Aclaraciones:
Normal - presente.
"Cursiva y negrita con comillas" - pasado.
Cursiva - futuro.
"El único sonido que se oía en la habitación era el de los cubiertos chocando una y otra vez entre ellos y con el fino plato de porcelana. Ninguna de las dos personas sentadas en la larga mesa hablaba, ambos concentrados en su propia comida. Podía que no se prestaran atención; sin embargo, el par sabía que si el alguno no estaría, no sería lo mismo. Estaban demasiado acostumbrados a la silenciosa presencia del otro y aunque no lo demostraran, les gustaba. Más aún Rukia, que siempre estaba agradecida de los pequeños momentos que Byakuya se liberaba de su muy ocupada agenda para estar con ella.
En el momento en que la morena escuchó a su hermano carraspear, dejó los utensilios a un lado y dirigió su mirada hacia él, sabiendo que ese era un gesto que Byakuya siempre hacía cuando iba a decir algo. El hombre se tomó su tiempo, tomando un sorbo de su bebida y limpiándose calmadamente los labios con una fina servilleta antes de devolverle la mirada a su hermana.
-Nos mudaremos a Karakura -sentenció.
Rukia se quedó en silencio, procesando las palabras en su cerebro, y cuando finalmente reaccionó, fue con un sorprendido "¿Qué?" que no pudo acallar. Sabía que a su hermano no le gustaba que le hicieran repetir las cosas dos veces, ni ser cuestionado en actos o decisiones tomadas, y aunque él no fuera tan duro con ella como con los demás e hiciera todo lo posible por ignorar su disgusto cuando ella hacía algún acto de mala educación o algo que le molestase, Rukia siempre se esforzaba por comportarse de buena manera para no incomodarlo.
En ese momento, eso no le importaba.
-¿Hablas enserio?
El aludido suspiró cerrando los ojos. Había esperado hasta ese día para informarle por dos razones: la primera y principal, porque había intentando hacer todo lo que estaba a su alcance para evitar la mudanza; y segundo porque sabía de antemano que la idea no le agradaría a la morena en lo absoluto, no había querido que si se tuviesen que ir, los días antes su hermana se los pasara preocupada y decaída.
-Es por asuntos de la empresa.
Rukia no respondió. Dirigió la vista hacia la ventana frente a ella y observó sin ver realmente como las hojas del árbol en su patio se agitaban escandalosamente por la ventisca de la noche otoñal.
-¿Cuándo nos iremos?
-Mañana en la noche.
No queriendo demostrar sus sentimientos más de lo que ya hacía delante de Byakuya, apoyó las manos sobre la mesa y se puso de pie:
-Si me disculpas, hermano, ya terminé mi cena así que me retiraré por hoy.
Dio una pequeña inclinación de cabeza y salió por la puerta de la sala susurrando un inaudible "buenas noches".
Subió con calma las escaleras y se encerró en su habitación, deslizándose por la puerta hasta quedar sentada en el piso, con las rodillas pegadas al pecho y los brazos rodeándolas. Su vista se perdió en la luz de la Luna que entraba por la ventana y sobresalía entre la oscuridad del cuarto.
Trató de convencerse a sí misma que tal vez no sería tan malo, que le vendría bien un cambio de ambiente, y podría conocer a más personas aparte de las pocas con las que siempre estaba. Era en vano. Escondió su rostro entre sus brazos.
Karakura.
Hasta el nombre del lugar ya le desagradaba."
Sobrio.
"And if you're still breathing, you're the lucky ones
'Cause most of us are heaving through corrupted lungs
Setting fire to our insides for fun
Collecting names of the lovers that went wrong
The lovers that went wrong."
-Youth, Daughter.
Capítulo Dos:
Pusó los ojos en blanco y se tuvo que morder la lengua para evitar que se le escapara una respuesta mordaz al pelinaranja. No tenía ánimos para lidiar con cosas así ahora. Colocó una sonrisa falsa en su rostro.
-¡Nos vemos mañana y perdón de nuevo, Inoue! -se despidió, marchándose de allí rápidamente al ver la intención de Arisawa de llamarla.
