Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM y sus respectivos creadores. Únicamente la trama es mía.
Aclaraciones: Universo alterno. Menciones de otras parejas.
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20 Momentos Leon& Ada
Especial
[Veinte sobre veinte.]
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Estaba en un estado profundo de negación. Era imposible, ella jamás admitiría sentirse incómoda ante la mirada del hombre al frente ¿cuándo tiempo llevaban conociéndose al menos? Seguro lo había visto ocasionalmente, pero él tenía las manos apoyadas contra la pared impidiéndole el paso. ¿Sabían sus nombres acaso? Sí, pero eso él no tenía por qué saberlo, nunca conversaron aunque fuesen tres palabras.
Ada Wong se negaba a admitirlo rotundamente. Conocía su nombre gracias a las curiosidades de la vida. E igual manera, algunas cosas relacionadas, pero ¿cómo había pasado eso? ella, siendo metódica e impasible, ¿qué clase cosa habría hecho Leon Kennedy en esas veces?
Al parecer, esos veinte momentos se tenían la culpa de todo.
–Estoy esperando…–habló el hombre. Ella negó para sí misma.
Si… toda la culpa era de ellos.
…
I
– ¡Ada, prometo que te compensaré eso! – el grito de la pelirroja la llevó a taparse los oídos con frustración. Alzó una ceja sin despegar la mirada de esa mujer pelirroja de ojos azules y sus manos juntas.
Claire Redfield era una molestia andante.
–Claire, mi automóvil es para uso personal. –Señaló –No para tus escapes. Además, tu hermano se enfadará y no estoy dispuesta a soportarlo otra vez gracias a tus tonterías.
–Solo será un momento, te lo compensaré.
La castaña suspiró, escuchar los gritos de Chris Redfield a plena luz del día no era gran idea. Conocía a Claire desde que ella estaba en el instituto y Ada la universidad. Para desgracia, al hermano de la pelirroja desde esos años antes ya que ambos compartieron casi todas las clases durante la época universitaria. Por eso prefería compartir el menor contacto con él que era incluso más exasperante, pero su hermana siempre parecía llevarle la contraria metiéndose en problemas cada dos por tres.
–De acuerdo… –cedió. Solo así le dejaría en paz. –Dile a Steve que él pagará el mantenimiento si lo accidentas. El seguro no cubrirá tus imprudencias.
La pelirroja sonrió y Ada tomó sus cosas aproximándose a la puerta. Dio un paso al exterior maldiciendo a Claire nuevamente, aferrando la bufanda roja sobre su cuello. Ese hacía había frio, lo cual solía ser molesto ya que la nieve no tardaría en aparecer y dificultaría el camino hacia su trabajo por las calles de Raccoon City.
Para Alivio de Ada, el paradero estaba cruzando unos pasos. Se quitó la nieve suave de su ropa esperando el trasporte. Cuando llegó subió las pequeñas escaleras hasta ver completamente a encargado. Pagó aquella cuota buscando un lugar sonde sentarse, todavía le parecía indignante ser vencida por una mujer unos años más joven, aunque el único consuelo que tenía siempre sería el parentesco de ésta con Chris Redfield, eso era estar en el verdadero infierno.
Ver a Chris paranoico gracias a Claire sin duda valía la pena.
Tomó asiento, la ventana escogida proporcionaba una bella vista del entorno. La ciudad parecía ser pequeña y dependiente de empresas farmacéuticas prestigiosas, aunque seguro fuera tapadera del gobierno pero fuera de aquello, Raccoon realmente le agradaba.
Y, lo primero que su vista captó a través del ventanal fue un destello rubio, proveniente de una corta cabellera masculina, exponiendo suaves mechones del mismo color gracias a un gorro feo rojo de lana que lo cubría del frío y al igual que unos ojos azules unas facciones maduras del rostro. Usaba camisa azul de botones negros o al menos eso dejaba entrever esa gabardina hasta los tobillos negra y pantalones del mismo tono. También, gracias a los conocimientos de Claire sobre la paleta de colores ese rubio tiraba al cenizo si la luz dejaba de darle directamente.
