El Heredero
Capítulo Veinte
Azazel llevaba una vida ermitaña por su mutación, aunque era un médico y científico reconocido en el mundo mutante. Recibía a gente con poderes de toda Europa y así era como William Stryker le había llevado a su hijo.
A Charles lo había conocido hacía diez años en una convención sobre Darwin en Londres. Estaba disfrazado con una capa negra para esconder su aspecto pero el conde lo había leído apenas llegó y se había sentado a su lado. Cuando la charla científica terminó, Charles lo invitó a beber y platicar y le dijo que no necesitaba camuflarse con él porque era uno de ellos.
A partir de esa noche se convirtieron en grandes amigos. Intercambiaban correspondencia y Azazel lo había visitado en Westchester varias veces pero Charles jamás había ido a Viena antes. Por eso quedó sorprendido de lo modesta y acogedora que era su casa y lo completo y sofisticado que era el laboratorio.
Azazel lo examinó puntillosamente en la camilla de su consultorio bajo la mirada supervisora de Erik. Luego los invitó a que se sentaran frente a su escritorio. La pareja estaba ansiosa y el médico no necesitaba de la telepatía de su amigo para entender la razón.
-Charles se encuentra en un estado óptimo y el embarazo incipiente progresa de forma adecuada – les dejó en claro para tranquilizarlos.
Erik asintió con alivio pero fue directo al grano.
-Estamos muy contentos con el hijo que vamos a tener pero usted le dijo a Charles que podría haber inconvenientes en el momento del parto.
Azazel se levantó a sacar unos libros de una bibliotequita que guardaba en el consultorio, era muy pequeña en comparación con la que tenía en otro sector de su casa. Volvió a sentarse junto a la pareja y se acomodó las gafas para leer.
-Desde que me enteré de tu situación, me he puesto a investigar, Charles – explicó, mirando a su amigo atentamente. Luego bajó la vista y comenzó a hojear los libros -. Conociéndote, supuse que no optarías por interrumpir el embarazo y busqué material para ayudarte. Como te lo he dicho hay poco y nada, pero lo poco que hay es interesante y se puede deducir a partir de él. Quiero que sepas que te estoy confeccionando una dieta para que te fortalezca y ayude más a tu cuerpo a adaptarse. ¿Cuánto tiempo permanecerán en Viena?
-Una sema. . .
-Dos semanas – lo interrumpió Erik y miró a su amante -. Te dije que quiero enseñarte Viena y disfrutarla contigo.
-Supongo que estarán viviendo su luna de miel – comentó Azazel, sonriente.
Charles le asintió feliz. Erik no dijo nada.
El médico continuó.
-Tendré lista la dieta para antes de que se marchen. Ahora bien, te dije que el problema que presenta una gestación masculina es la formación del canal – Charles y Erik asintieron seriamente -. La dieta que voy a darte va a ayudar a tu organismo en la adaptación y transformación y, por lo tanto, ayudará a lograr que ese canal se forme. También hay masajes.
-¿Masajes? – preguntó Charles.
-Sí – replicó Azazel -. Masajes en la zona inferior del abdomen y alrededor de la zona pélvica – miró a Erik -. Puede empezar a recibirlos a partir del tercer mes, deben ser diarios y continuos así que le pediría que se los diera usted.
Charles sonrió pensando que Erik estaría muy complacido con masajearlo, pero su respuesta lo sorprendió.
-Nunca fui bueno dando masajes – confesó. El médico podía notar su tono preocupado, es que si de ello dependía la salud de Charles y no resultaban efectivos, el barón jamás se perdonaría a sí mismo -. Además, con tres meses ya comenzará a crecerle el vientre y no quiero dañar a la criatura.
-Es comprensible – entendió Azazel -. Por eso, cuando llegue el momento, yo le enseñaré a hacerlo. No es nada complicado, solo tiene que cuidar de no ser brusco y de masajear de la forma adecuada.
-Masajes, dieta – enumeró Charles -. ¿Hay algo más con lo que puedas ayudarme?
-No por ahora pero será la naturaleza la que se encargue, Charles – explicó su amigo -. De cualquier forma, no olvides que tu cuerpo se adaptó para concebir, se está adaptando para que puedas gestar y lo hará para que des a luz.
-¿Y si el canal no se forma? – quiso saber Erik -. Charles me dijo que ocurriría en las últimas semanas, ¿qué va a pasar si no sucede? ¿Habrá que recurrir a la cirugía?
