Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM y sus respectivos creadores. Únicamente la trama es mía.


20 momentos Leon & Ada

Capítulo 19: Pesadillas.


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Había veces, en las cuales odiaba dormir. La manera de cerrar los ojos e irse al mundo lleno de pesadillas no era exactamente algo que cualquiera anhelara sentir durante las horas de sueño. Dormir lastimaba y más, cuando se era un sobreviviente de una cuidad enfrascada de muerte y sangre. El olor a carne podrida, aun podía olerla dentro de sus sueños, así como los gritos de terror, la sangre derramada por las paredes junto con los cuerpos esparcidos a cada cierto lugar donde sus pies pisaban. Luego, dentro de sus sueños venía la culpa, el sentimiento de sentirse impotente al no hacer cosa de gran magnitud ya que había sido un simple policía novado descubriendo las crueldades del mundo real.

– Deberías ir a una terapia – Eso le habían dicho cuando sobrevivió al ataque. – Tu cerebro no está calificado para grandes cosas como esta, ¿Y así piensas ser tutor de una niña pequeña? Piénsalo bien Leon, no tomes las cosas a ligera.

Si no fuera Claire Redfield quien le dijo esas palabras, seguro le decía un par de cosas. Para empezar, él era Leon Kennedy y nunca, desde esos tiempos se metió a ver las cosas simples, hacerlo lo volvía un blanco fácil contra el tiempo. Solo por ser Claire, no le argumentó nada sobre dejar a Sherry al cuidado del gobierno, menos cuando en su sangre un futuro antiviral se estaba desarrollando o el simple hecho de abandonarla cuando ella la había rescatado del infierno. Dejarla, significaba lo mismo que abandonarla a su suerte en Raccoon, y Sherry todavía era joven con un futuro, uno que merecía vivir plenamente contrario a él y sus futuras pesadillas.

– La terapia será después, ya lo he decidido – Argumentó inclinándose hacia la rubia menor – No te preocupes, irás conmigo ¿Te parece? Cuando estés mejor, el gobierno cuidará de ti.

– Leon… – Claire lo tomó del brazo – Gracias, lamento hacerte pasar esto. Cuida de ella ¡Volveremos a vernos cuando encuentre a Chris, Sherry!

Él era el fuerte, Según la pelirroja y los hombres que los rescataron, sus dotes de sobrevivencia lo llevaron a tener su historial en las filas del gobierno. Un ser apto para trabajar como agente, sin contar que hasta él mismo tenía sueños inquietantes donde muchos perecían entre sus manos. Nunca lo habló en voz alta y decidió dejar esos sueños, aunque resultara imposible. Siempre volvían, uno más detallado que otro.

– ¡Espera! – La sangre goteaba suavemente, extendiéndose por el frio piso metálico, las paredes resonaban. – Resiste, estarás bien.

Imposible, la herida provocada por el Tyrant era profunda. No había equipo médico alguno al alcance de Leon. Todo era obscuridad, terror. Gruñidos por todos lados.

Lo único que lograba ver entre sus sueños era la silueta femenina morir lentamente a su criterio de manera cruel. No le importó quien era o si todo lo que le había dicho era mentira. Seguía siendo un civil importante, una mujer que lo había ayudado a llegar hasta donde estaba, y perderla así…

Entonces despertaba a la cruel realidad.

Ada ya no seguía ahí, viva.

…..

Admitía, ir a terapia resultaba molesto. Los médicos hablaban sobre sus problemas de modo profesional, asimilando el hecho post traumático como algo normal que se iría con el pasar del tiempo. Las pesadillas de ella y el resto, con algún par de medicamentos preinscritos los cuales bajarían su ansiedad aunque dudaban sobre su estado al verlo fruncir el ceño la mayoría del tiempo sin mostrar alguna debilidad. Aquello le irritaba, les había salvado no solo a ellos, sino a varios miles de vidas para que lo vieran parecido a un drogadicto necesitado de píldoras.

No tomó ningún medicamento y se negó a ir a terapia nuevamente.

– Agente Kennedy, le tenemos otra misión – Habló el comandante del gobierno. Ese día hacía frío, llevaba una chaqueta café con unas botas – La hija del presidente ha sido secuestrada y necesitamos que vaya a rescatarla.

– Dame los detalles – Pidió exhausto, revolviéndose los cabellos. – De manera breve.

El hombre asintió, entregándole una carpeta amarilla.

– Su nombre es Ashley Graham, fue secuestrada camino a casa. Se desconocen quienes fueron los atacantes, señor Kennedy, el presidente tiene enemigos.

Los demonios internos siempre dejaban consecuencias, eso lo sabía Leon Kennedy demasiado bien. E ignoró no haber dormido lo suficiente pues seguía teniendo pesadillas algunas veces ¿A quién le importaba? A nadie de todas formas.

–Iré, ¿Dónde se encuentra ella?

– En algún lugar se España agente.

Si le dijeran alguna vez como los trastornos de las pesadillas afectan, él respondería que era tonto sentirse consternado por el pasado, aun fuera una simple mentira plantada en su cabeza por los médicos de psiquiatría. Ellos no tenían idea de lo que significaba una pesadilla después de la masacre, no eran ese tipo de asesinos de personas vivas. Pero ir a España, fue revivir los sucesos casi en cámara lenta. Uno a uno, desde cada aberración del pueblo. No lo negaría, la adrenalina lo volvía menos traumático, hasta cuando alguien había sido quemado frente a él y el olor a carne quemada le llevó a la cuidad dormida.

