Me demore un poco más de lo planeado, lo siento por eso xd.
¡Disfruten!
¡Nos leemos!
Sus pies se movían a toda velocidad por el desierto pasillo, algunas veces resbalándose contra la sangre que crecía bajo sus pies como un lago alimentado por la lluvia. Sus manos, su ropa, e inclusive su cabello estaba todo tinturado de rojo, como si él fuse un ejemplo viviente de lo que estaba pasando. Giró en una esquina, subiendo las escaleras a grandes zancadas, trastabillando cuando las suelas de sus zapatos lo traicionaban. (Sus piernas temblaban. Pero no podía caer. No podía. Lo atraparían.)
Los chillidos aumentaban de volumen, las criaturas siguiendo su rastro. Entró de golpe en la azotea, cerrando la puerta tras de sí y resbalándose contra ella. Movió sus temblorosas manos frente a sus ojos, poniéndolas con fuerza sobre sus parpados.
La sangre corría por las paredes, manchando su ropa y sus manos. Pero no importaba. Ya no. Era la última persona viva en la escuela, las bestias habían aniquilado incluso a Hibari. ¿Qué importaba si moría también?
Escuchó el golpe de cuerpos muertos subiendo por las escaleras. Estaban cerca. Lo iban a atrapar. Iba a morir (morirmorirmorir).
Mochida se levantó, la chaqueta que había usado como cobija se resbalo a sus piernas, su respiración llegándole con dificultad. Puso una mano sobre su pecho, cerrando los ojos por unos segundos antes de que las imágenes de sus pesadillas lo forzaran a abrirlos. Busco con su mano el mango de su Katana (La única razón por la que seguía vivo) y pudo respirar con tranquilidad cuando encontró la familiar cobertura.
Solo entonces miró a su alrededor. Había pocas personas dormidas, mientras el resto miraba vacante como las horas pasaban frente a ellos. Pudo ver a tres miembros del comité disciplinario y estaba seguro de que había más afuera. Aun así, solo el peso de su espada lograba calmar su corazón.
(Podía escuchar por la ventana los gruñidos de las criaturas, más y más cerca. La oscuridad no los detenía. El frio no los detenía. Nada los detenía.)
Aun se podían escuchar los suaves sollozos de los más pequeños y Mochida tuvo que morderse el labio para evitar gritar. ¿Por qué no se callaban? (Sonaban como los sollozos de sus hermanos. Oh dios. Sus hermanos. ¿Dónde estaban?)
Tomo un fuerte respiro, apretando su agarre en el arma. Podía escuchar la sangre correr por sus oídos (Pero no importaba que tan fuerte sostenía su protección, sus hermanos no estaban con él.)
(Se pregunto cuanto tiempo pasaría antes de que los monstruos los atraparan también.)
Tsunayoshi estiro los brazos hacía el cielo, girando la cabeza levemente para liberar los nudos de su espalda. Ryohei y él habían permanecido toda la noche en el aula vacía, sosteniéndose uno del otro. Y aunque no hubiese querido dormir en ningún otro lugar, su cuerpo no le estaba agradeciendo las incomodas posiciones en el que lo había forzado.
Detuvo su andar para mirar por la ventana más cercana. Pero, a diferencia de el resto de la población estudiantil, él no observaba a los monstruos que los asechaban. No. Sus ojos veían más allá, al pueblo en ruinas, donde columnas de humo aun salían de algunos edificios. (¿Cuántas personas estaban atrapadas todavía?)
Se recostó sobre el muro, cruzando los brazos. Y ahora… ¿Qué? En un día normal, ya estaría en la escuela, aburrido y probablemente confundido. Pero ahora la mayoría de sus profesores estaban muertos y el camino a su casa estaba repleto de monstruos que lo devorarían si les diera la oportunidad. Suspiro, cerrando los ojos y disfrutando el sol de la mañana sobre su rostro. Al menos, hasta que un ruido frente a él forzó a su tranquilidad a desaparecer en el aire. (Su cuerpo reacciono antes que su mente. Sus piernas se separaron, hincándose ligeramente, sus manos cerrándose en puños. Aun no era perfecta, su postura un poco débil, pero estaba aprendiendo.)
Dos estudiantes del comité estaban asegurando la puerta de entrada al tercer piso, cerca de las escaleras. Murmuraban por lo bajo, previniendo al castaño de escuchar. Frunció el ceño, dando un paso adelante.
