Comentarios al final *-*
¡Nos leemos!
Tuvieron unos minutos de paz, en los que solo se aferraron uno al otro como si su vida dependiese de ellos y…Respiraron. Se permitieron simplemente…Ser. Ignorando el extraño silencio de la calle, la sangre en sus ropas, las lágrimas en sus mejillas.
Pero no fue más que un par de minutos. Luego Tsuna se levantó, mirando alrededor como quien espera un depredador a la vuelta de la esquina. Nana lo siguió, apretando con fuerza su delantal.
- Saca toda la comida que tengamos Okaa-san. – Le pidió Tsuna a su madre, saliendo de la sala para encontrar una maleta en la que echar todas sus provisiones. Nana no cuestiono a su hijo, yendo a la cocina para obtener lo pedido.
Por su lado, Tsuna empaco algunos cambios de ropa ligero, primeros auxilios y todo lo que pareciera útil en esta situación (Por supuesto que la primera prueba de supervivencia que Tsuna tendría sería contra humanos caníbales sin razonamiento. .Puesto.)
Se colgó el peso al hombro, bajando las escaleras a toda velocidad (Y claro. La primera vez que logra bajar sin caerse fue en medio de una jodida invasión.), entró a la cocina, depositando todo lo que su madre había sacado en su mochila.
- Y ¿Ahora que, Tsu-kun? – Nana tenía la sombrilla en su mano, sus labios temblando un poco por el temor, pero su mirada era decidida.
Y, por primera vez desde la llamada, Tsuna recordó las palabras de su padre. (Quédense adentro. Iré por ustedes.) Pero Tsuna…Tsuna ya había oído eso antes. ("¡Por supuesto que llegare a tu cumpleaños, Tsuna" La cabecera de la mesa estuvo vacía ese año, y todos los años por venir. "¡Mi querida Nana! Claro que llegare a nuestro aniversario." Las rosas frente a la puerta se marchitaron esperando a su dueño.)
Cerró los puños. No. No iba a dejar la seguridad de su madre en manos de ese hombre. No se iba a quedar esperando como un buen niño a un salvador que nunca llegaría. Se rehusaba a morir por esperar a alguien que nunca había llegado.
- Ahora…Ahora vamos a Nami-chuu. – Aquella presencia en su cabeza murmuro en concuerdo. Y eso fue todo lo que Tsuna necesito.
Kurokawa Hana era una mujer de lógica. Toda su vida se basaba en la lógica y no tenía tiempo para todo lo demás. Esa mañana, había sido lógico levantarse tarde, pues no tenía ningún proyecto pendiente y se podía arreglar rápido. Había sido lógico correr a la tienda cercana, en busca de algo para desayunar. Había sido lógico rodar sus ojos ante el video de Youtube con el cual las personas se habían obsesionado. Había sido lógico volver a su casa para agarrar su mochila e ir a la escuela. Todas sus decisiones esa mañana habían sido lógica.
¿Ahora? Ahora la lógica había aparentemente decidido irse por el caño.
Lo primero que le advirtió que algo andaba mal fue el incesante ladrido del perro de sus vecinos. El pequeño labrador era relativamente silencioso y cuando empezaba a hacer bulla, la familia no tardaba en callarlo. Pero el animal ya llevaba 15 minutos sin parar de ladrar.
Con un bufido irritado, Hanna se había colgado la maleta al hombro, saliendo de su casa y caminando a la de su vecino, dispuesta a darles un pedazo de su irritación. Pero la puerta…La puerta estaba tirada, como si la hubiesen golpeado con algo fuerte. El resto de la estructura estaba en perfecto estado, pero el perro seguía ladrando. Ahí fue cuando tomo su primera decisión ilógica del día.
Camino hasta estar frente a la madera destruida, metiendo su cabeza y mirando a los lados.
- ¿Hola? – El animal finalmente se había callado, pero el silencio solo se volvió más opresivo.
Sabiamente, decidió que una decisión irresponsable era más que suficiente por un día. Ya estaba saliendo de la propiedad para cuando escucho un gruño a su espalda. Giró la cabeza, encontrándose con su vecina, pero…no. La mujer que vivía junto a ella era amable, y tenía una tierna sonrisa. Ahora…Ahora su expresión era vacía y el hambre era la única emoción que se podía ver en sus ojos. La criatura la observo por unos momentos, sus antes ojos cafés ahora rellenos de venas amarillas. Y luego corrió. Corrió con un espantoso gruñido, lanzando sus manos al frente, su cabeza moviéndose de forma descoordinada.
Hanna no grito. No retrocedió lentamente. No cayo de espaldas con un ultimo alarido de desesperación. No. Hanna agarro su maleta con fuerza, dándole con todo el peso de sus libros en la cara. Y sin dar una mirada atrás, corrió. No le tomo más de diez segundos volver a su casa. Cerró la puerta con fuerza tras de sí, poniéndole seguro y recostándose contra ella.
No sabía si los gruñidos que oía tras su puerta eran reales o productos de su imaginación, y no tenía ninguna intención de descubrir la respuesta.
Se separo de la puerta, dando pasos temblorosos hacía el teléfono mas cercano. Cuando lo alzo, el usual tono de desconexión le dio la bienvenida a sus oídos. (Hanna era una mujer de lógica. Y sabía que lo más probable era que sus padres estuvieran muertos. Aun así, no pudo evitar tener esperanza.)
En un inusual ataque de ira, lanzó el aparato contra la pared, rompiéndolo en mil pedazos. Pero esa fue la única forma de sentimiento que se permitió, pues Hanna era una mujer de lógica, y sabía que no sobreviviría mucho en esa casa, sola. (Pensó en todas las películas de terror que había visto. En como las mujeres siempre gritaban por ayuda, siempre se mantenían calladas mientras los hombres planeaban, en como siempre eran las primeras en morir porque eran incapaces de pensar por su cuenta.) (Hanna se rehusaba a ser una de esas mujeres.)