Muchos colores que juntos en el mismo lugar no parecían encajar.
Y ella había odiado ese tipo de casos.
II
Trabajar en la misma compañía del castaño infernal era un castigo divino. Verlo con el ceño fruncido trabajando frente a ella firmando papeles, ataviado de su característico mal humor solo era el comienzo del día a día agotador. Aunque, si algo le gustaba ver a Ada Wong en el trabajo siempre sería la escena que sucedería en esos instantes.
–Te vez molesto… –habló alguien llegando hacia él, apartando las hojas de sus manos. –Chris debes tomarte un descanso o colapsarás.
–Culpa a Claire, me volverá loco. –reconoció. – al menos te tengo conmigo Jill, tu compañía es mejor que cualquiera de este lugar.
–Oye, debo cuidarte. –le guiñó el ojo divertida. –es el trabajo de tu compañera ¿No?
Ada dejó de escuchar divertida. Chris Redfield no solo portaba una desgracia de hermana, si no también estaba condenado a nunca salir de la barrera amistosa entre ambos compañeros. Chris y Jill se conocía desde el instituto y no se había separado en quince años, siendo los eternos amigos. ¿Algún día él tendría suerte? la castaña lo dudaba.
Eso, aligeraba su mal humor constante.
Dirigió la mirada verdosa hacia la ventana de la oficina, mirando varias personas pasear cómodas. Pero, se talló los ojos cuando reconoció esa distintiva gabardina negra, sin mencionar el gorro feo rojo.
Él no podía verla, estaba concentrado hablando por teléfono que no notó la nieve sobre el árbol. Si no dejaba lo que estaba haciendo, caería sobre él.
Y ello no tardó demasiado.
Tipo lamentable…
–Ada… – llamó Jill. –Hey, Ada.
Pero ella ya no la escuchaba.
Ese hombre solo sabía molestarla.
Y sonrió, aparte de Chris había otra persona con mala suerte.
III.
Se encontraban almorzando como cualquier jueves por la tarde en aquel puesto a las afueras del departamento de trabajo. Habían hablado de cosas triviales mientras la orden se dignaba a llegar. Y para desgracia de Ada, Claire Redfield estaba entre ellas hablando sobre la curiosa amistad entre la rubia y su hermano, ignorando que Jill Valentine seguía ahí en el mismo lugar sentada junto a la pelirroja e intentaba concentrar su atención sobre cualquier cosa que no fuera ella.
–Vamos Jill, puedes decírmelo –exigió. – si te gusta podría ayudarte.
–Es mi compañero, deja de decir esas cosas. –sentenció la rubia, desviando su atención hacia su otra compañera de trabajo. –Ada, pronto comenzaremos la visita a las comisarías de Raccoon e instruiremos a los jóvenes del R.P.D dentro de unos días.
Ella asintió, agradeciendo el cambio de tema.
De pronto Jill giró el rostro y su cabello brilló tras el reflejo de luz. Rubio, casi tirando al cenizo. Luego se reprimió, el color de Jill no era exactamente así, si no de un claro intenso, ¿acaso estaba pensando en algo?
Solo el desconocido tenía el cabello obscuro.
Apretó los puños. Claire y Jill la miraron sorprendidas.
–Últimamente se pone de mal humor – le susurró Valentine a la pelirroja.
– ¿Y eso por qué?
–No tengo idea.
Rubio. Ada odiaba el color rubio por hacerle pensar más de la cuenta.
IV
Lo había visto un par de veces tras varios días sin rastro alguno. Iba a bordo se su automóvil y él cruzaba la calle. Escuchaba una música tediosa, pero ella no logró identificarla, aun pasados seis días después.
Un punto más para evitarlo.
Aunque por otro lado ¿por qué no se compraba un automóvil?
