Disclaimer: Free!, historia y personajes originales no me pertenecen, solo aquellos hechos narrados en este escrito proceden de mi completa autoría.

Nota: A partir de este capitulo hay un salto temporal importante de entre tres a cuatro años desde la última vez que Sousuke vio a Makoto en el hospital. Dejando esto claro, por favor disfruten.

Pairing: Sou x Mako


Escape.

Capítulo 9:"Nueva ciudad, nueva vida".

Primero de Septiembre.

- Su currículo es impresionante. – Sonreía el hombre de grandes proporciones detrás del escritorio con una brillante placa que resaltaba el cargo "Director".

- Muchas gracias, Shimada-sensei, es un gran honor viniendo de un hombre con su gran trayectoria – Makoto trataba de mantener la compostura seria y afable, pero los halagos del director no le estaban siendo de ayuda… tenía que verse como un adulto hecho y derecho a sus 24 años postulando a su primer empleo como maestro de escuela.

- Solo hay algo que no entiendo – frunció los labios dejando los papeles a un lado para observar al joven frente suyo vestido con traje - ¿Por qué desea trabajar en una preparatoria tan pequeña e insignificante? Deportivamente hablando, claro. Nuestros alumnos poseen grandes talentos en cuanto al intelecto se refiere.

Muy bien, se había preparado justamente para ese tipo de preguntas. Horas y horas frente al espejo.

- Creo en los grandes talentos que vienen de lugares pequeños, Shimada-sensei. – Inspiró cerrando los ojos para soltar con más fuerza el discurso – Yo provengo de un pueblo pequeño en la prefectura de Aichi. También mi escuela era pequeña, y junto a unos amigos formamos un pequeño club de natación. Al inicio, nadie quería unirse, pero seguimos luchando junto a Amakata-sensei, nuestra maestra, por dos largos años, logrando llegar incluso a las nacionales. – hizo una pausa, para darle más dramatismo a la respuesta – Es por eso que creo que en esta escuela deben haber muchos chicos que necesiten un pequeño empujoncito para llegar mucho más lejos.

El regordete director estaba tan emocionado que le apretaba las manos en un efusivo saludo a su nuevo trabajo.

Gracias al cielo había practicado tanto aquella pregunta. Porque realmente ésa escuela era la última opción antes de caer en la pobreza máxima de cesantía.

Luego de terminar la universidad en Nagoya – ya que sus padres se negaron a apoyarlo en retomar el estudio en Tokio – termino por mudarse a Yokohama para participar trabajando en las investigaciones y proyectos de entrenamiento de alto rendimiento de uno de sus maestros; Pero todo lo bueno tiene final, así quedó sin trabajo e inició una infructuosa búsqueda por la ciudad (y así evitar tener que mudarse otra vez).

Realmente la cesantía debía estar golpeando la economía nacional, porque llevaba meses sin dar con un puesto fijo hasta que se encontró con un pequeño angelito de pelo rosa.

Hayato.

Shigino Hayato.

Hermano menor de Kisumi.

No tenía idea de que la familia Shigino se había mudado a Yokohama – tampoco es que supiera mucho de Kisumi per sé – pero Hayato aún lo recordaba de las prácticas en el club de natación de Iwatobi años atrás; conversando sobre sus planes, le mencionó que ya había logrado entrar a la preparatoria y que empezaría las clases en Septiembre, pero había escuchado que el maestro de gimnasia y coach del equipo de fútbol se había jubilado de improviso. Ésa era la oportunidad de Makoto para presentarse y obtener el trabajo.

Cuando salía de la oficina del director un segundo ángel aparecía en su campo de visión…

- ¿Tachibana? – un hombre alto vestido de camisa blanca y corbata daba grandes zancadas hasta situarse a su lado - ¿Tachibana Makoto?

- Oh… - quedó marcando la vocal con los labios hasta dar con el nombre - ¡Sugawara Koushi!

- ¡Pero que coincidencia, hombre! – le dio un palmetazo en la espalda – ¡No pensé que te volvería a ver después de la universidad!

- Ha pasado mucho tiempo.

- ¿Viniste por el aviso de maestro de gimnasia? – Makoto asintió – ¡Excelente! ¡Seremos colegas!

