CAPITULO 7: UN NUEVO JUGUETE
Sus rutinas diarias no variaron demasiado…
Bolt Uzumaki salía todas las mañanas bien temprano. Primero desayunaba en la cocina con junto a su madre y hermana, para luego trasladarse a algún campo de entrenamiento, en la búsqueda de elevar su nivel. Caminaba despacio, saludaba a los mismos de siempre que cruzaban por la calle, y se disponía a comprar las mismas cosas que de costumbre a su regreso. Casi nadie, entre los civiles que Bolt había visto, se enteró que estuvo en la cárcel acusado de asesinato. Tal y como había supuesto el joven Uzumaki, su padre no había permitido que la noticia de su captura ganara la calle. Cosa que seguramente estaría agradeciendo internamente, en la profundidad de su oficina en la actualidad.
Sin embargo al poco de andar, Bolt comenzó a observar que lo vigilaban de cerca. Lo pudo notar en su primer entrenamiento privado, al día siguiente de esa "conversación aclaradora" con el Hokage. Luego, mientras almorzaba en un puesto de comidas cualquiera, y finalmente cuando visitó a Sarada. Siempre tenía algunas sombras siguiendo sus pasos. ¿Serían enviados por su padre? ¿Acaso serían los Hyuuga? ¿Podrían estar buscando una revancha los Inuzuka? Había alguien a quien Bolt no había podido engañar completamente. Aunque en realidad no importaba. No por el momento al menos. Pero debía averiguar eventualmente de quien se trataba. Para actuar en consecuencia.
Tal y como había prometido a Sakura, en los primeros días luego de su liberación, tuvo una conversación privada con Sarada, y decidió dejarla. Al principio, cuando había aceptado los términos de la madre de su novia, Bolt pensó que efectivamente no sentía nada por Sarada Uchiha. Que enredado como había estado con Sakura, comprobaba que Sarada no significaba demasiado para él.
Sin embargo, cuando la miró a los ojos, esos hermosos y oscuros ojos de profundidad, Bolt sintió una puntada en el corazón. Sarada no solo era su novia, también era su amiga más antigua. Prácticamente habían crecido juntos. Mientras el rubio hablaba sobre separarse, pensaba y repensaba todo lo vivido. Cuando Sarada intentó ingresar a su mente, cuando se besaron por primera vez. Bolt reflexionaba que en aquella ocasión, aceptó los sentimientos de Sarada como una forma de reemplazo. En realidad, hacía tiempo que venía deseando a Sakura Uchiha, y su hija era como la versión del pasado de su objeto de deseo. Se parecían mucho, madre e hija, en las cuestiones físicas, y en lo que Sarada podía ser como mujer en un futuro. Eso pensó Bolt aquella tarde, cuando aceptó convertirse en el novio de su mejor amiga.
El tiempo pasó, y contrario a lo calculado no fue un desastre.
Bolt seguía sintiendo mucha ansiedad por Sakura. Tanta que le provocaba irritación cuando estaba cerca de ella. Pero se vio en problemas rápidamente, porque debía disimular ante Sarada la situación tensa que vivía con respecto a su madre. Paso a paso, empezó a notar algunas diferencias marcadas entre madre e hija. Y cuando tuvo que estudiar los informes psicológicos sobre Sakura Uchiha, ya decidido a actuar contra ella, pudo figurarse las pautas que la diferenciaban claramente de Sarada. Aunque físicamente fueran parecidas, mentalmente tenían otra estructura.
-Sarada-chan….-le dijo Bolt luego que ella se abalanzó sobre él y le besó en los labios con ternura- tenemos que hablar…
Ella se estremeció levemente, sintió el impacto de esas palabras incluso antes de siquiera suponer sus intenciones. Fueron a un lugar tranquilo, Bolt aun así sabía que lo estaban vigilando implacablemente. Fueron, a las hamacas detrás de la academia Shinobi. No era día de clases para los niños, nadie molestaría la situación.
-seguramente has sabido lo ocurrido…-inició Bolt, que por dentro admitía estar costándole más de lo que pensaba- yo….no sé qué decir.
-no te preocupes Bolt-kun…-sonrió ella apenas, aunque tenía un mal presentimiento- todo esta aclarado. Yo sabía que tú no eras culpable de eso.
Bolt sabía exactamente donde estaba el sujeto que lo vigilaba. Ventajas de contar con una habilidad secreta. Así que se movió un poco de lado, quedando aun sentado junto a Sarada, y mientras hablaba normalmente, comenzó a realizar lenguaje de señas con sus manos, muy útil para misiones peligrosas. Mientras sus manos eran cubiertas del espía por su espalda. Él le dijo a su amiga, "estoy siendo vigilado". Y con su boca aclaró:
-tengo problemas con mis padres Sarada-chan. –sonrió apenas cuando notó que su amiga había comprendido las señas- y creo que esos problemas, te pueden alcanzar a ti.
-¿Por qué razón?
-Porque no importa lo que pueden o no pueden probar. –anunció el rubio entendiendo que la pregunta de su amiga, iba directo a su mensaje encriptado- sino descubrir hasta donde podemos llegar en determinadas situaciones. Y sobre todo, hasta donde pueden llegar ellos.
Sarada lo pensó un momento. ¿Por qué? ¿Por qué tenían la idea de que alguien como Bolt podía asesinar a sangre fría? ¿Qué razón podía tener su novio en cualquier caso? Kiba Inuzuka, era apenas un amigo de ambas familias que se la pasaba de conquista en conquista más que preocupado en cualquier otro asunto. Sarada se quedó como en un trance, mientras Bolt hablaba de cualquier otro asunto que ninguno de los dos importaba. El notaba, que ella estaba pensando profundamente, y la conversación trivial solo era para distraer a los ojos que los seguían. O llegado el caso, los oídos que los escuchaban en la oscuridad. Finalmente, en medio de una charla que no tenía sentido para nadie, Sarada pareció reaccionar:
-¿Qué vamos a hacer? –preguntó con profunda seriedad.
Bolt sonrió apenas, con frialdad y cierto aire de tristeza. En realidad había venido para dejarla. Pero Sarada lo conocía tan bien, que enseguida hubiese sospechado algo extraño. Lo último que el Uzumaki necesitaba, era tener a una ex-novia muerta de celos persiguiéndolo por toda la aldea como perro de presa. Sarada era bastante posesiva con los seres a los que amaba. Al punto de perder la calma y esa mente analítica que la destacaba en su trabajo. Además, no estaba de más prevenir un estallido de odio Uchiha. Bolt había tenido que tragar la historia de cada clan en la aldea de la hoja, durante su entrenamiento en Raíz. Y esa parte en particular, le hacía repensar la idea de ser excesivamente cruel.
