Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM y sus respectivos creadores. Únicamente la trama es mía.

Aclaraciones: Esta historia es UA, se recomienda leer bajo su propio criterio y también es complemento de mi historia llamada In Your Eyes no es necesario leerlo, pero puede ayudarles a comprender un poco más el capítulo.

Sin más, los dejo con la lectura.


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20 Momentos Leon & Ada.

Capítulo 23.

[Diez centímetros]

"La distancia correcta entre lo inaccesible y la realidad"

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Leon Kennedy cerró el libro entre sus manos, perdiendo la cuenta de cuantas veces llevaba leyendo el mismo párrafo y se frotó las sienes, intentando con ello aminorar el estrés adquirido durante una larga jornada de estudios e inconscientemente desvió la mirada hacia la lluvia que caía con fuerza frente a él, debido al próximo cambio estacional. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí sentado, para variar? Posiblemente dos horas, a tal punto de sentir los ojos resecos gracias a la extensa lectura y pronto tendría una insoportable migraña.

Además, su vista finamente comenzaba distorsionar las letras así que desistió, aquella rutina no era nada sana para un universitario de veinticuatro años.

El rubio suspiró, agradeciendo en silencio encontrarse en ese lugar apartado del resto de la gente. Lo había encontrado por casualidad un día de abril y ahí podía ser una persona común con el espacio suficiente para refrescarse la memoria e intentar despejarse la mente. Pronto enfrentaría diversos cambios antes de graduarse y al ser el único hijo de dos personas importantes para el campo médico necesitaba tener el valor antes de informar una decisión capaz de cambiar la vida de todas las personas cercanas a él.

Cerró los ojos. Estaba preparado para lidiar con ello, pero había otras cosas en el camino de las cuales no estaba listo.

Separarse de Jilliam era una de ellas.

–Te encontré… – Leon Kennedy frunció ante la interrupción. No obstante se demoró unos segundos antes de girar la cabeza hacia esa dirección, pues sabía de antemano quien era, así como los motivos que la llevaban hasta él. – ¿Te gusta jugar al escondite ahora Kennedy?

–Creo que eres tú quien tiene suficiente tiempo para seguirme el juego – contratacó, mirándola a los ojos. Se encontró con un par de color verde que lo observaban con detenimiento, casi sin parpadear y apartó la mirada, irritado. –. Lamento tu visita, sin embargo no estoy de humor el día de hoy para un sermón.

Ella asintió.

–Es verdad, luces terriblemente… – respondió simplemente, todavía de pie. Sus manos blancas sostenían un enorme paraguas rojo, Leon gruñó, haciéndose a un lado y Ada ocupó el lugar libre, sacando dos termos de café caliente, depositando uno del lado contrario mientras la lluvia seguía cayendo sin parar. – Tómalo, al parecer lo necesitas más que yo en estos momentos.

Él miró unos segundos el café caliente, preguntándose cuánto tiempo más duraría la falsa amabilidad de Wong más decidió seguirle la corriente, esperando el momento adecuado. Tras varios minutos de silencio, decidió intervenir.

– ¿Debo agradecerte el gesto después? –preguntó suavemente, tratando de recordar algún momento donde ambos hubieran conversado hasta tal extremo. Nada, y la mirada de Ada sobre su persona confirmó el hecho y decidió enfocarse en el penetrante aroma tostado del café, le dio un sorbo, sintiendo el calor bajar hasta el fondo de su estómago.

–No espero restitución alguna, si a eso te refieres – respondió tajante, con la mirada fija hacia el tráfico de la ciudad nocturna. Sacó varios libros de medicina, los mismos que Jilliam leía por las tardes y comprendió quien de los dos tocaría el tema primero. Tomó aire, antes de volver a retomar la palabra. – ¿Sabes por qué he venido hasta aquí verdad?

–Espero que sea para compartir este espacio conmigo – murmuró irónico. Ada apretó el vaso tentada a irse lejos de su estupidez.

– Este es un lugar público. – aclaró. – quiero hablar contigo seriamente Leon, así que por favor deja de comportarte como un imbécil.

Wong se detuvo un momento a ver su expresión desde la distancia. Tenía los puños apretados contra la mesa y el ceño marcado, señal de estar conteniéndose. Siempre era así, desde el comiendo cuando eran unos simples adolescente habían creado una barrera de diez centímetros entre ellos con tal de no dañar la reputación familiar. Luego, la reforzaron alguna vez por el bienestar de Jilliam y sin embargo ninguno podía ver los límites ahora.

–Nunca he sido alguien condescendiente Ada, mucho menos contigo.

