Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM y sus respectivos creadores. Únicamente la trama me pertenece.
Capítulo dedicado para mi buena amiga Rosa Kennedy.
Sin más, los dejo con la lectura.
20 momentos Leon & Ada.
Capítulo 22: Nada.
.
Miró su reflejo en espejo perdiendo la cuentas de cuantas veces había realizado la acción tras quince minutos de permanecer ahí con la camisa hacia arriba dejando el torso visible. Quería encontrar algo, algún indicio de lo que había sido el pasado pero solo veía cicatrices que narraban sus experiencias vividas. Tenía dos grandes alrededor del costado izquierdo de la espada, hasta el pecho, en el mismo lugar donde a veces sentías las puntadas de Krauser durante su estadía en España y justo hasta atrás una herida con varios puntos de sutura cicatrizados la cual era diferente a las otras. No solo porque parecía abultada y tenía un color diferente al resto de su tono de piel natural. No, había algo profundo que recordarlo le daba dolor de cabeza. Casi instantáneamente pensó en Hunnigan, seguro ella le reprocharía semejante tontería más llevaba cinco años sin contacto con Ingrid, tras el termino del bioterrorismo.
– ¿Leon? – el golpeteo de la puerta lo sacó de sus pensamientos. –Cariño, llevas casi media hora encerrado ¿te encuentras bien? Puedes pedir el día libre para ir al hospital si estás enfermo.
La voz femenina sonó honesta y preocupada por lo cual abrió la puerta permitiéndole el paso. Dejó ver a una mujer de uno setenta con piel clara. Delicadas facciones y el cabello castaño largo hasta la cintura. Leon Kennedy bajó su mirada por el cuerpo de la mujer, deteniéndose unos instantes en el anillo de oro idéntico al suyo. Briar Williams a pesar de los años ganados mantenía una belleza joven y todavía recaía por el bienestar de su salud. Vestía un camisón color durazno hasta las rodillas y el cabello desarreglado en señal de recién salir de la cama.
– ¿Leon?
–Estoy bien… – le sonrió, bajando la camisa gris ocultando sus cicatrices. Ella sonrió amablemente, recorriendo con los dedos la cara del agente.
–Hoy es jueves cariño, debes buscar de Hana saliendo del trabajo. Está ansiosa por enseñarle a su nueva maestra las cualidades extraordinarias de su padre.
Él sonrió. Se había casado con una buena mujer después de todo. Briar era atenta y procuraba mantener cómodo a su marido lo más posible, solía esperarlo cuando salía de viaje gracias al nuevo empleo en el gobierno. Y, por unos instantes el recuerdo de otra mujer apareció taladrante. Una mujer fría que rara la vez sonreía como tantas veces había visto a Briar y de quien solo podía tener contacto gracias a su compañera de trabajo, esa otra, que había vivido las mismas pesadillas de Raccoon city y quien lo había ayudado para conveniencia o no a salir vivos. Gracias a ella, estaba disfrutando ese momento cotidiano que nunca había sentido hasta conocer a quien llevaba su apellido en el acta de matrimonio.
–No me gusta exhibir mis dones a niños de instituto Briar. – se quejó. – Ahora soy alguien que dependiente del gobierno cariño, tal vez es hora de explicarle que su padre no es del normal.
Briar sonrió.
–Puedo acompañarte si te sientes intimidado por unos simples jóvenes de instituto. –soltó burlona. –mientras terminan clases desayunemos algo, muero de hambre y te preparé algo delicioso. Tómate el día libre cariño.
–Estoy de acuerdo, necesito descansar.
Leon asintió y se dejó guiar hacia el comedor. Su casa tenía dos plantas, un terreno enorme acompañado de un jardín con muchas flores, cortesía de Briar que era amante de la jardinería. Pero lo grato de su hogar no era eso o el perro, si no el lugar especial donde podía darse el lujo de recordar quien era. Se encontraba rumbo al corredor en la pared izquierda color beige. En él estaban varios marcos con fotografías acomodadas por años. Veinte fotos donde destacaba Chris Redfield abrazado por la actual pareja del castaño; Sherry Birkin en la sala de un hospital sosteniendo al primogénito de los Muller; Claire Redfield entre lágrimas celebrando la fiesta de compromiso y una de Ingrid Hunnigan presumiendo el anillo de matrimonio costoso durante el restaurant.