- Tsunayoshi. – Tsuna permitió que sus ojos descansaran sobre la puerta durante unos segundos más antes de girar sobre sus talones, clavando la mirada en Kusakabe.
- Kusakabe-san. – Tsuna inclino la cabeza en saludo, gesto que el mayor devolvió antes de hacer un ademan con la mano para que lo siguiese. Tsuna se mordió el labio, dudando. Kusakabe espero, paciente, sus oscuros ojos sobre el castaño. Compartieron una mirada hasta que Tsuna dejo un largo suspiro salir de sus labios y forzó a sus piernas a moverse, el ruido de los dos estudiantes trabajando a su espalda.
- ¿Qué están haciendo? – Murmuro unos minutos después. Kusakabe suspiro, parando su caminara y recostándose contra la pared. El mayor dejo caer la cabeza, cerrando los ojos en el proceso. Tsuna espero, sus dedos moviéndose por la ansiedad, creando un ritmo que solo él podía escuchar.
- Estamos cerrando la escuela. – Respondió finalmente el joven con afro. Tsuna abrió la boca, pero ningún sonido salió de ella, haciendo que pocos segundos después la cerrara. Repitió el movimiento varias veces, dejándose caer contra el muro a su espalda, hasta que su voz, débil y casi imperceptible, volvió a funcionar.
- ¿Por qué? –
- Ordenes de Hibari. – Y, quizás para el resto de la escuela, eso era más que suficiente. Porque las decisiones del demonio de Namimori eran ley y nadie nunca había considerado contradecirlo.
A Tsuna, al parecer, no le llego el memo.
El techo estaba en silencio. Era una de las razones por las que Hibari disfrutaba dormir ahí, pero jamás había estado tan… Callado. Los pájaros no cantaban, los insectos no se movían, y el lejano ruido de herbívoros en su día a día había desaparecido. Era…Irritante.
El azabache bufo, moviendo su brazo a su rostro para tapar la luz, permitiendo que su cuerpo se relajara contra el duro cemento. Solo unos minutos más de paz y podría dormir…
- ¡Hibari! – La puerta de la azotea resonó al ser abierta con fuerza. Kyoya parpadeo, gruñendo por lo bajo. Alzo su cuerpo lo suficiente para ver quien lo molestaba.
Sawada Tsunayoshi era el responsable de tan ruidosa entrada. Su expresión, normalmente cerrada y gentil, se había transformado en una mueca de enojo. Sus ojos cambiaban constantemente entre café y naranja y sus brazos estaban ambos cruzados frente a él. (Y algo en su pecho se movió con incomodidad, pues, aunque era una nube libre, la felicidad de su cielo era siempre más importante.) (Y, como había hecho cada vez que esto ocurría, ignoro el sentimiento.) (Todavía no sabía lo que significaba. No sabía lo preciado que se volvería.)
- Omnívoro. – Hibari saco las tonfas de su chaqueta, lanzándose contra el castaño, porque, apocalipsis o no, sentimiento extraño o no, él siempre estaba listo para una pelea, sobre todos contra aquellos que interrumpían sus horas de sueño.
Tsuna lo esquivo, trastabillando un poco en el proceso, pero a fin de cuenta evitando el golpe.
- Quieres cerrar la escuela. – No fue una pregunta y Hibari no lo tomo como tal. Sin embargo, fue suficiente para captar su curiosidad. Detuvo su ataque, tildando un poco la cabeza. Tsunayoshi, al ver que no estaba en inmediato peligro, giro la cabeza hacía el horizonte, donde el pueblo de su niñez ardía.
Hibari lo imito, una nueva ola de ira invadiendo su corazón. ¿Cómo se atrevían a atacar su territorio?
- Todavía hay persona allá afuera. – Murmuro Tsunayoshi. Hibari no respondió, cruzando los brazos frente a su pecho. Él estaba consciente de que al cerrar el único lugar seguro en Namimori estaba condenado a los más débiles a la muerte, pero…
- No se puede salvar a todos. – Le dio la espalda al menor, guardando sus tonfas y preparándose para volver a su lugar de siesta. Antes de que diera más de dos pasos, una mano se planto en su hombro, forzándolo a girar.