-No hay otra manera de que nazca – replicó Azazel.
-Esa cirugía es fatal – aseveró el barón, preocupado.
Charles le apretó la mano, estaba tan nervioso como él.
El médico se quitó los lentes y los acomodó sobre la mesa.
-La cirugía sería el último recurso – cerró los libros -. No voy a mentirles sobre lo peligrosa que es, pero si no hay más opción, la realizaríamos aquí, programada y con todas las precauciones y medidas de higiene necesarias. Tengo libros de obstetricia en mi biblioteca personal, las últimas ediciones y los últimos autores que han escrito sobre el tema. Te los prestaré, Charles, para que los leas. Eres un científico y conocer el tema en profundidad, te tranquilizará mucho.
-¿Hay casos donde la madre haya sobrevivido? – inquirió Erik.
Azazel asintió.
-Pocos pero los hay, es cuestión del estado de salud de la paciente y de las medidas que se tomen al realizar la operación. En mi laboratorio, Charles no correría ningún peligro, él sabe lo obsesivo que soy con el tema de la higiene. En cuanto a su salud, está sano y mi dieta va a ayudarlo a fortalecerse más.
Erik suspiró. Seguía nervioso.
-No me tranquiliza saber que existe la posibilidad de recurrir a una cesárea.
-Erik – murmuró Charles, mirándolo y apretándole la mano, que seguía sosteniéndole -. Confío en Azazel ciegamente y confío en mi cuerpo también. No tengas miedo.
-No, Charles – el barón sacudió la cabeza -. No voy a estar tranquilo hasta que tenga la seguridad de que tú estés a salvo. Tu amigo dice que no es seguro que el canal se forme y que esa operación es peligrosa.
-¿Y qué propones que hagamos? – exclamó Charles -. ¿Quieres que interrumpa la gestación ahora?
-¡No! – respondió Erik con énfasis. Se frotó la cabeza -. No quiero eso, pero no puedo perderte, Charles.
Azazel soltó un suspiro. Era una plática de pareja pero sentía el deber de intervenir.
-Entiendo lo preocupados que están y admiro y envidio el amor que tu pareja te tiene, Charles – admitió con una mirada condescendiente hacia el barón -. No voy a negarles la gravedad del caso, pero todo embarazo y nacimiento implica riesgos para la madre y para la criatura. Lo que se hace ante esos riesgos es prevenirlos y la dieta y los masajes son medidas preventivas, que sospecho que serán eficaces.
-¿Y si no lo son? – quiso saber Erik.
-¿Por qué no lo serían? – le preguntó Charles y lo tomó del cuello para que lo mirara -. Mira, amor, no vamos a negar el riesgo pero como Azazel dijo, hay maneras de prevenirlo y estas parecen eficaces. Yo estoy tranquilo porque me encuentro sano y el bebé está bien. Hay una dieta y hay masajes, y tendré una examinación periódica donde iremos viendo paso a paso lo que sucede. Todos los embarazos presentan riesgos: los hubo en los de tu esposa, los hubo en el de Moira y los hay en este. Solo debo cuidarme y seguir las indicaciones.
Erik lo miró a los ojos. Seguía inquieto pero asintió.
Charles le sonrió.
-Estamos juntos en esto y cuando trabajamos en equipo somos invencibles – rio.
Erik no rio pero se mostró un poco más aliviado.
Azazel concluyó.
-Esas son mis indicaciones, Charles, y tendré para la semana que viene la dieta lista para que empieces a seguirla desde ahora. Ah, lo olvidaba – se levantó -. Quiero que me acompañen a la biblioteca en mi casa para que te preste los libros. Puedes devolvérmelos cuando los termines, enviando a ese jovencito simpático y veloz.
-Peter – sonrió Charles y se levantó con Erik.
-Sí, es muy locuaz – observó Azazel -. Y se nota que anda enamorado.
-Sí, lo está – contestó el conde feliz.
-Lo noté porque vino a verme hace un par de días y me hizo una pregunta íntima – y calló notando que había hablado de más.
Poco faltó para que Erik arrancara el metal de la casa con su desagradable sorpresa.
Charles leyó en su amigo la pregunta que Peter le había hecho, y rio.
-Erik, ¡no pienses de más! – bromeó -. Peter quiso saber cómo mantener el buen aliento constante porque le gusta besar a David en cualquier momento. No es lo que creíste.
-Perdón – carraspeó Azazel y miró al barón, arrepentido -. Creo que me expresé mal con lo de una pregunta íntima.
