CAPITULO 5: CONSECUENCIAS

Sarada se sentía incomoda…

Los últimos meses sus pequeños problemas se habían intensificado a un nivel no esperado. Su trabajo iba bien, entrenaba duro y a pesar de todo, tenía tiempo libre para dedicar a su relación con Bolt. Sin embargo, en cuestiones familiares estaba teniendo más problemas de que se costumbre.

Desde muy pequeña, había entendido que su padre no sería el típico hombre de la casa, como si sucedía en casi todas las familias. Su madre la había criado prácticamente en soledad, y solo cuando egresó de la academia ninja, de tanto en tanto Sasuke Uchiha se dignaba a oficiar como padre, más interesado en las actitudes ninjas de su hija y en cualquier otro aspecto.

Cuando regresaba a la aldea, (la menor cantidad de tiempo en relación con sus viajes) Sasuke había entrenado a su hija sobre todo en las cuestiones del sharingan. Sarada se había sentido muy feliz, cuando a los 10 años despertó su herencia. Pensaba, y hasta el momento se había equivocado, que esto uniría definitivamente a su familia. Pero Sasuke no sabía lo que significaba ser padre o marido. Y había dado muestras cabales además, de no estar interesado en aprender tampoco.

Sarada además, cuando ya tuvo como 12 años, pudo comenzar a notar la tristeza de su madre. Sakura había hecho todo lo posible por ocultarlo, pero su hija captaba cada vez más definido la mala relación entre sus padres. Incluso, se preguntaba si hubo un tiempo mejor cuando fue una recién nacida. Porqué lo relativo a ser cercanos, apenas si se podía explicar que ella no hubiese nacido sin una técnica de generación espontánea.

A los 15 años, todas las Kunoichi recibían lecciones prácticas y/o teóricas sobre sexo y seducción. El arma más peligrosa de las mujeres, era su capacidad para doblegar la voluntad de sus objetivos, mucho antes de pensar en un combate. Sarada, conocía que su sharingan podía oficiar como un amplificador de su seducción. Meter en un sutil Genjutsu a su objetivo, para hacerlo desearla con demasiada intensidad, como para negarse a morir. Recibió valiosas lecciones, pero también tuvo que soportar la amargura de descubrir un nuevo mundo en el interior de su casa.

Su padre y su madre, no se entendían. Él era un hombre, cuya necesidad por el sexo opuesto parecía prácticamente nula. Ella era una mujer muy apasionada, que curiosamente veía coartado su verdadero ser, cuando el marido se encontraba cerca. Sarada había notado que su madre, reía y hablaba mucho más efusivamente cuando su padre no se encontraba en Konoha. No era que no lo quisiera, tampoco que no lo extrañara. Simplemente su personalidad real, se veía intimidada por la presencia de Sasuke Uchiha. Por vaya uno a saber qué asunto, en la mente en la Kunoichi médico.

Poco a poco, Sarada comenzó a notar que las rabietas de su madre, eran directamente proporcionales a las noches donde no veía sus deseos satisfacerse. Sarada sospechaba, entre datos de sus lecciones y lectura de gestos, que el padre no cumplía con el nivel sexual de expectativa que la pelirosa mujer había tenido. Ergo, al día siguiente Sakura tenía un ánimo del infierno. Y para variar, Sasuke lo arreglaba todo muy fácil. Simplemente armaba su mochila, juntaba sus provisiones y se marchaba durante meses lejos del hogar.

Sin embargo, una situación pareció querer voltear la rutina. Y para nada mejoraría la situación con ese cambio. Sarada y Bolt, conociéndose desde antes de la academia. Comenzaron a verse como mucho más que simples amigos. Fue inevitable. Bolt era guapo, valiente y muy atento con ella. Tenía una extraña mescla de frialdad en sus movimientos, y seguridad en sus pasos. Con ese carácter volcánico que surgía de su alma, como explosión del infierno. Además, era el hijo del Hokage y todas las chicas morían literalmente por ganarse su corazón.

Sarada no sabía cómo expresarle lo que estaba sintiendo. Tenía miedo a su rechazo, tenía miedo a perder no solo al chico que le gustaba, sino también al amigo que sería siempre. Entonces, en una medida desesperada, intentó usar su sharingan sobre Bolt para ayudar a seducirlo. Sin embargo, el resultado no fue para nada esperado. El rubio se dio cuenta enseguida, aunque Sarada no sabía cómo, y le sonrió divertido. Habían terminado de entrenar en un campo alejado, y se disponían a descansar un rato cuando ella intentó su maniobra:

-¿Por qué intentas usar tus ojos en mí, Sarada-chan? –le dijo acercándose a ella y atrapándola contra un árbol en el campo de entrenamiento- sabes que eso no es legal….

-B….Bolt-kun….no quise…

-Oh si….-sonrió el acercando su rostro a una niña que se estremecía y sonrojaba- conozco tu técnica, me has hablado de ella hace meses. Desde tus clases para Kunoichi. ¿Qué buscabas en mi mente?

¡Ella jamás lo diría! Se estaba muriendo de vergüenza. ¡No quería ver nada de su mente! ¡Quería dejarle una orden adentro! ¡QUIEREME BOLT-KUN! ¡QUIEREME, COMO YO TE QUIERO! Se sentía morir del disgusto cuando otras Kunoichi intentaban lograr la atención del rubio Uzumaki. Se volvía loca y quería matarlas. ¿Cómo controlar esos sentimientos?

-No quería nada….-balbuceó ella apenas, y el rostro del muchacho estaba muy cerca- aléjate.

-¿quieres saber que siento? –Consultó muy suave él, adivinando increíblemente- ¿lo que me haces sentir? ¿O quieres engañarme?

