Capítulo 20: El Regalo de Drayden (Parte 2)

(Lavaridge Town, Manantiales, Ben)

Benga no sabía cómo procesar la situación. Cuando la empleada de las aguas termales le dijo que en cualquier momento tendría que compartir el manantial con otra persona, no esperaba que fuera con el excéntrico y orgulloso miembro de la Elite Four Sidney. El hombre se encontraba frente a él, desparramado sobre la esquina del manantial con una toalla en cara disfrutando del ambiente como si fuese un paraíso. Ben sintió algo complejo que no podía comprender, pero le molestaba verlo tan relajado.

—¿No deberías estar haciendo cosas más importantes? —preguntó molesto Ben—. Ya sabes, como detener al grupo que nos dejó atrapados en una caja de metal.

—¿Y tú no deberías de estar entrenando? —le dijo el hombre meneando la cabeza perezosamente—. Ya sabes, como el niño entrenador que eres.

Ben pensó seriamente en irse en ese momento, nunca le agradó Sidney y ese comentario lo estaba poniendo al borde. Quería entrenar, pero solo tenía con él a su Gible que necesitaba descansar. Dratini seguía con Iris ayudándola al encontrar el bobo Trapinch para su abuelo y se molestó de no tenerlo con él en ese momento. Se sentía expuesto e inútil.

—Relájate niño, no te lo tomes personal, —dijo Sidney quitándose la toalla de la cara y viéndolo directamente a la cara—. Te ves tan tenso que parece como si fueras a explotar. ¿Qué te pasa calabaza?

—Nada, —respondió enojado Ben, no tenía que explicarle nada a ese hombre.

—Ok, —Sidney sacó sus brazos del agua y los estiró dejando escapar un bostezo de puro placer—. Amo estos manantiales, llevaba ratos de no venir aquí.

Ben continuó ignorándolo y se asomó para buscar a sus Pokemons. Fraxure seguía sumergida felizmente en el agua y Gible se había quedado dormido en el montículo de tierra. Si no estuvieran tan relajados y felices, se hubiera ido de ahí.

—Si estás preocupado por el grupo que nos atacó, relájate, la policía logró capturar a unos cuantos, —comentó Sidney volviéndose a poner la toalla en la cara—. Tú solo preocúpate de seguir con tu viaje con tu novia, ¿está bien niño?

—Estaría bien si Ben no estuviese involucrado, —esa voz logró sorprender a ambos hombres y Benga casi saltó del agua reconociendo la voz. Levantó la vista y pudo ver a Steven Stone parado al el borde del manantial con sus brazos cruzados y un Sableye conocido en su hombro. Al ver al muchacho, Sableye saltó al agua para envestirlo en un extraño abrazo que terminó sumergiéndolo a los dos.

—Hey jefe, —saludó Sidey quitándose la toalla de la cara, ignorando por completo a Benga casi ahogándose con un Sableye en su cara—. ¿Quieres un baño rápido en las aguas termales?

—No Sidney, pero ya que los encontré a ustedes dos en el mismo lugar, ¿qué les parece hablar en un lugar menos húmedo?

—¿Con Nano-Boom? —preguntó Sindey con un tono ligeramente preocupado apuntando al niño con su pulgar—. ¿Seguro?

—Seguro… —Steven miró a Benga a los ojos y el niño quedó paralizado, las ojeras abajo de sus ojos grises parecían moretones de lo oscuro y marcados que estaban. Steven sonrió y negó con su cabeza—. ¿Nano-Boom? Sidney, eres terrible con los apodos.


(?.?.?, Ruta 111)

La soledad era una especie de espada de doble filo para él, al mismo tiempo que le traía consuelo, lo condenaba a un horrendo miedo silencioso que lo acosaba en todo momento. Sentía que merecía sufrir esa soledad, pues por su culpa muchas personas murieron y aunque ese jamás fuera su intención, sabía que no cambiaba nada en absoluto.

