Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM. Únicamente la trama y Mara son mías.

Advertencia: Pre- Sorority Row. Aunque no es necesario leerlo. Aquí Ada y Leon tienen algo más que RE en común xD.


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20 Momentos Leon & Ada

Capítulo 16: Orgullo.


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Leon Kennedy observó el pequeño bulto que yacía entre las sábanas rosadas del hospital. Desde lejos podía sentir el penetrante aroma a desinfectante traspasarle la nariz mientras una enfermera regordeta lo miraba casi sin parpadear. Era una situación curiosa, considerando todas las situaciones de peligro a las cuales estaba acostumbrado. No obstante no había zombis rondando ni tampoco su vida corría peligro. Y sin embargo, la sensación que le recorría estaba carcomiéndole las entrañas y la tensión acumulada estaba lastimándole el cuello

Podía hacerlo, era una simple acción inocua. ¿Entonces por qué seguía ahí, erguido contra la pared, esperando alguna respuesta a su debate mental? Ada estaba en la habitación contraria. Había ordenado explícitamente que no recibiría visitas y él entendía sus motivos. Él parecía estar igual de incrédulo. Se pasó una mano por el cabello rubio, pensando las maneras básicas si quería terminar esa frustración. No era nada grato sentirse así de incomodo por algo que nunca había esperado en cuarenta años de vida. Pero había sucedido, como cualquier cosa que seguía el orden natural.

Leon suspiró y dio un paso hasta ver con más detalle el pequeño bulto que se movía lloroso, sintió deseos de beber una gran cantidad de alcohol, aunque estaba seguro que ninguno de sus compañeros fuera del cuarto fuera a tomar bien la idea y Ada tampoco. La realidad era demasiado bizarra.

– ¿Y bien agente Kennedy? –la voz gruesa de la enfermera se escuchó, haciendo eco entre las cuatro paredes blancas. – lleva media ahora parado. ¿No piensa cargar a su hija?

La oración cayó hasta el fondo del estómago masculino. Ada Wong había quedado embarazada una noche tras lo ocurrido con el virus C, del cual desconoció durante seis meses hasta que un día el mismo Chris Redfield le había hablado sobre el encuentro entre ellos, en ese vago intento de poner todas las piezas en orden. Algo nuevo para aquel estilo de vida que ambos tenían por uno donde habría un menor implicado. Claro estaba, se había responsabilizado contra las protestas de Ada sobre consolidar el matrimonio y ambos lo hicieron un día de abril. Una ceremonia sencilla, con las personas necesarias a cargo de Claire Redfield.

– Sí, lo haré.

Se inclinó para verla con el ceño fruncido, tomando la manta entre sus manos y la descubrió. Notó la piel enrojecida, pequeñas manos mezcladas con dos ojos verdes opacos por la falta de pigmentación dentro del vientre materno. El escaso cabello rubio de color cenizo, similar el suyo, y lo miraba como si ella intentara descubrir porqué a su padre había tomado tanto tiempo en prestarle atención.

Pese a las dudas, la tomó en brazos lentamente.

Mierda, con que así se sentía…

– Bienvenida al mundo Mara.

Mara Victoria Kennedy.

El pequeño bulto logró convertirse en una saludable niña de tres años. Y, mientras miraba curioso la interacción madre e hija se dio cuenta que pese a no buscar esto, ambos estaban conformes con el resultado. Ambas estaban sentadas en el tapete del suelo color vino, donde acostumbraban a pasar las tardes fuera del trabajo. Mara y Ada eran demasiado similares: Mismo color de ojos, piel, labios, modismos y maneras de hablar. Toda esa combinación parecía curiosa en un infante pues, a pesar de que Mara todavía hablaba con voz infantil, había algo en el timbre utilizado que le recordaban a su madre también.

– Papá. – la niña sacudió la cabeza enojada. Extendió los brazos para ser tomada en brazos por Ada, quien se levantó y la llevó hasta él. – Papá, padre, papá…

– Papá suena bien, Mara. No necesitas esforzarte tanto – le respondió, revolviéndole el cabello de las coletas. La primera vez que esa niña lo había llamado así todavía seguía fresco en su cabeza. Removiendo poco a poco los recuerdos que resguardaba para sí mismo, como el olor de la sangre fresca, las muertes y el dolor. Ahora en cambio existían cosas nuevas, de él y su familia.

Familia ¿Eh?

–Quiero dormir. –Leon la cargó y ella se aferró a su cuello. Mara olía a colonia de bebé y jabón. A familiaridad, nada elaborado. Acarició el cabello una vez más de la niña, para después regresar la mirada a los ojos verdes de su madre.

La rubia entrecerró los ojos, adormilada.

–Mamá. –llamó ella. La mujer acarició suavemente la redonda mejilla.

– ¿Sí?

– Vamos a dormir.

– ¿Ahora? – ella asintió.

– Ahora.

Ambos sonrieron. La mayor casi imperceptiblemente, pero la mueca seguía ahí.

Demandante, como toda una Kennedy.

...

