¡Hola de nuevo! Antes que todo muchas gracias a PamPotterEvans y Natsume por su apoyo con sus motivadores reviews :D Tambien agradezco mucho los favs y follows ^^
Además aprovecharé de recordar una vez más que esto es un Universo Alternativo que toma algunos elementos canon de SNK. No sé cual será el final de SNK (Solamente Isayama lo sabe xD) y dudo mucho que sea uno feliz, pero aquí plantearé a un Eren que logró el bienestar de Erdia, aunque a un alto costo.
Sin más que agregar, ojalá disfruten este capítulo ;D
Capítulo Primero
Viernes, nueve de la noche.
A veces la soledad nocturna nos hace conectar más profundamente con nuestra alma y abre nuestra sensibilidad de par en par. Y precisamente en la sombría penumbra de su hogar, un joven hombre reflexionaba sobre sus actos pasados y las consecuencias obtenidas a raíz de estos.
Mientras bebía una cerveza fría enlatada, Historia ocupó sus pensamientos unos breves minutos. Su relación, tras un año y dos meses, había llegado a su fin. ¿Pero por qué se había terminado lo que tan bien inició?
Quizás por culpa de ella. Quizás por culpa de él.
Tal vez por culpa de ambos.
Lo único cierto era que su emparejamiento no fue como esperaba y terminó resquebrajándose. Sus expectativas con ella no se cumplieron. Por supuesto, cuando se inicia un noviazgo se hace con la convicción de que irá a buen puerto, pero muchas veces sucede todo lo contrario. Para nadie es un misterio que las cosas, aunque en un principio sea el amor quien las guíe, no siempre resultan como se planean. No siempre los sueños e ilusiones terminan de buena manera.
Aunque en un comienzo creyeron conocerse bien, lo cierto es que no había sido así. Bien rezaba el dicho que nunca se termina de conocer a las personas. Divergencias y discrepancias irreconciliables causaron el inevitable fin de la relación. Pero por suerte, al menos no habían llegado más lejos. No se habían casado y mucho menos engendrado hijos.
Pero lo sucedido con Historia ya era, como su nombre precisamente lo recalcaba, historia.
Lo que realmente le preocupaba y lo quitaba del sueño era otra cosa. Eren, tras tanto luchar, había logrado la ansiada libertad. Sin embargo, aquel que había conseguido su gran objetivo, el que era aclamado por Erdia y se había convertido en un héroe, en realidad era un hombre marcado profundamente por la soledad y la tristeza. Para lograr su objetivo tuvo que pagar el precio más alto de todos: había perdido a sus dos grandes y mejores amigos, Armin Arlert y Mikasa Ackerman. Lamentablemente ellos ahora no eran más que una historia pasada en su vida.
La libertad ganada con sangre significó perderlos a ellos. Pero estaba plenamente dispuesto a pagar tal precio. Siempre lo estuvo.
La clave para dominar el dolor era matar la sensibilidad. Y él había aprendido a hacerlo casi a la perfección.
O por lo menos eso había creído hasta ahora...
Desde el término de su romance con Historia, ocurrido seis meses atrás, había sobrellevado bien la ausencia de los que alguna vez fueron sus más grandes amigos. Principalmente dos eran las razones: se tenía merecido que ellos lo odiaran y desde el mismo momento en que escogió su camino sabía que se enemistaría con ambos. Sin embargo, últimamente la nostalgia le estaba dando estentóreos latigazos a través de dolorosos recuerdos. Recuerdos de la lejana infancia, cuando los tres compartían y confiaban plenamente en el otro. Poco a poco el peso de la soledad se fue instalando sobre sus hombros, provocando que los extrañara más a menudo.
Irónico era que el gran héroe aclamado por la mayoría, se sintiera tan miserablemente solo. Eren Jaeger, en este preciso momento, era la mejor prueba de que cumplir tus metas no siempre daba la felicidad. En una situación así, a lo más podía dar un ligero consuelo. Pero a pesar de todo seguía dispuesto a ser fuerte y sobrellevar su soledad sin importar el cómo.
