Aclaraciones:
Normal - presente.
"Cursiva y negrita con comillas" - pasado.
Cursiva - futuro.
Su celular comenzó a sonar de repente, aturdiendo la tranquilidad y el silencio que había en el cuarto hasta ese momento. Se sobresaltó, sentándose en la cama rápidamente y mirando a su alrededor, tratando de sacudirse el sueño de encima como para entender qué sucedía.
-¡Kaien, contesta el maldito teléfono de una vez que quiero dormir en paz! -escuchó gritar a alguien, no pudo identificar si era la voz de su compañero de piso u otro pero poco le importó.
Los dos dueños de la casa ya se habían resignado a que sus amigos cayeran a ocupar su departamento sin permiso, y trajeran desconocidos con ellos. Mientras no se metieran en sus pertenencias, les dejarán sus habitaciones libres siempre para que pudiesen dormir cuando se les diera la gana, y trajeran alcohol o drogas para compartir con ellos, no tendrían problema con que se quedase el infeliz que quisiese.
Se refregó el ojo, en un vano intento por quitarse la necesidad de volverlos a cerrar y continuar durmiendo, y casi se cae de la cama cuando se estiró para agarrar los pantalones que había usado la noche anterior y yacían arrugados en el piso. Los tomó, y buscó en los bolsillos su móvil hasta encontrarlo en el trasero.
Respondió sin mirar el identificador de llamadas.
-Quien mierda sea, es jodidamente temprano. No molestes -habló apenas contestó.
Del otro lado se escuchó una risa corta y sarcástica.
-Son las 14.30 de un viernes Kaien.
El aludido se tensó de inmediato al reconocer la voz. Suspiró pesadamente y se pasó una mano por el rostro.
Ya se arrepentía de no haberse fijado quien mierda era.
-Hola -saludo escuetamente.
Otra carcajada se escuchó.
Eran risas, sí, pero le sonaban inmensamente tristes. Y eso lo odiaba.
-No me contestas las llamadas hace 5 meses, ¿y eso es lo único que dices después de tanto tiempo?
No respondió, no sabía qué decir.
Y ella estaba al tanto de eso, así que continúo hablando luego de dejar escapar el aire que había estado conteniendo.
-¿Por qué no me atendías?
Kaien se revolvió el cabello con frustración. Apartó las sábanas de encima suyo y se sentó en el borde de la cama, los codos apoyados en sus rodillas y la cabeza echada hacia delante, el celular presionado fuertemente contra su oreja.
Dio una rápida mirada al otro lado de la cama, comprobando que la mujer con la que había pasado la noche seguía completamente dormida.
La puta había estado tan drogada incluso antes de irse con él, que era obvio que se desmayaría por horas en la cama luego de que él terminó con ella.
La miró con repulsión, sintiéndose avergonzado y casi con miedo de que la persona del otro lado de la llamada se enterase de su presencia, sintió un incómodo sentimiento en su pecho, como si le estuviese fallando. Se revolvió el pelo con hastío una vez más y sonrió irónicamente. Como si solamente le estuviese fallando por haberse acostado con una puta...
-He estado muy ocupado -respondió, regresando la vista al piso y su atención a la llamada.
-¿Muy ocupado? -el sarcasmo claro en su voz -¿Tan ocupado como para no devolver una llamada en 5 meses? ¿En serio esa será tu excusa Kaien?
Silencio.
-Supongo que has estado demasiado ocupado siendo uno de sus tontos camellos y tu poco tiempo libre se te iba emborrachándote y drogándote -mutismo -Hace mucho no hablamos, dime ¿cuántas sobredosis te esforzaste por conseguir durante este período?
Arrugó el entrecejo.
Había cruzado la línea.
-No tengo porque darte excusas ni explicaciones -desafió, como si fuera el chiquillo infantil y consentido de hace tantos años atrás.
Ella no respondió por unos largos segundos, debatiéndose en si seguir la pelea o no. Finalmente optó por no hacerlo. Era la primera vez que hablaban en mucho tiempo, lo extrañaba y se había preocupado demasiado todos estos meses sin saber nada de él, no quería hacer que cortase e hiciera la llamada más corta de lo habitual.