-estuve pensando….-dijo Bolt dejando al espía leer sus labios perfectamente- que deberíamos separarnos.
-¿Q….qué?
-Sarada-chan eres buena amiga. Pero….-le miró de lado para continuar la historia- ambos sabemos que esta relación no ira a ningún lado.
-Bolt-kun…eso no es cierto…
-Si lo es…-aclaró el rubio ya metido completamente en lo que venía a hacer- por ejemplo esto…-saco de sus ropas un pergamino con el símbolo del clan Uchiha en el- me entregaste este rollo de poemas hace semanas. ¿Realmente no entiendes la situación? No me interesan tus poemas. Hace casi un año que salimos, y a pesar de mis intenciones no tienes el mínimo interés de estar conmigo. Quiero follar, simplemente eso.
Sarada no entendía nada. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Estaba dejándola? ¿Estaba reclamándole por sexo? ¿Era verdad o mentira?
-Bolt-kun ya te lo expliqué hace tiempo….-dijo ella compungida- mi padre…
-¡Tu padre! ¡Tu padre! Es de lo único que te escucho hablar Sarada-chan. –Bramó con molestia artificial el rubio y caminaba por el lugar inquieto- tu padre esto, tu padre lo otro… –Dejo caer el pergamino al suelo con desprecio y señaló- Así que… creo que debe ser nuestro final. Te regreso tus poemas, y espero que puedas ser feliz junto a tu padre.
Y se fue, a paso seguro y sin esperar que ella reaccione de ninguna manera. Boruto se fue, y Sarada se quedó observando el suelo mientras sus ojos humedecían entre los lentes. ¿Por qué? ¿Por qué le había dicho esas cosas tan horribles? Ese no parecía el Bolt de siempre. Era como una actuación. Apenas si podía sostenerse en pie, el cuerpo le pesaba demasiado. Sarada Uchiha estaba haciendo el esfuerzo más supremo por no llorar. Caminó lento, recogió el pergamino que Bolt había dejado tirado como si fuera basura, y se retiró al refugio de su hogar. Directamente a encerrarse a en su cuarto y con la perspectiva de no abandonarlo hasta la muerte.
Mientras tanto, el espía a lo lejos esperaba tiempo prudencial para no descubrirse. Rato después, desaparecía en un remolino de hojas y seguía tras Boruto Uzumaki. Su objetivo de misión.
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La cena en la casa Uchiha, nunca había sido tan amarga y triste…
Sakura observaba a su hija, y apenas podía creer el devastador efecto que le había causado el rompimiento del noviazgo con Bolt Uzumaki. Sasuke como siempre, cenaba en silencio sin importarle cosa alguna, pero ahora Sarada frente a su padre, parecía una versión femenina perfecta. Tan apática y silenciosa como su progenitor. Nada dispuesta a siquiera levantar la vista para dedicar palabra alguna, a cualquiera de sus padres.
Una semana, solo una semana había pasado desde la tarde donde regreso conteniendo el llanto y se encerró en su habitación sin abrirle a nadie. Y contrario a la reacción común que se hubiera esperado de ella, no volvió a intentar contactar a Bolt. Tampoco se dispuso a expulsar la rabia que la corroía en una dura sesión de entrenamiento. Sakura había causado la situación indirectamente. Pero apenas podía comprender los matices de consecuencias que se presentaban ante sus ojos.
Envió un mensaje a Sasuke, contándole como cosa diaria a lo sucedido, y obtuvo un repentino e inesperado interés del sujeto. El hombre regresó dos días después de recibido el recado, y pretendió formar parte de su "familia" como tal vez nunca había sucedido antaño. ¿Se había preocupado por la depresión de su hija?
Si lo hizo, nunca llegó a notarse…
Solo pretendía sacar a la niña para entrenarla. Y contrario a lo clásico, ella en ningún momento desde que su padre regresó a Konoha, le pidió entrenamiento o siquiera le dedicó una mirada. Sarada casi no comía, tampoco había accedido a salir con su amiga Chouchou cuando vino a tratar de levantarle el ánimo. Sakura se sentía cada vez peor por la situación. Había tratado de proteger a Sarada de las consecuencias que podían traerle a Bolt Uzumaki, el haber asesinado a Kiba Inuzuka. Y lo único que había conseguido era hacerle un daño terrible. Tal vez irreparable. Sakura empezaba a tener miedo. Un temor a esas historias horribles de la familia Uchiha, y su tendencia a caer en la oscuridad por intermedio del Sharingan. Sakura amaba a su hija, y sabía perfectamente adonde conducía el camino que alguna vez, tomaron tanto Itachi como Sasuke. Un camino del que casi nadie había retornado.
Habían pasado casi dos semanas, desde que acordó con el joven Uzumaki el separar a las familias. Porque técnicamente hablando, Sakura y Bolt había logrado abrir una brecha importante en las relaciones entre los Uchiha y los Uzumaki. Por ejemplo, con la ruptura del noviazgo entre Bolt y Sarada, ya no habría fines de semana donde ambas familias compartían casa. Tampoco a Sakura le interesaba estar cerca de Naruto, compartiendo el mismo techo. No cuando conocía el efecto negativo que eso podía causar en el matrimonio Uzumaki. Y además de todo, Sarada estaba sufriendo. De una forma que parecía mantenerla paralizada.
-Sarada….-dijo Sasuke cuando terminó la cena- mañana en la mañana empezaremos a entrenar. No quiero un "no", como respuesta.
-tengo una misión….-apuntó la joven sin mostrar ni un ápice de reacción. –será para otro día.
A Sasuke le pareció extraño. Era la primera vez desde que Sarada desarrolló el Sharingan, que aducía algún asunto anteponiéndose al entrenamiento. De hecho, si tenía una misión era comprensible que se negara. Pero llegada esa situación, ¿Por qué razón era la primera vez que sucedía? Nunca parecía haber tenido problemas para cambiar los horarios de las misiones, o hasta llegar a cancelarlas de alguna manera. Ahora mismo además, no parecía con el mejor ánimo para salir a ningún lado.
Algunas horas después, mientras Sarada continuaba en su confinamiento personal, Sakura recorrió los pasillos de su casa en puntillas. Sasuke había desaparecido en la media tarde, aduciendo que tenía "asuntos que tratar", y la pelirosa comenzaba a sospechar que el moreno andaría enredado con alguna mujer de la aldea. ¿No era por esa razón que ya no hacían el amor hace meses? ¿No era lógico suponer que tenía amantes incluso fuera de Konoha? A Sasuke no le importaba su matrimonio. Nunca le había importado. Si demostraba el mínimo interés, había sido solo por Sarada y su entrenamiento.