No obstante, un día algo consiguió trastocar esa profunda convicción.
Un lóbrego viernes, gracias a rumores esparcidos en la comandancia, le llegó la noticia que desestabilizó sus emociones y las transformó en un severo nudo de vientos encontrados. Mikasa había iniciado una relación amorosa. Incluso escuchó cuchicheos de que contraería nupcias.
Su amiga que ya no lo era, se iba a casar...
Curiosamente, saber aquello lo tomó completamente desprevenido. ¿Qué fue lo que sintió en ese momento? No supo definirlo. Lo único que si supo puntualizar fue la extraña sensación que removió su pecho en todas direcciones. ¿Era alegría por ella lo que sintió? ¿O era otra cosa?
En un principio creyó alegrarse por ella. Sí, aunque Mikasa pensara lo contrario, él quería lo mejor para ella y deseaba que fuera feliz. Después de todo, para ello había luchado tanto contra todo y contra todos. Sin embargo, con el transcurrir de los cada vez más largos y pesados días, su sentir al respecto fue mutando. La verdad es que esa noticia no le producía alegría. No podía seguir mintiéndose a sí mismo. Algo agrietaba su alma cada vez que pensaba en Mikasa con otro. ¿Eran celos acaso? No, eso era imposible. Nunca había sentido celos por su amiga. Jamás. ¿Por qué ahora sería distinto?
La respuesta asomaba tan clara y simple que asombraba: por primera vez ella estaba siendo feliz con otro. Por primera vez ella lo había dejado completamente atrás. La mujer que más lo había amado estaba a punto de iniciar un nuevo camino en su vida. Uno en que él no estaba incluido ni siquiera como un recuerdo. Triste pero cierto.
Y al pensarlo, una frase se apuntaló en lo más profundo de su corazón: Uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Qué gran verdad era aquella...
Dejó la cerveza en la pequeña mesa del living y acudió a la ventana más cercana. La abrió y el cálido aire primaveral acarició tenuemente sus mejillas. Fijó su vista en el jardín y admiró el bello paisaje de flores y frondosos arbustos que la estación vernal brindaba. De pronto, el peculiar canto de un grillo llamó su atención. ¿Estaría tan solo como Eren lo estaba? No. La pregunta era otra en realidad: ¿habría alguien que estuviera más solo que él?
Lo dudaba mucho.
Ascendió su mirada hacia el firmamento y la luna no dudó en consolarlo con su célica belleza. Una extraña relajación se apoderó de su cuerpo y, cruzando sus brazos, los afirmó en el marco de la amplia ventana. Tuvo a la soledad como consejera de sus pensamientos y fue entonces cuando se planteó la idea de que quizás había sido demasiado duro con Mikasa. Tan duro que la amistad se cortó para siempre. Dieciocho meses atrás se encargó de pulverizar el corazón de quien tanto lo había cuidado e inclusive amado. Empero, no tenía otra alternativa más que hacerlo. Por más dolor que le causara, tenía que hacer todo lo necesario para romper el ackerbond definitivamente. Debía hacerlo para que ella dejara de ser una esclava. Sí, fue muy necesario ser lo más cruel posible. Por ello, Eren se obligó a tomar una decisión que, a pesar de las consecuencias, seguía creyendo firmemente como correcta: romper vínculos. Era el único sendero que serviría para liberarla del yugo impuesto por su genética Ackerman.
Eso es lo que quiso creer y por ello destrozó su corazón sin dudarlo siquiera. Seguía teniendo la firme convicción de que hizo lo correcto y de hecho, gracias a ello, Mikasa había conseguido romper el ackerbond de forma concluyente. Prueba de ello era que en dieciocho meses no le había dirigido la palabra ni una sola vez.
¿Había tomado la decisión correcta? Su «sí» era rotundo y sólido. ¿Pero fue imprescindible ser tan cruel? ¿Fue necesario realmente?
