¡Hola! Como siempre, notas al final.

¡Espero que los disfruten!

¡Nos leemos!


Ryohei empezó su día como cualquier otro. Salió a correr temprano en la mañana, volvió a casa, donde Kyoko lo esperaba con una sonrisa y un delicioso desayuno. Se organizo, despidiéndose de su hermana con un beso en la mejilla, y corrió a la escuela. En ella, empezó el entrenamiento con el club de boxeo, haciendo su mejor esfuerzo para subir la moral del equipo, pues los novatos habían tenido un torneo hace poco y aunque les había ido bien, no habían quedado en el primer lugar.

Una mañana bastante normal. Y luego…luego todo se fue al infierno. Empezó con un grito fuera de su pequeño gimnasio. Ryohei, contento pero curioso, se asomo a la ventana en la puerta.

- ¡Algo EXTREMO esta ocurriendo haya afuera! – Algunos de sus compañeros se mostraron lo suficientemente curiosos como para investigar, aunque la mayoría se mantuvo concentrado en su respectivo entrenamiento, después de todo Ryohei encontraba muchas coas extremas.

- ¡Kami! – La exclamación del vice-capitán, quien era conocido por ser la calma ante la energía ilimitada, logro que todos los integrantes fueran a la ventana más cercana.

Había estudiantes gritando y corriendo, y había estudiantes quienes, con ropas cubiertas de sangre, perseguían a los otros, como un retorcido juego infantil. Pero había muchas cosas que Ryohei no entendía, así que, como siempre hacía, espero a que alguno de sus compañeros le explicara. Pero, cuando el silencio se prolongo tanto que el grito de "extremo" estaba en la punta de su lengua, Ryohei giro su cabeza para observar al equipo. Todos tenían sus miradas llenas de horror clavadas en la escena del exterior.

Un grito, desgarrador y aterrado, logro lo que la sangrienta escena no había logrado. La adrenalina se activo en su sangre y el único pensamiento lógico que logra penetrar en su cabeza era "Kyoko".

- Tranquen la puerta. – La voz del vice capitán lo saco momentáneamente de su trance. Ryohei devolvió su mirada a la ventana, donde algunos estudiantes mordían a otros y, en un movimiento impulsivo, agarro las bandas mas cercanas, cubriendo sus brazos y cuello, poniéndose sus guantes de boxeo.

- ¿Senpai? ¿Senpai, que estás haciendo? - Una voz desconocida (novato) sonó a su espalda. Ryohei no contesto, amarrando los guantes con fuerza a su mano.

- Ryohei. – Una mano en su hombro lo forzó a girar, encontrándose con la preocupada cara de su vice – capitán.

- Kyoko está haya. – Por unos segundos, devolvió sus ojos a la ventana (se negó por completo a imaginar lo peor. Kyoko estaba viva. Tenía que estarlo.) para luego volver a su labor con más vigor. – Hibari controlara esto pronto al extremo, pero tengo que encontrarla. – Los reproches que Ryohei había visto venir, murieron en la lengua de su compañero. Con un suspiro, asintió solemnemente. (Eran compañeros. El joven no detendría a su capitán de salvar a su hermana. Pero no eran amigos, familia, no lo acompañaría, y no lucharía a su lado. Ese lugar no era suyo a tomar.)

- Sal por atrás y trata de no llamar la atención. No queremos volvernos los blancos de esas cosas. – Ryohei asintió, dándole una sonrisa forzada. (Seria la ultima vez que se verían.)

Con pasos cautelosos, salió del gimnasio, escuchando como trancaban la puerta tras su partida. Y, solo por un momento, dudo. Estaba solo, pero todavía podía escuchar los gritos desesperados de las victimas y juraba que podía oír el sonido de dientes contra carne, arrancando pedazo por pedazo. Respiro hondo, recordándose por que estaba ahí. (KyokoKyokoKyoko.)

- Al extremo. – Susurra, solo para sí, antes de salir.


