MELODÍA CONTAGIOSA

CAPÍTULO II


Despertó con el dolor de sus pulmones aplastados; estaba tan enojada que, sin darse cuenta, se quedó dormida boca abajo. Aunque no era lo único que dolía, su orgullo también le picaba.

Levantarse y ver el dinero regado en el suelo no mejoró su estado. Pasó de largo, la mucama se encargaría de ello más tarde.

Tomó una larga ducha, deseando que el agua se llevara la amarga sensación. Nunca antes se preocupó por nadie, mucho menos en dar dinero, salvo para cuotas de benevolencia. Lo hizo por primera vez y lo único que recibió fue una vil bofetada a su dignidad. Esto solo confirmaba una cosa: Honoka era una engreída y soberbia, era tonta si creía que con sólo su noble trabajo saldría adelante. El mundo no funcionaba así, y, para avanzar, a veces debías hacer cosas que no te gustaban.

Una vez estuvo lista, comprobó la hora, aún era temprano; un sábado libre que pensaba aprovechar al máximo. Bajó al comedor, siendo acompañada por el eco de sus pasos, nadie más estaba ahí. Se sentó en su lugar usual, esperando a que alguien la atendiera, una menuda mujer no tardó en aparecer, sin hacer ningún sonido mientras caminaba por el lustroso suelo.

No quería preguntar, conocía la respuesta, pero tuvo que hacerlo para que, al menos, ellos supieran que estuvo interesada.

—¿Papá y mamá desayunarán?

—Su padre llamó, estará atendiendo cirugías, y su madre tiene reuniones programadas con directivos. Lamentan no poder estar aquí.

Apenas movió la cabeza como afirmación. Cuando era más pequeña creía cada disculpa, ahora, con 20 años, lo extraño sería tenerlos cerca. Dejó que le sirvieran la ostentosa comida, se dedicó a desayunar mientras hojeaba uno de sus libros para los exámenes siguientes.

Una vez lista, regresó a su cuarto para tomar su material de trabajo, después se dirigió a la sala privada, donde el enorme piano de cola negro la esperaba. Aunque ya se había informado de que sus padres no estarían por el resto de la mañana, e incluso, tal vez por todo el día, se encargó de ponerle seguro a la puerta. La sala era enorme, bien iluminada, impregnada del olor de las flores provenientes del precioso jardín de rosales que quedaba en frente. Sus pétalos eran los mejores amortiguadores de sonido, su preciosa y galante audiencia.

Maki trabajó arduamente en las composiciones del día anterior, cada vez era más natural la ligereza con que sus dedos oprimían cada tecla, como si no hubiera mejor melodía que aquella para llenar los espacios vacíos de la libreta.

Horas más tarde, su celular sonó justo cuando decidió darse un descanso. Era un mensaje de las chicas, Rin había ganado el concurso de una tienda de ramen y tenían entradas gratis para el Disneyland. La estaban invitando a ir al día siguiente, aprovechando que era domingo.

Miró los nuevos garabatos hechos durante todo ese rato, su computadora a un lado y el programa de edición abierto, llevaba un buen ritmo. Les respondió que las vería al medio día ahí.

Siguió trabajando un rato más hasta que sintió que era demasiado tarde, casi hora de comer. Recordó el comedor vacío y el eco de sus cubiertos rebotar en el amplio lugar, decidió que era lo menos que quería y después de pasar tanto tiempo trabajando, merecía algo mejor que soledad.

Fue por sus cosas, metió la libreta en su bolso, le dio indicaciones al servicio de que iría a comprar nuevos libros de estudio en una librería cercana, comería fuera y tal vez regresaría tarde. No quiso que el chofer la llevara, esta vez optó por tomar las llaves del auto que su padre le regaló para su cumpleaños y conducir ella misma.