-yo no….-ella no sabía que decir, realmente estuvo por engañarlo, al menos en un nivel inconsciente- yo no quiero…que estés junto a ninguna otra chica. ¡Solo tienes que estar conmigo!

15 años tenía Sarada entonces. Y le había gritado en la cara al chico amado, que no quería compartir su sonrisa con nadie. Que ninguna chica tenía que tener el derecho a verlo, ¡y mucho menos a tocarlo siquiera! Solo quería que fuera para ella. Bolt Uzumaki debía ser solo para ella.

-Se bien que….-susurró ella, cuando los labios de Bolt estaban demasiado cerca para su cordura- que no soy la más bonita. Mi cuerpo no….es…como el de…

-Sarada-chan…-le respondió el rubio ya serio, y acariciando la mejilla de la joven- eres toda lo atractiva y hermosa que desearía. No tienes que usar el sharingan contra mí. No lo necesitas.

Y después de esas palabras. El primer beso para Sarada Uchiha. Bajo un árbol enorme, en un campo de entrenamiento alejado de la aldea. El primer beso para quienes ya no podían seguir siendo amigos. El primero, pero no el último.

Sarada jamás olvidaría cuando corrió ese día, directo a casa de sus padres. Como la ilusión de amor correspondido, le había endulzado tanto el alma que no podía soportar un segundo sin reír. ¡Bolt la quería! ¡Bolt la había elegido por sobre todas! ¡SIN TRUCOS! ¡SIN TRAMPAS!

Sin embargo, en su propia casa encontró el siguiente obstáculo a su felicidad. Sakura su madre, le había sonreído con la mayor sinceridad posible. No era indiferente para Sarada, que su madre decía no llevarse nada bien con Bolt. Aparentemente la pelirosa creía que el joven rubio la odiaba o cosa parecida. Cuando Sarada jamás había presenciado alguna agresión de su ahora novio a su madre. Y en cuanto a su padre. Sin bien no estaba en la casa cuando sucedió el asunto, Sakura le había comunicado la buena nueva por mensaje de ave. Y el Uchiha se apareció al día siguiente. Prácticamente se había cruzado el mundo en 24 horas. Todo para reprobar la relación con esa hosquedad que lo caracterizaba:

-No creo que sea el momento para tonterías de noviazgo…-le dijo Sasuke la noche siguiente- aun estas muy verde como ninja. Necesitas entrenarte a tiempo completo, si alguna vez quieres ser Jounnin.

-Así que….-respondió Sarada bajando la cabeza- ha cruzado el país en un día, todo para decirme que no aprueba mi felicidad. ¿Eso dice Oto-sama?

Sakura emitió un gesto de molestia. Era cierto que parecía tener problemas con Bolt de manera personal, pero también admitía que Sarada nunca había recibido más que dulzura y buen trato del rubio. Y era lo que por el momento importaba.

-Naruto pensara lo mismo…-le dijo Sasuke no sabiendo como ocultar lo que realmente le molestaba- aun eres joven. Así que olvídate de esto.

-tiene 15 años…-apuntó Sakura saliendo en defensa de su hija- desde que salió de la academia, sabes bien que ha dejado de ser una niña.

Básicamente estaban hablando de su profesión. Sarada era ninja. Una Chunnin de 15 años. Con muchas misiones sobre la espalda, y no faltó el motivo en ellas para matar. Había robado, había luchado, había matado. ¿Y no podía tener novio? ¿En qué mundo delirante vivía Sasuke? Las cosas quedaron ahí por el momento. Pero al día siguiente, Sasuke fue en busca de Naruto para obtener su apoyo.

Lamentablemente para el Uchiha, la decepción seria mayúscula cuando Naruto ni siquiera consideró intervenir en la relación de los jóvenes. Le dijo, que respetaba a Bolt y le conocía lo suficiente para saber que nunca dañaría a Sarada. Entonces fue Sasuke, quien tuvo que buscar otro método para mantener un poco de cordura.

Días después, Sarada durante el entrenamiento con su padre, recibió su "autorización" para continuar su noviazgo. Sin embargo, hubo una clara advertencia sobre un asunto íntimo:

-Sarada…

-¿si Oto-sama…?

-si bien tu madre, y los padres de Bolt están de acuerdo con la relación, te hare una advertencia sobre ello…

La niña bajó la vista, le intimidaba demasiado la presencia de su padre. Apenas si podía creer que le hubiera respondido hace tiempo, cuando Sasuke expuso su negativa primera al noviazgo.

-las mujeres, todas las mujeres Uchiha en la historia del clan, llegaron con su virtud intacta al matrimonio. Es un don que solo el clan Hyuuga también posee. Por acuerdos de clanes con la aldea.

Sarada no sabía que pensar. Pero no le sorprendía la situación. Ella, y las niñas del clan Hyuuga habían sido las únicas que no les obligaron a las clases de tipo prácticas en seducción. Tampoco a la hija del Hokage se le había impuesto tal entrenamiento.

-Sabes que no apruebo que te distraigas del entrenamiento por causa del hijo de Naruto. Sin embargo, no volveré a intervenir. Pero tienes prohibido tener intimidad física con él, hasta tanto no se decida y concrete un compromiso matrimonial. Si desobedeces….me encargaré de matarlo.

Sarada tenía 15 años entonces, y su rostro adoptó el color de los tomates maduros. Nunca su padre había hablado tan profundamente como en ese momento. ¡Kami! ¡Estaba hablando de sexo! Sarada sentía muchísima vergüenza. Era un asunto que pensaba consultar con su madre. En su momento. ¡No ahora, que solo tenía 15 años!

