CAPITULO 11: ENEMIGO EN CASA

El consultorio se había desocupado de su último paciente. La experimentada Kunoichi había dispuesto todo para hallarse completamente libre de trabajo en las últimas horas de la tarde. Sabía perfectamente, que el regresaría a ese horario para revisar la evolución de sus heridas y cambiar las vendas. Sabía que Boruto Uzumaki iba a venir hacia ella, y no podía evitar de alguna forma desearlo.

Su oficina era espaciosa, no solía atender pacientes a menudo puesto que su trabajo como directora del hospital y sus funciones en los laboratorios de investigación, la mantenían bastante atareada. Sin embargo, ante ciertas circunstancias especiales, solía usar el consultorio anexo a su oficina principal, para tener un rato de trabajo clínico eficiente.

Habían pasado dos días desde que atendió por primera vez las heridas que Bolt había sufrido, en un entrenamiento descontrolado contra su padre el Hokage. Sakura no pudo evitar preocuparse. La situación que se cocinaba entre los Uchiha y los Uzumaki se figuraba cada vez más oscura. Sin embargo, cuando Boruto tuvo que hacerse atender aquella primera vez, otra vez la eligió a ella. Como hacía varios meses estaba ocurriendo. Sakura acomodaba los pertrechos en sus gavetas. Tenía todo por costumbre, perfectamente ordenado y alfabetizado. Le ayudaba a pensar hacer esto. Le centraba de alguna manera. Y últimamente debía encontrar tiempo para reflexionar, demasiado seguido.

-Frentona….-le dijo Ino ingresando al lugar- ¿Qué estás haciendo aquí?

-Nada extraño cerda…-declaró la rosa siguiendo con la organización de las gavetas con utensilios médicos- acabo de atender algunos pacientes y…

-y… lo estas esperando a él….-añadió Ino apoyando su espalda en la puerta cerrada, cruzando los brazos cómodamente- ¿Cierto?

Sakura la miró extrañada. Ino no solía ser tan directa desde hacía tiempo. ¿A qué se refería con "el"? ¿Cómo supo que Bolt vendría?

-Supongo que el hijo de Naruto vendrá a verte a última hora. –apuntó la rubia seriamente, pero fingiendo despreocupación- para evitar que alguien interrumpa la reunión.

Sakura aprovechó la excusa de acomodar el escritorio cercano a la ventana, para darle la espalda a su amiga y que no viera su frustración. De alguna manera lo había descubierto. ¿Pero cómo? ¿Exactamente que creía saber?

-Tengo que tratarlo por sus heridas. –Suspiró la rosa algo frustrada- fue imprudente, tal como su padre lo era para entrenar.

Hubo silencio entre ellas, se conocían demasiado como para no saber todo de la otra, con solo mirarse. ¿Qué podía decirle Ino sobre este asunto? ¿Acaso había averiguado por algún medio la "relación" que Sakura y Bolt habían tenido? ¿O solamente aprovechó la oportunidad cuando revisaba la mente de Sakura en busca de quitar el Genjutsu?

-Lo vi todo Sakura….-le anunció la rubia acercándose y poniendo una mano en el hombro de su amiga- vi lo que ese idiota te hizo en la propia casa de Naruto. ¿Por qué no lo denunciaste? ¿Por qué sigues cercana a él, cuando se atrevió a forzarte de esa manera?

-Me hizo daño es cierto….-respondió la rosa- pero no más de lo que yo estaba haciéndole a su familia.

-¿q…que?

-Siéntate ahí…-le susurró Sakura a Ino- traeré un poco de té. Tenemos que hablar.

No había otro método para explicar la situación. Sakura Uchiha, tenía la imperiosa necesidad de descargar sus frustraciones. Ino había descubierto lo que no debía. Y Sakura debía tratar de que guardara el secreto. Después de todo, era un riesgo altísimo que la información ganara la calle. Minutos después, ambas estaban sentadas en los dos sillones individuales junto a la camilla. Tenían cosas por aclarar, y era menester hacerlo cuanto antes. Sakura sabía que tenía al menos otros 20 minutos, antes que Boruto llegara a su oficina en el hospital.

-Sería muy fácil…-admitió Sakura una vez que bebieron el primer sorbo de té- acusarlo de lo que me hizo, y fingir que soy inocente de todo.

-Sakura por Kami…-respondió frustrada Ino- estas justificándolo.

-Si….-añadió la pelirosa con gesto dolido- antes estuve furiosa contra él, incluso le tuve miedo. Pero las últimas semanas. Todo, desde que liberaste mi mente del Genjutsu…

Ambas sabían a qué se refería. Sarada estaba en riesgo y cualquier cosa que Sakura pudiera hacer para ayudar a su hija, era poco y lo haría sin dudar. Incluso aliarse con quien le había hecho daño. Pero eso a ojos de la rubia no justificaba andar curándolo, tampoco protegiéndolo. Boruto había cometido crímenes. Y según Ino, debía pagar.

-los últimos años fueron difíciles para mi….-indicó Sakura- Sasuke nunca me ha amado. Me enfrenté con esa realidad y me encontré sola. Mi hija tenía a su novio, y pronto tendría la edad para formar su familia lejos de mí. Me di cuenta que en realidad debí estar con Naruto. Que debí amarlo, que debí aceptar sus sentimientos. Pero ahora mismo, me encontraba herida. Masturbándome sola, sintiéndome insatisfecha y fea. Lo único que levantaba un poco mi ánimo, era notar como Naruto aun sentía atracción por mí a pesar de todo. Por mi cuerpo. ¿Entiendes?

