiempo.

–¿Por qué llamas, Daryl? –, escuchó su voz dura. Daryl suspiró con fuerza, antes de hablar.

–Luque vino a verme al trabajo. No fue muy amable conmigo, pero me dijo que estabas mal… –dijo él.

–¿Cómo crees que voy a estar? A estas horas estaríamos a punto de casarnos.

Daryl cerró los ojos dejando que la culpabilidad se apoderara de él. "Mala idea, ha sido una puta mala idea". Daryl empezaba a sentir que le faltaba el aire, se sentía débil y mareado. Se movió ligeramente hacia adelante para intentar calmarse. Y entonces, tras un silencio escuchó el sollozo al otro lado de la línea. Su cuerpo se hundió de culpabilidad. De fondo pudo escuchar como Sophia se reía por algún chiste inventado.

–¿De verdad te importa como éste? –Preguntó ella con sarcasmo.

–Nunca quise…

–No me digas que no querías hacerme daño, mientras te follas a la mujer que te ocultó durante años que tenías una hija.

De toda la conversación que llevaban hasta ahora, esto fue lo que más dolor le causó, había sido un golpe bajo.

– Yo jamás te haría eso… –Masculló llena de furia. –Espero que cuando se cansé de ti, o encuentre a otro y te ponga los cuernos –Sheila empezó a hablar cada vez más y más rápido llena de furia, – y te prohíba ver…

–¡Sheila, por favor!

–[…] O te prohíba ver a tu hija. No te atrevas a llamarme...

–¡Sheila, para! –, gritó él.

–¿Qué? ¿Te molesta que te recuerde que a Carol no le importaste una mierda? Pero es la verdad. Y por si lo has olvidado, yo fui quien estuvo ahí cuando ella te abandonó sin decirte que estaba embarazada o cuando supiste que tenías una hija de un año y medio. ¡Yo! –Daryl se llevó las manos a sus ojos, mientras la culpabilidad se apoderó de él.

–Tengo que colgar. –Empezó a decir, Daryl intentando cortar la conversación. Y escuchó como soltaba una risita irónica por parte de ella.

–Sé que duelen las verdades, Daryl. Pero no me llames cuando ella te deje y te vuelvas a quedar solo. Ah, por cierto, dile a Carol que nunca fuimos amigas, solo fui amable con ella por ti, no me interesaba ni una mierda su vida. Solo me llevaba bien por ti y por esa pequeña. Que no me envíe más emails reconciliadores intentando exculparte o justificarse.

–¿Qué email? –Preguntó él confundido.

–Vaya, parece que no es muy sincera.

Daryl cerró los ojos, y entonces volvió a anunciar que colgaba el teléfono. Apretó el botón para finalizar la llamada, dejándose caer en el asiento de madera, mientras su corazón iba a mil por hora y sus lágrimas se amontonaban de culpabilidad.

No debería haber llamado.


Carol se preparó a consciencia para ir a pasear por el bosque como habían prometido que harían. Desde la ventana de la casa rural podía ver el hermoso paisaje. Estaba enamorada de esa vista. Se arregló los cabellos, y se puso una cinta en el pelo pelirrojo, dejando que cayera por la parte de atrás.

Bajó las escaleras de la casa, para encontrarse con su hija jugando con sus muñecas.

–¿Dónde está papá? –preguntó la madre a la hija. La pequeña señaló afuera, y Carol pudo verlo sentado en el porche. Con una sonrisa, Carol salió a su reencuentro. Al sentir su presencia él levantó la mirada, pero su humor había cambiado. Pudo ver una mezcla de sentimientos en sus ojos.

–¿Estás bien, Daryl? –Empezó a decir mientras se acercaba a él, pero rápidamente Daryl se levantó de su asiento.

–Sí, ¿vamos? –preguntó, pasando por su lado sin apenas mirarle, yendo en busca de su hija.

Durante todo el día, Carol notó que él estaba de mal humor, apenas le hablaba y solo se dirigía a su hija. Carol decidió ser comprensiva con él y simplemente intentaba estar a su lado. Pero a medida que pasaba el día, Carol pudo ver que él estuvo más callado de lo normal y distante, e incluso, la tensión entre ambos empezaba a ser insoportable.

