N/A:

1) Los personajes pertenecen a Reiko Yoshida (Estudios Actas).

2) La historia esta relatada en tercera persona y tratará de mantener las personalidades lo más fiel posible a como se ven en el anime, pero pueden variar un poco.

3) Si ven esta historia fuera de mi cuenta de FF o facebook por favor comuniquemelo, digamos No al plagio y apostemos siempre al original.

4) Cualquier sugerencia y/o crítica me la pueden hacer llegar por medio de un PM o un review.


Algunos recuerdos duelen:

Como todas las mañanas Yukari Akiyama se levantaba antes que despertador sonase y se sentía feliz de prepararse para asistir al Instituto Femenino Oarai.

Desde que se había anotado al Sensha-dō sus días rebosaban de diversión y nunca le faltaba la compañía de sus nuevas amigas. Junto con Miho, Hana, Mako y Saori había podido olvidar lo que era sentirse sola y estar aislada.

Sin embargo estar en tercer año la llevaba a preguntarse qué pasaría cuando se graduara, ¿seguiría manteniendo amistad con ellas o se alejaría para seguir cada cual sus sueños?.

Y si aquello último pasaba, ¿qué sería de ella?. ¿Podría volver a hacer amigos o se quedaría sola como había pasado tiempo atrás?. Un escalofrío recorrió su espalda pero con una sacudida de cabeza alejó todo pensamiento negativo. Pintó luego una sonrisa en su rostro y salió de su casa con dirección al instituto.


Miho Nishizumi terminaba de desayunar y se disponía a lavar la vajilla, cuando vio la hora en el reloj y salió apresurada de su departamento.

Era la primera vez que se le hacía tarde para ir al instituto pero rió al darse cuenta que eso se debía a que gracias al Sensha-dō, había conocido un grupo maravilloso de personas y entablado amistad con Hana, Saori, Yukari y Mako. Justo con ellas se había quedado hablando hasta bien entrada la noche, por lo que le había costado levantarse al sonar el despertador.

Mientras caminaba hacia Oarai, recordaba como detestaba en un principio el «arte de operar tanques»; ya que el haber perdido en una ocasión con su antigua escuela había significado una deshonra para el brillante legado de la familia Nishizumi.

Cansada de ser tratada como un elemento débil y casi vista como una traidora, ella decidió mudarse de escuela y de casa. Hacía un año que vivía sola y disfrutaba de haberse encontrado a sí misma, curando esa vieja herida y logrando seguir adelante.

En la actualidad se desempeñaba como comandante del equipo entero del instituto y pronto también como presidente del Concejo Estudiantil. Aquello último le hacía darse cuenta que estaba en el último año y que en ese semestre debía entre otras cosas que pensar en su futuro.

Aquel pensar en su futuro traía aparejado sopesar el hecho de que, tarde o temprano, debería despedirse de sus amigas y emprender cada una un camino diferente. Inevitablemente sus ojos se llenaron de lágrimas ante eso pero no dejo que salieran, alentándose a sí misma con un «esfuérzate».


En la residencia Isuzu, una Hana sonriente pero algo melancólica cambiaba el arreglo floral que se encontraba delante de un portarretratos. Dicho portarretratos contenía una foto de su grupo de amigos con los uniformes de batalla en color azul.

Miró el florero en forma de tanque y la foto; y suspiró al recordar como tuvo que convencer a su madre para que la dejara participar del Sensha-dō. Y es que los Isuzu eran reconocidos por una larga trayectoria en el «arte de las flores»; razón por la cual no estaba bien visto que la heredera sea artillera en el «arte de los tanques».

Mas con esfuerzo y dedicación Hana había logrado combinar tradición familiar con su pasión por el Sensha-dō, y en el proceso había salido fortalecida en más de un sentido.

Satisfecha con su logro salió contenta rumbo al instituto, pero nada más salir recordó que ese sería su último año en la escuela y practicando el arte de los tanques con todas sus amigas.