Cuando salió del edificio y atravesó la reja del instituto, comenzó a caminar por las calles sin rumbo certero. Quería ir a su casa y encerrarse en su habitación pero la verdad era que no sabía en qué dirección quedaba o el camino hasta ella. Había estado demasiado distraída durante el recorrido en auto esa mañana cuando la habían llevado como para prestarle atención a eso o si quiera acordarse de preguntarle al chofer antes de bajarse.
Quizás era mejor que no volviese todavía. No quería estar en una habitación a la que no se terminaba de acostumbrar y a la que tampoco la sentía lo suficientemente suya.
Por lo que se dejó perder fácilmente por las calles de Karakura. Había hecho un largo trayecto antes de que sus pies se detuvieron en la orilla de un río. Se sentó en el pasto, con las piernas cruzadas y apoyando la mochila a su lado, observando fijamente el agua correr a gran velocidad por un rato.
Era un sitio cerca del centro pero a pesar de eso, no había nadie allí cerca en esos momentos. No parecía que fuera un lugar muy transitado.
Se acostó y estiró tanto como podía sus extremidades a cada lado, flexionando los dedos para jugar con la tierra y el pasto bajo ella. Inhaló profundamente. Le gustaba la paz que sentía en ese lugar. Exhaló el aire mientras se giraba para quedar de lado y se hizo un pequeño ovillo.
No quería reconocer que se sentía triste.
No había motivos para estarlo.
Deseaba volver a su verdadero hogar. Detestaba Karakura, detestaba la nueva escuela, detestaba el tener que relacionarse con personas desconocidas y formar nuevas relaciones cuando el único amigo que quería tener había quedado en Tokio. De todas maneras, eso no era excusa.
Debería haber sabido que el mudarse era algo inevitable con el trabajo y las responsabilidades de Byakuya. Había sido algo ingenuo de su parte olvidarse de eso y limitarse a encariñarse con lo que había dejado en Tokio.
No quería admitirlo porque no quería estar triste. Los Kuchiki eran más fuerte que eso. ¿Qué diría su hermano? Probablemente nada. Rukia era la prueba de que el frío y estoico Byakuya Kuchiki era una persona como cualquier otra; y que como alguien común, tenía un punto débil. Y ese era su hermana menor. No lo demostraba pero estaba claro en los pequeños gestos que tenía para con ella. Y aunque él no le exigiera tanto como a alguien que estuviera a su alrededor, la morena quería que su hermano se sintiera orgulloso de ella.
Cerró los ojos.
Sólo por unos pocos minutos y a escondidas de todos, se permitiría ser débil.
Ichigo salió del centro comercial dando un cansado suspiro. No le agradaba ir allí, demasiada gente para su gusto; pero cuando Yuzu le pidió si podía ir a hacer unos recados en su lugar ya que tenía mucha tarea, no pudo decirle que no. Esa niña se ponía más presiones de la que debería con la escuela y esforzándose por realizar todos los deberes de la casa para ayudar a sus padres que trabajaban la mayor parte del día.
Se subió hasta arriba el cierre de la campera, maldiciendo por lo bajo las bolsas con las compras que cargaba y le impedían resguardar las manos del frío en los bolsillos. Apenas eran las 6:30 de la tarde y el cielo ya estaba completamente oscuro.
-"Este año está siendo uno de los más fríos" -pensó.
Y eso que sólo era comienzos de otoño. Volvió a maldecir. Nunca se había llevado bien con las bajas temperaturas.
De repente, alguien impactó con su cuerpo por atrás, haciendo que perdiera el equilibrio y trastabillara hacia adelante, pero logró recomponerse antes de caer al suelo. Al alzar la mirada, vio a un hombre que se alejaba de él velozmente mientras oía los gritos de una mujer un par de metros más atrás que pedía que detuvieran al ladrón. En ese momento, él se dio vuelta y sus ojos chocaron con los de Ichigo. El pelinaranja notó que el sujeto tenía un estridente cabello celeste debajo de la capucha negra del buzo que lo cubría. El peliceleste le sonrío burlonamente antes de volverse y continuar huyendo. Sin detenerse a pensarlo mucho, Ichigo se lanzó tras él.
-¿Se puede saber dónde vas? -indagó una voz masculina proveniente desde detrás suyo, al mismo tiempo que sentía que era tomado por ambos brazos, deteniéndolo abruptamente.
-¿Qué no ves que le están robando? ¡Hay que ayudarlo!
Empezó a revolverse tratando de zafarse del agarre, pero este no aflojaba ni un poco.