Siempre fue un hombre de rutina e incluso ahora, cuando se encontraba desolado y aislado del mundo, mantenía ese hábito. Se levantaba, alimentaba a sus Pokemons, revisaba los alrededores de su base secreta y regresaba a su pequeño refugio para seguir sufriendo en silencio. Se entretenía leyendo artículos de tecnología e incluso inventaba algunos artefactos, pero su pequeño momento de victoria siempre le era arrebatado por su culpabilidad. No merecía ser feliz, no merecía sentir alivio… levantó a la bestia de magma que casi destruyó al mundo…

Ese día en particular escuchó un extraño sonido que lo levantó de su estado de transe mientras revisaba unos artículos en su archivo. Su Mightyena saltó instantáneamente de su almohada y corrió hacia el origen del ruido, que era justo afuera de su base secreta.

Un extraño pánico lo envolvió en el momento. Su base secreta estaba ubicada en una cueva subterránea en un cráter escondido en el desierto de la ruta 111, era un lugar difícil de encontrar. Sabía que su Mightyena no reaccionaba así cuando un Trapinch o Sandsdrew caía al cráter afuera de su base, ¿podía ser otro Pokemón? Y si era una persona… ¿qué podía hacer? No podía dejar ser descubierto, aunque no se le hicieran cargos penales por sus acciones, sabía que existían personas que lo querían muerto.

Su Camerupt, como si detectara su pánico, se acercó a su entrenador y con su masivo hocico intentó llamar su atención para pedir ser acariciado. Con una pequeña caricia en su hocico, respiró profundo y tomó su cuchillo, más valía ser cauteloso.

Cuando se acercó a la salida de su base, escuchó un grito y parecía ser de una niña. Aterrado, se imagino a su Mightyena atacando al niño con sus filosos dientes y corrió a la salida solo para encontrar a su leal Mightyena lamiendo amistosamente a alguien sin dejar de mover su cola. Los gritos que tanto lo habían aterrado eran en realidad risas descontroladas de una niña.

—¡Para por favor! ¡Ya para! —decía la niña sin dejar de reírse.

—¡Mightyena! —llamó el hombre con su voz seria y poderosa.

El Pokemón canino levantó sus orejas y caminó fielmente a su dueño, quien observaba a su visitante junto a su Camerupt. Era una niña sin duda alguna, tenía piel morena y ojos rojos, pero su pelo era tan abombado que parecía ocupar la mayoría de su cuerpo.

Notó que la niña llevaba un Dratini cerca y mientras que se limpiaba su cara con su manga, el hombre pensó seriamente en irse antes que lo notara.

—¡Hola! ¡Mi nombre es Iris! —dijo la niña, ahora ya no podía escapar—. ¿Sabe en dónde estoy? Estaba caminando y creo que vi un Trapinch, después me caí. ¿Cómo te llamas?

Antes que pudiera responder Dratini empezó a gruñir viéndolo fijamente, el hombre entendió que el pequeño dragón tenía razones para no confiar en él.

La miró de nuevo y notó su pantalón roto con un raspón en su rodilla, no era profundo pero podía ver un poco de sangre, lo suficiente como para que se infectara fácilmente. Miró al techo del cráter y notó un agujero en la esquina de este. Seguro la niña caminó sin darse cuenta que lo hacía hacia un hoyo, tuvo suerte que la tierra acumulada en el suelo le amortiguara la caída.

—Estás dentro de un cráter y tu rodilla está lastimada, ¿tienes alcohol o agua oxigenada para desinfectarte? —le preguntó el hombre firmemente.

La niña miró al cielo, como si estuviera pensando. Después miró de nuevo al hombre y negó con su cabeza.

—Ven, trataré tu herida para que no se infecte, —dijo el hombre dando un paso a lado, dándole la bienvenida a Iris para que pasara adentro del túnel.

—¡Gracias! —respondió Iris emocionada, Dratini jamás quitó su mirada del hombre y luego empezaron a caminar lado a lado hacia la entrada del túnel—. ¿Cómo te llamas?

