Disclaimer: Free!, historia y personajes originales no me pertenecen, solo aquellos hechos narrados en este escrito proceden de mi completa autoría.

Nota: Esta vendría a ser la continuación del oneshot titulado "Makoto Tachibana es una mala persona", por si no lo han leído, les recomiendo hacerlo antes de continuar. En realidad no afecta en nada a la historia, pero ese es su origen.

Pairing: Sou x Mako

Beta-reader: Gaslith

Resumen: Makoto se encontraba compartiendo con Sousuke, tratando de abrir su corazón sobre lo ocurrido años atrás. Sin embargo, llega de imprevisto Minami Kazuki, el actual novio de Sousuke y antiguo miembro del Club de natación de Samezuka.

¿Qué hace Hayato en medio de esta extraña historia?

Nota: la nueva imagen de portada es traída a ustedes por Gaslith.


Escape.

Capítulo 12: "Amor crepuscular"

Un estrépito sordo rompió el tranquilo crepúsculo en el hogar. Makoto había corrido desesperadamente hasta su departamento apenas se hubo despedido de la pareja.

Pareja… já… ¿en qué había estado pensando? Habían pasado casi 4 años desde esa extraña aventura junto a Sousuke, ¿de verdad era tan ingenuo como para creer que el moreno no había continuado con su vida? Eso era lógico, era un gran hombre, con buen trabajo, inteligente, correcto, amable, cariñoso. Tenía todo lo que se podía pedir al universo.

Apoyando la espalda contra la puerta principal cerrada, se fue resbalando hasta quedar sentado en el gekan*, con las piernas flectadas y escondiendo el rostro entre las rodillas, rodeó las piernas con sus brazos. Quería desaparecer, hacerse pequeñito y perderse en un mar profundo donde nadie lo encontrara.

El llanto de un pequeño minino llamó su atención. Levantó la vista por sobre las rodillas y vio la pequeña bola de pelos sentada frente a él. De pronto toda la tristeza que sentía se vio disminuida. Se incorporó quedando sentado en seiza**, Nero corrió a su regazo y Makoto lo acunó con ternura.

– Demoré más de lo que pensaba, lo siento mucho, Nero. – susurraba mientras acariciaba su negro pelaje – Seguro que te sentías muy solo.

Se levantó y entró en el discreto departamento acariciando al gato, sintiéndose culpable por dejarle solo hasta tan tarde, a pesar de ya haber cumplido los 8 meses aún era de pequeño tamaño y se comportaba como tal, solía llorar cuando se demoraba mucho en llegar a casa. Llenó el platillo con comida para gato y le rellenó el otro tazón con agua. Se quedó observándolo mientras el felino comía feliz.

– Hoy lo vi otra vez. – sonrió tristemente Makoto – Fuimos a comer juntos, es muy amable como siempre. Pero, ¿sabes? Tiene novio. – el minino levantó la cabeza para mirarlo como intrigado. – No me mires así, ya sé que es natural, pero… pero… ¿qué voy a hacer? No lo he podido olvidar.

– Miaaaaau – alegó el gato, como si estuviese dándole un sermón al castaño. Makoto casi y podía escucharlo decir "¡Deja de lamentarte y has algo! Es amor lo que sientes, ¿no?"

– Debería haberlo llamado cuando tuve la oportunidad antes… - comenzó a lamentarse de cuenta nueva. – Podría haberlo llamado por alguna fecha importante… navidad, año nuevo, su cump…

Una idea fugaz se alojó en su cabeza.

Levantó la vista hacia el calendario que colgaba en el refrigerador. Tenía tiempo. Unos días por lo bajo.

Una sonrisa comenzó a formarse de manera imperceptible en su rostro. ¿Qué él no había cambiado? Para nada, él le demostraría a Yamazaki Sousuke de lo que el nuevo Tachibana Makoto era capaz.

No. No se iba a rendir. Si Sousuke ya no lo quería, que al menos le dejara luchar.

Decidido tomó un marcador para dejar un gran círculo rojo en el número 14.

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Shigino Hayato es un chico sencillo, tímido y muy atento para con el resto de las personas. Desde pequeño ha sido bastante contrario a su extrovertido y excéntrico hermano mayor; solía llevar el cabello muy corto, y siempre que podía se ocultaba tras la protectora figura de Kisumi. Todo hasta que conoció al entrenador Tachibana.

– Muy bien todos ¡Reúnanse! – Llamó a los pequeños el entrenador Sasabe – Makoto, preséntate.

Hayato no conocía al hombre que se encontraba junto al entrenador. Era muy alto, incluso más que su hermano, pero a pesar de ello se veía nervioso, y eso le parecía muy raro…

– ¡S-Sí! – El hombre se giró hacia ellos y sonrió amablemente – Eh… Hola. Soy Tachibana Makoto y seré su entrenador asistente a partir de hoy. – Hizo una reverencia saludando a todo el grupo – Mucho gusto.