Sin embargo, la niña actualmente tenía cierto resquemor en sus ojos. Ya no quería con desesperación estar con su padre. ¿Por qué razón? ¿Era porque lo culpaba por el amante que tuvo que tener su madre? ¿Había otro motivo? Sakura no sabía que pensar, ni cómo actuar. Siempre tenía la impresión de estar arruinándolo todo con cada intervención.
-Sarada cielo….-dijo tratando de levantarle el ánimo la madre, e ingresó en el cuarto con una bandeja con la merienda- te traigo algo de té y…
Cuando abrió la puerta, se encontró con un cuadro no esperado. La niña estaba sentada con su carita en un gesto perdido. Tenía los ojos deslumbrados y parecía haber caído en un sueño hipnótico. Frente a ella, estaba Sasuke Uchiha. Con el sharingan activado.
-¡¿Qué rayos estás haciendo?! –estalló la pelirosa.
Sasuke si se sorprendió, no lo demostró para nada. Simplemente se distrajo de su tarea y le ordenó a Sarada, "vete a la cama". La joven se puso de pie y obedeció mecánicamente. Aun vestida de entrecasa, se recostó de lado como autista del mundo y cerró sus ojitos negros para descansar. El hombre asintió, satisfecho. Y atravesó la puerta del cuarto ignorando a su esposa como si no existiera.
Sakura se acercó rápidamente a la niña, nerviosa. Expandió un poco de chakra verde sobre la frente de Sarada, y así pudo comprobar que había estado bajo efecto de Genjutsu. ¿Por qué? ¿Por qué Sasuke le había hecho eso? Sarada respiraba pesado al comienzo, pero luego que Sakura le liberara comenzó a relajarse. Finalmente ya no mostraba tensión, y estaba descansando de verdad.
Sakura estaba furiosa. ¿Cómo podía ser Sasuke tan insensible? ¿Acaso quería borrar de la mente de su hija ese amor que sentía? ¿Creía que todo se solucionaría así de fácil? La pelirosa salió de cuarto cerrando la puerta y dispuesta a romperle la nariz a su marido. ¡Siempre lo mismo! ¡Todo lo quería solucionar con el sharingan!
-¿Qué estabas haciéndole a Sarada? –Dijo Sakura apareciendo en la cocina adonde Sasuke había elegido retirarse- ¿acaso no hablamos sobre respetar los espacios de nuestra hija?
-no tengo tiempo para sutilezas. –Anunció Sasuke- Sarada está en una edad inestable. Solo quería asegurarme que no cometiera una estupidez.
-¿una estupidez? Es una adolecente, y esta dolida porque se peleó con su novio.
-el hijo de Naruto me importa un cuerno. –Definió el hombre- pero me niego a tomar más riesgo del necesario.
-¿Riesgo? –Consultó Sakura nerviosa- ¿de qué riesgo hablas?
¿Acaso Sarada estaba pensando en dañarse a sí misma? La sola idea de haberle causado tal locura, hacia a su madre estremecer. ¿Era realmente tan grave? ¿Y cómo pudo intuirlo Sasuke de cualquier manera?
-¿y para que usaste el sharingan? No se puede jugar con la mente de las personas así –indicó Sakura.
-los Uchiha lo han hecho por décadas. –anunció con total falta de emoción Sasuke- en mi caso, no tengo opción.
-¿Qué quieres decir?
-Sarada es la única mujer Uchiha que queda. –indicó Sasuke como si fuera nada- ella desarrollo el sharingan y eso fue una gran fortuna. Sus hijos serán la clave del resurgimiento del clan Uchiha.
-¿sus….hijos?...-susurró Sakura sin poder creer lo que la conversación estaba sugiriendo.
-eventualmente, Sarada tendrá que comprometerse y contraer matrimonio. Pero sus hijos, sea quien sea el marido, deberán heredar el sharingan obligatoriamente. Es la única forma que queda.
-eso no puede saberse nunca. –Intentó conciliar Sakura- el sharingan se desarrolla aleatoriamente entre…
-claro que no... –adujo Sasuke tomando un vaso de té que Sakura había intentado dar a su hija de la bandeja en la mesa- los miembros del clan Uchiha que se cruzan con otros clanes, tienes un 25% de posibilidades de despertar el sharingan en sus hijos. Pero dos Uchiha como padres, aumentan al 75% esa probabilidad.
-pero….no hay…otro….-balbuceó Sakura incapaz de creer lo que se estaba sugiriendo.
Sasuke bebió tranquilamente, los pergaminos que había heredado de su familia contaban no solo las técnicas y sellos secretos de los Uchiha. Sino su historia. Sin ir más lejos, descubrió que sus propios padres habían sido primos entre sí. No era una práctica fuera de lo común. La familia Hyuuga conservaba para sí mismos el Byakugan cruzando a sus familiares sin problemas. Además, cuando un Uchiha que cambiaba de clan por casarse con una extranjera, generalmente sus hijos no germinaban el sharingan. Y si lo hacían, los altos mandos de la aldea o la policía Uchiha se encargaban de que es niño o niña, "sufriera un accidente". Los Hyuuga tenían otros métodos en esos casos, pero buscaban el mismo resultado. Que la herencia no sea para ningún otro clan.
-Sarada nunca lo aceptara….-dijo Sakura entre sorprendida y nerviosa.
-no tiene opción, -añadió Sasuke como poca cosa- durante años, siempre se ha usado el mismo método. Borraré de su memoria cualquier recuerdo del asunto. Y cuando se haya casado tendrá hijos Uchiha….sin importar quien sea su esposo. Por esa razón, debo evitar que cometa una idiotez y se embarace antes del casamiento. Sarada está destinada a tener hijos con el sharingan. No hay nada más que hablar sobre ese asunto.
Estaba manipulando a su propia hija. Simple y claro. Estaba usando su horrible poder para mantenerla casta y bajo total control. Incluso le había venido a las mil maravillas que se hubiese peleado con Boruto Uzumaki. Siempre sería mucho más sencillo encontrar un sujeto con características físicas más parecidas a los Uchiha. Para colar perfectamente esta antigua trampa, que vaya uno a saber cuántas décadas tenia de vida. Sakura lo entendió todo. Supo la razón que Sasuke había tenido para ordenar a su hija que no tuviera sexo hasta el casamiento. La niña confundida había consultado a su madre, y con 16 años había tenido ya la ansiedad de descubrir ese mundo con el chico que amaba. Pero Sasuke había intervenido. Y ya se conocía la razón.