Por un momento, el hombre pensó en ignorarla, pero sería poco caballeroso de su parte.

—Max.

—¿Puedo llamarte Maxie?

—No, —interrumpió rápidamente el hombre—. Solo Max.


(Lavaridge Town, Ben)

Benga sabía que Steven era alguien fuerte, era de esas personas que al mismo tiempo que sentía admiración, sentía miedo al saber que era débil a comparación suya. Steven lo llevó a él y a Sidney a la tienda de hierbas, era un pequeño lugar acogedor que confundió al muchacho. Cuando le dijo que lo llevaría a un lugar para hablar, no esperaba que fuese a una tienda que era atendida por una dulce anciana en el mostrador.

El Fraxure de Iris se acercó más a Ben y casi le gruñó a las plantas y raíces que estaban en el mostrador, el Sableye que estaba en el hombro de Steven se tapó la nariz al entrar a la tienda; a Ben no le sorprendió, su olor era fuerte y los Pokemons no les gustaba las hierbas de este lugar.

—¡Hola Steven! —dijo la anciana con su tono amistoso y dulce—. ¿En qué te puedo ayudar hoy?

—Necesito dos Heal Powder y cuatro Energy Powder, —respondió Steven.

—¿Oh? —dijo la mujer un poco sorprendida—. ¿No quieres una Energy Root?

—Preferiría un té para que no se me trabe entre los dientes.

Benga miró confundido a Steven, miró a Sidney pero lo notó con una sonrisa. La anciana asintió y abrió la pequeña puerta de su mostrador.

—Te prepararé un té, solo espera en mi oficina.

Steven y Sidney caminaron hacia el mostrador, Ben se quedó quieto con Fraxure al no estar seguro del qué hacer. Steven, al pasar por el mostrador, miró atrás e invitó al niño también con Sableye moviéndole el brazo. Cuando se adentraron por la oficina de la dulce anciana, Ben no esperaba que hubiese una oficina escondida atrás de una librera.

—Lo sé, algo cliché que esté atrás de la librera, —dijo Steven mientras movía un libro que en realidad era la manija de una puerta—. Pero mi papá fue quien diseñó esto cuando era joven. Pasa, necesitamos hablar.

La oficina de adentro no tenía ventanas, pero aún así estaba iluminada con unas luches que parecía de hospital. Una enorme mesa estaba en el centro del lugar y varias sillas estaban alrededor de ella, la cual Sidney tomó una tan rápido como entró. Se acomodó como si fuera su propia casa y miró a Ben invitándolo a sentarse a su lado.

Ben, siendo el niño inmaduro que siempre fue, esperó que Steven se sentara y buscó sentarse a su lado y lejos de Sidney. El hombre rockero solamente le dio una sonrisa, apreciando su actitud mocosa por alguna razón. Fraxure se sentó en el suelo a lado de Benga y Sableye en la mesa frente a Steven. Tal parecía que ambos se volvieron buenos amigos, el muchacho se alegró por el Pokemón oscuro.

—Ben, antes de comenzar te quiero dar la opción de dejar todo este relajo, —le dijo Steven seriamente al niño sentado a su lado—. No tienes ninguna obligación de involucrarte, si quieres irte ahora lo entenderé. No te avergüences de no querer meterte en algo de adultos.

Benga miró pensativo la mesa, sabía que algo estaba pasando y que era cierto que no le incumbía, pero al mismo tiempo le aterraba más quedarse sin saber.

—La verdad, quiero quedarme, —le respondió firmemente Benga.

—Está bien, gracias, —le dijo Steven—. Quiero que los dos sepan que logré encontrar información que me da a creer que no estamos luchando contra el Equipo Magma o el Equipo Aqua, es algo peor.

—Basta de rodeos jefe, —le dijo molesto Sidney—. Escúpalo de una vez.

—Cipher, el sindicato mafioso de Orre, es el responsable de todo.