Tenía licencia desde que era menor de edad, a menudo evitaba conducir para sortear el egocentrismo de gente externa, pero ahora que necesitaba ir a la universidad, era más presuntuoso utilizar un chófer. Aunque en viajes cortos o cuando era muy tarde aun lo ocupaba solo para que no fuera despedido. Encontrar empleos en tiempos tan complicados era difícil.

No tardó mucho en llegar a la librería; al entrar se dirigió a la sección de medicina, tomando los títulos que necesitaba, además de un par de revistas científicas del mes. Sólo le faltaba una edición limitada que había encargado tiempo atrás, y era momento de recogerlo.

Fue al mostrador cargando las cosas, nadie estaba ahí, sin embargo. Se quedó de pie, frente al mostrador esperando un indicio de que alguien atendiera. Detrás suyo, entre los estantes, había un par de personas que también buscaban nuevas adquisiciones. Todo olía a árboles y libros nuevos en espera de ser abiertos.

Se dio la vuelta, buscando al señor que usualmente le atendía, sin encontrarlo. Era extraño. No había una parte trasera, ¿dónde podría estar? Se estaba impacientando, cuando de pronto, escuchó un sonido de detrás del mostrador, alguien hurgaba ahí. Curiosa, alzó el cuello para mirar si es que el hombre estaba distraído en algún quehacer. Su corazón dio un salto al captar cabellos naranjas.

Su mente le jugaba una mala pasada, no podía ser posible que, de todos los lugares, estuviera ahí. Dio un paso atrás, chocando sin querer con un pequeño montocito de libros en el suelo. El sonido llamó la atención de la chica, que de inmediato saltó.

—¿Qué fue eso? ¡Ah! Maki-chan ¿Qué haces aquí?

Su labio tembló, era ella. Honoka Kousaka estaba de frente con una mueca de confusión en su cara.

—¿Dónde está el señor Otonashi? —le preguntó de vuelta.

Honoka parpadeó un par de veces antes de responder.

—Oh, él vendrá en un momento. Soy su nueva empleada y mi turno está a punto de acabar —explicó, sus ojos azules repararon en los libros que Maki cargaba, sonrió— ¿Quieres que te envuelva esos? Parecen pesados.

Tal vez el comentario no fue con mala intención, pero sentida como se encontraba después de que la chica no aceptara su dinero, encendió la llama del enojo en su interior.

—¿Quién te crees que soy? Y tú no sabes nada de lo que necesito, esperaré al señor Otonashi el tiempo que sea necesario —refunfuñó.

Honoka se encogió con la réplica, aunque eso no le afectó por mucho tiempo. Soltó una pequeña risa, intentando disipar el enojo de Maki.

—Okey~, sólo decía —levantó las manos en son de paz, después, se agachó de nuevo para tomar un libro y mostrárselo a Maki—, esto debe ser tuyo, tiene tu nombre marcado. A menos que sea otro encargo.

Maki tomó el libro sin dar tiempo a que los otros se le cayeran, ni ella supo cómo pudo mantener el equilibrio. Por supuesto que el libro era suyo, y pensar que Honoka estaba esperando que llegara a recogerlo no le hacía gracia, un momento, ¿Honoka la esperaba?, ¿por qué siquiera pensó en esa posibilidad?

—Cobra todo rápido, tengo muchas cosas que hacer —escupió sin tacto, poniendo todo lo que cargaba en el mostrador. Necesitaba irse de ahí pronto.

—A la orden Maki-chan~

Sus manos se hicieron puños cuando Honoka la nombró con tanta familiaridad.

—No me llames así —replicó.

—Aw, lo siento. Es la costumbre —se disculpó con una sonrisa—, es sólo que me sabe mal llamar a las personas por su apellido, no es como si fueran mayores o algo así.

—No es cosa de lo que quieras, es respeto, debes respetar a tus clientes.

—Suenas como Umi-chan ahora —Honoka infló sus mejillas.

Maki la miró, frunciendo el ceño.