Ryohei no era la bombilla más brillante del colegio, ni siquiera entraba en los primeros cien. Eso él lo sabia y no le importaba demasiado. Quizás no era muy inteligente con respecto a temas escolares, pero Ryohei era un atleta, un luchador. Podía ver los pequeños detalles en sus enemigos, como se movían, como reaccionaban ante los ataques, como respondían ante la defensa. Por lo que no le tomo más de un paso al exterior el determinar que estos…caníbales respondían al sonido, parecían tener la habilidad de oler y escuchar, pero esta se limitaba a corta distancia y sus ataques…No seguían ningún patrón. Parecían atacar la forma de vida más cercana.

Con ojos entrenados, Ryohei busco la ruta más segura al edificio principal, donde Kyoko debía estar, (Tenía que estar. Por que Kyoko tenía que estar bien. Teníateníatenía.) pero los monstruos lo rodeaban todo. Respiro hondo, alzando sus puños en posición de ataque y, sin dudar más, se lanzó a la masacre en el patio. (Y nadie, ni siquiera él, se dio cuenta de cómo los caníbales eran destruidos por llamas amarillas. Como se desintegraban con apenas un toque del boxeador. Como los monstros se alejaban de la brillante voluntad que emanaba el sol.)

Escucho un grito, aterrado y desgarrador como todas las voces que lo rodeaban, pero esta era más conocido, una voz más presente en su cerebro. Llevaba solo la mitad del camino y sabía que un segundo de desconcentración les daría ventaja a las bestias, pero no pudo evitar mirar atrás. Las puertas del gimnasio seguían cerradas, seguramente atrancadas por dentro, pero las ventanas yacían en pedazos. Los caníbales entraban con rapidez y los gritos aumentaban a cada segundo. El sistema que habían usado para defenderse había sido su muerte. El aire se atasco en sus pulmones cuando la cara de su vice capitán apareció por el marco roto. Ryohei dio un paso en su dirección (quizás podía salvar a uno. Quizás…) pero se encontró con los hambrientos y amarillos ojos de su compañero. (No no. No era su compañero. Pero tenía su cara, su cuerpo. Esa eran las mismas manos que lo habían felicitado después de cada campeonato. Las mismas piernas que habían corrido a su lado durante años. Quizás…Quizás.) La bestia dio un gruñido grutal, lanzándose contra la persona más cercana (Un novato. Con sonrisa brillante y esperanzada. Ryohei había creído que era una buena adición.)

Trago saliva con fuerza, apretando los puños dentro del guante. Sin más, devolvió su mirada al frente, decidido a llegar al salón de su hermana.

(No miro atrás.)


Los pasillos fueron ligeramente más fáciles que el patio por lo que le tomo mucho menos tiempo para llegar al salón 2-B, donde su hermana debía estar.

- ¡Kyoko! – Grito con alegría al divisarla. Estaba pálida y su cuerpo se movía de forma extraña, pero esta ahí. Dio un paso para correr hacía ella, con toda la intención de abrazarla con fuerza, pero alguien haló de él antes de que pudiera dar otro paso. Kyoko finalmente giro la cabeza y sus amarillentos ojos se clavaron en Ryohei. (Nononononon. No Kyoko. No su dulce y tierna Kyoko.)

- ¡Aléjate de ella! – Por primera vez noto a los otros dos estudiantes en el salón, quienes habían tomado refugio tras el profesor en cuanto Ryohei estuvo lejos de su hermana. El hombre mayor sostenía una silla, apuntándola al cuerpo de la joven.

El instinto era más fuerte que la razón en ese momento. Sabía que algo estaba mal con su hermana, sabía que el profesor, así como todos en la escuela, solo trataba de sobrevivir (Sabía que esa criatura ya no era Kyoko). Pero eso no impidió que la costumbre, aquello a lo que su mente ya había tomado como ley, reinara sobre todo ese conocimiento. Su cuerpo se movió por su cuenta, arrancando la silla de las manos del mayor, parándose con los puños alzados frente a su hermana.

La cara de los tres hombres se había vuelto una mueca de terror. Se odio a si mismo por la enferma satisfacción que obtuvo de ellos. Si, deberían temerle, y mantenerse lejos de su familia. Y luego…Escucho el gruñido a su espalda.