(Ruta 111, Desierto, Iris)

—Entonces estás buscando un Trapinch, —le dijo Max a Iris mientras guardaba su kit de primeros auxilios, terminó de atenderle su herida rápido aunque tuviera al Dratini de la niña acosándolo con su mirada.

—¡Sí! —le respondió la niña quien acariciaba a su Mightyena, el Pokemón canino se apoyaba en sus piernas e Iris no podía negarle caricias al enorme perro.

—Atrapar Pokemons por esta área es muy peligroso, —le advirtió Max seriamente—. El terreno está repleto de agujeros en la arena y podrías caer en un hoyo más profundo y lastimarte.

—Pero quiero darle un Trapinch a mi abuelo y no me iré sin uno, —respondió Iris cruzando sus brazos, miró al hombre de pies a cabeza de manera pensativa. Parecía una buena persona—. ¿Tú vives aquí? ¿Verdad?

—Sí.

Iris admitía sentir un poco de alivio de haberse encontrado con alguien como él. Cuando se topó con Tabitha sabía que no podía esperar ayuda de él, no daba un aspecto muy fuerte o convincente. Además, Tabitha parecía ser alguien quien necesitaba ayuda y no alguien quien podía darla.

Pero Max parecía un hombre bueno, maduro y muy inteligente… Iris ya había fallado en Mt. Chimney cuando subestimó la situación y no podía permitirlo otra vez. Miró al Dratini de Ben (quien la miró preocupado notando su inseguridad y estrés en sus ojos) quedando convencida que no podía volver a arriesgar sus propios Pokemons y los de los demás.

—¿Podrías ayudarme a atrapar al Trapinch de mi abuelo, por favor? —preguntó un poco apenada Iris, le dolía sentirse débil pero no podía seguir siendo tan orgullosa y lastimando a los demás—. Seguro tú sabes en dónde hay hoyos para que no me caiga.

Max miró atónito a Iris, ¿en verdad una niña le estaba pidiendo ayuda a un extraño? No tenía idea con quien hablaba ni tampoco el verdadero monstruo que era. Pasó una mano por su cabello rojo y respiró profundo, necesitaba pensar en todas las posibilidades antes de tomar una decisión razonable: si la acompañaba estaba obligado a salir de su escondite secreto (el mismo escondite donde se había estado ocultando por siete años) lo cual significaba que alguien podría verlo.

Sin embargo, estaban en un área del desierto que era rara vez recorrido por turistas o entrenadores, sin mencionar que la culpa que sentía empeoraría si algo le llegara a pasar a la niña inocente que acariciaba a su Mightyena con mucho amor. Y lo más importante, si terminaba perdiéndose en el desierto, más de algún rescatista se toparía con su base secreta.

Ayudarla parecía lo más práctico en esta situación que dejarla sola.

—Está bien, te ayudaré.

—¡Genial! ¡Gracias Maxie! —le dijo Iris saltando de la silla determinada y empuñando su mano. El Dratini en su hombro no parecía convencido y miraba desconfiado al hombre.

—Llámame Max, por favor.


(Lavaridge Town, Ben)

—¿Cipher? ¿Seguro jefe? —le preguntó Sidney al experto en rocas que se sentaba frente a él—. Según yo, otros mocosos de su región los habían aniquilado… dos veces.

—Ben, —dijo Steven ignorando al miembro de la Elite Four por un momento, sacó un sobre de papel amarillo en donde adentro encontró unas fotografías—. ¿Reconoces a alguien de estas fotos?

Benga miró las diferentes fotos puestas sobre la mesa de metal y sintió cómo su sangre se calentó casi hasta su punto de ebullición. Eran fotos del chiflado con el taparrabo estúpido.

—¡Sí! ¡Ese es el idiota que me secuestró en Rusturf Tunnel! —gritó molesto Ben señalando una de las fotografías—. ¡Es Dakim!