—Deberías hacerle caso —Le dijo tosca, parte de las conversaciones con Umi sobre ésa chica estaban en su mente, tal vez ésta era una oportunidad única—, ella es alguien inteligente y sabe cómo hacer las cosas bien. Si ella te lo dice es porque es correcto.

—Pero hacer las cosas de manera correcta no siempre es divertido —replicó Honoka, el comentario la enojo aún más.

—¿Y desde cuando que sea divertido debe ser bueno? La vida no es sólo diversión, hay responsabilidades que cumplir, cosas que hacer, personas que esperan mucho de ti, ¡nada es fácil! Si alguien quiere ayudarte en hacer menos difíciles las cosas, ¡no entiendo por qué rechazarlos! ¡Se trata de tener todo más rápido!

Cuando terminó de hablar, estaba agitada; no había notado que elevó la voz. Sintió las miradas de los otros clientes sobre ella, poniéndola nerviosa, Honoka tampoco ayudaba, se veía sorprendida. Incluso le tendía la bolsa con los libros listos y ni cuenta se había dado.

—Maki-chan… ¿estás… enojada porque te devolví el dinero?

Sintió la sangre subir a su cabeza. Le arrebató la bolsa a Honoka, sacó varios billetes que dejó en el mostrador y antes de salir corriendo de ahí le dijo:

—¡El mundo no gira alrededor de ti!

Llegó a su auto, hirviendo de furia, ¿¡por qué rayos dijo esas cosas!? ¡Se vio como una tonta ahí dentro! Volteó a ver la tienda, ¡al diablo con ella! Arrancó el coche y se fue de ahí de inmediato.

Su día perfecto estaba arruinándose.

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.


Vagó por algunas horas alrededor de la ciudad haciendo otras diligencias, como comprar materiales de la escuela, artículos para sus prácticas, cd's de música y películas de musicales. Una gran cantidad de objetos se amotinaron en el asiento trasero junto a los libros, buscando ser olvidados, al menos hasta que tuviera que sacarlos de ahí. No quería admitir que el repentino estallido le había afectado más de lo que esperaba, se supone que era un intento de ayudar a Umi-senpai, y ahí estaba ella, despotricando sin darse cuenta por el regreso de su dinero. Se maldijo varias veces por lo tonta que debió verse.

Su estómago gruñó mientras transitaba por las concurridas calles de Jinbouchou. Tras un par de vueltas decidió detenerse para comer en un pequeño restaurante de paso. Eligió un lugar apartado y tomó el menú de la mesa echando un gran vistazo mientras alguien la atendía.

Sintió la presencia de una persona llegar a su lado, supuso que era quien le atendería. Dejó el menú con la orden en mente y al levantar su mirada amatista, sintió el deja vú provocarle escalofríos.

—¿Lista para ordenar?

Portando una gran sonrisa, ataviada de una corta falda negra, camisa blanca con una curiosa corbata y un delantal naranja, estaba Honoka, de pie, a su lado.

—¿Tú de nuevo? ¡¿Qué clase de broma es esta?! —rugió.

Honoka no pareció perturbarse, se encogió de hombros, ofreciendo una sonrisa sincera.

—También es una sorpresa para mí, Maki-chan. Ya ves, tengo varios trabajos de medio tiempo, porque uno nunca es suficiente. Y es un poco complicado, pero las pagas son realmente buenas, no me quejo.

—¿Qué clase de heroína crees que eres? —Ahora entendía la perturbación de Umi-senpai, ¿cómo podía creerse tan todopoderosa? ¡Estaban a kilómetros de distancia de donde vivía Umi! — y, por cierto, te dije que no me llamaras por mi nombre. No somos nada cercanas.

La sonrisa de Honoka tembló.

—Aw tampoco es que Maki-chan me diga senpai, ya sabes, eres menor que yo, ¿eso no entra en el respeto del que hablabas?

—No pareces necesitar mi respeto —farfulló, jugando con un mechón de su cabello.

—¡Oh! Tienes razón, es mejor si somos amigas, ¡qué bueno que quieras intentarlo!

