CAPÍTULO FINAL.

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Miró la hora en su reloj por milésima, comprobando lo tarde que se le había hecho. Estaba impaciente y ansiosa, los minutos pasaban y ella seguía atascada entre el tumulto de las personas. No quería imaginar lo que la otra chica estaba pensando con su tardanza. No importaba qué tan temprano saliera, la cantidad de gente caminando en las calles hacía el recorrido más lento, y sumado a eso, aún tenía que esperar a que los vagones llegaran y luchar por un lugar en ellos. Era valioso tiempo desperdiciado que ella bien podría ahorrarse conduciendo. Esta era una de esas veces donde odiaba lo que había pasado con su padre, y al mismo tiempo, le hacía apreciar la fortaleza de los demás para no enloquecer.

Una voz en los altavoces anunció el tren que la llevaría a su primer destino, tomó con fuerza la correa de su bolso, preparándose durante los segundos en que el vagón tardó en llegar zumbando a toda velocidad y chirriando en las vías de metal que sacaban pequeñas chispas en su deslizar. Las puertas se abrieron y Maki logró colarse en el estrecho espacio pese a recibir un par de empujones no malintencionados. Moverse a mediodía era una batalla digna de película, y lamentablemente era el único medio del que podía disponer para ir más rápido.

Extrañaba su auto, se había acostumbrado a no depender de horarios estrictos, conduciendo a su modo por las calles de Japón y tomando atajos cuando le convenía. Además del tranquilo trayecto donde el único ruido era el de su estéreo cuando reproducía un par de canciones. Nada se comparaba a esa comodidad, pero en su situación actual, era un lujo que no podía permitirse más; era llenar el tanque o racionar su dinero mientras buscaba que hacer. Su padre fue bastante claro con sus reclamos y esa misma tarde cumplió con su amenaza, su móvil pareció estar convulsionando con las vibraciones de las notificaciones que anunciaban el bloqueo de sus tarjetas bancarias. Ni siquiera se molestó en llamar a las sucursales, sabía que sólo su padre podría volver a activarla.

Aunque si era sincera, más que perder el dinero, le dolía el rechazo y los ojos reprobatorios de su padre, ni siquiera la bofetada que le había dado dolía más que el sentimiento de su corazón hecho trizas. La amargura y el resentimiento a sus acciones eran un trago que le ardía en el alma, ¿dónde estaba el hombre cariñoso que le daba palmadas cuando obtenía buenas calificaciones? ¿Dónde se quedó aquél que le leía cuentos cuando aún era una cría y le llenaba de pasteles en su cumpleaños? En ese momento, con su mano en alto después del golpe, él parecía un ser extraño, sacado de otro planeta. Un desconocido cualquiera.

Inconscientemente se sobó la mejilla, recordando el dolor, rememorando su odio.

Quería comprenderlo, creía que necesitaba hacerlo, darle el beneficio de la duda sobre su actuar. Pero mientras más lo pensaba, más segura estaba de que así es como terminarían las cosas tarde o temprano. Era cierto que las circunstancias en que ocurrieron los eventos no fueron las mejores, ella misma estaba fuera de control, sin embargo, no justificaba nada de lo ocurrido. Él no iba a estar dispuesto a permitir que arruinara los planes que trazó para ella, esa era la verdad y por más que doliera aceptarlo, nada podía hacer, además de alejarse de él.

La vibración de su celular la sacó de su ensimismamiento, era un mensaje de Hanayo, diciéndole que olvidó su cartera ahí. Maldijo su suerte. Eso significaba que sólo tenía su pase del subterráneo. Lo peor, es que sus planes de comprar flores se fueron a la basura, esperaba que Honoka la perdonara.

Hanayo le había dado asilo mientras buscaba la forma de arreglar su penosa situación. Conocía a sus padres desde que estaban en la preparatoria y también sabían de la fama que la familia Nishikino poseía.

Más de una vez, la madre de su amiga había hablado con ella sobre el futuro, la consideraba como una gran persona aun cuando nunca tomó un consejo suyo, si tal vez hubiera hecho caso y hubiese intentado oponerse a los deseos de su familia desde antes, algo ahora sería diferente.

No ocurrió, siguió sus órdenes y ya nada podía cambiar. Agradecía que al menos le dieran un pequeño espacio; siendo mayor, sus padres no tendrían el derecho de reclamarles, y en realidad, dudaba que lo hicieran. Conociendo a su padre, él esperaría a que Maki llegara lloriqueando y suplicando su perdón, cosa que jamás pasaría.

Mientras ponía en orden su vida actual, tuvo que hacer uso de sus ahorros, producto de las regalías de algunos artículos de investigación publicados, para comprar nueva ropa y otras cosas. Al menos tenía lo suficiente para un tiempo y debía racionarlo al máximo.

Lo único pendiente era su madre, aún no encontraba la forma de hablar con ella. Si llamaba, enseguida cortaban la comunicación y ni hablar de asomarse, su padre la echaría en cuanto la notara. Algo se le ocurriría, se prometió. Esperaba que al menos fuera un poco menos dura que él, y le diera una oportunidad de explicar cómo ocurrieron las cosas. Y si ella también la rechazaba... entonces tendría que replantearse lo que significaba tener una familia.

Las puertas se abrieron, dejando salir a una buena cantidad de personas, ella se quedó expectante a la siguiente parada donde tendría que bajar, para después caminar otro par de cuadras y llegar al café de Nico.

Estaba nerviosa, sentía las palmas sudorosas y un nudo en el estómago cuando pensaba en el encuentro. Revisó de nuevo su móvil, ya habían pasado veinte minutos de la hora acordada. Apenas puso un pie fuera del vagón, caminó a prisa, casi corriendo, no quería llegar más tarde de lo que ya era, sobretodo sin saber de qué se trataba la reunión.

Llegó al café jadeante, respirando a grandes bocanadas para recuperarse, el aire acondicionado le ayudó a controlar el calor que acumuló corriendo.

—¡Bienvenida aficionada a los deportes! La gran Nico estará contenta de darte un autógrafo al término del partido~ —Nico no tardó en llegar frente a ella para recibirla, ataviada de un uniforme de baseball de los Hanshin Tigers con bate incluido, se veía tan graciosa tomando en cuenta su estatura.

—Hola Nico —la saludó soltando una pequeña risilla que no pasó desapercibida en la enana chica.

