¡Hola! Como siempre, comentarios al final.
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¡Nos leemos!
Sentía como su cuerpo lentamente se rendía, como cada paso se volvía más pesado, como la inconsciencia trataba de atrapar su mente. Pero Tsuna no se podía detener, no ahora, no cuando por fin habían pasado el cementerio que era el patio y habían llegado al segundo piso. Pocos caníbales caminaban en la primera planta y con algunas maniobras lograron esquivarlos. No habían encontrado a nadie en el segundo. (Y Tsuna trato de concentrarse en eso y no en el hecho de que conocía a las personas cuya mente había sido remplazada por instinto animal, y las había destruido.) Aun así, mantuvo su guardia alta, Hana haciendo lo mismo atrás, Nana en el centro. Caminaban en hilera, tensos, preparados para un ataque repentino.
Pero Tsuna…Tsuna nunca había sido un deportista, y su cuerpo le fallo. Trastabillo, deteniendo la caída con el bate en su mano, pero sus piernas se rehusaron a dar un paso más. Las llamas se apagaron de su cuerpo y sus ojos rodaron hacía atrás.
La exclamación de sorpresa de su madre fue lo ultimo que escucho.
Las manos de Hana temblaban. Aun sostenía con fuerza su arruinado instrumento, pero la vibración en las cuerdas revelaba el poco control que tenía sobre su cuerpo. (¿Por qué no paraba de temblar?)
No le sorprendió ver a Tsunayoshi caer (les habían abierto paso entre un mar de muertos.), pero eso no evito que se preocupara. Estaban en el segundo piso y no había ninguna señal de vida. Si uno de esos monstruos los atacaba ahora, lo más seguro es que alguien en su pequeño grupo moriría. Miro por la ventana, observando como el sol empezaba a bajar. Siempre había sido buena leyendo la hora a partir del clima, pero en ese momento su mente no se callaba lo suficiente para entender lo que le decía.
-¿Puede arrastrarlo, Nana-San?- Cuestiono, yendo al frente de la fila con su violín en alto. La mujer asintió con determinación (Con un brillo en los ojos que retaba a cualquiera a quitarle a su bebe de las manos.) Hana espero a que la mayor tuviera un buen agarre en el joven antes de seguir el camino, su mirada atenta, sus hombros tensos (y sus manos seguían temblando).
Cada puerta que pasaban, la cerraba, atrancándola con algún objeto cercano y seguían su camino. Hasta que, por fin, por fin, vieron a alguien vivo. Tres estudiantes, todos eran parte del comité disciplinario, estaban de pie frente a las escaleras que las llevarían al tercer piso. Hana pudo sentir la esperanza creciendo en su pecho y se permitió soltar un poco su agarre.
-Un paso más y les disparo. – El que estaba en el centro les advirtió, alzando el arma en sus manos. En los ojos del joven no había compasión, solo fría resignación. Hana se detuvo de golpe, la madera del instrumento quebrándose un poco por la fuerza con que lo sostenía.
-No estamos infectados. – Alzo las manos en señal de rendición, mostrando también que no tenía ninguna herida por la cual la enfermedad se pudiese transmitir. Nana no la siguió, simplemente abrazando con más fuerza a su hijo.
El joven las observo, pasando sus oscuros ojos por cada parte del cuerpo de ambas antes de asentir. Bajo el arma a su costado.
-Ustedes dos pueden pasar. Él no. – El corazón de Hana se detuvo por unos segundos (¿Lo habían mordido? ¿Cuándo? ¿Cómo no se había dado cuenta?) mientras que con sus propios ojos revisaba el cuerpo de Sawada. No tenía ninguna herida, pero la sangre ajena de los demonios lo cubría.
Hana negó la cabeza con rapidez, la acción dejando ver un poco su desesperación.
-No es su sangre. – Trato de explicar, dando un paso hacía adelante. La pistola, que había vuelto a descansar en la mano del hombre, fue apuntada a los tres recién llegados.