Ada Wong recordaba perfectamente que desde el principio Leon Kennedy estuvo dispuesto en hacer funcionar la faceta del hombre profesional que mantenía el mundo de pie y el padre que Mara requería. No obstante, la menor era hija de una persona importante dentro del bioterrorismo y algún día generaría represalias si sabían de su existencia.

Solo en esos momentos, había comprendido lo que era preocuparse en alguien más aparte de ella misma o Leon. En especial cuando Mara tenía los cuatro años y había nacido en una época medianamente pacífica.

El otro cambio nuevo, su cambio de trabajo. De haber pasado a ser una espía innata durante veinte años a ser una simple agente de DSO era algo insoportable y humillante, un recordatorio molesto de aquella ironía bastante mala. Pero valía la pena, se dijo, mientras miraba a la niña rubia de cuatro años sonreír.

Terriblemente orgullosa como el padre. Quién lo diría, y tenía su gracia verlo.

Sin embargo, antes de pensar demasiado el timbre de la puerta sonó. Vio a Leon caminar hasta la puerta, donde entró un hombre de cabello pelirrojo con barba espesa. Otra persona delgada y curvilínea quien sostenía a un niño castaño de ojos grises, mientras el mayor les seguía los pasos. Ada contuvo una mueca. Era los amigos de Kennedy, pero no dejaban de ser invasores molestos y la niña junto a ella frunció el ceño, de acuerdo.

El retoño Redfield se parecía al padre, aunque el color de piel y ojos fueran distintos. Usaba un overol de mezclilla, una camisa blanca. Alguien pequeño que sonreía demasiado.

– Es bueno conocerte por primera vez, victoria. –saludó Barry. Ella enarcó la ceja. Miró a Ada, como preguntándole en silencio quienes eran y porqué la saludaban con tanta confianza, pero el pelirrojo continuó como si nada. –Hoy te presentaremos al pequeño Alexander.

Jill bajó al niño quien protestó en desacuerdo. Mara bajó del sillón, acortando la distancia entre ellos mientras los adultos esperaban pacientemente. Cuando estuvieron frente a frente la menor estiró la mano y ella lo imitó.

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Jill sonrió, como si comprendiera un hecho divino.

El destino daba muchas vueltas.

– Si esto continúa así... – bromeó divertido Barry. –. Tal vez algún día ustedes se conviertan en familia.

Burton rió divertido de su propio chiste, sintiendo el tóxico ambiente entre dos personas que no encontraban nada cómico el comentario. Nadie dijo nada más y en silencio se encaminaron hacia la mesa para disfrutar un almuerzo familiar. Los invitados todavía no llegaban y hasta que Hunnigan regresara de su luna de miel debían aceptar ese tipo de visitas.

Agradable, hasta cierto punto.

Ese tipo de descanso, pero nunca debían bajar la guardia si querían asegurar el futuro de sus hijos.

Mara alisó los pliegues de su vestido amarillo. Sus padres estaban sentados en el cómodo sillón marrón y apretó una hoja arrugada entre sus manos. Parecía algo tonto, algo de lo cual no se sentía del todo satisfecha para una niña de cuatro años que podía distinguir aquellas cosas las cuales casi nadie podía notar. Sabía que ellos discutían cuando del trabajo de su madre y a veces padre debía ceder.

No lo comprendía muy bien, aunque decidió no darle importancia. En lugar de eso aferró la hoja, caminando dudosa hasta los dos. Tenía manchas de pintura amarilla en las manos pero podía hacerlo.

–Madre, padre. – llamó. Leon dejó de conversar, notando los hombros tensos de la rubia. Sus puños apretados y el labio inclinado en un puchero.

– ¿Pasa algo? – inquirió curioso. El matrimonio Redfield observó la escena en silencio mientras el rubio la sentaba en una rodilla. – ¿Mara?

Ella suspiró.

– Tomen… – ella les entregó la hoja. La mayor alzó la ceja. –. Para ustedes.

Un dibujo poco elaborado, donde lograban divisar dos cabezas rubias y una obscura. Algo parecido a la casa de dos pisos con lo que parecía ser un tejado enorme. Leon curveó los labios ante la imagen. Quizá Mara Kennedy a tan corta edad fuera arrogante, casi insensible y algunas veces cargar mal humor irritante, idéntico a los dos. Aun así, como sus padres no la preferían de otra manera, detalles así valían la pena vivir.

– Lindo.

Mara sonrió abrazándolos.

Porque para él como Ada, había alguien más por la cual compartir su orgullo aunque no lo dijeran en voz alta.

Así se entendía bien la familia Kennedy.

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Ha pasado mucho tiempo (más de un año) lo sé, pero simplemente no se me ocurría nada para esto y con el trabajo se me hizo muy difícil continuarlo. Pero aquí esta, una pequeña versión de la familia de Sorority Row, si bien no hay que leer la historia se las recomiendo.

Ahora si ¿Qué opinan del regreso de esta historia? Que por cierto, está entrando en sus últimos capítulos ¿O quieren más?

Espero sus comentarios, críticas y/o amenazas de muerte.

Se me cuidan.

Fatty Rose Malfoy.