—Aunque no lo creas, soy perfectamente capaz de hacer un screwball —Nico dijo, con un pequeño tic en el ojo.

—Si tú lo dices —respondió Maki, sin ocultar su tono de incredulidad.

—Ya te invitaré a un partido, Nishikino, y te vas a tragar tus burlas.

—Lo estaré esperando, Yazawa, solo espero que al menos puedas alcanzar la primera base.

Nico sacudió la cabeza, con una sonrisa de desafío marcada. Era un hecho curioso la facilidad con que podían enfrentarse verbalmente, ambas demasiado orgullosas como para perder.

—Sí, bueno, ¿al menos puedes darme puntos extra por la decoración? ¡A que es genial!

Maki echó un vistazo al local, sorprendiéndose de la increíble transformación. Letreros fosforescentes colgaban de las paredes, pantallas gigantes que transmitían partidos en vivo, pasteles con formas de pelotas y hasta una mini cancha de futbol en medio del espacio donde niños jugaban. Sin duda, el éxito del lugar era comprensible, podía cambiar de escenografía con tanta facilidad que era imposible creer que era una cafetería cualquiera. Y si, fue Honoka quien sugirió eso, no cabía duda de que sus golpes de suerte eran abrasadores.

—Es un buen día para hacer home runs, ¿no crees? —continuó Nico.

—Es fantástico —le dio la razón.

Estaba tan absorta viendo los detalles del lugar, hasta que sintió la mirada de Nico sobre sí, más que eso, ella miraba cierta zona con especial atención y un pronunciado ceño fruncido.

—¿Cómo va tu mejilla?

—Bien —contestó de inmediato, con tono monótono—, no fue nada grave.

—Ese maldito bastardo —Nico masculló, su expresión, antes desafiante, cambió al rencor puro—, no puedo creer que se atreviera a tocarte así, ¡merece pagar por eso!

Comprendía sus emociones, ella misma se sentía contrariada.

—En parte fue mi error, no supe controlar lo que estaba pasando, lo llevé a su límite.

—Estabas preocupada por Honoka, ¡cualquiera hubiese perdido los estribos! Y, aun así, no le daba derecho de golpearte.

Maki sonrió, agradecida por la empatía de la chica. Una parte de ella se sentía culpable con todo lo ocurrido, y otra, sabía que no podía tener arrepentimientos.

—Lo hecho, hecho está —esbozó media sonrisa.

—Bien, está bien. Lo entiendo —Nico suspiró, no muy convencida, pero parecía saber que no era el momento de profundizar en ello—, más le vale no atreverse a tocarte de nuevo, ¡o verá que este bate no es sólo de adorno!

Maki se echó a reír.

—Gracias, Nico—chan. Quién iba a decir que eras buena persona.

Un furioso sonrojo apareció en la cara de la chica. Se cruzó de brazos, tratando de verse altiva.

—¡P-Por supuesto que lo soy! Además, debo asegurarme de que todos tengan una gran sonrisa, ¡ése es el trabajo de la gran Nico Nico! —exclamó, intentando en vano ocultar su vergüenza—, p-prepararé algo especial para que puedas llevar más tarde, ¡no hay nada mejor que mi cocina para el ánimo!

—Sí, vale, vale, de eso no hay duda —dijo, poniendo los ojos en blanco, si había algo cierto de todas las cosas de las que se jactaba con orgullo, era su comida, su sazón era inigualable, digna de los más grandes chefs—, ¿piensas ir más tarde?

—Tengo que cubrir doble turno, pero apenas termine me pondré en marcha, ya quedé con Nozomi y Eli para ir —explicó, Nico se dio la vuelta y tras una señal, la instó a seguirla—, bueno, llegas tarde, ella te está esperando, será mejor que te apresures.

La mención de ella le regresó los nervios y la inquietud que acarreaba desde horas atrás. Maki tragó saliva, siguiendo a Nico a través del bullicioso lugar, mientras se preparaba mentalmente para lo que venía. La mayor pareció darse cuenta de su estupor.

—Tranquila, te traeré un café —le dijo sonriendo de una manera que buscaba ser tranquilizadora.

—Por favor.

Cuando finalmente llegaron a su lugar reservado, Nico le dio una ligera palmada en el hombro para infundirle valor y enseguida se marchó, prometiendo no tardar con su bebida.

Su mirada entonces se dirigió a la joven que leía tranquila en el asiento de enfrente. La chica estaba inmersa en el libro y fue sólo hasta que escuchó la silla moverse, que sus orbes ámbar se dignaron a prestarle atención. Maki sentía su interior pesado y la atmósfera no podía ser más intranquila. Desde que había recibido su mensaje pidiendo verse, su estado mental era un revoltijo de nervios e ideas.

—Siento la tardanza, el tráfico y el subterráneo han sido horribles.

—No hay problema —dijo Umi, sonando tan pasible como siempre—, sé lo difícil que es moverse por la ciudad a estas horas.

—Sólo espero acostumbrarme rápido, pasará un tiempo antes de que pueda usar el auto de nuevo —Maki lanzó un suspiro cansado, para luego arrepentirse de la implicación de sus palabras.

—Lamento lo que pasó —Umi bajó la voz—, no esperaba que las cosas acabaran así.

—Ni yo —apretó los labios, sintiéndose pequeña bajo su mirada—, entonces... Umi-senpai, ¿de qué querías hablar conmigo?

Umi dejó la taza de café en la mesa con cierta galantería y seriedad. Maki inspiró levemente, preparada para lo que sea que dijera y, aun así, no fue suficiente para esperar sus siguientes palabras.

—Acepté el intercambio de la escuela —soltó—, me iré apenas termine el semestre.

La noticia cayó como bomba en su mente, haciendo eco en cada fibra de su cerebro. Por un momento incluso dejó de respirar. Maki retorció sus manos bajo la mesa, no estaba de ninguna forma preparada para esto.

—¿Aceptaste? ¿Por qué? —preguntó, solo para darse una patada interna por la incredulidad de su tono—, perdón, no quise decir eso, yo... ¿felicidades?

Para su sorpresa, Umi lo tomó con humor.

—Parece ser que Honoka te influenció lo suficiente, antes no hubieras dudado en felicitarme.

—Lo siento —se disculpó de nuevo, agachando su cabeza apenada—, ha sido sorpresivo. No... lo esperaba, aunque fui yo quien sugirió que lo hicieras —levantó la vista—. Es una decisión muy importante y... no hay vuelta atrás. Bueno, ya sabes, yo rechacé mi oportunidad.