Una de las últimas fotos le lograba hacer sonreír. Se trataba de un bebé de tres años sonriéndole al camarógrafo mientras su corto cabello rubio le caía en los ojos. Era sostenida por él y Briar con afecto pues había sido la primera fotografía familiar.
–Nuestra pequeña ha crecido… – comentó Briar observando las fotos con nostalgia, dejando caer la cabeza sobre el hombro de Leon. –Parece ayer cuando me pediste una cita pero cuando quieres darte cuenta pasan diez años.
Leon asintió de acuerdo con ella, recordando el día que sus ojos la miraron por primera vez. Nerviosa y calma.
–Aceptaste rápido nuestra cita. –confesó, avanzando con ella hasta la cocina. Briar tomó el sartén a la par que él tomaba asiento, acomodando los platos. Tras unos minutos de silencio Briar habló.
–Me tomó años conseguir tu atención cariño. Cuanto logré captarla me propuse la misión de hacerte feliz y no dejarte ir tan fácilmente. – La castaña le dejó un vaso de jugo de naranja sobre la mesa. –Lo hicimos bien Leon, nuestra familia es feliz.
¿Qué si era feliz? Claro. Briar le había dado estabilidad emocional contrario a Ada Wong. La asiática era una parte importante de su vida gracias al imprevisto de Raccoon City. Sin embargo, confesaba solo para él que tras quince años luchando contra el bioterrorismo había pensado incluirla en su futuro incontables veces. Esa vida tranquila de había pedido esperaba compartirlo con ella. Recordaba que Ingrid incluso estaba de acuerdo, limpiando su historial y dando por hecho que faltaba poco para hacerse realidad. Sin embargo siempre existió una brecha enorme entre ambos entre más avanzaban los años, creando obstáculos imposibles para ese infantil sueno de retenerla hasta que hacerla ceder. El eterno juego de tira y afloja los estaba consumiendo con creces hasta el punto de no retorno y así todo terminó. Sin despedidas o anuncios para mantener el propio bien emocional.
Mientras ese tiempo transcurría Ingrid Hunnigan interrumpió su oficina varias veces, entregando carpetas con información de Ada para buscarla más no lo hizo. Ni siquiera cuando se enteró que Ada no trabajaba para el bando contrario una vez terminada la lucha. Se encargaba de ayudar a las personas que luchaban contra sus demonios internos y jóvenes con problemas de autoestima. Él por el contrario abandonó a Hunnigan consiguiendo el puesto de resguardar al presidente nuevamente dejando las armas con las cuales había decidido luchar hasta el día de su muerte, convirtiéndolo en una ironía demasiado mala, pues estaban convertidos en lo que tanto detestaban desde un principio.
Ada Wong también durante esos meses contrajo matrimonio con un militar de las fuerzas armadas. Luego en los periódicos se anunció el nacimiento del hijo varón de Ada con su esposo. La noticia la había leído en el bar acompañado de varias botellas de alcohol hasta que alguien castaño le arrebató la bebida. Briar Williams le sonrió asegurándole que todo estaba bien y él creyó.
Ella le curó las heridas. No solo externas, si no aquellas que le lastimaban el pecho también.
–Es hora de irnos Leon… – escuchó a Briar comentar, depositando su plato sobre el fregadero. ¿Cuánto tiempo lograría permanecer así de distraído sin preocuparla? –llegaremos tarde, Hana se pondrá de mal humor si no conocemos a la maestra.
Observó el plato de comida lleno. Maldijo en voz baja avanzando hacia la salida, tomando rumbo hasta la escuela de su hija. Hana Kennedy se parecía demasiado a su madre, tanto que le hacía pensar a veces como habría sido ella de ser otra mujer en cuestión. Negó con su cabeza observando el enorme edifico de tres plantas y justo en la entraba una mata rubia similar les saludaba agitando los brazos sonriente, haciendo brillar sus ojos grises intensos.
