¡Disfruten!

Nos leemos al final.

(Notas Importantes al final, por favor leer.)


- Hana. – La azabache giró la cabeza, buscando al dueño de la voz, yendo hacía él en cuanto lo localizo. Tsuna le sonreía, pero Hana no pudo evitar notar lo exhausto que se veía. Sus hombros estaban caídos, sus piernas parecían sostenerlo por pura fuerza de voluntad e inclusive su cabello parecía demasiado cansado como para desafiar la gravedad, como solía hacer usualmente.

Agarrando con firmeza el brazo del castaño, Hana los alejo del conjunto de estudiantes reunidos en el aula. Tsuna la siguió, trastabillando en el proceso, Hana siendo el único motivo por el que su cara no se encontró con el suelo. Al llegar a la esquina más apartada, la joven se sentó, arrastrando al otro con ella.

- Te ves terrible. – Hablo por primera vez desde que Tsuna había vuelto. Acababa de volver de su aventura a la oficina de Hibari y Hana revisaba disimuladamente su cuerpo por alguna herida. Demonio de Namimori o no, Hana le daría un pedazo de su mente al mayor si encontraba algún daño en el castaño. Tsuna no parecía lastimado, pero el cansancio todavía no había abandonado su cuerpo.

- Gee, gracias. – El tono era suave, parecido a aquel que el castaño había acostumbrado a usar en el salón de clase, pero había algo tras él, algo que la entusiasmaba por un nuevo rompecabezas y la preocupaba por sus posibles repercusiones.

Aunque las palabras se doblegaban ante ella, las emociones le eran un poco más complicado de manejar. No era la mejor en cuanto a conversaciones sentimentales y no pensaba empezar ahora. Así que, sin palabra, recostó su cabeza sobre el hombro del joven, agarrando su mano con fuerza y dándole un apretón. El suspiro que Tsuna soltó pareció desinflar su cuerpo por completo, la tensión lo abandono por unos segundos y el castaño se permitió recostar su cabeza sobre la azabache en su hombro.

(Era la primera vez que estaba quieto desde que todo había empezado. Sin ninguna crisis física o emocional de la que ocuparse, nada para evitar que la situación recayera sobre su cuerpo como un particularmente pesado ladrillo.)

El calor que el cuerpo de Hana emanaba parecía ser suficiente para que su nervioso cerebro entendiera que no, no estaban en peligro. Y por unos segundos, por unos preciados y cortos segundos, todo estuvo bien.

- Sawada. – Y así, sin más, toda la tensión volvió a Tsuna y el cansancio (el pequeño momento de debilidad que se había permitido) desapareció de su figura.

Hana le dio una mala mirada a Ryohei, quien tenía una expresión inusualmente seria. Los dos hombres compartieron una larga mirada y aunque Tsuna parecía querer acobardarse tras ella, el castaño se levantó, un aire solmene a su alrededor.

- ¿Senpai? ¿Esta todo bien? – Los ojos del castaño revoloteaban por toda el aula, como si buscara la razón de la presencia del mayor. Hana se mantuvo en silencio, observando la interacción entre el hermano mayor de su mejor amiga (Ya no. Ya no. Estaba muerta. Muerta.) y el chico que le había salvado la vida.

- ¿Puedo hablar contigo? – Ryohei inclino la cabeza hacía la puerta, pero manutuvo sus ojos en el menor. Tsuna, por su parte, le dio una mirada confundida, pero asintió, dándole una ultima sonrisa a Hana antes de seguir al mayor fuera del aula.

Hana suspiro, recostando su cabeza contra el muro, fijando sus ojos en el techo maltratado. Hombres. Monos, todos ellos.


No fueron más de diez pasos después de salir que Ryohei se detuvo, girando sobre sus talones para mirar de frente a Tsuna. El cielo, confundido y, considerando su ultima reunión, ligeramente aprensivo, cruzo los brazos contra su pecho, esperando que el mayor empezara a hablar.

- Lo siento. – Ryohei inclino un poco la cabeza, rompiendo el contacto visual por primera vez. Tsuna se mordió el labio, inseguro de que estaba ocurriendo. No fingiría no saber de que hablaba, pero le confundía el hecho de que se estuviese disculpando con él. Cuando el silencio se prolongó, Ryohei alzo los ojos. Por primera vez, Tsuna vio algo en ellos aparte de ira. Vio dolor, desesperación, un poco de enojo, pero tanto tanto dolor.