-O entran sin él, o no entran. – Sentencio. Hana deseo poder estar enojada, poder gritar y golpear al idiota que les negaba su salvación, pero cuando todo el mundo había perdido la cabeza, no podía culparlo por ser precavido.
-Llama a Hibari. - Alzo su cabeza, tenso los hombros, calmo su respiración y libero el agarre en su instrumento. Hana era una mujer de lógica y la lógica se explicaba con palabras. Quizás apartar los cuerpos de su camino no era su fuerte, pero las palabras siempre la habían acompañado. Esta era una batalla que podía ganar.
(Sus manos por fin dejaron de temblar.)
No sabía si tenía los ojos abiertos. No se sentía sobre ninguna superficie. Ni siquiera estaba seguro de estar en su propio cuerpo.
Y, aun así, a pesar de todo eso, no sentía la más mínima pizca de temor. Un calor lo rodeaba por completo, relajándolo de aquella forma que solo se lograba cuando se volvía a casa después de un largo viaje, masajeando los exhaustos huesos que hacía un segundo no estaba seguro de poseer. Se sentía bien, y no se quería mover.
Sin embargo, algo le insistía que debía despertar, debía reaccionar.
Forzó a sus parpados a abrirse, encontrándose en medio de un mar de llamas naranjas, cuyo fuego solo lo acariciaba.
(Le pareció escuchar un suave susurro.
(Bienvenido a Casa.)
Se sentó de golpe, inconscientemente tocando cada parte de su cuerpo, asegurándose de que estaban ahí. Solo cuando sus manos pasaron por la punta de sus pies, se permitió respirar con alivio. Y sin aviso, todas las memorias volvieron. (Mama. ¿Dónde estaba mama?)
Miro a su alrededor frenéticamente, por primera vez notando donde se encontraba. Estaba en un salón vacío, las ventanas estaban cubiertas y alguien había acercado algunas mesas que ahora funcionaban como su cama improvisada. Lo único que podía decir con certeza era que estaba en Nami-chuu. ¿Había sido todo un sueño?
-¡Tsu-Kun!- La puerta se abrió con delicadeza y, tras ella, apareció Nana, su gentil sonrisa, aunque un poco decaída, seguía firmemente en su rostro. Tsuna pudo sentir como sus hombros caían, la tensión finalmente abandonándolo.
-Okaa-san. ¿Estas bien? ¿Dónde está Kurokawa-san? – Pregunto, al no ver a la azabache. La sonrisa de Nana cayo finalmente, mientras esta apartaba la mirada.
-Estoy bien, Tsu-kun. Hana-chan… - Y la tensión volvió a su cuerpo como si nunca se hubiese ido, aparentemente decidiendo que el cuerpo de Tsuna seria su nueva residencia permanente. El castaño se bajo de las mesas con rapidez, agarrando gentilmente los hombros de su madre en cuanto llego a su lado. (Oh Kami. No la había salvado. Hana había muerto y era su culpa.)
-Mama. ¿Dónde esta Hana? – Nana suspiro.
-Lo siento. – Hana no reacciono ante la voz que había irrumpido en su santuario, abrazando sus piernas mas cerca a su cuerpo. Sus ojos estaban clavados en el muro blanco de la habitación, pero su mente veía un color muy diferente. (Rojo. Rojo, como la sangre de su vecino, como la herida del perro, como el cabello de…) Trato de respirar con tranquilidad, de calmar su agitado corazón, pero cada inhalación se convertía en otro sollozo. (¿Por qué estaba llorando? Eso no tenía lógica. Las lágrimas no resolverían nada. Pero su cuerpo se negaba a parar.)
Sintió a la persona entrar, cerrando la puerta con un suave "click". Camino hasta ella, sentándose a su lado en cuanto llego. Se quedo en silencio y, por algún motivo, aquello la enojo.