Azotó el menú sobre la mesa, provocando un respingo en la chica.

—¡N-No dije que quería ser tu amiga! ¿De dónde sacas eso? —Sin entender de dónde nacía la acción, Maki se encontró mirándola de abajo hasta arriba, cada parte, cada ropa, cada curva. Otra vez el calor estaba en su cabeza, negó con fuerza, alejando eso—, no eres como Umi-senpai. Ella sí merece mi respeto, y también deberías dárselo.

Algo en la cara de Honoka cambió, una sombra que cubrió sus relucientes ojos azules. Maki pensó por un momento que tal vez se había pasado con el comentario.

—Lo siento por no parecer tan confiable como ella, nuestras situaciones son diferentes, jamás lo entenderías.

Maki sintió curiosidad por el comentario, pero fácilmente lo enterró.

—Como sea, no me importa. Sólo digo que podrías pensar más en ella para no darle tantos problemas, necesitamos terminar pronto con la obra, creo que hasta tú entiendes eso.

—Escucha, el jefe seguramente me regañará por hablar tanto con un cliente, —respondió la chica jengibre mientras rascaba su mejilla e intentaba dar una buena sonrisa—, agradezco que intentaras ayudarme ayer con lo de Nico-chan, pero como dije, es un problema mío. Intento mostrar que no soy tan idiota como muchos piensan y que puedo hacer las cosas por mí misma, si aceptaba tu dinero sería a una falta a mi propia conciencia. No quiero preocupar a nadie y menos que sientan lástima por mí. Ahora, aclarado eso, ¿lista para ordenar?

Honoka no le estaba dando tiempo a una réplica. Lo dijo todo rápidamente y pasó de tema, había cierto enojo en su tono. Era la tercera vez que, cuando se trataba de ella, se ponía así… y eso que prácticamente la acababa de conocer.

—Lo estoy —asintió, dejando que el tema pasara, de nuevo, no tenía por qué saber tanto de ella. Umi era la única que verdaderamente importaba.

Pidió su comida, Honoka anotó todo y se retiró sin ningún comentario extra.

Apenas pasaron unos minutos para que su encargo estuviera listo, la chica jengibre no dijo más palabras en el breve tiempo de su estancia. La comida que antes se veía deliciosa, no tenía sabor.

—Esperamos que lo haya disfrutado, que regrese pronto~ —canturreó Honoka, despidiéndola después de pagar la cuenta.

Dudó en dejar propina, después de todo, la misma Honoka le dijo que no necesitaba de su dinero. En cambio, lo puso en alguna otra mesa; si ella no lo quería, tal vez alguien más si lo necesitaba.

Salió del lugar a pasos presurosos. Entró a su auto y condujo directo a su casa.

El resto de la tarde pasó en un abrir y cerrar de ojos: entre acomodar las cosas que compró, intentar olvidar el trago amargo de sus dos encuentros con Honoka, estudiar y terminar un par de canciones.

Aun así, algunos pensamientos no la abandonaron. Uno de ellos era el hecho de que Honoka era una idiota, no le cabía duda; nada de esa fortaleza que intentaba demostrar era real, sólo era un truco, ¿no había dicho Umi-senpai que ella estudiaba actuación? ¡Todo eso era una actuación!, decía que no necesitaba ayuda para que las personas se ofrecieran aún más, eso era, era una mentirosa sin remedio… y ella estaba cayendo redonda, no había más explicación para tenerla en mente a cada segundo.

Por supuesto, debía saber que Maki era rica, y seguro, esperaba el momento para "romperse" y pedirle dinero, ¡eso era! Maki también era lista, eso no pasaría nunca.

Lo que sea que intentaba hacer Honoka, no funcionaría con ella.

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—¡Hey Maki-nya~!

—¡Qué alguien me ayude! ¡Rin-chan, me vas a romper el brazo!

