Bueno, aquí está el segundo capítulo.
Una cosita... no es tan interesante aún, pero tengo unas ideas para la historia, así que a medida que pasen los capítulos irá mejor. Creo (?) jajajaja.
Bueno, intento una nueva forma de narrar. O sea, algo ligero y fácil de leer. Es que me ha pasado, que a veces hay capítulos taaan tediosos que no puedo terminarlos nunca porque me aburren. Así que los hago simples, tranquilos. Aunque soy pésima en comedia T_T Aunque sí habrá sexo si ustedes quieren (Y)
AJAJAJAJA no, si quieren no. Si tengo ganas de escribir porno, lo haré. Y ustedes tendrán que leer igual (no, mentira, ustedes me dirán en su momento si quieren el lemmon jajaja)
Ay por dios, parece que me he fumado algo. En fin.
Lean, chucha, que sino no termino más.
Primero Malfoy y Harry actuando de lo más extraño y ahora estaban besán...
¡Un momento!
¡¿BESÁNDOSE?!
—Así que era Potter... Definitivamente no era esto lo que me esperaba...—susurró estupefacta Pansy Parkinson.
Hermione asintió, con los ojos abiertos como platos.
—¿Malfoy y Harry...?—Hermione cerró los ojos, frotándoselos para volver a abrirlos. Nop. No estaba soñando. El Slytherin y el Gryffindor seguían besándose.
Después de, ¿cuánto? ¿Dos o tres minutos?, se separaron, y la castaña pudo ver como ambos se miraban a los ojos furiosamente, y luego Harry lo soltaba de forma brusca, para caminar lejos de él.
Miró la figura del Niño que Vivió alejarse por el pasillo, dejando a Draco Malfoy con su cara enterrada en ambas manos, y su cuerpo temblando ligeramente.
La acción duró tan poco que Hermione dudó que siquiera hubiese pasado, pues la expresión del Heredero del linaje Malfoy se endureció y acto seguido caminó rumbo a lo que, según Hermione, era su Sala Común.
—Oh, por Dios—Pansy miró el espacio ahora vacío y suspiró, negando con la cabeza. —Tiene suerte de que haya sido yo y no Blaise...—la oyó murmurar.
Parecía que se había olvidado que Hermione estaba ahí, mirándola con los ojos abiertos como platos.
—¿Y tú qué me ves, Granger?—los ojos de la muchacha la observaron con enojo, y Hermione alzó una ceja.
—¿Qué es lo que puedo ver de ti, Parkinson? No veo nada más que una mocosa caprichosa—susurró, rodando los ojos y cruzándose de brazos. Era increíble la rapidez con la que podía enojarse cuando estaba cerca de esta muchacha.
—Pues es lo que soy, ¿para qué negarlo?—la morena se acomodó su cabello y luego su falda, que cabe destacar, era muy corta. Cuando la Slytherin vio sus ojos, sonrió con malicia. —¿Por qué ves mis piernas, Gryffindor? ¿Acaso eres de esas...?—su sonrisa era tan irritante que Hermione solo entrecerró sus ojos.
Oh, qué ganas de pegarle en esa carita presumida... Era tan egocéntrica.
—Eres insufrible—Hermione rodó los ojos y se volteó, yendo hacia su Sala Común. Su cabeza aún estaba llena de cosas que debía pensar.
Sin una presencia tan irritante como la de Parkinson.
—Tendré que decirle esto al Señor Oscuro—la Gryffindor suspiró, llevando una mano a su cabeza. Y ahí estaba otra vez, Parkinson siendo simplemente una chiquilla sangre pura, caprichosa y con mucha maldad dentro de sí.
Hermione se preguntaba por qué siquiera a veces llegaba a pensar que Pansy podía ser algo más que una simple y presumida niña rica de buen nombre.
—¿Por qué?—,preguntó, francamente sin entenderla. Observó el techo y luego suspiró, dejando salir todo el aire que tenía en su pecho.
—¿Por qué, qué?—Hermione se volteó, mirando la cara desafiante y malévola de la muchacha.
