Excusas, mensajes y demás al final. Disfruten el capítulo.
¡Nos leemos al final!
Una mano, dura y grande, acurrucaba una de las suyas, la otra era gentilmente sostenida por alguien con manos pequeñas, su piel suave. (Aun desconocidos. Todavía no reconocía cada parte del cuerpo de sus acompañantes. Todavía no había sido él quien mantendría su vista sobre un cuerpo inconsciente. Todavía no era capaz de identificar a su familia solo por el roce de sus manos.) (Pero lo haría, oh, lo haría.)
Gruñó. Todo su cuerpo pulsaba en una sola sincronía de dolor, su cabeza lo estaba matando y la superficie dura bajo su cuerpo no ayudaba. Inmediatamente las dos personas a sus lados empezaron a hablar. Un hombre, con tonos graves y volumen al cien por ciento y una mujer, seria y susurrando.
- ¿Ryohei? ¿Hana? – Murmuro, provocando que ambos jóvenes quedaran en silencio. - ¿Qué…Qué pasó? – Mantuvo los ojos cerrados, pero pudo sentir como el agarre en sus dos manos aumento de fuerza.
- Gritaste y los demonios se quemaron. – Una tercera voz hablo desde más lejos, haciendo que Tsuna abriera lo ojos, observando a las tres personas a su alrededor. Kusakabe, quien era el que había hablado, lo miraba desde la puerta, algo indescriptible en sus ojos.
Hana estaba a su lado derecho, su cara puesta en una mueca de reproche. Tsunayoshi le sonrió débilmente, incitando a la azabache a rodar los ojos. Giró su cabeza, esperando ver al menos una débil sonrisa en el rostro de Ryohei, pero este tenía los ojos cerrados, sus dos grandes manos acurrucando la suya entre ella y su expresión era devastada. (Y Tsuna recordó que, hacía poco Ryohei había perdido a su hermana e incluso más reciente, había jurado proteger a Tsunayoshi.) Apretó su agarre a forma de disculpa, provocando que un débil suspiro saliera de los labios del mayor, quien como respuesta inclino la cabeza, atrayendo la mano a su pecho.
Tsuna no se resistió, permitiéndole al sol tener el poco consuelo que le podía dar en ese momento, sabiendo que tendrían una discusión sobre todo lo ocurrido.
Finalmente, tras asegurarse que sus amigos estaban bien, se permitió procesar las palabras de Kusakabe.
- Se… ¿Quemaron? – Su voz estaba ronca y carrasposa. Hana soltó su mano con delicadeza, pasándole una botella con agua segundos después. Tsuna le sonrió, agradecido, antes de tomar un sorbo.
- Como fósforos. – Confirmo el muchacho. Al ver la mirada alarmada de Tsuna, prosiguió. – Nadie más salió herido, solo las bestias. – Tsuna asintió, pero sus dedos aun apretaban con firmeza la botella entre sus manos.
Kusakabe abrió la boca, seguramente para seguir su relato, pero la cortante voz de Hanna lo detuvo.
- Acaba de levantarse. Estoy segura que Hibari puede esperar unos minutos por el reporte. – Su voz era perfectamente educada, pero nada podía esconder el hielo en su mirada.
Kurokawa Hana era una joven formidable, quien podía destrozar a jóvenes ignorantes con un par de palabras, quien podía hacer trastabillar a sus maestros con su peor mirada, quien había destrozado a algunas de las bestias con su violín.
Si Kusakabe fuese un joven normal, se habría sometido. Pero Kusakabe Tetsuya había estado bajo el mando de Hibari Kyoya. Kusakabe Tetsuya se había plantado frente a personas mayores y mucho mas poderosas que él y había dicho no, porque Hibari se lo había pedido.
Así que, Kusakabe Tetsuya cruzo los brazos, observo los determinados ojos de la muchacha, y hablo. (En su interior una llama verde, aun débil, brillo.)
- No. No puede esperar. –
Hana se levantó de su asiento, poniéndose de pie frente a la cama. Su cabello azabache caía desordenado por sus hombros, moviéndose con un viento inexistente, dando la impresión de moverse con sus emociones. (Y la llama índigo que había nacido cuando el primer monstro la había atacado, rugió bajo su piel.)