Sus instintos movieron su cuerpo antes de que su cerebro lo procesara. Alzo la mano derecha, posándola en el hombro del otro joven y le dio un suave apretón (protegeprotegeprotege). Ryohei pareció tan sorprendido por la acción como él, pero no lo aparto. Tsuna lo tomo como algo bueno.

Abrió la boca, con toda la intención de reconfortarlo, pero ¿Qué podía decir? No sabía que había ocurrido y no sabía porque Ryohei había atacado al profesor, pero no podía, con completa honestidad, decir que las acciones del mayor habían estado bien sin saber la historia completa. Por ende, decidió cambiar por completo de tema.

- Ne Senpai, ¿Me enseñarías a luchar? – El pedido salió de su boca antes de que pudiera detenerlo y lo lamento casi al instante, pues el rostro de Ryohei se había transformado en la representación de la agonía (Mientras la voz de una pequeña niña con cabello anaranjado le reclamaba por aprender a boxear). Retracto su mano, dando un paso atrás con la disculpa en la punta de la lengua, pero Ryohei los sorprendió a los dos al agarrar su muñeca.

Se mantuvieron en silencio unos minutos, ambos observando sus manos conectadas.

- Hai. – La palabra no fue más que un susurro. Tsuna podía sentir físico dolor al escuchar la voz del normalmente animado boxeador tan débil y resignada. Esas dos palabras nunca debían ser vinculadas a Ryohei y, aun así, aquí estaban.

Ryohei se mantuvo quieto por unos segundos más (Quieto. Tan quieto. ¿Dónde estaba el brillante sol?) antes de volver a caminar, su agarre en la muñeca del castaño aun firme. Tsuna no comento ante el hecho de ser arrastrado, observando a donde iban. El aula adyacente a donde la mayoría de los estudiantes se encontraban era donde Tsuna había despertado por primera vez y al parecer era el destino del boxeador. Este se detuvo frente a la puerta cerrada, tomando un fuerte respiro.

Finalmente movió la perilla. El salón estaba vació, los pupitres habían sido movido a las puntas y las ventanas estaban firmemente cerradas. La luz de la luna se asomaba por los vidrios. La primera de muchas noches en su nuevo mundo.

- Veamos que puedes hacer. – Ryohei seguía murmurando y su cabeza permanecía gacha. Tsuna se abstuvo de comentar, simplemente asintiendo. Espero a que Ryohei liberara su muñeca antes de alejarse.

Tsuna siempre había sido más un corredor que un luchador, por lo que estaba inseguro de como proseguir. Opto por copiar lo que había visto en cine. Alzo ambos brazos, cerca de su cara y con los puños cerrados.

Cuando Ryohei finamente se giró para empezar su repentina lección, se congelo ante la imagen que tenía frente a él. Tsuna bajo un poco los brazos, inseguro. Hubo un largo silencio entre ellos antes de que este fuese roto por un fuerte sonido.

La carcajada de Ryohei resonaba entre los muros, el peli blanco inclinando su cuerpo hacía adelante para reír mejor. Era, quizás, la primera risa que Tsuna había oído desde que todo había empezado. Y aunque el mayor estaba obviamente burlándose de él, Tsuna no detuvo la sonrisa que se apodero de sus propios labios. Esto era más cercano al exuberante y energético chico que Tsuna había visto todas las mañanas desde que tenía memoria.

Cuando la risa subsidio y el silencio amenazaba con apoderarse de ellos nuevamente, Ryohei se acercó a Tsuna, su voz esparciéndose en la habitación mientras este le enseñaba la postura correcta al menor. Cuando tuvo algo medianamente decente, Ryohei volvió a su posición inicial.

- Luchemos. – El "No" estuvo en la punta de su lengua. Estaba exhausto, tanto su mente como su cuerpo quería apagarse y estaba más que consciente que, contra Ryohei, era básicamente una hormiga contra un muy poderoso zapato. Pero antes de que pudiese siquiera abrir la boca, sus ojos se conectaron con los de Ryohei.

Había desesperación en su mirada. Temor, terror y casi que una suplica se reflejaba en su mirada con fuerza. Tsuna tomo una bocanada de aire antes de asentir.

Ryohei lo tomo como la señal de inicio que era y en cuestión de segundos Tsuna estaba contra el suelo, no muy seguro de como había llegado ahí.