A la noche, cuando Sophia finalmente se había dormido, Carol bajaba las escaleras mientras Daryl permanecía en el sofá. Se acercó a él quien se mordía las uñas, y miraba la televisión apagada.

–¿Está interesante la película? –Intentó bromear Carol con una media sonrisa. Él le miró, soltó un bufido.

–¡Para! –La sonrisa de Carol desapareció al notar que su tono era más serio de lo habitual–. ¿Está dormida? –Dijo en referencia a Sophia. Carol se sentó a su lado.

–Sí, estaba muy cansada. –Contestó Carol.

A pesar de su distanciamiento, Carol necesitaba darle su apoyo, hacerle saber que ella estaba allí para él, así que se acercó, se acurrucó contra su cuerpo dejando caer la cabeza contra su hombro. Daryl se sintió más culpable.

Él apenas le había dirigido la palabra a Carol, sabía que no se estaba comportando como normalmente era, sin embargo, ella le estaba abrazando y apoyándole sin decir una sola palabra. Así que Daryl dejó caer la cabeza contra la suya y buscó su mano entrelazándola, agradeciéndole su apoyo.

Carol medio sonrió al sentir su cabeza reposar contra la suya y sus dedos entrelazándose entre sí. Había decidido darle su espacio, no iba a presionarle.

Durante algunos minutos, se quedaron así, mientras Daryl aún sentía la amarga sensación en la garganta de culpabilidad. Giró el rostro un momento para verla y pudo ver en sus ojos preocupación. Y entonces supo que debía ser sincero con ella, necesitaba expresar todo lo que llevaba sintiendo aquel día, quería contarle que había llamado a Sheila y decirle lo que le había dicho.

–Hey, yo… lo sien… –empezó a decir cuando fue interrumpido por la melodía del teléfono de Carol. Éste estaba en la mesita que había enfrente. El nombre de "Robbie" estaba en toda la pantalla.

–Mierda. –Dijo Carol y cortó la llamada. Al levantar la mirada hacia Daryl pudo ver que este parecía más de mal humor que antes.

–¿Sigues hablando con Robbie? –Preguntó él.

–No, pero a veces me llama, yo no le contesto.

Daryl parece enfadado, y ya no le apetece contarle porque ha estado de mal humor todo el día. Se quedaron en silencio mientras el tenso ambiente les invade.

–Hey, –le llama él. Ella giró el rostro sabiendo que algo ocurre entre ellos. –Hablé con Sheila mientras estabas en la ducha. Necesitaba hacerlo. Después de que Luque me dijera que…

–Lo entiendo, Daryl. –Sus palabras le aliviaron un poco, y entendió porque él estaba tan raro. –¿Qué te ha dicho?

–Realmente no importa, pero… necesito que seamos sinceros. –Ella frunció el ceño sin llegar a comprender.

–¿Qué quieres decir?

–No me has contado que Robbie te llama. O que le enviaste un email a Sheila.

–No quería preocuparte con lo de Robbie, no tiene importancia. –Dijo Carol, aunque sabía que no le estaba contando toda la verdad. Estaba preocupada por lo de Robbie. –Y lo de Sheila, yo quería disculparme con ella, no quería recordártelo.

Daryl se quedó pensativo, pero no parecía satisfecho con la contestación.

–Siempre he sido sincera contigo, Daryl.

–No siempre, me ocultaste que tenía una hija.

Carol se separó de él, poniendo distancia entre ambos mientras sentía sus palabras clavarse en su pecho. Sintió un intenso dolor porque él estuviera reprochándole eso ahora. Y lo que era peor, Daryl no confiaba en ella. El tenso momento ambientó la hermosa cabaña, las lágrimas se instalaron en los ojos de Carol.

–No puedo creer que después de todo este tiempo, aún… pienses que…

–Me lo ocultaste.

–Sí, pero sabes porque fue. Desde entonces no te ocultado nada. No tengo ninguna relación con Robbie. Él me llama y me escribe pero no le hago ni caso. –Le miró a los ojos, y ella abrió la boca sorprendida como si se hubiera percatado de algo–. ¡Oh dios, no confías en mí!