La resolución que tomó tanto tiempo atrás hizo añicos a Mikasa. Producto de ello, desde aquel día todo cambió. El cariño de amigos se desvaneció, desapareciendo tras el horizonte para nunca más volver. Así era, su gran amiga, la Mikasa que siempre conoció, jamás regresó. Todos esos momentos tan felices de antaño se perdieron en el tiempo como los colores en la oscuridad. Ahora eran sólo dos completos desconocidos que alguna vez, muy atrás en el tiempo, fueron grandes amigos. Los recuerdos que antes eran lindos ahora sólo eran tristeza y amargura. Eran ya tan lejanos que la amistad forjada a través de tantos años parecía haber sido parte de un fantasioso sueño. Algo irreal. Algo que jamás sucedió. Y que si pasó, lo fue en otra dimensión completamente diferente.
Ahora Jaeger estaba pagando, con gran tristeza, las amargas consecuencias de su decisión. El cruel paso del tiempo se estaba encargando de devolverle el dolor.
Karma, le dicen muchos.
Mikasa contraería nupcias y por consiguiente la perdería para siempre. ¿La perdería cuando por fin se estaba dando cuenta de la realidad que dominaba su sentir? De improviso cerró su puño diestro con furia. La contracción esgrimió tanta fuerza que los huesos de los nudillos parecieron querer salir a través de la piel.
—No, yo no la amo. Ella era mi familia. Es únicamente la soledad la que me está empujando a ver cosas que no son.
«Si es así, si realmente la ves como familia, ¿por qué nunca le dijiste hermana? ¿Por qué nunca la trataste como tal?» protestó su mente casi de inmediato.
Sí, era muy curioso que ambos quisieran considerarse como familiares, pero que nunca fueran capaces de darle un nombre a tal sentir. Nunca se trataron como hermanos o primos. Era algo muy curioso y contradictorio a la vez. ¿Por qué había sido así? ¿Acaso fue por qué algo críptico y profundo se los impedía?
Jaeger se tomó las manos con la cabeza como si esta fuera a rodar por el suelo debido al inmenso peso que estaban adquiriendo sus pensamientos. Una feroz pelea comenzó a desarrollarse en su interior. Cerebro contra corazón, alma contra mente y testarudez contra sapiencia. ¿Quién sería el vencedor en la batalla contra sí mismo?
El tiempo quemó segundos y luego incineró minutos enteros. Pero de pronto, Eren abrió más sus ojos. Los mismos destellaron de una manera sumamente vívida; como si hubiese sido capaz de atrapar a la mismísima luz con sus manos.
—Quiero creer que no siento nada más por ella. Me empeño en verlo de esa manera... Pero si realmente no la amo... ¿por qué me duele tanto que esté con otro ahora? ¿Por qué? ¿Es por mi soledad? He estado varios meses solo desde que terminé con Historia y no había sentido nunca esta clase de pesar. Sin embargo, ahora sé que ella ha iniciado una relación y siento una tóxica tormenta desatándose en mi interior. Una en que confluyen un montón de sentires exaltados y emociones desatadas —se dio una corta, pero significativa pausa. Una que liberó un par de inquietos y profundos suspiros—. Necesito verla. Necesito explicarle por qué hice lo que hice. Preciso estar frente a ella nuevamente y comprobar lo que realmente siento por ella —intranquilo y nervioso, comenzó a caminar por la habitación de extremo a extremo—. Pero si vuelvo a verla quizás le provoque daño. Quizás ahora yo sólo me volví un sinónimo de dolor y tristeza para ella. No somos amigos y ya ni siquiera somos conocidos... pero quizás siempre fuimos el uno para el otro. Qué tarde me di cuenta de eso, Mikasa...
Bajó su cabeza y apretó los párpados, apesadumbrado inexorablemente. Entender a estas alturas lo que ella significaba no servía de nada ya. Un triste y hondo suspiro pareció plasmar sus pulmones en el aire. Luego, caminó hacia la ventana, llevó sus manos a ella y procedió a cerrarla. Suficiente diatriba mental había tenido por esta noche. Lo mejor era dormir de una vez por todas.
Raudo, se dirigió a su habitación a cumplir lo antes dicho. No obstante, algún tipo de latigazo espiritual proveniente desde su corazón, detuvo en seco su caminar.