Y así continuaron. Golpe tras golpe. Pelea tras pelea. Su ya maltratado cuerpo le rogaba por un poco de descanso, pero Tsuna lo callaba con violencia, pues con cada golpe que lanzaba, la desesperación desaparecía un poco de los ojos del mayor. Finalmente llego el momento en que simplemente no se pudo levantar y su cuerpo se mantuvo inerte contra el frio suelo. Ryohei se sentó a su lado, sus piernas cruzadas y su mirada clavada al suelo. El dolor estaba volviendo y lo estaba consumiendo poco a poco.

Y Tsuna no tenía ni idea de como evitar que la llama antes tan brillante muriera por completo.


Ryohei mantuvo sus labios en una firme línea blanca, el arrepentimiento y la culpa ahogándolo. Sawada no era uno de sus compañeros (Ya no tenía compañeros) y no sabía como defenderse y aun así Ryohei había descargado su sobrecarga emocional sobre los delicados hombros del castaño.

Abrió la boca para disculparse, pero fueron palabras muy diferentes las que salieron de sus labios.

- Kyoko está muerta. – Era la primera vez que decía las palabras en voz alta, lo que por alguna razón lo hacía más real. Pero no tenía ningún sentido, porque Ryohei sabía que Kyoko estaba muerta (Había visto como su cabeza era aplastada. Una y otra y otra y otra vez.) Así que ¿Por qué dolía tanto decirlo en voz alta?

Sawada se mantuvo en silencio y Ryohei estuvo agradecido por el pequeño gesto, pues si lo interrumpía, Ryohei no estaba muy seguro de si podría volver a empezar.

- Esta muerta y es mi culpa. – La cruda verdad salió de su garganta como veneno y podía sentir las lágrimas acumulándose en sus ojos, pero, así como se habían acumulado otras atreves del día, se rehusaron a caer. (¿Por qué todavía no había llorado a su hermana?)

Quería que Sawada lo negara, le diera una razón para discutir y remplazar su dolor por ira, para gritarle y hacerle entender a los cuatro vientos que era su culpa, pero al parecer, Sawada no quería darle el golpe que Ryohei tanto necesitaba.

- ¿Cómo? – La voz era suave, curiosa y sin ningún indicio de que deseaba pelear verbalmente. Ryohei abrió y cerró la boca varias veces, buscando las palabras correctas.

- No le enseñe a defenderse. – Proclamo con certitud, observando los ojos cafés del otro joven con detenimiento, esperando por el desprecio que sabía que llegaría. ¿Por qué no se había asegurado de que estuviera segura?

Pero los ojos de Tsuna se mantuvieron cálidos mientras este finalmente se levantaba un poco para sentarse a su lado. Ryohei apretó los puños. No. No. ¿Dónde estaba la ira? ¿El asco? ¿Por qué lo miraba de esa forma?

- No creo que ella hubiera querido luchar, aunque hubieses intentado enseñarle. – Y esas palabras eran tan verdaderas que Ryohei no pudo hacer más que apartar la mirada. Kyoko nunca hubiese accedido a luchar, aunque fuese por defensa propia.

- No llegue a tiempo. – Replico, su mirada baja. Sawada tomo un poco más de tiempo para responder esta vez, pero su voz seguía suave.

- No hubo tiempo. – Ryohei abrazo sus rodillas, pegándolas a su pecho y rodeándolas con ambos brazos. Recostó su cabeza sobre ellas, moviendo la mirada al muro a su lado, pues no quería ver la calidez en los ojos de Sawada. No era lo que se merecía.

Tsuna no dijo nada ante su falta de respuesta, simplemente suspiro. (Y por la mente de Ryohei, la escena se repetía una y otra vez. Pero los ojos de su hermana ya no eran amarillos. No. Eran de ese adorable café que siempre había tenido y le rogaba a Ryohei que la salvara. ¿Por qué no la había salvado?)

El aire se había vuelto más pesado y costaba que entrara a sus pulmones. Las lagrimas que habían luchado por salir todo el día ardían en sus ojos, aun sin caer. (Estaba muerta. Muertamuertamuerta) (¿Había muerto él con ella?) Pequeñas manchas negras empezaban a aparecer en su visión y no sabía porque y no le importaba porque Kyoko estaba muerta.