– ¡Mucho gusto! – Contestaron las pequeñas voces a coro.

Hacía un tiempo que había empezado a asistir a clases de natación en el nuevo Club de Natación Iwatobi Returns, pero no había quien le quitara aquel miedo de la piel al pequeño Shigino.

Recordaba vívidamente aquel paseo en familia junto a sus padres y a su hermano mayor. Iban en un bote en alta mar, él estaba muy contento, ¡jamás había estado en un bote antes! Su hermano continuamente le avisaba que tuviese cuidado, que no fuese a caer al agua, pero Hayato no lo escuchaba, todo era tan lindo, tan brillante. Todo era muy divertido. Cada tanto rato saltaba de un extremo del bote al otro maravillado con los colores del mar y los peces que tímidamente paseaban a unos metros alrededor de la embarcación.

Tan embelesado estaba en los vivos colores del agua que brillaba bajo los rayos del sol que trataba de tocar el agua con la punta de los dedos de su manita. ¡Estaba tan cerca de lograrlo! Un pequeño oleaje fue producido por un barco que pasó cerca y desestabilizó el equilibrio del bote, Hayato no tuvo oportunidad de sujetarse y cayó al agua de cabeza.

¿Dónde estaban los colores? ¿Dónde estaban los pececillos lindos que nadaban por esas aguas?

No podía respirar, tenía el pecho oprimido, lleno de agua.

Miedo.

Se estaba hundiendo, por más que pateara y moviese los brazos no dejaba de hundirse.

Quería salir de ahí.

Una fuerza mayor lo llevó de regreso a la superficie y lo obligó a soltar toda el agua que tenía en los pulmones. La sal le ardió durante horas.

El resto, es historia: Tenía tanto miedo al agua, que se lo tragara de nuevo que se resistía a las clases obligatorias en su escuela primaria. Luego empezó a asistir al club llevado por su hermano mayor.

Él no quería ir, ¡ÉL ODIABA EL AGUA! Incluso se lo dijo al entrenador Tachibana.

En toda su inocencia, le confesó que odiaba el agua, que tenía miedo, que no quería estar ahí. Y el entrenador no se rindió. Tomó sus manos y le llevó a través del agua.

Pasó el tiempo y el entrenador Tachibana Makoto terminó su trabajo en el club. Iba de visita algunas veces y eso emocionaba mucho a Hayato. Luego ya prácticamente no se veía por el lugar, había escuchado de su hermano decir que se había mudado a Tokio para estudiar en la universidad. Ese mismo año su padre fue transferido de trabajo a Yokohama, y también tuvieron que partir.

Pasaron los años y fue un día a mediados de Agosto. Hayato iba por la calle de regreso de las compras a último minuto que su madre le había pedido para la cena: arroz, tres tomates maduros y una lata de conservas.

A esa hora del crepúsculo no quedaban niños jugando en el barrio. Repasando en su mente los artículos comprados, cruzaba el parque que quedaba a pocas calles de su casa, así era más rápido acortar camino por ahí antes que seguir recto por la vereda, le llamó la atención una figura grande y de cabellos enmarañados sentada en los columpios.

Sin saber por qué, se quedó observándolo, aquel extraño mantenía la mirada fija en el suelo mientras se mecía suavemente en el juego. No estaba seguro que los columpios estuviesen hechos para personas tan grandes. Contrario a cualquier actitud normal en él, empezó a caminar hacia este extraño hombre, sin saber por qué, el corazón parecía acelerarse con cada paso que daba, hasta que lo supo al encontrarse frente a esos profundos ojos verdes y esa infinita sonrisa, que jamás olvidó al entrenador Tachibana.

Ahora siempre lo veía con ojos soñadores, con sonrisas infinitas. Era tan feliz de tenerlo como su maestro en la escuela y su entrenador en el equipo de fútbol que no daba más de la felicidad mientras observaba embelesado la fotografía que sostenía entre sus manos.

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Se bajó de la motocicleta que detuvo su andar al detenerse el motor frente a una puertezuela anaranjada con una placa en la entrada. Kazuki se quitó el casco y se arregló la cabellera, miró extrañado al conductor.

– ¿No vas a entrar, Sou-chan?

– Ya te dije que no me gusta que me llamen así. – protestó el aludido sin dirigirle la mirada ni hacer ademán de quitarse el casco.

– ¿Ah? ¿Acaso estás molesto por lo del restaurante? – El castaño se posicionó frente a la motocicleta para mirar directo a su novio con las cejas fruncidas.

– Te dije por teléfono que no había necesidad de que fueras.