- ¿Qué quieres? – Gruño, su voz débil por el esfuerzo que había estado haciendo las ultimas horas. Tsuna no respondió, simplemente alzando los hombros. Hana abrazo el fuego iracundo que empezaba a crecer dentro de ella, dándole la bienvenida como a un viejo amigo. (Era mejor que el dolor.)
-Lárgate, Dame-Tsuna.- Espeto, sintiendo el veneno de sus palabras y disfrutándolo cual serpiente. Tsunayoshi se contrajo, como si sus palabras hubiesen sido un golpe físico, como hacía cada vez que alguien usaba el apodo. (Por eso Hana había evitado usarlo la mayoría del tiempo. Pero eso era antes, antes de que…) Aun así, el castaño no dijo nada.
Hana se levanto de golpe, las lagrimas siendo remplazadas por un ardor en sus mejillas, producto de su enojo. (Esto no estaba bien, ella sabía que no estaba bien. Y aun así…)
- ¡Deja de fingir como si te doliera! Ni siquiera la conocías. Solo eres uno de los muchos idiotas que la seguían como perritos. La única razón por la que ella se dignaba a verte era porque le dabas pesar. Nada más. Siempre fuiste insignificante y siempre lo serás, Dame-Tsuna. – Las palabras salían de su boca con un solo propósito, y aun así no estuvo satisfecha al ver el dolor en los ojos castaños del joven. (Dolía. Dolía tanto. No quería ser la única sintiendo eso.)
Abrió la boca para seguir su ataque, pero una voz (un recuerdo) la detuvo antes de que pudiera volver a empezar. ("Se más amable, Hana-chan." Una brillante sonrisa siempre acompañaba esas palabras. Pero la sonrisa se había ido.)
-Ella…Ella me hacía mejor persona. – Su cuerpo se desinflo, toda la lucha saliendo de el, las lágrimas volviendo con venganza. Cayó de rodillas, abrazando su estomago y agachando la cabeza. (El único que se había acercado a ella, para consolarla, y Hana se lo había agradecido con un puñal en el corazón.)
Escucho a Tsunayoshi levantarse, seguramente para irse y el dolor aumento un poco al saber que ahora estaría sola.
Pero los pasos no siguieron hasta la puerta. Se detuvieron frente a ella. Pudo ver entre la cortina de su cabello como Tsuna se arrodillaba frente a ella y no fue más que un segundo antes de que sus brazos la rodearan. Hana se congelo por unos segundos antes de acurrucarse contra el pecho del castaño, permitiéndose a si misma caerse en pedazos. (Pues sabía que había alguien para sostenerla hasta que se pudiera volver a reconstruir.)
Tsuna se mantuvo en silencio, abrazándola con fuerza, enterrando su propia cara entre los rizos de la azabache, solo permitiéndose unas cuantas lagrimas ante el alma perdida. (Luego…Luego miraría por la ventana al cielo estrellado y daría una pequeña oración de agradecimiento hacía la única persona en todo Namimori que nunca lo había insultado, la única que siempre le regalaba una sonrisa, como si Tsuna fuera merecedor de ello. Pero eso seria luego. Ahora sostendría a la luna cuyo sol le había sido arrebatado.)
-¡Sasagawa! ¡Deténgase! – La conmoción del exterior fue lo que despertó a Tsuna. Sus ojos se abrieron con pesadez, confuso por unos segundos hasta que un estruendo afuera elevo su adrenalina. ¿Estaban adentro? ¿Los caníbales habían llegado a ellos?
Miro a Hana, quien dormía contra el muro. Sus mejillas tenían lagrimas secas y sus ojos seguían un poco rojos, pero aparte de eso parecían en paz. Se levanto en silencio, saliendo de la habitación con el mayor de los cuidados.
