Disclaimer: Free!, historia y personajes originales no me pertenecen, solo aquellos hechos narrados en este escrito proceden de mi completa autoría.

Nota: Esta vendría a ser la continuación del oneshot titulado "Makoto Tachibana es una mala persona", por si no lo han leído, les recomiendo hacerlo antes de continuar. En realidad no afecta en nada a la historia, pero ese es su origen.

Pairing: Sou x Mako

Resumen: Makoto lleva unos cuantos meses viviendo en Yokohama y por fin ha encontrado un trabajo de profesor de gimnasia en la preparatoria Midori Ao, se ha reencontrado con Sugawara Koushi y Shigino Hayato luego de varios años. También se ha reencontrado con Yamazaki Sousuke, a quien ha invitado a almorzar pasadas las 6 de la tarde.


Escape.

Capítulo 11: "Efecto cerveza"

Hay quienes dicen que solo existe un gran amor en la vida, el único y gran amor: pasional, carnal. Típico de la adolescencia. Donde se ama y se odia de un segundo a otro consecutivamente con una tremenda intensidad, como si el ser humano fuese incapaz de amar a más seres a la vez.

El amor es algo expansivo, crece. Es un recurso inagotable, renovable e ilimitado. No se destruye ni se transforma: se crea, nace y crece al infinito.

Es algo intangible, se expresa y se vivencia de muchas maneras. No solo en una pareja romántica. Padres, amigos… hermanos.

Somos seres vivos, que laten, vibran y se emocionan.

¿Estás realmente seguro que no hay amor ahí, Makoto?

No deberías hacer eso, Haru – le hablaban al otro lado de la línea telefónica. Era un sonido lejano y entre cortado a ratos. La conexión internacional era realmente mala en su compañía telefónica.

Nanase Haruka, joven de 21 años de edad, relucía aquel característico rostro estoico sin emoción aparente, pero a medida que avanzaba por las oscuras calles de Tokio se hacía más evidente la molestia reflejada en su mirada. Matsuoka Rin continuaba tratando de persuadirlo, que desistiera del cometido que estaba dispuesto a hacer ¿Por qué? Por simple y puro amor fraternal.

Él ha tenido suficiente ya… Mira, deja que hablé con Lori y creo que podré llegar a Japón a finales de Enero.

– Ha sido suficiente tiempo ya. Además esto no es tu asunto, Rin. – soltó irritado y colgó la llamada antes de que siguieran replicando su actuar.

Era pleno invierno y Haruka sentía el frío lacerar la piel de sus mejillas, como diminutas agujas de hielo. La zona residencial estaba vacía a aquellas altas horas de la noche, ya casi llegados a media noche. Si el cielo no se encontrara encapotado como estaba, de seguro la luna lo miraría burlón desde lo más alto.

No podía creer lo que iba a hacer.

Tocó el botón de llamado en el panel de entrada de aquel pero nadie contestó, esperó un minuto antes de volver a tocar, más largo esta vez, hasta que una voz grave y con un dejo de hastío contestó.

¿Quién es y qué quiere? ¿No sabe acaso qué hora es?

– Yamazaki – habló claro – necesito hablar.

De la bocina se escuchó audible el resoplido del aludido seguido por las palabras arrastradas con desgano.

Sabes que ya no está aquí, así que puedes irte a molestar a otro lado.

– Te estoy buscando a ti.

Pasado un minuto de indecisión un chirrido en la reja le indicó que pasara adelante. Tragó grueso, ya no podía echar marcha atrás.

Eran unos típicos departamentos en los suburbios de la capital. El edificio tenía las paredes desteñidas, quizás fueron crema o amarillo alguna vez, y apenas tenía 4 pisos, sin ascensor. A aquellas horas de la noche solo estaban iluminados los pasillos, pero ninguna ventana de las de la calle indicaba que alguien siguiese de pie.

Subió por las escaleras hasta el tercer piso y se detuvo frente al departamento que figuraba con el número 301. Levantó el puño y tocó 3 veces la puerta que se abrió dejando pasar la tenue luz de la entrada.

– Existe el timbre. – Yamazaki Sousuke hizo acto de presencia tras la puerta, traía unos viejos pantalones de gimnasia junto a una desgastada playera roja. Se hizo a un lado dando a entender una silencia invitación a pasar.