Ignorando las súplicas de su amiga de lentes, Rin llegó con Hanayo del brazo hasta la entrada del parque, donde Maki las esperaba desde hacía veinte minutos. Tal y como habían quedado, estaban listas para entrar al parque de diversiones.

Todavía les dio algo de tiempo (específicamente a Hanayo) para que recuperaran el aire.

—Lo sentimos —suspiró la chica de lentes, alisando los pliegues de la falda que llevaba—, nos perdimos el primer metrobús, ¿esperaste mucho Maki-chan?

—Para nada, acabo de llegar también —dijo, no quería preocuparlas.

—Ya que estamos aquí, ¡¿qué estamos esperando-nya~?! ¡El parque nos aguarda!

Maki sonrió ante la energía de Rin, le gustaba la facilidad con que se emocionaba con pequeñas cosas, era casi como Honoka… Detuvo sus pensamientos, ¿por qué pensaba en ella?

—Si queremos disfrutar de esto, entremos de una vez —indicó, caminando hacia la entrada.

Hanayo y Rin se miraron curiosas por el repentino cambio de su amiga, no dijeron nada y en vez de eso, la siguieron.

—¿A dónde deberíamos ir primero? —preguntó Hanayo, una vez dieron los pases de entrada.

Dentro era una locura, había cientos de niños corriendo de un lugar a otro, algunos con adultos, y otros tantos sin supervisión, cargando golosinas y globos; también unos cuantos grupos de amigos que parecían pensar su siguiente atracción, parejas aquí y allá en plan romántico, adolescentes a los que les saltaban corazones de los ojos, y apenas un par de ancianos que a saber qué hacían en un lugar propenso a infartos.

—¡Al railroad y después al Golden zehyr-nya~ — gritó de inmediato Rin, adelantándose. Al parecer, ella ya tenía el programa de lo que deberían hacer en su mente—, seguiremos con el Submarine Nemo, ¡y tenemos absolutamente que entrar a la Mansion Haunted-nya~! Lo mejor para el final será el incredicoaster y el astro blasters de Buzz Lightyear-nya! Y ¡No podemos irnos sin luchar con esas pistolas láser!

Maki y Hanayo compartieron risas, ver a Rin tan emocionada era mejor que ver a cualquier niñito corriendo por ahí. Sabían que no importaba lo mucho que no desearan subirse a alguno de los juegos, Rin las arrastraría si era necesario.

Dejando de lado la obra musical y la escuela, Maki se dispuso a disfrutar del día entero.

El paseo en Disneyland Railroad fue bastante ameno, pudieron recorrer todo el parque sin necesidad de caminar largas distancias, aunque el día no les alcanzaría para visitar las increíbles atracciones temáticas de los clásicos de Disney. Poder ver a través de la locomotora los espléndidos paisajes de cada película era una experiencia increíble.

A pesar de su leve temor a las alturas, se encontró subiendo al vuelo en la nave espacial del Golden Zehyr, era una suerte que hubieran tres asientos juntos, porque de ninguna manera habría aceptado subirse al lado de un extraño, menos tomando en cuenta el tiempo que pasó aferrada a la blusa de Hanayo. Maki se daba patadas internas por ser tan cobarde y aún poner su cara de indiferencia cuando sólo quería gritar.

La siguiente atracción fue una calma a sus nervios, que de nuevo serían alterados en la siguiente que, convenientemente, era la casa de horror. Mientras disfrutaba de la vista submarina de "Buscando a Nemo", aun trataba de idear alguna excusa para evitar la mansión; cualquiera que la viera, con ese porte imponente y arrogante, jamás se imaginaría cuán asustada estaba de toparse con la sensación de que en la penumbra algo que no sea humano la toque. Patético, sí, y muy aterrador.

Tal y como previó, el recorrido por la mansión casi fue suspendido porque los encargados creyeron que estaban asesinando a alguien adentro, les tomó un tiempo darse cuenta de que sólo era ella gritando después de que un esqueleto baboso aterrizó en su cabeza.