Su atención inmediatamente se centro en el alboroto. Dos estudiantes del comité disciplinario restringían al capitán del equipo de Boxeo, Sasagawa Ryohei, quien parecía querer golpear a un profesor que Tsuna no reconocía. Sabía que no tenía nada que hacer ahí, pues no era su deber involucrarse, pero el suave murmullo de alegría que sentía cuando veía al mayor (al único) de los Sasagawa, lo mantuvo en su lugar.
- ¡Él la mato! – Exclamo Ryohei, enfurecido. Parecía claro que pronto ganaría el forcejeo.
- ¡Se había convertido en un monstruo! - Se defendió el profesor, acobardándose tras los jóvenes con afro.
- ¡Era mi hermana! – Finalmente fue capaz de apartar a uno de estudiantes y con poco esfuerzo tumbaría al otro. Tsuna, temerario e estúpidamente, decidió intervenir.
Se paro frente al profesor, alzando sus manos en un intento de calmar al mayor. Aun así, no pudo evitar que un temblor de terror recorriera su cuerpo cuando los iracundos ojos grises de Sasawaga se centraron en él. (Tsuna juraría que podía ver un amarillo brillante en el contorno de la pupila.) Al parecer el peli-blanco estaba a un punto mucho más de las palabras, pues solo fue capaz de gruñirle.
-E-Ella n-no hub-biera querido e-e-esto, Sasagawa-san. – Se contrajo un poco en si mismo, esperando el puño que sospechaba vendría. Pero, en vez de volverlo pulpa, Sasagawa pareció congelarse, y sus ojos perdieron un poco la intensidad.
- ¿Cómo sabes lo que ella querría? – Le pregunto, se voz suave y cansada, un poco suplicante, como si le pidiera una razón para toda la locura que se había vuelto el mundo. Tsuna jamás había escuchado aquel tono del enérgico chico, y algo en su interior le pedía devolverle la sonrisa.
Tsuna bajo los brazos, viendo que el mayor ya no estaba a un segundo de atacar. Pero sabía que, con una palabra errónea, la ira volvería con fuerza.
-N-No la concia muy bien. – El cuerpo de Ryohei se tenso y Tsuna se apresuro en terminar su oración. – P-Pero era muy g-gentil. Y no q-querría que lastimaras a alguien. – Los cuatro hombres esperaron ansiosos la respuesta del peli – blanco, quien mantenía su seria mirada en el castaño. Finalmente asintió, girando sobre sus talones para alejarse. Nadie lo detuvo.
(Y las llamas de ambos gritaron en agonía, el cielo y el sol deseando, por fin, unirse. Y, aun así, los dos ignoraron el llamado.)
Nota importante: Tengo computador nuevo (yay). Lo que significa que no tiene nada instalado. El Office de prueba dura 30 días, los cuales van a expirar en 4. Sin Office no hay Word, y sin Word no hay historias. Lo siento. No sé cuándo volveré a escribir. Subiré en cuanto pueda ¡Lo prometo!
Okey. Ahora a la historia.
Primero lo primero. El "mama" sin tilde es intencional. Solo me imagino que lo pronuncia así. :p
No me odien. . Honestamente, no planeaba matar a Kyoko, pero la historia me ignoro por completo y decidió hacer lo que le diera la gana. Umm…Que más…! ¡Ah sí! Como siempre, esta historia NO es romántica. Ese momento entre Hana y Tsuna no es un HanaxTsuna (¿Esta pareja tiene nombre oficial? Huh.) Es puro amor familiar/amigos.
Este a sido el capítulo más…Oscuro hasta ahora. Aun así, advierto, si alguien está buscando una historia feliz, esta no es. Claro, habrá mucho fluff y amor entre familia y momentos de "Awww", pero, si después de este capitulo no lo han notado, no es una historia feliz.
Espero que les haya gustado el capítulo. ¡Muchísimas gracias a todos los fav y follow y especialmente a los review! (Son mi fuente de alimento *-* )
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Chaos