Giro su cuerpo para darle una sonrisa a su hermana (Kyoko nunca lo lastimaría, pero ya no era Kyoko.) Pero sintió el golpe de otro cuerpo al chocar contra él. Por un segundo, busco cabello naranja en su asaltante, pero no. Eran los otros dos estudiantes quienes lo habían tumbado (Kyoko Kyoko. ¿Dónde estaba Kyoko?). Movió la cabeza, buscando a las dos personas faltantes.

- ¡Kyoko! – Sus palabras eran más un sollozo que otra cosa, pues frente a sus ojos la cabeza de su hermana estaba siendo aplastada por una silla de metal. Sus ojos se conectaron y Ryohei intento imaginar el cariño, amor y gentileza que veía en esa mirada todos los días, pero solo se encontró con hambre.

Aun cuando los jóvenes se movieron para dejarlo pararse, su mirada se mantuvo clavada en el charco de sangre que había sido la cabeza de su hermana menor. Escucho conversaciones a su alrededor, pero no entendía las palabras. Vio manos pasar por su rostro, pero no sentía su toque. Solo el olor pútrido de la carne descompuesta lograba penetrar su nariz.

No supo cuanto tiempo paso, pero eventualmente estudiantes con afro entraron al salón. Con voces firmes, ordenaron algo, pero Ryohei seguía sordo. Solo se dio cuenta de que alguien lo había levantado cuando la perspectiva de su observación cambio, ahora podía ver un poco de cabello rojo anaranjado entre los ríos de sangre.

No aparto la mirada hasta que alguien cerro la puerta del aula.


Despertó un tiempo después, con el fuego de venganza quemando su interior, dirigiendo su ira a la primera víctima. Y solo el recordatorio de su hermana había evitado que siguiera su ataque.

Camino por los pasillos con pasos pesados, su cabeza gacha y las manos en los bolsillos. Se sentía vacío, y la energía inacabable que solía recorrer su cuerpo estaba ausente. Nunca tuvo un deseo en la vida, una meta en la que concentrarse, lo que único que le importaba era mantener a su hermana a salvo y ahora…Ahora no tenía propósito.

- ¡Maldición! – Golpeo el muro con su puño, provocando un ligero hueco que ni siquiera noto.

Observo el escenario por la ventana a su lado. Las criaturas deambulaban por el patio sin razón, chocando unos contra otros. Estaba muy lejos para ver rostros individuales, pero su imaginación cubría lo que sus ojos no podían.

Y ahora… ¿Qué debía hacer?


Tsuna suspiró, recogiendo los pedazos de su coraje inexistente, antes de tocar la puerta. Bajo su mano al tercer golpe, manteniendo ambos brazos a su lado y la mirada al frente. No fueron más de unos segundos antes de que el cerrojo girara y la madera de abriera. Un joven alto, con cabello ridículo y mirada seria apareció frente a él ("Kusakabe Tetsuya, segundo al mando del comité disciplinario." Le murmuro una esquina de su mente).

- Sawada-san. – Saludo el mayor, dando una pequeña mirada a su espalda antes de mover su cuerpo, permitiéndole el paso. Con pasos tentativos, Tsuna entró a la oficina.

Estaba oscura, todas las ventanas cubiertas tanto con cortinas como con otros materiales, la única luz proveniente de las velas alrededor del cuarto. Tsuna alzo la mirada, clavándola en los ojos grises del joven tras el escritorio (Sus manos sudaban, todos los cabellos en su cuerpo estaban de punta y podía sentir como la sangre en sus venas se congelaba por terror. Pero Tsuna no aparto la mirada, se negaba a apartar la mirada).

- Herbívoro. – Más que un saludo, era una orden para que empezara a hablar. Tsuna apretó los puños, clavando sus uñas en la sensible piel de su palma para evitar que el temblor en su voz se notara.

- Gracias por dejarnos pasar. – Tsuna se inclinó, sus ojos en el suelo, esperando una respuesta.

Hibari bufó, sus ojos grises (fríos, como el hielo que cubría su corazón) observando a la pequeña criatura frente a él y solo aumento la irritación que había sentido desde la mañana (cuando la sangre empezó a cubrir su preciada escuela, y el herbívoro frente a él había destrozado a todos los monstruos que se cruzaban en su camino.) (¿Cómo se atrevía a solo sacar sus garras contra ellos y no contra él?). Un carnívoro con piel de cordero.

