Disclaimer: Free!, historia y personajes originales no me pertenecen, solo aquellos hechos narrados en este escrito proceden de mi completa autoría.
Nota: Esta vendría a ser la continuación del oneshot titulado "Makoto Tachibana es una mala persona", por si no lo han leído, les recomiendo hacerlo antes de continuar. En realidad no afecta en nada a la historia, pero ese es su origen.
Pairing: Sou x Mako
Beta-reader: Gaslith
Resumen:
Shigino Kisumi ha tenido un accidente, llega Makoto con él en brazos a hospital ante la atónita mirada de Yamazaki.
Escape.
Capítulo 14: "Pesadillas".
Las luces, los ruidos, todo tan caótico. El blanco plagaba las paredes, como queriendo hacer ver más amplio un lugar tan pequeño atestado de gente, miles de ojos posados sobre él. Se internó por la sala de espera sin saber dónde dirigirse, como embrujado.
−¡Ayuda! – Gritó entonces, desesperado – ¡Por favor!
La voz le quemaba al salir, le ardía cada palabra. Entonces sintió el peso del chico en sus brazos haciendo que cada paso que daba fuese tres veces más la gravedad del lugar.
Una chicharra sonó fuertemente, las puertas del fondo se abrieron de par en par y salieron unos cuantos uniformados con una camilla dirigiéndose hacia él. Le quitaron a Hayato de los brazos y empezaron a examinarlo detenida, pero rápidamente mientras avanzaban dirigiéndose hacia las puertas de las que habían surgido. Les seguía de cerca sin poder despegar la mirada del pequeño que yacía en la camilla inconsciente.
−¿Qué fue lo que sucedió?
−E-E-estábamos en un partido. – Apenas lograba armar las oraciones, hecho un manojo de nervios. – Se cayó mu-mu-muchas veces, pero no hacía c-c-aso de que volviera a la banca. – Makoto se mordisqueaba frenéticamente las puntas de los dedos – Y d-d-el último no se levant-t-to.
−¿Cuál es el nombre del chico? ¿Es usted un familiar?
−S-Shigino Hayato. Soy s-s-su ma-maestro.
−Anisocoria. Taquicárdico. −Hablaba otro vestido de azul mientras cruzaban el umbral. Alguien vestido de blanco detuvo a Makoto, insistiéndole que no debía entrar, que le llamarían en cuanto se tuvieran noticias. Estuvo a punto de reclamar, pero era incapaz de articular palabras coherentes, solo boqueaba mirando al paramédico que le negaba el ingreso. Entonces sintió que alguien decía algo a sus espaldas mientras le tomaba del brazo, permitiendo que el paramédico se retirara.
Giró sobre sus talones y era Sousuke quien se encontraba tras él. Por la mente se le pasaron un millón de escenarios, un millón de palabras: La vergüenza del día anterior, la falta de los años pasados, el terror por su pequeño estudiante, la culpa por su condición, ¿qué dirían sus padres? ¿Suga se habría podido comunicar con ellos? No tardarían en llegar, y no sabía nada de Hayato, nadie salía a decir nada. Se sentía al borde de un abismo, con los pies a punto de danzar frente al precipicio, con la caída libre directa a la boca del lobo. Las manos le sudaban, y no podía entender las palabras que trataban de colarse por sus oídos, no tenían sentido. Todo el espacio se tornaba sombrío y los miles de ojos brillaban intensamente.
¿Qué cosa tan mala podía suceder en el día de su primer partido como entrenador de preparatoria? Yamazaki Sousuke estaba ahí también ¿Qué tan más patético podía parecer frente a él?
Ya no era una sala de espera, se parecía más al estrado de un juzgado. Todos lo miraban con ojos acusadores, murmurando todas las faltas, todas sus culpas.
Levantó la mirada hacia Sousuke y ya no alcanzaba a verlo debido a la oscuridad, solo dos luceros verdeazulados… brillantes… fríos… aterradores…
Gritó.
Mas no salió voz alguna.
Gritó nuevamente, desgarradora… dolorosa… aterradora.