-no puedo creer que pienses en hacerle eso a tu hija. –Añadió Sakura ya entrando en una furia difícil de controlar- ¡no puedo creer que le hagas eso a tu familia!
-Sarada es mi única posibilidad. –Dijo Sasuke lacónico como siempre- durante años he buscado herederos que tengan el sharingan. 14 casos en distintos países. Sarada fue la única que despertó el sharingan.
"14 casos" 14 mujeres embarazadas de 14 lugares distintos. El maldito desgraciado había estado follando por el mundo, mientras Sakura tenía que cuidar prácticamente sola a su única hija. Sufriendo la soledad, masturbándose, llorando en la ducha la desdicha de haber elegido a un sujeto que no la deseaba. Que no la amaba. Y de postre esta confesión ligera, tan suelto de cuerpo como para pretender que ella no haría nada para detenerlo.
-si piensa que voy a permitir que violes a mi hija…..estas muy muy equivo….-se acercaba al dispuesta a machacarle cuando tuvo que detenerse.
-¿y quién dijo que tu tendrías opción? –anuncio Sasuke enfocando su Magenkyo sharingan contra la esposa y paralizándola.
Como siempre había hecho, borraría esa conversación que ya había sucedido otras dos veces. En cierta forma le parecía divertido repetir la experiencia. Se explayaba mucho, porque en anteriores ocasiones Sakura había sacado sus propias conclusiones, y aun así conseguía idéntico efecto. A Sasuke le resultaba estorboso tener que volver cada tanto para revisar que todo marchara correctamente. Hubiese necesitado apoyo de Sakura. Pero siempre había sido un estorbo y eso jamás cambiaria. No entendía que él tenía una responsabilidad mayor con su familia. Nunca entendió que simplemente la embarazo para obtener herederos. Realmente le había resultado pesado tener que soportarla cuando buscaba sexo. No era ni la más atractiva, ni era la mejor de cuantas mujeres había tenido. Y no era que le importara demasiado el aspecto. Simplemente no le gustaba esa forma escandalosa y maniática de ser. Le gustaban las mujeres calladas y formales. Esposas ideales.
Siempre se había reprochado su elección. Casarse con Sakura Haruno solo había sido para mantener las apariencias en Konoha. Para que dejara de perseguirlo y molestar. Y paradójicamente, su peor elección de esposa, fue recompensada con una hija que despertó el sharingan.
Cosas del destino. Su futura mujer….era precisamente su hija.
Y la promesa de restaurar el clan Uchiha, que lo abarcaba todo.
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Encendió su cigarrillo, y la primera calada le supo a gloria…
Shikamaru Nara estaba recostado en una cama doble de un motel, luego de haber estado follando durante varias horas. El lugar era tranquilo, siempre usaban distintos sitios para evitar cualquier rutina sospechosa. Mientras daba profundas pitadas a su vicio preferido, dedicó una mirada descuidada a su compañera de alcoba. Recostada de lado y dándole la espalda.
Ino follaba como una diosa. No había dudas de ello.
Durante muchos años solo fueron amigos y amantes. Y cuando ella se comprometió con Sai, aun así continuaron viéndose otro tanto tiempo más. El actual esposo de Ino Yamanaka no era precisamente "expresivo". Le había costado mucho a ella convertirlo en material útil para el sexo. Siendo Ino, una mujer muy activa en lo erótico, tuvo que seguir apelando a su viejo amigo para cada tanto equilibrar su mundo.
Los años pasaron y Shikamaru también se casó, con Temari de la arena. Había amado y aun amaba a su esposa. Pero Temari no tenía la misma disposición al buen sexo que portaba Ino. Además, tenía un carácter difícil de manejar. Casi siempre estaba de mal humor, y tanto Shikamaru como su hijo solían sufrirlo. Por fortuna su trabajo como consejero especial del Hokage lo mantenía casi siempre fuera de casa. Tenía horarios tan flexibles y tareas tan dispersas, que no rendía cuentas del tiempo a nadie.
Fue inevitable, que muchos años después se reencontrará con Ino. Volviéndose amantes ocasionales. Había pequeños detalles que Shikamaru agradecía y necesitaba de este vínculo. Las conversaciones privadas, donde Ino le explicaba ciertos comportamientos de Temari para que pudiera entenderla. Cuando tenía un problema, algo de trabajo, y requería ese tiempo tranquilo después del sexo para pensar. Podía fumar en la cama. Algo que Temari le prohibía y que a Ino no le importaba. Además, sabía perfectamente que por más sexo que tuvieran, Ino jamás confundiría los tantos y lo metería en un problema de elección entre mujeres. Eran amigos, y follaban cada tanto. Punto final.
Pequeños detalles que definían un todo grande.
Shikamaru se vio con Ino porque tenía un problema. Siempre que ella necesitaba descargar su tensión por el liderazgo de su clan, o la frialdad de su esposo hacían esos encuentros. Mientras que ciertos problemas de índole político requerían un esfuerzo estratégico mayor por el Nara. Y requería de sexo y un cigarro para resolverlos. Se consultaban cosas, se contaban intimidades personales. Nunca habían dejado de ser amigos.
¿En qué pensaba Shikamaru Nara esa noche? Había pasado alrededor de 10 días desde que el hijo del Hokage fue liberado de culpa y cargo por la muerte de Kiba Inuzuka. El consejero Nara, aun a espaldas de Naruto había puesto un equipo a vigilar cada paso de Bolt Uzumaki. No se tragaba algunas cuestiones que habían definido la inocencia del muchacho, y tampoco que Naruto se hubiese equivocado tan feo, en su intuición de que fue su hijo el asesino.
¿Qué estaba ocurriendo en realidad?
No existió ni una sola prueba que vinculara a Bolt con el asesinato. Lo único que tuvieron, fueron los rastros de chakra personal, que Naruto había recogido del lugar del crimen. No existieron registros de salida en los muros de la villa. Tampoco rastros de sangre, marcas de lucha, olor o huellas. Había sido un crimen perfecto. Tal era así, que muchos colaron la posibilidad de que en realidad nadie de Konoha había cometido ese acto. Otros, aun contra los detalles de la autopsia, comenzaron a sospechar que Kiba Inuzuka había tenido un ataque al corazón. Y fue muerto, simplemente por un mal uso del chakra. Después de todo, muchos Shinobi morían en el diseño de nuevas técnicas de combate. Al controlarlas mal, o al redirigir el poder inadecuadamente. ¿Acaso no cabía la posibilidad que Kiba fuera tan imprudente para reventar su propio cuerpo en el entrenamiento?