-¿Si?
Ichigo dirigió la mirada con curiosidad hacia un lado al escuchar una voz femenina en esa ocasión, topándose con una chica (uno o dos años menor que él) apoyada contra el edificio a su derecha, el rostro gacho y sus ojos examinándolo atentamente. Su rubio cabello apresado en dos coletas altas a cada lado de su cabeza.
-¿Y cómo es que estás tan seguro de eso? -siguió hablando -No hay nada que te lo compruebe y aún si llegara a ser cierto, no es a ti al que están robando. No tienes por qué meterte en asuntos que no te incumben -avanzó hasta quedar frente suyo y le dio un par de palmadas leves en la mejilla -¿Así que por que no te llevas a otro lado tu complejo de superhéroe y tratas de salvar a alguien que verdaderamente lo necesite?- lo analizó durante unos segundos -Imbécil -murmuró apartando el rostro, casi con repugnancia.
El pelinaranja la ignoró y pasó la mirada de ella, forzando su vista hacia más adelante. Uno de los cuatro tipos que rodeaban al sujeto en rodillas, lo tomó por el cuello de la camisa, alzándolo hasta que quedara a pocos centímetros de su cara a la vez que le decía cosas que no llegaba a oír. Incluso en la distancia, percibía la actitud amenazante en los movimientos del peligris y el temor del que, él suponía, era la víctima.
Intentó soltarse una vez más.
-Deberías darle un fuerte golpe en la nuca para dejarlo inconsciente, pelado -opinó la rubia frente suyo, luego sonrío maliciosamente mientras lanzaba con su pie la sandalia que llevaba puesta al aire y la atrapaba con la mano -O podríamos enseñarle a no inmiscuirse donde no lo llaman mientras los demás terminan.
-Hiyori no seas bruta.
E Ichigo sintió a la sandalia rozar su cachete al volar directo a la persona que lo sostenía. Y por el gemido de dolor, supo que le dio al objetivo.
-¡Dejaré de ser bruta cuando tú dejes de ser tan estúpido, maldito pelado! -gritó la rubia, agitando un puño.
Aprovechó la distracción de esos dos al estar peleando entre ellos mismos y echó la cabeza hacia atrás con fuerza, acertando a pegarle fuertemente al sujeto que lo sostenía gracias a lo que finalmente logró que lo soltara. Y al largarse a correr, le patearon los pies haciendo que cayera pesadamente al suelo. Cerró los ojos con fuerza por el golpe. Antes de que pudiera reaccionar, Hiyori lo tomó por la camisa del uniforme y lo empujó para que quedara boca arriba. Se apresuró a sentarse sobre su estómago, con las piernas a cada lado, y sosteniéndolo del cabello para que no se pudiera levantar.
-¿Acaso no entiendes cuando te dicen que te quedes quieto? -susurró enojada -No tengo problema en hacerte entender a la fuerza si es necesario -amenazó.
-Ya déjalo Hiyori.
Ichigo hizo la mirada a un lado y vio al que lo había estado reteniendo segundos atrás acercarse con pasos perezosos y limpiándose la sangre que se derramaba de su nariz.
-Tenemos que irnos -agregó ante lo cual la rubia dio un rápido vistazo hacia delante, notando que los demás ya habían terminado y los miraban expectantes. Gruñó por lo bajo y reluctantemente hizo caso, poniéndose de pie y acercándose a Shinji que le extendía la sandalia que le había tirado.
El rubio se puso de cuclillas a un lado del Kurosaki.
-Espero que no nos volvamos a cruzar y si eso llega a suceder, no te atrevas a golpearme como lo has hecho. Ni intentes seguir haciéndote el héroe- pareció que se perdió unos segundos en sus pensamientos -Aunque si nos volvemos a ver, no creo que sea porque te andes haciendo el héroe -dijo distraídamente, Hiyori soltó una risa sarcástica mientras lo esperaba impacientemente -En todo caso la próxima no seré tan bueno y si molestas, dejaré que la pequeña monstruo te golpee tanto como quiera -agregó, rodeando los hombros de la rubia con su brazo e ignorando sus protestas e insultos por lo que había dicho y el contacto entre ellos, se marchó con ella hacia donde los demás aguardaban por ellos.