—Caray Maki-chan, me dejaste marcas en el cuello-nya~ —gimoteó la chica gato, sobando el área rojiza con la pequeña pomada que Hanayo había conseguido—, debiste decir que tenías miedo de entrar-nya~

—¡Lo dije, pero no me hiciste caso! —replicó Maki, con el rostro oculto entre las manos debido a la vergüenza. En algún punto, terminó tomando a Rin como escudo humano, y si no fuera por Hanayo, probablemente estaría en la comandancia acusada de asesinato.

—B-Bueno, nadie salió lastimado por suerte… no mucho.

Maki no podía sentirse más estúpida, ¿por qué de todos los lugares tuvieron que entrar ahí? Ah, pero también era su culpa, como decía Rin, nada costaba ser sincera por al menos una maldita vez en su vida, eran sus amigas después de todo, jamás se reirían de ella… no se reirían demasiado de ella.

—¡Iré por algo de helado! —dijo mientras salía corriendo de ahí, no podía permanecer ni un minuto más sin morir de pena.

Caminar le ayudó a calmarse, respirar profundamente e intentar que su ritmo cardiaco volviera a la normalidad. Sólo faltaban dos juegos más, no podía ser peor de lo que ya había pasado, aunque cruzar cerca de los chillidos de la montaña rusa no era muy alentador.

Encontró un puesto de helados bastante cerca, era uno de ésos móviles que recorrían el parque, tenía una simpática carpa de colores azul y blanco pastel, con la vitrina de sabores a la vista. Una chica con una blusa ajustada de color morado que resaltaba su delantera, una pequeña corbata que servía de distractor, un curioso gorro al estilo marinero y guantes, atendía alegre a los clientes que esperaban en turno. Era bastante contrastante con el resto de personas, tenía un singular color de cabello morado y ojos verdes que exudaban amabilidad.

Varias personas estaban comprando, por lo que dudó en quedarse o seguir caminando.

—Tranquilos, tranquilos, a todos les tocará su turno, aún hay mucho helado~ —canturreó la joven mientras despachaba unos conos.

Tenía un cierto aire de tranquilidad que le hizo quedarse. Lamentablemente se arrepintió de su decisión cuando otra voz se escuchó en el puesto.

—¡Los niños pueden tener bolas más grandes! ¿A que sí, Nozomi-chan?

—Por supuesto Honocchi~, sólo si hacen caso a sus papis y no corren por el parque~

Debía ser una maldita crueldad del destino, ¿cuán miserable tenía que ser para encontrarla a ella, de entre todas las personas, en ese lugar?

Honoka lucía un traje similar al de la chica Nozomi, cambiando el color a color naranja, ahora que la veía, no parecía ser mucho mayor que ellas. No sólo eso, su rostro le era familiar. Estaba segura de que la había visto en algún lado.

Suspiró, estaba cansada de cierta manera, y aunque odiaba la idea de tener que cruzar palabras con Honoka de nuevo, prefirió esperar su turno; el cual no tardó en llegar.

—¿Otra vez Maki-chan? —preguntó la chica de ojos azules una vez fue su turno— ¿Estás segura de que no eres tú quién me sigue?

Maki rodó lo ojos.

—No seas estúpida, ¿por qué demonios haría algo así? Preferiría encontrar a Umi-senpai antes que a ti.

—Ara ara, no sabía que tenías una encantadora acosadora, Honoka-chan~

—¡De ninguna manera! ¡Maki-chan no puede ser una acosadora! —rebatió Honoka, giró su rostro, enarcando una ceja— ¿No lo eres verdad?

—Gah, ¡no estoy acosando a nadie! ¿Pueden por favor sólo darme unos helados y ya?

Nozomi estalló en risas, estaba más que divertida con el breve intercambio.

—Esto es bastante interesante —mencionó, paseando la mirada entre ambas chicas, parecía que sus ojos brillaban, incluso.