– ¡Pero lo hice! ¡Y mejor que lo hice! No me gusta cómo te pones cuando algo se trata de ese – hizo énfasis como en despectiva al hablar de Tachibana. Sousuke no respondió más que evitando con la mirada las penetrantes palabras. – ¡Eres imposible! ¿Acaso no recuerdas lo mal que estuviste por su culpa?

– No es tu asunto. – Contestó seco sin voltearse.

– Pues, sí, ahora lo es. – Minami estaba perdiendo la paciencia.

Llevaban apenas un mes saliendo juntos. El castaño estuvo al menos dos años tras los pasos de Sousuke, desde que se lo encontrara un día que parecía ser un día cualquiera. Rin Matsuoka estaba pasando una temporada en Japón y no iba a perder la oportunidad de pasar tiempo con su mejor amigo. Se sentía mal por dejarlo solo tanto tiempo, sabiendo cuánto sufría en silencio aún por la ida de Makoto de su vida. Había pasado al menos un año y algo más desde ello, pero por muy armado y funcional que actuara Sousuke, Rin sabía de sobra que en realidad no estaba bien. Por eso decidió armar una fiesta.

No, no era solo "una fiesta", aquella sería "LA OLÍMPICA FIESTA DE RIN MATSUOKA". Tenía todo planificado: arrendó la sala de eventos del departamento donde vivía Gou en la ciudad, se contactó con antiguos compañeros de Samezuka, amigos de la universidad de Gou, gente que conociera a Sousuke, llenaría el lugar de frituras y alcohol en cantidades industriales. Hasta luces disco se encargó de conseguir para dar todo el ambiente. Es que, claramente, las fiestas australianas lo habían llevado a otro nivel de divertimento.

Seguro que su entrenadora reprobaría rotundamente aquel exceso.

No fue difícil convencer a Gou de permitirle el uso de la sala de eventos, sabía que su hermana no se resistiría a tal alocada petición… Gou también amaba las fiestas. El más difícil de convencer fue Sousuke. Tan retraído se había vuelto que no se animaba mucho con el alcohol y la perdición de las fiestas estudiantiles. Pero luego de llorarle un par de veces y jurarle y re-jurarle que en verdad era importante para él, el moreno no pudo más que aceptar.

Eran las 7 pm y Matsuoka se encontraba limpiando el salón con unos lentes de sol sobre sus ojos mientras se movía al son de la música electrónica que puso de fondo. Sousuke abrió la puerta y entró al lugar con los auriculares puestos como siempre, saludó apenas levantando la mano.

– ¡Eh, Sousuke! – Corrió Rin a saludar chocando puños con su amigo, entonces notó que el chico no se quitaba la música – oye oye, ¿qué tanto escuchas? – Antes de que el moreno pudiese reaccionar, Rin ya tenía puesto uno de los auriculares y se quedó helado en el acto. – ¿En serio? – no pudo más que observarlo con las cejas alzadas y los lentes de sol deslizados por el puente de la nariz, incrédulo – ¿Ricky Martin? Really, Sousuke? Really?

El otro no pudo hacer más que quitarle el auricular y fingir que no lo había escuchado con las mejillas rojas de vergüenza.

– ¡No No No! – exclamó el pelirrojo al ver como su amigo volvía a colocarse el auricular. Le quitó el aparato y lo guardó en su bolsillo – Escucha, esta es una noche para DI-VER-TIR-SE. Así es que deja ya estas mamonadas y ayúdame a colgar las luces.

Luego de un par de chistes a costa de Yamazaki, se pusieron manos a la obra. Tal y como había planificado Rin, luego de todos los ajustes necesarios, el salón de verdad parecía una disco australiana. De a poco los invitados empezaron a llegar y la fiesta fue tomando fuerza, incluso él mismo hizo de dj y subió a tope el volumen de la música.

A pesar de que su idea original era hacer aquella fiesta para que Sousuke moviera su ánimo depresivo y monótono, no contaba con que apareciera alguien a tratar de mover algo más.

Desde su pequeño rincón de SharkDjOlimpic, Rin era capaz de observar como Sousuke apenas si socializaba con algunas personas. Un par de chicas ya se estaban apartando de su lado luego de darse cuenta que el moreno no tenía ni la más mínima intención de sacar a bailar a ninguna de las dos. Matsuoka hizo un chasquido con la lengua, disgustado, todo mundo parecía estarla pasando de lujo en la Olímpica Fiesta, todos menos Yamazaki. Eso hasta que notó a un pequeño grupo de ex alumnos de Samezuka que se aproximaron hasta Sousuke para saludar… los vio llevar un vaso tras otro, forzarle a unas risas… de a poco parecía que el moreno se ponía a tono con el ánimo del lugar y Rin sonrió complacido.