-Flirteabas con él. Yo me daba cuenta de eso porque te conozco, y jamás te había visto provocar a alguien. –Sonrió apenas Ino para aliviar la tensión- pero nunca harías nada malo. Además, Naruto es un buen hombre que jamás traicionaría a Hinata-san. Naruto jamás sería capaz de traicionar.

-Pero ese flirteo "inocente", estaba destruyendo a esa familia. –Apuntó Sakura tratando de contener sus lágrimas- no me daba cuenta que en nuestras reuniones, Naruto deseaba algo que no debía suceder, y Hinata pagaba las consecuencias. ¿Entiendes? Ellos tenían problemas por mi culpa. Y todo por una mujer que solo quería recuperar algo de autoestima. ¿Patético no?

Hubo silencio. Ino evaluaba que su amiga estaba haciendo un mea culpa muy doloroso. Es que era difícil mirarse al espejo, y encontrarse los defectos. Sin marcas, sin excusas. Ino comenzaba a suponer que Sakura estaba justificando las acciones de Boruto por el mismo camino del razonamiento propio. Si Sakura estaba dispuesta a todo por proteger a Sarada, ¿Por qué acusar a Boruto Uzumaki de hacer lo mismo por su familia?

-Lo peor de todo fue…-continuó Sakura compungida- que siendo forzada por Bolt, me sentí más viva que nunca en los últimos 10 años. Mi cuerpo reaccionó a sus caricias. Mi ánimo se suavizo. Mi alegría regresó para todo. Para trabajar, para cocinar, para sonreír. Me volví a sentir viva.

-¿Pero a que costo? ¿Nunca pensaste en lo que sucedería si alguien lo descubría? ¿Si acaso Naruto lo averiguaba?

-Al principio no tuve opción. Bolt encontró la forma de presionarme. –añadió Sakura llena de culpa- pero luego, lo convertí en excusa ante mis propios impulsos. Admito que perdí el camino. Me sentí explosiva y sedienta de sexo. Y él no es un niño, sabe todo lo que tiene que hacer con una mujer. Me ha complacido de maneras que jamás había conocido.

-Imposible…-sonrió Ino ya demasiado picada por esas palabras- ¿hablas que un niñato de 17 años, sabe follar mejor que tu marido?

-Lamentablemente para mi cordura, sí. Algunas noches cuando Sarada no estaba en Konoha, fue a mi casa y lo hicimos durante toda la noche. Me hizo cosas que nunca había hecho. Fue voraz y valiente. Tomó el control, sometiéndome. Fue muy placentero ser deseada de esa forma.

-¿To…toda la noche? –tragó duro Ino sorprendida.

-Sin piedad….-apuntó la rosa- me hizo perder la cabeza totalmente. Y fue la causa que por algún tiempo, me decidiera a seguir viéndolo en secreto. Aun cuando ya no me amenazaba de ninguna forma. Me volví loca, y nos hicimos amantes.

-¿y tu hija? –respondió Ino molesta y angustiada- ¿no pensaste en tu hija?

-ya te lo dije antes….-reafirmó dolida Sakura y se sentía muy mal- perdí la razón. Para cuando descubrí que ya no tenía control de mis acciones, habían pasado varios meses. Al fin, conseguí dejar de verlo. Dejar de frecuentarlo. Bolt aceptó que no podíamos continuar más. Y también abandonó a Sarada. Solo porque yo se lo pedí.

-¿Le pediste que botara a tu hija?

-Fue cuando estuvo en la cárcel sospechado de asesinato. Intente que no la involucrara en ese asunto. Le dije….le…dije….-sollozó conteniéndose con dificultad.

-¿Qué le dijiste? –susurró Ino colocando una mano en la rodilla de su amiga.

-Que haber estado acostándose conmigo, demostraba que en realidad no amaba a Sarada –rememoró la pelirosa- que nunca me acercaría más a su padre, pero que él debía dejar a mi hija ser libre.

-¿Y el aceptó?

-Lo hizo… –Asintió la rosa- me dejó libre, y también la dejó a ella. Yo pensé que sería lo mejor para todos pero con el dolor de Sarada, ahora estoy segura que me equivoqué.

-¿Por qué?

-Porque solo pensé en mi misma. –Añadió Sakura- tenía terror que mi hija supiera lo que había hecho con su novio. Que me odiara, que jamás me perdonara. Solo quise proteger mi vínculo con Sarada, y ahora estamos solas. Con ese maldito bastardo de Sasuke, queriendo violarla.

Dicho esto último, Sakura dio rienda suelta a sus lágrimas. Ino solo pudo abrazarla y contenerla. Tratando de confortarla y comprender. En cierta forma, ella no se sentía con moral para reclamarle nada. Después de todo, Ino Yamanaka tenía una familia también, y aun siendo Sai un marido cariñoso y devoto, aun así Ino había caído en la tentación del sexo prohibido. ¿Cómo culpar a Sakura por sentir lo mismo? Sasuke Uchiha era un idiota. Si solo no pensara tanto en sí mismo, hubiese tenido la fortuna de conocer y amar a Sakura. De hacerla feliz, y no pensando en embarazar a la hija que ambos tenían. Todo por una ambición horrible. Todo por una costumbre arcaica de los Uchiha.

-ya ya….-le anunció la rubia susurrándole en el oído- supongo que tendremos que decirle a Naruto.