-¿Cuándo vendrás a visitarnos? -se apresuró a preguntar, sus ojos clavados en el segundero del reloj.
Kaien suspiró, permitiéndole a sus músculos relajarse de lo tenso que se había puesto.
-No lo sé -respondió con sinceridad, echando un vistazo a la pantalla para ver cuanto había transcurrido de la llamada.
-¿Quieres que te vayamos a ver? Podemos ir cuando lo desees.
No quería prolongar esta llamada más de lo necesario.
-No, está bien. Gracias de todos modos -carraspeó -Bueno, me tengo que ir.
Le agotaba mentalmente hablar con ella.
Ella sonrió sin apartar sus ojos del segundero, apenas se habían cumplido 3 minutos.
-De acuerdo… Supongo que te llamaré de nuevo el próximo mes... Respóndeme cuando lo haga.
Rió, más que porque no sabía que decir que por otra cosa.
-Hablamos el próximo mes Kuukaku -se despidió -Mandale mis saludos al pequeño Ganju.
Kuukaku entrecerró los ojos, apretando fuertemente el móvil en su mano. Ni siquiera pudo decir "cuídate" antes de que su hermano terminara la llamada.
Se giró y vio a Ganju, su hermano menor, esperando oír lo que había sucedido.
-Vamos -ordenó sin explicar nada, ya luego lo haría.
"-Mandale mis saludos al pequeño Ganju-" recordó las palabras de Kaien.
Echó un vistazo al aludido que la seguía un par de pasos más atrás, con la cabeza gacha, sabía bien que estaba decepcionado por no haber tenido la oportunidad de hablar con su hermano. De nuevo.
Entrecerró los ojos con tristeza y volvió el rostro hacia el frente.
-"El tiempo pasa Kaien" -pensó.
Él parecía no darse cuenta de eso.
Ya habían pasado 6 años desde que se marchó. Ganju ya no era un pequeño de 12 años como él parecía recordarlo, ya tenía 18 años. Él había crecido como todos con el paso del tiempo; había crecido sin su hermano mayor al que tanto idolatraba y solía tomar como modelo a seguir.
Kuukaku cerró los ojos cansinamente.
Sobrio
"And if you're still breathing, you're the lucky ones
'Cause most of us are heaving through corrupted lungs
Setting fire to our insides for fun
Collecting names of the lovers that went wrong
The lovers that went wrong."
-Youth, Daughter.
Capítulo Cinco:
Frunció el ceño al ver a sus compañeros perdiendo el tiempo, aprovechando que el profesor de educación física había desaparecido con un grupo de chicos al que había atrapado tratando de saltarse las clases. Dijo que los llevaría con el director y volvería, que no tardaría más de 10 minutos. Eso ya hacía tres cuartos de hora.
Su salón compartía la clase de gimnasia con el curso de Ishida, por lo que eran más de los que usualmente solían ser.
La mayoría había optado por pasar el rato hablando con otros, entreteniendose con el celular o adelantando alguna tarea. Pero no, sus hiperactivos amigos habían decidido ser los únicos enérgicos y jugar al quemado.
Aunque no supo muy bien en qué momento lo decidieron, ni cuando dividieron los grupos. Sólo se enteró cuando alguien le colocó un balón en las manos, otro lo sobresaltó al gritar de la nada "¡Ya!" y de repente una pelota impactó con fuerza contra su rostro, proveniente de una sonriente enana que estaba en el equipo contrario.
Ahora sólo quedaban Orihime y Tatsuki en un equipo (en el que había estado él) contra Chad y Rukia. Las primeras dos tenían una pelota cada una; en cambio en el otro equipo sólo Sado tenía.
-¡Vamos Hime, terminemos con ellos de una vez! -exclamó Arisawa.
-¡Si! -respondió igual de entusiasmada Inoue.
Y ambas lanzaron al mismo tiempo.