Frenó cuando no pudo más. Inclinándose hacia delante y apoyando las manos en las rodillas, trató de recuperar la respiración. Apretó los puños. Unos pocos segundos que había tardado en reaccionar y salir tras el ladrón, y el maldito ya había tomado una gran ventaja, haciendo que le sea imposible alcanzarlo. Miró con frustración las bolsas que cargaba, sabiendo que el peso de estas también lo habían retrasado.
Por un momento barajó la idea de volver al centro comercial y ver si encontraba a la mujer a la que habían robado para pedir disculpas por no poder detener al bastardo y de paso controlar que estuviera bien, pero desechó la idea . Se había alejado bastante y para cuando regresara, lo más probable era que la mujer ya no siguiera allí. Lentamente, aún con la respiración agitada, comenzó a caminar por las orillas del río hasta el que había llegado en su persecución, en dirección a su casa.
Frunció el ceño al percatarse de una figura aún no muy clara por la distancia, yaciendo en el pasto a unos pocos centímetros del agua. Apresuró su paso, creyendo en un principio que tal vez era lo que el ladrón había robado a la mujer y por x razón lo había dejado allí; sin embargo, descartó eso inmediatamente cuando al estar más cerca, pudo darse cuenta que era la figura de una persona; se preocupó tan pronto como distinguió que llevaba el uniforme femenino de su instituto.
-¡Hey! -
Corrió hacia allí y casi se cayó cuando bajó de la vereda hacia donde ella estaba. Dejó las bolsas en el suelo sin cuidado alguno y se arrodilló al lado del cuerpo de la jóven.
-¡¿Estás bien?! -exclamó, agitándola del hombro
Al hacerlo, hizo que su rostro se corriera de donde se escondía entre sus manos. Se sorprendió un poco al reconocer a la estudiante nueva del salón de Tatsuki.
Ichigo revolvió su mente en busca de su nombre. ¿Rooney? No, no le sonaba que fuese ese. ¿Ryo? tampoco. Maldijo su mala memoria para recordar los nombres de las personas. ¿Ritsu? ... No estaba del todo seguro pero creía que podría llegar a ser ese. Además, no eran momentos como para preocuparse precisamente eso.
-Oye Ritsu -la llamó, sacudiéndola del hombro vehemente -Ritsu, ¿estás bien? -habló más fuerte.
Ella se movió un poco, dándole un manotazo para apartar su brazo.
-Déjame dormir -dijo apenas audiblemente, acurrucándose nuevamente.
Su sorpresa creció mucho más.
¿Qué la dejará dormir? ¿Realmente estaba durmiendo? ¿Allí? ¿Sola? ¿A esas horas, con ese frío, y tan desabrigada como estaba usando sólo el uniforme escolar?
-Ritsu, despierta ya -ordenó autoritariamente, jalandola de un brazo hasta hacerla sentar.
-¡¿Qué te pasa?! -exclamó enojada Kuchiki por la brusquedad con la que había sido despertada. Su ceño se frunció aún más de lo que ya estaba al ver al tonto pelinaranja del instituto a su lado.
-¡¿Qué qué me pasa?! ¡¿Qué te pasa a ti?! -gritó Ichigo igual de enojado -¿Se puede saber qué haces durmiendo en este lugar?
Rukia lo miró confusa por unos momentos, y cuando al fin terminó de entender lo que él dijo, volteó la cabeza para observar a ambos lados. Realmente se había quedado dormida allí. Maldijo su estupidez internamente antes de echarle una mirada por el rabillo del ojo al pelinaranja, no atreviéndose a darle la cara ya que sentía sus mejillas calentarse.
-Me perdí buscando el camino a casa y cuando encontré este lugar, llevaba tiempo caminando así que vine a descansar un rato... y me quede dormida -explicó avergonzada.
Ichigo no apartó la mirada de su rostro por unos buenos segundos, analizandola sin disimulo alguno. Estaba seguro que había más que ella no le decía. Una persona no sólo se pierde y se va a dormir en la calle como si nada. Pero no la forzaría a que se lo contara si ella no quería. No se conocían, no tenía por qué andar metiendo la nariz en sus asuntos, y sinceramente tampoco le interesaba mucho.
Exhaló pesadamente y dejo caer la cabeza hacia delante, pasando una mano por su cabello
-¿Realmente estás perdida? -preguntó, más calmadamente.