—Por Honoka —Maki no la corrigió—, sé a lo que me enfrento y he decidido hacerlo. También por Honoka —continuó la chica. Nico se acercó a ellas y en silencio le entregó su café a Maki— Estuve pensando en lo que dijiste aquél día, sobre mis sueños y metas propias. Reflexioné sobre lo que estaba haciendo con mi vida y si valía la pena el esfuerzo que Honoka puso para que me deshiciera de las cosas que me ataban, y fue precisamente por eso, que me di cuenta de que esto es lo que ella quería que hiciera. Seguir adelante con mis sueños.

La joven la escuchó atentamente, observando cada gesto de Umi. Ella no estaba dudando, ni siquiera había un atisbo de incertidumbre en su voz como ocurrió en la charla de la que hacía mención. Umi estaba decidida a irse.

—No es que piense que estás equivocada o algo así, pero, ¿lo has pensado bien? —inquirió, apreciaba a Umi y no deseaba que hubiera algún arrepentimiento. Ella merecía ser feliz, ambas lo merecían— Y si esto es lo que quieres, sabes que te apoyaré siempre.

Umi se tomó unos segundos para beber de su café mientras Maki esperaba, un poco impaciente. Creyó que realmente lo estaba pensando o tal vez, era ella misma quien le daba demasiadas vueltas.

—Lo estoy —dijo al fin—, agradezco tu preocupación, es sólo que, después de todo lo que pasó, me detuve a pensarlo y he llegado a esta solución. Creo que es lo mejor para todos y, de cierta forma, siento que es hora de alejarme un poco —Umi notó la mirada preocupada de Maki y sin perder la sonrisa, agregó—, sé lo que dirás, que no fue mi culpa. Pero si me hubiera concentrado más en velar por ella en vez de exigirle, puede que nada hubiese pasado. Sé que también quieres tener un poco de culpa, pero la verdad es que no hay más culpables que yo y la propia Honoka. Ella se sobre exigió intentando cumplir con todos; con su familia, amigos y contra sí misma. Nunca noté su grado de frustración, y en mi afán de querer ayudar, de sobreprotegerla... se volvió en contra.

—Umi-senpai... tú solo querías ayudarla, al igual que todos, tal vez no de la forma correcta, pero demonios, ¿quién sabe cuál es la forma correcta de hacer las cosas?

—Nadie lo sabe, supongo —Umi admitió, mirando su taza.

Ninguna dijo nada después, haciendo que la tensión volviera a instaurarse. Nerviosa, Maki aprovechó el rato para beber de su propio café, después de agregarle unos cuantos sobres de azúcar, necesitaba espacio para que sus palabras no la traicionaran.

Tenía que ordenar sus pensamientos que en esos momentos eran un torbellino indescriptible. Miró a Umi de nuevo, sintiendo el arrepentimiento plantado en su cara, ¿era ése el momento adecuado para disculparse? No lo sabía, pero tampoco creía poder seguir cargando con ello demasiado tiempo, ¿y si esta era la última vez que se veían? Tenía un amargo sentimiento pensando en aquella posibilidad.

—A decir verdad —continuó, llamando su atención—... no quisiera que esto acabe sin que pueda disculparme contigo, sé que prometí que lo haría después de poner las cosas en claro con Honoka... —la taza vibró con fuerza en sus manos, por la frustración que sentía, el resentimiento y la culpa, todo era tan insuficiente—... de verdad que lo lamento. Por el daño que le hice a ella, por lo que te hice a ti. No era muy consciente de mis palabras, sé que las dañé a ambas y quisiera regresar el tiempo para ni siquiera pensarlas... ¡fui una imbécil con ustedes!

No se dio cuenta de la fuerza con que sostenía su taza hasta que el calor se adueñó de sus palmas cuando Umi las cubrió, ambas manos la alejaron del café caliente y, sobre la mesa, fueron apretadas de forma suave.

—Disculpas aceptadas, Maki-chan —Umi susurró, en tono dulce. La miró con un extraño cariño y agradecimiento en su rostro—. De hecho, no tenías que disculparte, ya te había perdonado por todo lo que hiciste aquel día, trabajaste más duro que nadie y eso te ocasionó problemas. Sin ti, no sé cómo habría terminado todo y es algo de lo que siempre voy a agradecerte. No tengas duda de que conocerte ha sido lo mejor.

Maki agradeció el gesto, ambos pares de ojos estaban cristalinos por las lágrimas que no se atrevían a asomar. Tenía un nudo en su garganta y el peso extra que cargaba desde su mensaje, se esfumó.

—Además, no es como si Honoka me necesitara ya —Umi la soltó lentamente, no había resentimiento en su voz—, sé que puedo confiar en ti para estar junto a ella. Si alguna vez tuve un lugar a su lado, eso se terminó desde que ustedes se conocieron.

—¡Por supuesto que no! —replicó, a la defensiva— Siempre tendrás un lugar junto a ella, aquí o allá. Y ese lugar nunca nadie podría ocuparlo.

Esta vez, un par de lágrimas de Umi no se resistieron, haciendo un camino libre por su rostro. Sus palabras eran mucho más significativas de lo que esperaba.

—Eres una gran persona Maki-chan y estoy feliz de que también decidieras seguir tu camino —La manera con que hablaba, le daba la sensación de volver a empezar cuando se conocieron—. Por experiencia, va a ser muy duro cambiar toda tu rutina y dejar de pensar en el futuro que tenías en mente, pero créeme, con el tiempo, sabrás que era tu destino hacerlo. Y si tienes a tanta gente que te apoye, será un camino más ligero...

Siguió escuchando sus consejos, le agradaba sentir que podían comprenderse otra vez, reconstruir lo que en algún momento dio por perdido.

—Gracias, Umi—senpai, sé que será duro, pero también creo estar lista para pasar por esto, si es lo que debo hacer para poder seguir mi vida como quiera, estoy dispuesta a enfrentarlo. Y bueno, sé que ahora no puedo hacer mucho, pero si necesitas algo, con gusto lo haré.

—Bueno, podemos empezar con que dejes de llamarme "senpai".

—¿Q-Qué?

Umi rió, complacida de tomarla con la guardia baja.

—Sí, no creo que haya problema, ¿verdad? Ya llamas a Honoka y Nico por sus nombres, ¿acaso no somos amigas también?