Infernal.

Batallar era lo problemático, pues hasta habían animales productos de la plaga e incluso volvió a ver el mal dormido dentro de él cuando se enfrentó al destino que llegó en forma de alguien apuntando sobre su nuca.

– No te muevas.

La lucha comenzó, y maniobró enseñando sus dotes aprendidos a lo lardo de los años e inmovilizó a su objetivo.

– Lo siento, la próxima vez usa un cuchillo. Es mejor en distancias cortas – Soltó confiado quitando el cartucho, conocía esas técnicas y sabía quién podría ejecutarlas sin tenerle miedo. Ya tenía sus sospechas incluso durante sus noches de insomnio.

– Leon, cuanto tiempo.

– Ada, así que es verdad.

Respiraba. Hablaba. Estaba bien.

Eso disminuyó su malestar interno.

Ciertamente, no quería tenerla con vida. Verla trabajando del lado contrario le asqueó desde la primera mentira sobre ella. Aun así muerta podría haberle perdonado cada traición, pero trabajar para Wesker era algo que simplemente no podía obviar cuando sus ojos la veían. Ada Wong siempre le importaba, inclusive sobre su propia vida. Y eso, hasta la joven Ashley podía darse cuenta.

– ¿Quién es ella? Vamos, dime – Ella se veía interesada, no todos los días dos enemigos cooperaban para salir vivos de un lugar. E incluso un héroe no dejaba ir a los villanos con el premio, en ese caso, la muestra.

– Una parte de mí que no puedo dejar ir.

Ese día, tuvo menos culpa y pesadillas, porque su rostro vivo apareció al fin.

Plantearse la posibilidad de suicidarse no estaba entre sus planes. Sin embargo, la ansiedad lo consumía cada cierto determinado tiempo, en las veces que despertaba empapado de su sudor y golpeaba las sábanas. Se sentía tentado a probar los medicamentos tranquilizantes sobre el cajón de su mesa. No lo hacía rápidamente, aquello era bajo, y él era el fuerte Leon Kennedy. Así que no estaba permitido morirse de sobredosis, imperdonable.

– Espero no cometas una estupidez – él se giró, en ese tiempo hacia la ventana donde una mujer le miraba molesta. – Leon ¿Morir hasta ese punto? Te creía más fuerte.

Todos lo creían el mejor.

– Si vienes a burlarte vete, Ada – Si algo había aprendido era a no dejarse llevar por los nervios. Pero, a veces caía presa de ese temor. Muy pocas ocasiones se lo planteaba y resultaba curioso verla presente en todas ellas. Ada Wong no parecía ser una mujer consoladora, lo dudaba más agradecía que ella lograra apagar el malestar emocional.

– Para tu molestia no me iré guapo, creo me llevaré eso – Señaló el cajón donde estaban las píldoras – ¿Sabes por qué, verdad? Tienes un largo camino por recorrer Leon.

Cierto. Tenía vidas por salvar todavía. Le sonrió. Ella era la fuerte de los dos.

– ¿Te quedarás a dormir?

– Posiblemente.

– Solo hay una cama.

– Ya he estado en esa cama.

Ella sonrió igual, una leve curvatura de labios.

– Está bien.

– Acuéstate y duerme, señor Kennedy.

Leon no había cambiado ni un poco.

Los males desaparecían.

Y con ello las pesadillas.

Ada Wong si era sincera con sigo misma, rara la vez lo visitaba. Desde antes, Leon le había llamado la atención al querer ayudarla con sus propósitos sin meditarlo dos veces. Era una persona leal a sus ideales y siempre destacaba, pero nadie lograba ver tras esa figura sarcástica al verdadero hombre lleno de fisuras las cuales lo consumían. Ada si las veía, cada grieta alrededor de Leon Kennedy era visible a sus ojos porque también había vivido lo mismo. Había estado en Raccoon y soportado las mismas cosas nauseabundas, las mentiras y engaños. La única diferencia eran los bandos entre ellos hasta ese momento.

La habia salvado de ella misma y de Simmons el solo. Ahora le tocaba hacer algo parecido a salvarlo de si mismo.

– La salida fácil nunca es buena – Susurró tomando la bolsa con las medicinas, arrojándolas por la ventana mientras él sucumbía al mundo de los sueños. - … concéntrate en ser tú Leon, al menos un poco más.

Las ojeras bajo sus ojos le recordaban a los suyos las primeras noches. También Ada había tenido pesadillas como cualquier humano aunque no lo pareciera. Y apreciaba que él no la odiara todavía, más sería su secreto hasta la muerte.

– Descansa guapo – Se recostó contra la cama, delineando el rostro endurecido gracias a la edad. – Descansa…

Bostezó, también se sentía cansada.

– Buenas noches

Al menos si estaban unidos, las pesadillas jamás los alcanzarían.

Mientras respiraran, estarían bien.


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Wow, no sé dónde rayos ha salido esto. De verdad, sigo sin explicármelo. Tal vez que volví a jugar RE6 y vi que Leon pensó en el suicidio y bum, salió esto ¿Qué tal les pareció? Espero sus comentarios con la respuesta.

Un saludo. Se me cuidan.

Fatty Rose Malfoy.