MELODÍA CONTAGIOSA
CAPÍTULO VI
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N/A: ¡Happy New Year & Merry Christmas! (léase con voz de inglés avanzado de Mari) Y Reyes Magos y Día de la Candelaria… por si acaso (?) Pongo las notitas acá para no arruinarles la sorpresa del final~ ¬w¬ Espero disfruten esta nueva actualización y con gratitud por sus comentarios, les informo que sólo queda el capítulo final, ¡gracias por seguir leyendo!
Y sin más, el penúltimo capítulo~
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Las fuerzas de sus piernas no fueron suficientes para evitar que Honoka cayera de cara al suelo.
— ¡Honoka!
Los sentidos de Maki se dispararon al ver a la chica inmóvil; aunque sabía que no debía alterarse, no podía conservar la calma tratándose de Honoka. Sus nervios la traicionaban. Echó vistazos al pasillo mientras se agachaba a su lado, odiando que ninguna otra persona se apareciera por ahí, ¿era demasiado temprano?
Se quitó la chaqueta y la amoldó lo mejor que pudo para ponerla en el suelo, con extremo cuidado volteó el cuerpo de Honoka, dejando su cabeza firme sobre el bulto. Revisó su muñeca y yugular, su pulso era débil y rápido… No era una buena señal.
Con la yema de sus dedos, le abrió los ojos, buscando una señal de lucidez. Honoka seguía inconsciente.
—No lo entiendo, ¿q-qué fue lo que pasó? Tengo… tengo que llamar a una ambulancia.
Aturdida, recordó que su teléfono estaba en la chaqueta. Cuando lo obtuvo, no pudo evitar mirar el rostro inerte de la chica, sus labios entreabiertos exhalaban aire con rapidez. Entonces notó la palidez de estos… no, más que eso, su piel usualmente bronceada, tenía otra tonalidad, ¿amarilla? La chispa brilló en su cabeza, revisó de nuevo sus ojos poniendo especial atención en la conjuntiva.
¿Cómo no lo había notado antes?
—Eres una idiota —musitó.
Apretó con fuerza el teléfono, impotente. Fue justo como siempre dijo que pasaría y el peso de haber atinado, la agobiaba. Le dirigió una mirada triste a la chica en el suelo, sabiendo que nada podía hacerse.
Tecleó el número de su hospital y antes de poder presionar el botón verde, el aparato voló de sus manos.
—¡¿Pero qué…?!
Sus ojos se enfrentaron a los azules, semi abiertos, semi vacíos.
—Por favor, no llames a nadie —ella suplicó con voz patosa.
—Estás enferma —le indicó, endureciendo su voz—, tienes que ser atendida de inmediato, suministrarte algunas vitaminas, descansar y comer bien —contrario a su pulso acelerado, su piel se sentía fría.
Honoka hizo el amago de levantarse, ignorando sus protestas.
—Debo reunirme con Kotori-chan y Umi-chan para el vestuario, eso es lo que tengo que hacer.
La ayudó a reincorporarse, pero los calambres en sus piernas impedían que se mantuviera bien de pie.
—Tienes una severa anemia, y si no te tratas ahora, podría empezar una hemorragia conflictiva. Honoka, entiende, así como estás, no eres capaz de hacer nada —le dolía decirlo, ser ella quién se encargara de alejarla de lo que amaba, ¿era este otro castigo? ¿Verla fallar?
—Tú no lo entiendes —gruñó la chica, no se despegó de la pared intentando avanzar.
Fue por su teléfono y chaqueta para correr a su lado, intentando alcanzar su brazo para detenerla; Honoka apartó su mano antes de tocarla.
El rechazo le dolió.
—Claro que lo hago, tú eres la que no entiende, estás en una condición crítica; este es tu límite —dijo, sentía la hiel subir a cada palabra, la amargura de la sentencia.
—Puedo hacer esto, no voy a dejarlas, ¡no después de todo lo que hicimos! —ella la miró con enardecidos ojos. Sus labios pálidos apenas se abrían.
Inspiró hondo, tratando de calmarse. No podía enfurecerse, no en estas condiciones donde el ánimo de la chica jengibre estaba en llamas. Alguien tenía que ser razonable, al menos esta vez.
—Llamaré a Umi, ella tiene que saber, si es que no se ha dado cuenta antes. No sé cómo pudiste pasar de ella.