-no…no…-respondió medio ahogada la rosa- solo se lo he dicho a una persona, aparte de ti.

Ambas se separaron del abrazo y se miraron, entonces Ino lo supo con el solo gesto.

-Me estás diciendo, ¿que se lo has dicho a Boruto? –Consultó la rubia- ¿al hijo antes que al Hokage? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué confías en ese niño antes que en tu mejor amigo?

Entonces, las palabras de Sakura enseñaron lo difícil de la situación. Le mostraron a Ino, que lo que había estado hablando con Bolt, era toda verdad:

-Porque tú ya lo has dicho antes Ino…-definió Sakura recuperándose y volviendo a tu taza de té- Naruto jamás traicionaría a nadie. Sasuke es su mejor amigo, recuérdalo. Nunca considero matarlo aun cuando se había vuelto un traidor hace años. ¿Por qué lo haría ahora? Y en cambio Bolt, me ha demostrado que es capaz de hacer cualquier cosa; por proteger a los que ama.

Minutos después, Boruto ingresó al consultorio tranquilamente. Ino Yamanaka estaba ahí, pero antes que el rubio pudiera lamentarse de la presencia de esa mujer entrometida, la blonda Kunoichi saludó a su mejor amiga y abandonó el lugar dedicándole una mala mirada al joven ingresante. Esto no importó demasiado a Bolt, que pensaba en Ino como una hermosa y frustrada mujer. Ya le ajustaría las tuercas en su momento. O lo haría tío Sai. Como fuera se alinearía firmemente, lo quisiera o no.

Sakura se colocó su bata blanca, mientras Bolt sin decir nada se sentó en la camilla y comenzó a quitarse la chaqueta negra que cubría su torso. Con la remera tuvo algunos problemas extra, pero ya Sakura estaba junto a él para asistirlo. Se miraron liviano, el solo le sonrió para mantener un mínimo de cordialidad. Parecían totalmente cercanos en algunos momentos, y luego kilométricamente lejanos en el tiempo. Todo en la misma situación.

-te quitare los vendajes…-le dijo la mujer analizándolo con chakra- ¿Cómo te sientes?

-ya casi no hay dolor, -indicó el rubio- estoy a punto de no necesitar nada de esto.

-No seas imprudente, -siguió hablándole Sakura mientras comenzaba a cortar las vendas del pecho- fue demasiado para tu cuerpo lo que hiciste. Pudo haberte quedado algún daño permanente. En esta semana siguiente, tus reflejos no serán los mismos. Forzaste mucho tus canales de chakra.

-¿y eso te preocupa? –Le sonrió él tratando de distender el asunto- ¿te sientes preocupada por mí?

Ella lo miró, tratando de mantenerse seria. Pero le fue imposible. Comenzó a sonreír casi sin querer. ¡Que Baka era! ¡A veces le hacía acordar tanto a Naruto! pero con Bolt, tuvo una cercanía imposible de descontar. Eso no podía olvidarlo.

-¿tu amiga volverá pronto? –le susurró el rubio divertido- porque me apetece hacer el amor justo ahora. ¿Podría la doctora curar mi necesidad?

-basta Bolt…- dijo ella algo avergonzada- contrólate. Sabes que no estás bien. –Y luego, no pudo evitar juguetear un poco- después tengo que andar curando lo que se rompe en tu cuerpo.

-uuuyy…-se divertía el rubio- trato hecho. Y por cierto, me encantaría que bajo esa bata blanca, no hubiese más que lencería de encaje y mucha piel. Sin dudas…..aaayyy…

-ya te dije que te controles…-le advirtió ella que había ajustado "suavemente" algunas vendas- no es el lugar, ni el momento.

Hubo silencio. Ella continuaba revisando parte por parte con chakra, cambiando vendajes y aplicando una inyección con un combinado de vitaminas. Todo indicado para lograr que Boruto esté completamente recuperado en apenas 48 horas más. Ya podría entrenar liviano, pero combatir todavía no. Pero cuando hubo terminado, Sakura se dio cuenta que el muchacho la miraba con intensidad. Algo tenía en la mente.

-¿Por qué accediste a ayudarme? –le preguntó la rosa, mirándolo a los ojos- ¿Por qué si me odias, estás dispuesto a arriesgarte por Sarada?

-el riesgo está en la vida. –Respondió el rubio- ser Shinobi, es arriesgar.

-no puedes ganar. –Admitió Sakura dolida- mira cómo has quedado por luchar contra tu padre. Sasuke es tan fuerte como…

-el premio lo vale… –Sonrió Bolt desoyéndola- deseo el premio. Te deseo a ti. ¿Eso querías oír? Y no quiero que nadie controle la mente de Sarada-chan. Puede que ella me odie al final, pero vivirá para tomar sus propias decisiones en el futuro. Ahora acabemos con esta charla sin sentido, y quiero un beso.

Sakura volvió a sonreír. Todo era una gran locura. Hay quienes dijeron alguna vez que entre el amor y el odio existía una corta distancia. Pero mientras se inclinaba para simular que iba a besarlo, la mujer pensaba que por alguna razón, comenzaba a tener esperanzas. Tal vez ese joven, había encontrado la manera de detener a Sasuke Uchiha.

-Ni lo….-le susurró Sakura a escasos centímetros de besarlo y con voz sensual- sueñes...