—Cierto, pero, es solo que... el respeto y.… vaya. Es un poco extraño —admitió, jugueteando de nuevo con su mechón de cabello.

—Nos acostumbraremos —Umi la calmó, sin perder el brillo burlón que surcaba sus ojos— ¿De acuerdo, M—Maki?

Aunque fue ella quién lo sugirió, se notaba que le costaba decirlo, era un poco adorable que tartamudeara. Maki compartió la vergüenza, sintiendo su rostro arder.

—Yo... ugh —era imposible verla directamente—, está bien U—Umi.

Se miraron a los ojos, conteniendo el aliento y sin más, comenzaron a reír a carcajadas, ¡era demasiado bochornoso! Recibieron varias miradas extrañadas de los clientes alrededor e incluso Nico tuvo que ir a calmarlas porque tuvo temor de que alguna se infartara.

Maki se sentía aliviada, aunque la noticia de su partida era tan repentina y triste, no podía estar más contenta de que las cosas entre ambas finalmente regresaran a la normalidad, más que eso, ahora sí que podían considerarse amigas con las barreras derribadas entre ellas.

El resto de la tarde pasó en un abrir y cerrar de ojos, Umi habló de sus preparativos para irse, de cómo Kotori la estaba ayudando con el hospedaje, ya que estaría unos meses en Inglaterra y también le dio algunos tips para sobrevivir en su situación actual. Honoka era el tema que las unió, pero había más cosas que tenían en común y en base a eso, las dos estaban dispuestas a reforzar su amistad.

El encuentro con Umi fue mejor de lo que esperaba. Tenía un sentimiento de paz y alivio después de que arreglaran as diferencias entre ellas. Apreciaba a Umi, eran tan parecidas en carácter, compartían el sentido de responsabilidad y hasta sus historias familiares eran parecidas, podía decir que, si no hubiese sido por Honoka y su idiotez atrayente, tal vez algo entre ellas pudo ocurrir. No pasó, y tenían en cambio una buena amistad que aún les faltaba por hacer crecer, pese a que tuviera que irse pronto. La extrañaría tanto.

Con ese asunto arreglado, aún quedaba uno pendiente.

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El trayecto fue similar al de la cafetería, lleno de empujones y cansado. La caja que Nico le había dado antes de irse sufrió un poco, tenía algunas arrugas en las esquinas y estaba magullada, para su suerte, los pasteles que contenía no tenían más daño que estar un poco deformados. La enana joven no le perdonaría que no llegara a su destino. Fue hecho especialmente para ello, después de todo.

Tras caminar cerca de una hora, finalmente logró visualizar el lugar. La brisa invernal sacudió sus cabellos, el otoño se había ido lejos dando paso al invierno y ya se comenzaba a sentir el frío en los alrededores, sumado al atardecer del día que teñía el cielo de tonos naranjas.

Y es que, ¿por qué?

Era un aterrador contraste mirar a Honoka recluida en una cama de Hospital.
Sin poder dar rienda suelta a su usual hiperactividad.

Ella merecía estar en el mejor lugar del mundo siendo atendida por grandes especialistas, si tan solo no estuviera condenada a ser desheredada, ella hubiera sido atendida gratis en su hospital. No podía pedir nada en su detestable situación, por lo menos, la familia de Honoka se hizo cargo de los gastos médicos como parte de su compensación por darle la espalda a su hija tantos años.

Verla en el suelo con la cabeza sangrante en medio del escenario, logró remover algunas fibras dentro de sus corazones, aun así, Maki tenía sus reservas después de escuchar lo que habían hecho.

Cuando logró poner un pie dentro del pequeño pero suficiente hospital, le era agradable no recibir monótonos saludos del personal, fingiendo sonrisas y halagos mientras que a sus espaldas soltaban una larga lista de cosas despectivas y chismes. Para esas personas, ella no significaba nada. No tenía el peso de su apellido y cada vez, comprendía que esto era lo que realmente necesitaba: alejarse de las etiquetas. Era un sentimiento que le agradaba.

Caminó con prisa, pronto las horas de visita acabarían y ya se le había hecho muy tarde, no es que le interesara demasiado verla... a quién engañaba, necesitaba hacerlo. Escuchar su voz y saber que estaba bien era un analgésico a todas las cosas malas que cargaba.

Al doblar en el pasillo que llevaba al cuarto de Honoka, notó que una pareja salía de la habitación. Eran los padres de la chica, la mujer era castaña con una encantadora sonrisa similar a la de Honoka que costaba creer que la había echado de casa, y el hombre, tenía la cabellera negra en un corte casi militar que se adecuaba con su porte musculoso y expresión indiferente, sólo si le prestabas suficiente atención, podrías ver en sus ojos azules el mismo brillo que Honoka. Ellos la reconocieron cuando se acercó.

—Hola, Maki-chan —saludó la mujer, dedicándole una sonrisa que ella hizo el intento de devolver—, Dios, esa chica ni siquiera parece tener nada. Si pudiera, estoy segura de que ya se habría escapado de aquí.

Su buen animó aumentó al escuchar aquello, aunque lo escondió detrás de su neutralidad.

—Sólo si alguien la deja ir —respondió, un poco más agresiva de lo que hubiese querido, cruzándose de brazos. Para su suerte, los señores no lo tomaron a mal, sino por el contrario, se veían divertidos.

—Mordaz como siempre, Maki—chan. Me agradas.

No estaba segura de cómo tomar el cumplido, así que solo asintió sonriendo de lado.

—Es bastante tarde y Yukiho seguro estará loca con la tienda, la dejamos a tu cuidado... —La mujer pausó, suavizando su rostro—, gracias por todo lo que has hecho. Ella cumplió uno de sus sueños gracias a ti, y eso es algo que nunca olvidaremos.

Maki negó.

—Fue su terquedad la que me hizo hacerlo, el crédito es suyo. Llegó hasta ahí porque quiso, eso es lo que hay que reconocer.

La mujer iba a hablar cuando su marido puso una mano sobre su hombro, deteniéndola.

—Lo reconoceremos, siempre —dijo con su voz imponente y seria, mientras esbozaba una pequeña sonrisa que la sorprendió.

Él tenía el mismo brillo de sinceridad de Honoka. Maki se sentía satisfecha.