Honoka se despegó de la pared, dispuesta a quitarle el móvil. Maki la esquivó a tiempo, guardando el dispositivo en su pantalón. Justo antes de que ella trastabillara, alcanzó a sostenerla evitando una nueva caída.
—¿Lo ves? ¡Estás demasiado débil! Necesitas reposar, no seas terca y por una vez, piensa en ti.
—¡Es porque estoy pensando en mí que no puedo rendirme! — Honoka gritó, sus manos se cerraron sobre su ropa, arrugando la tela y arañando algo de piel, no protestó.
Sus propias manos se cernieron de forma suave sobre las ajenas que, pese a su condición, aún conservaban algo de calidez.
—Yo más que nadie sé lo mucho que has trabajado —le dijo mirándola, aun cuando ella no la veía—, pero también los demás lo han hecho, no es sólo tu oportunidad, Honoka, podrías desmayarte de nuevo, y echar a perder todo el trabajo.
En vez de obtener una respuesta, obtuvo un desgarrador sollozo. Genial, la había jodido de nuevo.
No sabía qué hacer, estaba igual de perdida. No quería verla fallar, pero tampoco quería verla enferma. Las dos visiones eran horribles, ¿de verdad no podía hacer nada? ¿Era ella culpable de esto?
—¡No voy a rendirme! Es porque ellos confían en mí, que tengo que hacerlo, nadie puede reemplazarme, ¡nunca contemplamos un suplente! —dijo, entre palabras cortadas.
Sus manos la dejaron libre, sintiendo el miedo de verla caer de nuevo, no fue consciente de lo que hacía hasta que sintió su cuerpo apresado entre sus brazos.
Esperaba que ella la apartara, lo que no hizo, pronto sintió sus manos envolverla también. Honoka pareció olvidar el problema entre las dos, los resentimientos y el odio, estaba tan necesitada de consuelo, que no le iba a negar el confort que podría proveerle. De nuevo la escuchaba llorar, aunque esta vez, podía sentir las lágrimas empapando sus hombros, ¿es que era su destino escuchar su voz rota? Quería eliminar cualquier rastro de tristeza, borrar cualquier desconsuelo que la atormentara, ahora lo sabía. Pero en ese momento, no había nada que pudiera hacer para aliviar su pesar.
Verla tan frágil, removió la culpa que guardaba.
—Lo siento, Honoka, por todas las cosas que dije esa noche —musitó, no podía ser el mejor momento para disculparse, pero estando ahí, entre sus brazos, la aflicción la envolvía—, la verdad, es que nunca había oído a alguien cantar como lo haces, no sólo eres talentosa, también eres una maravillosa persona, ¡y aun no entiendo como en este maldito mundo…! —suspiró, una de sus manos viajó hasta la cabellera naranja, para acariciarla con sutiles roces—… alguien no te ha encontrado. Lamento las cosas horribles que te dije, no sabes cuánto me detesto por haberlo hecho, ¡no lo merecías...!
Pasaron unos segundos donde sólo escuchó a Honoka intentando detener el llanto, la apretó más, tratando de transmitirle confort.
—Has trabajado muy duro para llegar hasta aquí —continuó diciendo—, has hecho más que nadie y estoy segura de que tendrás la recompensa por hacerlo. De alguna forma, los demás lo arreglarán, nos encargaremos de eso para que tú descanses. Honoka, no sabes cuánto lamento que no puedas actuar, pero sé que vas a triunfar… tal vez no hoy, pero lo harás.
La chica se alejó poco a poco de la comodidad, la miró a los ojos con aquél destello de determinación ardiendo.
—Si eso es lo que crees… si tengo una oportunidad… entonces, ¡ayúdame a que ese día sea hoy!
Los ojos llorosos de Honoka le dieron un golpe directo.
—¿¡Q-Qué!? Si hubiera alguna forma, sin dudar lo haría, ¡pero estás enferma! Es diferente.
—Entonces, hazlo por arrepentimiento.
No, no podía jugar de esa forma con ella.
—No puedo. No puedes usar eso conmigo, ¡podrías empeorar!
—¡Por favor! —la chica suplicó— Hazlo por todos, muéstrame que de verdad lo lamentas.
—Honoka… es difícil.