-Ya lo creo que sí – contestó Erik poco amigable.
Charles apretó la mano de su amante para calmarlo y pensó cuánto faltaría para que ese par de jóvenes enamorados empezara a pensar seriamente en el tema de las relaciones sexuales. Todavía tenían que afianzarse más como pareja pero el momento llegaría. Erik y él tendrían que estar dispuestos para escucharlos, aconsejarlos y guiarlos como sus padres. Luego, se dispusieron a ir a la biblioteca para que el médico les entregara los libros. Más tarde regresaron en carruaje al hotel para descansar antes de prepararse para cenar y asistir a la función de la ópera "La Flauta Mágica."
Mientras que Charles terminaba de arreglarse, Erik lo aguardaba sentado en la silla de la salita con los boletos en una mano y su bastón en la otra. El conde entró, anudándose el pañuelo elegantemente.
-Esta noche no se me antoja ningún plato en especial pero quiero repetir ese postre vienés que nos sirvieron ayer – comentó Charles, entusiasmado. El embarazo era incipiente pero le daba hambre, algo entendible con los cambios físicos que estaba soportando -. ¿Cómo se llamaba ese postre?
Charles miró a Erik, sonriente, para que le respondiera pero su expresión de angustia mal disimulada, le quitó la sonrisa. Se sentó en otra silla a su lado y le apretó los dedos.
-Erik, todo va a salir bien – aseguró con calma. Le llevó la mano a los labios -. Hay una dieta para fortalecerme y hay masajes para que el canal se forme. En el caso de que debamos recurrir a la cesárea, nos explicó lo importante que es mi salud y las medidas higiénicas. Azazel es un excelente cirujano, tú mismo te asombraste de su destreza cuando curó a Shaw, viste lo impecable que es su laboratorio y esa dieta me mantendrá sano para el parto. No tienes nada que temer.
Erik lo miró a los ojos, tenía los suyos acuosos y los labios le temblaban.
-¿Qué tal si a pesar de todas las precauciones te pierdo, Charles? – confesó su angustioso miedo -. ¿Qué haría yo sin ti? Me costó mucho afrontar la pérdida de mi esposa pero sé que si algo te sucediera a ti, yo, yo simplemente me moriría contigo – lloró. El conde lo abrazó -. No podría vivir sin ti.
-Yo tampoco podría si algo te pasara – soltó Charles desde el alma. Le revolvió el cabello cariñosamente y aspiró para imbuirse de su aroma -. Pero estamos juntos, sanos y felices. ¿Por qué no disfrutamos del momento?
-Son mis miedos – reconoció Erik y respiró profundo para tranquilizarse -. Se ve que la idea de una cirugía peligrosa me los sacó a flote.
Charles deshizo el abrazo y lo tomó de los hombros. Quería mirarlo directo a los ojos y que viera su sonrisa.
-Te amo, Erik. Hasta no hace mucho decírselo a alguien me hubiese sonado a cursilería pero ahora me brota del corazón. Antes tuve en mi vida momentos felices pero contigo todo el tiempo es para mí felicidad. Nos complementamos, nos divertimos y tenemos un futuro por delante. ¿Por qué no lo disfrutamos?
Erik lo besó. Charles le echó las manos al cuello y se apretó contra él. De a poco, los labios carnosos del conde hicieron que los miedos de Erik se diluyeran. Cuando se sintió mejor, se levantaron y el barón guardó los boletos en el bolsillo de su saco. Charles se vistió con el suyo, los dos se calzaron los guantes y abandonaron los aposentos para gozar de la velada.
…..
Las dos semanas pasaron tan rápido y las disfrutaron tanto, que Erik iba a proponerle permanecer una más. Sin embargo, querían regresar a casa con sus hijos. El viaje a Viena resultó una verdadera luna de miel y cuando el carruaje entró en la avenida de la mansión, todavía reían y se contaban anécdotas. Tuvieron que rentar un coche extra para transportar el equipaje que traían, la mitad eran regalos para sus tres hijos y algunas ropitas y juguetes que consiguieron para el bebé.
Sus tres vástagos estaban esperándolos ansiosos en la puerta. Wanda se adelantó y se sumergió en los brazos de su padre, mientras que Peter y David se les acercaron con una sonrisa. Charles abrazó a su hijo efusivamente y Peter, acostumbrado a que su progenitor le estrechara formalmente la mano, le pasó el brazo y se sorprendió cuando Erik prácticamente lo ahogó con un abrazo cariñoso.