Desde esa advertencia, las rutinas en la casa Uchiha volvieron a su cauce. Sasuke volvía a sus viajes, y Sakura intentaba hacer creer a su hija que era feliz con la situación. Ahora mismo, casi dos años después del asunto, Sarada se sentía un poco incomoda al recordar la prohibición de su padre. Algunas amigas, que tenían novio así como ella, ya habían tenido al menos una noche "especial". Todos eran ninjas, todos podían morir en cualquier misión. ¿Por qué no disfrutar del amor en cuanto pudieran? Luego, si sobrevivía lo suficiente, se hablaría de casamiento.

Pero Sarada no pudo desafiar las advertencias de su padre. Tuvo que ponerle un límite a Bolt, y contaba con la fortuna que el muchacho había accedido a esperarla. Seguramente el Uzumaki, pensaba que ella todavía no se sentía preparada para tener su primera vez. Aun así, había sido difícil limitarlo en sus besos y caricias. Porque Bolt no dejaba de intentarlo en cuanto podía.

Además, los problemas en su casa aumentaban a cada semana. Su madre era una mujer muy hermosa. Y sus sonrisas a diario, le daba preocupantes pistas a Sarada sobre su estado de ánimo cambiante. Aunque pareciera imposible, Sakura estaba más feliz y satisfecha cuando Sasuke no estaba, que cuando regresaba a Konoha. Algo había cambiado, Sarada lo presentía. Pero el mundo de los Shinobi es complicado. Leer gestos de una Kunoichi, era bastante difícil.

Sin embargo, la intuición de la niña Uchiha, sumado a sus experiencias personales con su novio Bolt, le hizo sospechar algo terrible. Aunque pareciera imposible. Sakura Uchiha, su madre….estaba teniendo una aventura. O como mínimo, había otro hombre en su vida. Un hombre que podría destruir completamente su familia.

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Había trascurrido exactamente un mes desde aquella noche de fuego en la casa Uchiha. La situación se maniobraba en carriles totalmente normales a pesar de todo. Bolt no había dejado de verse con Sakura, a pesar de todo el riesgo que implicaba seguir con esa aventura. Tácticamente hablando, estaba causando el efecto personal que había intentado evitar con su intervención inicial.

Se suponía que tenía que alejar a la esposa de Sasuke Uchiha, de las manos del Hokage. La razón era evitar una pelea entre ambos Shinobi y consiguiente desestabilización de la paz en Konoha. Pero, a pesar de haber conseguido el primer objetivo, ahora tenía a esa misma mujer como su propia amante. Ergo, aun Sasuke podía enterarse que le ponían el cuerno, y desatar un caos.

Bolt conocía perfectamente sus capacidades propias, y había estudiado lo suficiente para entender que sujetos como Sasuke o el Hokage que era su padre, no eran "manejables" en un combate igualado. Básicamente, el Magenkyo sharingan eterno hacia casi invencible al esposo de Sakura. Y su orgullo seria gravemente lesionado, si acaso se enteraba que su mujer, ya hacía tiempo que pertenecía a otro. Para decirlo simple, había cambiado a su padre como objetivo, para exponerse a sí mismo.

Bolt prejuzgaba que su padre a pesar de la relación tirante, no permitiría que Sasuke lo asesinara. ¿Pero cómo tomaría la situación, al enterarse que Bolt había follado a la mujer que él toda la vida había deseado, sin poder tener?

Lo sensato, hubiese sido cortar la relación. Antes que lo supiera alguien más. Antes que por mala fortuna, cambio de rutina, o por una misión más corta de lo calculado, algunos de los principales interesados se enterará. Bolt no era un cobarde, pero tuvo que admitir que las últimas veces que estuvo metido en la casa Uchiha follando con Sakura, había tenido un escalofrió nada agradable ante el sonido del viento en la ventana. O crujido de madera en el exterior. ¿Se imaginan? Sarada, o tal vez Sasuke viendo como el hijo del Hokage, le daba por el culo a la dueña de casa. En su propia cama. Un espectáculo increíble.

Al mismo tiempo, todo lo que Bolt pudiera sentirse prevenido o preocupado, Sakura parecía experimentar exactamente lo opuesto. Ella cada vez era más atrevida. Cada vez se preocupaba menos de ser descubierta. Cada vez se contenía menos en su afán de buscar momentos libres para follar con Bolt. Y aunque el muchacho pudiera figurarse que estaba metiéndose en graves problemas al no cortar la relación a tiempo. También sentía deseos demasiado fuertes por Sakura, como para ignorarlos y volver a estar distante de ella. Además, su trabajo para el ANBU de raíz no había concluido. Y Sakura podía desatar con sus celos un verdadero desastre si no estaba dispuesta a aceptar un corte en la relación clandestina. Había que manejarse con cuidado por el momento.

Por lo tanto, viendo que su "amante" no claudicaba en gusto. Bolt Uzumaki comenzó a usar sus mejores habilidades para mantener la relación en completo secreto. Siempre portaba varios sellos de silencio entre sus cosas. Tenía ropa extra a mano y varias excusas potables por si alguien lo requiriera. Conocía de memoria el itinerario de misiones tanto de su propio equipo, como el de Sarada. Con lo cual conocía con exactitud los días donde su novia no estaba en la aldea. Había tomado precauciones de no ir a por Sakura, mientras la joven Uchiha estuviera cerca. La noche donde llovió torrencialmente, Sakura había dado un somnífero a Sarada y eso funcionó perfecto. Pero Bolt no había permitido que esa maniobra se volviera frecuente. Uno, porque los ninjas tendían acostumbrar el cuerpo a cualquier droga o veneno, reduciendo el poder de efecto. Y dos, porque sorprender era la mejor manera de no ser nunca atrapado con los pantalones abajo.

Sorprender….