Y despertó empapado en su propio sudor y con la garganta adolorida, había vuelto a gritar en sueños y reconoció la ansiedad corriendo libre por sus venas, alimentando cada célula con el temor; cada tejido con la desesperación. Se quedó mirado el techo por unos cuantos minutos sin pensar nada en particular… más bien haciendo todo el esfuerzo por pensar en nada en particular, tratando de alejar la imagen de aquellos ojos acechándole. Hacía tiempo que no sufría un ataque de aquellos.
De a poco la respiración se fue normalizando, el peso en su pecho seguía ahí, peligrosamente cerca de la garganta, pero se sentía más estable ahora.
Ya era sábado, tenía tiempo libre y sabía que sería peor quedarse atorado en la cama. Nero subió a la cama haciendo acto de presencia y en su propio idioma exigiendo alimento mientras acariciaba el dorso de su mano con su pequeña nariz.
− Voy, voy – murmuró suave levantándose, sintió una molestia que venía arrastrando aún en la espalda, pero nuevamente le restó importancia y arrastró su ser hasta el baño. Se lavó la cara, los dientes y siguió a la despensa, sacó el pequeño saquito de alimento y vertió lo suficiente para un pequeño gato.
Se hizo un café y tomó apenas la mitad mirando como Nero se alimentaba vorazmente. Luego se metió en la ducha. Todo era rutina, pero hoy más que nunca se sentía solitario, ni con los veinte minutos bajo el agua se corrió un centímetro el peso alojado.
− Es como una pelota – pensaba mientras secaba apenas un poco el cabello con la toalla. – Es molesto.
Decidió ir contando una a una las prendas que se pondría para tratar de alojar la mente en algo más concreto, dejar a un lado las pesadillas… y así siguió hasta que estuvo con chaqueta puesta sobre la bicicleta tomando rumbo. Precisamente tomó las calles que sabía que estarían más desiertas a aquellas horas de la mañana, no deseaba encontrarse con gente ni multitudes, debía hacer la visita de rigor y luego volver a casa sin novedad alguna. El frío le hacía pensar que era más llevadero el peso del pecho.
Pedaleaba cada tanto, bajando por la calle, para continuar avanzando de forma constante. El sueño realmente le había aterrado, sin embargo, sabía que no era real, el día en que llegó con Hayato en brazos no había transcurrido así realmente.
Sí había llegado con su estudiante en brazos, perdido, sin saber bien qué hacer, pero no había sonado ninguna alarma, tampoco hubo ojos acusadores, solo algunos curiosos que murmuraron por lo bajo. Una señora mayor amablemente le indicó que debían registrarse en la ventanilla de admisión. La persona encargada saludó amable, mas al verle tan perdido y hablando atropelladamente se veía imposibilitado de llenar los datos requeridos. Medio mareado por la tensión y aceleración, dio unos pasos hacia atrás aún con el chico en brazos.
− Makoto – le llamó una voz familiar, aterciopelada. Sousuke se encontraba tras él con el rostro inexpresivo ¿Habría pensado en ese momento que también le avergonzaría en el hospital? – ¿Qué le pasó a Hayato-kun? – preguntó mientras guardaba el celular en un bolsillo del uniforme.
− Se lesionó al recibir de lleno una barrida.
− Tachibana- sensei, por favor… no estoy tan mal – habló en apenas un murmullo el sonrojado Hayato, quien, a pesar de su porte se veía delicado en los brazos de Makoto – Déjeme bajar, por favor.
− ¡No no no no! No hasta que te revisen ¡como corresponde! – Se negó con toda la preocupación del mundo haciendo que el otro se sonrojara más profundamente frunciendo el entrecejo.
Realmente Hayato tenía mucho dolor, su pierna le dolía horrores, pero su orgullo reciente (y constantemente) herido, evitaba que soltara quejido o lágrima alguna.
Sorpresivamente Sousuke sonrió ligeramente y les indicó que tomaran asiento.
− No habrá problema si lo dejas sentado aquí un momento. – Explicó haciendo un ademán hacia los banquillos de espera, unos cuantos asientos separados de la anciana que les había tratado de ayudar.