Sugawara soltó una gran risa al ver el confundido rostro del castaño. ¿Sugawara también se habría postulado al cargo? ¿No era solo un puesto de maestro de gimnasia?

- Es cierto, tú no estabas en ése entonces. – explicó – Cambié mi especialidad y terminé siendo maestro de matemáticas.

Makoto exhalo relajándose.

- ¿Entonces ya llevas un tiempo trabajando en esta escuela?

- Éste será mi segundo año, ¡así que puedes confiar en mí para lo que necesites! – Volvió a golpearle con fuerza la espalda. – Ya verás como te va a gustar este lugar.

Rieron animadamente mientras caminaban hacia a salida del edificio.

Habían sido años de no ver a su ex compañero de clases, se veía maduro vestido de traje y con el pelo grisaseo peinado hacia atrás, realmente se había convertido en todo un maestro de escuela.

- Este año tendré a cargo a una clase de primer año. Así que cuento contigo para asustarlos con los castigos jajaja – rio dando más palmadas. – ¿Te harás cargo de algún club? A ti te gustaba la natación, ¿no?

- Así es, pero el director dijo que quiere darle prioridad a los equipos bien formados que ya existen… como los de atletismo y fútbol… creo que también mencionó el de bakteball.

- ¿Te harás cargo de todos?

Makoto negó con la cabeza.

- Solo de esos tres de forma parcial…. Aun que si hay alguno extra que necesite mi ayuda pueden pedirla, supongo – se rasco el cabello en un gesto instintivo.

- ¡Suena excelente! Quizás me anime a ser orientador de algún club este año. – Observo su reloj de pulsera – Rayos, se me hace tarde. Nos veremos el lunes entonces! – se despidió con la mano antes de desaparecer rápidamente por uno de los edificios adyacentes.


Era primero de Septiembre y tenía tres días para planificar al menos un mes de clases para todos los de primer a tercer año.

¡¿En qué demonios se había metido?! ¡¿Qué demonios pensaba aceptando un empleo que demandaba horas y horas de planificación que no tenía listas?!

Miau.

Ah. Claro.

Comida para gato, comida para humano y la renta. Para eso era el trabajo.


Hoy por fin es su primer día oficial como maestro de gimnasia de la preparatoria, y no era para nada como se lo imaginaba. Terminó acarreando cajas, pelotas, pesas, colchonetas… había un desorden descomunal en las salas de materiales y aún faltaba terminar de trapear el piso del modesto gimnasio de la escuela.

Como su predecesor había partido de un momento a otro, no pensaba que realmente estuviese tan desordenado, pero bueno, no era un problema tan grande, en los últimos años se volvió obsesivo por el orden en el trabajo y la casa, aunque Nero – su gato – mantuviera un completo totalitarismo anárquico con la cesta de ropa y sus juguetes esparcidos por la sala.

Ése día fue la ceremonia de ingreso de los nuevos estudiantes y pudo ver a Hayato formado junto a sus nuevos compañeros. Se sentía alegre de por fin formar parte de un lugar donde pudiese hacer algo por los demás.

En ese momento se encontraba arreglando unas últimas cajas amontonadas en la bodega del gimnasio.

- ¿Tachibana-sensei? – Vio asomarse la pelirosa cabeza de Hayato por la puerta corrediza de entrada.

- ¡Aquí estoy! – Alzó un brazo para saludar, pero lo regresó inmediatamente bajo la caja que peligraba con caerse y desparramar su contenido al suelo. - ¿Qué haces aquí? Las clases empiezan mañana. Deberías aprovechar de salir con tus nuevos compañeros.

El chico negó con la cabeza tomando el peso de la mitad de la caja.

- Vengo a ayudarle. – sonrió dulcemente.

Definitivamente ése chico había crecido mucho desde la última vez que lo vio.

- Entonces ¿a qué club piensas inscribirte? ¿Basketball como Kisumi? – Preguntó Makoto cuando ya hubieron ordenado parte de la bodega y caminaba a buscar el trapero.

- Nooo… – canturreó Hayato – soy mucho mejor con mis pies, prefiero el futbol. – Bajó la mirada al suelo jugueteando con la punta de sus pies.