—¡Maki-chan! ¡Esta es mi oportunidad! ¡Tal vez la única! —Honoka la tomó de las manos, su pálido rostro ahora estaba tiñéndose de coraje— Mis padres y mi hermana están ahí, tengo que demostrarles que puedo hacer esto, que no fue un error haber intentado llegar aquí —su tono se suavizó, el agarre en sus manos se aflojó—, tú no sabes lo difícil que fue despertar temprano cada día cuando solo querías dormir un poco más, aguantar el frio de las madrugadas y las lluvias de la tarde, poner tu atención y energías en cada lugar y cada empleo. Pasar las noches metida en tareas y proyectos y pensar que ya no puedes más, sentir que tu alma y voz mueren con los ensayos, tener el cuerpo adormecido, y aun así, seguir moviéndote, soportar regaños y aún mantener la sonrisa. Llorar en soledad, porque no quieres preocupar a nadie, ni siquiera a Umi-chan —su voz se fue apagando—… Ver a tu familia esperar el momento en que falles, ¡tú no sabes lo que es luchar por algo que amas más que a tu propia vida!
—Honoka… —susurró, desconsolada. Se mordió el interior de su mejilla.
Umi siempre le habló sobre la fuerza que la impulsaba, no sabía que en la misma proporción la gastaba, nunca se imaginó el peso de la carga sobre sus hombros.
—¿Nunca te has sentido así? ¿Querer demostrarles a tus padres que puedes hacer las cosas, que puedes lograrlo? He vivido bajo la sombra de lo que ellos creen, de sus propias metas y reflejo en mí, pero no es lo que yo quería, no es lo que me hacía sentir viva… Encontré algo que amo hacer, ¡y voy a luchar por ello!
Cobarde, así es como se sentía. Honoka había tenido el valor de enfrentarse a su familia frente a todos para lograr su meta, aun sin su apoyo, y sin el apoyo de nadie más, buscaba demostrarse a sí misma de lo que era capaz.
Algo que ella nunca hizo, siempre fueron sus padres los que impusieron sus deseos, había olvidado incluso, lo que era soñar.
—Lo entiendo, ¡lo entiendo! Diablos, quisiera no entenderlo —dijo finalmente, frustrada. No importaba lo mucho que se opusiera, la resolución de Honoka era demasiado apabullante.
La chica jengibre sonrió con ternura radiante. La chica de ojos violeta cambió la posición de sus manos, siendo ella quien las sostuviera ahora.
—Pero será a mi modo.
Con sus manos unidas, Maki se llevó a Honoka a paso lento hacia el consultorio general de su facultad, estaba segura de que nadie estaba ahí y ella por suerte tenía una copia de la llave.
Actuó lo más rápido posible, midiendo el tiempo que les quedaba antes de que los preparativos comenzaran; le costó un poco de trabajo que Honoka se dejara suministrar suero en la vena, entre sus quejidos y lloriqueos, le explicó que era la única forma de ayudarla por ahora.
—Esto duele —gimoteó la chica, tratando de no mirar tanto tiempo la aguja insertada en su brazo.
—No creías que sería tan fácil, ¿verdad? —le preguntó burlona, obteniendo un adorable puchero como recompensa—, aunque aún necesitas más vitaminas y dormir, una mejor dieta también. Por el momento, esto sólo te proporcionará un poco de estabilidad, para que no estés tan deshidratada. Aún hay riesgo de que te desmayes, voy a estar vigilándote y si veo que llegas al límite, no me importará entrar y detener todo para sacarte. Tendré mi auto listo para llevarte al hospital cuando acabe, ¿entendido? —como ella guardó silencio, lo repitió, esta vez en tono más amenazante— ¿Lo has entendido, Honoka?
—Sí, lo sé —asintió enfurruñada—, no pasará nada, lo juro, y si siento que estoy mal, saldré de la obra.
Maki la miró sonriendo, complacida de estar en buenos términos, o al menos en una tregua. Había visto una faceta nueva en ella, y el sentimiento de gozo y protección dentro suyo se hizo más fuerte. No cabía duda, de que le gustaba demasiado.
—Gracias por tu ayuda Nishikino…—las palabras se detuvieron, el corazón en su pecho se sintió helado—, Maki-chan, gracias, Maki.
El fuego derritió el breve hielo que se formó. En un movimiento atrevido, una de sus manos, viajó a su rostro para acariciar con parsimonia sus mejillas, Honoka la miró confusa y ella sólo atinó a seguir sonriendo.