—Maki-chan está trabajando con Umi-chan en las letras —explicó Honoka, mientras tomaba un par de conos para pasárselos a su compañera, quien ya tenía la cuchara en mano—, no deberías molestarla, Nozomi-chan.

Aquello sólo logró encender más la curiosidad de Nozomi.

—Oh~ así que es ella —Nozomi la miró con una sonrisa sospechosa que le provocó un leve temblor en el cuerpo—, nunca te había visto tan preocupada por alguien Honocchi~

—Hey, pero si me preocupo por todos.

—Deberías preocuparte por ti misma —añadió Maki, sin verlas.

Honoka no respondió, aunque tenía una pequeña sonrisa en el rostro. Un gesto que no pasó desapercibido para el ojo avizor de la otra chica.

—¿De qué quieres tu helado? —preguntó Nozomi, observando atentamente a Maki, quien seguía perdida mirando las demás atracciones. Curiosamente, había momentos en que volvía la vista para posar sus ojos en Honoka, quien ya atendía a un par de niños.

—Uno de chocolate, otro de coco y uno más de fresa.

—Aquí tienes, puedes pagarle a Honoka-chan~

Maki tomó los helados como pudo y se acercó hasta la chica que menos bien le caía en el mundo. Para su mala suerte, tener tres helados en una mano e intentar pagar con la otra era algo que ni el mejor acróbata podría manejar. En un desliz, casi habría perdido uno de los conos si Honoka no hubiera sido lo suficiente rápida como para apresar sus manos y evitar la caída.

Maki se desconectó por un momento del mundo, era como si el tiempo se hubiera detenido. Ahí estaba ella, sintiendo una extraña electricidad donde las manos de Honoka se cerraban sobre las de ella.

—Uff, poco más y lo perdemos, ¡qué suerte!

Tener las manos de la chica sobre las de ella, sin la suavidad que cualquiera esperaría, sino más bien, la sensación de callos, producto de arduo y constante trabajo, le provocaba un extraño sentimiento de entre calidez y cosquilleo que; para su disgusto, no era nada desagradable. Por si fuera poco, había un olor en el aire a pan, ¿dónde diablos en Disneyland horneaban pan?

Al ser más consciente del cosquilleo, sintió que sus manos ardían. Se removió incómoda intentando que Honoka la soltara.

—¡Aléjate de mí, idiota! —Le gritó, retrocediendo.

Honoka retiró las manos de inmediato.

—Lo siento, sólo quería ayudar.

—Pues no lo estás haciendo —Maki refunfuñó.

Nozomi, que no se perdía de nada, volvió a reír.

—Si siguen discutiendo, asustarán a los niños. Venga Maki-chan, te ayudo.

A Maki no le pareció molesto recibir ayuda de Nozomi, e ignoró que le llamara por su nombre de pila de nuevo. Tenía un aura de que podía confiar en ella, por eso, le dio uno de los conos para que pudiera sacar su cartera y pagar.

Honoka negó, frustrada. Ella tampoco sabía qué debía o no debía hacer para evitar enfurecer a Maki. Por más vueltas que le daba en su cabeza, no encontraba una fórmula que no encendiera una chispa en la menor. No entendía cómo es que Umi aseguraba que Maki era un encanto de persona. Cobró lo que debía y le regresó el cambio.

—Bien —asintió, una vez la transacción estuvo lista. Nozomi le regresó el helado y ella pudo agarrarlo mejor esta vez.

Antes de irse, Nozomi volvió a hablar:

—Hey, Maki-chan, ¿crees en el tarot?

Maki frunció el ceño ante la pregunta.

—Es una tontería, esperar que pedazos de papel digan el futuro —farfulló.

—Y sin embargo… —Nozomi sacó su baraja de entre la bolsa del delantal, y se la enseñó a Maki luego de barajear por apenas segundos— elige una, adelante.

Quiso negarse, pero como pocas veces, la curiosidad ganó. Señaló como pudo una carta.

Nozomi asintió satisfecha, la separó del mazo y enseguida se volteó hacia Honoka, que no se había movido de su lugar.

