A favor de la campaña "Con voz y voto" - Porque agregar a favoritos o alertas y no dejar comentarios, es como manosearme la teta y salir corriendo-
Aclaraciones:
Normal - presente.
"Cursiva y negrita con comillas" - pasado.
Cursiva - futuro
Abrió la puerta de la mansión, chocando con el calor que el lugar contenía en su interior. Uno de los mayordomos lo recibió como siempre en la entrada, dispuesto a tomar su maletín junto a su abrigo, y guardarlo por él.
Byakuya se lo pasó y saludó al hombre con un escueto asentimiento de cabeza, gesto que el empleado respondió con una inclinación mucho más pronunciada.
-El señor Senbonzakura llegó hace unos minutos, lo está esperando en su estudio -le informó, aún sin incorporarse.
El Kuchiki asintió y se adentro a la casa con paso parsimonioso.
Senbonzakura era su mano derecha desde hacía años, tanto en la empresa como en asuntos familiares. No había otro hombre en el que confiase tanto como en él. Y además de todo, le agradaba el sujeto. Siempre pareció entender qué era lo que quería sin que lo tuviese que formular en palabras, y no era muy hablador. Al igual que él. No tenía ninguna queja por que él lo visitará; pero si Senbonzakura venía, era porque había algo que debía ser tratado. Y aunque no lo demostrara, se encontraba exhausto.
Contuvo un suspiro y mantuvo su expresión imperturbable, lo único que reflejaba el cansancio que azotaba su cuerpo era el leve fruncimiento de cejas que normalmente no había en su inexpresivo rostro.
Al percibir una tenue luz desde su vista periférica, echó un vistazo al living cuando pasó frente a este, y detuvo su caminar. En uno de los sofás se distinguía un pequeño bulto, iluminado débilmente por el velador que se hallaba a un lado. Avanzó hacia este.
-La señorita se rehusó de ir a descansar hasta que usted no llegará, ansiaba esperarlo despierta -explicó el mayordomo cuando el Kuchiki se detuvo frente al sillón, observando el pequeño ovillo en el que la figura de su hermana menor se encontraba acurrucada en sí misma, profundamente dormida.
Consciente aún de la presencia de su empleado en el cuarto, el moreno tomó a Rukia, pasando un brazo bajo sus rodillas y el otro rodeando sus hombros, la alzó en brazos y retomó su marcha hacia las escaleras que conducían al segundo piso.
-Señor, si lo desea puedo cargar yo mismo a la señorita -se apresuró a ofrecer el hombre pero Byakuya lo ignoró y lo pasó de largo.
Con cuidado de no despertar a la pequeña Kuchiki, abrió la puerta de la habitación de su hermana e ingresó. Con delicadeza la acostó en su cama, y sabiendo que ahora no había ningún tercero contemplando la escena, acarició su oscuro cabello y corrió el mechón que siempre caía sobre su rostro.
Le parecía que cada vez que se detenía a observarla, estaba más grande desde la última vez que lo había hecho. No en altura precisamente, ya todos sabían que su hermana había dejado de crecer en ese aspecto hace algún tiempo ya, sino en sus rasgos. Se veían más maduros.
Y eso le oprimía un poco el pecho.
Su hermana estaba creciendo, y él se lo estaba perdiendo por estar muy ocupado con su trabajo.
Enderezó aún más su espalda, portando la firmeza característica de su familia.
Alguien debía hacerse cargo de la granempresa Kuchiki, y desde que su abuelo había fallecido, no había otro para hacerlo más que él. Además, trabajaría lo necesario para que ella tuviera todo lo que le hiciera falta. Su bienestar y felicidad era más importante que cualquier otra cosa.
-Buenas noches Rukia -susurró, alejándose.
Salió de la alcoba y cerró la puerta tras él.
Encontró a Senbonzakura esperándolo de pie en el pasillo, los brazos cruzados delante de su pecho y la espalda recostada en la pared frente a él. Lo saludó con un ligero gesto; el cual, el hombre correspondió antes de incorporarse y sacar un sobre del interior de su saco, extendiendoselo a su jefe.