Su tiempo de conocer a Kiba, le daban a Shikamaru la pauta de que podía ser. Pero las pruebas de autopsia aunque sin detalles acusatorios, señalaban que no era muerte natural. Incluso Sakura Uchiha, la mejor ninja medico de toda la aldea. La única que había alcanzado el nivel de excelencia que alguna vez exhibió Tsunade Senju, había declarado que podía existir asesinato. Pero ella había sido incapaz de recoger pruebas que señalen a un culpable.
Finalmente estaba el acusado. Boruto Uzumaki. De antecedentes revoltosos cuando niño, pero de intachable comportamiento una vez ascendido a Chunnin. Tenía 17 años, y muchas aptitudes para crecer en su carrera. No se registraba un asunto que lo relacionara a Kiba en ningún altercado. Tampoco se podía explicar, como realizaría una técnica de asesinato más propia del clan Hyuuga, sin contar con el Byakugan como herencia. Finalmente, los exámenes mentales y los interrogatorios recaídos sobre Bolt cuando estuvo preso, arrojaron un enorme negativo. No había nada. Absolutamente nada.
La declaración del joven Uzumaki, explicó fielmente como pudo encontrarse rastros de su chakra en la zona. Dejando al descubierto que si bien su padre podía detectar el chakra, no podía establecer que Kiba y Bolt compartieron ese campo al mismo tiempo. O el mismo día.
¿En resumen? Boruto Uzumaki, de rango Chunnin clase B. quedó en libertad y se le levantaron todos los cargos con las disculpas del caso. Incluso Tsume Inuzuka, dejó entrever que no consideraba a ese muchacho un peligro. Como si no hubiera necesitado pruebas para sostener que no pudo ser Bolt, el asesino buscado por la muerte de su hijo.
Sin embargo, entre tantas pruebas de "inocencia", Shikamaru había encontrado un detalle que a todos había escapado. Si bien todo apuntaba que Bolt era absolutamente inocente del altercado, los registros de las puertas de la villa, no señalaban nada. No podían conectarlo con la hora del crimen, ni con cualquier otra hora ya puestos. Ese era el detalle. Ese punto hacía pensar a Shikamaru que alguien había borrado las anotaciones necesarias del caso. Bolt al parecer nunca había abandonado Konoha ese día. Pero eso parecía especialmente sospechoso, considerando que supuestamente entrenaba a diario fuera de la aldea. ¿Casualidad? ¿Oportunismo? Había algo más. Ese joven hijo de Naruto, escondía una inteligencia muy superior a lo esperado. Todos se acostumbraron a verlo como una extensión mediocre del Hokage. Pero Shikamaru ya estaba dispuesto a considerar lo contrario, luego de este asunto tan complicado.
Naruto estaba lleno de culpa. Ya no podía comentarle al Hokage cosa alguna sobre sus sospechas. Naruto lo descartaría de plano. Shikamaru se sorprendió mucho cuando ante la esgrima de sus sospechas, se encontró a un Naruto Uzumaki nada dispuesto a continuar investigando. Le dio un punto y final al asunto. Declarando que se sentía responsable de no conocer a su propio hijo, por culpa del trabajo en la oficina. Le relató a Shikamaru el asunto del examen Chunnin. Le dijo en resumen, que se había sabido ganar a pulso el desprecio de Bolt. Pero que buscaría repararlo a como diera lugar.
-no quiero volver a desconfiar de mi hijo. Nunca más.
Shikamaru no cayó en la trampa. Entendió que Naruto había descubierto algo más. Pero siendo el Hokage, el consejero Nara no podía sacarle esa información nueva por ninguno de los métodos forzados. Entonces, se vio en la obligación de actuar a espaldas de Naruto. Enviando un equipo para vigilar las acciones de Bolt. Finalmente, no encontró absolutamente nada. Los informes del equipo de vigilancia, indicaban que como cosa importante, solamente destacaba que el sujeto bajo investigación había cortado su relación afectiva con su novia.
Adujeron una cuestión meramente sexual. Al parecer el activo joven, había rechazado continuar una relación meramente espiritual. Además, los últimos días solamente había dedicado a entrenarse en las afueras de Konoha como de costumbre.
Los informes fríos, no indicaban demasiado. Pero Shikamaru encontraba los detalles, mucho más interesantes de lo que pudiera suponer. Al interrogar sobre el tipo de entrenamiento que Bolt realizaba, recibió solo respuestas generales. Trabajos físicos, meditación para controlar mejor su chakra. Y ejercicios que buscaban la mayor velocidad y flexibilidad. Nada especifico.
Shikamaru había acumulado durante esos 10 días una certeza, Boruto Uzumaki era mucho más de lo que se veía a simple consideración. Todos los días entrenaba fuera de Konoha por las mañanas. Pero los registros no lo señalaron el día del crimen. No parecía tener el menor contacto con los guardias de las puertas. No fue por amistad que alguien decidió apoyarlo en ese asunto. ¿Pudo darse la casualidad que ese día específico no saliera? Tal vez el dejar a su novia estuvo relacionado con la presencia de otra mujer. ¿La vio ese día? ¿Por qué razón no esgrimió esa excusa? ¿Quién era esa mujer?
Los espías no le dieron ninguna nueva. Bolt al parecer no tenía relación alguna con una mujer diferente a Sarada Uchiha. Le siguieron hasta el hospital, cierto día que se hizo daño con los clones en un entrenamiento. Fue atendido por Sakura Uchiha, no hablaron demasiado. Cosa por demás obvia luego de haber botado la relación con su hija. Y luego tampoco se vio fuera del consultorio con nadie. Abandonó el hospital y regresó a su hogar como de costumbre.
-No hay nada…..-se dijo Shikamaru- absolutamente nada. Es muy sospechoso.
Nadie podía ser tan perfecto. Nadie podía asesinar y continuar su vida como si nada ocurriera. Nadie podía ser totalmente limpio en método y coartada. Si así fuera, tendría que haber recibido algún tipo de ayuda de alguien. Otro ninja, seria sospechoso e identificable. Tal vez, un grupo de ninjas actuando en diferentes campos, podría llegar a tal grado de "limpieza". Como pequeñas piezas aleatorias que se unen para formar un cuadro. Pero alguien tenía que orquestar todo el operativo de "encubrimiento". Y Boruto no se había reunido con nadie desde que ocurrió el incidente.
-no….es una locura….-susurró sonriendo apenas- aun no encuentro el motivo para tanto alcance.