El mayor sonrió fraternalmente ante la escena, así de tímido y sonrojado le recordaba a Ren que aún no se sentía seguro de sí mismo - aun cuando ya había pasado fácilmente el metro ochenta de estatura - seguro que el pelirosa tendría apenas uno o dos años menos que su pequeño hermano.

- Entonces espero que nos veamos en las prácticas. – Tomó el trapo y al alzarlo sintió un tirón en la espalda ante el cual no pudo evitar soltar un leve quejido.

- ¿Está bien? – al momento el chico ya estaba a su lado.

- Tranquilo, fue solo un tirón. – Le tranquilizó Makoto. – Hoy he tenido que hacer mucho levante. Es normal que me moleste la espalda.

- Debería ver a alguien que sepa del tema...

Makoto se lo pensó un momento.

- Puede que tengas razón.

- ¡Yo conozco a alguien muy bueno! – anunció efusivo – Fueron amigos con mi hermano y es un fisioterapeuta excelente.

Sintió como, de la nada, le sudaban las manos. Tragó saliva que no sabía cuándo se le había acumulado en la boca.

- ¡EH HAYATO! – llamaron unos chicos gritando desde la puerta de entrada del gimnasio. – ¡Apresúrate! ¡Vamos a comer helado!

- ¡Ya voy! – Rápidamente sacó un cuaderno de su mochila y garabateó rápidamente una dirección antes de rasgar el papel y entregárselo al maestro. – Ésa es la dirección. Siempre tienen alguna hora disponible, aunque se llegue de improvisto.

- ¡Rápido, Hayatoooo!

- Vooooy – partió corriendo hacia la salida y se despidió con el brazo extendido hacia Makoto que le devolvió el gesto.

Observó el papel pensando en las miles de probabilidades de que aquel a quien se refería Hayato fuese Sousuke. Es decir, sabía que Kisumi y Sousuke se conocían ya que los había visto cercanos en el festival de Samezuka donde fueron durante el último año de preparatoria, parece que fueron compañeros en primaria junto con Rin incluso.

Nah.

Estaba siendo paranoico.

Hay miles de fisioterapeutas en Japón, miles de centros de consultas médicas, incluso, Kisumi tenía – muy probablemente – miles de amigos en Japón.

Seguía riéndose de su paranóico pensamiento mientras bajaba de la bicicleta, la ataba al pequeño estacionamiento indicado e ingresaba al edificio de medicina traumatológica.

- Deben haber como… ¿cuántos? Por lo menos 4 millones de Sousukes en el mundo. ¡Yamazakis deben haber unos 3 millones más! – sonreía para sus adentros mientras se acercaba al mesón y una pareja lo miraba extrañados al ver que hablaba solo.

Una dulce mujer le sonrió.

- Buenas tardes. ¿Tiene cita programada?

- No, lo siento… ¿hay alguna posibilidad de tomar una cita pronto o alguien que pueda verme ahora? – preguntó dubitativo.

- Claro. En este centro hay muchos estudiantes que vienen a realizar sus prácticas. Si no tiene inconveniente, ellos pueden atenderlo. – Explicó la mujer.

- ¿Estudiantes?

- Sí. Aunque son principiantes siempre están acompañados de un profesional calificado, por lo tanto estará en buenas manos.

Makoto asintió con un entusiasmo que no había esperado de sí mismo.

- Me gustaría si pudiesen verme.

- Por favor, tome asiento que lo llamarán en seguida. – Le indicó mientras le extendía un papel – Si pudiese llenar mientras tanto esta ficha con su nombre y datos personales, sería de mucha ayuda.

Pfff ¡Menos preocupación aun! ¡Estudiantes!

Por mucho que a Sousuke le costaran algunos temas de la universidad, habían pasado años y ya debía estar graduado y trabajando en algún lejano lugar ¡EN TOKIO! TOKIO ía riendo tratando de no soltar una carcajada audible. Estaba en Yokohama que – aunque estuviesen muy cerca – no era Tokio.

Tachibana seguía riendo de si mismo mientras llenaba la ficha con los datos.

- ¿Señorita, Tachibana Makoto? – Preguntó una insegura voz. Era un muchacho joven con el cabello corto y vestía una bata blanca con el logo de la universidad local.

Makoto se levantó de su asiento y se dirigió al chico que no debía tener más de 21 años.

