El camino de vuelta a casa estuvo cargado de tensión. Prácticamente no se habían dirigido la palabra, a excepción de cuatro frases; todas ellas demasiado cordiales.
Carol miraba a través de la ventanilla; y Daryl escuchaba a Sophia hablar mientras conducía. Al poco, Sophia se durmió y la tensión aumentó. De vez en cuando, Daryl miraba a Carol, quien parecía absorta y su rostro reflejaba dolor. El rubio sentía el malestar en su interior pero no se atrevía a decir nada. A pesar de que había pasado gran parte de la noche despierto, pensando sobre lo que había sucedido, no pensaba con claridad.
Las preguntas se agolpaban en su mente: ¿Confiaba en Carol? ¿Seguía odiándole por lo de Sophia? A pesar de todas estas preguntas de una cosa estaba seguro: quería que Carol formara parte de su vida. Quería despertar a su lado cada día.
Con una mano en el volante, la otra se la llevó a su boca y se mordió la uña del pulgar, mostrando su nerviosismo.
Carol podía sentir la enorme tensión en su garganta cada vez más fuerte a cada minuto que pasaba. Intentaba no derrumbarse por el hecho de que en su primer fin de semana juntos, ya hubieran discutido de esa forma. Toda esta situación creaba mucha inseguridad sobre la dirección de su relación.
–Nunca entendí porque… –la voz suave de Daryl rompió el silencio tenso–, porque decidiste sentarte conmigo… en–en aquella clase de química. A día de hoy sigo sin entenderlo…
Carol frunció el ceño ante sus palabras, no entendía porque estaban hablando de cuando se conocieron. La mujer giró el rostro para mirarle, él seguía mirando la carretera, pero parecía pensativo.
–Había otros chicos mejores que yo en aquella clase, yo era borde con todo el mundo, pero aun así decidiste sentarte a mi lado. ¡Pero me alegro tanto de que lo hicieras! Joder, cambiaste mi vida por completo. Sino llegas a sentarte a mi lado, además de que seguramente hubieras quemado el maldito instituto, –soltó con una media sonrisa y haciendo reír a Carol también–, yo… hubiera sido un jodido miserable toda mi puta vida, como mi hermano o mi padre.
Carraspeó un momento, y Carol se dio cuenta que estaba emocionado. Él apartó la mirada de la carretera un momento para centrar su mirada en sus hermosos ojos azules, que al igual que los suyos, parecían estar mojados por las lágrimas. Ambos tenían demasiadas emociones en su interior que estaban a punto de explotar. Daryl volvió a mirar hacia la carretera, pero estiró su mano derecha y buscó la suya, que estaba apoyada en sus propios muslos. Ella entrelazó sus dedos y la apretó, mientras empezaba a acariciar su pulgar en un intento de calmarle.
–Siempre has sido la primera persona en toda mi vida, incluso cuando hemos estado separados, siempre has estado presente en mí. Has sido la única que… que…–se quedó callado un momento cogiendo fuerzas–, le he dejado… ver mi espalda… – Dijo haciendo referencia a las cicatrices de su espalda y que en tantas ocasiones ella le había curado cuando eran unos adolescentes. Sheila le había visto desnudo, pero se sentía incómodo y solía cubrirse con rapidez, pero con Carol era totalmente diferente.
Carol se sorprendió por las palabras de él, pues estaba hablando de algo que ella era consciente que le lastimaba mucho. La pelirroja le miró, sin decir ni una palabra, pues realmente no entendía porque estaban hablando de todo esto, pero él parecía tan necesitado por expresarse que simplemente dejó que siguiera hablando.
–Solo tú me conoces… y solo confió en ti más que en nadie en este jodido mundo. No voy a negar que… que me doliera todo lo de Sophia… me lastimó mucho… me hubiera gustado verla nacer… o sus primeros pasos o su primera palabra… me he perdido la parte más importante de su vida… pero sé que no fue tu culpa. –Sentenció finalmente.
–Fui una cobarde. –Soltó ella en voz baja y Daryl le miró con el ceño fruncido.
–No fue tu culpa. Fui idiota por decirte eso. Ni siquiera sé porque lo dije, estaba enfadado conmigo y con Sheila por hacerme sentir tan mal. Y… lo pagué contigo. –Suspiró arrepentido.
Ni siquiera sabía a qué se debía toda esa rabia que el día anterior tenía. Quizá las palabras de Sheila habían calado demasiado en él. Pero no comprendía porque se había dejado llevar por éstas.
–Lo siento. –Se disculpó girando el rostro para mirarle a los ojos.
Carol asintió y le mostró una suave sonrisa, dándole a entender que aceptaba sus disculpas. Daryl giró el rostro para seguir mirando la carretera.
Daryl se sintió aliviado de que ella hubiera aceptado sus disculpas. Pero aunque la tensión inicial parecía haber desaparecido, Daryl sentía que quedaba algo sin resolver. El rubio, quien aún tenía su mano derecha aferrada a la suya, la levantó llevándola a su boca y le besó en el dorso suavemente. Carol sonrió ante ese gesto cariñoso.