—¿Por qué quieres arruinar la relación, o lo que sea que haya entre Malfoy y Harry?
—Porque está mal. Porque el Señor Oscuro me matará si soy cómplice de esto. Y Draco lo sabe—Pansy Parkinson la miró seria. Hermione suspiró.
—Creí que te importaba al menos Malfoy—susurró, mirándola un poco confundida.
Parkinson se carcajeó. —Los Slytherin no queremos a nadie, Granger, deberías saberlo. Además... somos astutos y egoístas. Me conviene decírselo al Señor Oscuro.
Hermione rápidamente sacó su varita y hechizó a la Slytherin, mirándola peligrosamente. Se acercó suavemente a su cuerpo inmovilizado, su andar algo dudoso y a la vez intentando hacerle creer, tanto a Parkinson como a ella misma, que estaba segura de lo que hacía.
—Tú no dirás una sola palabra de esto, Parkinson—la miró directamente a los ojos y frunció el ceño. —Te callarás y harás como que no has visto nada, de otro modo te obliviaré, y aparte de eso, créeme, mis hechizos para la caída del cabello son muy buenos—susurró, apuntando su varita en el cuello de Parkinson.
—¡El Señor Oscuro debe saberlo!—respondió con seriedad, clavándole los ojos en la cara. —No podrás protegerlos por siempre—susurró, más para sí misma.
—Júrame por tu magia que no lo harás, Parkinson—Hermione presionó aún más la varita en su cuello, mirándola con decisión. —Hay cosas que ni a ti ni a mi nos incumben, y si bien yo no lo apruebo, tampoco los echaré de cabeza.
—Oh, qué tiernos son los sangre sucias. Vomitaré—Pansy rodó los ojos con burla, haciendo señales de arcadas, y Hermione presionó aún más fuerte su varita en su cuello—Está bien, está bien. Lo juro—susurró Parkinson y entonces, y Hermione pudo ver en sus ojos verdes algo parecido al dolor y la preocupación. Aunque rápidamente cambió de opinión cuando Parkinson la empujó.
Cayó con pesadez en el suelo, golpeándose la cabeza. Lanzó un quejido y miró cómo Pansy Parkinson apretaba su pie contra el pecho de la Gryffindor.
—Nunca más vuelvas a hechizarme, asquerosa sangre sucia—escupió, pisándola aún más fuerte. Hermione sintió sus ojos humedecerse un poco por el dolor. Sus ojos se veían tan peligrosos... no podía apartar su mirada de su cara. Pansy Parkinson parecía furiosa.
—Haré lo que sea necesario—respondió aún así, sonando altanera. Sintió la presión en su pecho, y creyó por un instante que le quebraría los huesos. Realmente estaba enfadada.
Pansy Parkinson sonrió, de una forma que Hermione jamás había visto. Acto seguido, sus ojos se endurecieron y la pateó en las costillas. Fuerte. La Gryffindor tosió, aunque no supo si era sangre lo que sentía en sus labios; se levantó pesadamente, buscando su varita de forma desesperada. Las costillas le dolían.
—Tómala, no me sirve la varita de una sangre sucia—le tiró en la cara la varita, luciendo un porte peligroso que sinceramente asustó un poco a Hermione. Luego la muchacha sonrió con mucha malicia. —Vete, antes que te patee aún más el trasero—susurró, empujándola hacia atrás y tocándole levemente los pechos. Hermione se sobresaltó y abrió aún más los ojos. ¿Qué acababa de...?
—Como si pudieras—la Gryffindor de todas formas sonrió un poco, algo perturbada, y se dio la vuelta para ir a la Sala Común de Gryffindor. Pansy Parkinson le acababa de golpear. Sin embargo, sabía que una pelea con esa muchacha le traería aún más problemas.
—Como si realmente pudiera decirle al Señor Oscuro algo que pueda dañar a Draco. Caíste... Hermione. Para ser inteligente, eres muy fácil de manipular—. Pansy sonrió, viendo la figura dolorida de la Gryffindor desaparecer en una esquina.
A veces podía ser tan ingenua...