Un tipo de virtud que la mayoría de los ninjas no respetaban adecuadamente….

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Ingresó a la morgue como otras tantas veces. Anudó su rosado cabello, domándolo como de costumbre con una coleta por detrás. Se colocó una bata color azul, guantes largos desechables y finalmente abrió el enorme pergamino de sellos, para sacar el cadáver guardado allí.

Sakura Uchiha, hacía varios años que no se ocupaba de estos menesteres. Le gustaba el trabajo de laboratorio, e incluso estaba actualmente tomando turnos regulares en el hospital general, como en sus años de estudiante. Su actual categoría Jounnin, tenía todos los méritos y consideraciones que se puede desear. Naruto en calidad de Hokage, el consejo de clanes y todos sus colegas ninjas-médicos, le otorgaban un nivel de respeto total. No solo era una de las herederas de Tsunade Senju, sino también la esposa del reconocido segundo Shinobi más fuerte de Konoha.

Sin embargo, ante su sorpresa inicial, esa madrugada llamaron a su puerta algunos cazadores ANBU. El Hokage en persona, había mandado a buscarla para que atendiera una misión de máxima prioridad. Todo estaba teñido de un matiz extraño para la mirada de Sakura. Se vistió formalmente, e incluso tuvo el impulso de llevar tanto utensilios médicos, como algunas de sus armas químicas. Sabía que un portakunais no le serviría de mucho. Ella aún conservaba su monstruosa fuerza, así que armas ninja no cambiarían su ecuación en caso de peligro. Sin embargo, su talento en el laboratorio había creado más que solo píldoras de soldado y paralizantes.

Mientras caminaba por los pasillos de la torre Hokage, Sakura analizaba que toda la situación general, era cuando menos preocupante. ¿Acaso tenía que ver con Sasuke? ¿Le habría pasado algo en su misión actual, y Naruto quería comunicárselo personalmente? Sería terrible para Sarada. Mucho más, que para la propia Sakura.

De pronto, una sensación helada le recorrió la espalda. ¿Tendría que ver con Bolt? No, eso no podía ser. ¡Eso definitivamente no debía ser! ¿Cuál sería la reacción de Naruto? si realmente sucediera. Era algo que Sakura sabía perfectamente, era imperdonable.

Cuando se detenía a pensar lo estaba haciendo con Bolt, lo había venido haciendo durante los últimos meses, toda zona racional en la mujer pelirosa se encendía como alarmas de incendio. No solo era cuestionable desde lo moral. Rompiendo absolutamente todas las barreras que deberían haber detenido la locura. Respetar sus votos matrimoniales, un muchacho convertido en su amante. Que ese joven no solo pudiera ser su hijo por edad, sino que además era novio de su propia hija. Y como cereza al postre perverso, se trataba del hijo de Naruto Uzumaki. Hokage de Konoha, amigo de toda la vida, y un hombre que la había pretendido desde siempre.

Entró a la oficina, los guardias que la escoltaban no acompañaron el movimiento. Incluso los cazadores ANBU que custodiaban en el interior, simplemente salieron ante la entrada de ella, cerrando tras su partida en grupo.

-Sakura-chan…-le dijo Naruto serio como una tumba- lo que tengo para decirte, es algo muy difícil.

"Sasuke" pensó la pelirosa, acercándose despacio al escritorio que la separada del rubio. ¿Realmente había muerto Sasuke? ¿Quién pudo acabarlo?

-Sucedió una desgracia, –Apunto Naruto- un muerto. Alguien conocido.

-Naruto, me estas poniendo nerviosa. –aclaró ella sonriendo apenas por la tensión.

-Encontramos a pocos kilómetros de la aldea, a Kiba Inuzuka. –dijo con el gesto más sombrío que Sakura hubiese visto –estaba muerto.

-¿asesinado? ¿Una misión que salió mal?

-No lo sé. Nadie lo sabe. –Anunció el Hokage- no presenta heridas de consideración. Tampoco hay signos de batalla en los alrededores. Pero teniendo en cuenta que es el hijo de una líder de clan. Y nuestro amigo…

-y nuestro amigo…-repitió ella mecánicamente, como acompañando ese dolor que parecía tener Naruto.

-tengo que poner todos los recursos que poseo, -continuó el líder- para averiguar exactamente lo ocurrido. Necesito alguien de total confianza. Alguien que pueda hacer una autopsia, y decirme primero a mí. Lo que necesite saber de este caso.

Sakura captó enseguida la indirecta. Tsume Inuzuka estaría destrozada. Estaría buscando culpables. Y la edad de Kiba, no permitía pensar en una muerte natural. Los informes de una autopsia podrían señalar una pista clave. El asunto era, ¿adónde apuntarían los dedos acusadores de las pruebas?

-Necesito alguien de confianza Sakura-chan…-le confió Naruto acercándose a ella al rodear el escritorio- necesito…saber primero que nadie, lo que sea que haya ocurrido.

No había más por aclarar, Naruto sospechaba que alguien perteneciente a Konoha, había asesinado a Kiba. Pero no tenía pruebas que lo apoyara. ¿Sería cierto? ¿Un trabajo interno? ¿Una venganza personal? Kiba no se caracterizaba por su simpatía en varios de los círculos más poderosos de la aldea. Además, siendo un mujeriego incurable. Probablemente se había metido con la mujer equivocada. ¿Un crimen pasional? ¿Alguna Kunoichi despechada que decidió asesinar a Kiba en venganza? ¿Algún novio o acaso marido, suficientemente celoso como para decidir terminar con su "rival"?

-si no hay signos de batalla, -dijo Sakura tratando de mantener la calma- es pronto para acusar a nadie. Tengo que ver el cuerpo.