La morena sólo se limitó a asentir silenciosamente, esquivandolo.
-¿Dónde vives?
Rukia se apresuró a buscar en los bolsillos de su falda el pequeño bollo papel que su hermano le había dado esa mañana antes de salir con la dirección, y cuando encontró, se lo pasó a Ichigo.
Él se sorprendió grandemente al leer la dirección, reconociendo el barrio en el que quedaba. Uno de los barrios más caros de Karakura. Le echó una vistazo a la morena y notando que ella continuaba avergonzada, decidió quedarse con la curiosidad y no hacerle preguntas. En silencio, se puso de pie y volvió a agarrar las bolsas.
-Queda cerca de mi casa. Vendrás conmigo y te diré cómo debes seguir desde allí.
Y sin más, retomó el camino de regreso.
Rukia dudó, no estando segura del todo en qué hacer pero considerando que era su mejor opción, y que además no quería andar sola perdida por las calles cuando ya estaba así de oscuro, se levantó y tomó su mochila, apurándose por alcanzarlo.
Ichigo no podía dejar de echarle miradas por la esquina del ojo, viendo como ella cruzaba los brazos sobre su pecho y trataba de resguardarse del frío lo más posible. No quería darle su campera. Él sólo llevaba una remera debajo e incluso con el abrigo puesto, también sufría de la baja temperatura; pero notaba como su pequeño cuerpo temblaba incesantemente, lo que la hacía lucir más frágil de lo que ya parecía.
Suspiró.
Si llegaba a agarrar un resfriado después se sentiría culpable, aunque no debiera. Se pasó una mano por el cabello y con exasperación, comenzó a desabrocharse la campera.
-Toma.
-No la quiero.
-Te estás congelando.
-Si me estoy congelando es culpa mía. Aparte, se nota por tu cara de fastidio que no quieres prestarmela, así que no lo hagas -discutió, testaruda como siempre.
-¡Bien! -exclamó -Y uno que trata de ser amable -murmuró con enojo, subiéndose el cierre de nuevo.
-No estoy interesada en tu amabilidad -refutó, cerrando los ojos y aumentando la velocidad para ir unos pasos más adelante que él.
Ichigo chasqueó la lengua molesto.
-Maldita enana.
Caminaron un par de cuadras más en silencio, hasta que el pelinaranja detuvo a Rukia y señaló a la casa junto a la pequeña clínica frente a la que habían parado.
-Aquí vivo yo. Tu tienes que seguir unas cinco cuadras y después doblas a la izquierda y son tres cuadras más, ¿son indicaciones sencillas o necesitás que te lo explique más fácil para que me entiendas y no te pierdas? -se burló..
-Eres tan chistoso -contestó la morena sarcásticamente -Adiós -se despidió, dándose la vuelta y disponiéndose a seguir las indicaciones que él le había dado.
-Al fin llegas, hijo -lo recibió su madre apenas entrar.
Ichigo sonrió ampliamente y se dejó rodear por sus brazos dócilmente, como solía hacer desde que tenía memoria.
-Lo siento, tuve un pequeño inconveniente -Masaki lo apartó ligeramente de sí -Nada importante -agregó al ver la interrogante en sus ojos.
-¡Gracias Ichigo! -exclamó Yuzu, corriendo hacia él y sacándole las bolsas de la mano antes de regresar igual de apurada a la cocina.
Ambos, madre e hijo, rieron ligeramente ante la acción de la castaña. Era una niña eufórica en todo momento, pero lo era más todavía cuando estaba su madre en casa (después de todo, mucho tiempo no tenía por su trabajo de enfermera en la clínica de su padre y en el Hospital General de Karakura).
-¿Y cómo estuvo tu día? -cuestionó Masaki, ingresando a la cocina con él.
El pelinaranja se quedó apoyado contra el marco de la puerta mientras observaba a las dos mujeres preparar la cena.
-Igual que siempre -contestó.
Masaki le dirigió una mirada por encima del hombro y le sonrió cálidamente.
Ichigo se quedó allí, observando como Yuzu no dejaba de insistir que su madre no hiciera nada y fuera a descansar hasta que la comida estuviera lista, pero ella de todos modos no le hacía caso y la ayudaba con la cocina. A pesar de sus insistencias, podía ver el brillo en los ojos de su hermana menor.
Sonrío.