Y luego se alejó, caminando por el consultorio para dejarlo completamente caliente. Boruto no pudo evitar sonreír de frustración. Esa mujer tenía la mescla adecuada de histérica y sensual. Lo volvía loco. ¿Qué iba a hacer con esa sensación de sangre caliente que siempre Sakura provocaba? El sentimiento de posesión era inmenso. La quería poseer como el miserable sueña con dinero.

-además…-señaló Sakura mientras registraba entre sus cosas buscando algo específico- últimamente no es buen momento para tentar la suerte. Sarada ahora sabe lo que su padre pretende. Está furiosa contigo por esa acusación, y finalmente….muy dolida. Creo que empieza a creerte.

-supongo que por fin se tomó el tiempo para leer el pergamino que le di. –indicó Boruto poniéndose de pie de la camilla y vistiéndose bien- cuando le entregue esa información, solo quería advertirla de todo. No pensé jamás, que volverías a pedirme ayuda. Al menos quise poner a Sarada-chan de sobre aviso.

-Gracias…-le sonrió ella entregándole un bote con vitaminas para que se llevara a su casa- finalmente has intentado protegerla. Aunque con sinceridad, no tengo idea de lo que haremos.

-yo me encargaré…-dijo Boruto serio y extendiendo su mano acarició la mejilla de Sakura que levemente cerro los ojos acurrucándose- te prometí que ustedes estarían a salvo. Solo debo encontrar la manera. Tú y Sarada-chan, estarán a salvo.

Ambos sonrieron, la situación era extraña cuando menos. Los dos parecían una pareja hablando de su futura familia. Era increíble cómo iban cambiando las situaciones y los sentimientos desde aquella primera noche, donde todo cambio. Antes de aquello, claramente no se soportaban. Después de aquel ataque en la cocina, después del sexo forzado por un chantaje; poco a poco se fueron trasformando en cómplices y amantes.

-te quiero ver….mañana en la noche…-le susurró Bolt- no me digas que no.

Y el peligroso juego de trampas o muertes, daba inicio nuevamente.

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Dos días después…

-¡Definitivamente no!….-señaló Hinata horrorizada- ella aún está muy débil…

-El momento perfecto de golpear con el martillo Ka-san…-le decía Boruto mientras ambos caminaban por un pasillo de la casa Uzumaki- justo cuando el hierro aún está ardiendo.

Habían pasado un par de horas solamente, desde que Hanabi Hyuuga fue dada de alta en el hospital de la hoja. Y aunque los ancianos del clan pusieron el grito en el cielo, Hinata por primera vez se mostró dura e inflexible. Dijo, que como su hija había sido atacada en medio de una misión, y su hermana lo había sido en un entrenamiento privado fuera de Konoha; era ilógico que Hanabi regresara a las mansiones Hyuuga hasta tanto no se descubriera a los traidores que estaban atentando contra ella. O al menos, que Hanabi estuviera recuperada para hacerse cargo del asunto.

Obviamente, los ancianos no pudieron contradecir ese argumento. Si admitían que el ataque sobre Himawari era algo planeado por ellos, sería una guerra abierta contra el Hokage. Traición en la máxima expresión. Al mismo tiempo, Hanabi se mostró pasiva ante los reclamos de su hermana y estuvo de acuerdo con ella. ¿Cómo ocultar el ataque contra Himawari si se negaba a aceptar ese punto lógico?

-Hanabi-neesan vivirá en mi propia casa durante algunas semanas, -les había dicho Hinata a los ancianos que fueron a visitar a su líder en el hospital- cuando se haya recuperado, regresara a las mansiones Hyuuga para hacerse cargo de sus asuntos. Es todo.

La inesperada firmeza de Hinata les sorprendió, y Hanabi no pudo más que acceder al asunto. Cuando la hermana mayor ingresó a la habitación de hospital en donde estaba internada, le dijo que si no quería que revelara ante Naruto lo que sabía del ataque a su hija, era mucho mejor que cooperara. Ya no iba a consentir un nuevo ataque entre clanes. Esta situación se debía terminar en ese momento y para siempre.

Así fue, que cuando la líder del clan Hyuuga fue dada de alta en el hospital, armó su bolso con ropa para mudarse al cuarto de huéspedes en la casa Uzumaki. A la boca del lobo, aunque todos pensaran que ese era el lugar más seguro del mundo.

Esa noche en particular, tanto madre como hijo estaban parados enfrente a la puerta donde se accedía a la habitación para huéspedes. Hinata no quería seguir con los planes de Bolt. Le parecía demasiado cruel y salvaje. ¿Acaso ya no había pagado su traición, al ser violada por sus guardaespaldas manipulados previamente por el Byakugan de Boruto? ¿Quería hacerle más daño?

-Definitivamente no…-le prohibió Hinata- esto se termina ahora mismo.

-Comprenderás que la situación, pende de un hilo Ka-san –le decía Bolt tranquilamente- te di la opción de que tomaras el control. Pero si no lo haces, alguien debe ensuciarse las manos.

-No vas a violarla…-respondió Hinata aterrada- nunca más le harás daño. Promételo.

-Entonces debemos decirle todo a Oto-san….-indicó Boruto sereno- lo que usted hizo con Kiba, lo que tía Hanabi hizo con mi Nee-san, y también lo que tuve que hacer para averiguarlo.

-No te atreverías….

-¿Por mantener a salvo a Hima-neesan? –Aclaró el joven apenas- Ponme a prueba.