El departamento era pequeño, apenas un ambiente con una cocina americana, una mesita baja de centro y la cama desordenada – donde muy probablemente había estado durmiendo Yamazaki – eran todo lo que abarcaba la vista. Era exactamente como Makoto se lo había descrito: sencillo y cálido.

Se quitó los zapatos en el genkan y siguió al dueño de casa, quien le indicó que se sentara en la mesa de centro y le sirvió un vaso de agua, claramente por mera cortesía.

– Supongo que debes de tener una muy buena razón para venir a estas horas de la noche sin ser invitado. – habló molesto mientras dejaba el vaso frente al inesperado visitante. – Ya sabes que él se fue a Iwatobi.

– Lo sé, Rin me contó y después lo ví con sus padres. – guardó silencio un momento tratando de pensar cómo dirigir la conversación hacia donde él quería ir. – No te voy a mentir, Yamazaki – empezó a hablar Haruka una vez se encontraron frente a frente – Sé que yo no te agrado.

– En eso estamos de acuerdo, Nanase. Pero sigo sin ver la razón para que vengas a molestar a media noche a mi casa. – Sousuke mantenía su mirada al frente, desafiante y a la vez ¿distante? Haruka no era capaz de definir de forma clara, no lo conocía tanto.

– El otro día estabas en el hospital.

La mirada verdeazulada apenas viajó un segundo hacia él antes de volver a alejarse, pero no dijo nada. Tal parecía que iba a ser más difícil de lo que pensaba. De todas formas decir "el otro día" era demasiado considerando que habían pasado meses desde aquello.

El silencio se extendió por demasiado tiempo, tanto que incluso le empezaba a irritar.

– Makoto estaba ahí.

– Lo sé. – contestó cortante.

– Lo viste.

– Tú también – habló irritado – ¿Cuál es tu maldito punto?

Haru asió con delicadeza el vaso y bebió un poco de agua, el líquido siempre lograba calmarlo ante una situación estresante.

– Sé que no tengo derecho a meterme en el asunto que tengan entre ustedes. Sé que me comporté mal cuando trataste de contar lo que le sucedía a Makoto… – jugueteó con una gota de agua que resbalaba por el cristal del vaso. – en verdad lo lamento.

Aquellas palabras parecieron tomar por desprevenido al dueño de casa, quien abrió los ojos sorprendidos y terminó con una suave sonrisa que no le logró llenar de felicidad sus orbes verdeazulados.

– Me alegro que por fin aceptes tu estupidez, Nanase. – se acomodó apoyando las manos en el suelo tras su espalda. – Por fin se reconciliaron. – Haruka asintió con la cabeza y él mantuvo la mirada pegada en el techo de la habitación – Eso es bueno, Makoto te necesita.

– Eso no es cierto. Al que Makoto necesita es a ti.

Eso tenía que ser una broma. ¿Cuánto había pasado? Cuatro meses por lo bajo. Cuatro meses desde que recibió el mensaje de Tachibana, un poco menos desde que lo viera en el hospital con Nanase. Y el sentimiento que arrastró por esos meses había sido un mal sabor en la boca constante: pasó noches en vela tratando de re-acostumbrarse a la antigua rutina de estudios; de re-habituarse a la soledad del departamento. Tarde se dio cuenta que el sentimiento por proteger a Makoto había ido mucho más allá de ver a una persona necesitada. Había cariño allí. Había una especie de amor.

Un amor que le hacía daño.

¿Qué podía responderle a Nanase en ese sentido? No podía mentir, en cualquier minuto el recibir una declaración como "Al que Makoto necesita es a ti" sería la partida perfecta a la carrera para reencontrarse con él. Pero ¿estaba realmente bien hacerlo? ¿No lo volvería a dejar a la primera oportunidad de recibir el apoyo de quienes históricamente estuvieron a su lado? Él había sido una solución parche, un acompañante y cuidador temporal. No, Makoto no lo necesitaba a él, era él quien necesitaba a Makoto, y eso no estaba bien.

.

.

.

¿Por qué se acordaba ahora de un momento como aquel? En ese momento el corazón se me aceleró a mil por hora. No quise creerle en un primer momento, más que nada era demasiado para soportarlo en tan poco tiempo.