-estoy de acuerdo, -añadió Naruto- tendrás exclusivo acceso al cadáver.

Media hora después, en un horario más recomendable para dormir que otra cuestión. Sakura ingresaba a la sellada sala 4 de la morgue subterránea, en el hospital de la hoja. En soledad, se dedicó a preparar el cadáver de Kiba y revisar cada detalle básico. Cubriendo todo aspecto conocido sobre la causa de muerte. Trabajó con diligencia, tal su costumbre. Sakura podía concentrar su energía en un solo punto como si fuera un rayo de sol. Eso le permitió descubrir no solo la causa de la muerte en Kiba, sino pistas de las circunstancias que lo llevaron a ese final.

Cuando volvió a salir a la calle, eran pasadas las 10 de la mañana. Sakura se sentía cansada, esa concentración al mínimo detalle le pasaba una factura prodigiosa en cansancio mental. Además, su corazón sentía mucho dolor. No había mayor daño para ella, que descubrir un asesinato escondido en lo que parecería muerte accidental. ¿Qué debía decirle a Naruto? ¿Solo el informe forense correspondiente? ¿Hacerle notar sus sospechas sobre algunos "detalles" en el cadáver?

Para cuando estuvo en la oficina del Hokage, su mente y corazón batallaron largamente para tomar una decisión. Una que podía cambiar su vida, y la de su familia para siempre. Su deber como Kunoichi, contra su preservación personal. Una decisión difícil. Una decisión para tratar de ver, a través de las decepciones.

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-Onii-chan….te traje unas galletas…

Bolt estaba estudiando con paciencia sus informes en la habitación. Generalmente, no recibía visita alguna cuando se encerraba en su aposento privado. Su madre, nunca le molestaba, tampoco su padre cuya permanencia en la casa Uzumaki solo podía calificarse como "escasa". Sin embargo, su hermana Himawari tenía el único acceso permitido. Ella golpeó levemente, y recibiendo el consentimiento, deslizó la puerta del cuarto para ingresar a él. Traía consigo un platón con galletas caseras. También en su bandeja, dos vasos con té caliente daban un increíble aspecto a la merienda. A Bolt nunca le molestaba la presencia de su hermana. Y mucho menos si traía deliciosa comida.

-¿Puedo quedarme aquí contigo? –Le preguntó la joven, con esa dulzura característica- prometo no molestar Onii-chan.

Sonrió como el sol, y a Bolt siempre le agradaba eso. Desde que eran niños, habían tenía una armonía espiritual casi perfecta. Nunca pelearon, nunca discutieron. Su pequeña hermana no tenía mucha diferencia de edad con él, y eran muy cercanos. Los años en la oscuridad del entrenamiento con Raíz, no cambiaron en Bolt el trato hacia Himawari. Y si eso no había funcionado, nada lo haría.

-Deliciosas…-dijo el rubio luego de morder una galleta- ¿Ka-san las preparó?

-No esta vez…-señaló la joven- tuve un poco de tiempo luego de mi última misión. Ka-san está visitando a los Hyuuga. Así que pensé cocinar esto para ti. Onii-chan.

Bolt estaba sentado frente a un pequeño escritorio que usaba para trabajar. Allí planificaba y releía los datos sobre sus misiones. No tenía miedo que su hermana husmeara, ya que ella solía bajar la cabeza y ponerse roja como un tomate cada vez que alguien la miraba fijamente por un rato. Además, Hima sabía perfectamente que a su hermano le agradaba su privacidad. ¡Jamás miraría nada que él no quisiera!

-¿Qué te ocurre Nee-san? –le preguntó finalmente Bolt bebiendo un poco del delicioso te- ¿acaso necesitas hablar conmigo sobre algo?

Ella, sentadita en la única otra silla del cuarto, juntó ambas manos sobre su regazo y enrojeció aún más. Era evidente que las galletas caseras y el té, venían con intensiones superiores a la mera compañía:

-yo….bue….no….

Comenzó a balbucear. Eso a Bolt le sorprendía bastante. Nunca había balbuceado cuando estaban solos. ¿Qué le ocurría? Bolt dejó lo que estaba haciendo para atenderla. Su hermana parecía necesitarlo. Y siempre estaría para protegerla. ¡Pobre de aquel imbécil que quisiera dañarla! Que se diera por muerto.

-etto…-susurró Himawari suavemente- me gusta….alguien.

-De acuerdo Hima…-sonrió el suavemente, aunque sorprendido- dime…

Ella necesitaba aliento. Necesitaba el apoyo de su hermano, y Bolt siempre estaría. Su relación con su única hermana, era el único vínculo puro que tenía.

-estaba pensando…-dudó ella tímidamente- Inojin-kun me parece….atractivo. Y creo que le gusto también.

-desde luego que le gustas Nee-san…-dijo Bolt sonriendo y tomándola de ambas manos contento- creo que debes seguir a tu corazón. Yo siempre estaré contigo. Decidas lo que decidas.

-¿crees que… a nuestros padres les molestaría?

-¡¿Qué más da?! –Estalló Bolt apenas colérico- ¡no tienen derecho a dirigir nuestros sentimientos! ¡Te protegeré de quien sea! –Reafirmó con determinación- tú simplemente diles lo que sientes. Después de todo, ellos son amigos de los padres de Inojin. Y si te molestan de alguna forma….yo me encargaré de hacerles entrar en razón.

Después de esas palabras optimistas. Himawari hizo un gesto que a Bolt le pareció extraño. Sonrió contenta por el apoyo, pero al mismo tiempo no parecía enteramente satisfecha con la situación. Tal vez pensaba que el Hokage pondría el grito en el cielo. O que a su madre le disgustaría no haber sido la primera en enterarse. A Bolt Uzumaki poco le importaba. Quería la felicidad de su hermana. La deseaba como a ninguna otra cosa en su vida. Cuando veía a los ojos de Himawari, se sentía en casa. Se sentía humano y en familia.