Hinata bajó la vista. Su cuerpo no le respondía. Boruto la miraba de una manera arrebatadora. Dispuesto a cualquier cosa. A lo que fuera con tal de salirse con la suya. La mujer estaba a punto de ceder, siempre había sido imposible para ella oponerse tanto a su hijo como a su marido. Eran una debilidad. ¿Dónde estaba su voz, ahora que la necesitaba para imponerse? ¿Era acaso, que entendía el punto de vista que aportaba su hijo? ¿Creía, que Hanabi luego de recuperarse no se detendría en sus intentos de obtener lo que había querido? ¿Y qué pasaba con su padre y el resto de los ancianos Hyuuga?

-Ka-san….-le susurró Bolt tomándola de la barbilla con una mano para que lo mire- si usted me acompaña, le enseñaré a controlar la situación. Y luego…-le sonrió animándola.

-¿Y luego…?

-Usted entenderá….-le dijo apenas el rubio- lo que realmente puede hacer, para unir a la familia.

Hinata se sintió muy avergonzada. Lo que Boruto estaba proponiendo era seguramente sucio y prohibido. ¿Qué pensaba hacerle a su tía? ¿Podría Hinata soportar esa visión depravada? Muchas veces se encontró pensando que tal vez sus problemas maritales con Naruto estuvieron relacionados con lo recatada que era para sexo. Siempre le habían parecido excesivas algunas de las propuestas diferentes que su esposo había querido aplicar a lo largo de los años. Hinata Uzumaki amaba a su esposo, y hacer el amor, era solo la demostración física de ello. Nunca lo veía como una forma de saciar un instinto. Entonces en cierta forma lo "tradicional", era para Hinata lo mejor. Lo que le llevaba a pensar que tal vez Naruto quiso interesarse por otra mujer. Sakura Haruno siempre fue más extrovertida. Tal vez en la cama, era una pervertida. ¿Era por esa razón que su marido la miraba tanto? ¿Qué fantaseaba con ella?

El muchacho en tanto, observó a su madre y se decepcionó. A veces se sentía solo actuando para salvar a su familia. Se sentía solo y le preocupaba. ¿Qué pasaría con sus seres queridos si por algún motivo el moría? ¿Qué pasaría con su padre, su hermana menor y su madre si acaso en alguna misión le tocaba fallecer? Boruto no se consideraba a si mismo imprescindible para Konoha, pero le preocupaba lo que sucedería con su clan si el no actuaba como creía que debía.

-De acuerdo….-anunció el rubio seriamente luego de pensarlo un poco, la sonrisa de su madre esperanzada le agradó- será como tú pides Ka-san. No volveré a actuar contra los Hyuuga. Será por tu pedido que no volveré a hacerlo. Ojala no te equivoques Ka-san. Te quiero mucho, pero no soportaría que a Hima-Nee sufra por un error. Lo dejo en tus manos.

Luego de eso, Boruto se fue por el pasillo tranquilamente. Tenía que ir a buscar a su hermana que saldría del hospital esa misma tarde. Himawari ya estaba bien. Aunque tenía un brazo vendado, podría pasar el resto de su recuperación en la serenidad del hogar. Y además, esa noche tendría la oportunidad de verse con Sakura. Realmente lo ansiaba, y la oportunidad podría ser de las últimas.

En cualquier día de esos, Sasuke Uchiha volvería a Konoha. Y entonces habría un necesario enfrentamiento. Era una cuestión del destino. Mientras tanto, Boruto había logrado obtener de su padre las llaves de un apartamento de soltero. Le pidió, que mientras Hanabi estuviera en la casa Uzumaki, era mejor tener un lugar alejado de las insinuaciones para cambiar de clan. Naruto acepto el punto, no sin charlar un poco más intensamente sobre el entrenamiento pasado. El Hokage parecía emocionado por lo ocurrido anteriormente, y hasta figuraba comenzar a apartar horarios específicos para continuar entrenando a su hijo más regularmente. Increíblemente, las relaciones entre Naruto y Bolt estaban en su mejor momento. Era una relación de hombres, no de un niño molesto a su padre ocupado. Al menos en eso, el joven se sentía satisfecho que hubiera mejorado.

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-Ka-san… ¿adónde vas a esta hora?

La pregunta surgió instantánea. Sarada justo llegaba al comedor de su casa, cuando vio a su madre colocarse una chaqueta y abrir la puerta de salida. Era de noche y el turno de trabajo en el hospital, la mujer lo había cumplido por la mañana. La joven morena había tenido días complicados. Desde que puso sus ojos en ese pergamino que Bolt le había enviado. Su mundo estaba de cabeza. Rabiosa, frustrada, compungida. Era como si volviera a tener 5 años y temiera que las sombras de su habitación la devoraran por las noches. Desde que había leído esa información antigua sobre las costumbres del clan Uchiha, que solo podía conciliar el sueño junto a su madre, en la habitación del matrimonio.

No sabía si odiar a Bolt por enfrentarla a esa realidad, o definitivamente creerle y empezar a aborrecer a su padre. Sarada Uchiha estaba en una encrucijada, y si obedecía a sus instintos sobre la situación del baño hace tiempo, empezaba a ver en su padre una velada intensión perversa. Tuvo frustración al comienzo, y ahora mismo luego de masticada la situación día con día, tenía miedo. Estaba aterrorizada de que Sasuke Uchiha la violara. No había nada que pudiese evitarlo. El sharingan eterno era invencible.

-¿adónde vas a esta hora Oka-san? –le volvió a preguntar abrazándose a si misma- ¿Qué va a pasar conmigo, si el regresa justo esta noche?