Estaba segura de que aun recordaban el breve intercambio de palabras el mismo día que Honoka fue internada, Umi estuvo a su lado, aunque no estaba en las mejores condiciones para ser intermediaria, fue Kotori quien ocupó ese lugar. Ella estaba furiosa y asustada, pensando en mil y un cosas horribles para Honoka, y ellos, estaban en igual o peores condiciones desesperados.

Maki literalmente intentó correrlos del lugar, argumentando que no tenían derecho a opinar cuando la habían abandonado en el momento que más lo necesitaba.

A ellos les dolió la aseveración y pudo ver el agobio junto al llanto que les causaba aceptar su culpa. La escena de la chica jengibre desangrándose era demasiado para todos y a regañadientes, tuvo que aceptar que ellos se encargaran de llevarla a un hospital, le gustara o no, eran sus padres y los encargados de su custodia.

Tuvo que pasar un día entero para que Honoka despertara, y los primeros con quienes habló, fueron los señores Kousaka. No estaba muy consciente de lo que pasó, ni siquiera Umi o Kotori sabían qué habían hablado, pero parecía que los malos términos se acabaron y podía sentirlo en los tres, cuatro si contaba a Yukiho, su hermana menor.

—Me alegra que hayan solucionado las cosas con ella —dijo, lo más sincera posible.

—Nosotros también —respondieron al unísono.

Los esposos intercambiaron miradas sorprendidas, para después echarse a reír en voz baja. Un gesto adorable, a su parecer, se notaba la química entre ellos y muy interiormente, deseó tener la misma con su hija.

—Nos vemos luego, Maki-chan, esperamos tenerte en casa pronto —la señora le guiñó un ojo y ella sintió el calor en sus mejillas por la implicación que imaginó.

El hombre solo levantó la mano a modo de despedida sin más interés entre lo que pasó entre ella y su mujer. Juntos, hicieron una reverencia y con sonrisas serenas se marcharon. Maki los observó hasta que desaparecieron de su vista, dejándola sola frente a la puerta de Honoka.

Ahora que sabía que estaba despierta, casi de forma automática, se llevó la mano libre al cabello para acomodar algunas hebras salidas y hasta se tomó unos segundos alisando los pliegues de su ropa. Cuando fue consciente de lo que hacía, se detuvo, avergonzada por ponerle atención a esos tontos detalles.

Sacudió la cabeza, irguió la espalda y llamó a la puerta, pronto la voz de la chica le dio el permiso de entrar. Lo hizo y cerró la puerta de madera en un apenas perceptible chirrido de las bisagras. Honoka la recibió en una mueca de alegría pura, tenía una sonrisa de lado a lado y sus ojos parecían a punto de salírsele, sobre todo cuando reconoció la caja que cargaba.

Casi ya no había rastros de la palidez de días anteriores, su piel estaba recuperando poco a poco su color bronceado, que contrastaba con las sábanas blancas del hospital.

—¡Comida de Nico-chan! ¡Yeii! —canturreó mientras aplaudía.

Maki frunció el ceño, decepcionada de que su atención fuera robada por la comida.

—Podrías tener al menos la delicadeza de saludar primero, he hecho mi mejor esfuerzo para venir, ¿sabes? —recriminó mientras se acercaba a ella.

Honoka se rascó la nuca, sonriendo.

—Aw, lo siento, lo siento, es que, ¡Maki-chan, tú no sabes lo horrible que es la comida de este lugar! —gimoteó haciendo pucheros en la cama.

Maki no dudó en darle un pequeño y muy leve golpe en la cabeza una vez estuvo a su lado, procurando no dañar la herida, Honoka soltó un pequeño quejido, aprovechando para sobarse por encima de las vendas que cubrían la parte superior de su frente. El pequeño bulto en el lado derecho sobresalía, y ya que seguía cerca, Maki acercó sus dedos hasta el lugar para palpar que tan inflamado seguía. Casi sin darse cuenta, su gesto se alargó, tomándose el atrevimiento de deslizar la yema de sus dedos por su mejilla, ahuecando su rostro.

Su corazón latió con fuerza cuando sus ojos encontraron la inocente mirada de Honoka, observándola confusa por su acción. Se apartó de golpe, como si quemara. Tosió para aclarar su garganta y pasar la incomodidad que había creado.

Tratando de normalizar su rostro a la seriedad, tomó asiento en la única silla.

—N-No es como si tus padres no te trajeran nada —replicó, entornando los ojos hacia la canasta semivacía de pequeños panes que estaban en la mesa a un lado de la cama, junto a ella, colocó la caja que traía consigo—, cuando salgas de aquí habrás subido varios kilos.

—¡Mou! ¡No digas eso! —replicó la jengibre, poniendo cara de muerte— ¡Umi-chan me hará hacer dieta, y ella es un monstruo para esas cosas!

Se rió burlonamente, tratando de salvar su dignidad de lo que estaba haciendo, agradecía que Honoka fuera demasiado ajena a ciertas cosas.

—Yo misma le ayudaré a ponerte unos ejercicios extra, es un justo pago por todo, ¿no crees?

Honoka bufó, cruzándose de brazos.

—¡Eres igual de mala que ella! ¿Puedes creer que me dijo que personalmente se encargaría de que fueras su reemplazo cuando se fuera? ¡Es un monstruo, lo repito!

Maki se estremeció, su reclamo le provocó un nudo en el estómago.

—¿Irse? Significa que... ¿Ya lo sabías? —preguntó, analizando el rostro de Honoka, quien sólo sonrío.

—Me lo dijo esta mañana, cuando vino a verme —le confesó con voz pasible y cargada de cierta tristeza—, solo estará unos meses para arreglar los papeles y terminar el semestre. Después se irá y no sé cuándo regrese.

Se quedó sin saber qué decir, viendo a Honoka apagar su anterior alegría. Estaba consciente de lo mucho que la chica significaba para ella, una amistad de años que no podría jamás acabarse.

—Lo siento.

—¿Hm? —Honoka ladeó la cabeza, confundida por sus disculpas— ¿Por qué? Esto es lo que ella quiere.

—Aun así... ella se irá muy lejos... ¿estarás bien con eso? Ya sabes, sé lo de Kotori.

Ella entendió de inmediato, Honoka soltó risas nerviosas mientras rascaba su mejilla.