A Ichigo le sorprendió notar la gran fuerza con la que su novia había lanzado la bola contra la enana. Sin embargo, está logró atraparlo; y Chad, que esquivó fácilmente la pelota de Tatsuki, aprovechó la distracción de la pelinaranja y la golpeó delicadamente. Rukia sonrió victoriosa a Arisawa y se preparó a lanzar, y aunque Tatsuki trató de esquivar el balón, no llegó a correrse a tiempo.
-¡Muy bien Rukia! -gritó Keigo, el primer eliminado del equipo de la morena, corriendo hacia ella, quien abrazó felizmente a Sado al haber ganado.
Chad la alzó sin esfuerzo alguno con un brazo y la sentó en su hombro derecho, sin dejar de sostenerla por las piernas por las dudas; mientras ella no dejaba de reír socarronamente y pretender modestia a los halagos de Keigo y Mizuiro.
Ichigo frunció el ceño y chasqueó la lengua. Se comportaba como si hubiera ganado algo importante cuando sólo fue un partido de quemados.
Sin embargo, le resultó extraño ver a Sado tan apegado a la pequeña morena. Ellos dos eran mejores amigos desde hace años y aunque era muy difícil que alguien le desagrade a Chad y siempre era amable con los demás, no era muy seguido que se mostraba completamente cómodo ni dado al contacto con otros. Sin embargo, la enana pareció haberse ganado su confianza. No pudo evitar sonreír levemente.
Se colocó la campera y rodeó su cuello y mitad de su rostro con una bufanda, saludó a Ishida y Chad que se estaban alistando para salir también, y salió del instituto.
Inmediatamente se sintió bienvenida en el brusco frío que hacía fuera, escondió las manos en los bolsillos de su abrigo, sintiendo el viento golpear contra ella y hacer revolotear su cabello.
Caminó por las vacías calles en dirección a casa.
Alzó la vista.
No era tarde, recién estaban saliendo del instituto, pero las calles estaban un poco más oscuras de lo normal a esas horas por el cielo nublado.
Inspiró profundamente. Le encantaba esta época del año.
-Oi Rukia -escuchó que alguien la llamaba por lo que se detuvo y volteó, encontrándose con el pelinaranja caminando hacia ella.
-¿No deberías estar acompañando a Orihime a su casa? -indago cuando estuvo a pocos pasos de distancia.
Él se encogió de hombros.
-Dijo que iría de compras con Tatsuki.
La morena retomó su camino cuando el pelinaranja llegó a su lado.
-¿Preparativos para la cena de hoy? -preguntó con burla, ante lo cual el pelinaranja sólo frunció el ceño y se encogió de hombros. Sonrió socarronamente -¿Crees que compre lencería?
Inmediatamente, Ichigo se puso totalmente rojo y giró hacia ella tartamudeando incoherencias. La sonrisa de Rukia se amplió ante esto.
-Vamos Ichigo, es tu novia, hoy tendrán una cena romántica, los dos solos en su casa… apuesto a que comprara -lo miró por el rabillo del ojo, Ichigo caminaba en silencio con la vista clavada en frente, el entrecejo más arrugado de lo habitual, y las mejillas rojas, parecía un niño enfurruñado -Yo que tu llevaría condones.
-¡Ya deja de molestar, ¿quieres?! -exclamó él, sin poder contenerse más.
Rukia río.
-Está bien pero realmente sigues siendo virgen, ¿eh?
El Kurosaki luchó porque no se notaran demasiado sus nervios y la incomodidad que le daba el tema, echó un vistazo a Rukia y notó su expresión seria y el característico brillo de curiosidad en sus ojos. Suspiró y apartó la mirada.
-¿Acaso tú no lo eres?
Ella se encogió de hombros.
-Sí pero no soy yo la que está de novia hace mucho tiempo, en plena edad hormonal. -inclinó la cabeza con la mirada fija en él, analizándolo- ¿Cuál es tu excusa?
Ichigo permaneció en silencio, sin responder, y cuando Rukia abrió la boca para repetir su pregunta, finalmente habló.
-Es difícil explicarlo pero -se revolvió el cabello con una mano -no siento que sea lo correcto -murmuró.