Sakura se volvió rápidamente, y acercándose a su hija la abrazó firmemente. Contenerla, era la tarea principal que le había llevado todos esos días pasados. Ambas tenían miedo, porque tenían al enemigo en su casa. Era cierto que estuvo a punto de salir del lugar. Había acordado con Boruto un encuentro. Sakura apostaba a ese joven sus posibilidades de encontrar alguna forma de salvar a su hija. Y si tenía que pagar con su propio cuerpo el precio, no sería ni lo primero ni lo último que se atrevería a hacer en post de ayudar a su hija.

-tengo que ir al hospital cielo…-intentó tranquilizarla Sakura- tardare algunas horas. Regresare en cuanto pueda.

-¿Puedo ir contigo?

-¿A la morgue? –Le consultó Sakura tratando de evitar que se descubriera su verdadera meta- sabes que no es un lugar grato para nadie. Mejor deberías darte un baño caliente, y acostarte en mi cama a dormir. Prometo que regresaré en poco tiempo.

La niña temblaba ligeramente en sus brazos. Era una jovencita fuerte, pero su vida había dado un vuelco tan cruel e inesperado que su equilibrio mental pendía de un hilo fino. Sakura no podía dejar de lamentarse al verla así, el haber escogido amar a Sasuke Uchiha en su juventud. Pero al mismo tiempo, ¿Cómo desear que nunca hubiera sucedido? Sarada tampoco existiría y eso era algo que Sakura jamás iba a desear en la vida. Todo bien, atrae un mal. Y viceversa.

-Cielo…-le dijo la madre finalmente- creo que será mejor que preparemos el baño juntas. Mi tarea la puedo hacer otro día.

-en… ¿en serio te quedaras?-le interrogó Sarada esperanzada.

-Por supuesto que sí. –le sonrió Sakura abrazándola fuerte- te advertí que nadie me alejaría de ti.

Y mientras se quedaron juntas, Sakura se dijo a si misma que tendría que pedirle perdón a Boruto al día siguiente. Estaba segura que el joven no se enojaría por esa falta. Pero aunque a Sakura no le parecía un sacrificio nunca estar con su hija y protegerla, en esta ocasión lamentaba no poder verse con el muchacho Uzumaki. Lo había deseado, lo deseaba fuertemente. Era patético que una mujer madura, hecha y derecha tuviera ese insano deseo sexual por un jovencito. Era estúpido que se sintiera mujer en las caricias de un polluelo de casi 18 años. ¿Por qué sucedía esto? ¿Era por qué Bolt tenía la apariencia de Naruto? ¿Era porque su personalidad tenía puntos de encuentros oscuros con Sasuke? Sakura no sabía porque lo deseaba, pero ante sí misma no podía negar ese simple sentimiento físico.

Esa noche, mientras se bañaba con Sarada y cenaban para irse a dormir juntas. Sakura se la pasó proyectando en su mente un futuro terrible. Aunque Bolt encontrara la forma de asesinar a Sasuke. Aunque Boruto y Sarada lograran retornar a una relación amorosa. ¿Qué sería de la propia Sakura? ser condenada a ver a Boruto complacer a su hija, era como repetir la historia de las decepciones en su vida. Era como volver a perder la oportunidad de ser feliz.

-tal vez es mi destino…-se dijo abrazada a Sarada en la cama esa noche, antes de quedarse dormida- ver a mi hija feliz, con el hombre que deseo. Verla amar y ser amada, al hombre que yo tal vez podría amar con locura.

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-Onii-chan…quédate conmigo Onegai.

Himawari estaba muy dependiente de su hermano. Se sentía débil y vulnerable. Su corazón estaba muy lastimado por el intento de asesinato de su familia materna. Había compartido tiempo con los Hyuuga. Incluso había tratando con dulzura y respeto a su abuelo Hiashi. Había acompañado las visitas de su madre y nunca le hizo mala cara su tía Hanabi. La líder actual del clan. ¿Por qué quisieron matarla? ¿Acaso tendría que estar alerta, incluso en su propia aldea?

Mientras caminaba tomando del brazo a su hermano mayor por la aldea. Himawari no dejaba de agradecer a esos ANBU que la apoyaron en combate. Sospechaba, que no habían aparecido por la zona por mera cuestión de fortuna. Alguien los había enviado, así como enviaron a los Hyuuga que trataron de sellarla y matarla. Todo era una gran confusión para la joven Uzumaki.

-Onii-chan….no te rías de mi…-le hizo puchero ante el gesto distendido de su hermano.

Bolt sonrió divertido del pedido de su hermana. Hacia 45 minutos que habían salido del hospital y lejos de ir directo a casa, Himawari lo había conducido por la zona comercial. Era el camino más largo hacia la casa Uzumaki. Luego de pedirle la compra de un helado, fueron a ver los puestos de una feria ambulante y a recorrer algunos negocios particulares. El muchacho le consintió todo. Pero evidente que Himawari no quería regresar pronto a su propia casa. Sabiendo que su tía estaba hospedada ahí.

-Ya te dije que no te preocupes más Nee-san…-le tranquilizó como pudo el hermano- se va a solucionar todo. Confía en mí ¿de acuerdo? Ka-san dijo que se haría cargo de su hermana. Así como yo me ocupo de la mía.

Algunos minutos después, llegaron a la casa Uzumaki dando por finalizado el paseo. Boruto se fue a bañar con cierto apuro. Himawari se quedó junto a su madre y tía en la cocina. Tuvieron una charla algo tensionada, ya que la niña no terminaba de confiar que Hanabi no supiera nada del ataque que había sufrido. Incluso la historia de como ella misma fue traicionada por sus guardias, no parecía muy convincente. Himawari además pensaba, que su hermano parecía demasiado ansioso por bañarse y ponerse apunto.