Solo cuando ella desapareció, Pansy Parkinson sintió un mechón de cabello caerle en el hombro, y entonces fue consciente de varios mechones en el suelo. Hermione Granger la había hechizado una vez más. Y esta vez era peor. ¡Su cabello!
—¡Hermione! ¡¿Qué te ha pasado?!—Ron la interrogó apenas la vio, caminando un poco raro y tocándose con la mano las costillas.
Hermione frunció los labios.
—Nada, Ron. Solo... unos hechizos que salieron mal—le sonrió, agradecida por su preocupación. Al menos había alguien amable por ahí, que no estuviera llamándola sangre sucia. Como Pansy. Frunció el ceño al recordar a la morena.
—¿Dónde andabas?—la voz de Harry la sobresaltó, y miró sus ojos con un poco de terror. De sólo recordar lo que había visto hace sólo unos minutos... Rió nerviosamente, llevando una mano a su nuca y rascándose un poco, de forma sospechosa.
—¡En... En la Biblioteca!—sonrió, mirándolos a ambos. Era pésima mintiendo, se dijo, cuando vio cómo Ron y Harry intercambiaron una mirada.
—Pero... nosotros pasamos por ahí y no estabas—respondió Ron, mirándola extrañado. Harry asintió, alzando una ceja, de esa forma perceptiva que a Hermione la ponían nerviosa.
—Sé donde ando, Ronald. Y si digo que estaba allí, es porque lo estaba, solo que ustedes no me vieron—dijo sin lugar a réplicas, comenzando a subir hacia los dormitorios de chicas. —¡Ah, y no se olviden de sus deberes de Transfiguraciones!—les recordó como siempre lo hacía, moviendo su mano en forma de despedida mientras en su cara se dibujaba una mueca incómoda.
Tal vez debía hablar con Harry...
—Solo una vuelta más...—susurró, un mechón de cabello molestándole en la mejilla, pegado por el sudor de estar expuesta a la caliente poción. Dio la última vuelta, e inmediatamente dejó caer la mitad del riñón derecho de un Escarabajo Indio, seguido de una pizca de esencia de hipogrifo.
Hermione suspiró, dejándose caer un poco en su asiento para suspirar algo cansada. Observó el reloj y esperó exactamente los 36 segundos que indicaba el libro de pociones, y entonces asintió, bajándole la temperatura al caldero.
Sonrió levemente, pues aún estaba atenta a la poción. Era tan complicada de elaborar que ya muchos calderos habían explotado debido a la mala mezcla entre esencia de hipogrifo y los becones. Sin embargo, poco le importó la voz de Snape restándole puntos a Neville y Seamus. Ella estaba sumamente concentrada.
Tanto, que ni siquiera notó cuando los Slytherin subieron la temperatura de su caldero, haciendo que la poción burbujeara y se desbordara, cayendo a los lados.
Hermione observó con horror cómo la poción le tocaba las manos, quemándolas. Gritó sin poder evitarlo y de sus ojos las lágrimas brotaron, siendo estas de dolor.
—Tan incompetentes como siempre, sin embargo no me lo esperaba de usted, Señorita Granger—Snape la miró con una ceja alzada, y anotó en su pergamino una nota que Hermione no alcanzó a ver. Luego se percató de sus manos y frunció el ceño. —Niña tonta, vaya inmediatamente a la enfermería.
—Profesor Snape, yo bajé la temperatura, se lo juro... me sabotearon la poción—Hermione lo miró desesperada, observando su poción ahora desvanecida gracias a su profesor, que había actuado con rapidez.
—No me importa, Señorita Granger, vaya a hacerse atender esa herida, y treinta puntos menos para Gryffindor—Snape giró sobre sí mismo, comenzando a regañar a otros alumnos y Hermione suspiró, resignándose a su poción perdida.
De reojo pudo observar la sonrisa de burla de Pansy Parkinson y a su lado, Draco Malfoy. Los miró con enojo y si hubiese podido tomar su varita lo hubiese hecho. Sin embargo, el dolor apenas le dejaba estar, así que no podía tocar nada.