–No es eso.

–¡Por supuesto que sí! –Ella se levantó rápidamente.

Daryl le miró y Carol vio la duda en sus ojos. Ella negó con la cabeza sin saber que decir, estaba demasiado aturdida por la discusión que acababan de tener. Daryl la observó cómo pasó por delante de él en dirección a la habitación.

–Hey, no hemos acabado de hablar.

–¿De qué quieres hablar, Daryl? No confías en mí y sigues odiándome por lo de Sophia. Así que..., lo has dejado muy claro…

Al intuir lo que Carol estaba queriendo decirle, él caminó para ponerse entre medio.

–Hey, no te odio, yo te quiero. –Soltó él intentando calmar la discusión y solucionarlo. Ella dejo caer las lágrimas por las mejillas.

–Pero el amor no es suficiente, Daryl. Sin confianza esto no va a funcionar… Yo… Ahora no me apetece seguir con esta conversación. Ya hablaremos mañana. –Y tras esto, ella pasó por su lado, mientras Daryl se quedó parado en mitad de la cabaña, metido en sus pensamientos.

Daryl salió fuera admirando la noche y encendió un cigarro llevándoselo a la boca. La nicotina calmó levemente la ira que sentía en ese instante.

Pensó en la discusión que habían tenido, y Daryl supo que tenía razón. Sin confianza no tenían nada. Y entonces, recordó las palabras que le había dicho Sheila. Ella había acusado a Carol de serle infiel, y tras ver la llamada de Robbie, sus palabras aparecieron en su mente, y esto había desencadenado sus inseguridades y desconfianza hacia Carol. Y a su vez, le había reprochado lo de Sophia. Aunque Daryl no podía negar que siempre le lastimaría, él no debía habérselo recordado.

-¡Eres imbécil! –Se dijo a sí mismo, mientras se llevaba las manos a la cara.

Daryl se llevó el cigarrillo a la boca de nuevo, pensando en que quizá estaban yendo demasiado rápido. Apenas acaban de volver y ya están viviendo juntos. Y aunque le encanta despertarse al lado de Carol o estar con Sophia para verla crecer, deberían tomarse las cosas con calma.

Además todo este asunto de Sheila y la no-boda le hace sentir terriblemente culpable. Vuelve a suspirar de nuevo, sabiendo que no puede sentir más culpabilidad en él. Necesita hablar con Carol, solucionar esto, porque no quiere perderla de nuevo. Y también necesitaba aliviar toda esa culpabilidad que sentía en su interior.

Cuando volvió a entrar en la casa, buscó a Carol, pero las luces ya estaban apagadas. Se dirigió a la habitación de matrimonio donde ambos se habían instalado, pero la cama estaba vacía. Confundido Daryl giró el rostro y desde allí pudo ver a Carol dormida junto a Sophia. La abrazaba fuertemente mientras ambas dormían.

Mientras se metía entre las sábanas, Daryl se sintió como una mierda. Él era un desastre, todo lo que tocaba lo jodía. Ahora que estaba con Carol y Sophia, algo que había deseado en infinidad de ocasiones, lo estaba jodiendo.

Otra vez.

Y quizá, esto era lo que se merecía, que todo saliera mal por el daño que él había causado a los demás.


¡Hola!

Como ya dije, iban a tener problemas y nada iba a ser fácil. De alguna forma, Daryl quien siente mucha culpa por lo Sheila, está saboteando su relación con Carol de forma inconsciente porque realmente no cree que él merezca ser feliz. Él es inmensamente feliz con ella, de hecho con sus actos se puede ver, pero se siente tremendamente mal por dañar a Sheila quien le ayudó en los momentos más complicados –tal y como Sheila le recuerda-.

Además con todo el asunto de Robbie, les esta jugando una mala pasada, porque mientras Daryl cree o quiere creer que ella le está ocultando algo, Robbie está acosando a Carol. Y ella para no causar más problemas, prefiere lidiar con esto ella sola.

Espero que no me odien por este final de capítulo.

Mil gracias a todos los que leen y comentan.

Nos leemos.

San.