- Soy yo. – Sonrió. El muchacho lo miró, luego al papel entre sus manos, de nuevo lo miró y el rostro se le tornó completamente rojo de la vergüenza.

- Lo Lo Lo LO SIENTOOO! – exclamó haciendo una pronunciada reverencia. – DISCULPE, SEÑOR TACHIBANAAAAAA!

- No, no, no hay problema – trató de tranquilizarlo, varias personas de la sala de espera los miraban curiosos – Estoy acostumbrado. Es porque mi nombre es de mujer.

- Seguro que ahora me reprueban… no podré terminar, estaba tan cerca de lograrlo….. – murmuraba el muchacho con el rostro sombrío y probablemente temiendo los peores escenarios para su futura evaluación.

Luego de varios minutos asegurándole de que realmente no estaba molesto y que aquello le sucedía bastante seguido, Makoto le entregó la ficha que había escrito y lo siguió por el pasillo hasta una puerta con la placa de "Box 2".

Dentro la habitación era relativamente pequeña, con paredes color crema donde colgaban varios cuadros sobre el cuerpo humano y su funcionamiento, había una camilla, pesa, un par más de artilugios que no reconoció a primera vista y un escritorio donde esperaba una chica de cabello rubio recogido en una coleta.

- Buenas tardes. – Saludó. – Por favor, tome asiento.

El muchacho cerró la puerta tras de sí y se sentó junto a la chica, Makoto se sentó frente a ambos e iniciaron las típicas preguntas generales: edad, tipo de lesión que lo llevaba a consultar.

- La espalda… quizás un poco sobre el hombro también. – indició moviendo circularmente el hombro izquierdo- Creo que me hice daño al cargar mucho peso.

- Ya veo ¿hace algún deporte?

Casi y les pone una mirada estilo "¿de verdad me estás preguntando eso?" ya que llevaba puesta la ropa deportiva con el logo de la preparatoria en el pecho. Sin embargo, sonrió.

- Sí, soy maestro de gimnasia.

- ¿Cuántas veces a la semana realiza actividad física?

¿No era esa una extraña pregunta? Le acababa de decir que es maestro de gimnasia. De todas formas le contestó:

- Mínimo cuatro veces de forma intensa por una hora. – Sacó cuentas rápidamente – O quizás un poco más.

El chico continuaba preguntando datos similares mientras la muchacha escribía en la computadora. Esos chicos le recordaban a las miles de horas prácticas que había pasado, tanto en Tokio como en Nagoya, primero muy tímido y preocupado por cada detalle, temeroso porque algún maestro o guía te reprendiera (sobre todo frente a los niños a los que enseñaba), pero en general los chicos parecían estarlo llevando bien.


Explica de forma pausada y tranquila poniendo énfasis en los dibujos explicativos del papel.

- Recuerde, son al menos una vez al día. – Repetía por enésima vez mientras la anciana lo miraba como si fuese la cosa más bonita del mundo.

Suspiró medio frustrado. Debía asegurarse de que la anciana comprendiera la importancia de hacer los ejercicios en casa, no de que lo encontraran bonito.

Se giró a la computadora para comprobar la anamnesis de la paciente que había escrito el interno. La redacción aún necesitaba pulirse, pero lograba englobar todos los datos necesarios para ser considerada aceptable.

- Muy bien, con esto podemos ya dar el alta. – Firmó unas recetas y colocó el timbre correspondiente.

Yamazaki Sousuke.

Fisioterapeuta.

- Muchas gracias, Yamazaki-san, usted es siempre tan bueno conmigo.

- Usted preocúpese de mantenerse activa. – Esbozó una media sonrisa – Y tenga cuidado, a su edad no queremos que se le rompa la cadera. – Se volvió hacia el muchacho que lo observaba con detenimiento– Ahora debo ir a ver a tus compañeros del box 2 ¿Crees poder con el siguiente paciente sin mi ayuda? – el joven asintió asegurándole que tendría todo bajo control.

Se despidió de la anciana y salió al pasillo mirando la hora en el celular. Alcanzaba a ir por un café a la sala de descanso antes de ver a los novatos del box 2. Contó un par de monedas y las metió en la máquina expendedora.