—Sí, bueno... es un poco diferente ahora, creo. Ya no soy una cría cualquiera, sé lo que significa trabajar duro por algo y... si Umi—chan está decidida a seguir luchando por lo que desea, la apoyaré, eso es lo que hacen las amigas, es lo que tengo que hacer por mi mejor amiga —por unos momentos, Honoka bajó la cabeza como si dudara de lo que estaba diciendo, al alzarla de nuevo, buscó su mirada, parecía que necesitaba que fuera Maki quien lo confirmara— ¿Acaso no piensas igual?

Captó los sentimientos conflictivos que debía tener, ella también los tuvo horas atrás cuando se enteró, y conociendo la historia de ambas, podía ver cuánto le afectaba a Honoka esta noticia.

—Es sólo que es un poco triste tener que despedirla —admitió.

Vio a Honoka desviar su mirada hacia la ventana, mirando algo que ella no veía.

—Lo es, y duele. La quiero mucho, ha estado siempre conmigo... será duro verla partir. No saber cuándo podré recibir sus regaños de vuelta o escuchar sus palabras de ánimo. Casi quisiera decirle que no se vaya, pero no puedo hacer eso. Umi debe seguir avanzando.

La tensión se hizo presente en su cuerpo, al escuchar la forma tan anhelante en que Honoka hablaba de Umi, un leve picor de celos se instauró en su mente y ella luchó por empujarlo. No podía sentirse así, Umi tenía un derecho más grande, ella misma se lo había dicho. Sin embargo, el sentimiento era fuerte, quería demostrarle a la chica frente a ella que podría hacer un igual o mejor trabajo a su lado, hacerla confiar en su entereza para protegerla, aun cuando estaba en un mal punto con su familia. Tenía que hacerle entender un poco de sus sentimientos.

La obra había terminado, y ella estaba bien. No había nada que se interpusiera ahora, justo como Nico le dijo. Se acabó el tiempo de esperar, tenía que actuar.

Armándose de valor, volvió a acercarse a ella mirándola seriamente. Honoka de inmediato le devolvió la mirada.

—Umi se equivoca, no puedo ser su reemplazo —Maki tragó saliva e intentó frenar la sensación de vértigo que empezaba a apoderarse de ella—, sólo... no quiero ser tu amiga.

La chica jengibre abrió la boca y la volvió a cerrar, contrariada.

—¿Creía que ya habíamos solucionado las cosas? Espera... ¡¿Aún me odias?!

—No podía esperar menos de ti. Aún no puedo creer que justo te desmayaras en los saludos finales, y sobre las estructuras de metal, ni más ni menos, ¡te dije que era peligroso!

—¡Oye, eso no fue mi culpa...! —Maki la miró, enarcando una ceja— O-Okey, tal vez si fue un poco mi error, ¡pero es que esas luces mareaban y no me fijé! ¡Y estaba demasiado alto! Y... Y... ¿a quién se le ocurrió poner cosas de metal sabiendo que YO iba a estar ahí?

—Sí, tienes razón —rodó los ojos—, no sé cómo se les ocurrió poner esas cosas, apenas y tuviste suerte de no haber muerto, ¿sabes el susto que todos se llevaron? Ahora tendrás una sexy cicatriz en tu frente, tienes suerte de que tus ojos sean tan hermosos y desvíen la atención...

—¿Qué?

—... ¿Qué?

¿Qué fue lo que dijo?

—¿Acabas... Acabas de halagar mis ojos? —Honoka preguntó, inclinando de nuevo la cabeza.

La sangre se le subió de pronto. Sentía que estaba en erupción.

—¡N—No he dicho nada de eso! —replicó, levantándose de un salto, su ritmo cardíaco estaba elevándose.

La chica la señaló, acusadoramente.

—¡Claro que sí, dijiste que tengo ojos sexys!

—¡Ojos hermosos, idiota! —Maki se cubrió la boca apenas terminó de decirlo.

—¡Ahí está! ¡Lo volviste a decir!

Su corazón parecía salirse de su pecho, quería saltar de la ventana y morir de una vez. No podía haber sido tan ingenua como para pensar en voz alta, ¡que estúpida era! Y en nada ayudaba tener la sonrisa de Honoka frente a ella.

Trató de recoger el poco orgullo que le quedaba y, enderezándose, la enfrentó.

—¿Así que... tengo bonitos ojos? —Honoka parpadeó varias veces, jugando con su corazón.

—No lo volveré a decir, nunca —se hizo la indignada, pero con la mirada de cachorro de la chica, sus sentidos se embobaban.

—Tú también tienes lindos ojos, Maki—chan. Te ves hermosa y adorable cuando actúas tsundere.

Se atragantó con su propia saliva, ¿había escuchado bien? ¿Acaso...?

—¿Estás coqueteando conmigo?

—¿Lo hacía? —Honoka preguntó de vuelta, confundida, encogiéndose de hombros después— Sólo estaba diciendo lo obvio, creí que hiciste lo mismo cuando mencionaste mis hermosos ojos.

—Oh por Dios, ¡olvida el tema de los ojos, por favor!

—¡Pero dijiste que son lindos! Nadie me había dicho eso antes, y eso que aún me odias.

—¡Por supuesto que no es así!

Honoka hizo un gesto de dolor puro, sosteniendo su corazón, Maki se preocupó por haber dañado sus sentimientos de nuevo.

—¿Entonces no tengo buenos ojos?

—¡HONOKA!

La absurda discusión parecía fascinar a la chica jengibre ya que estalló en risas recostándose en la cama para sostener su estómago. Maki por poco pidió que le diera un infarto ahí mismo, pero su amor era más grande como para desearlo.

Suspiró.

Esa chica tonta e idiota era la que tenía su corazón.

—Lo dije porque me gustas —dijo cortando sus risas abruptamente, caminó hasta pararse a costado de su cama, mirándola desde arriba.

—¿Eh?

—Me gustas, Honoka. No como amiga, no como enemiga, me gustas como yo te gusto.

La sorpresa de la declaración hizo que ella se sentara de golpe, haciendo que Maki diera un salto para evitar un choque.

—¿Es otra broma?

—No, voy en serio.

Honoka se quedó callada de pronto, sumiéndose en su mente. Ella esperó con los nervios atrofiados. Si los segundos mataran, ya estaría en putrefacción.

—Oh... —la chica asintió un par de veces, Maki la miró sin comprender. Al final chasqueó los dedos—, entonces sí quieres ser mi amiga.

Esta vez fue su turno de decir:

—¿Qué?

—Dijiste que te gustaba como tú me gustas, y a mí me gusta ser tu amiga, ¡oh vamos, al fin reconociste que quieres que lo seamos!