¿Qué esperaban? Él estaba donde debía estar, con su familia, en su pueblo, en su nido donde podría entender cosas y recuperarse bien. ¿Yo? Yo tenía que continuar con mi vida.

Años pasaron desde la sorpresiva visita de Nanase a su pequeño departamento de estudiante en Tokio. Hoy en día era un joven y prometedor profesional en el campo de la rehabilitación física radicado en Yokohama.

La tarde caía suave y apacible. A pesar de ya haber empezado Septiembre hace una semana, el frío aún no se hacía completamente presente en el ambiente, es más, estaba seguro que el calor había subido desde que ingresaron en un restaurante familiar no muy lejos del trabajo de Sousuke.

Se sentaron en la barra tras la cual un sonriente hombre con singular bigote canoso les dio la bienvenida. Ambos pidieron un caliente plato de ramen y se dispusieron a esperar.

Makoto tomó aire con la idea ya fija en su mente: dar las gracias al moreno por todo lo que había hecho por él en su peor momento.

– Oye, Sousuke…- empezó a hablar luego de que el moreno diese un sorbo a la cerveza que les sirvió el dependiente. – Hay algo que necesito decir.

Sousuke dejó a un lado el vaso y pasó la mirada cautelosa sobre Makoto. En ese momento sonó su teléfono celular con una cancioncita pegadiza de las que traen por default, lo sacó del bolsillo para ver la llamada entrante.

– Contesta, no hay problema – sonrió el castaño.

Con un leve asentimiento de cabeza deslizó el dedo sobre la opción de aceptar la llamada y se llevó el aparato al oído.

– ¿Aló? Sí, estoy en el local… no, el que está a cuatro cuadras… - el moreno desvió la mirada con las cejas levemente fruncidas – no es necesario… sí, estoy con alguien – Algo debió replicar quien fuese a estar al otro lado del teléfono, pensó Makoto, ya que el moreno torció el gesto como no saber qué responder – no… no es necesario que vengas…

El hombre de bigote canoso se volvió hacia ellos depositando dos grandes fuentes humeantes de ramen. Makoto le agradeció y de soslayo vio como Sousuke cortaba la llamada.

– ¿Complicado? – aventuró un adjetivo el castaño para iniciar conversación.

– Algo así… – respondió guardando el aparato en el bolsillo – ¿qué era lo que ibas a decir?

Makoto sonrió tratando de convencerse a sí mismo de hacerlo de una sola vez por centésima vez.

– Te quería agradecer… – tomó los palillos y jugueteó con un fideo que bailaba juguetón fuera del plato – Por todo lo que hiciste por mí.

– Yo no hice nada. – Sousuke respondió y bebió de la fría cerveza tratando de no parecer muy interesado en el caso. Pero la verdad, era que sentía la necesidad de beber alcohol para poder resistir aquella charla que proponía Makoto.

– No tienes por qué ser modesto, Sou – se atrevió a llamarle por aquel apodo cariñoso – Si no fuese por ti yo... – se mordisqueó el labio inferior –… yo no estaría aquí. – Bajó la mirada para evitar que viese sus ojos llenos de culpa – Gracias a ti ya estoy curado.

– ¿Estás "curado"? – Makoto levantó el gesto encontrándose con los ojos verdeazulados que parecían sombríos e incrédulos a partes iguales - ¿Así como así?

– ¿"Así como así"? – Repitió confundido. – Digo… pues fue gracias a ti y mis padres… también Haru… nosotros… arreglamos nuestros problemas y fue un gran apoyo.

Yamazaki soltó una pequeña risa volviendo los labios a la cerveza.

– ¿Qué es tan divertido? Es un asunto serio

– Por eso mismo me río – Bajó el vaso clavándole la mirada. Makoto sintió un calosfrío recorrer la columna vertebral – Crees estar "sano" como si todo lo que pasaste no fue más que un simple resfriado. Como si el hecho de que yo, tus padres o Nanase estuviésemos ahí fuese suficiente para que tus cambios sean verdaderos.

El moreno giró en su taburete y colocó ambas manos sobre sus rodillas, permitiéndose el inclinarse hacia adelante. El castaño olvidó como respirar en ese mar verdeazulado que lo acechaba desde tan cerca.