-Llegó otra carta del señor So-
-¿Sólo eso es para lo que has venido? -lo interrumpió Byakuya, su voz más gélida de lo normal. Ante el asentimiento de su cólega, agregó: -Ya sabés donde guardarla -y sin más, se dirigió a su habitación.
No necesitaba que le especificarán de quien venía la carta, lo sabía y no le interesaba en lo más mínimo. Nada proveniente de él lo haría nunca. Lo único que le importaba era que se mantuviera alejado tanto como fuera posible de él como de Rukia. Puede que ella no sabía de esto, pero no necesitaba hacerlo. Desde el primer instante que había quedado a cargo de ella, juró frente a la tumba de su madre que siempre vería por el bienestar de su hermana. El que ella no supiera nada de él, era una de esas cosas.
Senbonzakura observó a su jefe adentrarse a su recamara luego de dirigirle una última mirada como despedida. Recorrió un breve trecho del pasillo y entró al estudio de Byakuya. Con pasos lentos y calmados, se acercó a la imponente biblioteca y tomó la diminuta llave que se hallaba escondida debajo de uno de los libros. Fue hacia el escritorio, abrió el único cajón cerrado con candado, y dejó caer la carta junto a todas las demás que allí yacían. Se aseguró de cerrarlo nuevamente con llave y la regresó donde había estado previamente.
Al salir de la habitación y estar solo en el pasillo, ojeo la puerta de la señorita de la casa y se permitió soltar un leve suspiro.
Conocía a Byakuya y sabía que él siempre actuaba con el bien de su hermana en mente; sin embargo, puede que por querer protegerla tanto, no tome las medidas correctas para hacerlo.
Sólo esperaba que nada de esto se volviera en contra de ninguno de los Kuchiki.
Sobrio.
"And if you're still breathing, you're the lucky ones
'Cause most of us are heaving through corrupted lungs
Setting fire to our insides for fun
Collecting names of the lovers that went wrong
The lovers that went wrong."
-Youth, Daughter.
Capítulo Seis:
El celular continuaba vibrando insistentemente sobre su escritorio, él sólo se limitaba a ignorarlo, concentrándose en repasar si tenía todo lo que haría falta ya guardado en su mochila; aunque, el constante chillido del ringtone y el hecho de saber quién lo llamaba, lo hacía sentirse inquieto.
Después de todo, ¿desde cuándo un buen novio esquivaba a su novia?
Cerró los ojos y se rascó la parte trasera de la cabeza con irritación. Soltó el aire que había estado conteniendo cuando el móvil volvió a silenciarse; sin embargo, a los pocos segundos, sonó nuevamente. Esta vez indicando la llegada de un mensaje en lugar de una llamada. Decidiendo que era mucho más fácil responder un texto, lo agarró y abrió el correo entrante.
"Ichigo, ¡estaba pensando que hoy es una hermoso día para ir al centro! ¿tal vez podamos ir? y tomar algo en una cafetería nueva que abrió hace unos días, ¡dicen que la comida allí es riquisima!"
Tecleó velozmente su respuesta en el celular antes de enviarla y notando que ya estaba casi con la carga completamente agotada, decidió apagarlo y enchufarlo a la corriente.
"Lo siento Orihime, ya hice planes con mi familia. Otro día iremos".
Lo cual, no había sido una excusa (como las últimas que le venía dando). Ya estaban a punto de salir para un día de campo, sólo se estaban asegurando que estuvieran todas las cosas listas. Aunque le parecía innecesario tener que hacerlo, Yuzu se había encargado de organizar la mayoría de las cosas. Prácticamente estaba todo listo desde ayer en la tarde.
La castaña se había mostrado emocionada toda la semana desde que su madre propuso la idea, y el día anterior había estado preparando comida suficiente como para ir a pasar toda una semana; sin mencionar el hecho de que ese día, los había despertado a todos más temprano de lo normal, y los había apurado a desayunar rápido para que pudiesen salir lo antes posible.
-¡Ichigo apresúrate! -exigió la aludida.
Él suspiró y al verla cargando una enorme y pesada canasta de comida, y se la quitó de los brazos.
-Tranquilízate Yuzu, apenas son las 8:45 am. Le dije a Rukia que saldríamos a las 9 -se quejó -Por más que nos apuremos, la enana no llegará hasta dentro de otros 15 minutos.