–Entonces mejor hablemos sobre ella – Wong desvió la cabeza hacia los libros. – Jill me llamó preocupada hace varias horas intentando localizarte. Si solo querías estar solo asegúrate de llamarla.

– ¿Te preocupan nuestros problemas?

–Quiero toda su atención en el proyecto final.

– Siempre piensas en ti misma. – continuó él. Estaba casi seguro que mentía, pero era mejor seguirle el juego. Y al verla menear la cabeza, moviendo su largo cabello obscuro de un lado a otro notó la barrera entre ambos disminuir masivamente.

Aún estaba húmedo gracias a la lluvia, el jersey rosa creaba un claro contraste entre su piel y los pantalones negros. Todo en ella destilaba una autoridad innata, propia de alguien acostumbrada a pasar sobre los demás.

–Es todo lo que sé hacer bien.

–Tienes toda la razón.

Wong lo vio de reojo respirar profundamente e imitó el gesto. El aire olía a Naftalina, asfalto, tierra mojada y humedad.

–Hablemos de Jilliam – habló ella, enderezándose. Leon le arrebató el libro y ella no protestó. – quise esperarte, pero sigues tardándote demasiado.

–He pasado los últimos diez años esperando verte tomar la iniciativa. – confesó Leon decididamente. – sin embargo, estoy harto de ceder ante ti como siempre.

Lo había dicho en doble sentido, lo sabía. No obstante Ada regresó la vista al café. Carecía de ser social a menos de ser estrictamente necesario para el bienestar de ella y su familia. No obstante había aprendido a lidiar con las personas que había entrado en su vida y cambiado su manera de pensar. Una de esas era Jilliam, alguien capaz de estar codo a codo con ella sin sentirse presionada. Y atrás, estaba Leon Kennedy, el segundo hermano que solía acompañarlas a todos lados. Con el tiempo logró convertirse en alguien alto, medianamente musculoso a pesar de odiar el ejercicio. Su carácter era demasiado arrogante y su sarcasmo sobrepasaba los límites normales. Le gustaba los climas fríos, pues, a pesar de estar a comienzos del invierno únicamente usaba una camisa azul de mangas cortas, con el abrigo olvidado junto a los libros apilados.

Como cualquier estudiante universitario a punto de graduarse, tenía unas profundas ojeras bajo sus ojos azules. Seguro ella estaría igual, las presiones les seguían detenidamente ante el menor error.

Y eso los tenía arrinconados contra pared. Quisieran o no.

–Ya sabes cuál es mi respuesta.

–Lo sé.

Inconscientemente apretó del café con tanta fuerza que cayó en la palma masculina. Sintió el ardor insoportable producto de la irritación, pero no pudo apartarle la mirada. Quería explicaciones y las iba a obtener aun si ella se oponía.

Inesperadamente Ada se puso de pie, tomándole la mano herida y sacó del bolsillo de su pantalón un pañuelo rojo con una mariposa bordada, pasándolo con suavidad alrededor del área sin ejercer presión. Algo delicado, mirando la línea enrojecida producida por el café.

– Ada…

–Estoy molesta contigo para variar, Leon. –dijo al fin. –Jilliam fue tan amable de contármelo todo.

El rubio asintió lentamente, sintiendo como las piezas parecían encajar.

–Ya veo…. – se removió incómodo. – ¿Piensas recriminar mis acciones?

Ella negó.

–Es tu hermana quien me importa, Leon – le aclaró. –. Y si planeas dejarle esta estúpida carga por un simple capricho tuyo, me veré obligada a intervenir. ¿Entiendes eso?

Sí, pero tampoco sabía que hacer al respecto. .

–Es elección mía, me importa un demonio si estás en desacuerdo. –enfatizó. –Necesitamos avanzar Ada, y esto nos está hundiendo a ambos.

Estaba consciente de ello. Los dos solo eran las personas más cercanas a Jilliam, era normal sentirse impotente. Sin embargo él era su hermano, alguien que debía apoyarla y aun así…

–Leon. Jill requiere ayuda.

– Soy consciente de ello.

¿Entonces por qué nunca haces nada?

–Alguien con sus problemas no merece ser dejada atrás para cumplir un absurdo sueño de convertirse en un maldito agente de policía. – le picó el cuello con el dedo, desafiante. –respóndeme algo: ¿Cómo piensas salvar vidas si no puedes proteger las que tienes entre tus manos?

Leon le quitó la mano que ella había limpiado, sintiendo la furia burbujear por todas sus venas, ardiendo en una rabia incontrolable. ¿Acaso estaba ciega o no podía ver la maldita realidad?