—Tu turno, Honoka-chan.

—¿Eh? C-Claro —respondió, no muy segura.

La mencionada estiró la mano y eligió otra. Nozomi guardó el resto y ante la mirada de ambas jóvenes, volteó las cartas.

—Muy, muy interesante. El loco y la estrella… A ustedes, chicas, les esperan grandes cosas juntas. Tienen la bendición de las cartas~

Maki hizo una mueca de disgusto, no le gustaba el tono. Honoka sólo ladeó la cabeza confundida, sin entender ni una pizca de nada.

—Lo que sea, me voy.

Apenas dio un par de pasos cuando Nozomi salió del puesto para acercarse a ella, Maki se detuvo mirándola, extrañada.

—Te daré un consejo de la gran Non-chan~ —Le susurró al oído—, Honoka es una buena chica, de gran corazón y con una luz cegadora que hace que tu mundo gire; es un sol que no puedes opacar. Mi consejo, es que deberías intentar ver el mundo a través de sus ojos, estoy segura de que las cosas serían muy diferentes para ti, y también para ella. No es usual verla con un interés en alguien que no sea de su círculo, ella parece fuerte, pero también es un poco introvertida. Tal vez ahora sea raro, pero estoy muy feliz de que te haya encontrado.

—¡Hey, Nozomi-chan! ¡Necesito ayuda aquí!

—Voy~ mi misión ha terminado aquí~

Vio a Nozomi alejarse luego de guiñarle el ojo, el comentario había sido tan raro que le fue imposible olvidarlo.

Sacudió la cabeza, apenas eran un par de días en que todo eso de la obra inició, pero parecía que el tiempo pasaba tan rápido que no podía procesar nada correctamente. Ver a Honoka a cada rato era un fuerte dolor de cabeza.

Regresó donde las chicas que, para su mala suerte, cansadas de esperarla, ya habían ido a un pequeño restaurante del parque para comer. El helado sirvió de postre, o al menos, como bebida, ya que se derritió pasados los minutos.

No le pareció buena idea comer antes de subirse a la montaña rusa, algo en lo que Hanayo coincidió. A regañadientes, Rin cambió el programa eligiendo otro par de atracciones con menos movimientos bruscos.

El resto de la tarde pasó en un santiamén, entre burlas, juegos y una mini batalla interestelar con ridículos trajes espaciales y pistolas en la que Maki perdió apenas inició el juego.

Fue una experiencia inolvidable para las tres chicas, y un gran alivio para Maki el no tener que ahorcar de nuevo a alguien si subían al incredicoaster; prometieron regresar pronto, una vez que la obra musical terminara. Las siguientes semanas serían extenuantes para la joven estudiante de medicina.

Durante el transcurso del viaje de vuelta, en donde Rin se quedó dormida en el hombro de Hanayo, Maki no dejaba de darle vueltas al consejo de Nozomi.

Nozomi… Nozomi Toujo.

La mente de Maki conectó los puntos, ¡ésa chica era una de las tres protagonistas de la obra musical! Se dio una palmada en la frente, por supuesto que le era familiar, sólo que con el torbellino de Honoka rondando ahí, no pudo verlo antes.

No cabía duda de que Honoka tenía algo que la desconectaba.

… Ver el mundo con los ojos de Honoka, ¿qué significaba eso?

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Notas finales:

¡Ea!~ Y aquí tenemos otra actualización~ un poco corta eso sí, pero con un buen motivo (espero); y es que aunque dije que sería un fic corto probablemente se alargue un par de capítulos. Espero que la idea no sea tan mala al final ;D agradezco enormemente el recibimiento del relato ¡Juro que me he sorprendido y saltado de la emoción! No lo esperaba a decir verdad, infinitamente gracias por darme ésta oportunidad de compartir la historia y que no sólo a quien va dedicado le gustara. Ya saben, tiene calle libre para opinar ;D

Hasta la próxima~