Ino se revolvió de entre las sabanas. Su cuerpo siempre perfecto, estaba adornado por la lluvia de cabellos dorados que bajaban hasta su cintura. Shikamaru le dedicó una leve mirada, parecía bastante cansada y tal vez dormiría una hora más. Él también hubiera actuado idéntico, pero este problema de investigación no le dejaba conciliar el sueño.
-si sospecho del asesino, -evaluó mentalmente- y conozco a la víctima. Solamente necesito el motivo. Solo eso, y encontraré el hilo que los conecta a todos.
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La única luz de la habitación se encendió. Una lámpara de cristal que contenía a un gran velón, proveía la iluminara de aquella cabaña en un espectáculo extraño de sombras tenebrosas. El joven utilizó la poca luz circundante, para acomodar algunas ramas y troncos en la chimenea que dominaba el salón. La lámpara no sería suficiente para lo que venía a continuación.
Ella mientras tanto, abrió sus ojos con pesadez. Su cuerpo estaba tendido boca abajo, sobre la amplia mesa de madera en el centro del lugar. Atada de manos y piernas, vulnerable totalmente. Hanabi Hyuuga no entendía que estaba sucediendo. Su mente era pura confusión y caos, incluso su cuerpo no parecía recuperarse del extraño entumecimiento que la sometía más allá de las cuerdas.
Boruto Uzumaki encendió la madera que había colocado en la chimenea. Un leve soplido propio, se trasformó en llamas que ardieron con intensidad. Luego, poniéndose de pie lentamente, se acercó al centro del lugar para mirar al rostro confundido de su tía.
-bienvenida… -le dijo seriamente- sin lugar a dudas esta no era mi idea inicial de lograr un acuerdo. Pero todo se ha complicado bastante. Y ya me estoy cansando de sutilezas.
Hanabi intentó moverse, su vientre apoyaba en la mesa y sus piernas estaban amarradas a las patas firmes de la mesa. Estaba completamente estirada, totalmente a merced de Bolt. ¿Cómo demonios la había capturado? ¿Dónde estaba? Lo último que podía recordar era estar sentada en la cocina de la casa Uzumaki. Estaba con….Hinata-onesan. Luego….nada.
Boruto caminó de lado a lado por enfrente de Hanabi. Ella estaba tratando de zafarse de las cuerdas, aunque inicialmente no parecía demasiado atrapada, pudo notar en sus primeros intentos que había sido amarrada a conciencia. No escaparía con mera habilidad. Y algo estaba impidiéndole usar su chakra con normalidad.
-Bien…-dijo el rubio mirando con neutralidad a Hanabi- querida tía….imagino que puedes razonar sobre mis motivos para tenerte aquí. Aunque sin dudas estarás tratando sin éxito, de precisar como fuiste capturada. Hablaremos de eso más adelante….-anunció tomando una silla por el espaldar y sentándose frente a la mujer. Por el momento, voy a comenzar a hacer preguntas….
Hanabi se revolvió sin conseguir nada, los ojos azules de Bolt estaban intranquilizándola un poco. ¿Qué pretendía hacer capturándola así? ¿Acaso no conocía las consecuencias de atacar a una líder de clan? Seguramente su familia estaría buscándola por cielo y tierra. ¿Cuánto tiempo hacia que estaba amarrada a esa mesa? Su cuerpo se sentía entumecido.
-y si no me agradan las respuestas….-finalizó Bolt tétrico- empezare a enseñarle a Hanabi-san…todos los lindos métodos aprendidos, de la división de interrogatorios y torturas de la hoja.
-escúchame con mucha atención niñato… -reprendió la mujer poniéndose firme- estas a un centímetro de arruinar tu vida. Y la de tus padres. Ahora mismo libérame o sino…
-¿O sino….qué? –Consultó fieramente el joven- ¿traicionaras al Hokage conspirando a sus espaldas? ¿Sobornaras a mi madre para que te ayude a obtener información de mi familia? ¿Acaso me obligaras a casarme con cualquier mujer de tu clan? ¿Mataras a Sarada-chan para que no impida ese cometido? ¿Asesinaras a mi hermana? ¡¿EH?! ¡¿ESO PIENSAS HACER?!
Hanabi se quedó con la boca abierta. ¿Cómo sabía todo eso? ¿Cómo pudo saber que ella obtenía información de Hinata? ¿Cómo supo lo que pensaban hacer en el clan, con los hijos del Hokage? algo estaba muy mal. Y se podía poner peor. Boruto se movió a un costado, y trajo consigo una especie de estante con pequeñas rueditas. Lo colocó frente a la mujer, y abriendo las puertas de ese mueble dejó entrever una colección completa de látigos, fustas, cadenas y demás pertrechos bastante intimidantes.
-tendremos una charla sincera y sin más secretos….-sonrió Bolt con un filo perverso- de Hanabi-san depende lo doloroso que la verdad pueda llegar a ser.
-cuando mis guardaespaldas me encuentren….-anunció Hanabi desafiándolo.
-ellos están ocupados….-sonrió Bolt- pronto los veras. Y no será algo que desees, eso lo puedo asegurar. Ahora bien…-indicó con rudeza- ¿Qué plan tenían para obligarme a entrar al clan Hyuuga?
-libérame….ahora…
La mirada firme de Hanabi no condescendía con una prisionera. Sin dudas no estaba acostumbrada a negociar desde una desventaja. Ella seguía viendo a un niño, aunque Bolt se comportara rudamente. Y no media el peligro como debiera ser.
-Cuando finalmente dejes de jugar al hombre malo y me liberes. Voy a darte una paliza que nunca olvidaras. Para luego enviarte a la celda más oscura de Konoha. Iras a la cárcel niño….tú y todos los que están formando parte de Raíz actualmente. No creas que soy ciega como tu padre.
Bolt no acusó reacción de la amenaza. Aunque si le sorprendió que Hanabi supiera de Raíz. Él se había esforzado mucho por hacer creer a su padre y al resto de los líderes que el asunto de Kiba había sido estrictamente personal. Al parecer, no todos habían tragado el anzuelo. Aunque, no importaba por el momento. Se dispuso a mirar el escaparate con los látigos, tomó uno, luego lo cambio por otro más fino y de un extraño material.
-¿Qué piensas hacer con eso? –Le reclamó Hanabi molesta- ¡te he ordenado que me liberes!