-¿Cómo van las cosas con David? – le murmuró su padre.
-Muy bien – asintió el joven feliz -. Gracias por platicar con Wanda, papá. David se convirtió en la persona más especial para mí.
Erik le hizo una caricia afectuosa en el cuello y tomó a su hija del brazo para entrar en la casa. Los pajes se apuraban en bajar el equipaje y el barón les indicó los baúles que quería que llevaran a la sala porque contenían los obsequios.
Charles y David se fundieron en un abrazo profundo.
-¿Cómo sigue tu relación, hijo?
-Estoy muy feliz con él, papá – se miraron -. Nos entendemos y nos amamos, puedo sentirlo.
Charles asintió, complacido.
-La semana pasada llegó correspondencia de los tíos – continuó el joven -. Se excusaban por no poder asistir a la boda.
-Cierto, tenía que haberles escrito que se canceló – recordó su padre, suspirando.
-El asunto es que la tía no puede viajar porque se encuentra de seis meses – anunció David con una sonrisa de oreja a oreja.
Su padre quedó boquiabierto.
-¡Eso es maravilloso! – rio -. Hace mucho que desean tener un hijo.
-No les quise contar de tu embarazo, papá. Supuse que tú querrías hacerlo.
-Sí – respondió Charles y, sin perder la sonrisa, empujó al joven para que se alejaran del coche y entraran -. Voy a escribirles después de enseñarte lo que te trajimos.
En una de las salas más amplias, se reunieron los cinco junto a los baúles. El barón pidió a los pajes que alejaran dos, que contenían lo que habían comprado para el bebé, y dejaran los otros cuatro. Charles tomó asiento en un sillón junto a otro donde estaba sentada una ansiosa Wanda, y la joven pareja se ubicó en el sofá con las manos entrelazadas. Erik hizo los honores y abrió el primer baúl. Uno por uno y divertido con las expresiones de los jóvenes, les fue entregando sus regalos.
Después de un buen tiempo, cuando los tres terminaron de recibirlos, Erik extendió la mano hacia Charles para que lo acompañara a otra sala más íntima y pidió a los jóvenes que los siguieran. Era una habitación pequeña, más acogedora y familiar, Erik y Charles se sentaron en un sofá y sus hijos acercaron sillas para rodearlos. David caballerosamente acercó dos para que Wanda no se moviera.
El barón miró a su pareja a los ojos con una sonrisa y se volvió hacia el trío.
-Ya todos conocemos los acontecimientos de este último mes, pero con Charles quisimos hacerlo oficial para que nos una más como familia. Ya es de conocimiento para ustedes que los dos somos una pareja, que se ama y comprende y quiere seguir junta el resto de su vida. Por eso quiero de mi parte, decirte, David, que serás un hijo para mí y asegurarte que no te quitaré el lugar que ocupas para tu padre.
David asintió rápidamente. Charles le sonrió con afecto.
-Ahora le cedo la palabra a Charles – continuó Erik.
El conde posó la mirada en los dos hijos del barón.
-Pasé mucho tiempo viviendo solo con mi hijo, mi hermana y mi cuñado. Me mantuve alejado de la vida social, así que puede que me cueste un poco ser abierto con ustedes, pero sepan que los quiero de corazón y juntos iremos aprendiendo a conocernos.
Peter le sonrió indulgentemente, mientras que Wanda asintió. A la joven le costaba pero hacía un esfuerzo y Erik lo notó y se enorgulleció.
-Ahora viene el tema del bebé – apuró Peter, siempre impaciente.
-Sí, claro – contestó su padre y apoyó la mano sobre la barriga del conde -. Hablamos con el médico, Azazel, y nos aseguró que Charles y la criatura están bien. Hay una dieta que tiene que seguir y cuidados especiales.
-¿Cuándo va a nacer? – la ansiedad de Peter era increíble.
-Para julio – contestó Charles.
-En pleno verano – suspiró Wanda, pensando en el sol, el calor y las flores.
Erik tomó la palabra.
-Con Charles decidimos reunirlos y hacerlo oficial porque queremos que de ahora en más, pensemos juntos como familia. Nos costará adaptarnos y algunas veces será más fácil que otras, pero si todos hacemos el esfuerzo, saldremos adelante. Nos queremos los cinco, aunque nos cuesta abrirnos – miró a Wanda -, nos cuesta esperar a veces – miró a Peter -, o, simplemente, no estamos acostumbrados a vivir con mucha gente – se dirigió a David -, pero entre todos, si hay cariño y aquí lo hay, vamos a convivir y a compartir nuestras alegrías y tristezas.