¿Qué valor puede adjudicársele a eso?

Boruto Uzumaki tenía que salir de su propia casa, ponerse una máscara y fingirse pequeño. Solo un Chunnin cualquiera. Además tenía que cumplir misiones sucias. Asesinar, robar y engañar. Tenía que tener mucho cuidado con sus padres. Debía andar con suma atención para no delatar sus habilidades personales, o su relación con la madre de Sarada. Tenía demasiado en la cabeza, como para no sentirse en un refugio cuando su linda hermanita venía a buscar su complicidad. ¿No valía la pena trabajar para mantenerla a salvo? ¿No valía la pena sacrificar lo que fuera por verla feliz?

Por esa razón, Bolt sentía no tener límites. Que cada quien lo tome como quiera. Por su hermana, y por el resto de su familia aun en contra de las voluntades, debía seguir siendo Raíz. Para que las hojas continúen viviendo en paz.

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-he revisado la información varias veces Naruto –Dijo Sakura en una reunión privada en la oficina del Hokage- si bien al inicio, pueda parecer una muerte dudosa. Es claro para mí, que Kiba Inuzuka fue asesinado.

Naruto la escuchaba con total atención. La seriedad del asunto no permitía que nada mas allá, pudiera suceder al desviar la mirada. Sakura era una experta, junto a Shizune y algunos médicos ninja de otras aldeas, eran las mejores en el campo de la medicina. Si estaba afirmando que Kiba había sido atacado, derrotado y asesinado. Efectivamente así lo era.

-¿Qué tipo de ataque no deja heridas externas? –consultó el rubio que ya había visto información preliminar. Incluso ciertos golpes de daño interno como el Junken, dejan algún tipo de marca. ¿Cómo pudo alguien matarlo sin contacto físico?

-no soy experta en técnicas de palma suave, -anunció Sakura colocando sus informes sobre el escritorio de Naruto- pero puedo afirmar luego de hacer la autopsia, que las venas y arterias que se comunican al corazón, fueron cerradas por un ataque tan preciso como mortal.

-¿pero cómo lo hicieron?

-Eso no puedo asegurarlo. Solo tengo algunas pistas que nos acercan a una versión del tipo de ataque. Kiba tiene restos de piel en sus uñas, señal clara que se aferró a su asesino instantes antes de caer muerto. El ataque fue frontal, a corta distancia y con alta precisión. El golpe no le permitió a su rival tomar distancia, pero al mismo tiempo Kiba estuvo muerto desde el momento mismo de recibir el ataque. Las venas y arterias cerradas con precisión, dejaron un solo acceso de la sangre al corazón. Su sangre, simplemente se acumuló hasta reventarlo desde adentro. Fue horrible.

Ese fue el momento exacto, en el cual Shizune ingresó a la oficina para interrumpir. Naruto fue avisado de una reunión del consejo de clanes para dentro de algunas horas. Allí debían darse las noticias sobre el asunto de la muerte de Kiba, entre otras cuestiones importantes de la villa. Naruto recibió la información de Shizune, y se sentó tras su escritorio visiblemente abatido. Los problemas se acumulaban con un ritmo que apenas podía controlar, aun con ayuda de sus clones.

Finalmente, cuando volvieron a quedar solos en la oficina, Naruto ensayó la única pregunta para la cual aún no tenía respuesta:

-Sakura-chan…. ¿tienes alguna idea de quien querría asesinar a Kiba en esta aldea?

Era el momento de decirlo. Era el preciso momento donde Sakura podía evocar un par de noches atrás. Donde tuvo un encuentro sexual con Bolt. Donde pudo notar en los hombros del joven, marcas de garras afiladas. Él había dicho que fue entrenamiento, pero ahora Sakura podía presumir que vinieron de las manos de Kiba esas heridas. ¿Por qué lo hizo? ¿Cómo pudo tomar por sorpresa a un Shinobi experto como Kiba Inuzuka? ¿Cuál fue la razón de ese asesinato? ¿Fue por una orden? ¿Quién le dio esa orden? Naruto sería el último en hacerlo. De lo contrario, no se hubiera molestado tanto en averiguar en la autopsia sobre esa muerte. ¿Entonces cuál era la razón de esa muerte? ¿Realmente había sido Bolt? ¿O acaso todo era fruto de una gran casualidad?

-¿realmente lo has hecho? –Se preguntaba por dentro Sakura, mientras respondía al Hokage que no tenía idea sobre la identidad del asesino- ¿Por qué lo hiciste? ¿Cómo lo lograste?

-entonces debemos tener cuidado, a partir de ahora Sakura-chan. –Dijo Naruto serio- tal vez este ataque solo fue el inicio de todo. Debo avisar a todos los clanes. Esto puede salirse de control muy rápido, si alguien comienza a sospechar un ataque interno. Aunque no parezca un ataque Hyuuga, es el único clan que puede realizar algo parecido. Las sospechas nos causaran serios problemas.

-sea quien sea….-dijo la pelirosa con cautela- pudo haber recibido órdenes para cometer el acto. Nadie que cometa un crimen por pasión, puede tener este nivel de precisión. Hubiese atacado abiertamente, sin preocuparse en hacerlo pasar como muerte dudosa.

-es todo Sakura-chan…-asintió Naruto reflexionando- tengo que pedirte un favor. No hagas ningún comentario sobre tu trabajo en la morgue. Debo hacer averiguaciones en ciertos lugares, antes de dar una respuesta al consejo de clanes. Parece que el trabajo nunca se termina por aquí. ¿Verdad?