- Está bien Hana. - Habló Tsuna, levantándose ligeramente de su cama improvisada, tambaleando un poco al solo tener una mano libre.
Hana mato con la mirada al joven con afro por unos momentos antes de apartarse. Kusakabe inclino ligeramente la cabeza en señal de agradecimiento antes de entrar.
Verde entro a la mansión sin la menor preocupación. Sabía que nada ni nadie podría entrar a la impotente casa sin la autorización necesaria, después de todo, era la mansión de los Arcobaleno, jamás estaba desprotegida. Aunque sospechaba que tendrían que subir la seguridad.
- Ciaosu. – Verde no era un asesino, mucho menos un Hitman. No tenía la habilidad de detectar a kilómetros de distancia como Viper y no tenía los, honestamente ridículos, instintos de Skull. Aun así, no se sobresaltó, pues las llamas del sol habían estado cubriendo la zona por kilómetros.
- ¿Alguien más? – Susurro. Reborn se recostó contra el muro más cercano, su sombrero tapándole los ojos.
- Viper logro comunicarse. Aria no ha llamado, pero Gliglio Nero tiene un bunker debajo de su casa principal. Colonello estaba tratando de llegar a la mansión de CEDEF, Lal no ha respondido, nadie en Vongola responde. Fon viene en camino. Nada de Skull. – El reporte fue dado con la misma voz monótona con la que el hitman normalmente hablaba, pero faltaba su distintivo tono divertido.
Verde solo asintió, su cerebro imaginándose cientos de experimentos que podía hacer con las criaturas. No se había atrevido a viajar con una, pues aun tenían demasiado factores desconocidos, pero ahora que estaba a salvo podía empezar a recolectar sujetos.
- Verde. – El arcobaleno alzo la mirada, encontrándose con dos lagunas negras justo frente a él. Sin palabra estiro los brazos, siguiendo la orden no dicha. Inmediatamente las manos de Reborn, cubiertas en sus llamas, se posaron sobre él.
(Ninguno de los dos comentaron de la preocupación que se sentía en su conexión, la ansiedad y estrés que se sentía de los otros elementos. La casi ausencia de algunos.)
Verde le permitió al sol que lo investigara, pues sabía que los instintos protectores que venían de estar en un mismo grupo de elementos debían de estar al ciento por ciento, en especial considerando que Reborn, como el Sol y el más fuerte entre ellos, siempre había tenido esos instintos ligeramente sobre cargados.
Verde cerró los ojos y, por primera vez desde que los ataques habían interrumpido su experimento, se permitió respirar.
Estaba en casa.
- Aun quiero salir. – Hibari alzo la mirada de sus planes, su postura irritada. Tsunayoshi cerró la puerta tras entrar, recostándose contra ella, sus brazos cruzados (más que una pose defensiva, parecía que se abrazaba a si mismo.)
- Omnívoro…- Gruño, pero no se molesto en sacar sus tonfas. No quería destruir su oficina, y sabía que Sawada no caería sin un poco de pelea. (Que curioso, que el joven más cobarde de toda la escuela ahora era quien se enfrentaba al demonio de namimori.)
- No quiero ayuda. - Tsuna cerró los ojos, apretando el agarre que tenía en su camisa. Tenía que arreglarlo. Por su culpa siete estudiantes habían muerto. Fue él quien había insistido en salir, por él los demonios habían entrado.
Pero ya no cometería el mismo error. Él tenía un arma que destruía a los demonios, tenía un fuego que salía cuando más lo necesitaba, así que la decisión era obvia. Saldría solo.
Abrió los ojos al escuchar un bufido. Hibari lo miraba con burla, apoyando su peso sobre la mesa junto a él.
- Eres un inútil. No sabes luchar. Apenas y si caminas sin tropezarte. ¿Qué, exactamente, crees que vas a poder hacer allá afuera? – Tsunayoshi presiono una mano contra sus ojos, luchando por evitar que las lagrimas salieran. Cada palabra era una puñalada en el corazón, pues sabía que era cierto.
- No me voy a quedar sin hacer nada. – Gruño. (Las llamas empezaban a crecer en su cabeza, una débil chispa a comparación de la llamarada que había llamado antes, pero ahí estaba.)