Se mantuvieron algunos minutos en silencio hasta que Carol llamó la atención de su novio.
–Daryl… ¿Y si estamos yendo muy rápido?
–¿A qué te refieres? –preguntó él confuso.
–Me refiero a que hemos empezado una relación demasiado pronto. Ya prácticamente estamos viviendo juntos…
–¿Quieres que me vaya de casa? –Preguntó soltando la mano de Carol, y la mujer intuyó que la propuesta no le había gustado.
–No. No quiero. Pero quiero que esto funcione. Más que nada en este mundo. Pero sé que… que aun te sientes demasiado culpable por estar feliz conmigo después de lastimar a Sheila. Y mientras te sigas sintiendo culpable, va a ser muy difícil que esta relación salga bien. Sé que no estabas enamorado de ella, pero le aprecias y te sientes culpable.
–¿Y crees que yéndome de casa podremos solucionarlo? –Preguntó con un tono más alto de lo habitual.
–No estoy diciendo eso, Daryl. Solo digo que quizá necesites tu propio espacio para asimilar todo. No sé lo que es mejor para ti, no lo sé, pero te conozco, Daryl. Hasta que no dejes de sentirte culpable, no vas a poder estar bien conmigo. –Carol se mantuvo callada un momento–. Yo quiero que esto funcione, lo deseo de todo corazón. Pero si para eso tengo que esperar el tiempo necesario o si tengo que dar un paso atrás, lo haré. Quiero que funcione y haré lo que sea necesario para que así sea.
Daryl mantenía la mirada fija a la carretera. Carol sabía que le había estado escuchando pero parecía absorto en sus propios pensamientos. Sin embargo, él no dijo nada durante unos segundos, y Carol cerró los ojos ante el dolor de su silencio. Quería preguntarle qué era lo que pensaba, porque necesitaba saberlo. Tras varios largos minutos, Daryl habló:
–Tienes razón, yo… no sé qué cojones hacer para quitarme este sentimiento de ser el maldito culpable de todo esto. –Carol le miró, y parecía desesperado–. Sé que no estoy haciendo nada malo, ni siquiera le fui infiel… pero me siento tan mal de haberle lastimado. Y a veces, cuando estoy contigo… me siento mal por sentirme tan feliz. –Dice él mostrando tan abiertamente sus sentimientos. Carol suspiró ante sus palabras, levantó su brazo llevando su mano a la parte trasera de su cabeza, acariciando los cabellos de su nuca.
–No puedes castigarte de esa forma, Daryl. No hay nada malo en ser feliz. Te lo mereces, más que nadie. –Susurró la mujer mientras seguía acariciándole sus cabellos.
Carol pudo ver como su expresión corporal se relajó levemente, antes de que Daryl tomara la salida que indicaba que estaban llegando a casa. Él se mantuvo callado mientras conducía.
–Tienes razón en todo lo que has dicho, probablemente necesito tiempo… pero, quiero seguir viviendo con vosotras. –Suplicó él.
–Está bien. –Carol sonrió, –yo también quiero esto.
Para ella era un gran paso la conversación que acababan de tener, él había sido tremendamente honesto sobre sus sentimientos sobre cómo se sentía. Y aunque habría más altibajos en su relación esto era bueno.
Media hora más tarde, llegaron a casa, Sophia aún seguía medio dormida, y Carol se estaba arrepintiendo de dejarla dormir tanto, ya que era probable que aquella noche Sophia le costara dormir. Decidieron despertarla y jugaron con ella gran parte de la tarde. Daryl bañó a Sophia mientras Carol encargó una pizza.
Tras cenar, Carol le leyó un cuento a Sophia hasta que se quedó dormida. Salió de la habitación de la niña y se dirigió hacia el salón donde Daryl estaba acomodado en el sofá mientras chequeaba el móvil.
Carol sonrió cuando se percató que el lavavajillas estaba puesto y la cocina debidamente limpia. A medida que se acercaba a él, el rubio levantó la mirada hacia ella y sonrió tímidamente.
–¿Se ha dormido? –Preguntó él dejando el móvil en la mesa del salón para prestar toda su atención a la mujer.
–Le ha costado un poco, pero sí. Espero que duerma toda la noche. –Se lamentó Carol, aunque era muy probable que se despertara en la madrugada.
–¿Te apetece una copa de vino? –Sugirió Daryl, Carol frunció el ceño ante la sugerencia.
–¿Me quieres emborrachar? –Cuestionó Carol con una media sonrisa y él se rió ante su comentario. Carol se acercó a él y pasó sus piernas a cada lado de sus caderas, sentándose a horcajadas encima de él.
–Nah, para nada. –Daryl le ayudó a acomodarse en sus caderas y apoyó su espalda contra el sofá y le miró a los ojos divertidos de Carol.
–Sabes que bebo muy poco alcohol, probablemente con una sola copa estaré en el suelo. –Daryl se rió ante sus palabras.