-Pero si Rukia ya llegó hace más de 10 minutos -le informó su hermana menor, que ante la mirada sorprendida que recibió, explayó: -Está afuera, ayudando a papá a guardar en el auto algunas cosas que trajo.
El Kurosaki frunció el ceño, le había dicho expresivamente que no hacía falta que trajera nada, ellos ya poseían todo lo que necesitaban para el día de campo. Se lo había repetido incontables veces cuando está le insistía en sí estaba seguro de aquello o cuando insistía con querer aportar algo, incluso había propuesto ayudar a Yuzu a cocinar, pero habiendo oído mencionar a Tatsuki en alguna ocasión que la pequeña Kuchiki se las había ingeniado para quemar el arroz una vez en el instituto, había decidido alejarla lo más posible de la cocina por el bien de su comida.
Cuando salió afuera, se encontró con la imágen de su padre tratando de meter animadamente una gran mesa y sillas desarmables en el baúl del auto junto a Rukia que también trataba de guardar una sombrilla gigante.
-¿Qué diablos están haciendo?
Su papá levantó la cabeza y le sonrío alegremente, demasiado para su gusto.
-Rukia fue muy amable y trajó un par de cosas.
-¿Un par de cosas? -cuestionó con sarcasmo el pelinaranja, acercándose hasta quedar al lado de la morena. Miró con reprobación todos los objetos que había traído antes de desplazar su vista hacia ella, observándola con reproche. Ella sólo lo veía inocentemente -Te dije que no trajeras nada -le reclamó.
-Sí, pero cuando le conté a mi hermano que me iría de día campo con una amiga, él me compró todo este equipo e insistió que debería traerlo -se encogió de hombros-. Ya que se toman la molestia de llevarme con ustedes.
-¿Amiga? -repitió, alzando una ceja.
Ella sonrió divertida.
-Byakuya Kuchiki puede llegar a ser un hermano muy sobreprotector, y creeme, no quieres provocarlo.
-¡Ah pero Rukia! -exclamó Isshin, soltando los muebles desarmables que trataba de guardar y dejándolos caer estrepitosamente al suelo, llamando la atención de ambos adolescentes -¡Sabés que para nosotros no es ninguna molestia el que nos acompañes! ¡Todo lo contrario, mi bella y adorable tercera hija! -gritó, saltando en el aire para intentar abrazarla.
Intento que se vio interrumpido por la patada con la que lo interceptó su único hijo, enviándolo lejos de la pequeña mujer.
-Deja de hacer tanto escándalo, viejo.
Masaki, quien había estado observando toda la escena desde el marco de la puerta junto a sus dos hijas, río disimuladamente y se acercó a ellos, ignorando los pedidos de ayuda de su marido.
-Puede que mi esposo sea demasiado efusivo con las cosas que dice, pero es cierto Rukia. No deberías haberte molestado. Además -volteó a ver el vehículo -, no creo que quepamos todos adentro si llevamos lo que trajiste. No es un auto muy grande -la morena, quien se había puesto colorada ante los dichos de cariño que habían profesado los padres de su amigo, abrió la boca queriendo refutar lo último, pero notando rápidamente que tenía razón, la volvió a cerrar y sintió sus mejillas calentarse aún más.
-Por eso te dije que no hacía falta que trajeras nada, enana -murmuró Ichigo.
Notando la vergüenza de la pequeña amiga de su hijo, Masaki colocó una mano en su cabeza, y le acarició el cabello con delicadeza, provocando que la aludida levantará la vista, y le sonrió dulcemente.
-De todos modos, gracias por haberte tomado la molestia en traer todo esto.
Frenó su marcha cuando llegó frente a la residencia de los Kurosaki y fijó su mirada en ella.
Le costaba aceptar que ese era el hogar. Si no fuera porque sabía con precisión que esa era la dirección, creería que se había confundido.
Simplemente no parecía la misma casa. Con todas las luces apagadas, completamente silenciosa.
Sin el mismo aire acogedor por el que siempre parecía haber estado rodeada.
Sus ojos la recorrieron de arriba a abajo, observando con atención cada detalle de está.
Simplemente no parecía la misma.