—Aún no he dicho todo, hay otra cosa que debo decirte… pero será cuando todo acabe.
—Lo estaré esperando —los azules de Honoka brillaron expectantes.
Maki se alejó de ella y se centró en su tarea, dejando a Honoka repasar sus diálogos en extrema concentración. Pasado el tiempo, juntas se trasladaron a la obra donde Kotori y las demás ya las esperaban.
Antes de entrar, sabiendo que Umi estaba ahí, impaciente, instó a Honoka que lo hiciera primero, aún no estaba lista para hablar con su senpai y mucho menos, con las condiciones actuales. También le había jurado a Honoka que no le diría a nadie, y pensaba cumplirlo pese a lo riesgoso que se veía.
Si esta era su oportunidad de hacer las cosas bien con la chica que le gustaba, entonces no lo arruinaría.
Pronto, el auditorio zumbó de excitación, los actores fueron transformados y el escenario se encendió.
El musical dio inicio.
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Desde el comienzo, la audiencia se vio inmersa en la historia, las exclamaciones de asombro y gracia no se hicieron esperar.
Orgullosa, Maki observó el auditorio a reventar, con las primeras filas ocupadas por prensa y gente que no parecían ser cualquiera. Ese debía ser el poder que genera contar con estrellas famosas participando, aunque le gustaría que la atención fuese a una sola persona, la misma que ella miraba fijamente.
Honoka lucía impecable, el maquillaje la ayudaba a ocultar la palidez de su piel y aunque el suero no era gran cosa, parecía proporcionarle un poco más de fuerza para actuar. No dejó de mirarla ni un segundo, pendiente de cada movimiento y cada gesto, de cada gota de sudor y jadeo; al menor indicio, ella entraría para llevársela.
No era la única que miraba tan atentamente sus movimientos, Umi, del otro lado del escenario, no la perdía de vista tampoco. Más de una vez cruzaron miradas, Maki hizo todo lo posible por mostrar su arrepentimiento esperando que ella lo comprendiera, pero Umi parecía no estar dispuesta a ceder tan fácil. En algún momento tuvo el impulso de ir hacia ella y decirle lo que ocurría con Honoka, sólo que, conociéndola, ella sí sería capaz de sacarla a la fuerza y eso era algo que no podía permitir, no después de ver a la chica jengibre tan desesperada.
Apenas Honoka salía de escena, quería correr a su lado y preguntar cómo se sentía, en cambio, se quedó a la distancia tratando de que nadie notara su preocupación. Umi era quien tenía ese puesto, aun sin saber nada. Sus dedos tamborileaban en sus brazos, buscando apartar el nerviosismo. Sólo tras el tercer acto, tuvo su oportunidad de estar cerca de ella, debido a que Umi tuvo que arreglar algún detalle extra con el narrador.
—¿Te has sentido mareada de nuevo? ¿Tienes dolor en alguna parte? ¿Nauseas? — la atacó con preguntas, una vez que logró llegar hasta ella para pasarle agua y una toalla para el sudor.
—Prometí que no te mentiría y no lo haré —Honoka le sonrío—, siento mi cuerpo un poco adormecido, pero estamos a la mitad, ¡lo lograré!
—Se acerca tu solo, ten cuidado. Recuerda que no dudaré en saltar si pasa algo —le advirtió, mientras terminaba de revisar sus signos vitales. Aún estaban débiles—, en serio, Honoka, si sientes que no puedes, sal de ahí. Ya hiciste lo suficiente.
—No te preocupes Maki-chan, ¡nada pasará!
Maki no estaba tan segura, pero no podía hacer nada más que confiar en ella.
—Sé que puedes, así que… suerte.
Una chica del staff les avisó de la siguiente escena, internamente, esperaba que Honoka dijera algo más, aunque no estaba segura de qué. Ella suspiró y manteniendo su sonrisa, marchó hacia el escenario.
Hizo lo mismo, ocupando su lugar a un lado, conservando el agua y la toalla entre sus manos. De pronto, su celular vibró con fuerza en su bolsillo; al sacarlo y revisar la pantalla se sorprendió de ver que era su padre quién llamaba. Los nervios y el miedo la invadieron.
Dejó las cosas a una chica cualquiera y salió a tropel del lugar, buscando un espacio sin mucho ruido.
—¿Papá? ¿Q-Qué ocurre..?