- Eso es mierda Hibari, y lo sabes. – Kyoya alzo una ceja, achinando los ojos y moviendo su mirada de la mano, al dueño. Para el crédito de Tsunayoshi, el castaño no se apartó. (Un león en cuerpo de oveja.)
Hibari gruño, agarrando la mano con fuerza. Un pequeño quejido salió de la boca del menor, pero Hibari lo ignoro, girando el cuerpo en su agarre y tirándolo contra el suelo, poniendo su rodilla sobre la espalda de su presa. Doblo el brazo de tal forma que un mal movimiento era suficiente para romperlo.
Escuchó a Kusakabe maldecir por lo bajo, pero este se mantuvo en la puerta de la terraza, conociendo a Hibari lo suficiente para saber que interrumpir era una mala idea. Tsunayoshi, por su parte, ya no se quejaba, y había girado la cabeza para observar fijamente a Hibari, sus ojos naranjas.
- Estará abierta de diez a siete. – Proclamo, alejándose del castaño. Tsunayoshi se mantuvo en el suelo, un suave "gracias" saliendo de sus labios.
(Y algo cálido, algo que se sentía como hogar, nació en su pecho.)
(Su teléfono, pesado y frio, seguía en silencio en su bolsillo.)
Una extraña calma se había apoderado de la mente de Tsuna. Sabía el peligro que los rodeaba. Sabía que la supervivencia de todos estaba en riesgo. Sabía que la muerte asechaba sus puertas. Y, aun así, solo sentía tranquilidad. Caminaba por los pasillos, siguiendo a Kusakabe, quien no había dicho palabra desde que Tsuna había hablado con Hibari. (Y solo el recuerdo de aquella conversación trajo la ira que había sentido, pero también, curiosamente, el exasperante e incesante deseo de proteger a Hibari Kyoya, quien había sido arrojado a una posición que la mayoría de los adultos no podrían soportar. Pero eso era ridículo, Hibari era el demonio de Namimori, el no necesitaba protección.) (Pero no. No quería amarrarlo. Solo quería cerciorarse de su seguridad mientras este viajaba libre.)
Aparte del comité disciplinario, no vio a nadie más vagando por los pasillos. No pudo evitar que sus pensamientos divagaran a Ryohei, a quien le había prometido volver pronto. (A su sol, Su brillante sol, cuyo fuego había sido apagado por la injusticia de la muerte.) Suspiro. Debía asegurarse de volver pronto, o el mayor se iba a preocupar.
Finalmente llegaron a la puerta de un aula. Al entrar, Tsuna se encontró con un conjunto de estudiantes alrededor de una mesa grande conformada por varias pequeñas, un mapa viejo y gastado esparcido sobre los escritorios. Todos estaban de pie, un tenso silencio rodeándolos.
- Ellos fueron los que se ofrecieron a salir. – Murmuro Kusakabe, moviéndose a un lado para permitirle a Tsuna acceso a la mesa.
El castaño contó las cabezas, llegando a diez. En su interior, se sorprendió por el número, pues no esperaba que nadie quisiera volver al infierno que era la calle. Inclino la cabeza en agradecimiento, recibiendo la misma acción por parte de los otros estudiantes. (No…No estudiantes. Ya no. Soldados. Guerreros. Sobrevivientes.)
(Y con la luz golpeando contra la venta, los gruñidos de los monstruos a su alrededor, todas las personas en el exterior esperando su ayuda, planearon.)
Takeshi se acurruco en la esquina, su bate vertical en medio de sus piernas, su cabeza reposando sobre la madera. Y una pequeña sonrisa en su rostro (Sonríe. Siempre sonríe.)
(Los gritos de sus compañeros mientras huían de los monstruos. Su entrenador dando su vida por la de un estudiante. Los bates llenándose de sangre.)
Tomo una bocanada de aire, forzando a su pecho a moverse. Todo esta bien. Todo siempre estaba bien. (Pero las personas estaban muertas. Y los muertos caminaban. Eso no estaba bien. Nada estaba bien.)
Su padre. Si. Él haría que todo estuviera otra vez bien. Si. Solo…Solo tenía que encontrarlo.
(Los gritos de las victimas mientras su piel era arrancada de su cuerpo.)
Apretó su agarre en el bate, alzando la cabeza para mirar la puerta del aula. Iría por su padre.
(Y lo haría sonriendo. Siempre sonriendo.)
- Penetraron la entrada Sur. – Un joven, vestido con el usual uniforme del comité disciplinario y el afro que los caracterizaba, irrumpió en la habitación.