Se alejaría de las zonas más pobladas, buscaría recursos y sobreviviría.
No fue un grito lo que lo atrajo. No. Fue el sonido de lucha, de movimientos desesperados, movimientos que gritaban el deseo de vivir. Miró atrás, donde su madre abrazaba la mochila con provisiones, indefensa y vulnerable. Por unos segundos, considero seguir su camino. Ir a donde sabía que estarían a salvo, a donde la única familia que tenía (la única que importaba) estaría segura. Donde no tenía que seguir luchando. (Se estaba mintiendo a si mismo, y lo sabía. De ahora en adelante, toda su vida sería una pelea.)
Pero no fue más que un segundo de duda antes de que, haciéndole una señal a su madre para que se ocultara, corriera directo al peligro. (Y la llama del cielo en su interior ronroneo con alegría, aunque su intuición se opusiera a la acción. Pero Tsuna era un cielo, tenía que proteger, sus instintos le negaban hacer lo contrario. Era un cielo en busca de sus elementos.)
Llego a tiempo para ver como una joven de cabello azabache aplastaba la cabeza de una criatura con lo que parecía ser un violín. Otro de los monstros estaba cerca, corriendo hacía la joven (Kurokawa Hanna Una parte de su mente susurro.), quien todavía golpeaba con fuerza la cabeza de su primer atacante.
Sin vacilar, Tsuna se lanzó contra el segundo, solos sus manos como armas. (Un fuego brillante, naranja y radiante apareció en sus manos y cabeza, purificandotodo a su alrededor. Liberando las almas de cuerpos que ya no controlaban.)
Solo cuando los cuerpos descompuestos yacían sin moverse, sus miradas se conectaron.
- Nami-chuu. – Fue lo único que Tsuna dijo, porque, honestamente, ¿Qué más podías decirle a la mujer que acababa de destrozar un cráneo con un violín en medio de una invasión?
Hana, por su parte, no cuestiono. Solo asintió, levantando su arruinado instrumento, porque, honestamente, ¿Qué podías decirle al hombre que tenía fuego en las manos y cabeza, quemando todo a su paso?
No hubo exclamaciones de terror, ni preguntas que ninguno de los dos sabía responder. Solo hubo un silencioso de entendimiento, un concuerdo entre dos sobrevivientes.
Y lo lograron. Corrieron, lucharon, se escondieron, pero al final, lo lograron. Llegaron a las puertas de Nami-chuu.
Se encontraron con un patio lleno de cadáveres andantes, el rechinar de sus dientes audible aun con la distancia entre ellos. Profesores, estudiantes, administradores. Nadie se había salvado. Caminaban sin rumbo, sus amarillos ojos fijos en el cielo, como si esperasen que este les dijera que hacer, ahora que no había alimento.
- Las montañas serán mas seguras. – Murmuro Hana, alejándose en silencio del muro tras cual veían la escuela.
Pero Tsuna negó la cabeza. Su vista no estaba en los cuerpos, no. Estaba clavada en el tercer piso del edificio, donde las ventanas estaban en perfecto estado y la sangre no parecía correr por las paredes. Ahí. Ahí estarían a salvo. Pero para llegar…
Los cadáveres en el patio seguían moviéndose, caminando con lentitud y sin rumbo.
- Esto es un suicidio. – Gruño Hana, manteniendo su voz baja, mientras señalaba a los cuerpos frente a ellos. Tsuna cerró los ojos, suspirando profundamente antes de abrirlos. Sus iris se habían vuelto anaranjados y las llamas empezaban a cubrir su cuerpo.
- ¿Confías en mí? – Hana abrió la boca, segura de su respuesta, pero las palabras se negaban a salir de su garganta. (Era Dame-Tsuna, por su puesto que no confiaba en él.) (Pero…Pero, también le había salvado la vida.) Hana frunció el ceño, pero asintió. Después de todo, no muchas personas le dirían que no a un joven con fuego en las manos.
Tsuna sonrió, agradeciendo en silencio el concuerdo de ambas mujeres. Les dio un pequeño beso en la mejilla, poco usual en su cultura, pero nada en esta situación era usual. (Y, sin saberlo, sus llamas cubrieron el cuerpo de las dos, protegiéndolas.)
Se giro hacia la masacre frente a él y…Se dejo ir. Permitió que sus instintos los dominaran, que la voz en su cabeza lo guiara, que el fuego en su interior quemara.
Y desde las ventanas del tercer piso, donde los sobrevivientes se acurrucaban entre ellos, vieron como el joven que habían creído inútil, aquel que había sido el chiste del pueblo toda su vida, arraso con todo lo que se interponía entre él y la puerta. Sawada Tsunayoshi, el que jamás había sido suficientemente fuerte para protegerse, estaba destruyendo cada demonio que se atrevía a atacarlo.
Y los estudiantes de Namimori…Los estudiantes no pudieron hacer más que observar, sintiendo como sus músculos se soltaban y la esperanza de que, quizás, con alguien así a su lado, quizás, sobrevivirían.
Mmmm...No estoy muy segura. Tengo planes para esta historia, pero no sé si estoy logrando transmitir lo que quiero... Y los capítulos me están quedando cortos ;-;
Honestamente, mi plan era que se encontrara con Takeshi, pero Hana se metió sin preguntar y sacó a patadas a la pobre lluvia, así que, ahí la tienen.
¡Pregunta! ¿A que personaje quieren ver?
¡Muchas gracias por su apoyo! Espero que lo hayan disfrutado.
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¡Nos leemos!
Chaos.