Una hora después, como al galope de un mal presentimiento lo vio sentado en el traspatio, completamente vestido como para salir de nuevo. Ya era de noche, ¿adónde iría? La joven Himawari no quería saberlo. Aunque lo intuía. Solo por una mujer su hermano se arreglaba tanto.

-Onii-chan…no salgas esta noche Onegai…

-Estaré bien Hima…-le respondió el joven sereno- ya estoy recuperado de mis heridas. Aquí en Konoha, nadie se atrevería a intentar algo en contra nuestra.

Se quedaron en silencio. Himawari guardaba una desazón terrible en su corazón. No quería ver a su hermano enredado con una mujer que no le convenía. ¿Qué pasaría si Sasuke-sama se enteraba? ¿Acaso Bolt iba a verse a escondidas con la madre de Sarada-san? ¡Eso no podía ser!

-Onii-chan….no me siento bien –le dijo con gesto adolorido- ¿volverás pronto? ¿Podría quedarme a dormir contigo?

Usualmente lo habían hecho. Dormían en el mismo cuarto y hablaban hasta altas horas de la noche. Obviamente la confianza mutua que se tenían era interminable. Cuando era pequeña, Hima había tenido mucho miedo a la oscuridad. Bolt siempre durmió en el suelo de su cuarto en aquellas noches donde la luna no brillaba. El joven jamás había reusado a estar cerca. Pero ahora ya adolecentes, era cuando menos extraño el pedido. El gesto del rubio así lo indicaba. ¿A qué le podía tener miedo Himawari a los 15 años?

-No salgas Onii-chan….quédate conmigo. –Le suplicó mirándolo con dolor- toda la noche conmigo.

El muchacho la estuvo mirando fijamente por un minuto. En su mente tenía una encrucijada difícil de destrabar. Por un lado, odiaba tener que dejar a su hermana cerca de Hanabi. Estaba totalmente seguro que la líder Hyuuga no se atrevería a intentar nada personalmente. Pero tampoco le apetecía ver el temor de Himawari ante la incertidumbre. No quería verla sufrir, quería mantenerla confortable y protegida. ¡¿Pero porque justo pasaba esa noche?! Tenía la deliciosa oportunidad de verse con Sakura Uchiha. En un departamento, a solas y por toda la noche. La había cortejado durante días, aprovechando los momentos de las curaciones. Y la pelirosa finalmente había accedido.

Tal vez como pago por la ayuda a Sarada. Tal vez porque deseaba buen sexo. Tal vez porque simplemente le atraía la idea de un encuentro amoroso para descargar tensión. Bolt nunca estaría dispuesto a pensar que Sakura podía amarlo. Pero enervar sus deseos como mujer, eso podía hacerlo claramente. ¿Por qué justo esa noche especial, su hermanita lo necesitaba tanto?

-bueno…-suspiró derrotado el muchacho, y ella sonrió feliz- supongo que tendré que quedarme en casa esta noche. Finalmente podré estudiar esos informes de misión que tanto están juntando polvo sobre mi mesa de luz.

-¡Si, si si! –Chilló de pura felicidad Himawari y le saltó encima para abrazarlo profundamente- gracias Onii-chan.

Algunas horas después. Cuando todos se habían retirado a sus cuartos. Boruto considero que su hermana ya estaba más tranquila y podía dejarla descansar. Himawari hizo un esfuerzo grande para mantenerse despierta. Pero recostada en la cama de su hermano vio como la vencía el sueño implacablemente. Boruto seguía estudiando sus informes. Todas misiones en las que había participado Sasuke Uchiha en el pasado. Tenía que encontrar la manera de enfrentarlo y vivir para contar ese cuento. Era tarea de estudio y paciencia. Planear con tino, y sobre todo sigilo.

De pronto, observó como Himawari se había quedado dormida completamente. Respiraba pacífica y sonreía apenas. Bolt se sintió contento y utilizó una sábana para arroparla. No necesitaba usar su propia cama esa noche en particular. Si acaso le diera sueño, dormiría en el suelo sin problemas. Por el momento debía trabajar, aunque la hora en el reloj de la mesa diera increíblemente las 3 am.

-Un poco de té caliente…-se dijo de pronto algo torpe por la somnolencia- voy a prepararme una taza.

Se puso de pie. Tenía una molestia en su hombro que trataba de ajustar con movimientos rotatorios, mientras deslizaba la puerta para salir al pasillo. La cocina estaría algo fría, pero la promesa de un poco de té caliente era demasiada atracción como para…

-¿Qué….quieres….? –preguntó Bolt al abrir la puerta y encontrarse con una figura parada enfrente.

El kunai ingresó como flecha en su vientre. El impacto hizo retroceder al joven que tropezó con una silla y cayó de espaldas al suelo. Frente suyo, Hanabi Hyuuga le miraba de forma autista. Era como si estuviera sonámbula. O en estado de shock. La mujer le había apuñalado con un kunai, clavándolo hasta el mango. Bolt veía tendido, como su propia sangre comenzó a manar abundante. El estruendo contra el suelo de madera, hizo a Himawari despertar abruptamente:

-¡OTOOOO-SAAAAAANNN!-gritó desesperada la joven Uzumaki al ver a su hermano tendido en el suelo junto a la cama. –¡OOOKAAAAAA-SAAAANNN!