—¿Qué hay del de afro? —le preguntó Steven—. ¿Lo reconoces?

El del afro tenía una descripción parecida de lo que le había contado Iris antes. Le había contado que un tipo raro con pelo afro pintado de blanco y rojo había sido quien la había derrotado en Mt. Chimney.

—Nunca lo vi, pero conozco gente que me lo han mencionado, —le respondió Ben, no quería involucrar a Iris.

—Entonces en verdad son ellos, —dijo Sidney seriamente—. Después de todos estos años, esos malditos quieren meterse con nosotros.

—Así es, Ben, te traje aquí porque quiero que mires y memorices los rostros de cada una de estas personas, —le explicó el ex-campeón al muchacho—. Tienes mi número y si algún día los ves, quiero que me llames en el momento.

Ben asintió y miró de nuevo las fotografías, habían cuatro en total. Una era de Dakim, otra del del afro que le contó Iris y los otros dos no los reconocía. Uno era un tipo con bata blanca y pelo negro con un enorme mechón de cabello suelto que tenía escrito el nombre "Ein". La otra fotografía era el de una mujer con pelo café claro y tenía un extraño ornamento atrás que parecía una media luna en su espalda. Se veía estúpida, tenía el nombre "Venus" escrito. Apariencia estúpida y nombre estúpido, muy fácil de memorizar. Los dos hombres observaron cómo Ben miraba todo con una atención analítica y completamente concentrada.

—Si los ves, no pelees con ellos, —le advirtió Steven—. Simplemente no tienes oportunidad de ganar.

—Pero… —Ben quería discutir, pero su lado racional le decía que tenía razón recordando cómo Dakim los destruyó a él, Iris y Wally en el techo del Devon Corporation. De la nada, Ben le pegó a la mesa un fuerte puño frustrado y sintió muchísimo enojo dentro de él—. Estoy harto de jamás ser lo suficientemente fuerte para proteger. ¡Estoy harto!

—Entrena, es lo mejor que puedes hacer, —le respondió Sidney con un tono serio.

—Solo porque no estás haciendo el reto de las medallas, no significa que no puedas entrenar, —le dijo Steven levantándose de su silla, Sableye fue rápido y saltó a su hombro—. Y ya sé en qué me puedes ayudar ahora.

Y así sintió un nudo formarse en su garganta, toda esta plática de Cipher le dejó claro que volverse más fuerte ya no era una opción, sino una necesidad.


(Ruta 111, Desierto, Iris)

—¡Es hora de atrapar a Trapinch! —gritó emocionada Iris caminando en la arena desértica de la Ruta 111.

—Te recomiendo no gritar, —le comentó Max sacando un estuche de su bolsillo, Iris lo vio curiosa y notó que sacó unos anteojos gruesos con marco negro que al ponérselos reflejaron una extraña luz—. Sincronicé mis anteojos con mi dexnav, este dispositivo nos dará un mejor registro del perímetro que nos permitirá atrapar un Trapinch lo antes posible.

—No entendí lo que dijiste, pero me gustan tus lentes, —Iris miró a Dratini quien no parecía muy convencido.

—No son simples lentes, —le explicó Max tranquilamente mientras terminaba de conectar su dexnav con su dispositivo tocando el marco de sus anteojos—. Es el prototipo de unas gafas de realidad aumentada que me permite sincronizarlo con mis propios dispositivos.

—Se le ven bien, Maxie.

—Es Max… —el hombre se vio obligado a admitir que extrañaba tener una conversación más o menos normal con otro ser humano, aunque fuera una niña quien claramente no entendía de tecnología—. Y gracias.

Empezaron a recorrer el desierto, con Max guiándola por el terreno baldío. Iris ajustó su equipo que le habían regalado y al hacerlo, Dratini se acomodó en sus hombros.

—Señor Max, ¿usted vive en el desierto? —le preguntó Iris al hombre, quien seguía muy concentrado revisando sus anteojos mientras que caminaba.