Con cuidado, depositó a Hayato en uno de los asientos, mientras escuchaba a Sousuke hablar:
– Ya regreso. – Dicho esto se dirigió hacia la ventanilla con la inscripción de "Admisión" colgando, demoró apenas unos minutos y regresó trayendo consigo unos formularios que entregó a Makoto junto a un bolígrafo. – Por favor, rellena esto mientras tanto. – Continuó con el rostro inexpresivo, casi sin mirar al castaño. Se acercó a Hayato mientras un paramédico se acercaba a ellos con una silla de ruedas. – Vamos arriba, Hayato-kun, haremos que te revisen. – Junto al paramédico le ayudaron a subir a la silla y, antes que Makoto pudiese dar real cuenta de ello, ya se habían adentrado en el Servicio de Urgencias.
Escribió los datos que pudo completar antes que una enfermera se acercara a pedírselo.
− Tiene mucha suerte de que sean tan buenos amigos con Yamazaki-san. Es tan preocupado como siempre. – Habló con ensoñación, algo que por un segundo cayó mal a Makoto, no le agradaba que alguien más estuviese interesado en Sousuke, luego recordó a Minami, el beso en el restaurante y se le revolvió aún más el estómago. – Oh ¿se encuentra usted bien?
− No, no es nada. Y se equivoca, yo… yo no…− Tartamudeó ante la mujer que lo miró confundida.
− Que raro… él mismo pidió que ingresáramos al chico de inmediato, aun sabiendo que muy probablemente le traerá problemas con el jefe de turno. – Habló pensativa llevándose un dedo sobre los labios con aire distraído. – Bueno, con su permiso, debo llevar esto para hacer el ingreso formal.
Sousuke es realmente sorprendente.
Fue lo primero que pensó Makoto mientras veía a la enfermera salir de su campo de visión.
En poco tiempo Hayato ya había sido examinado, se le tomaron imágenes de su pierna derecha, fue diagnosticado con fractura de tibia y se trasladó a un servicio de hospitalizados. Jamás había visto tanta eficiencia en un hospital.
Una vez que Hayato estuvo en su habitación correspondiente, la cual compartía con otras tres personas más, Makoto pasó a verle y saber qué tal se sentía, pero no pudo hablar mucho con él, debido a la medicación que le pasaron para mermar el dolor. Al salir del cuarto, se encontró con la Sra. Shigino quien había acudido en cuanto recibió el llamado de la escuela avisando que su hijo pequeño había tenido un accidente en el partido. Habló lo más calmado que pudo con ella, explicándole lo que había sucedido, pero que de la parte médica debía esperar a algún médico o tratante que le diera más detalles.
La mujer le agradeció y entró a ver a su hijo.
Siguió dando algunas vueltas, dudoso si buscar a Sousuke, pero finalmente decidió que había sido suficiente molestia ya por segundo día consecutivo y volvió hasta donde se encontraba su equipo.
Ahora, días después, estacionaba la bicicleta en el frontis del hospital general. Tomó una profunda bocanada de aire, no se decidía si estaba realmente haciendo una visita formal a su estudiante o si estaba patéticamente buscando a Sousuke. Dios, cada cosa le salía mal, y de mal pasaba a peor en un pestañeo.
Aunque pensándolo bien, según la enfermera, había sido el mismo moreno quien intervino para que les atendieran rápidamente. Y él solo se acercó a ellos en la sala de espera… Quizás, y sólo quizás, ¿no estaba tan molesto con él?
Batió las pestañas como alas de mariposa que van despertando por fin luego de pasado el crudo invierno, tras un remolino rosa que pasó a su lado y le saludó efusivamente, estaba en una esquina apartada de la sala de espera, sentado sin poder detener el repetitivo movimiento de su pierna derecha. Kisumi era una bomba explosiva de emoción y, sabía en ese mismo momento, que no sería capaz de hacerle callar.
− ¡MAKOTO! Qué alegría verte, ¡ha pasado tanto tiempo! – hablaba apresurado mientras se sentaba a su lado y pasaba el brazo por sobre sus hombros, apretujándolo.
− Kisumi. Sí, ha pasado mucho tiempo – le sonrió de regreso, incomodo por el contacto físico.
− ¿Viniste a ver a Hayato?
Sonrió con un leve asentimiento.