Cubrió un bostezo con su mano derecha mientras salía perezosamente de su casa camino a la escuela.
Su mente no dejaba de divagar por lo que se preguntaba todas las mañanas.
¿Era necesario que las clases comenzarán tan temprano? Estaba seguro que por las caras de los profesores, tanto ellos como los alumnos agradecerían un par de horas más de sueño.
Volvió a bostezar, sin molestarse por cubrirlo en esta ocasión, mientras se rascaba la parte posterior de la cabeza. Al volver la vista al frente, divisó un par de metros más adelante la figura de alguien recargado contra la pared, la cabeza echada hacia adelante mientras no dejaba de patear las piedras que había a su alrededor.
-¿Te has vuelto a perder y necesitas ayuda para llegar al instituto?
La aludida pusó los ojos en blanco, cruzándose los brazos y mirándolo desaprobatoriamente.
-Te crees muy gracioso, zanahoria, pero no lo eres.
Él sonrío de lado y se encogió de hombros, continuando con su camino.
-Esperá -lo llamó Kuchiki, haciendo que se detuviera y se girara para verla.
"-Se amable con tus compañeros, Rukia-" recordó las palabras de su hermano y tomando aire, obligó a las palabras salir de su boca:
-Gracias... por ayudarme ayer -habló en apenas un murmullo.
Ichigo se quedó quieto unos segundos, ligeramente confundido por su comportamiento, y se tuvo que morder la lengua para frenar un comentario mordaz. Podía ver la sinceridad y la clara incomodidad en lo que decía. Se revolvió el cabello, sin saber muy bien que decir por lo que simplemente optó por darse vuelta y reanudar su caminata.
La morena sintió sus mejillas calentarse aún más cuando Kurosaki pasó de ella. Si de vergüenza o de ira, no lo sabía. Él estaba al tanto de lo que le había costado pronunciar aquellas palabras, ¿y la ignoraba como si nada? Rechinó los dientes y apartó la mirada de él con enojo. Sin embargo, se sorprendió un poco cuando él al fin dijo algo:
-Llegarás tarde si te quedas tanto tiempo ahí parada.
Rukia tardó en reaccionar y cuando lo hizo, aún un poco insegura de si era lo mejor, comenzó a caminar tras de él. Kurosaki alentó los pasos hasta quedar junto a ella..
-Tendrás que salir más temprano de tu casa si quieres llegar a tiempo con esos pequeños pasos que pueden dar tus cortas piernas, enana.
Y un alarido escapó de sus labios al sentir la fuerte patada de la morena en su pantorrilla.
Pensaba a esperar a terminar el tercer capítulo (y si andaba inspirada, también el cuarto) antes de subir esto porque dentro de dos semanas vuelvo a las cursadas en la facultad, y este cuatrimestre me anote en cinco materias, así que no tendré mucho tiempo para escribir (ni para vivir) y para ir adelantada... Pero como dije que lo subiría apenas lo terminará... y como sé que el fic está aburrido porque todavía no se ve bien de qué va (sinceramente, tampoco lo sé yo), decidí subirlo apenas lo termine.
¿Qué les pareció?
Y espero que con las aclaraciones, puedan entenderlo mejor. Muchas gracias a Palomita-hime que en un review me dijo que eso estaba medio confuso. Espero que ahora sí lo puedas entender mejor :D Y puede que en algunas cosas del futuro y/o pasado, ponga los nombres de qué personajes son, o esté muy claro implícitamente, y en otras (como en el anterior) no se sepa con seguridad quienes son, pero prefiero no decirles todavía quienes son u.u Es un intento trucho de generar más interés (?
Bueno, ya aparecieron más personajes (¡Hiyori!) y van a seguir apareciendo más (cara de monito tapándose los ojos de whatsapp). Creo que me odiaré después por meter tantos personajes en el fic...
Muuuuuuuuchisimas gracias a: diana carolina, Palomita-hime, Guest, y Suaries que fueron mis primeros reviews! Graciasgraciasgracias! :D También gracias a todos los que la/me agregaron a favoritos y/o alertas! :D
Está vez, tal vez si espere a tener un capítulo más adelantado antes de subir el tercero (si veo que me tardo mucho con el tercero, no, lo subiré directamente).
Espero que les haya gustado y cualquier opinión es más que bienvenida :D
~Louchette.