Finalmente, Bolt consideró una tercera pieza de castigo. Un flagelo de puntas con cuero muy fino. Eran casi pequeños piolines. Aunque firmes. Luego de finalizar su selección inicial, se movió a un costado de la mesa con calma, extrajo un kunai, y sonriéndole a las amenazas que salían de la rabiosa prisionera, le abrió el Yukata por la espalda. Todo con un corte desde la zona del cuello, hasta donde terminaba la cintura. La piel desnuda de la mujer le hizo querer tocarla. Lo hizo, sin ningún permiso ni pudor. Fue como explorar un terreno. Sin dureza, pero firme.
-Bolt Uzumaki….-volvió a reafirmar Hanabi un poco molesta del tacto en toda su espalda- juro que me encargaré de….
Flasss….
El golpe no fue demasiado fuerte, pero Hanabi sintió penetrar una ola de dolor como si fuera un golpe interno. Le hizo cortar el parlamento. Al parecer Boruto no se sentía intimidado por las amenazas de un futuro negro. ¿Hasta dónde pensaba llegar?
Flasss…
Otra vez, la espalda de Hanabi sentía el rigor. No parecía una tortura. No tenía la fuerza para ser calificada en ese término. Pero era humillante. Como un gigante atrapado en brazos de una hormiga.
-¡Basta! ¡Detente ahora mismo! –gritó la mujer, mientras Bolt usaba su mano libre para apartar los largos cabellos azabaches que intervenían en su castigo. Luego, volvió a dar un par de azotes en la enrojecida piel de esa espalda- ¡no más! ¡Te dije que te detuvieras!
Era inútil luchar contra las cuerdas. Su cuerpo no le respondía para más allá que sentir dolor. Su chakra estaba en niveles bajísimos. ¿Sería una especie de veneno? ¿Un paralizante? ¿Cuándo se lo había suministrado?
-necesito saber varias cosas….-indicó Bolt dando un nuevo azote- uno….el plan que tienen los Hyuuga contra mí. Quiero saber cuántos saben que existe Raíz. Y quiero saber específicamente si piensan atacar a Sarada-chan. Dos…me dirás que tenían pensado contra mi hermanita Himawari. Tu sobrina ¿recuerdas?….aunque no pareció importarte. Eso por sobre todo….me cabrea bastante….
¡Flasss!
Otro golpe certero, a la altura de las caderas. Muy cercano a los glúteos. Bolt estaba en un estado peligroso. Parecía drogado o al menos fuera de sus cabales. Hanabi comenzó a experimentar algo que creía olvidado de los entrenamientos con su padre. Miedo. Le tenía miedo a la dureza de esa mirada. Parecía un tigre, rodeando y acechando la presa.
-nunca te diré nada…. ¿me oyes? ¡Nada! Bastardo… -desafió Hanabi mordiéndose los labios para no chillar ante un nuevo azote.
-¿bastardo? –Consulto Bolt neutro- tengo padre y madre….
-un idiota demasiado inocente para su puesto….y una débil de moral. Incapaz de ser líder para su clan. –Atacó Hanabi herida en su orgullo- con un criminal como hijo.
-todos somos…lo que somos. –Sonrió fríamente Bolt- mi padre es el líder que necesita la paz del mundo ninja. Yo me encargo de cubrir sus espaldas, previniendo que traidoras como tu….intenten tomar ventaja. Y mi madre….bueno….solo necesitaba escuchar todo esto….para elegir de qué lado estar. ¿No es verdad Ka-san?
Una puerta lateral se abrió, los pasos se escucharon mesclados con el crepitar de la fogata en el salón. Después de algunos minutos, frente a la prisionera apareció su hermana. Hinata Uzumaki. La última persona que pensaba encontrar en ese lugar. Tenía un extraño color en su rostro. Una mirada perdida y una expresión corporal mala. Estaba sufriendo la situación, sin lugar a dudas.
-¿tu? Onee-san….-balbuceó sorprendida Hanabi- ¿tú me entregaste a él?
-Así es…-respondió Bolt ante una Hinata que colocaba sus manos juntas enfrente y bajaba la cabeza apenada- Oka-san consideró que alguien debía pararle los pies a la líder Hyuuga. Estaba abusando en la confianza del Hokage. Conspiraba contra sus hijos, pensando en matarlos. ¿Quién sabe hasta dónde llegarías?
-¡¿ONEE-SAN PORQUE?! –Estalló Hanabi consternada y algo se aclaró en su mente- ¡ME HAS DROGADO! ¡FUISTE TÚ!
Su cerebro comenzaba a reaccionar. Había estado tomando el té en la casa Uzumaki. Las dos hermanas solas. Hanabi usaba los momentos donde Hinata estaba sola, para obtener de ella información. Así fue como descubrió las virtudes de sus sobrinos. Así fue como supo que Hinata en medio de una borrachera, se había acostado con Kiba Inuzuka hace años. Cuando Naruto no prestaba debida atención a su familia. Y había estado usando las culpas de Hinata, para manipularla.
-fue curioso cómo se descubrió todo –proseguía Bolt- te la pasaste llenando la cabeza de Oka-san durante años. Extorsionándola, con ese pequeño desliz que tuvo hace años. Todo por no saber beber, y un imbécil que se aprovechó de ella.
-traicionó a tu padre, y la has perdonado…-se defendió Hanabi que trataba de depurar su frustración como fuera.
-mi padre se lo merecía hace tiempo….-añadió Bolt ante una Hinata que no decía nada- se la pasaba fantaseando con otro trasero. Cuando el asunto se corrigió, el perro pasó a la historia. Además, solo fue un aprovechado que utilizó el alcohol como aliado. Merece estar muerto. Así funcionan las cosas tía Hanabi. Tu usaste lo que sabias de Oka-san para extorsionarla. Yo en cambio, decidí ayudarla. ¿Quién es "débil de moral" ahora? Si lo miras bien, al menos ella fue lo suficientemente inteligente como para no terminar amarrada a una mesa. ¿Verdad?
Hanabi gruñó con molestia, miraba a su hermana como si esperara que en cualquier momento se acercara a liberarla. Pero mientras Bolt estuviera allí, no podría convencerla. Tenía que lograr quedar a solas con Hinata. ¿Pero cómo? De pronto se le ocurrió un plan. Tal vez lograr que se pelearan madre e hijo. Dividirlos tal vez.
-ji ji ji…-rio apenas Hanabi- todo esto…para esconder lo que me encargaré de revelar apenas sea liberada. ¿Cuánto crees que tardaran en encontrarnos? Solo es cuestión de horas.
-¿perdón? –consultó el muchacho apenas.