–¡Exagerada! –Daryl apoyó sus manos en sus caderas por debajo del fino pijama, dejando que su pulgar acariciara su estómago.
Carol se apoyó en sus pectorales, antes de inclinarse hacia delante y juntar sus labios con los suyos. Llevó sus manos a su rostro acariciándolo, mientras disfruta de ese beso que está cargado de ternura, suave y lento. Ninguno de los dos intenta acelerarlo o ir a más, ambos necesitan sentir estas sensaciones tras el día tan cargado de tensión que habían soportado.
La pelirroja detiene el beso, a pesar de que ella quiere seguir sintiendo estas sensaciones. Apenas se separó de él, tanto que sus labios aún podían rozarse. Puede ver como sus ojos pequeños están brillantes como si fuera el primer beso que comparten.
–¿Estamos bien, verdad? –Preguntó Daryl como si el beso que acabaran de compartir no fuera suficiente, y Carol pudo ver en sus ojos que necesitaba esa respuesta. –No puedo perderte. –Su vulnerabilidad le desbordó.
–No me perderás. –Le aseguró ella.
–Siento haber estropeado nuestro primer fin de semana. –Se lamentó él.
A pesar de que la tensión entre ambos se había disipado en su gran mayoría, él parecía algo perdido.
–Era un día difícil para ti. No salió como esperaba, pero sé que podremos con esto.
–¿Me crees si te digo que confío en ti? –Otra vez ese toque de vulnerabilidad con inseguridad. Él parecía muy preocupado porque ella supiera que lo que sucedió el día anterior, no era por su desconfianza.
–Te creo. –Le aseguró con contundencia. Daryl sonríe, y esta vez él busca sus labios de nuevo. Carol siente que la mano de Daryl se desliza por su cuello, estrechándola contra su cuerpo para besarla de nuevo en un beso lleno de ternura como el que habían compartido hace unos segundos.
Sin embargo, Carol siente un toque de culpabilidad cuando recuerda que todo esto empezó por la llamada de Robbie y ella no le ha contado nada de lo que ocurre con él. De nuevo, ella se separa de su beso.
–Daryl…, –empieza a decir mientras pone distancia entre ellos dos. Se levanta y se sienta a su lado. Sorprendido por el cambio y por su distancia física, él frunce el ceño confundido.
–Sobre Robbie… Tengo que contarte algo. –Empezó a decir, mientras se acomodaba contra el sofá pero enfrentándole. Vio la confusión e incluso el temor en el rostro de Daryl. –Él me está acosando, al principio no quería darle demasiada importancia, pero empiezo a tener miedo.
A medida que hablaba, el rostro de Daryl pasó de la confusión a la rabia en cuestión de segundos.
–¿Qué? ¿Pero por qué no me lo has dicho antes? –Masculló enfadado. Carol se encogió de hombros.
–Pensé que solo sería los primeros días, que solo sería fruto de la ruptura. Pero empieza a ser muy insistente. El otro día me siguió hasta el supermercado y… habló con Sophia.
Carol sabía que esto le enfurecería, y efectivamente lo vio levantarse del sofá y caminar enfadado por el apartamento. La mujer se levantó y le siguió hasta ponerse enfrente de él.
–Daryl, por favor, escúchame. No quiero que te enfrentes a él. Por favor… prométemelo. –El rubio le miró, mientras se mordía el labio conteniéndose de rabia, pero finalmente asintió.
–¿Así que esa jodida llamada de ayer? –Preguntó Daryl al caer en la cuenta que sus llamadas no eran más que otro método para controlarla. Carol asintió.
–Sí, me llama a menudo… quiero bloquearle, pero no sé si eso le pondrá más furioso.
Daryl observó a la mujer que tenía enfrente y que parecía aterrada y perdida sobre lo que tenía que hacer con ese hombre que parecía seguirle todos los pasos. Daryl se sentía como un idiota por haberle acusado el día anterior de estar ocultándole algo. Aunque era cierto que desconocía lo que sucedía.
–¿Qué vamos a hacer? –Preguntó Daryl sentándose de nuevo en el sofá. Su rabia había disminuido levemente, y ella se sentó a su lado. Daryl miró a sus ojos, mientras agarraba sus manos para darle un poco de soporte moral.
–No lo sé.
–¿Y en el trabajo? ¿Él te acosa? –Ella asintió soltando un suspiro.
–Es tremendamente agotador. Esta todo el rato haciendo comentarios despectivos, he intentado hablar con Philip pero él considera que no es nada. Espero que al cambiar de turno en septiembre, toda esta situación mejore.
–Quedan algunos meses para eso. –Reflexionó Daryl–. Cambia de turno. No esperes a septiembre.
–¿Y Sophia? Nadie puede quedarse con ella… –Había pensado en esa posibilidad, pero para ello alguien tendría que quedarse con su hija y ahora no tenían a nadie quien pudiera hacerse cargo.