Rukia volteó a verlo con más curiosidad ante su respuesta pero antes de que pudiera indagar más, él se apuró a recorrer los pocos pasos que lo separaban de su hogar y abrió la pequeña puerta del jardín de entrada.
-¿No vienes? -preguntó al percatarse de que la morena se quedó de pie en su lugar, sin seguirlo.
-Creo que hoy mejor me voy a casa. No es tan difícil la tarea de matemáticas, podré hacerlo sola, y tienes una cita para la que prepararte.
-¿Segura? Aún falta mucho tiempo para eso y lo más seguro es que mi mamá y Yuzu te estén esperando con chocolate caliente dentro.
Rukia desvío la mirada a las luces prendidas que se veía a través de las ventanas, casi podía imaginarse la chocolatada con las galletitas que hacía Yuzu aguardándola en la mesa, como siempre la esperaba Masaki desde que empezó a ir a la casa de los Kurosaki's todos los días.
La calidez que desprendía el hogar la terminó atrayendo y se adentro al jardín.
Entraron a la casa, Ichigo cerrando la puerta tras de ellos, y rápidamente sintieron el calor de la residencia envolverlos. Dejaron sus abrigos en la entrada y la morena siguió al Kurosaki a la sala.
Masaki salió de la cocina al oír la puerta y sonrió al verlos. Gesto que inmediatamente correspondió el pelinaranja con una sonrisa mucho más sutil y disimulada.
-Bienvenido a casa Ichigo -saludó, correspondiendo el abrazo que el aludido le daba.
Rukia clavó su vista en una de las paredes para evitar ver la escena. No le gustaba admitirlo pero muchas veces al ver al pelinaranja con sus hermanas y sus padres, hacía que un sentimiento de soledad intenso le oprimiera el pecho.
Ella tenía a su hermano también, no estaba sola. Lo sabía. Pero no podía dejar de notar la diferencia entre lo acogedora que era la casa de Ichigo a comparación de la suya, y como en la casa Kurosaki siempre había alguien para recibir al que llegase. Estaban la mayor parte del tiempo en familia, parecía que en esa casa casi nunca había silencio; y en la suya usualmente era ella sola con la muda compañía de los empleados domésticos, ya que Byakuya casi nunca se hallaba o estaba demasiado ocupado por su trabajo.
-Hola Rukia -la saludó Masaki, despejandola de sus pensamientos.
-Buenas tardes señora Kurosaki -respondió, con una pequeña inclinación.
-Ya te he dicho que no hace falta que me trates con tanta formalidad -le sonrió la mujer, acercándose para darle un corto abrazo también, al que la morena no supo cómo responder -Sabés que eres bienvenida en esta casa y ya todos nos encariñamos contigo.
-¡Mi adorable esposa tiene razón Rukia, para nosotros ya eres como una tercera hija! -se escuchó por toda la casa el grito de Isshin a la vez que sus sonoros y apresurados pasos, provenientes del pasillo que comunicaba a la casa con la clínica de al lado. La puerta chocó contra la pared contraria al abrirla y el hombre saltó en dirección a la pequeña figura junto a su hijo, sin embargo, esté lo frenó estampándole un puñetazo en la cara antes de que pudiera llegar a la morena.
-Si no dejas de comportarte de esa manera, viejo, lo último que querrá hacer Rukia es relacionarse con esta familia -comentó con hastío Karin, sin apartar su mirada del partido de football que veía en la televisión.
-¡No digas esas cosas Karin! -la reprendió Yuzu, a la vez que salía de la cocina, le dió un corto abrazo a su hermano mayor a modo de saludo y tomó la mano de Rukia, comenzando a llevarla a la cocina -Hoy hice unas galletitas que nunca antes había hecho, ¿te gustaría probarlas?
La aludida sonrió y asintió con la cabeza.
La casa estaba inundada por los gritos tanto del padre como del hijo Kurosaki que discutían entre ellos, Masaki reía con fingida inocencia e ignoraba a su esposo cuando él la llamaba pidiendo ayuda por algún golpe o llave que el pelinaranja le hacía, Karin permanecía en el sofá con los ojos cerrados con fastidio y soltando cada tanto algunos comentarios mordaces a su padre también, y Yuzu no dejaba de apabullarla con todas las cosas que había cocinado ese día y que quería que probase.