Hibari sonrió, sintiendo el deseo de lucha crecer en sus venas. (Sintiendo el incesante llamado de sus llamas, que le rogaban reconfortar a su cielo, protegerlo. Pero Hibari siempre había sido una nube testadura y transformaba aquel llamado en ira, preparándose para luchar. Siempre para luchar.)
- Aprende control. – Saco las tonfas de su abrigo, de repente no le importaba en lo absoluto si destruían la oficina.
Tsuna conecto sus ojos con los del perfecto, su mirada decidida.
(Nube y cielo chocaron, piel contra metal, sus llamas entrelazándose.)
- ¿Vas a tener una extrema lucha cada vez que te veas con Hibari? – Pregunto Ryohei, un suspiro en su voz. Tsuna sonrió avergonzado. Ryohei rodo los ojos, rodeando los hombros del menor con su brazo, atrayéndolo a su cuerpo. (Inconscientemente, sus llamas empezaron a curar cada pequeño moretón en su cielo).
Caminaron en silencio por los pasillos, el gemido de los monstros en el patio siendo su único acompañamiento.
- ¡Dame-Tsuna! – El grito provenía del final del pasillo, donde un grupo de jóvenes se habían reunido, bloqueando la entrada al salón que habían tomado como habitación comunal.
La única razón por la que no trastabillo fue por el brazo de Ryohei en sus hombros, pues reconocía a cada uno de los jóvenes. (Sus voces lo habían perseguido durante años, sus burlas habían creado sus pesadillas.) Se enfrentaba a criaturas que deseaban su carne, al demonio de namimori, al mejor boxeador de la escuela y, aun así, su corazón se lleno de temor por unos segundos. (Porque Tsuna…Tsuna pudo haber encontrado algo que lo forzara a luchar, a sobrevivir, a proteger, pero durante años Tsuna fue condicionado a temerles, a esconderse ante el más pequeño indicio de que estuvieran cerca y solo porque ahora tiene la voluntad para luchar por otros, no significa que sus años de terror se hayan esfumado). (No significa que fuera capaz de luchar por sí.)
Y luego…Luego sintió a Ryohei acercarse, su mano sobre el hombre de Tsuna y el miedo se esfuma de su cuerpo, la tensión lo abandona y su corazón latió sin esfuerzo. (¿Y si se aclínico hacía Ryohei por unos segundos? Bueno, se permitiría esos momentos de debilidad.)
(Ignoro la voz en su cabeza que le exigía decidir. ¿Cobarde o Valiente? ¿Sobreviviente o carga? Después de años de ser una y de repente convertirse en la otra... ¿Cuál era?)
- Dile a Hibari que nos deje salir. – Exigió uno de ellos, sus puños cerrados, su postura intimidadora. (Aterrado y aferrándose a viejos patrones para fingir un poco de normalidad.) (O quizás…Quizás sabía que la única persona que le haría frente al demonio de namimori era aquel que se había abierto el camino entre las bestias con solo sus manos.)
- Morirían si ponen un pie fuera de la escuela. – Comento Ryohei, su tono serio. Los otros jóvenes parecieron notar su presencia por primera vez, pues se encogieron al ver la gris mirada del boxeador.
- Vamos a morir si no salimos. – Rugió un castaño, sus ojos enloquecidos. Tras él los otros sobrevivientes observaban desde el aula, sus cuerpos encogidos, sus miradas aterradas.
Tsuna debatió por unos segundos antes de tomar su decisión. Camino hasta el salón, llegando al punto más central. Lo último que necesitaban era que el terror se expandiera por los demás, así que aplastaría cualquier problema antes de que se creara. (Su mente convenientemente olvido la lección bien aprendida de nunca darle la espalda a su enemigo.) (O quizás sabía que con Ryohei a su lado, nada pasaría.) Cuando todos estuvieron en la habitación, Tsuan paso los ojos por cada rostro, cada sobreviviente, acabando en aquellos que lo habían enfrentado.
- ¿Qué proponen? – Tsuna se recostó contra la mesa a su espalda, su postura cansada. Aquí estaba, enfrentando a sus atormentadores, y lo único que podía sentir era exasperación.