–Puedo cambiar mi turno, puedo hablar con el Sed y quizá pueda cambiarlo hasta que Sophia comience la escuela. –sugirió Daryl. –Solo serán unos meses, no creo que sea muy difícil. –Ella levantó la mirada sorprendida, como si no hubiera caído en esa posibilidad.
–¿Harías eso?
–Claro… Aunque no creo que eso solucione el problema con Robbie. –dijo Daryl con temor de no estar todo el asunto solucionado.
–Lo sé, pero me aliviaría un poco. –Ella sabía que esto no solucionaba nada, pero el hecho de no cruzarse con él en el trabajo, era un gran paso. –No quiero denunciarle. –Confesó Carol. –Quiero que sea la última opción.
–Hey, pero si esto sigue así…
–Lo sé, lo sé… –sabía que no le quedaría más remedio que hacerlo. Carol suspiró y después miró a Daryl. –Gracias.
Daryl le sonríe suavemente, se inclina hacia ella y la besa, mientras su mano empieza a acariciarle bajo la camisa subiendo por la cadera, separa sus labios de los suyos y le besa la comisura de sus labios por su barbilla hasta su cuello.
Carol lee claramente sus intenciones, él quiere tener sexo con ella. Pero aquella noche Carol está cansada emocional y físicamente.
–Pookie–, susurró suavemente–, ¿te importa si lo dejamos para mañana? Estoy cansada.
Por un momento, Carol siente una presión en el pecho, que le recordaba a cuando estaba con Ed. Su exmarido solía reclamarle sexualmente en muchas ocasiones cuando ella no estaba de humor, y cuando ella le pedía si podían tener sexo otro día, éste le respondía de muy malas maneras y normalmente, él solía obligarle.
A pesar de que Daryl no es Ed, ella ha sentido ese mismo miedo en su estómago. Carol le observa, cuando él deja caer su rostro contra su cuello y lo levanta.
–No pasa nada. –Aunque puede ver un toque de decepción, él le sonríe y le besa suavemente. El miedo se disipa rápidamente ante su tierno beso. – ¿Pero a la copa de vino no me puedes decir que no?
–Está bien, –dice finalmente con una risa.
Daryl se levanta del sofá, busca dos copas y vierte el líquido morado en ellos. Con las dos copas en la mano, se acerca ella y le ofrece una.
Media hora después, ambas copas reposan vacías en la mesita, mientras miran una nueva serie que Carol ha insistido en ver: Juego de tronos. Pero Carol se ha quedado profundamente dormida en su pecho y ahora él se ha enganchado a esa serie.
Con cuidado de no despertarla, la alzó en brazos, la llevó a la cama, donde la arropó y le dio un suave beso en la frente. Sin embargo, Daryl quien no tenía sueño aún, salió al balcón para fumar un cigarro, antes de volver al salón y ver otro episodio de esa serie, mientras la maldice por haberle enganchado.
Daryl llegó al trabajo al día siguiente y fue directamente hacia el despacho de su jefe para pedirle si podía hacer el cambio de turno hasta septiembre.
–¿Puedo hablar contigo?
–Pasa, Daryl, justo quería hablar contigo también. –Daryl frunció el ceño ante las palabras de él. –Siéntate. –pero cuando Daryl fue a hablar, Sed se adelantó–. Creo entender que trabajabas en las cadenas EP's. –Daryl asintió confuso porque su jefe le estuviera nombrando los talleres de Ed Peletier. No quería tener nada que ver con esa persona.
–Como sabrás la situación económica de EP's era pésima, han caído en bancarrota. –Daryl no entendía porque le estaba contando todo esto. Él solo quería pedirle un cambio de turno. –La cuestión es que hemos comprado la cadena EP's y ahora nos pertenece. Necesitamos un nuevo encargado allí, y hemos pensado que al conocer ese taller a la perfección y a sus trabajadores, tú podrías ser un buen candidato. Obviamente, tu sueldo se verá aumentado. ¿Qué piensas? –Dijo Sed.
Daryl estaba sorprendido por las palabras de su jefe. Primero por descubrir que Ed acababa de perder todos sus talleres y con ello todos los ingresos. Y lo segundo por la propuesta. Él conocía a la perfección a todas las personas que trabajan en el otro taller, había estado años trabajando allí y su relación con sus antiguos compañeros era muy buena. De hecho a todos ellos los había invitado a la fallida boda y los cuales les debía una explicación.
–Yo… agradezco mucho esta oferta, estoy muy agradecido… pero tengo un asunto familiar y me gustaría cambiar mi turno al de la tarde.
–Si aceptas ser el encargado, podrás elegir el turno que te vaya mejor.
Daryl pestañeó ante sus palabras, meditó un instante sus palabras y finalmente asintió.
–Acepto.
Al llegar a casa aquel mediodía, Daryl le contó todo lo sucedido en su reunión con Sed. A Carol no le sorprendió que el negocio de Ed hubiera caído en bancarrota, pues conocía cómo actuaba su exmarido con el dinero y la empresa.