– Puedes verte "sano", tratar de actuar como si fueses el mismo Makoto Tachibana de la preparatoria. – Sentía como el aliento cargado de alcohol le golpeaba el rostro. No era desagradable, era, incluso, excitante. – Pero tus ojos no mienten – Sentenció Sousuke – Mientras no seas tú mismo quien se levante no habrá "cambio" que perdure. – Y dicho esto regresó a su asiento.

Recién entonces Makoto pudo volver a respirar con normalidad, sentía el calor del lugar demasiado ardiente. Regresó la mirada hacia el humeante plato de ramen y ya no se le antojaba comer algo tan caliente, por lo cual bebió de la cerveza intacta que tenía frente suyo para refrescar la garganta que tenía hecha un lío.

Pasaron unos cuantos minutos en que se dedicaron solo a comer y beber en partes iguales. Makoto tratando de mantener firme sus ganas de NO llorar y Sousuke tratando de no volver a pensar en negativo.

Justo había estado recordando la visita de Nanase antes de que ingresaran al lugar, de verdad el universo debía estar en su contra… él solo quería olvidar, estar tranquilo, seguir trabajando y ser feliz ¿Tan difícil era eso?

– Bienvenido. – El dependiente saludó a un nuevo cliente que ingresaba al lugar. Makoto lo observó de soslayo y le pareció familiar de algún lado.

Tenía el cabello castaño lacio peinado hacia el costado derecho, su paso era grácil y parecía estar en forma, aún más llevando desabrochado los primeros botones de la camisa blanca y el saco del traje colgando en su brazo, unas muchachas que estaban sentadas al otro lado de la barra se les notaba a kilómetros la baba. Pero lo que más llamó la atención de Tachibana fue la mirada llena de odio y rechazo que le lanzó el recién llegado a su persona, parecía que sus ojos violetas trataban de perforarle el cráneo.

– Sousuke – habló el recién llegado yendo directo hacia el moreno y estampó los labios en un posesivo beso frente a la atónita mirada del dependiente y del mismo Makoto. Las chicas de la barra chillaron por lo bajo. – Pensé que bromeabas cuando dijiste que estabas acá, creí que decías que después de anoche no volverías a beber en muuuucho tiempo.

Makoto sintió como algo se revolvía en su estómago y otra cosa se le resquebrajaba dentro.

– Yo no bromeo… - masculló sonrojado Sousuke. – te dije que no era necesario que vinieras hasta acá.

– ¿Y perder la oportunidad de verte? Ni loco. – Esbozó una sonrisa torcida y se volvió al desafortunado acompañante. – Tachibana Makoto, tanto tiempo.

El aludido salió de sus cavilaciones y miro sorprendido.

– Disculpa… ¿te conozco? – trató de sonreír cortés y afable, pero más parecía estar pidiéndole a Sousuke que los presentara.

– Minami Kazuki, de Samezuka. – Habló el recién llegado – y su novio. – Terminó por sonreír ante unos aterrados ojos verdes.


HELLO! ~ Tanto tiempo!

Les cuento: Mi notebook murió, fue horrible, lo perdí todo, lloré a mares. snif snif.

Además conseguí trabajo (yeeeei!) y ya no tengo tanto tiempo (buuu) :c así que notarán que las actualizaciones irán, pero muuuuuuuchisimo más lento. I'm sorry.

BTW... quería hacer más largo este capítulo, pero me parece mejor dejarlo ahí, como para cerrar esa comida que estaban esperando... PERO QUE FINAL SEÑORES! LLEGAN A BESAR A SOUSUKE y la galería grita "SÁQUELO ARBITRO! NO VÉ QUE LE HACE DAÑO!?" (ya escribo sin sentidos (?))

Gracias a todos los que leen esta asquerosidad :,D LES AMO INFINITAMENTE.

DATO DE UTILIDAD PÚBLICA:

La película ya está con sub-español en dos páginas de Facebook "Kurose Riku Latinoamérica" y en "Yaoi Force" (yo me ví la de yaoi force, no sé que tal la otra...).

Es el dato que me pidió Elocuencia 179 que dejara al final de este capítulo.

BESOS Y ABRAZOS BABOSOS A FER Y LITH 3

Ya no tengo cerebro para seguir escribiendo acá... y seguro que se me van cosas importantísimas que decir...

AH! Actualicé el capítulo 10, para que lo relean, que se le arreglaron varias cositas (*gracias a Fer*)

Byes~