—No escuchaste nada de lo que dije, ¿verdad? ¡Dije románticamente! ¡No es sólo amistad!

Su reproche llegó veloz al cerebro de Honoka y, al igual que ella, su rostro se tiñó de rojo vivo.

—¡¿EH?! ¡¿P-Pero qué estás diciendo?!

Su reacción la perturbó, incluso confundió. Algo estaba mal, lo sentía.

—Espera, espera, no lo entiendo, ¿por qué luces sorprendida? Te gusto, todas dicen eso.

—¿T-Todas? —Honoka seguía ruborizándose, se veía demasiado curiosa, poco le faltaba para ir a abrazarla, pero mantuvo su distancia debido a sus reacciones contrarias.

—¿Cuál es el problema?

La chica se mordió el labio, apretando las sábanas en su regazo. Vislumbró una gota de sudor bajar a su cuello.

—Es que... no me gustas de esa forma, Maki—chan —sus palabras le dieron un vuelco, ¿escuchó bien? ¿Honoka dijo eso? ¿No era un sueño? La sensación que obtuvo fue como caer al vacío y romperse en cientos de miles de pedazos—... No sé quiénes o como llegaron a esa conclusión, pero es la verdad. Lo lamento, yo... no sabía, aún creía que me odiabas y cuando me ayudaste, estaba feliz de que no fuera así. Creí que lo hacías porque querías ser mi amiga, como quise en un principio... No sabía, de verdad.

No dudó de sus palabras, ella lo estaba diciendo sinceramente. Un rechazo, esto no era algo que había pensado siquiera, ¿cómo pudo ser tan ciega? Rin, Hanayo, Nico y sobretodo Kotori estaban tan seguras de insinuarlo que nunca se preguntó si era real. Creyó en sus palabras, sin siquiera intentar confirmar los de ella, siempre fueron sus propias ideas en su mente.

—¿Q-Qué... hay entonces de tus celos cuando estaba en el cine con el chico? ¿Y la vez que casi nos besamos? No parecías disgustada, tampoco de mis pequeñas caricias en la enfermería... las aceptaste —dijo, intentando con todas sus fuerzas encontrar la mentira.

Honoka se hundió en su mente de nuevo, recordando aquellos eventos.

—Cuando te vi en el cine, tu rostro no estaba feliz de estar junto a él y entendí que tal vez era por tu estatus o lo que sea, Umi había hablado de eso antes, de los matrimonios arreglados —Honoka explicó sin titubear, hundiendo aún más su corazón—, lo del casi beso... honestamente, sólo pensé que no podías verme bien en la oscuridad, ¡juro que no creí que eso estaba pasando! —arrugó la frente, avergonzada—, y en la enfermería... no recuerdo muy bien sobre aquello, estaba cansada —bajó la vista, como si buscara ordenar más cosas. Maki esperó impaciente, quería irse de ahí tan pronto como pudiera a casa de Hanayo a hundirse en la almohada, y con suerte, morir asfixiada—... Maki-chan, no tenía idea de que te sentías así... pero... no es como si te estuviera rechazando o algo así.

Su interior se removió, ¿tenía esperanzas acaso? ¿Eso es lo que Honoka estaba diciendo?

—¿No lo haces? —el sonrojo se hizo más profundo en la cara de Honoka, dándole ilusiones al pobre y doloroso corazón de Maki. A paso firme, se sentó en la cama, muy cerca de ella. Acercó su rostro y la miró atentamente, la cercanía puso más nerviosa a la chica— ¿Cómo es eso?

Al levantar el rostro, Honoka temblaba.

—No me gustas ahora, pero podrías gustarme... —Honoka se cubrió la cara con las manos con tal brusquedad que, al toparse con su propia herida, la hizo chillar—, eres una buena chica, y eres guapa, tendría que estar ciega para no notarlo y tienes ese lado tsundere inquietante... Todo eso me hace estar pendiente de ti, cuando te veía, había algo en mi interior que vibraba. Y estar cerca, me provoca nervios, no sé si es amor o no... Pienso mucho en ti y AHHH ¡santo cielo, no puedo creer que estoy diciendo esto!

Maki se echó a reír, en parte aliviada de escucharla y en parte, por las graciosas muecas que ponía. Se sentía mejor que antes, más reconfortada, su corazón ya no se sentía amargo. Honoka le estaba dejando las puertas abiertas a intentar algo, y ella no iba a desperdiciar ni una oportunidad, aún si tenía que tragarse la pena y su tsunderismo, sólo Honoka lo valía.

Alentada, se aventuró a acercarse aún más, ganando de nuevo el congelamiento de la chica jengibre, sus manos apartaron los de ella poniéndolas en su regazo, después, ahuecó su rostro entre una de sus manos, dándole leves roces en su mejilla.

La chica notó sus intenciones, y su rostro volvió a colorearse aún más si era posible.

—Honoka... —murmuró su nombre, sintiendo sus respiraciones erráticas chocar conforme se acercaba—, voy a besarte.

—Lo sé —La chica suspiró cerrando los ojos y eso fue lo único que necesitó para cerrar la brecha entre ellas.

Atrapó sus labios entre los suyos, con movimientos lentos e inexpertos, nunca antes había besado a nadie y estaba contenta de que, en su primer beso, hubiera sentimientos. Los labios de Honoka eran suaves y sabían a pan, calzaba perfecto con el olor dulzón que la envolvía. Dudaba que fuera por la canasta a su lado, estaba segura de que era el aroma de la propia chica. Encantador y adicto, necesitaba más de ello, embriagarse con las sensaciones y la electricidad que embotaba sus sentidos, sólo quería seguir ahí, disfrutando de los besos de Honoka quién parecía estar en un trance similar. Se separaron un momento, solo para mirarse, recuperar aire y volver a besarse.

—Sí, podría acostumbrarme a esto —exhaló Honoka, entre cada caricia. En algún momento ella había puesto sus manos en el cuello de Maki para atraerla. Sus dedos se perdieron en su cabello, con suaves tirones que sólo le provocaban ansiar más.

Unos golpes en la puerta las detuvieron, se separaron de inmediato, jadeantes. Pensando que se trataba de alguna enfermera, Maki se apartó a regañadientes, aunque deseaba retomar aquello, ahora que sabía que Honoka no la rechazaría, pese a que no había quedado claro su tipo de relación. Podría conformarse con eso, por el momento.