–Ni me sorprende, –soltó Carol mientras Daryl se apoyaba contra la encimera, al mismo tiempo que le contaba que le había propuesto ser el nuevo encargado de ese taller –¡Eso es genial! ¿Has aceptado? –Le preguntó ella emocionada y Daryl asintió.
–Oh, muchas felicidades, cariño. –Se acercó a Daryl dándole un abrazo grande y besándole en los labios. –¿Cuándo empezarás en el otro taller?
–Mañana. Tengo ganas de ver a mis antiguos compañeros. –Dijo él mientras Carol le mostraba una sonrisa. Sin embargo, ella parecía cansada. Se acercó a ella y levantó su rostro para mirarla. –Tienes mala cara, ¿estás bien? ¿Robbie te ha…? – Empezó a decir.
–No… no es Robbie, solo cansada... me ha venido el periodo esta mañana. –Anunció Carol haciendo una mueca.
–Oh, vaya –Daryl se acercó a ella y le besó suavemente la frente. –Quería proponerte ir a cenar fuera. ¿Te apetece o prefieres otro día?
–Me encantaría, ¡hay que celebrarlo!
A la salida del trabajo, Daryl esperaba junto a Sophia para ir al nuevo restaurante chino que había a dos calles. Daryl e topó con Robbie y aunque tuvo la tentación de hablar con él, respeto la decisión de Carol.
Fue una gran noche en familia que los tres disfrutaron de la comida y de la compañía.
A la semana siguiente, Carol obtuvo el visto bueno por parte de la empresa y pudo cambiar de turno de trabajo. Era viernes por la mañana cuando Daryl y Sophia habían ido a hacer algunas compras y se dirigían a casa de Merle.
Desde que había anulado la boda, Daryl no había vuelto a hablar con su hermano. No tenían una relación estrecha pero de vez en cuando se hablaban por mensajes, y algunas veces se veían. Sin embargo, cuando Merle se enteró de la anulación de la boda, éste le llamó un par de veces sin que obtuviera ninguna contestación por su parte.
Aparcó delante de su casa, la cual había dejado hacía mucho tiempo, cuando empezó a salir con Sheila.
Merle no había tenido la oportunidad de conocer a Sophia y creía que era el momento de que tío y sobrina se conocieran de una vez por todas. Le había hablado de ella poco después de que se enterara de su existencia, pero nunca había tenido la oportunidad de hacer las presentaciones. Ahora, por alguna razón le apetecía que ambos se conocieran.
Con Sophia contra sus caderas, Daryl subió las dos escaleras que le llevaban a su antigua casa.
–¿Dónde vamos, papá? –Preguntó su hija.
–Vamos a ver al tío Merle. –Contestó con un beso en la frente. Daryl vio la confusión en el rostro de su pequeña, ya que nunca había conocido a Merle. – ¿Merle? –gritó Daryl, dando un fuerte golpe en la puerta.
La casa era bastante antigua, estaba en uno de los barrios más marginales del estado de Georgia y además Merle no parecía tener un especial cuidado. Tras un par de golpes en la puerta, esta se abrió de golpe para revelar a un hombre alto y calvo.
Daryl lo encontró desmejorado, pero venía siendo habitual en él.
–Joder hermanito, no me lo puedo creer… ¿Qué cojones haces aquí? –Preguntó el hermano mayor con una sonrisa cínica en los labios. Merle dio la espalda y esa fue su invitación para entrar en casa.
–Venir a verte. –contestó Daryl mientras se adentró en la que había sido su antigua casa. Siguió los pasos de su hermano hacia el comedor que estaba oscuro y bastante sucio.
–¿Así que está es tu hija, eh? –Merle se acercó a Daryl para mirar a la pequeña, quien le miraba con curiosidad.
–Sí, Sophia. –Daryl asintió haciendo las presentaciones–, creo que era el momento de que os conocierais.
Merle asintió, mientras se sentó en el sofá admirándola.
–Veo que no me hiciste ni puto caso cuando te aconsejé que no te corrieras dentro de las pibas…
–Joder, Merle que bruto eres. –Totalmente enfadado, Daryl se giró hacia el interior de la casa–. Mira cielo, voy a enseñarte donde dormía papá. –le da un beso en la frente ignorando las palabras de su hermano, que estaba diciendo barbaridades. Solo esperaba que la pequeña no retuviera ninguna de esas palabras.
Daryl pasó por todo el pasillo hacia la que fue su habitación, mientras Merle siguió sentado en el sofá viendo la tele e ignorando que su hermano y su sobrina estuvieran allí. A pesar de que esa casa solo le traía malos recuerdos, no pudo evitar sentir algo extraño al entrar en su antigua habitación.
Estaba llena de polvo y casi al instante vio que había sido una mala idea traer a Sophia aquí.
–¿Está es tu habitación?
–Sip, cuando era pequeño como tú.
–¿Dónde están los juguetes? –preguntó la pequeña sorprendida de la ausencia de juguetes.
–Papa no tuvo juguetes. –Mientras hablaba, Daryl vio algo que le removió su estómago.