Vagamente notó que el cabello de Parkinson era de otro tono, por lo que estuvo segura que había aplicado una poción a su cabeza. Esta era su venganza, pensó. Por haberle hechizado para que el cabello se le cayera. Una gota de sudor bajó por el lado derecho de su cara.
—Hermione, ¿estás bien? Ese Snape...—gruñó Ron, y Hermione suspiró.
—Por favor, recoge mis cosas, debo hacer tratar esto—le mostró sus manos rojas y Ron la miró sin entender.
—¿Qué pasó?
—Ronald—suspiró, resignada a que su amigo fuera cabeza dura. —Me quemé. Debo irme. Nos vemos.
—Nos vemos, Hermione... y cuídate...—la muchacha sonrió, y salió de la clase rumbo a la enfermería, pareciéndole un poco extraña la forma en la que Ron la miraba últimamente.
Duele, duele.
A Hermione se le hizo demasiado largo el camino a la enfermería, y no llevaba ni la mitad del trayecto cuando le comenzó a doler aún más las manos y de ellas comenzaron a salir una extraña capa algo dura, que imposibilitaba su movimiento.
Seguramente el hechizo que le habían lanzado a su poción tuvo mala reacción cuando se mezcló con algún ingrediente de su trabajo.
Probablemente Pansy le saboteó la poción como venganza por aquél hechizo que le había lanzado. Y es que, Parkinson la había golpeado y Hermione no podía permitirlo. A solo unos pasos de ella había susurrado el hechizo para la caída del cabello, y estaba segura que la poción que se puso en la cabeza para que el pelo le creciera, le había salido una pequeña fortuna, porque ese hechizo que le había lanzado era realmente muy difícil de contrarrestar.
Sonrió un poco. Al menos se había cobrado esa patada en la costilla que aún le dolía.
La castaña se decidió a dejar de pensar, puesto que no tenía mucho sentido preocuparse por lo que los slytherin tramposos hacían. O eso se obligó a sí misma a creer.
Frunció levemente el ceño. Y luego siguió caminando.
Ya había pasado la mitad de la clase de Defensa cuando Hermione pudo volver a clase, con sus manos en perfectas condiciones gracias a Madam Pomfrey.
Aprovechó para tomar todas las notas que podía de la clase, recibiendo miradas de preocupación de Ron y Harry, quienes estaban sentados a unas cuantas sillas de ella.
Parecían haber esperado todo el tiempo desde que salió de la clase de Pociones para hablarle, porque apenas terminó la clase de Defensa, tenía ya a Ron encima de ella, preguntándole qué le había pasado y que si estaba bien, y a Harry mirándola con ojos cuestionadores.
—¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¿Verdad que no te amputarán el brazo?—Ron la miró asustado, con Harry detrás de él alzando una ceja y mirándolo con ojos cuestionadores. Hermione frunció el ceño, extrañada.
—Claro que no harán tal cosa, Ronald—miró a Harry, preguntándole con los ojos lo que sucedía. Él solamente negó con la cabeza, igual de confundido que ella.
—Los Slytherin no volverán a hablar de ti de esa forma—Ron dijo de repente, mirándola con una sonrisa torcida. La castaña lo miró sin entender, por lo que Harry intervino.
—Dra... Malfoy dijo algo sospechoso, así que nosotros nos encargamos—dijo Harry, encogiéndose de hombros. Hermione sintió de repente ternura.
—¿Qué haría yo sin ustedes, chicos?
—Probablemente morirías de aburrimiento entre esos libros gigantes de la biblioteca—Ron le apoyó su mano en su hombro, y la castaña sonrió forzadamente, sintiendo la leve caricia de los dedos del pelirrojo.
—O estarías mucho más tranquila sin nosotros metiéndonos en problemas—razonó Harry, y entonces Hermione soltó una carcajada, mirándolos incrédulamente.
—Ustedes son mis amigos, no sean tontos, he aprendido tantas cosas a su lado...—los miró con amor y entonces los atrajo a ambos a un abrazo que no duró siquiera un minuto, para luego dejarlos solos, comenzando a caminar hacia la Torre Gryffindor con una sonrisa.
Había sido un largo día.