– ¿Crees que no lo intento? Maldita sea Ada, desde aquella vez estoy haciendo todo mi maldito esfuerzo. – Leon golpeó la mesa tirando al suelo varios libros y no le importó tomarla de los hombros con medida fuerza. Al diablo, Wong había agotado toda su paciencia para ser amable. –. ¿Pero sabes una cosa? Ninguno de nosotros puede salvarla si es ella quien nunca intenta salir adelante.

– Leon…

–Dime. ¿Qué se supone que debo hacer?

Ada sujetó sus hombros también. Estaba enojada, observando como la barrera de diez centímetros aparecía frente a ella rota, con trozos cayendo en el mismo suelo mojado y las verdades salían a la luz.

Ocho.

–Apoyarla y no huir. – intentó zafarse, pero Leon Kennedy afianzó el agarre, sin importarle los libros que seguían mojándose en la lluvia. – Ese es el deber de un hermano.

La castaña lo golpeó tan fuerte, haciéndolo trastabillar hacia adelante. Sintió el agua de la lluvia caer con violencia sobre ella, enfriándose. Perpleja la chica miró el cielo nocturno teñirse de rojo, mientras las gotas de agua impactaban contra su rostro. ¿Cuándo habían salido de ese lugar? Había un frio descomunal, sentía el espasmo súbito por el cambio de temperatura y el descenso masivo de ésta.

–Buen argumento, sí. – continuó Leon desde la distancia. Dio un paso hacia ella, sin importarle los charcos de agua o la posible hipotermia que sufrirían si no se resguardaban a tiempo. Nada. –Pero estoy sin ideas. Y si eres muy lista te invito a darme la respuesta, porque yo estoy demasiado cansado de ser el supuesto héroe.

Una vez estuvo lo suficientemente cerca, Ada Wong lo tomó del cuello de su camisa, apretando la tela con tanta fuerza que Leon logró apreciar sus nudillos blancos en la obscuridad. Temblorosos, llenos de rabia, coraje y resentimiento.

– ¿Cómo lo haces?

Siete, contó Leon.

– ¿Qué cosa?

–Aparentar que puedes sobrellevar la situación. – Ada enterró las uñas en el pecho de Kennedy y Leon la vio una vez más. El cuerpo de Ada temblaba aun sujeta a él, pero su cabello castaño le impidió ver la expresión completa mientras la barrera se destruía frente a ellos sin poder evitarlo. Jill tenía el efecto, para Ada era la compañera de media vida. Alguien en quien había puesto confianza ciega, por eso no aceptaría que uniera su vida a un bastardo golpeador si podía evitarlo.

Jill Valentine era el tipo de persona incapaz de transformarse en una carga.

–En realidad quiero corregirlo casi tanto como tú. – aferró sus manos que estaban sobre su pecho, las dejó caer a ambos lados de su cuerpo y acarició el mentón femenino, tratando de descifrar cualquier signo de rechazo. Al no encontrarlo le acarició la mejilla derecha y descansó la frente contra la suya. – ¿Te divierte tanto confundirme Ada? Siempre estuve un paso atrás por respetar el maldito acuerdo de los diez centímetros. Si me dejas invadirte así… tendrás que tomar la responsabilidad.

Ella retomó las distancias.

Cinco menos.

–Esto es solo una distracción innecesaria. – giró del lado contrario dándole la espalda. – Jilliam siempre fue nuestra principal barrera señor Kennedy, y ella me importa por sobre todo. Incluso sobre ti.

– ¿Oh, enserio? –Leon la tomó por su cintura pequeña. Estaba rígida al tacto, pero menos tensa a como lo hubiera imaginado. –Somos dos personas adultas Ada ¿Por qué demonios luchas desesperadamente por mantener esta distancia?

Porque era fácil. Porque primero estaba Jill, la clínica familiar, y sus responsabilidades no le permitían escoger otro camino como él, quién si tenía elección.

Demasiada información para alguien ajeno a sus problemas.

–Mientras nuestras metas nunca coincidan seguiremos así. – le recordó, aflojando el agarre. En el proceso notó que había roto un botón de la camisa azul. Solo entonces llevó la mano hasta su cabellera rubia y lo acarició, dejándose llevar. – ¿Sabes que es curioso? – Leon meneó la cabeza y cerró los ojos, disfrutando la sensación. –Está lloviendo, hace demasiado frio y un bastardo egoísta quiere convencerme de un imposible, pero mientras pelea su maldito cabello continúa rompiendo las leyes de la física.