Debajo de la cama estaba una caja de zapatos donde él había guardado todas sus fotos con Carol. Prácticamente la había olvidado. Dejó a Sophia en el suelo y se agachó para agarrar la caja de zapatos. La abrió y vertió todas las fotos de su adolescencia en la cama. Recordaba que tras dejar a Carol, había guardado todas las fotos de ellos dos.
–¿Qué es esto? –Preguntó Sophia con curiosidad, mientras se acercó a su padre.
–Fotos de mamá. –Susurró mientras admiraba las fotos. –Vamos, cariño. –Daryl volvió a guardar las fotos en la caja de zapatos y decidió llevársela a casa.
Con la caja de zapatos en una mano y la otra agarrando a Sophia se fue en busca de su hermano.
–Nos vamos, –anunció Daryl, pues había sido una mala idea.
–Hermanito, ¿no te vas a tomar ni una puta cerveza con tu hermano o qué? –Sugirió Merle. Daryl miró a su hija un momento.
–Está bien, pero deja de decir palabrotas.
–Oye, has venido a mi casa, no pretendas que hable como una niña por tu cría. –Daryl elevó los ojos al cielo, al mismo tiempo que se fue a la nevera y agarró una cerveza, aunque en el refrigerador solo había cervezas.
Daryl se sentó en el sillón donde su padre solía sentarse que estaba maltrecho.
–Soph, ven aquí. ¿Quieres ver unos dibujos? –Ella asintió entusiasmada. La alzó en brazos y la sentó en su regazo, mientras le dejó el teléfono para que viera sus dibujos preferidos y así estuviera entretenida. Con la pequeña cabeza contra su pecho, Sophia se quedó absorta mirando los dibujos en YouTube.
–¿Me vas a contar que pasó con la rubia y porqué estás con la pelirroja de nuevo? Parece que metiste la polla en el lugar que no debías.
–Joder, Merle, la niña… – Le regañó Daryl.
–¿Me lo vas a contar o no? –Le pidió su hermano.
–¿Desde cuándo hablamos? –Pregunta Daryl, sorprendido porque él quisiera saber de su vida.
–Joder, Darylina, desapareciste casi sin dejar rastro para irte a follar con un coño rubio, incluso te ibas a hacer la mariconada esa de vestirte como un puto pingüino. Después me entero que tienes una cría con la pelirroja. Creo que tienes mucho que contar, aunque de lo que me alegro es que has estado follando como un puto campeón.
–¡Merle!
–Va, joder… ¿Qué pasó con la mariconada de la boda? –preguntó. Daryl le observó y pudo ver que a su manera, él realmente estaba interesado en saber que le había pasado.
–Lo anulé. –Dijo con un suspiro–. Quería estar con Carol. –Merle dio un sorbo en la cerveza antes de hablar.
–Joder con la pelirroja, anda que no ha dado por culo. Desde los 17 años que te tiene bien cogido de los huevos.
–No sé para qué cojones te estoy contando esto, si te vas a reír de mí. Pero, ¿sabes qué? Me importa una puta mierda todo lo que digas de mí. Que si soy un mariconazo o lo que quieras soltar por esa bocaza, porque por primera vez en mi puta vida estoy feliz.
–Está bien, hermanito, no te enfades… Me alegro por ti, oye, que al menos follas y eso me alegro. –Daryl elevó los ojos al cielo–. Joder hermano, lo digo en serio. Estuviste bien jodido después de que la pelirroja se fuera a la universidad… te pasaste años lloriqueando por ella.
–¿Tío Merle? –. Preguntó en voz alta la pequeña. Los dos hermanos la miraron sorprendidos. –¿Por qué dices tantas palabrotas? Mi mama te castigaría. –La risa de Merle inundó la habitación.
–Yo le dejaría que me castigara. –dijo en un comentario obsceno.
–¡Merle! Creo que nos vamos a ir. Un rato más aquí y mi hija acabará hablando como tú.
–Hermanito quien te ha visto y quién te ve–, soltó Merle dándole otro sorbo a la cerveza, mientras él preparaba a la pequeña para irse.
–¿Sigues metiéndote esa mierda? –Preguntó Daryl al percatarse de las bolsas de droga que había en la mesa. Merle le miró y se rió. –te lo dije hace tiempo, pero si algún día quieres dejarlo…
–No soy un puto drogadicto. –Masculló molesto.
–Ya. Lo que tú digas. Vamos Soph… –La alzó en brazos, llevándosela de allí, mientras con la otra mano agarró la caja de zapatos llenas de recuerdos de su adolescencia.
–Papi, ¿Por qué tío Merle dice tantas palabrotas? –pregunta mientras Daryl le abrochaba el cinturón de su asiento para niños.
–Tu tío es un maleducado. Vamos a casa. –dijo mientras se alejaba de su antigua casa hacia su verdadero hogar.
Nada más llegar a casa, Daryl se sentó en el sofá y volcó la caja de zapatos dejándolas esparcidas por encima de la mesita del comedor. En casa de su hermano no había podido verlas con detenimiento. Sophia quien hasta ahora estaba jugando con sus muñecos en el suelo, se acercó para verlas de nuevo.