Unas pequeñas y cálidas manos se posaron sobre sus mejillas, forzándolo a girar la cabeza hasta encontrarse con los cafés, casi anaranjados, preocupados ojos de Tsuna. Su boca se movía, pero ningún sonido llegaba a los oídos del boxeador. Las manchas se hacían más grandes y Ryohei no estaba seguro de que el aire siguiera llegando a sus pulmones. Tsuna aparto las manos de su rostro, poniendo una de ella sobre su pecho y la otra sobre el pecho del boxeador. Ryohei mantuvo sus ojos sobre la cara del castaño, quien parecía tomar aire de forma exagerada, soltándolo lentamente. Su mano presionaba sobre el pecho del sol, incitándolo a imitarlo. Ryohei, aunque confuso, copio las acciones del menor.

El aire entro con fuerza a sus pulmones y Ryohei estuvo tentado a tomar más, pues no sabía por cuanto tiempo sería capaz de respirar, pero Tsuna seguía respirando con lentitud. Siguió imitándolo hasta que sus respiraciones se volvieron sincronizadas y el negro se había ido de su visión. Aparto las manos de sus rodillas, poniéndolas ambas sobre la más pequeña en su pecho y con los ojos fuertemente cerrados, se permitió respirar.

- No se que hacer ahora. – Confeso cuando estuvo seguro que el aire no escaparía de sus pulmones. Su voz era apenas un murmuro, tan alejado del grito que solía usar (Jamás había estado en silencio tanto tiempo). Apretó la mano del menor con más fuerza, pero se rehusaba a abrir los ojos. No podía. No se lo merecía. – L-Lo único que sé hacer es luchar. Proteger. P-Pero ya no tengo nada que proteger. – Las palabras salían de su boca sin su consentimiento y Ryohei no sabía por qué. Apenas conocía al castaño, habiéndolo visto unas que otras veces durante sus corridas, pero nunca le había hablado. Y ahora estaba aquí, derramando su corazón como si se conocieran de toda la vida. (Y en su interior, las llamas ronronearon con alegría. Habían encontrado a su cielo.)

- Sigue haciéndolo. Protege. – La voz de Tsuna copiaba el volumen de la de Ryohei y el castaño no había hecho ningún movimiento para alejarse del boxeador. Sus siguientes palabras fueron no más que un murmullo inseguro, pero aun así las hablo. – Puedes luchar, sobrevivir y recordarla. Y, si quieres…- La duda fue más larga esta vez, suficiente para que Ryohei se atreviera a abrir los ojos. Tsuna lo observaba con nervios, como si no estuviese seguro de que fuera lo correcto a decir en el momento. - Seamos hermanos. – Una sonrisa gentil acompaño aquellas palabras. Como respuesta, no pudo hacer más que reír, atrayendo al otro joven a su lado, abrazándolo con fuerza mientras las lagrimas caían por sus mejillas.

Era ridículo. Apenas se conocían y Ryohei acababa de perder a su hermana. Y, aun así, las primeras lagrimas que habían caído de sus ojos desde lo ocurrido eran lagrimas de felicidad por las palabras de un castaño desconocido. Y aun así…Aun así, atrajo a Tsuna con mayor fuerza, sosteniéndolo como si este fuese su última línea de vida. No fue mucho tiempo antes de que las lagrimas de felicidad se volvieran sollozos desolados, aquellos que se había guardado todo el día y que al parecer se habían cansado de esperar a ser liberados. Tsuna no comento, devolviendo el abrazo con fuerza.

Y Ryohei se juró que, esta vez, no fallaría. Solo llegarían a Tsuna sobre su frio y muerto cadáver.

(Las llamas brillaron entre ambos, conectándose en aquel inquebrantable lazo que ni la muerte misma rompería. Una conexión entre dos hermanos. Una conexión entre dos elementos. El sol y el cielo, finalmente unidos en uno.)


La vida de Takeshi se basaba en rutina (Era más fácil seguir un horario y fingir que no veía las pequeñas debilidades en los cuerpos de todo aquel que lo rodeaba). Se levantaba, ayudaba a su padre con el restaurante, daba una vuelta alrededor del bosque e iba a la escuela para practica de baseball. Se había retrasado un poco ayudando a su padre, por lo que tenía que acortar su recorrido, poniéndolo más cerca de lo usual a la carretera. Fue la única razón por la que noto al hombre, tirado a un lado de la calle, con la camisa cubierta de sangre.

Se detuvo a unos centímetros, su sonrisa aun plantada en su rostro ("Sonríe. Siempre sonríe Takeshi.").