Recordó las palabras de la herbívora, debatiendo su entrada (nunca rogando. No. Luchando, peleando, usando una lengua venenosa que no pertenecía en el cuerpo de una oveja.) y recordó el placer que recorrió su cuerpo al pensar que podría enfrentarse a otro carnívoro, alguien que no se acobardaría ante su mera presencia. Y ahora aquí estaba, devuelta en su piel de cordero, inclinándose ante él.

Hibari Kyoya estaba irritado.

Se movió en un abrir y cerrar de ojos, sacando las tonfas de su abrigo y tumbando al castaño. Sawada lo miraba con los ojos abiertos, asustados y ese no era el carnívoro que había incinerado a los caníbales. Presiono una de sus tonfas contra el cuello del joven, un gruñido saliendo de su garganta.

- Pelea. – Ordeno, aplicando suficiente fuerza para hacer un moretón. Sawada seguía petrificando bajo su agarre. Hibari espero unos segundos antes de apartarse, propinándole un golpe en el estomago para hacerle saber su disgusto. – El fuego. ¿Dónde está? – Exigió saber. Kusakabe le dio una mirada confusa, como si no entendiese a lo que se refería. Los ojos de Hibari se achinaron, analizando. ¿Solo él había visto el fuego?

- N-No se como sacarlo. – Confeso el omnívoro. Hibari tildo lo cabeza, considerando. Era una buena arma y encontraría la forma de usarla, pero por ahora, su paciencia se había acabado.

- Inútil. – Espetó, a nadie en particular. Y, sin embargo, el castaño se contrajo, como si las palabras le hubiesen dolido. Pero no duro más de un segundo antes de que todo su lenguaje físico cambiara. Se levanto, su espalda recta y su cabeza firme, mirando directamente a los ojos de Hibari, como muy pocos se atrevían a hacerlo, y esa sensación de placer volvió a su cuerpo cuando en aquellos ojos castaños, un aro anaranjado empezaba a brillar.

- Puedo luchar. Voy a luchar. – Declaro. Hibari sintió como una sonrisa se apoderaba de sus labios, una sonrisa llena de sangre y anticipación.

- Hm. – Fue toda la respuesta que le dio. Y eso pareció ser suficiente, pues con un asentimiento de cabeza, el castaño salió.


No sabía que se había apoderado de él en la oficina de Hibari, pero su mente, su sangre, se contraía ante el hecho de no luchar, de no proteger.

Tsunayoshi Sawada era un cobarde. Era débil, simple y alguien que siempre había elegido correr antes de actuar. Pero ahora, cuando el mundo se caía a pedazos, y las personas a su alrededor caían con él, Tsuna se rehusaba a dejarlos. ¿Él? Él había caído cientos de veces, había permitido que el mundo lo tragara, que el más leve temblor lo tumbara. Así que, cuando un terremoto llego a sus puertas y todos cayeron derrotados, Tsuna se levantó (porque eso había hecho durante años. Se dejaba caer, una y otra y otra vez, pero siempre, siempre, se volvía a levantar.) y mantendría el suelo quieto hasta que el resto se diera cuenta de que quedarse en el suelo no era una opción, y los ayudaría a levantarse cuando ese momento llegara. Pero hasta entonces…Hasta entonces los defendería con su última voluntad.


Próximo Capitulo

-Seamos hermanos. – Una sonrisa gentil acompaño aquellas palabras. Como respuesta, no pudo hacer más que reír, atrayendo al otro joven a su lado, abrazándolo con fuerza mientras las lagrimas caían por sus mejillas.


Huh... Estoy intentando algo nuevo con eso de "Próximo Capítulo" ¿Qué les parece?.

Bueno, ¡Al fin aparece Hibari! Muchos me lo habían pedido así que espero que hayan disfrutado su aparición.

!Muchas gracias por los reviews! !Saber que les gusta la historia me inspira a continuarla! u. Lo siento si los personajes están siendo un poco e.e...OCC, pero bueno...Supongo que la situación cambia a las personas xD.

¡Espero que lo hayan disfrutado!

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¡Nos leemos!

Chaos

Pd: ¿Debería empezar a responder los comentario en la nota de autor? e.e