—No, —mintió el hombre, los niños siempre tenían la boca suelta y no podía arriesgarse—. Pero me gusta pasar tiempo aquí.

—¿Por qué? Es arenoso y feo, —Iris admitía que no era muy amante de la constante molestia de polvo en su cara y su boca. A pesar que estuviera usando el equipo necesario, seguía sin gustarle.

—Tal vez es lo que merezco… —respondió Max en voz baja.

Iris no entendió muy bien lo que dijo, pero no le importó. Continuaron recorriendo el desierto, pasando por terrenos extraordinarios repletos de Cacneas y Baltoys… pero ningún Trapinch todavía.

—Estamos cerca, —comentó Max parando repentinamente, haciendo que Iris se chocara con él y se cayera al suelo—. Te recomiendo sacar un Pokemón más versátil, tu Dratini no se moverá bien en el terreno de arena.

El dragón no tomó bien el comentario y empezó a gruñirle, Iris lo acarició sabiendo que Max tenía razón. No pensaba usarlo de todos modos… todavía se sentía mal pensando en Gible y Fraxure. Sacó a su Archer y el pequeño pájaro empezó a observar todo de manera curiosa, Iris la acarició del pico y al levantarse, miró a un Trapinch asomarse por la arena a unos metros.

—¡Un Trapinch! —el grito repentino de Iris asustó al hombre, al verlo quedó fascinada al notar que tenía una pequeña cicatriz en su hocico—. ¡Se parece a mi abuelo! ¡Es perfecto!

Justo antes que saltara a la batalla, Max la detuvo sujetándola del traje rosado.

—No es necesario, ese Trapinch tiene stats mediocres, —dijo el hombre soltándola—. Podemos encontrar algo mejor.

—¿Algo mejor? —preguntó confundida Iris, Dratini lo vio con más desconfianza con esas palabras.

—Así es, con mi Dexnav puedo determinar sus habilidades y los stats de cada Pokemón, la que tiene este Trapinch no es muy buena, —le explicó Max tocando el marco de sus anteojos tecnológicos e Iris empezó a sentirse un poco incómoda con sus comentarios—. Si quieres darle el mejor regalo a tu abuelo, deberías de buscar lo mejor.

—Pero todos los Pokemons son buenos, —discutió Iris, Max se sorprendió al ver que su Dratini le frunció el ceño molesto con una expresión muy humana—. Lo que los hace malos son sus entrenadores.

¿Cómo era posible que una niña fuera más sabia que él? Max respiró profundo y le costó no sonreír. Era difícil deshacerse de viejos hábitos y su actitud perfeccionista lo siguió en todo aspecto de su vida… incluso cuando buscó crear el hábitat perfecto para más Pokemons expandiendo la tierra…

—Lo lamento Iris, tienes razón, —era hora de dejar la perfección atrás y conformarse con algo más realista y satisfactorio en otros aspectos—. Atrapa a ese Trapinch.

Pero cuando ambos voltearon sus cabezas esperando encontrar dicho Pokemón, este había desaparecido. Iris soltó un pequeño grito confundido y Max se sintió peor. Ahora para agregar a su lista de razones por la cual es la peor basura de este mundo, incluiría arruinar el regalo de una niña para su abuelo.

Iris saltó y se deslizó por la arena, con Dratini en su hombro y Archen siguiéndola de cerca, rápidamente corriendo hacia donde estaba el Trapinch. Max negó con su cabeza, esos Pokemons escapaban rápido. Cuando caminó hacia donde estaba Iris, la encontró revisando cada centímetro del área desértica con Archen picoteando la arena.

—¿A dónde se fue? —preguntó Iris desilusionada.

—No te preocupes, encontraremos más, —le dijo Max intentando manejar de manera inteligente la situación.

—¡Pero ese Trapinch era perfecto! —le dijo Iris mirándolo a los ojos—. Mi abuelo tiene una cicatriz en la boca y por eso usa barba, no me gusta que haga eso porque se siente feo. Pero ese Trapinch tiene una cicatriz en su boca igual que él, ¡es igual que mi abuelo y eso es bueno!