—¡Adelante! —gritó la jengibre, una vez que logró restablecerse, conservando un leve rubor en su cara del que Maki se enorgulleció.

La puerta se abrió y no una persona, sino varias caras las que se asomaron. Diferentes colores de cabellos y ojos las miraron con sonrisas pícaras... y unos pares avergonzados.

—Hasta que al fin se dignan en abrir, esta fue la quinta vez que llamamos —dijo Nozomi, esbozando una maléfica sonrisa ladina—, ¿estaban haciendo algo prohibido acaso?

—¡CLARO QUE NO! —gritaron ambas, con el rostro encendido al mismo tiempo.

—¡Ya están hasta en sincronía-nya~!

Maki les lanzó una mirada furibunda, era mejor que fueran las enfermeras y no ellas de entre todas las personas.

—Vamos Nozomi, prometiste no molestarlas —Eli la regañó, abriendo la puerta para que todas pudieran pasar.

Nozomi contestó algo que ya no alcanzó a oír pero que supuso que era pervertido por la forma en como Eli abrió los ojos y Umi, que venía detrás, casi se desmaya. Hanayo entró tras ellas, intentando en vano detener a Rin quien ya se había lanzado a la cama de Honoka.

—¡Honoka-chaaaaan! ¡Otro día más que sigues viva!

—¡Rin-chan, no digas esas cosas y no lastimes a Honoka-chan! —la recriminó la castaña de lentes tirando en vano de su camisa para sacarla de encima de la enferma.

—¡¿EHHH?! ¡Pero si no la he lastimado, no más de lo que está! ¿O sí?

Honoka sólo se puso a reír, como si el peso extra sobre su abdomen no importara.

—¡Por supuesto que no! ¡Ya estoy lista para irme! Y alejarme de la asquerosa comida del lugar —dijo, sacando la lengua con una cara de asco.

—Ah, pero ni creas que vas a atiborrarte de comida, ¡sobre mi cadáver mientras esté aquí! —Umi se adelantó frente a la cama, mirando seriamente a Honoka.

—Mou, ¡eres horrible! ¡Merezco buena comida, y hasta los doctores están de acuerdo! Una dieta abundante —se cruzó de brazos enfurruñada, para después mirar a Maki—, ¿verdad?

—Exacto —Honoka iba a gritar de emoción, cuando su voz la calló—, sólo si es rica en hierro, como la avena, las lentejas, el higo —con cada cosa que decía, la cara de Honoka se ponía peor—, alfalfa y, sobre todo, berenjena.

—Voy a morir —Honoka se desplomó en la cama dramáticamente.

Rin se abalanzó sobre ella, fingiendo llorar desconsoladamente y Hanayo... Hanayo se puso a rezar completando la escena.

—Ustedes son un trío demente —Nico entró al último acompañada de Kotori, que se había distraído con un par de enfermeras, mirando sus uniformes.

—Oh vamos, Nicocchi~, seguramente tú también quieres prender unas velas.

—¡Yo no soy una idiota!

—Chicas, no hagan un escándalo. Ya es buena suerte que pudiéramos escabullirnos todas en la habitación, si nos descubren, van a sacarnos —intentó razonar Eli con las mayores.

Kotori se acercó hasta la jengibre, manteniendo la sonrisa alegre y pasible.

—Entonces, ¿mañana te darán de alta, Honoka-chan?

—Yep, los doctores dijeron que solo debo descansar más para recuperarme de la anemia —Honoka contestó, sin moverse ni un ápice— y el golpe de mi cabeza está mejor, sólo me quitarán los puntos y tendré que cuidarme para que cicatrice bien, tres días aquí es más que suficiente, ¡he aprendido la lección!

—Sólo a ti te podían pasar estas cosas, Honoka —Umi dijo en tono derrotado. Pero sin desaparecer la sonrisa también.

—Honoka es Honoka, después de todo —Kotori acarició los cabellos de la chica que sobresalían de la venda, Honoka respondió al gesto emitiendo pequeños ronroneos que la hacían parecer un gato.

Era una tierna escena, sino fuera porque deseaba ser ella quien provocara esos sonidos.

Fuera de eso, para Maki, esta era el mejor escenario de su vida. Lo que había iniciado de forma tan sencilla como ayudar en un musical, ahora le traía a siete amigas más, de diferentes edades, gustos y carreras, unidas por la misma persona: la chica de la que se enamoró, Kousaka Honoka.

Era su voz la mejor melodía del mundo, encantadora e hipnótica, Honoka fue capaz de reunirlas. No sólo eso, a su lado renació el deseo de poder declarar su amor por las cosas y por la gente que apreciaba. Sentía que su lado solitario y deshonesto era más feliz.

Honoka le dio eso, la amaba, y la protegería ante todo y todos, incluso de ella misma. Lo prometió, lo cumpliría. Ella sería suya, y juntas continuarían adelante siguiendo sus sueños, contagiando al resto con su pasión y amor por las cosas que querían hacer.

Verlas a las nueve juntas, apenas era el inicio de una gran travesía, a pesar de que algunas tuvieran que marcharse pronto. Se encargaría de continuar esta hermosa amistad.

—¡Hey, chicas! —Maki gritó de la nada, acallando al resto y ganando su atención. Había un sentimiento extraño en su pecho que la incitaba a hablar—, estoy feliz de poder conocerlas y poder llamarlas amigas, porque ustedes se han convertido en una gran familia para mí y no sólo eso...

Sus ojos se desviaron hacia Honoka que ya se había sacado a Rin de encima y recibía los regaños de Umi; ella le regresó la mirada, brillante e inquieta. Sonrío aún más, haciendo que Honoka comprendiera su intención.

—No lo hagas —musitó la jengibre, negando repetidamente.

—Oh vamos, no te hagas del rogar y dilo de una vez —Nico ordenó, impaciente.

Sintió la mirada de todas en ella, no iba a dejarlas en suspenso por tanto tiempo, después de todo, iban a saber tarde o temprano.

—Maki...

Inhaló profundo, sintió que su corazón se aceleraba de nuevo. Tenía que hacerlo, no podía retroceder.

—¿Saben qué? —Las miró a todas, recibiendo sus miradas expectantes y un silencio grupal que sólo le hacía querer decirlo de una vez— ¡Amo a Honoka!

...

Pasaron varios minutos para que todas entendieran el significado de sus palabras y al unísono, gritaron:

—¡¿EHHHHH?!

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-FIN-