- ¿Señor? – El hombre se movió, sus brazos girando de una forma poco natural. Takeshi se acercó más, dejando caer tanto su bate y su mochila. (Sus instintos le gritaban. Le rogaban que no se acercara. Que matara a ese hombre, pero, como siempre, lo ignoro con una sonrisa). – Señor…- Al cuerpo del mayor lo recorrió un espasmo, haciendo que girara completamente y quedase de frente a Takeshi. Sus ojos estaban perdidos, la mayoría de un extraño color amarillo y sus músculos no dejaban de moverse de formas extrañas.

- Jajajaja ¿Estamos jugando a algo? – Pregunto, curioso y con una brillante sonrisa. Los ojos del hombre parecieron enfocarse por unos miserables segundos y su boca articulo palabras que su garganta no fue capaz de sonar. Takeshi no pudo evitar que su cuerpo se posicionara instintivamente en una postura defensiva (Su mente le gritaba que el hombre debería estar muerto. Y, aun así, el cuerpo no paraba de moverse. Algo andaba malmalmal).

Por un minuto, el hombre se detuvo. Parecía completamente congelado y ni un musculo de su cuerpo se movía de su posición.

Y luego, atacó.

Se lanzo con una rapidez que Takeshi jamás hubiese adivinado en un hombre de su edad, agarrando cualquier cosa cercana a sus manos, lo que resultó ser el pantalón del deportista.

- ¡O-Oi! ¡Este juego no es divertido! – Exclamó, sacudiendo la pierna débilmente para alejar al hombre. Este, sin embargo, no parecía tener ninguna intención de apartarse. Abrió la boca en una imposible "O", con toda la intención de morder la pierna cubierta. (Ataque. Me va a lastimar. Peligro. Peligro. PELIGRO.) Uso la otra pierna para patear con fuerza al mayor, cayendo sentado por el desequilibrio, pero fue suficiente para que el hombre (No. No. Ya no era un hombre. Ya no. Ya no.) lo soltara. No se quedó mucho tiempo derrotado, pues no tardo en intentar volver a acercarse a Takeshi. (MátalomátalomátaloMátaLO.)

El basebolista retrocedió, usando sus manos y codos para llegar a su bate, milagrosamente manteniéndose lejos del alcance de su atacante (Matamatamata). Agarro sus pertenecías y corrió. Corrió hasta que pudo convencer a su mente de que el peligro no había sido más que su imaginación.

Y, cuando se hubo calmado (ignorado. Ignóralo. Siempre ignóralo.) Siguió su ruta normal a la escuela, una sonrisa firmemente plantada en su rostro.

(Tiempo después, se preguntaría si, quizás, ese hombre había sido el primer infectado en Namimori. Se preguntaría si, quizás, pudo haber evitado todo el sufrimiento aplastando con su bate la cabeza del hombre.)

(Quizás, quizás.)

Próximo Capitulo

La sangre corría por las paredes, manchando su ropa y sus manos. Pero no importaba. Ya no. Era la ultima persona viva en la escuela, las bestias habían aniquilado a todos los sobrevivientes. Escuchaba sus gruñidos, como se acercaban cada vez más para acabarlo pero... ¿Qué importaba si moría también?


¡Hola!

Bueno...Empezare con las notas para que aquellos que no les gusta leer mis notas normales se lo puedan saltar xD.

Nota 1: Para aquellos que me leen por primera vez, deben saber que NO HAGO PAREJAS. He recibido algunos pedidos para parejas, pero yo NO ESCRIBO PAREJAS. Ni Hetero ni Yaoi ni Yuri ni nada. No tengo nada en contra del genero, simplemente no es mi estilo y no me gusta escribir romance.

Nota 2: Si, esta es una historia de Zombies, de sobrevivencia, pero más que peleas épicas, me voy a concentrar un poco más en lo psicológico. Si, tendrá acción y momentos BAMF pero la historia se centra más en el grupo. En como aprenden a sobrevivir, en como se vuelven una familia en el proceso.

Okey! Se acabaron las notas importantes :p. Ahora mis comentarios:

Por fin apareció Takeshi! Corto, y supongo que no exactamente lo que esperaban, pero apareció! Quizás cierta nube haga una apareció el próximo cap. u

Ahora, aquí aparte, me encantaría saber que les esta pareciendo la historia. Es un proyecto nuevo e inusual así que no estoy muy segura de el, pero estoy super emocionada por escribirla, así que espero que también les este gustando!

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¡Nos leemos!

¡Ciao Ciao!