V
Se frotó las manos enguantadas. Nuevamente el frio calaba los huesos y no era para menos, Septiembre en Raccoon City conllevaba a días con una temperatura rayando los dos grados centígrados bajo cero. La nieve no faltaba a cada lado que sus pies caminaban y para Ada Wong era un fastidio monumental.
El ambiente creaba parejas abrazadas para compartir el calor corporal. Ella prefería una taza de café caliente y para ello entró a la cafetería dispuesta a relajarse del estrés. Pronto comenzarían las visitas al departamento de policía, lo cual añadía un extra más. Su agenda pronto estaría llena y no tendría tiempo para respirar gracias al estúpido del Redfield que estaba de vacaciones.
–Un café cargado sin azúcar. –Pidió, necesitaba algo fuerte que la mantuviera despierta unas seis horas más. La anciana, dueña del lugar le miró alzando una ceja caminando hacia el interior. ¿Tan malo se veía tomar así su bebida?
–Hunnigan, ahora no estoy disponible... –escuchó que alguien hablaba. –Sí, lo tengo, pronto me reuniré contigo. Claro, llegaré puntual.
La figura se sentó soltando un sonoro suspiro de cansancio.
Ella reconoció la voz inclusive antes de que entrara.
–Hola, ¿vienes tú también por tu taza sin azúcar? – Ada parpadeó, la mujer le sonrió al rubio y éste la miró confundido.
– ¿Acaso hay alguien con ese gusto?
–Eso es un secreto confidencial con las clientas.
Genial. Ahora le perdía gusto al café.
VI
–Gracias por ayudarnos Ada.
Era la tercera vez que lo escuchaba de Steve Burnside, ¿por qué le agradecía? Claire le había mentido a su hermano y el pelirrojo pasaba tiempo de sobra en el departamento otra vez a espalda del castaño. A veces, Ada se pregunta cómo diablos aceptó ser cómplice de semejante estupidez. Luego recordó la ira de Chris y la pregunta murió.
–No armen demasiado alboroto, mañana debo trabajar.
–Seguro… – Steve no sonó muy convencido. – Sabes Wong, tal vez deba presentarte a un amigo como muestra de gratitud. Ya sabes, uno el cual logre soportar tu carácter.
Ella lo miró, con molestia.
–Si quieres seguir aquí, abstente de comentarios como esos.
–De acuerdo. –el pelirrojo alzó ambas manos, en señal de disculpa. –Pero de todas formas lo intentaré, tuvo un accidente con su automóvil hace poco pero cuando se recupere no podrás escaparte.
–Suficiente, le llamaré a Redfield.
–No, espera ¡Ada!
La castaña marcó los números del mayor. Sin embargo, seguía pensando en las palabras del pelirrojo, ¿Quién era tan imbécil para chocar su propio automóvil?
Seguro alguien con pésima suerte.
No, la idea de conocer alguien así era estúpida, porque le recordarían a otro idiota que atravesaba la misma situación.
VII
Dos semanas pasaron rápidamente, Chris Redfield había regresado de vacaciones y el rubio no aparecía, ¿le importaba acaso? En lo más mínimo, pero algo le decía que se había metido en problemas.
Tonto, muy tonto.
VIII
Un mes pasó sin verlo para que ella accediera a tomar café nuevamente.
IX
Era su día libre, sin trabajo o escuchar a Jill hablar con Chris sobre lo sólida que era su amistad ¿no se cansaban nunca de presumirla o seguían sin notar la tensión entre ellos? Ada estaba segura que si los se metían en una habitación a obscuras acabarían rompiendo todos esos lados enfermos de camarería. Y la idea sonaba tentadora para ella si con ello dejaban de hablar.
– ¡Bienvenida Ada! – el grito de Claire acabó con la paz. ¿Qué acaso no podía hablar como la gente normal sin causar tanto alboroto? –Adelante, puedes sentarte mientras esperas. Iré por Steve para irnos.