Al verla así, Max supo que esta niña en verdad le ponía mucho sentimiento al regalo de su famoso abuelo. Mientras que él se fijaba en números de Stats de Pokemons, ella veía mucho más allá encontrando significados sentimentales dándole un valor más profundo a su razonamiento. Max no podía decir mucho cuando se trataba de sentimientos, siempre fue un hombre calculador que ponía lo racional antes que lo sentimental, números con cálculos cuidadosos antes que corazonadas… ¿pero no había sido ese el camino que lo llevó a la ruina?

Sacando una Pokeball de su bolsillo, Max liberó un Crobat que al salir dejó boquiabierta a Iris. ¡Era un Crobat Shiny! Con una piel rosada en lugar de morado, la pequeña quedó fascinada de ver los colores extraños en el Pokemón.

—¡Es precioso! —gritó emocionada Iris acercándose, jamás había visto uno en persona.

Max sonrió orgulloso, crear sus propios gadgets lo ayudó de adolescente para encontrar un Zubat shiny. Crobat pareció entender el cumplido de Iris, ya que sonrió felizmente.

—Gracias, —le dijo Maxie a Iris quien acercó su mano al Pokemón tipo veneno y este se dejó acariciar felizmente—. Crobat, necesitamos tu ayuda. Buscamos un Trapinch con una cicatriz en su mandíbula, se escapó recientemente y no debe de estar afuera del perímetro menor a un kilómetro cuadrado. ¿Entendido?

El Crobat rosado asintió firmemente y rápidamente voló hacia el horizonte desapareciendo en el cielo. Iris trató de seguirlo con su vista, pero rápidamente lo perdió cuando voló cerca del sol.

—Mientras que nosotros buscamos ese Trapinch en la tierra, Crobat lo hará en el cielo, —Max miró a Iris y se sintió determinado para ayudarla. No podía cambiar el pasado, pero sí podía ayudar a esta niña.

—¡Muy bien! —gritó determinada Iris con Archen y Dratini—. ¡Vamos!


(Desfiladero, Ben)

Steven guió a Benga a las afueras de Lavaridge Town hasta una cueva que los llevó a un bosque cubierto con una larga capa de polvo y ceniza. El muchacho, todavía con Fraxure siguiéndolos de cerca y Gible en su hombro, se sintió un poco nervioso ante la presencia de Steven. Aunque siguiera actuando amable con él, se le notaba tenso por su manera de caminar apurado y pose claramente alerta.

Lo miró atentamente, encontrando todavía la misma mirada seria que tuvo durante su charla en Lavaridge Town en el cuarto secreto de la tienda de hierbas. Steven lo encontró contemplándolo y el muchacho quitó su vista un poco apenado, no se sentía con el derecho de insistir más en el tema. El ex-campeón podía leer a Benga como un libro abierto, se parecía demasiado a él cuando tenía su edad.

—Sabes, —dijo Steven acariciando a Sableye en su hombro—. Este Sableye es muy bueno en batallas.

—¿En serio? —Ben no se lo hubiera imaginado, cuando conoció al mismo Sableye era solamente un glotón curioso—. Parecen cercanos.

—Bueno, los dos adoramos las gemas así que tenemos un interés en común, —dijo el ex-campeón sonriendo, pensó que el cambio del tema lo relajaría pero no fue así. Respiró profundo y pensó que necesitaba ser más sincero—. Ben, ¿sabes a dónde vamos?

—¿A Mt. Chimney? —era el mismo camino que Iris y él tomaron cuando bajaron del volcán, el Desfiladero era una conexión después de todo.

—No, vamos a una base secreta abandonada, —le explicó Steven—. La líder del gimnasio de Lavaridge, Flannery, pasa horas allá adentro buscando evidencia que nos ayude con Cipher… el problema es que está obsesionada, no hay nada adentro y está descuidando demasiado su gimnasio.