– ¡Papá, papá! – Hana impactó con fuerza contra la cadera de su padre y alzó el rostro para poder verlo mejor. – Hoy finalmente conocí a la mamá del serio John, es agradable papá, debes conocerla. También quiero poder ser igual de inteligente como ella.
Alma noble como Briar, notó satisfecho. El que no se pareciera a él seguro la llevaría a tomar mejores decisiones.
–Entonces esfuérzate… – le revolvió los cabellos rubios mientras ella tomó gustosa a mano de ambos progenitores y los guío hacia el salón. –Este lugar cada vez se hace más grande.
–Suenas a persona vieja papá.
Avanzó por los pasillos hasta ver detenerse a Hana e ingresó acompañado del brazo femenino. Varios padres de familia al reconocerlo arquearon la ceja sin decir nada, cosa que agradeció. Hana tiraba del brazo de ambos y cuando casi soltó una maldición en voz alta logró distinguir unos ojos verdosos familiares que lo dejaron paralizado. La rubia los soltó y la mujer le sonrió a su hija.
–Maestra Ada… –llamó sonriente, señalando con el dedo ambos padres. – ¡por fin pude traer a papá y mamá!
Ada asintió poniéndose de pie. Leon se tensó, observándola después de diez años sin verla. En ella encontró los rasgos de la edad que Briar no parecía tener, seguro porque su esposa no había vivido en carne viva el infierno como ambos. Vestía un traje negro entallado con la identificación colgando del busto.
Wong le extendió la mano y comprendió el significado: ya no eran el pasado, solo el presente donde eran dos simples desconocidos con nuevas vidas en un ambiente de paz.
–Mucho gusto señor Kennedy, mi nombre es Ada Wong y llevaré una sesión con los menores de ésta escuela. Son pláticas cortas especiales para la educación de los niños. – Leon apretó su mano, oficiando el saludo. –como prueba oficial le presentaré a John, mi hijo.
–Es un placer, señor. – tras la ex espía salió un joven algunos años mayor que Hana. Mantenía una pose tensa y sus ojos azules, como su apariencia no le recordaban nada de Ada como igual estaba seguro que si Ada examinara su hija igual llegaría a esa misma conclusión.
La ironía de buscar maneras de separarse para que sus hijos volvieran a unirlos se tornó insoportable.
–Hana habla muchas cosas ti John, espero cuides de ella. – rió Blair, avergonzando a la rubia niña.
– ¡Mamá!
Leon Kennedy volvió la mirada ella, descubriendo que Ada igual le observaba casi sin parpadear. Solo entonces comprendió, aunque pasara el tiempo los sentimientos seguían ahí y no parecían cambiar así fueran otros quienes estuvieran en sus casas compartiendo techo y educando a sus hijos. También notó las murallas defensivas alrededor de sus corazones y descubrió demasiado tarde que tal vez había sido imposible desde el comienzo imaginar algo más allá del nada, quizá mucho tiempo atrás cuando había visto a una chica buscar un novio perdido.
Briar dio varios pasos hacia atrás y presenció la escena en silencio. Era imposible no sentir el ambiente tenso entre ellos, como recordaba antes de conocer la fotografía de Ada mientras Leon dormía, entre varias carpetas olvidadas en el ático.
Leon siempre la querrá a ella.
Él era feliz. ¿Verdad?
Una lágrima resbaló por su mejilla ante el recuerdo de Hunnigan diciendo esas palabras. La limpió con su camisa y compuso su mejor sonrisa. Más al verlos sonreír tenuemente, casi de manera inexistente como si el tiempo no hubiese pasado le contrajo el pecho de dolor. Lo sabía, siempre lo había sabido.
Había obtenido todo de Leon Kennedy en diez años, todo menos su corazón.
Ese siempre sería de alguien más.
.
.
Y bien, hemos terminado. Sí, tardé una eternidad en subir otro momento pero estuve ocupada como siempre. Pese a eso logré terminar esta historia que trata sobre ese amor imposible. Quería retratar que no todo es felicidad y espero haberlo conseguido.
Comentarios. Críticas y/o amenazas de muerte serán bien recibidas. Un saludo, se me cuidad.
Fatty Rose Malfoy.