La pelirroja trabaja para Terra Save, una compañía especialista en terrorista los cuales evitaban que cosas extrañas como virus o armas fueran contrabandeadas en algunos mercados negros pues se rumoreaba que existían personas quienes comerciaban los virus con capacidad para infectar personas y dañar la población a nivel global. Que Steve y Claire lo hicieran juntos con una seriedad inusual los hacían parecer adultos de veinticinco años no los niños inmaduros que aparentaban.
–Vaya Leon, te diste un buen golpe… –ella se giró para ver a Steve conversar acompañado de otro hombre quien tenía el brazo izquierdo enyesado. – ¿Cómo demonios accidentaste? Al parecer los medios se trasporte y tú no combinan.
Ada observó a Leon suspirar cansinamente.
–Cállate Burnside, solo estoy aquí para recoger los papeles. Hunnigan me gritará si llego tarde.
–Es verdad buscaré a Claire para entregarlos. Espera aquí Kennedy.
Ya no era misterioso. Se llamaba Leon Kennedy.
X
El día finalmente había llegado. El momento de hablar con los jóvenes del departamento de policía. Ellos eran los invitados para una plática sobre la seguridad de poner a los civiles antes que su propia vida, cortesía de un extraño amante de la humanidad como Chris Redfield.
–Chicos, soy Jill Valentine. Pueden preguntar cualquier duda mientras no sea mí número telefónico.
Ella sonrió ante el comentario sin sentido de la rubia. El castaño asintió satisfecho desde su lugar y Ada prosiguió la plática cuando una mujer se colgó del brazo del Redfield para asco de Wong.
–Me llamo Jessica, ¿tú darás la iniciación?
–Ese es trabajo de Jill – señaló él. –Yo hablaré sobre el armamento.
–Perfecto, instrucciones cuerpo a cuerpo entre tú y yo.
¿Otra colada por el Redfield? ¿Qué diablos veían en él? a Jill se lo perdonaba por la tonta historia del instituto, pero esa tal Jessica estaba fuera de sus cinco sentidos.
Antes de exponer su opinión sobre separarse de Chris, otra persona apareció demandando la atención de todos los jóvenes en la habitación.
–Escuchen bien chicos, ellos vienen a trabajar ¿de acuerdo? –reclamó una figura tras la rubia. Jessica se soltó malhumorada. –Y quiero verlos hacerlo adecuadamente pues son personas difíciles de acceder.
Ada se tensó ¿acaso era una broma?
–Eres muy soso Leon, toma unas vacaciones.
Si, debía serlo.
–No, ahora continúen. Solo los veo en las tardes.
Rayos.
XI
Las tres semanas del curso entabló dos pláticas matutinas sin cambiar el turno, lo cual dejó más intrigada a Jill que el asunto de la mujer que se colgaba a Chris como goma de mascar.
XII
Ada estiró los brazos caminando por las calles de Raccoon, la nieve al fin cedía poco a poco dejando el camino libre de aquella molesta capa blanca. Odiaba los domingos por el simple hecho de hacer las compras porque perdía ante Steve y Claire.
– ¿Escucha, ya entregaste los papeles? –Ada se detuvo a medio camino y encontró a una mujer hablando disgustada por teléfono. – No sé si creerte, llevaban un buen tiempo pospuestos que… ¿de verdad? ¿Quién eres? Más te vale tenerlos listos. Recuerda que sigo siendo Ingrid Hunnigan, y mi deber es vigilarte, debes cumplir.
Ese nombre lo había escuchado de otros labios.
–Leon… iré tu casa para cerciorarme.
La mujer era atractiva.
El sin suerte al parecer tenía complejo de casanovas.
XIII
El lunes llegó y ella tomó el autobús. No le sorprendió verlo en el mismo lugar, esta vez sin la gabardina y el gorro asqueroso.
–Helena llegaré en unas horas.
Si, un gran complejo de casanovas.
Al parecer le gustaba el peligro.
XIV
–Ada, necesitamos hablar.
Ella miró a Valentine con sorpresa. Chris estaba junto a ella, ¿habían notado algo que la castaña ignorara?