Sonrió a desgano, Naruto se veía desbordado por las responsabilidades. A veces Sakura se preguntaba si ese "sueño" de su viejo amigo, no era algo que nunca debió anhelar. ¿Cómo saberlo? A veces las decisiones que marcan la vida, deben ser elegidas para por fin darse cuenta de los errores cometidos. Y aprender a lidiar con las consecuencias.

Mientras Sakura se retiraba de la torre Hokage, evocaba en ella misma ese pensamiento. Por muchos años, había tratado de lidiar con sus propias decisiones. Con el hombre que eligió como marido, con la familia que intentó conformar. Durante demasiado tiempo había tratado de soportar el peso de sus decisiones. Y tal vez hubiese continuado atada a ellas hasta el final.

Pero todo cambió violentamente.

Podía culpar a Boruto en un inicio, pero ahora mismo, no estaba tan segura que fuera el joven Uzumaki la causa de todos los problemas por venir. Por principio de cuentas, si ella no hubiera estado coqueteando con Naruto, el hijo no se hubiera visto inclinado a chantajearla y violarla. ¿Realmente fue una violación? Era cierto que al principio no fue consentido, pero su cuerpo rápidamente había tomado gusto a ese sexo adictivo y voraz.

Boruto no había sido lo que aparentaba. No la odiaba, al menos no completamente. La deseaba con intensidad y fue lo suficientemente atrevido para tomarla. ¡Más aun! Tenía la audacia de seguir teniéndola satisfecha en calidad de amante, y jugar un peligroso juego de gato y ratón con el resto de los Uchiha. Si Sarada se enteraba, sería un gran problema. Si Sasuke se enteraba, seria directamente un desastre.

El asunto era, lidiar con las consecuencias.

¿Quería Sakura volver a la vida de ama de casa aburrida e insatisfecha? ¿Deseaba mantener la distancia del único hombre que había sido lo suficientemente "hombre", para domar su cuerpo? ¿Podría acaso fingir que nada habría pasado? si todo volviera a como antes estaba, aun así quedaban algunas cuestiones ulteriores por resolver.

¿Quién era realmente Bolt Uzumaki?

Era evidente que un Chunnin normal, no hubiese podido cometer tal asesinato sin dejar ni rastro. Además, esa técnica misteriosa que había usado, era un arte que solo los Hyuuga poseedores del Byakugan podían esbozar. Aun así, el golpe había sido tan preciso, que superaba Junken.

-esos rasguños….-pensaba Sakura llegando a su casa y alistando las cosas para el almuerzo- los recuerdo bien. Coinciden con los que tenías en los hombros Bolt.

Sakura tenía mucha experiencia en heridas. Últimamente, los primeros minutos de sus encuentros con Bolt, eran para sanarlo de varias heridas que se hacía en misiones o entrenamiento. Esos rasguños los recordaba perfectamente. Eran particulares. Claramente de garras afiladas. Uñas muy filosas. Sakura había sentido una sensación interna de celos. ¿Acaso Bolt follaba con otra mujer? ¿Una golfa de uñas largas? ¿Se la había follado tan duro, que ella le había marcado de esa forma? Le consultó por esos rasguños mientras lo curaba, tratando de no parecer celosa, pero la respuesta era siempre la misma. "fue un entrenamiento". Y lo siguiente, fue una sesión de al menos 4 horas de sexo inolvidable. Bolt usaba su imperiosa energía para tocar todas las teclas correctas en el cuerpo de Sakura. La había hecho delirar prácticamente. Por esa razón seguían enredados a pesar del peligro.

Sakura cocinaba, y su hija había llegado para ayudarla. Usualmente Sarada no se ocupaba de pasar por la zona, pero con algo de vergüenza, había admitido hacia algunos días que quería aprender a cocinar al menos lo básico. No podía darse el lujo de no saber hacer nada de comer.

-Ka-san…usted está muy rara últimamente.

-¿Ah? Tranquila hija…-le sonrió la rosa algo nerviosa- sucede que, he dormido poco anoche. Tuve que madrugar por trabajo en el hospital.

-vinieron a buscarla muy temprano. ¿Sucedió algo? No es común que los ANBU pasen por un médico en su propia casa.

Muy perceptiva, como casi siempre. Lo que Sarada no podía ver, era lo que jamás se atrevería a esperar de las personas que estaban más cercanas al corazón. Eso llenaba de culpa a Sakura. ¿Cómo podía estar haciendo con Bolt esta traición? ¿Qué pasaría si ahora decidía terminar ese vínculo? ¿Quién era Bolt y cuáles eran sus verdaderas habilidades? ¿Le haría daño a Sarada en venganza al final del acuerdo de amantes? ¿Qué ocultaba detrás de esa suave sonrisa y aspecto despreocupado el hijo de Naruto?

-murió un Jounnin, -dijo la pelirosa para alejar los pensamientos malos- un amigo de muchos años. Se graduó en la misma promoción de tu padre. Los altos mandos querían que diera mi opinión. Eso es todo.

-pero hay más…-se animó Sarada alentada por la conversación en esa cocina- siempre que Oto-sama viene a casa, ustedes pelean. Y cuando él no está, usted parece vivir en otro mundo. ¿Qué sucede realmente Ka-san? ¿Acaso usted…?