Charles sonrió a Erik. Su discurso era perfecto pero él quería abrazar a sus nuevos retoños. Se levantó y extendió los brazos.
-Peter, Wanda, vengan.
Los gemelos se miraron y obedecieron. Él los abrazó y les besó las cabezas.
-Les agradezco el confiar en mí – les murmuró desde el corazón.
Erik se acercó a David, que un tanto tímido no sabía qué actitud tomar. Admiraba al barón pero le seguía pareciendo una persona distante. Erik lo abrazó con fuerza y el jovencito pudo sentir su afecto.
Ahora estaban listos los cinco para seguir adelante.
…
Charles había sido sincero al confesar que le costaba abrirse a veces por la cantidad de tiempo que había vivido solo con su hermana y con su hijo. Pero la espontaneidad de Peter y las pláticas con Wanda lo ayudaron a conocer a los jóvenes. Wanda estaba muy asustada con su poder y él se decidió a ayudarla como le había prometido. Se reunían en la biblioteca o en el jardín y él le enseñaba cómo canalizar los nervios con la memoria de su madre y recuerdos felices. Le explicó y aunque le costó, finalmente la joven admitió que su poder era maravilloso y comprendió que no sería un impedimento para que en un futuro alguien la amase.
Wanda estaba aprendiendo a aceptarse con el don que tenía y a conocerse más para controlarlo. Una tarde, cuando llevaban casi tres meses entrenando y la barriga del conde comenzaba a crecer, estaban los dos en la biblioteca practicando. De repente, la joven no pudo soportarlo más y comenzó a llorar y a llorar. Charles no sabía qué le había dicho para que reaccionara así y se sintió culpable. Se acercó y la abrazó. De a poco, los hipidos de Wanda se fueron calmando y lo apretó con fuerza.
-¡Fui mala contigo, Charles! – confesó arrepentida y lo tuteó y llamó por su nombre por primera vez -. Pensé tan mal de ti y de David. Eres maravilloso y me quieres en lugar de odiarme.
Charles cerró los ojos. Quería decirle que todos se equivocaban y aprendían de sus errores, pero estaba tan emocionado con su actitud, que solo pudo estrecharla.
-Quiero que me ayudes siempre – pidió Wanda -. Quiero contarte lo que me pasa siempre para que me consueles, quiero que me cuides, ¡quiero todo!
El conde sonrió. La demandante Wanda que sabía lo que buscaba.
-Claro que me tendrás siempre que me necesites, pequeña. Cuando te cases y formes tu familia, no importa lo que suceda, sabrás que tu padre y yo estaremos en esta casa, tu casa, para ti.
-¿Voy a poder casarme?
-¡Claro!
-¿Con este poder?
-Por supuesto – le besó la cabeza -. Cuando aprendas a controlarlo por completo, verás que es un don maravilloso y buscaremos la manera de que te integre a los demás en lugar de aislarte.
Wanda asintió y siguió abrazándolo. Había aprendido mucho en esos últimos meses, no solo de su mutación sino de la vida.
…..
Al tercer mes, Erik y Charles recibieron la visita de Azazel, para examinarlo como otras tantas veces y explicarle al barón cómo debía llevar a cabo los masajes. El conde seguía estrictamente la dieta y lo encontró saludable y fuerte.
Erik observó atentamente cómo tenía que masajear a su amante, se quitó las dudas, Charles también le hizo varias preguntas, e invitaron a Azazel a quedarse a cenar.
Erik también le pidió que examinara a Wanda y el médico le aseguró lo que Charles ya sospechaba, que era una mutación natural en ella y que el conde estaba actuando correctamente al guiarla y enseñarle a canalizarla.
Una vez terminada la cena, el galeno prometió que estaría de regreso en tres semanas y regresó a su casa en Viena.
Esa noche, en la recámara de Erik, el barón abrió un ungüento que Azazel les había dejado y se dispuso a darle los primeros masajes. Charles se desnudó y se acostó boca arriba en la cama. Erik se sentó en una punta y se concentró en hacer el trabajo correctamente. Sentía una responsabilidad enorme, sabiendo que de su accionar dependía la formación del canal y la vida de su amor. Comenzó en la parte baja del vientre ligeramente abultado, circundando el ombligo. Charles cerró los ojos y respiró profundo. Su amante titubeó, la respiración le hacía abrir apenas la boca e invitaba a sus labios a ser besados. Pero Erik estaba tan preocupado que continuó con los masajes.