Eran unos chicos que apenas si manejaban la teoría básica para poner en práctica, por eso los dejó donde solían agendar a los pacientes que llegaban a consultar por dolores típicos y poco urgentes. Al menos – creía – ellos podían llevar una entrevista sin comprometer la vida ni la seguridad de nadie.

Probó el café de la máquina expendedora. Chasqueo la lengua. Estaba caliente y le faltaba azúcar. Su celular hizo un ruido sordo al vibrar en el bolsillo de la chaquetilla azul rey, tenía otro mensaje con el mismo remitente de siempre:

"¿Cerveza? ¿Hoy? Te paso a recoger a la salida!"

Eso se comenzaba a tornar molesto, definitivamente aquella persona parecía no comprender que "No" significaba "No".

Texteó una escueta respuesta esperando que al menos le diera otros veinte o treinta minutos de paz.

"Es lunes."

Bloqueó el celular y dejo tirado el amargo café. No tenía ganas de salir, menos a beber con alguien tan insistente. Bueno, sí, era divertido, pero de verdad era apenas inicio de semana y tenía mucho trabajo diurno aún en las consultas (sin contar la supervisión a sus pequeños estudiantes de la universidad). Ni hablar de lo que le esperaba en sus rondas en el hospital general para el día siguiente.

- Bueno, hay que seguir trabajando. – Se mentalizó haciendo tronar los dedos de sus manos antes de entrar al box número 2.

Ahí se encontraban: la muchacha de cabello recogido estaba muy concentrada en anotar todo en la computadora y el muchacho lo miró instintivamente al sentir su presencia, el paciente se encontraba dándole la espalda a la puerta, por lo cual no pudo apreciarlo bien, parecía ser alguien joven y deportista, no le tomó mucha importancia al ver como el chico se tropezaba con sus pies al dirigirse rápido hacia él.

- ¡Aquí está el reporte, Yamazaki-sensei! – le tendía unas hojas con una caligrafía desprolija. Ugh, seguro le iba a costar leer ese documento.

- Les dije que cambiaran ése honorífico. Me basta con que no me traten de tú frente a todos. – murmuró molesto hojeando los papeles. – Muy bien, entonces aquí tenemos a… Rarkoto Jarchiana? – Trató de entender los jeroglíficos.

El muchacho pareció encender alarmas al ver su trabajo más reciente – nuevamente – arruinado.

- Disculpe, ¿cuál es su nombre? – terminó preguntando Sousuke aun tratando de adivinar lo que decía el bendito papel.

- Makoto Tachibana – corrigió el hombre que se giraba para darle el frente.


Hello!

Gracias por leer este capítulo ! Significa que no estuvo taaaan terrible el anterior y quedaron con intriga de saber qué seguía XD

Hay bastante cambios aquí... partiendo que por fin hice un capitulo de más de 2500 palabras! (un poquito más) es todo un record para mí! Además, en mi opinión personal, me gusto mucho escribir este capítulo, lo disfruté... así como disfruto los próximos que vienen!

Bueno, Makoto por fin sacó su carrera universitaria y consiguió trabajo en una preparatoria luego de haber trabajado con sus profesores y quedar cesante... tiene un apartamento y un gato llamado Nero que es un ser demasiado especial, ya sabrán por qué.

Sousuke también terminó su carrera y es un fisioterapeuta (así es la palabra? de verdad que si no lo es y alguien sabe el término correcto no dude en decírmelo! estare eternamente agradecida porque no lo encontré en internet :c) que trabaja en un centro de medicina traumatológica y hace rondas en el hospital general. Pero ¿quién es la insistente persona que le envía mensajes de texto y lo quiere llevar a beber? ¿Sera Rin? ¿Será Haru? ¿Será su nueva pareja? ¿Seré yo cumpliendo mi sueño en mi propio fic? También eso es tema para un próximo capítulo xD

¿Qué harán ahora que se encontraron frente a frente? ¿Actuarán como si nada hubiese pasado o se agarrarán a besos desenfrenados frente a los pequeños polluelos estudiantes?

Espero de verdad que les haya gustado! y que por favor le den una oportunidad.

Gracias por el review de Gaslit que me dio ánimos de terminar el capítulo y subirlo hoy :P (L) gracias gracias.

Besitos! Recuerden dejar sus comentarios (aún cuando sean negativos) siempre ayudan al show!