—¿Qué tengo que ver yo en esto? —preguntó francamente el muchacho.

—Yo estoy muy ocupado investigando unas… cosas… —Ben no necesitaba saber la horrenda red de Pokemons abusados que actualmente investigaba—. Necesito que vayas a esa base secreta abandonada y la encuentres, lleva más de quince horas de no comunicarse con alguien desde que entró a la base. La verdad estoy un poco paranoico.

—¿Quince horas? —preguntó sorprendido Ben—. ¿No deberíamos llamar a la policía? ¿O rescatistas o algo así?

—Bueno… la policía es algo… estricta con sus reglas, —admitió un poco frustrado Steven—. Me dijeron que no activarán su protocolo de búsqueda hasta que pasen 24 horas. Entre tú y yo, muchas personas en Lavaridge no son muy amables cuando se trata de Flannery, siguen teniendo problemas para aceptarla como la nueva líder del gimnasio.

Benga asintió en silencio, recordó las palabras del tío de Wally cuando comparó a dicha líder con su abuelo… no pudo evitar sentir frustración y enojo.

Finalmente llegaron a un pequeño montículo de tierra entre todos los árboles y ceniza. Steven miró a Sableye en su hombro y dijo:

—Usa Secret Power.

Sus garras empezaron a brillar y Sableye saltó contra la pared del montículo para revelar la entrada a una clase de túnel.

—Este solía ser el escondite del antiguo Equipo Magma, —le comentó Steven—. Su líder, Maxie, era un científico muy inteligente pero también un hombre muy frío y paranoico. No me sorprendería que haya dejado trampas con Electrodes. Busca a Flannery y dile que necesito hablar con ella en persona, Sidney y yo te estaremos esperando en la misma tienda de hierbas donde te llevé hoy. ¿Crees poder hacer este favor por mi?

—Por supuesto, —asintió seguro el muchacho con Gible levantando su mano emocionado y Fraxure rugiendo segura—. Déjamelo a mi Steven.

—Gracias Ben, en verdad te agradezco tu ayuda, —el ex-campeón revisó su Pokenav preocupado, necesitaba continuar con esa investigación—. Aprovecha el lugar para entrenar. Muchos Pokemons salvajes usan ahora la base secreta como su hogar.

Benga volvió a asentir. Estaba determinado a volverse más poderoso para protegerse a él mismo y a quienes lo rodeaban. Cuando Steven le estiró el brazo ofreciéndole la mano, Ben lo tomó firmemente sintiéndose fuerte. Tal vez todavía era incapaz de vencer a malhechores como Dakim, pero sí podía ayudar a Steven. Sableye se acercó a Ben y Gible rápidamente saltó para abrazarlo, Ben sonrió, su dragón era muy amable y tierno. Después de despedirse, Steven sacó un enorme Metagross que dejó atónito a Ben. Se subió en él y ambos flotaron lejos, dejando al muchacho con sus dragones frente a la entrada de la antigua base secreta del Equipo Magma.


Notas del Autor:
Pueden apostar que Max sería de la clase de entrenador que usa el Dexnav para atrapar los Pokemons con mejores Stats y conseguir un Shiny en el proceso (dexnav, si no lo recuerdan, es el radar que usas en ORAS para conseguir Pokemons extraños). Steven no le pagan lo suficiente por todo el trabajo extra que hace y Ben solo busca sorprender a su sempai y ser más fuerte. Iris es Iris y quiere darle el mejor regalo a su abuelo. Dato curioso: no tengo idea de cuántas partes serán esto del Regalo de Drayden... originalmente quería que fueran dos pero... he aquí, tres años después.

Gracias por continuar leyendo, honestamente si no fuera por los comentarios y su lectura ya hubiera borrado la historia. La vida es dura y estoy ocupada, pero encontré tiempo para escribir y espero seguir encontrándolo para terminar la historia.

Gracias :)