En una esquina de su mente, considero que eso no era exactamente normal, pero la pesada mano de Ryohei en su hombro lo mantenía aferrado a la realidad. Dios, como odiaba algunas veces a los adolescentes.
- Vamos a matar a esas cosas y recuperar nuestro pueblo. – Gruñó Osamu Kaneda, quien siempre había sido más violento que los otros. Tsuna lo observó por unos segundos, tratando de decir si estaba bromeando. Kaneda solo lo miró, su ceño fruncido.
- Esas cosas se comieron a la mitad de la población de namimori y los que no fueron alimento, se convirtieron en las bestias. ¿Cree que por gritarles un poco y zarandear un bate no lo van a atacar? – Tsuna se había levantado de su postura caída, sus brazos cruzados. Y, sin darse cuenta, un circulo naranja empezaba a crecer alrededor de su pupila.
Kaneda aparto la mirada, sus puños cerrados. Tsuna suspiro, pasando una mano por su cabello antes de volver a hablar, su voz cansada.
- Se que muchos perdieron a alguien. Se que quieren encontrar a sus familias. Pero ¿Allá afuera? – Inclinó su cabeza hacía la ventana, donde los gruñidos de los demonios aún se podían escuchar. – Es el infierno. Nadie va a sobrevivir por su cuenta. –
- Saldremos en grupo. – Exclamó Osamu, cuyos ojos se habían llenado de lágrimas. (Por que sí, ellos habían sobrevivido, pero… ¿Sus padres? ¿Sus hermanos? ¿Su familia? Ellos seguían afuera, vulnerables a las bestias.)
- ¿Y darles más comida? – Tsuna negó la cabeza. Kaneda se dejo caer, enterrando su rostro entre sus manos, sus amigos, quien habían ayudado con el enfrentamiento inicial, portaban posiciones similarmente derrotadas.
Tsuna permitió que el silencio se apoderara de la habitación, observando como más de un rostro giraba hacía la ventana con determinación. Una pequeña sonrisa se apodero de la comisura de sus labios. Él era un bueno para nada, que cuando más conto, salió adelante. ¿Con que derecho les iba a prohibir luchar a aquellos jóvenes?
- Así que aprenderemos. Atacaremos a todos los que nos ataquen, defenderemos a todos los que no pueden defenderse. Y encontraremos a nuestras familias. – Sus ojos brillaron con determinación, su ceño serio. A los sobrevivientes, sorprendidos, les tomo un momento entender sus palabras.
- ¡Hai! – Una chica, con las lágrimas cayendo por su rostro, su falda llena de sangre y sus rodillas raspadas, fue la primera en levantarse, empezando el grito que pronto resonó en la pequeña aula.
(Tiempo después, la gente recordaría este momento como aquel que les dio esperanza. Donde decidieron luchar, decidieron plantarse frente a los monstros que los querían matar y decir No. Decidieron que ya no serían víctimas. Decidieron volver a vivir.)
(También lo recordarían como el momento en que Tsunayoshi Sawada se volvió el líder ante los ojos del campamento. Pero, más que eso, se volvió la esperanza que los impulsaba a seguir adelante.)
(Eso, sin embargo, seria después. Por ahora, llamas adormecidas en las almas vivas del colegio empezaron a despertar, incitadas por el brillante cielo que las llamaba.)
Iba a ser más largo, pero me gusto esta parte para acabarlo.
La falta de capitulo se debe, honestamente, a dos cosas: 1. Mi Word se daño. Otra vez. ¬.¬ y 2...La inspiración para KHR a estado escasa para ser honesta.
¡Pero bueno! Hablando del capitulo... Yo tengo una vision MUY diferente de los Arcobaleno. Yo los veo como una familia que se quiere pero que es ridículamente violenta ;-;
De ahora en adelante (o quizás después del próximo capitulo) los capítulos no serán tanto momento por momento, sino que tendrán más saltos temporales.
¡Pregunta!
¿Cuál es su Arcobaleno preferido? y ¿A quien les gustaría ver (o ver más)?
PARA AQUELLOS QUE LEEN MIS OTROAS HISTORIAS:
El Guardian del Rayo sera actualizado pronto, así que estén pendientes!
Creo que eso es todo...
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¡Nos leemos!
Ciao Ciao