Tsuna sintió como el aire se encerraba en su pecho, rehusándose a salir. (Seguros. Se supina que aquí estaban seguros. Su familia, ¿Dónde estaban?)
El comité disciplinario estaba conformado por los estudiantes más fuertes de la escuela, de aquellos que no haber sido reclutados, serian de los delincuentes más peligrosos en Namimori. Y, aun así, por un segundo, la sangre de todos se congelo por terror. Imágenes de la muerte creciendo con cada paso que daban apareció en la mente de todos. Pero eran el comité disciplinario de Nami-chuu, se habían ofrecido a volver a la calle, lucharían hasta su ultimo respiro, y protegerían este santuario hasta que sus cuerpos no se los permitieran más.
No dudaron por más que un par de segundos antes de levantarse, armas (Bates, cuchillos, palos. Cosas de día a día que se habían vuelto la razón de su sobrevivencia.) en mano. Y, uno a uno, salieron.
- Tu te quedas. – Ordeno Kusakabe, cuando solo él y Tsunayoshi permanecían en la habitación. Sawada alzo una ceja, sin detener su andar hacía la puerta.
- No. – (Y que curioso, que solo un día atrás, hubiese tartamudeado y obedecido.) Kusakabe suspiro, poniendo una mano sobre el ante brazo del menor para detenerlo.
- No te sabes defender. – Y Tsuna…Tsuna honestamente no tenía ningún argumento contra eso. Porque, aparte de unas llamas que no sabía convocar, no conocía ninguna otea forma de pelea. Por ello, no respondió, siguiendo con su camino.
(Y oh, oh, cuanto de arrepentiría de eso.)
- ¡Hikari! – El grito desesperado de un joven de segundo (un niño. Dios, todos eran niños.) fue lo que le dio la bienvenida al refuerzo.
Poco después los gemidos de dolor mientras un cuerpo era consumido vivo llego a todos sus oídos. Tsuna se mordió el labio, para evitar que las náuseas que sentía no subieran por su garganta. A paso seguido, lanzo sus manos al frente, rogándole al fuego que apareciera, pero la piel se mantenía sin disturbios.
Podía escuchar la lucha a su alrededor, mientras otros forcejeaban contra la puerta, tratando de evitar el ingreso de más monstruos. Quizás, debió haber agarrado algo para defenderse, para ayudar, pero su mente estaba completamente sobre sus manos, las cueles permanecían apagadas.
- ¡Sawada! – Sintio un cuerpo golpear contra el suyo, lazandolo al suelo. Por unos segundos, vio la cara del joven sobre él, ("Ryo", se había presentado, una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios.) antes de que este fuese arrancado de sus brazos como una muñeca de trapo.
Su grito se ahogo en su garganta, viendo el cuerpo de aquel que lo había salvado siendo devorado.
- No…- Murmuro por lo bajo, viendo atreves de su cabello como el comité era masacrado, y los demonios no paran de llegar. Sus ojos se movieron casi que involuntariamente al cuerpo que hacía pocos segundos le ofrecía protección. "¿Qué vas hacer?" Parecían decir.
- No… - Otro grito desgarrador resonó en el pasillo, mientras su boca empezaba a saber a sangre.
- NO. – El grito salió sin su consentimiento, mientras se acurrucaba en si mismo. Sintió como una ola de calor salía de su cuerpo y escucho las exclamaciones aliviadas de aquellos a su alrededor antes de que su visión se pusiera negra.
(En lo profundo, con un poco de histeria, pensó que quizás debería dejar de desmayarse tanto.)
Próximo Capítulo
- ¿Qué proponen? – Tsuna se recostó contra la mesa a su espalda, su postura cansada. Aquí estaba, enfrentando a sus atormentadores, y lo único que podía sentir era exasperación.
En una esquina de su mente, considero que eso no era exactamente normal, pero la pesada mano de Ryohei en su hombro lo mantenía aferrado a la realidad. Dios, como odiaba algunas veces a los adolescentes.
Ehhhhh. Las escenas de acción no son mi fuerte e.e
¡Espero que lo hayan disfrutado! (Estoy especialmente ansiosa de escuchar sus opiniones sobre la interacción de Hibari y Tsuna, además de la parte de Takeshi, no estoy muy segura de ninguna de esas dos xc)
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