—¡Maki, hija! ¡Tengo excelentes noticias! Te veo en el café cerca de tu universidad en quince minutos, estoy llegando.
—¿¡Q-Qué!? ¡Papá...!
Él ni siquiera la dejó terminar, cortó la llamada apenas dijo aquello. Maki se quedó en shock, mirando la pantalla, su respiración se puso pesada.
¿Qué se supone que debía hacer? Honoka estaba en el escenario y nadie más que ella sabía lo peligroso de su salud, le prometió no decirle a nadie y tenía que cumplirlo si quería su perdón y una oportunidad con ella.
Y ahora su padre estaba llegando hasta ahí, con algo urgente de qué hablar, cosa que no le daba buena espina. Dudando, miró las puertas cerradas del auditorio, podía escuchar la voz de Honoka y maldijo no poder verla actuar, era lo que más estaba esperando.
Apretó los puños con las ganas de golpear la pared. Su padre no iba a perdonarle si faltaba.
Se revolvió parte de su cabello, frustrada.
—Voy a regresar lo más pronto posible, lo juro —murmuró.
Se alejó de la puerta y emprendió la marcha. Al menos, esperaba que su padre fuera breve, no podía alejarse de Honoka por mucho tiempo.
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Durante el trayecto, su mente siempre se mantuvo en si era buena idea irse sin decirle a nadie sobre la chica, no quería tener pensamientos pesimistas al respecto, pero tampoco podía evitarlos. Si pasaba algo, si ella caía de nuevo, ¿serían los demás suficientes en atenderla? ¿Umi actuaría rápido? No dejó de estar pendiente de su celular, de alguna llamada o mensaje.
El aire le faltaba cuando llegó al modesto café, no pudo utilizar su auto porque el tráfico sólo la retrasaría y entre buscar estacionamiento, la mejor opción fue correr.
No encontró a su padre por ningún lado y tampoco tenía más indicaciones de él, fue tan vago en la llamada que al parecer ni siquiera tenía planeada esta reunión, ¿qué podía ser tan importante como para sacar al Dr. Nishikino de su oficina?
Pidió una mesa que estuviera lo suficiente alejada de ruido, sólo por si acaso. Los nervios la consumían cada que notaba los minutos pasar, su mente calculaba en qué parte de la obra debía estar. No tardó mucho en que su padre hizo su aparición, tenía la bata de hospital aún, queriendo hacerse notar de su status, típico de él. Lo extraño era la sonrisa que surcaba su rostro, el mal presentimiento se acrecentó al ver el gran sobre que cargaba con recelo como si fuera el tesoro más grande del mundo.
Maki se levantó para recibirlo con un beso en la mejilla y esperó a que se sentara.
—Papá, ¿qué es tan urgente? —preguntó tratando de no sonar tan desesperada.
—Oh Maki, no tienes idea de la gran noticia que tengo para ti —Su padre puso el sobre en la mesa, a su vista. Su corazón se detuvo y un escalofrío subió por su columna cuando notó el logo.
—¿Eso es...?
Él asintió, irradiando alegría.
—Es la respuesta que estábamos esperando, ¡felicidades hija! ¡Johns Hopkins te ha aceptado para el intercambio!
No podía describir con exactitud lo que sentía, fue como caer de pronto al vacío, sin oponer resistencia y sólo dejándose llevar hasta la nada. La sensación de no poder respirar, de quedarse sin habla; su mente estaba en blanco.
—¿Qué?
—Te he sorprendido, ¿verdad? Esperaba decírtelo en casa, junto a tu madre, pero estaba tan contento de que pasara, que no pude evitar venir cuanto antes, de todos modos, ¿no es hoy el aniversario de la escuela? Seguro no tienes mucho que hacer ahí.
Maki tomó el sobre para sacar los papeles membretados con el logo de la Universidad, ignorando el resto de la palabrería de su progenitor. Apenas y notó que llegara la camarera a atenderlos, fue su él quién ordenó por ambos.
Sus ojos comprobaron la noticia, su trabajo de investigación en el que había invertido horas y desvelos por recomendación de su tutor, fue evaluado por el consejo médico y aceptado con honores. Querían que se marchara a Baltimore en el siguiente semestre, para que practicara lo descrito en su guía clínica y continuara actualizándolo, lo demás era una felicitación extensa por sus increíbles calificaciones y referencias médicas, hablaban de lo inmensamente gratificante que sería tenerla en la institución y le prometían un futuro impresionante.