Sonrío.
Se sentía demasiado a gusto allí.
-¡No sabes lo que me alegra que te haya gustado la comida! -exclamó Orihime, colocando el dvd de la película que se habían decidido por ver con su novio en el reproductor y encendiendolo -Estaba muy nerviosa que no sea así, no es algo que hubiera hecho yo pero Tatsuki me insistió en comprar este libro de cocina porque estaba segura que a vos te gustaba y estuvo varios días diciéndome que siguiera paso por paso la receta que decía ahí y no le agregara nada -comentó, yendo a apagar las luces y sentándose en el sillón junto a él.
Ichigo río escuetamente, haciendo una nota mental de agradecerle a Tatsuki. Después de todo, sabía cómo era Inoue en la cocina y había temido el hecho de tener que comer uno de sus inventos.
Empezó la película y ambos se concentraron en la pantalla del televisor.
Era una película romántica, un género que usualmente no solía ver el pelinaranja pero eran de las favoritas de Orihime así que cuando ella le preguntó si le gustaría verla y al percatarse de las obvias ansias de ella por hacerlo, sólo se limitó a asentir con la cabeza. Se esforzó por contener un bostezo y no dejar que sus ojos se cerrarán. Sin embargo, se puso inmediatamente tenso cuando Inoue se acercó más a él y recostó su cabeza en su hombro. Se removió inquieto, no estando seguro de cómo responder el gesto hasta que finalmente se decidió por rodearla con un brazo, cosa que al parecer ella tomó como incentivo ya que recostó más de su cuerpo contra él, acurrucándose a su costado.
El Kurosaki concentró su mirada en la película, fingiendo estar compenetrado en está cuando sintió como su novia volteaba a verlo fijamente.
-Ichigo -la oyó murmurar.
Reticentemente, giró su rostro hacia ella, quien lentamente y con cierta vergüenza cerró el espacio entre sus rostros y comenzó a besarlo delicadamente. El pelinaranja le correspondió lo mejor que pudo.
Sentía a sus manos sudar. Estaba nervioso. Siempre lo estaba cuando estaba así con Orihime. Temía hacer algo que no le gustara o hacer menos de lo que esperaba, temía ser más brusco de lo que debía; después de todo, todos sabían que él era muy bruto y Orihime era demasiado delicada. Dubitativamente, colocó la otra mano que no la rodeaba en una de sus mejillas cuando sintió las de ella aferrarse a su camisa a la vez que profundizaba el beso, poniéndolo aún más nervioso.
"-¿Crees que compre lencería?-" maldijo a la enana y así mismo por recordar justo en ese momento, lo que le había dicho esa tarde "-Apuesto a que lo hará-"
Esperaba que no y tampoco quería saberlo.
No era la primera vez que estaba a solas con Orihime en su casa y no era la primera vez que ella demostraba algunas tímidas señales de querer empezar a hacer ciertas cosas. Pero él no había mentido cuando dijo que sentía que no era la correcto. Algo lo frenaba.
En un pequeño momento de coraje, Inoue se sentó en su regazo, colocado sus piernas a cada lado suyo y sin romper el beso.
Ichigo quiso detenerla, no dejar que esto avance más; pero no supo cómo hacerlo sin lastimar sus sentimientos.
Rukia suspiró profundamente, dejando caer los hombros hacia delante, el codo apoyado en la mesa y el rostro en su mano, sin dejar de observar el segundero del reloj avanzar.
La comida de su plato yacía ya completamente fría e intacta, al igual que la del plato frente a ella, el lugar vacío de su hermano.
Esa mañana, Byakuya le había dejado el mensaje de que probablemente llegaría a la cena y la morena se había puesto feliz por ello. No eran muchas las veces que cenaban juntos, no eran muchas las veces que podían pasar tiempo juntos debido a la ocupada agenda de él. Por lo que siempre que él se liberaba un pequeño momento para pasarlo con ella, trataba de aprovecharlo. Fue por eso que se negó a las insistencias de la familia Kurosaki cuando la invitaron a que se quedara a cenar a pesar de que Ichigo saliera; pero…
Usualmente, en la mansión cenaban a las 21 hs y ya eran las 21:45.