-no podrás esconderte más niño…-dijo desafiante- toda la aldea se va a enterar. Que a pesar de esos bonitos ojos azules. Tu….y tu hermana….aun así tienen el Byakugan. Y no puedes asesinarme como a Kiba Inuzuka. Tu madre no permitirá que asesines a su hermana. Y además, aunque lograras callarme…. ¿crees que Hinata Onee-san guardara silencio por siempre? Te va a delatar con seguridad. Cuando todos sepan que tienes el Byakugan. Solo será cuestión de días para que mueras.
Bolt sonrió apenas, no le sorprendía que su tía lo supiera. Su interés por casarlo y unirlo al clan Hyuuga surgió cuando a Hinata se le había escapado ese secreto que conocía. Cuando una mujer del clan Hyuuga abandona la familia para casarse con otro hombre, al momento del matrimonio se firmaba un acuerdo. Todo embarazo de la mujer en cuestión, era sellado. Un sello que solo los ancianos Hyuuga conocían. Se la sellaba para evitar que heredara el ojo blanco a sus hijos. Así se prevenía que ningún otro clan incorporara ese don a su sangre. ¿Cómo consiguieron los niños Uzumaki superar al sello? ¿Cómo pudo Hinata dar a luz dos niños con un tipo de Byakugan nuevo? Los ojos azules de los hermanos eran engañosos, podían dirigir chakra a ellos, y obtener el mismo efecto que el clan del ojo blanco. Y era solo el comienzo de lo que podían hacer.
-estuve investigando bastante…-añadió Bolt luego de juntar sus manos y lograr que su mirada se volviera más fuerte, aunque no cambiaba de color, se veía más celeste mientras la pequeñas venitas en la sien surgían destacando- Al parecer el sello que pusieron en el vientre de Oka-san, sirve no solo para anular al Byakugan, sino para evitar que los ojos del niño se vuelvan blancos. Pero no consideraron que la sangre Uzumaki cuenta con cierta… "resistencia" al arte de sellado. Ventajas de ser los creadores de esas técnicas. Así que, tu mentado sello Hyuuga logró el efecto de no tener ojos blancos. Pero no pudo anular nuestra capacidad para ver con el modo del Byakugan. ¿Una sorpresa verdad? Yo lo descubrí cuando me dieron una golpiza en un examen Chunnin.
-Hanabi-neesan…-susurró avergonzada Hinata y no se movía de donde estaba, a pocos pasos de la mesa- tú me has traicionado. Te pedí guardar secreto. Mis hijos tenían el Byakugan y no era bueno que nadie lo supiera. ¿Realmente ibas a asesinar a mi Himawari? ¿Ibas a asesinar a mi bebé?
-soy la líder del clan Hyuuga. ¿Acaso creías que me quedaría sin hacer nada? –Desdeñó Hanabi- los Uzumaki no pueden tener el Byakugan. Tus hijos no debieron desarrollarlo. No importa que no se vean como nuestros ojos, tienen la misma habilidad que ellos. Y sus herederos también lo tendrán. Los Hyuuga y los Uchiha siempre han actuado igual. Nadie debe poseer el Doujutsu fuera de la familia.
-¡primero que líder, eras mi hermana! ¡Confié en ti! –Gritó Hinata nerviosa- te confié mis secretos, te confié mi corazón. Y tú me engañaste….para usarme. ¡Dijiste que me apoyarías!
-ja ja ja….-se reía Bolt al ver como ambas hermanas estaban en un duelo de miradas acusadoras- ¡parece que has despertado el espíritu de disputa en Oka-san! Mis respetos. –le dijo a Hanabi acercándose, y finalmente susurró- ya le he dicho a Ka-san…que el Hokage nunca le fiel infiel físicamente. Tus mentiras no te salvaran. No lograras que Ka-san se ponga en mi contra.
Una de las armas de Hanabi para conseguir información de su hermana mayor, era fustigarla con las supuestas "infidelidades del Hokage" sobre todo con Sakura Uchiha. Y Hinata sacaba sus propias conclusiones erradas, contando el tiempo que Naruto y Sakura se la pasaban filteando. Hasta que Bolt intervino. Ahora Naruto era mucho más dispuesto a su esposa, y todo había regresado al cauce de la normalidad. Kiba había querido intervenir con ello, y había pagado las consecuencias.
Bolt suspiró como cansado. Se alejó de las mujeres un poco, caminando por el lugar con la fusta en las manos. Estaba como pensativo, estaba algo cansado de tantos juegos macabros. Pero era lo que mejor hacía. Era para lo que lo habían entrenado. Raíz no tenía moral. Raíz no tenía más que sus objetivos principales. Entre bien y mal, estaba raíz para darle equilibrio al mundo. O al menos…su propia y privada versión del equilibrio. Que cada país soportara sus demonios como pudiera. Konoha, tenía a Raíz. Bolt se recordaba a sí mismo, siendo un niño bueno que no rompería un plato hace tiempo. Pero todo eso, quedó en el pasado. Cuando despertó el Byakugan y sus habilidades secretas, también esta nueva personalidad se fue forjando. ¿Por qué razón cambio tanto? Bolt no lo sabía, y tampoco le importaba. Era lo que era actualmente, porque debía ser así. Punto.
-bien Ka-san…-dijo Bolt acercándose a su madre, mientras Hanabi lo veía todo desde su postura sobre la mesa- una vez me aclaraste que harías todo por reparar el daño con Oto-san. Y yo acepté el acuerdo. Aquí tenemos una buena oportunidad. De volver a ser todos juntos…-sonrió tomándola de los hombros y dirigiéndola a mirar a la prisionera- una gran y amorosa familia.
Hanabi sintió un escalofrió horrendo recorrerle la espalda. Ese muchacho no se iba a detener. Su hermana mayor no la iba a salvar. ¿Qué estaría pensando hacerle? ¿Torturarla? ¿Castigarla físicamente hasta que confiese todo? Todo indicaba que la situación iba de mal en peor.
-¿quieres participar de estos juegos Ka-san? –Le sonrió Bolt perverso- será un largo camino, hasta lograr adiestrar a mi nuevo juguete. Tal vez no te convenga quedarte aquí. Aunque…en aquella alacena hay varias botellas de sake. ¿Qué dices? Si lo piensas bien….puedes llegar a aprender un par de nuevos trucos para seducir al Hokage. Y hasta obtener un valioso obsequio.
Mientras esa extraña conversación madre e hijo surgía, la prisionera esperaba la definición de su destino. Hanabi Hyuuga. Una líder de clan que se creyó en control. Que supuso con la posibilidad de tomar el poder del Hokage mediante sus hijos. Una mujer que pensó en traicionar, y ahora yacía traicionada entre amarras. Un juguete más…
En la tierra de traidores.
Fin del capítulo.