Había aspirado a esa universidad desde mucho tiempo atrás y, aunque tenía el recurso para ir apenas terminara la preparatoria, su padre decidió que no había mejor honor que ser aceptada por sus investigaciones, que sus trabajos fueran publicados en las revistas científicas de la Universidad que eran reconocidas a nivel internacional. No sabía cómo sentirse con la noticia, debería estar saltando de la emoción o al menos gritando, en vez de eso, su cuerpo estaba frío y sin poder moverse.
Irse a Estados Unidos, dejar la escuela, dejar todo en Japón… dejar a Honoka.
No hacía mucho que descubrió que podía sentir algo más fuerte por ella y ahora, ¿tenía que dejarla? No, no era solo eso.
Dejar a Honoka significaba dejar una luz que no vio en mucho tiempo, dejar un sueño y dejar algo que le apasionaba tanto: la música. Fue ella quien le dio esa alegría y le hizo recordar la emoción que era estar, frente al piano y dejar que sus dedos se encargaran de dar tono a cada palabra. La chica le dijo cuán hermosas eran sus composiciones, y ella quería creer en eso. Recordó, cuán feliz era tocando, un esplendor deslumbrante que jamás había imaginado. El palpitar en su pecho, la verdadera felicidad.
Las palabras que horas antes Honoka le gritó, cuando luchaba con todas sus fuerzas para que la dejara actuar, cobraron sentido, lo importante que era escoger las cosas que te gustan.
—¿Y bien? ¿No es sorprendente? Has trabajado muy duro por esto, nadie se comparará con tu nivel, ser aceptada por tu artículo, ¡es un pase directo a la maestría! Y no hablemos de tu especialización, la biomedicina ha sido tu sueño.
Irse… tendría que enterrar de nuevo todo.
—No puedo —dijo, sin estar segura de cómo logró encontrar su voz.
Su padre se detuvo, sin comprender.
—¿Qué has dicho? ¿No… puedes? ¿No puedes creerlo? Es real, lo he corroborado yo mismo.
Sus manos temblaban cuando tomó la taza de café, su boca se sentía tan seca.
—No puedo hacerlo —repitió, el sudor comenzaba a asomar en su nuca. Tenía miedo de la reacción de su padre una vez que soltara lo que tenía en mente—, no quiero irme, no quiero dejar Japón.
El semblante de su padre se ensombreció.
—No te entiendo, deberías estar contenta de recibir esta maravillosa noticia, estamos hablando del futuro que siempre quisiste.
—El futuro que tú quieres para mí, querrás decir —replicó, seria. No podía dudar más; dejó la taza semivacía en la mesa y enfrentó su mirada—, lo siento papá, pero no puedo dejar Tokio. No ahora, hay algo que quiero hacer aquí.
Incrédulo, su padre la miró furibundo.
—¿Pero te estás escuchando? Esta es una oportunidad en un millón, ¿sabes cuántos son aceptados en Johns Hopkins? ¡Tienen el mejor centro biomédico de todo el mundo! Ni siquiera Oxford y Harvard se comparan, ¡no puedes simplemente decir que no irás!
La voz fuerte de su padre llamó la atención de los comensales alrededor, no estaba segura de querer mantenerse en el medio de sus miradas, y tampoco tenía demasiado tiempo. La obra seguía su curso, con Honoka enferma ahí.
Pensar en ella la animó y al mismo tiempo, la asustó, ¿cuánto había pasado? Incluso si le pasara algo, ¿quién le llamaría? Umi estaba enojada con ella, Kotori no tenía su número, no tenía manera de saber.
—Lo siento, papá, pero tengo que irme. Te explicaré en casa, cuando estés más calmado — dijo, levantándose de su asiento.
—¿A dónde crees que vas? —la inquirió, su rostro se empezaba a colorear de rojo—, ¿Por qué no me dices ahora? Tú eres la que no está pensando seriamente sobre esto, ¡de ninguna forma puedes creer que no iras ahí!
—Papá, cálmate, estás haciendo una escena —intentó tranquilizarlo, sabía que su padre podía ser histérico cuando se enojaba, y no estaba dispuesta a dejar pasar más los minutos, su prioridad era otra persona—, prometo que hablaré contigo y con mamá —sólo dio unos pasos cuando su padre la tomó del brazo deteniéndola— ¡Papá!