– ¿Por qué tanto misterio?
–Claire dice que sigues malhumorada y está preocupada. – se sentó a su lado. –Dime, Wong.
Pausó antes de respirar profundamente.
– ¿te estás liando con alguien?
Según decían, el concepto de ello significaba llevar cierta dependencia hacia una persona. Pensar al punto de crear algo parecido a una adicción a saber sobre él o ella la mayoría del tiempo.
Así que…
–Tanto tiempo con Steve le afecta el cerebro.
Un desconocido no le hacía llegar a ese extremo, jamás.
XV
El pelirrojo descubrió el motivo por cual Ada aborrecía el color rubio. Y lo descubrió con la castaña apretando los puños al ver a Kennedy.
Leon usualmente detestaba el rojo también.
Con que eso era…
XVI
Leon se sentó junto a ella, en el asiento libre durante ida en autobús.
Curiosamente el celular nunca sonó. ¿Dónde estaba esa Hunnigan cuando se necesitaba?
Vaya cosa inoportuna.
XVII
Había adquirido la costumbre de acompañarla durante el trayecto del autobús pero nunca la miraba, siempre lo hacía al ventanal.
Y eso le molestaba.
XVIII
Un día ocupó el asiento del rubio y él el suyo.
Le sorprendió ver que desde ahí podía verlo, Leon hacía lo mismo.
–Hey, mírame – le habló por primera vez.
Ella nunca obedeció.
Leon sonrió por primera vez en diecisiete momentos.
XIX
Chris y Jill dieron un nombre al dilema de Ada: Leon Kennedy, y este podía descolocarla. Después de todo, ¿para qué seguía tomando un transporte que odiaba si su automóvil resguardaba en el estacionamiento?
Vaya. Vaya. Habían encontrado un punto débil en ella.
XX
Ninguno habló por varios días.
Y uno al parecer se cansó del juego.
...
–Sabes, este podía ser nuestro encuentro número veinte. –reiteró el rubio sin soltarla. –Steve me dijo que estarás aquí y necesitaba hablar contigo, Ada.
–Esta tal vez sea nuestra conversación más larga, o la única –respondió ella, aun forcejeando. –Creía que jamás me hablarías, señor Kennedy.
–Esto es absurdo. – Leon frunció el ceño. –Averiguar nuestros nombres de otras personas es patético. Me habría gustado hablarte directamente, pero no eres una mujer fácil de atrapar. Tuve que pedirle ayuda a Hunnigan.
Otra vez esa mujer…
–Si eso es todo debo irme – señaló, pero el rubio rió.
–Hunnigan es casada, y mi jefa ¿no te lo habían dicho?
Estrujaría el cuello de esa escoria pelirroja.
–Yo…
–No te dejaré ir Ada.
Y ella, curiosamente tampoco quería que lo hiciera.
Pero jamás se lo diría.
Eso no le impidió chocar los labios contra los de Leon Kennedy. Él no pareció molesto con la idea.
Por un momento cedería, luego lo evitaría y volvería al inicio. Jugar a tentar al rubio sonaba muy entretenido.
Quizá esos vente momentos habían valido la pena.
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¡Hola! La verdad, hasta yo me sorprendí ¡He llegado a los veinte capítulos! Dios, sigue siendo una de mis historias favoritas. Planeo continuarla, no se preocupes por eso.
Esto es un especial por terminar lo que me prometí cuando inicié. Y no hay nada más raro que veinte momentos entre veinte momentos, me pareció algo loco de hacer xD. También eso inicia la ronda AU, a petición de una chica que quería uno, así que Rosa, amiga del alma espero te guste.
Por otra parte, pocas veces escribo con Ada de protagonista, eso hace más especial esto (?)
¿Qué les pareció? Críticas, comentarios, quejas y amenazas de muerte serán bien recibidas.
Se me cuidan.
Fatty Rose Malfoy.
PD: ¿Quieren especial de Navidad? Háganmelo, saber yo sé que sí xD.