Regresó la vista al frente y continúo caminando.
Cuando llegó a la mansión, se dirigió directamente a las escaleras para ir a su habitación. Dedicándole sólo una pequeña negación con la cabeza a la mucama que se cruzó en el pasillo y le preguntó si necesitaba algo. Se adentro a su cuarto y cerró la puerta tras ella, recostó la espalda contra esta, dejó caer su maletín escolar, y tomó varias respiraciones profundas en un vano intento por calmarse. Lentamente, dio inestables pasos hacia su cama, las lágrimas comenzaron a derramarse antes de que llegará a esta. Cayó de rodillas al piso y se cubrió el rostro con ambas manos, tratando de acallar los sollozos que no dejaban de salir de entre sus labios, para que los empleados no los pudieran oír. Su cuerpo se agitaba por estos. Bajó las manos a su regazo, donde las cerró en fuertes puños, clavó su vista en estos al tiempo que se inclinaba hacia delante y recostaba su frente sobre el borde del colchón, sin dejar de llorar.
Imágenes de su rostro sonriente, de como solía tratarla, de como todos solían alegrarse cuando entraba al cuadro. No dejaban de plagar su mente.
Cerró los ojos y frunció el ceño pronunciadamente, derramando más lágrimas.
Su celular vibró en el bolsillo de su camisa, lo ignoró.
Fue horas más tarde cuando abrió el mensaje que le había llegado.
Eran sólo dos palabras. Era escueto y directo.
"¿Qué harás?"
Incluso días después, seguía pensando qué responder.
-¡Muy bien! ¡He hecho una larga lista sobre todas las actividades que debemos de realizar en nuestro día así que agrupense, debemos empezar lo más pronto posible! ¡Hay mucho por hacer! -gritó el patriarca Kurosaki, alzando un puño en el aire al tiempo que se bajaba del auto apenas estacionó en el camino de cemento que rodeaba el campo en el que pasarían el día.
Esperó unos segundos a oír exclamaciones de apoyo pero cuando sólo recibió silencio como respuesta, volteó largando una exclamación indignada.
-No molestes y ven a ayudar a bajar las cosas, ¿quieres? -se quejó Karin.
El mayor estaba por refutar cuando recibió una mirada por parte de su esposa y dejó caer los hombros hacia delante, decepcionado; sin embargo, inmediatamente pareció animarse.
-¡Niñas, dejenle todo eso a papi! ¡Él puede llevarlo! -arrebatándole de los brazos las bolsas que Karin había agarrado y la canasta de comida que Yuzu se disponía a bajar -¡Hijo, deja de ser un inútil y ven a ayudar! ¡Eres el mayor, no deberías dejar que tus hermanas se esfuercen! -vociferó, comenzando a dirigirse hacia uno de los árboles que proyectaba una gran sombra.
Masaki río y se giró hacia sus hijas.
-Alcancemos a su padre niñas, antes de que se caiga por ir corriendo sin ver el camino y tire toda la comida -las apresuró, yendo tras su marido seguida por las mellizas.
Ichigo frunció el ceño, viéndolas marchar.
-En serio, a ese viejo un día le dará un infarto por andar tan acelerado todo el tiempo.
Inmediatamente, recibió un golpe detrás de su cabeza.
-No digas tonterías -lo retó Rukia, saliendo del auto -Además, sé que te quejas mucho de él pero de igual manera lo quieres, por más que intentes aparentar lo contrario.
El pelinaranja la observó dirigirse hacia el maletero, sobándose el área adolorida de su cabeza gracias a la enana. Se acercó donde ella y esperó a que sacara la gran manta que habían traído para apoyar todas las cosas y sentarse, para luego sacar él la canasta restante junto con el bolso que contenía los utensilios que usarían para comer, y demás cosas que pudieran llegar a necesitar a lo largo del día.
-Es mi padre después de todo -susurró en respuesta a lo previamente dicho, cerrando el baúl.
La morena echó un vistazo donde estaba el Kurosaki aludido, presumiendo frente a las tres mujeres de su familia como podía llevar todas las cosas en una sola mano y sin esfuerzo.