—¡No vas a ningún lugar! No tienes nada que hacer en la escuela, el profesor Yamamoto me dijo que no tenías asignado nada hoy, y tus exámenes aún están lejos, ¿cuál es el interés de regresar? ¡Esto es importante!
—¡Me lastimas, suéltame! ¡No estás actuando profesional!
— ¡Exijo que me digas qué es lo que has estado haciendo! —la ignoró él, frenético—, no voy a tolerar que quieras zafarte de tus obligaciones, es tu futuro.
— ¿Quieres saberlo? ¿¡En serio!? — una mesera se acercó, para calmarlos, pero el grito de Maki la paró— ¡Estuve componiendo las canciones de la obra del aniversario!
—¿¡Qué hiciste qué!? —si antes estaba rojo, el rostro de su padre ahora era fuego vivo— ¿¡Cómo te atreves!? Creí que te habías olvidado del piano, ¿qué no lo ves? Tocarlo no te trae nada de beneficio, solo te distrae y aleja de lo que es importante, ¡por Dios! ¡Ser la mejor doctora debería ser lo único en tu cabeza! ¡Perpetuar nuestro apellido y nuestro hospital!
—¿¡Y qué tal si no es lo que quiero!? —le gritó, ganando la sorpresa de su padre, nunca antes le había gritado tanto. Dolida, bajó un poco su tono y apartó su brazo de él— ¿Alguna vez me has preguntado lo que me gusta? Solo has supuesto las cosas, tú y mamá siempre asumen lo que quiero y… ¡ya me cansé de no poder opinar y no decidir por mí! Ya no soy una niña, tengo derecho a elegir, y elijo no ir a Estados Unidos.
Su padre se quedó sin habla por unos momentos, los mismos que la camarera aprovechó para ir hacia la parte trasera del lugar, seguramente en busca de ayuda. La situación se estaba saliendo de control y Maki no sabía cómo pararlo. No era así como tenían que suceder las cosas.
—Bien, te quedas, ¿y qué? ¿Al menos piensas seguir estudiando medicina? —la dura pregunta la tomó con la guardia baja.
—No, yo… voy a… no lo sé, aún no he pensado en ello —se mordió el labio, no quería flaquear ante él, volvió a levantar la vista con todo el aplomo que le quedaba—, pero no voy a continuar haciendo algo que solo me hará infeliz, ya no más.
Para su desconcierto, la risa de su padre hizo eco en el lugar, aplastando su corazón.
Nadie más hablaba, todos se encontraban observándolos atentos, como si fueran el mejor show de todos los tiempos.
—Ni creas que vas a usar mi dinero para esta locura —sarcástico, duro, el odio emanaba de su boca— ¡No cuentes conmigo!
Maki se enderezó lo más digna posible.
—¿Cuándo lo he hecho? —objetó con el mismo tono burlón, no iba a perder contra él— He llegado hasta aquí haciendo lo que quieres, y ahora sé que hay personas de buen corazón, que pueden cumplir sus metas trabajando por sí mismos, que luchan a diario para cumplir sus sueños y lo logran a pesar de los obstáculos, y si ellos pueden, ¿por qué yo no?
—Por Dios Maki, no existen personas así, tú más que nadie sabe que las cosas se consiguen con dinero y contactos, ¿crees que si fueras una chica cualquiera te hubieran aceptado en la universidad? ¡Claro que no! Pudimos hacerlo fácil y enviarte ahí, pero quería que probaras un poco de esfuerzo. Ahora veo que me equivoqué.
—La única que se equivocó fui yo. Tú nunca has visto por mí, sólo te importa tu estúpido hospital.
—Estúpido, ¿eh? ¡¿Llamas estúpido a lo que te ha dado de comer por tantos años?! ¿Acaso estas personas tienen tu estilo de vida? No, espera —él volvió a reír, divertido— ¿No estás hablando de las personas de ese absurdo musical verdad?
—No son estúpidas.
—Lo son si invirtieron tanto tiempo en algo que solo es entretenimiento barato, podrá ser la mejor universidad de todo Japón, pero aún gastan en tonterías sin beneficios, esas carreras no deberían siquiera existir, es un desperdicio de dinero...
—¡No te atrevas a seguir diciendo esas cosas! Tú no las conoces, no has estado con ellas ni las has visto esforzarse… son mejores que nosotros, incluso, y… ¿sabes qué? Me he enamorado de una…
No planeaba soltarlo de aquella forma, el calor de la discusión llegó a un extremo, lo sabía por la ira que saltaba en sus venas.