Hanabi retrocedió un paso aturdida. Ni siquiera atinó a escapar. Solo se desplomó hasta quedar sentada, con la espalda apoyada contra el muro del pasillo frente al cuarto. No tuvo más reacción, ni acusó movimiento alguno. Por el pasillo Hinata y Naruto aparecieron al instante, tan apresurados como nerviosos. Los gritos pelados de la joven Himawari los atrajeron con impresionante rapidez. El cuadro era inesperado totalmente.

-Bolt…. ¡BOLT MALDITA SEA, RESPONDE!- le acusó el padre arrodillándose junto a su hijo que no se movía.

-ONII-CHANN ¡ONII-CHAANN! –lloraba la joven Uzumaki del otro lado, desesperada.

Hinata rápidamente intentó extraer el kunai, pero enseguida se dio cuenta que no era un herida normal. Solo se podía apreciar el mango del arma, estaba tan fieramente incrustado que no sería gratuito retirarlo. El arma estaba enterrada a la altura del vientre, y tal vez comprometía al hígado.

-oh…no….-gimió Hinata compungida- la sangre se está oscureciendo…

Sangre negra, solo podía ser por un hígado perforado. El golpe le había tomado tan de sorpresa que no pudo evitar ser apuñalado en una parte vital. Bolt no se movía, sus ojos aún estaban abiertos pero tenían una sensación de estarse desmayando.

-¡¿QUE RAYOS HA PASADO?! ¿QUE FUE LO QUE TE OCURRIO BOLT? –gritaba Naruto desaforado.

-¡Rápido Naruto-kun! –Le instó Hinata- llévatelo al hospital, no debemos sacar este kunai o se desangrará.

-¡llévame contigo Oto-san! –Le gritó entre lágrimas Himawari que no soltaba la mano de su hermano para nada- ¡no me dejes aquí! ¡QUIERO IR CON ONII-CHAN!

Naruto estaba desesperado. Jamás había tanto miedo como en ese momento. Su hijo se le estaba muriendo en los brazos. Gracias al cielo podía trasportarlo sin moverlo. De no, la herida podía desgarrarse en el traslado. Respiró hondo para recuperar concentración, y usando el Hiraishin no jutsu trasportó a sus dos hijos directo al hospital. Directo a la sala de emergencias, donde algunos sellos siempre se escondían para las situaciones límites.

Hinata quedó arrodillada en un cuarto vacío. Sus manos estaban manchadas de la sangre de su propio hijo. Su cuerpo temblaba como muchas otras veces, pero era la primera vez que esa sensación no estaba generada por el miedo o la vergüenza. Temblaba de ira. De frustración latente. Se puso de pie finalmente. Muy lento, y olvidando por completo que solo estaba vestida por una bata liviana color azul. Estaba medio abierta, exhibiendo su ropa de dormir. Un vestidito de seda color blanco. Se hubiese sentido avergonzada que alguien a excepción de su marido la viera así. Pero ahora mismo, ninguna sensación aparte de la rabia la dominaban tan soberanamente.

Hinata Uzumaki miró fijo a su hermana menor, que aún continuaba sentada frente al cuarto abierto. Hinata por primera vez en muchos años, se sentía auténticamente rabiosa. Su hijo le había advertido las consecuencias de tener piedad. Su querido Bolt, que solo buscaba mantener a salvo a su familia, ahora estaba ingresando a la sala de emergencia donde debería pelear por su vida. Su niño se lo había advertido, y por culpa de una madre tonta, ahora estaba gravemente herido.

Hanabi al ver la dureza en el rostro de su hermana mayor por fin reaccionó. Estaba en el medio de sus enemigos. En esa casa todos serían sus enemigos desde ahora. Pero apenas lograba moverse cuando la voz fría y furibunda de la mujer Uzumaki la paralizó en su sitio:

-¡Quieta ahí! –Le dijo acercándose como una leona a su presa- maldita desgraciada.

Con el revés de su mano izquierda, le dio una tremenda bofetada que la lanzó al suelo largo a largo. Hinata estaba parada a un paso de Hanabi, que yacía en el suelo tomándose el rostro con temor.

-Onee-san….yo….yo no….

-Esto….no….no te lo perdonare jamás….

Hinata se fue rápidamente por el pasillo. Directo al closet donde guardaba lo que ahora mismo necesitaba. Hanabi no podía reaccionar por mucho que lo intentara. Sus instintos le habían ordenado que asesinara a Boruto. Había estado vigilándolo incansablemente por las noches, y esperó el momento para atacar. No quería que ese muchacho volviera a amarrarla y hacerle daño. Jamás pensó que Himawari esa noche también estaría en el cuarto. Solo reaccionó, a la puerta abriéndose a las 3 de la madrugada. ¿Qué otra cosa estaría por hacer Bolt, que ir al cuarto de Hanabi para atacarla?

Mientras tanto Hinata apareció nuevamente, esta vez traía una correa de cuero gruesa en su mano derecha. Armada con ese elemento, apretando los dientes y llorando de indignación, descargó su frustración sobre su hermana menor. La azotó sin misericordia y la arrastró de los cabellos hasta la habitación de huéspedes. Esa noche seria de golpes y dolor. Esa noche traería renacimiento. Una nueva esclava, y una nueva dueña. Esa noche, empezaría un cambio radical.

Esa noche en particular, el liderazgo del clan Hyuuga….

Definitivamente cambiaria de manos…

Fin del capítulo.