Los músculos de su cuerpo comenzaron a dolerle, y mientras los retratos de las paredes la veían pasar, ella comenzó a meditar en lo que había visto hace tan solo un día.
Harry y Malfoy... ¿pero qué...? ¿Y qué con Parkinson? ¿Y si decía algo que perjudicaba a su amigo? ¡Pobre Harry! Él ya no necesitaba más problemas...
Justo cuando comenzó a meditar sobre su siguiente movimiento, alguien la interrumpió de forma abrupta.
—¡Hermione! ¡Menos mal que te he encontrado, hay problemas!—Ginny la tomó de un brazo de forma brusca, llevándola a pasos agigantados hacia donde un grupo de chicas Ravenclaw se encontraba.
Cho Chang la miraba con seriedad, cruzada de brazos mientras a su alrededor algunas muchachas susurraban quién sabe qué cosas.
Esto la puso seria inmediatamente, y su cerebro comenzó a funcionar a toda velocidad, intentando suponer el motivo de la llamada de aquellas alumnas. ¿Y si...?
—Surgieron problemas, Granger. Padma...—Una de las gemelas Patil se adelantó, y Hermione la reconoció por ser la acompañante de Ron en el Torneo de los Tres Magos. Alzó una ceja, y luego frunció el ceño al ver la mueca de la muchacha.
—Bueno... yo estaba en Adivinación cuando...—Padma Patil suspiró, y miró a sus demás compañeras, quienes asintieron en un acuerdo mutuo y silencioso del cual Hermione no sabía nada. —La profesora Trelawney... creo que ella tuvo una especie de visión y... —Estaba por seguir cuando una compañera suya se adelantó y le puso una mano sobre su hombro, por lo cual la mujer de piel trigueña guardó silencio inmediatamente.
Hermione estuvo a punto de preguntar el por qué de su silencio, pero cuando vio al Profesor Snape pasar a su lado, rodeado de un grupo de Sytherin, comprendió.
—Será mejor que esto lo hablemos con Ron y Harry—les dijo Hermione, mirándolas con precaución. Padma Patil asintió.
—Es urgente, Granger, puede ser peligroso. Ella tuvo una visión sobre Ya—sabes—quién—Padma tembló al pronunciar las palabras, y la castaña Gryffindor asintió, comprendiendo.
Ginny la tomó del brazo y Hermione la miró. Sus ojos parecían comunicar algo que ella no entendió, por lo que decidió que debían hablar a solas.
—Veámonos después del toque de queda, en el séptimo piso. Iremos Ron, Harry y yo—Hermione las miró y ante sus asentimientos, solamente se despidió y comenzó a caminar al lado de Ginny.
Una nueva visión de la Profesora Trelawney... ¿Y si involucraba nuevamente a Harry?
—¿De qué crees que tratará?—, preguntó de repente, observando de reojo a la pelirroja, quien solamente se encogió de hombros y colocó un dedo en su mentón.
—Me dijeron que trataba sobre dos personas, o algo así, que podían hacerle frente al arma del Señor Oscuro...—Ginny frunció el ceño, y luego suspiró. —No estoy segura si es un arma realmente o lo toma de forma metafórica—la pelirroja saludó a un muchacho que Hermione no conocía, y luego se acomodó su melena roja detrás de su hombro.
De verdad era una chica muy hermosa. Sería más fácil si estuvieras enamorado de Ginny, Harry.
Aunque el amor era la menor de sus preocupaciones. Si el Señor Oscuro realmente tenía un arma desconocida, era algo que la Orden debía saber inmediatamente.
Hermione se puso seria y siguió su camino hacia la Torre de Gryffindor. Harry debía saber esto.
Escriban, coño, escriban. Bueno, no, no escriban "coño", escriban un review para esta linda muchacha pervertida que les dará todo el yaoi y el yuri que deseen.
Amor y paz, hermanas lectoras, y lean mucho yaoi y yuri, y miren anime si son otakus tambien.
Ay por dios, mejor me callo que solo por estas huevadas terminaré en Los Malos Fics y Sus Autores. (De nuevo...)