—¡Esto es inaudito! ¡¿Aparte de no estar en clases, has estado andando con quien sabe qué tipo?! —la idea pareció acomodarse en su cabeza— Claro, por eso cancelaste las citas. ¡Pero qué idiota he sido! Despreciaste a tan buenos partidos por un maldito capricho, me hiciste quedar como un imbécil con UTX— la apuntó, acusadoramente, ya no podía caber más furia en él—. Es mejor que me digas que todo ha sido una broma, porque si sigues con estas tonterías, ¡no voy a tocarme el corazón para quitarte el dinero!
Maki estaba harta de su irracionalidad y exigencia. Su límite había sido traspasado, a su padre no le importaba la humillación que le provocaba el griterío, sólo estaba cegado por ver que sus ideales eran pisoteados
—Tú eres el único irracional aquí, pero si quieres una verdadera razón para odiarme, aquí está —apretó los puños con el corazón palpitando a un ritmo de vértigo, sabía que lo que estaba a punto de decir la iba a condenar con él y su madre, pero también, era el primer paso a su libertad. Él no querría verla de nuevo después de esto, y honestamente, dudaba de querer seguir bajo su sobreprotección—: Ni siquiera es un chico, es una chica la que me gusta, sí, ¡UNA CHICA! ¿Y sabes? ¡Es la más hermosa, genial y maravillosa mujer que puedes encon…!
No alcanzó a decir lo demás, su rostro fue volteado hacia un lado, su mejilla ardió como el infierno. Unos pequeños puntos blancos aparecieron en una esquina y el óxido de la sangre no se hizo esperar en su boca.
Escuchó los jadeos asustados de las personas alrededor, el exclamo de pena y rencor.
—¡Señor! ¡Esta clase de comportamientos no están permitidos! —un par de meseros se apresuraron a sostenerlo, pensando que podría golpearla de nuevo. Maki sabía que no lo haría, no tan pronto.
Lo miró, un odio descarnado se gestó en su interior. Frunció los labios, aguantando el llanto.
—Tú no eres mi hija, te desconozco. No sé quién demonios eres —le dijo, con los ojos desorbitados, su voz llena de odio y repulsión.
Su corazón se encogió, pensó incluso, que dejaría de latir en cualquier momento.
Una señora se acercó hasta ella, preocupada por su estado, pero Maki sólo se sobó su mejilla adolorida y le negó su ayuda. Se dio la media vuelta y caminó hacia la salida.
Ya nada importaba, su padre había dicho todo.
—¡Si te vas de aquí, no vuelvas a buscarme! ¡Ya no tendrás ni casa ni padres! ¿¡Me has escuchado!?
—¡Quédate con tu maldita fortuna! —le gritó de vuelta, tratando de que las palabras no se atoraran en su garganta.
Salió corriendo del lugar, ignorando las miradas compasivas de los demás. Nada le importaba, aunque su alma estaba en ruinas, una parte de ella se sentía libre. Era eso lo que buscaba, quitarse un poco de las cadenas de sus padres.
Quería ser fuerte, pero no podía evitar que las lágrimas empañaran su vista en su regreso a la escuela. Se las limpió como pudo, ahogando el dolor que retorcía su ser, el desconocimiento de su padre era un golpe duro y cruel, pero no quería que Honoka la viera tan miserable, y si podía tener un poco de su consuelo, estar rodeada entre sus brazos, si ella la recibiera con una gran sonrisa adornando su rostro, el dolor pasaría.
Pero como siempre, estaba equivocada.
Apenas asomó por la escuela, sus alarmas se encendieron, había una ambulancia en la entrada esperando a alguien. La gente salía, unos satisfechos y otros perturbados, escuchó a un par hablar sobre una persona herida y no necesitó más para empujar a cuanto pudiera para llegar al auditorio.
Cuando finalmente llegó, sintió sus entrañas contraerse.
Honoka estaba en una camilla, con los paramédicos intentando controlar un abundante sangrado de la cabeza. Umi y Kotori lloraban, Nozomi y Eli lucían turbadas, hablando con los profesores; y un par de adultos desconocidos que le parecían remotamente familiares, acompañaban a la chica jengibre a la salida de la escuela.
Su mundo se vino abajo.