-Un papá no se gana el cariño de sus hijos sólo por ser su progenitor, Ichigo -comentó, ganándose una mirada atenta de él -Isshin es un buen padre y lo sabes, deberías estar agradecido -acotó, caminado hacia donde los demás Kurosaki estaban, haciéndoles señas para que se dieran prisa.
Sintió la curiosidad inundarlo pero se abstuvo de preguntar. Bajó la vista al suelo y al cabo de unos pocos segundos, sonrió escuetamente.
Aunque no lo demostrara, en el fondo él estaba agradecido. Y no sólo por su padre, por muchas cosas más.
Apretó el botón para cortar cuando nuevamente fue enviada al buzón de correo.
No le había respondido una sola llamada, sólo había contestado un mensaje de todos los que le había mandado, alegando que tenía planes con su familia.
No la sorprendía, después de todo la familia de su novio tenía por costumbre tomarse días para pasarlos juntos siempre que podían. Le parecía una muy bella costumbre familiar.
-"Pensé que para estas alturas ya me invitaría a las salidas familiares" -Inoue se obligó a desechar ese pensamiento tan pronto como cruzó su mente.
Incluso en esas ocasiones, Ichigo le respondía los mensajes en cuanto pudiera, y se tomaba unos minutos para hacerle una llamada.
Podría suceder que justo ese día hubiesen planeado muchas actividades y este muy ocupado. O no tuviera señal. O se le hubiese quedado sin carga el móvil; al fin y al cabo, las llamadas no le daban ningún tono, iban directo al buzón.
Pero..
-"Ya lleva dos semanas ignorándome"
No lo hacía en el completo sentido de la palabra.
Sin embargo, cada vez eran menos los textos que le contestaba. En el instituto había almuerzos y recreos en los que simplemente desaparecía, cuando lo volvía a encontrar en el salón de clases y le preguntaba dónde había estado, él afirmaba haber ido a la biblioteca a terminar una tarea que le quedó inconclusa. No se atrevía a decirle que en más de una ocasión lo había buscado allí, y no lo había encontrado. En los momentos que estaban juntos, siempre estaban rodeados de sus amigos. Parecía querer evitar el que quedaran a solas.
Jugueteó con uno de sus mechones y en el momento en que sintió como sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, tomó el teléfono otra vez y marcó a Tatsuki. Ella atendió enseguida y apenas lo hizo, empezó a llorar, desahogandose, le relató a Arisawa la situación en la que se hallaba la relación con su novio.
Fue recién cuando su mejor amiga le preguntó si había sucedido algo en particular la última vez que estuvieron juntos, antes de que el pelinaranja comenzará a comportarse de esta manera, que se dio cuenta que fue luego de la última cita que habían tenido.
En la que ella había intentado…
Contándole todo a la morena, la escuchó reírse cuando terminó.
-No deberías preocuparte tanto, Hime -la tranquilizó, desde el otro lado de la línea -Seguramente está avergonzado. Sabés como es Ichigo, aparenta ser todo rudo pero es un niño ingenuo y vergonzoso cuando al sexo se refiere -aseguró.
Inoue se sorbió la nariz, pensando en lo que su amiga le había dicho.
No pudo evitar curvar sus labios en una diminuta sonrisa, sintiéndose tonta por no haberse percatado de ese detalle antes.
Tatsuki tenía razón. Su novio en verdad era así en esos temas. Ambas lo conocían muy bien.
-Sólo dale tiempo y verás que volverá a ser como antes -estableció.
Orihime asintió con la cabeza, más segura de sí misma y ampliando su sonrisa.
Tatsuki siempre tenía razón.
-¿No te parece raro? ¿Qué invite a su mejor amiga antes que a su novia?
Masaki levantó la vista del libro que había estado leyendo, sentada bajo la sombra de un árbol y recostada en su tronco; la dirigió a su pareja, sentado a su lado, para luego voltear el rostro hacia donde estaban los niños jugando al volley.
Su hijo mayor hacía equipo con Yuzu mientras que la Kuchiki estaba con Karin.
Observó como ambas chocaban las manos y se sonreían mutuamente luego de que Rukia lanzará la pelota fuertemente hacia la cara del pelinaranja, tomándolo por sorpresa y golpeándolo de lleno. Él comenzó a gritarles indignado entretanto Yuzu se apresuraba a su lado para ver si estaba bien.