Daryl empezó a tener recuerdos de algunas de sus citas con Carol. De vez en cuando durante el año en que estuvieron juntos, Carol traía su cámara y se hacían fotos. Él no era muy amante de salir en las instantáneas pero le gustaba hacerle a ella.
Después él solía llevarse la cámara e iba a la tienda de fotos e imprimía un par de copias, quedándose una para él y otra se la daba Carol.
–Mira Soph, esta foto es en el parque dónde mamá besó a papá.
–Buah, que asco. –Daryl se rió ante su comentario, pero le encantaba poder ver todos esos recuerdos de su relación.
–¿Y ésta, papa? –Preguntó Sophia mientras la niña le tendió una foto. Daryl la agarró y la observó. Rápidamente, él recordó del momento exacto de cuando fue tomada.
–Pues esta… es cuando mamá estaba ayudando a papá a estudiar para un examen. Y papa estaba demasiado cansado... y… –Se trataba de una foto en la casa de Carol y Daryl estaba apoyado en sus piernas mientras Carol había tomado inmortalizado la foto.
En ese momento, ambos sintieron la puerta abrirse y Daryl maldijo porque con todo el asunto de las fotos se le había olvidado hacer la comida. Carol le iba a matar.
–¡Hola! –Dijo Carol con una media sonrisa. Sophia se acercó a su madre con una de sus fotos en la mano, y cuando Carol se agachó a besar a su hija no pudo evitar reparar en esta.
–¡Mierda! –masculló enfadado consigo mismo por haber hecho el almuerzo.
–¿Qué es esto? –Preguntó mientras agarró la foto y se vio a si misma con 14 años menos. –Oh dios mío, Daryl. ¿De dónde has sacado esto? –Cuestionó emocionada y a medida que se acercaba a la mesa sus ojos se abrieron de la sorpresa.
–He ido a ver a Merle. Había olvidado que tenía mi caja con todo de fotos nuestras. –Daryl se encogió de hombros, al mismo tiempo que ella se sentó a su vera examinando todas y cada una de las fotos.
Había de todo: en el parque, en su escondite, en la calle, en la fiesta secreta de cumpleaños de Carol o ellos dándose un beso.
–¡Mírate, sin perilla y con el pelo corto! Pareces un bebé. –Dijo Carol con una media risa. –Ni te recordaba…
–¡Para! –Dice él sintiendo la vergüenza por sus palabras.
–Nah, me gusta más con perilla y con el pelo largo, Pookie. –Confiesa ella.
–¡Si! ¿De verdad? –Carol asiente a sus palabras.
–¿Sabes por qué? –pregunta Carol con una media sonrisa pícara. Daryl frunce el ceño y niega con la cabeza, la mujer se acerca a su oreja y le da un beso antes de susurrar, para que Sophia no le escuchara, –me gusta las cosquillas que me da tu perilla mientras estás ahí abajo… y con el pelo largo puedo agarrarte bien mientras me corro.
Su tono sensual y las palabras que estaban utilizando hicieron que Daryl se encendiera rápidamente, tanto que ahora solo quería desnudarla y recrear lo que ella le había dicho. Carol se separó de él con una mirada tremendamente lujuriosa y llena de deseo.
–Joder, nena. –Masculló frustrado al percatarse que Sophia estaba a su lado mirando las fotos, y apenas tenían tiempo antes de que él se fuera a trabajar.
–Esta noche podrás hacerlo, si quieres. –Le sugirió Carol guiñándole un ojo.
Daryl negó con la cabeza, ya que si pudiera lo haría ahora mismo, Carol se rió por su rostro frustrado. Ella sabía que si no fuera por Sophia, él la hubiera desnudado y tendría su cabeza entre sus piernas. Carol tuvo que cerrar las piernas al sentir el pinchazo de placer entre ellas. Lástima que debían esperar horas.
–Eso ni lo dudes, –le aseguró Daryl con su mirada fija llena de deseo, y otro atisbo de placer apareció en ella.
Intentando desviar la conversación, Carol volvió a centrar la mirada en las fotos y se percató de una que le llamó especialmente la atención.
–Oh, dios, ¡mira Andrea! –Dijo Carol, observando la instantánea.
Habían coincidido pocas veces con Andrea en su adolescencia pero esta fue en una ocasión especial en que habían celebrado una fiesta sorpresa de cumpleaños de Carol. Andrea había invitado a Daryl y a pesar de que odiaba las multitudes había ido solo por ella. Daryl observó la foto, de ellos tres: Carol abrazaba felizmente a ambos y el hombre pudo ver como el rostro se transformó en tristeza.
–La echas de menos, ¿verdad? –se atrevió a preguntar Daryl. Carol levantó la mirada confusa, y él se apresuró a aclarar, –a Andrea. –Carol le miró, viendo como la lujuria de minutos atrás había sido substituida en gran parte por preocupación, aunque aún podía ver el deseo en sus ojos.