− Eres demasiado cortés, no era necesario, ya hiciste mucho trayéndolo tú mismo al hospital. Si todos siguen consintiéndolo tanto se va a mal acostumbrar. – Habló desenfadado encogiéndose de hombros.
− ¿"Todos"? – repitió en confusión Makoto.
− Sí, vieras cuanto lo han atendido de bien, solo porque ése se pasea cada tanto para ver cómo sigue… ¡Sousuke parece una superestrella aquí! – Entonces abrió grandes los ojos mirando hacia el frente – Hablando del Rey de Roma ¡un Sousuke salvaje ha aparecido! - y dio un solo brinco para levantarse y correr hacia el susodicho.
Los observó de lejos. Sousuke estaba con un uniforme más oscuro esta vez, aún con sus brazos desnudos, a pesar del frío que se sentía levemente en el recinto. Estaban conversando, Kisumi muy animado, Sousuke con el entrecejo levemente fruncido, pero algo debió decir el pelirosa que le causó risa. Makoto sonrió ante tan suave sonido que apenas le llegaba y la visión de esa sonrisa. Entonces ambos se giraron a mirarle, Kisumi le hizo señas y no tuvo más remedio que acercarse… ahora lamentaba no haberse arreglado mejor antes de venir.
− ¡Makoto! Le decía a Sousuke que debía dejar de complacer tanto a mi hermanito, que ¡lo van a hacer explotar de tantos dulces! – pero no continuó hablando más allá al notar las miradas de soslayo que se daban estos dos. – Pues creo… y sólo CREO, que ustedes necesitan una buena charla.
Ambos lo miraron con los ojos como platos y un leve sonrojo en las mejillas.
−Ajá! Lo sabía – apuntó sacando la punta de la lengua por la comisura de los labios. – No quiero verlos revoloteando donde Hayato hasta que arreglen lo que sea que tengan que arreglar ~ - Canturreó alejándose animadamente.
Ambos se miraron en confusión, sin saber bien qué hacer.
− Ho-Hola, Sousuke – Saludó Makoto finalmente jugando con la punta de sus dedos sin poder mirarlo directamente a la cara.
−Umh, hola. – Fue apenas el saludo antes del incómodo silencio que se apoderó del espacio entre ellos. Ambos sabían que debían conversar, que no lo podían evitar más. Por lo que Sousuke se dio finalmente por vencido y le indicó a Makoto que le siguiera.
Avanzaron por varios pasillos del hospital desde los cuales se veían varios patios interiores muy bonitos y bien cuidados, donde, suponía él, las visitas podían llevar a su paciente a dar una pequeña vuelta, pero el frío aún era tal que no había casi nadie en ellos.
Siguieron hasta una puerta que daba a uno de los patios, caminaron por el frío hasta una banca perdida entre unos grandes árboles.
−Aquí será difícil que alguien nos moleste. – Aclaró Sousuke a una pregunta no formulada, el castaño solo atinó a asentir frunciendo los labios. – Ahora… Makoto… yo… - chasqueó la lengua tallándose la parte trasera de la cabeza. – No sé cómo empezar esto.
Repentinamente el otro había hecho una reverencia en perfecto ángulo recto.
−Por favor, Sousuke, perdona la situación del otro día. No tenía derecho a avergonzarte en tu trabajo, no era tampoco mi intención. Yo… yo solo… – sentía que se le cerraba la garganta, sin ser capaz de terminar la oración ni levantarse para verle.
−No, no, por favor… es decir… sí, me molestó, fue bastante vergonzoso… no tenías por qué hacer eso…− Hablaba tratando de poner las ideas en orden – pero no llores, por favor. – Preocupado le tomó de los hombros y le hizo reincorporarse para verle de frente.
− Es que todo en esa canción es cierto… yo... yo de verdad te extraño mucho – Levantó la mirada hacia unos sorprendidos ojos verdeazulados.
− Makoto, por favor, es suficiente… Yo… tengo novio… - Trató de cortarle mirando hacia un costado quitando las manos de los hombros del castaño.
− No me importa – dijo con tal fuerza que Sousuke no pudo evitar voltear la mirada a aquellas esmeraldas que brillaban intensamente frente a él – No me importa… solo quiero que sepas que de verdad eres… - tragó saliva y tomó aire profundamente - de verdad fuiste mi salvación.