-Sabés como es Ichigo, para él son muy importantes sus amigos -contestó, regresando a su lectura.
-Sé cómo es él, y cómo para él son importantes todas las personas a las que quiere; pero entiendes a lo que me refiero -refutó Isshin.
Prendió un cigarrillo e inhaló profundamente.
-Vos sos la que más lo conoce. Si yo me percate de la manera en que mira y trata a Rukia, vos lo habrás hecho mucho antes -dejando el humo escapar entremedio de sus palabras.
La mujer fijó sus ojos en la figura de su hijo mayor.
-Es él quien tiene que darse cuenta, y es él quien deberá decidir qué hacer cuando lo haga. Ichigo ya es grande. Como sus padres, lo podemos guiar un poco pero principalmente debemos esperar a que tome él las decisiones, debemos esperar porque sean las mejores para su felicidad. Y sin importar qué, acompañarlo en cada una de ellas y estar ahí siempre que lo necesite -habló con cariño -Ese es nuestro deber como padres - volviendo la mirada una vez más a su esposo
Eran muy pocas las veces en que Isshin Kurosaki fumaba, lo había dejado casi completamente luego de que ella quedó embarazada por primera vez.
Sonrió.
-Te ves guapo cuando fumas.
Se apartó con brusquedad de la morena y cuando ella intentó agarrarlo de los brazos para detenerlo, alejó sus manos de un golpe. Inmediatamente se arrepintió de su accionar pero se negó a demostrarlo. Sin embargo, a pesar de todo, cuando dió dos pasos, ella lo tomó de su campera, frenándolo.
-Ichigo, por favor -murmuró con voz quebradiza.
Y lo odio.
Odiaba ver tan frágil a la Rukia Kuchiki que tanto conocía, que sabía que tan fuerte podía ser. Odiaba oír el temblor en la voz de la Rukia Kuchiki que tanto conocía, que cuando hablaba lo hacía con tal seguridad y autoridad que no dejaba lugar a dudas o refutaciones.
Odiaba saber que estaba así por su culpa.
-Ven conmigo, te llevaré a casa. O a la mía, si no quieres ir a la tuya -pidió, aferrándose a su chaqueta -Sólo vayámonos, no vuelvas allí.
El pelinaranja se giró a verla, clavando sus ojos en los de ella. Alzó sus manos hasta las suyas e hizo que lo soltará, está vez con delicadeza.
-No deberías estar aquí Rukia, es tarde y peligroso. Regresa a tu mansión -y por más que en su interior no lo quería así, soltó sus manos, dejándolas caer a su lado.
-Ven conmigo -insistió ella-No perteneces allí, Ichigo, lo sabés.
El Kurosaki le echó una rápida mirada por el rabillo de su ojo y por un momento, en serio quiso marcharse de allí con ella y se planteó hacerlo. Lo quería. Lo ansiaba.
Cerró los párpados con pesadumbres y apartó el rostro, chasqueando la lengua.
-Te equivocas. Si pertenezco allí -enterró los puños en los bolsillos de sus pantalones -Yo decidí serlo -murmuró, para luego girarse y regresar sobre sus pasos, sin darle tiempo de que pudiera decir algo más.
Nunca había sido bueno tomando decisiones.
Y sigo viva.
Si es que alguien sigue ahí, del otro lado.
Es como un poco decepcionante que después de todo este tiempo sólo haya recibido un review en el capítulo anterior, eso tampoco me ha ayudado a que me dieran ganas de ponerme las pilas con esta historia. Me he puesto a favor de la campaña que he mencionado antes de que comience el capítulo porque creo que tiene mucha razón.
La mayoría de los que estamos en sabemos tooodo lo que incentivan unos comentarios, enserio que te dan ganas de volver a ponerte las pilas con el fic y hacerlo lo mejor que puedas. Así que agradecería muchísimo a aquellos que leyeron este capítulo, me puedan dejar su opinión!
Como sea, muchasmuchas gracias a: Guest. Quien sea que hayas sido, creeme que si le di una nueva oportunidad a este fic fue por tu comentario! Lamento no haber podido actualizar antes!
~Louchette.