–Ha sido mi mejor amiga desde que éramos unas niñas, me ha ayudado cuando nadie más estaba a mi lado, y ahora…
–¿Has intentado hablar con ella de nuevo? –Carol se encogió de hombros.
–Sé que no querrá.
Daryl pasó su brazo por su hombro y la atrajo hacia él, apoyándose contra el sofá mientras seguían mirando las fotos. Él giró el rostro y besó la sien de Carol. La mujer cerró los ojos por un instante intentando obviar el dolor creciente por la pérdida de su amiga. Pero ella era consciente que tenía que superar el duelo de su pérdida.
Carol sentía los labios de Daryl contra su frente, mientras con su mano intentaba de alguna forma calmar su dolor. Sabía que se sentía responsable por todo esto, pero ella no le culpaba para nada. Ella se acurrucó contra él, pasando un brazo contra su estómago y se quedó allí, abrazándole mientras miraba de reojo las fotos.
–Nena. –Le llamó.
–Mmm.
–No me ha dado tiempo de hacer el almuerzo. –Le confesó él. Carol le miró y suspiró fuertemente.
–Me parece que esta noche vas a tener que recompensarme muy bien. –Dijo Carol con un toque de diversión mientras se levanta para preparar el almuerzo. Casi al instante siente las manos de Daryl abrazándole por detrás.
–Lo haré las veces que quieras–. Contesta Daryl besando su oreja.
–Te tomó la palabra. –Dijo antes de separarse de él y entre los dos prepararon macarrones a la boloñesa.
Habían pasado más de veinte minutos mientras Daryl esperaba a las afueras de ese edificio donde sabía que ella trabajaba. Apoyado contra su moto, Daryl cruzó los brazos contra su pecho. Observó el ir y venir de los transeúntes y de las mujeres y hombres trajeados salir del bufete de abogados.
Finalmente vio a la mujer a la que estaba esperando, con un maletín y un traje negro, la mujer entrecerró los ojos al verlo allí.
–¿Qué haces aquí? –preguntó Andrea con desconfianza.
–Quiero hablar contigo.
–¿A si? –dice ella pasando por el lado sin pararse.
–Carol.
–Ella ya no es nada en mi vida.
–¿Por qué? Porque le echas la culpa a Carol de algo que no tiene.
–Ella podrá haber sido una de mis mejores amigas, pero hacer lo que le ha hecho a Sheila…
–¿Quieres enfadarte con alguien? Hazlo conmigo. Yo soy el culpable. Yo me iba a casar con Sheila. No Carol. Fue mi decisión anular la boda. Ella no tuvo nada que ver. Que la acuses a ella, no tiene sentido. Si tienes que culpar a alguien es a mí.
–Habéis hecho mucho daño a Sheila… –Daryl sopló debido al cansancio.
–¿Qué hubieras hecho tú en nuestro lugar? ¿Eh? ¿Te hubieras casado con Sheila, sabiendo que no la quieres? –Empezó a decir Daryl prácticamente sin controlar las palabras que salían de su boca–. Nos hubiéremos jodido la vida… me la hubiera jodido a mí y se la hubiera jodido a Sheila también. –Soltó con vehemencia. Daryl hizo una pausa antes de seguir hablando–. Estoy jodidamente enamorado de Carol. Ojalá pudiera sentir lo mismo por Sheila, pero no es así y si me hubiera casado con ella, hubiéramos sido unos putos amargados.
Andrea se quedó callada ante sus palabras, y Daryl siguió hablando.
–Carol… Carol no quería volver conmigo por ella. Nunca quiso hacerle daño. No quería perderla. Pero aunque Carol no hubiera vuelto conmigo, no me hubiera casado con Sheila. Mi relación con ella estaba acabada. No la amo. –Dijo totalmente enfadado–. Carol no tuvo nada que ver en mi ruptura con Sheila. No me puso una puta pistola en la cabeza para que la dejara, fue todo lo contrario. Dejarla de culparla y enfádate conmigo por haberle pedido matrimonio a Sheila, cuando nunca debí haberlo hecho.
–¿Por qué me estás diciendo todo esto? –Preguntó ella sorprendida.
–Mira, sé que nunca te he caído bien, desde el instituto. Lo sé. No hace falta que lo disimules. Y realmente me importa una mierda lo que pienses de mí. Pero Carol… sé que eres muy importante para ella. No quiero interponerme entre vosotras, eres su mejor amiga y te echa de menos. Creo que deberías pensar si merece la pena perder a tu mejor amiga por mí.
Sin decir ni una palabra más, Daryl se giró dejando a Andrea totalmente sorprendida por las palabras del novio de su amiga.
Hola Carylers.
Tras pensarlo mucho he decidido acabar con el fic. Quedan unos 3/4 capítulos, –puede que alguno más, dependiendo de cómo distribuya las tramas–.
Quiero agradecer a quienes todavía estáis leyendo esta historia. Espero que les haya gustado.
Gracias, nos leemos pronto.
San.