La amargura podía quitarse con algo alegre, había dicho Jill alguna vez. En ese tiempo Leon había pasado varias cosas desapercibidas, como la condena familiar la cual Jill debía seguir al pie de la letra. Seguramente Ada Wong aprendió dicha técnica para ocultar su incomodidad. Pero la lluvia no parecía ceder, la humedad se respiraba por los poros y terminaría contrayendo alguna enfermedad respiratoria ¿Y ella solo estaba fijándose en su cabello?

Él quería escuchar algo, cualquier cosa capaz de implantarle alguna esperanza sobre el mañana… sin embargo soñar era muy ingenuo, incluso para él.

Y Leon Kennedy era un hombre realista.

–Te sorprenderá saber que nunca he cuidado apropiadamente de él. – siguió el juego. Total, nada podía hacerse si ya tenían un plan trazado. –tampoco eres la primera en decírmelo. Algunas mujeres en la escuela siempre me decían "Leon Kennedy tiene el cabello rubio y sedoso, como cualquier mujer"…

Cuatro menos.

– Anécdota bastante interesante.

–En cambio tú luces terrible. – repitió las mismas palabras, con diferente significado. Uno que Ada Wong logró comprender de manera abismal. –Estás mojada, tus libros se arruinaron y tu paciencia llegó al límite. Para ser nuestra primera vez rompiendo nuestras barreras estamos haciendo todo mal.

Sí. Terriblemente mal.

– Entonces volvamos a ellas. – propuso regresando a su posición original, metió los libros mojados en la mochila. Justo cuando iba a caminar hacia el lado contrario Leon dejó caer la cabeza en su hombro. Ada lo miró de rejo, tenía los ojos cerrados y parecía llevar un conflicto interno.

– Leon, déjame ir.

– No.

Leon respiró sobre el cuello de la mujer. Ada olía a colonia femenina, canela y almidón. Nada familiar o elaborado. Eso era el motivo por el cual nunca había intentado traspasar esos diez malditos centímetros. Porque no eran amigos, tampoco conocidos, solo dos personas que tenían a Jill en común y aun así, pese a todo ninguno tenía el valor de alejarse.

El motivo que la ataba a ella seguía siendo desconocido para él. Aunque, si le preguntaban al Kennedy diría que Ada tenía demasiadas facetas para descubrir, desde la universitaria despiadada capaz de pasar ante cualquiera con tal de garantizarse el éxito, hasta la mujer prepotente y sarcástica que incluso solía ayudar a las personas si requerían ayuda. Wong era libro inaccesible y a él le gustaban esos enigmas.

– Kennedy…

Acortó la distancia entre ellos y contra todo pronóstico la besó así sin más. La sintió retorcerse entre sus brazos mientras él la tomaba de los hombros, hasta que finalmente desistió.

Al diablo con esos centímetros restantes.

–Tu cabello. – murmuró jadeante tras separarse, tratando de recuperar la respiración. Ella lo miró confundida y enredó los dedos entre el largo cabello castaño. Suave, grueso, con un olor similar al de las uvas. – también me gusta.

No solo aquello, pero todavía se sentía algo incómodo confesar algo de dicha magnitud. Ni siquiera había tenido en cuenta sus propios actos, además el problema de Jilliam no estaba del todo resuelto y también debía lidiar con la actitud soberbia e indiferente de Ada.

Ninguno se arrepentía. Al final de cuentas, los tres centímetros de distancia serían reforzados después, como castigo por cruzar la barrera.

–Craso error Leon.

–Sobreviviré.

Ada sonrió.

– ¿Vas a decir algo? Quedaré como un completo estúpido si no lo haces.

–Una tregua. –Aceptó y le devolvió el gesto satisfecho. – Por ahora lo mejor es tener esta tregua. Jill nos necesitará después y mañana…

–Entonces aprovechemos el momento.

Ada acortó la distancia. Mañana volverían los diez centímetros y tres extras, pero estaba bien.

Tal vez, en el futuro podrían solucionar ese problema.

El presente importaba ahora.

¡Hola! Me he tardado otra eternidad para este nuevo momento, pero la inspiración a veces es así… también debo aclarar que esto es un Spin off (Una historia que narra algún momento de otra) esta vez, para promocionarles mi más reciente actualización. Pueden buscarla bajo el nombre de In Your Eyes es completamente Aeon, con personajes ya adultos y Valenfield.

Muchas gracias por seguir aquí conmigo. ¡Nos veremos en el siguiente!

Se me cuidan.

Fatty Rose Malfoy.