Ella estaba cerca, Sakura notaba nervios en su hija. Ella tenía una idea general del problema. Y la madre solo deseaba que jamás lo descubriera todo. Pero algo tenía que decirle. Y tal vez confesarle la mitad del asunto, era mejor que mantenerla en la oscuridad. Al menos así, podía darse tiempo para decidir lo mejor a futuro. Su relación con Bolt terminaría, era inevitable. Finalmente, luego de suspirar y dejar las verduras cortadas deslizarse por la tabla hacia la olla hirviente, la pelirosa tomó valor para hablar:

-durante muchos años, amé profundamente a tu padre. –le decía con pena a su hija- y nunca le pedí nada. Quería hacerlo feliz, ser la mejor esposa y madre. Tú conoces la historia del final de la guerra, y como Sasuke decidió regresar a nuestro bando. Pero…

-¿pe….pero?

-a pesar de tenerte a ti Sarada, -le dijo la madre abrazándola fuerte y profundo- no puedo recordar otra muestra de cariño, que tu padre me haya otorgado en todos estos años.

-Ka-san….no puede ser tan así. –le susurraba la morena aturdida.

-los años pasaron, y tuvimos que vivir solas. ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas los viajes de tu padre? Ha estado fuera de la aldea y lejos de nosotras durante casi todos estos años. Nunca estuvo para ti, nunca estuvo para mí.

Sarada no sabía que decir. No era como que no entendiera la situación. Ella misma estaba involucrada en esa soledad. ¿Pero por qué? ¿Por qué razón le ocurría a su familia? ¿Por qué no estaba su padre para negar esa separación?

-déjame contarte….algo muy difícil para mí. Espero que puedas comprender. Hace un par de meses….sucedió algo de lo que no estoy orgullosa, pero me devolvió la vida.

Y Sakura comenzó a hablar. Necesitaba decirte a Sarada al menos el comienzo de todo. Tenía que hacerla comprender. O al menos que no la odiara sin entender. No le diría la identidad del hombre que la estaba satisfaciendo, pero al menos tenía que hacerle notar lo que en realidad estaba pasando. Antes que Sarada use su Sharingan, y descubra mucho más de lo que pudiera soportar.

Había tomado una difícil decisión. Tal vez presionada por las circunstancias. Y como de costumbre, no sabía si podría lidiar con las consecuencias.

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-Aquí sucedió Bolt….-le dijo Naruto caminando la zona de bosque donde había sido encontrado el cuerpo de Kiba Inuzuka- aquí es donde puedo conocer la verdad.

Boruto había recibido órdenes para acompañar al Hokage. Inicialmente pensó que su padre buscaba comenzar una rutina de entrenamientos. Hablar un poco, mientras practicaban y al mismo tiempo tomarse un descanso de sus obligaciones de oficina. Lo extraño, era que el original Hokage y no uno de sus clones habían partido desde la aldea junto a Bolt. Directo a algún lugar alejado de todo y todos. Sin escoltas, sin mucho palabrerío. El joven Uzumaki nunca sospechó que terminarían llegando al lugar exacto, donde había asesinado a Kiba hace un par de días.

-el cuerpo de Kiba fue encontrado aquí. –le dijo el Hokage caminando por el lugar con las manos tras la espalda- y no hay rastros de olor o huellas de su asesino. Alguien lo atacó aquí mismo. Justo el momento exacto donde Akamaru no acompañaba a su amo.

Boruto se dio cuenta que su padre lo sabía. No tenía idea en que había fallado su cubierta para que el Hokage se hubiese enterado, pero tampoco había otra explicación para haberlo traído a la escena del crimen, y mostrarse tan disgustado como estaba. Era una pena que se hubiera enterado. Bolt hubiese querido guardar el secreto un poco más. La siguiente misión podía estar en peligro por este tropiezo.

-¿y tú punto es…?

-¿Por qué? –Definió Naruto disgustado y confundido- necesito una buena razón para no denunciarte ante el consejo de clanes. ¿Por qué lo hiciste hijo?

Bolt observó a su padre con gesto neutral, los parpados del Hokage estaban oscurecidos. Tenía ojos anfibios de color amarillo. Naruto Uzumaki estaba en modo ermitaño. Era así, como pudo captar los rastros de chakra que Boruto había dejado hace días. Era el maldito mejor rastreador de Konoha. Y lo había descubierto por eso. Bolt pudo ocultar su olor, también su rastro y las pruebas que podían conectarlo al ataque. Se suponía que Kiba se vería con una de sus amantes en ese claro del bosque. Por eso vino solo.

Bolt lo había asesinado, con un golpe preciso aplicado a corta distancia y justo en la zona del corazón. El que Naruto tuviera noción del chakra de su hijo en la zona, no significaba nada. Había muchos métodos para evitar que se supiera todo. Además, era justamente su padre quien tenía el modo ermitaño con el cual había sido descubierto. ¿Realmente lo iba a entregar? Finalmente Boruto, decidió soltar la carga de cuentas que guardaba en el corazón. Nunca había hecho manifiesto el desprecio que tenía por su padre. Pero había llegado el momento de explicarlo todo:

-ahora pareces verme bien Oto-san…-sonrió Bolt fríamente- han pasado muchos años. Pero finalmente me prestas atención. ¿Recuerdas el primer examen Chunnin que tuve? Donde fui derrotado y humillado frente a todo un estadio. Donde no conseguí ascender, sino a hasta un año después. –La mirada de Naruto denotaba sorpresa- no me mires como si lo recordaras perfecto. Después de todo… en ese combate que cambio mi vida. Estuviste presente, y ni siquiera te importo observarlo.

Y ese fue el comienzo de todo. De una larga conversación que no traería más que desgracias. Bolt estaba obligado a improvisar un plan. Su padre lo había descubierto, y debía hacer lo que fuera para distraerlo. El tiempo se terminaba, y Bolt se decidió a arriesgarlo todo. Tal vez no podría ser tan fuerte como lo era lo su padre. Pero existía un título que si sentía poder arrebatarle.

Ser el número 1, en sorprender a la gente.

Fin del capítulo.