Suspiró otra vez.
El silencio reinaba en el lugar, tanto que cuando alguien golpeó sutilmente la puerta del comedor, la sobresaltó ligeramente.
-Adelante -dijo, enderezandose en su asiento, pensando que si Byakuya estaría ahí, la miraría con reprobación ante su postura encorvada.
Un señor mayor se asomó por la puerta e hizo una pequeña reverencia antes de hablar.
-Su hermano acaba de llamar para disculparse y avisarle que surgió un imprevisto, no podrá llegar a la cena -habló, sin poder evitar sentir cierta pena por la pequeña figura de la dama de la casa, parecía más diminuta de lo que era sola en la inmensa sala.
-Está bien, muchas gracias -respondió la morena, bajando su mirada al plato.
-¿Desea que le volvamos a calentar la comida, señorita? -volvió a hablar el mayordomo, percatandose de la comida sin tocar.
Rukia inspiró profundamente y negó con la cabeza.
-No te hagas problema, de todos modos no tengo hambre -se puso de pie y se acercó a él, saliendo de la habitación y dirigiéndose a la entrada de la casa. Se colocó el abrigo que colgaba en uno de los percheros cerca de la puerta y luego una bufanda y unos guantes. -Saldré a dar una vuelta -le avisó al hombre antes de salir de la casa.
No le dio tiempo a que él le respondiera, seguramente le hubiera insistido que salga con el chofer por lo tarde que era. Pero no quería eso, necesitaba un poco de aire fresco.
Apresuró sus pasos, casi corriendo por las calles, recordando como unas cuantas semanas atrás dos tipos la habían molestado allí. Sólo frenó cuando llegó al pequeño parque que ya tanto conocía. Dudó unos momentos antes de adentrarse. Hacía mucho frío y era bastante tarde para estar sola en un lugar así pero no sabía a dónde más ir y aún no sentía deseos de volver a la mansión. Lentamente se acercó a la hamaca y se sentó en uno de los asientos, sujetó las cadenas a los lados y echó la cabeza hacia atrás. Veía su aliento en cada exhalación que daba.
-¿Qué haces aquí tan tarde enana? ¿Estás loca?
No pudo evitar sobresaltarse en su lugar ante la repentina voz. Rápidamente se giró y vio al pelinaranja parado a un lado detrás de ella.
-¡Idiota, me asustaste! -exclamó, con una mano en el pecho y tratando de calmar el acelerado ritmo de su corazón.
-Te lo mereces, ¿acaso no sabés lo que es la inseguridad? ¿o eres tan temeraria que ya rayas la estupidez? -cuestionó, sin dejar de observarla con un marcado ceño fruncido.
-Ya cortala, ¿quieres? Si hay alguien idiota aquí, sos vos -volvió la vista al suelo, moviendo ligeramente la hamaca -Nada más quise salir a dar una pequeña vuelta -murmuró.
Ichigo frunció más el ceño, con ganas de seguir reprochandole lo tonta que había sido su acción, pero al notar los hombros caídos y el semblante ausente de la morena, se contuvo. Recordó como esa tarde Rukia le había dicho que cenaría con su hermano y lo contenta que se mostraba por eso. No eran muchas las veces que ella le hablaba de su familia; incluso cuando ella se quedaba en su casa, no importaba qué tan tarde se quedará (aunque procuraba volver antes de las 10 de la noche), nunca había visto que alguien la llamara o le mandara un mensaje preguntando donde estaba; y las pocas veces que había ido a su mansión (una la vez que había ido cuando fueron al centro, y otras dos veces que fueron cuando necesitaban alguna información para alguna materia e iban a buscarla en su enorme biblioteca) nunca había habido alguien más aparte de los empleados; así que entendió su alegría por la cena de hoy. La observo una vez más, sin embargo, parece que no había salido como ella esperaba. Inhaló profundamente y se sentó en la hamaca junto a ella, echando su cabeza hacia atrás para ver las estrellas, como Rukia había estado haciendo previamente.