—Arrepentirse no sirve de nada... ¿o sí?
Como si se tratara de un rayo destellando en la más oscura noche, ese pensamiento le dio la claridad que tanto necesitaba. La que había buscado por tanto tiempo. ¡Tenía que hacer algo para cambiar las cosas! Maldición, debía hacer algo. Si se consideraba un verdadero hombre entonces no podía rendirse así; tenía que luchar por hacerle ver que podían construir un futuro juntos.
—Si Mikasa siempre peleó tanto para apoyarme y protegerme, ¿por qué ahora no podría luchar yo por ella?
Nuevamente el debate. Nuevamente la contradicción asomó. El intenso fragor del dilema se volvió abrumador, asfixiante, apabullante. La disyuntiva azotó su mente contra el pavimento una y otra vez.
«Pero puedes volver a hacerle daño. No puedes ser tan egoísta»
—No —dijo tajante—. Al contrario: el daño más grande de todos es estar con alguien a quien realmente no amas. Y dudo mucho que ella lo ame a él... —alzó su cabeza y aceró su mirada al entender que era imposible que estuviera enamorada de ese otro hombre. Mikasa iba a cometer un grave error y sólo terminaría haciéndole daño a su pareja, puesto que nunca lo amaría realmente. —Sí, voy a luchar por ella —afirmó con abrumadora seguridad —. Quizás es muy tarde, pero eso no lograra evitar que vaya por ella.— Su voz salió tan solemne, tan llena de fuerza, que ni siquiera un ápice de duda habría podido nacer —. Pase lo que pase, lucharé por ella. Porque ahora estoy más seguro que nunca de una cosa...
«¿De qué?»
—Que hace dieciocho meses cometí un gran error. No en la meta, sino en la forma de conseguirla. Y lo que haré ahora será corregir ese error. Ahora voy a luchar por ella porque estoy más seguro que nunca de algo: Mikasa es la mujer más importante en mi vida y siempre lo será. Esa es la única y gran verdad. Ahora lo sé.
Dirigió la mirada hacia su reloj de pulsera, comprobando lo tarde que ya era. Lo más prudente era esperar hasta mañana al mediodía para intentar verla, pero tener paciencia era una característica que nunca formó parte de su ser. Y mucho menos ahora.
Iría ahora mismo para hablar con ella. Caminó hacia su cuarto, mas esta vez no para dormir: se puso sus zapatos favoritos, volvió a poner el cinturón alrededor de su pantalón y una chaqueta de cuero negro cobijó a la camiseta blanca que ya llevaba. No necesitaba nada más.
Fue hacia la puerta de salida, pero, por un momento, pensó en el que se había convertido en el prometido de Mikasa. Él no era precisamente un amigo cercano, pero lo respetaba mucho. Fue aquel respeto lo cual lo llevó a cuestionarse su decisión una vez más durante un breve momento, pero finalmente optó por lo que no quería evitar de ningún modo... Debía seguir adelante a toda costa. Fuera como fuera, pero debía hacerlo. Necesitaba saber si Mikasa lo amaba realmente. Sólo así podría quedar tranquilo. Y si resultaba que no estaba enamorada, si ella daba la más mínima muestra de vacilación, él no dudaría en tomar esa señal como fundamento para pelear por ella.
—Lo siento mucho, pero no puedo dejar que Mikasa se case contigo sin hacer nada —dijo como si el prometido estuviera en frente suyo; sus ojos de color esmeralda llamearon fulgurante determinación a la vez que su semblante adoptaba el cariz del mejor guerrero espartano.
Abrió la puerta y dio un profundo respiro antes de atravesarla. Debía aunar fuerzas para enfrentar lo que se venía. Sin duda alguna sería algo muy complicado.
La batalla más dura que pelearía en toda su vida estaba a punto de comenzar. La batalla por reconectar dos corazones estaba a punto de iniciar.
—Mikasa, voy por ti... y nada ni nadie me detendrá. Ni siquiera tú, Jean.
Continuará.