Charles se arrellanó en el colchón. Erik fue bajando la mano hasta cerca de su pelvis. El conde se arqueó con un suspiro. Erik retiró la mano, frustrado.
-Charles, tenemos que hablar.
Charles abrió los ojos y se incorporó.
-Lo siento – confesó -. Es difícil sentir tus masajes.
Erik se limpió la crema de los dedos.
-Tu vida depende de esto – amonestó, preocupado -. Tu vida, Charles. También la del hijo que vamos a tener. Trato de hacer esto lo mejor que puedo y empiezas a suspirar y a arquearte. Esto no es un juego.
-Erik, lo siento – contestó el conde arrepentido -. ¿Quieres que me ubique de costado? ¿Quieres que apaguemos el candelabro? Tal vez la oscuridad te ayude.
-Lo que quiero es que tomes los masajes en serio – replicó el barón con severidad.
-¿Crees que no los estoy tomando en serio? – se molestó Charles y lo miró atentamente -. ¿Crees que no tengo miedo? Tú temes perderme pero quien sufrirá los dolores y arriesgará su vida soy yo – comenzó a temblar y apenas se contuvo -. Desde que decidí no interrumpir el embarazo tengo miedo, Erik. Le temo al dolor y le temo a la muerte. No quiero dejarte a ti, no quiero abandonar a David, no quiero perder a tus hijos, y, por supuesto, no quiero dejar a esta criatura. Solo me sujeto pensando con esperanza, pero tengo miedo, más que miedo: terror. ¿Crees que no me horrorizo pensando qué pasaría si no se forma el canal? ¿Crees que la idea de que me abran el vientre me consuela? ¡Estoy aterrorizado! Al menos encuentro en ti apoyo, encuentro apoyo en nuestra familia y Azazel me da seguridad. Pero si no fuera así, ¡estaría temblando de miedo constantemente!
Erik le apretó la mano para que se calmara, era raro que fuera Charles quien perdiera la paciencia.
-Entonces, recuéstate, cierra los ojos y déjame masajearte – pidió con suavidad -. Es una zona difícil para concentrarme, por eso ayúdame.
Charles obedeció y esta vez permaneció con los ojos abiertos enfocados en el techo. Se esforzó mucho para no sentir sus dedos, especialmente ahora que descendían más y más.
Erik hizo su trabajo concentrado y nervioso. Era la primera vez para los dos pero al ser masajes diarios se irían acostumbrando. Después de largos minutos, concluyó la tarea.
-Ya está, Charles.
Charles suspiró pero siguió sin moverse. Estaba aturdido después de haber liberado su miedo. Quería ser fuerte y creía que así apoyaba a Erik. Sin embargo, no se daba cuenta que el barón deseaba conocer sus temores para ayudarlo y apoyarse mutuamente como pareja.
Erik guardó la crema y, con las manos limpias, le acarició el rostro.
-Siempre eres tú el que me alivia y consuela, Charles – le susurró con amor -. Pero déjame ser yo quien te consuele esta vez. Estás asustado, ven conmigo – lo empujó del brazo para que se incorporara y lo transportó hacia su corazón. Charles comenzó a temblar y dejó salir sus emociones. Lloró, despacio al principio y con fuerza después. Erik le acariciaba el pelo y lo besaba -. Está bien que tengas miedo. Es lo esperable y entendible. Pero déjame, solo déjame cuidarte. Te amo y no puedo evitar que sufras. Eso me desespera, pero puedo aliviarte el dolor con mi amor. Te amo, Charles, te amo.
Charles lloró contra el pecho de su amante y se hizo un ovillo en sus brazos. Se sentía indefenso, asustado y le tenía un miedo atroz al parto y a la cirugía. Ahora que podía expresarlo, soltó toda su angustia y lloró.
Era tan reconfortante sentir a Erik. Era reconfortante sentirse en sus brazos y sentir miedo y tenerlo a su lado para que lo consolara.
….
¡Hola!
Quería avisarles que el próximo capítulo se enfocará en la relación entre Peter y David. También agradecerles el apoyo y espero que les siga gustando.
Estoy dando los últimos toques a un fic nuevo Cherik donde por primera vez escribiré a la pareja de Logan y Peter.
¡Saludos!