-¿Tu hermano al final no llegó a la cena?
Ella se encogió de hombros.
-Tiene mucho trabajo -volteó a verlo -¿cómo estuvo tu cita?
-Bien -respondió en medio de un suspiro.
"En el momento en que sintió como sus manos comenzaban a meterse bajo su camisa, supo que no podía seguir más. Inmediatamente rompió el beso y la tomó por la cintura, regresando a sentarla junto a él.
-¡Se está haciendo muy tarde y será mejor que vuelva antes que mamá y Yuzu se preocupen por mí! -exclamó, poniéndose de pie y colocándose la campera que había dejado a un costado bajo la sorprendida mirada de su novia.
Orihime abrió y cerró la boca varias veces, sin saber qué decir. Pero el pelinaranja no le dio el suficiente tiempo, antes de que pudiera hacer algo, él se despidió de ella diciéndole que se verían el lunes en el instituto y sin dirigirle la mirada, se marchó. Sintió como sus ojos comenzaban a arderle y un pequeño pinchazo en el pecho. Las mejillas le ardían y estaba segura que estaban rojas por la vergüenza… ¿La había rechazado?"
-Bien… ¿nada más? -Ichigo asintió -¿Tenía razón en que fue con Tatsuki a comprar lencería?
El Kurosaki la volteó a ver, su rostro completamente rojo.
-¡¿Y cómo crees que voy a saber eso yo?!
Rukia sonrió socarronamente.
-Así que al final no sucedió nada, ¿eh? -el pelinaranja sintió su rostro arder aún más y apartó la mirada. Rukia rió antes de volver a echar la cabeza hacia atrás -Sólo te estoy molestando Ichigo, no deberías avergonzarte por eso -susurró.
Él entrecerró los ojos, clavando su mirada en el piso.
Aún podía ver la mirada decepcionada de Inoue en su mente.
Ambos quedaron en silencio por varios minutos. Rukia había comenzado a hamacarse mientras que el pelinaranja permanecía sentado, observando el cielo. Cada tanto sus cuerpos temblaban por la baja temperatura y la fría ventisca les revolvía el pelo.
-¿Quieres que vayamos volviendo? -propuso la Kuchiki, a sabiendas de lo que le desagradaba el frío a Ichigo.
Él negó con la cabeza.
Aún no se quería ir. Se sentía cómodo allí, con ella.
Lo vio acercarse, caminando firmemente y con el ceño fruncido, como siempre.
Se alejó de la pared frente al parque en la que había estado recostada, esperándolo.
-Ichigo -lo llamó cuando estuvo a unos pocos pasos de distancia.
Pero él siguió de largo, pasándole por al lado, sin dirigirle una sola mirada e ignorando su llamado.
Rukia lo observó alejarse. Con los ojos bien abiertos y sintiendo una leve molestia en su interior. Apretó los labios y se dió la vuelta, continuando su camino.
Iba varios pasos detrás de él, ambos teniendo bien en cuenta la presencia del otro pero demostrando lo contrario.
La Kuchiki no volvió a llamarlo de nuevo y el Kurosaki no giró a verla en ningún momento. Incluso daba pasos grandes y veloces para tratar de llegar a su casa rápido y poner la mayor distancia posible entre ellos.
No se dió cuenta de que había estado conteniendo el aliento hasta que llegó a su hogar, se adentro y cerró la puerta detrás de él, recostándose contra esta tomó varias respiraciones profundas y estiró sus manos para relajar sus acalambrados dedos de lo fuerte que las había estado apretando.
Sin decir nada ni saludar a nadie, se dirigió a su habitación. Ignorando las miradas confusas de su familia y el malestar en su pecho.
Da vergüenza ajena cada cuanto actualizo este fic.
Muuuuuchísimas gracias a: Kei , Andre y SuAries. Enserio aprecio sus reviews y son lo que más me hacen sentir sucia por no actualizar más seguido (?
Espero que les haya gustado y cualquier opinión es más que bienvenida :D
~Louchette.