Yamazaki estuvo a punto de replicar como la última vez en el restaurante, pero Makoto se adelantó sujetando las manos de él entre las suyas. Su mirada lanzaba chispas.
− Sí, lo hiciste. Si tú no hubieras estado en la estación ese día, si tú no te hubieras lanzado tras un inconsciente suicida como yo, si no me hubieras llevado al hospital, si no me hubieras obligado a comer, a salir, a vivir otra vez… si tú no hubieras estado en ninguno de aquellos momentos… − dio unos pasos más cerca del moreno sin soltarle de las manos – estaría muerto. Tú me trajiste la vida de regreso, Sou. Y, aunque para ti pueda no ser válido, para mí sí lo es… me diste un motivo para seguir adelante cada día. – Hablaba tan seguro sin separarse ni un centímetro del otro. – Me enamoré de ti, Sousuke Yamazaki.
Apenas atinó a pestañear ante tal inesperada confesión.
- Fui un cobarde, lo sé, me arrepiento tanto por eso, cada día de estos cuatro años me reprocho lo mismo… eres lo más maravilloso que pudo haberme pasado. – Terminó de hablar el castaño sonriendo ampliamente, mas una tristeza se podía ver en el brillo de sus ojos y lo sonrosado de sus mejillas.
− Ma… ko… - apenas pudo esbozar las sílabas con el nudo que sentía crecer en la garganta.
− Y nadie va a poder cambiar lo que siento por ti. – El castaño aventuró una de sus manos para acariciar la mejilla del otro. – Aunque tú no me quieras y me odies por lo que hice... – El calorcillo entre ambos se sentía tan bien – …jamás voy a poder dejar de quererte así, Sou.
No era capaz de articular palabra, el contacto con su piel le quemaba, sentía el corazón desbocado y la respiración agitada… ¿estaba respirando siquiera?
Y, en un impulso reprimido por demasiado tiempo, Makoto dio un último avance deslizando su mano derecha desde la mejilla del moreno hasta la nuca de este, atrayéndolo hacia sí para besar sus labios sin soltar su mano izquierda que mantenía la diestra del otro cerca de su corazón.
El beso no duró mucho, fue poco más que un roce de los labios, pero al separarse levemente, Sousuke no pudo evitar volver a los labios de Makoto atrayéndolo de la misma forma que él lo había hecho recién. Lo besó con fuerza, pero más que nada, con necesidad, con el hambre que había aguantado durante mucho tiempo, convencido que jamás podría ser saciada.
Se apegaron más el uno al otro, fundiéndose en aquel beso necesitado y hambriento.
Sousuke se sentía liberado del yugo opresor de su alma con cada roce de sus labios, con cada beso que recibía y que regalaba. Una vez se hubieron separado Makoto lo miró alarmado y le acunó el rostro entre sus grandes manos empezando a repartir cortos besos en sus labios y mejillas limpiando las lágrimas que recorrían el rostro del moreno.
− ¡No! Sou… no llores, por favor… − Volvía a besarle amorosamente con la palabra "culpa" escrita en todo el rostro.
− No… no… no estoy llorando… − Sousuke abrazó a Makoto escondiendo el rostro en el hueco de su cuello, queriendo quedarse ahí para siempre.
¡LO SIENTO! Ha pasado tanto desde la última vez que actualicé ;_; soy la peor!
Estuve de vacaciones y aproveché de avanzar... vacaciones que se acabaron hoy xD.
Por fin pude sacar este bendito capítulo! costó pero salió! CON BESO INCLUIDO MADAFAKERS!
Muchas gracias a quienes sigan aún esta olvidada historia ! A Fer y Lith que siempre me culpan del dolor y el olvido.
Solo me pregunto, alguien apoya el SouKazu? no? nadie? ajajajajajajajajaja POR FAVOR NO ODIEN A KAZUKI, NO ES SU CULPA QUE LA ESCRITORA SEA TAN MALDITA AJAJAJAJAJA
Se agradecen todos los reviews con opiniones y puteadas ~
Saludos!