Fue en aquella fiesta cuando Kazuki Minami observó con nuevos ojos a Yamazaki Sousuke. Sabía que el moreno no iba a ser una conquista fácil, pero valía el riesgo. Se quedó acompañándolo toda la noche, escuchó toda la historia sobre Tachibana Makoto, es más, quedó realmente sorprendido de lo fácil que soltaba la lengua Sousuke luego de unos varios muchos vasos de alcohol, jamás lo había visto hablar tanto. Pero Minami no se quedó atrás, el alcohol en su sangre estaba realmente alto también, entonces las luces, la música, todo fue un mágico juego de una noche en que terminaron enredados en un cuarto del departamento de Gou.

Días después Sousuke no se podía quitar el mal sabor de la boca. Se sentía mal, sucio, se había dejado llevar movido por el alcohol y la soledad, y terminó enredado con un ex compañero por el cual no sentía más que simpatía. Aquello estaba mal, él lo sabía, no era tan fácil como decían "un clavo saca a otro clavo", porque a Makoto lo tenía tan clavado que no se creía capaz de sacarlo jamás. Sabía que le debía una disculpa a Kazuki, y era lo que planeaba hacer cuando recibió un mensaje de él invitándolo a salir después de clases.

El castaño tenía una idea completamente diferente.

Kazuki movió cielo, mar y tierra para conseguir el número telefónico de Sousuke, lo invitó a salir y durante aquella cita, se rio como nunca al ver que Sousuke torpemente trataba de disculparse por algo que Minami no tenía la menor intención de retractarse. Es más, le había encantado.

Quedó encantado con Sousuke, con su porte, sus palabras, sus dulces movimientos, su caballerosidad. Podía ver en él todo lo que había deseado en una pareja. Pero ahí estaba estorbándoles el camino a la felicidad… Tachibana Makoto.

No lo podía entender, el tipo se había desaparecido de la vida del moreno, pero de todas formas este no era capaz de seguir adelante. Si al menos este le contestara los mensajes y llamadas que realizaba insistentemente. Sabía que Sousuke hablaba regularmente con el mejor amigo de Makoto, Haruka, y este trataba de convencerle de que Tachibana lo necesitaba… veía cuánto daño le hacían a Sousuke con ello. ¡Es que no era justo! Ese tipo llegaba a su vida de golpe, le ponía todo de cabeza, parecían seguir una vida juntos y se desaparecía y no quería dar señales de vida. Le hervía la sangre pensar en el dolor que pasaba Sousuke. Más de una vez lo fue a buscar a algún perdido lugar de la ciudad donde había terminado ebrio y sin dinero.

Así pasó el tiempo, los días, meses, las estaciones del año… Congeniaban bien, se llevaban bien, pero Sousuke no era capaz de decidirse a dar un siguiente paso junto a él. Ambos habían terminado ya la universidad, Sousuke fue reclutado por una pequeña consulta de traumatología en Yokohama y consiguientemente Kazuki quedó en la sede de una multinacional donde trabajaba en la parte de contabilidad de la empresa. Seguían viéndose seguido y Kazuki no perdía las esperanzas. Hasta que aquel verano por fin sucedió todo: Agosto estaba en pleno sol y Sousuke y Kazuki empezarían una relación juntos de manera estable. Estaba feliz, por fin tenía la oportunidad real de demostrarle a Sousuke todo lo que le importaba, que solo quería hacerlo feliz.

A pesar de llevar una vida reciente de pareja, aún Sousuke se dedicaba de lleno al trabajo, por lo cual evitaba cualquier salida nocturna con Kazuki, prefería juntarse en la casa de alguno y ver una película o cenar juntos, pero su novio era más efusivo y le gustaba que salieran y disfrutaran la vida nocturna de la ciudad, juntos.

Apenas alcanzaban un mes de su pequeña felicidad cuando empezaba a concretarse y sucedió lo inesperado: Tachibana Makoto apareció en el umbral de la vida de Sousuke. Estaban en un pequeño bar donde Sousuke de manera sorpresiva le aceptó juntarse el lunes por la tarde, pero no se esperaba que llegara con semejante noticia.

Le dolió. Y se sintió amenazado.

Tachibana Makoto no tenía ningún derecho de venir y tratar de reclamar el amor de Sousuke luego de pisotearlo y abandonarlo por tanto tiempo.

Sin embargo, no dio señales de ello, en ese momento simplemente bromeó sobre el tema, esperando que su novio no pensara hacer ninguna estupidez. Cosa que ahora lo tenía completamente aterrado.

– Entonces, por favor, no me pidas un imposible como ese. – exclamó exasperado Kazuki observando a Sousuke que se acomodaba en la motocicleta.

– Lo siento. – fue lo único que dijo antes de acelerar el motor para perderse en las calles de una noche silenciosa.