De pronto el miedo de tener que enfrentar las responsabilidades que su apellido conllevaba, la abrumó. Pensar que elegirían inclusive a su marido la hacía temblar tanto como saber que el camino de ella y sus amigas se bifurcaba delante de sus ojos y era tiempo de elecciones y adioses.

Un dolor tácito se apoderó de su pecho y casi la hace llorar; pero viendo que estaba cerca de la entrada principal la obligó a sacudir sus brazos y adoptar su habitual semblante calmado y gentil.


Extrañamente Mako Reizei se levantaba sin demasiado problema, se hacía el desayuno y se alistaba para ir a la escuela.

Una rápida ojeada al cuarto de su abuela le recordaba que al salir de clases debía de llamar al médico, pues ésta no se estaba sintiendo bien últimamente.

Hacía un año la abuela de Mako se había descompensado durante un encuentro de Sensha-dō y gracias a la hermana de Miho, ella y Saori pudieron llegar a tiempo al hospital para verla reponerse.

Igualmente ahora estaba preocupada en serio por la salud de su abuela, siendo el único pariente que le quedaba no quería perderla. Temía quedarse sola, sin nadie que se preocupase por ella y la entendiese.

Sabía bien que muchos la consideraban un estorbo o una buena para nada, aunque también era consciente que para sus amigas ella era alguien importante y agradecía poder formar parte del equipo rape.

Siendo la conductora del Panzer Kampfwagen IV había logrado superarse a sí misma y conseguido ser aceptada por sus compañeras. Ya no le costaba tanto levantarse y llegar a tiempo a clases, sin contar con que gracias a los grupos de estudios con sus amigas, sus notas habían mejorado muchísimo.

Mas sin embargo el saberse en tercero la preocupaba un poco, sobre todo por la incertidumbre de no saber qué hacer una vez se gradúe y por el presentimiento de que se quedaría sola si algo le pasaba a su abuela.

Pero igual que sus amigas alejó la tristeza con una sonrisa y saludó a su grupo, al que solo faltaba que se sumase Saori.


De las cinco chicas, Saori Takebe era la más feliz de todas en esos momentos, por lo que despertarse no implicó ningún esfuerzo.

Su felicidad se relacionaba con que por primera vez había podido entablar una charla con un chico y estaba próxima a tener su primera cita.

La determinación y soltura se las debía al Sensha-dō pero su confianza y buen humor provenía del grupo de amigas al que pertenecía; por eso no veía la hora de reunirse con ellas y contarles la buenas nuevas.

No solo de que aceptaría ser secretaria del Concejo Estudiantil, sino también les hablaría de su posible novio y de cómo avanzó en su carrera de telecomunicaciones.

Ya se imaginaba utilizando nuevamente su habilidad en el campo de juegos como operadora de radio de los tanques y ganando de nuevo el torneo, aumentando así su popularidad.

Sin embargo acomodando unos libros de su mochila, se percató que aquel sería el último año compartido con sus amigas. Estuvo a punto de entristecerse, pero al divisar a sus compañeras esbozó una sonrisa y las saludó entusiasmadamente.

—¡Buenos días, chicas! —dijo agitando una mano.

—¡Buenos días, Saori-chan! —Le respondieron las demás chicas casi al unísono.

—Te ves muy animada hoy —Notó Miho e inquirió—; ¿Pasó algo especial?.

—Sí, tengo mucho que contarles —expresó sonriente Saori.

—Tendrás que esperar hasta la hora del almuerzo, pues ahora debemos ir a clases —advirtió seriamente Hana.

Yukari río ante la mueca de disgusto que hizo Saori y las fue empujando para adentro de la academia, rozando en el proceso la parte baja de la espalda de Miho. Una extraña sensación la invadió por un segundo, pero no dio demasiada importancia.

Mako entró con el rostro apesadumbrado por haber caído en cuenta que el día recién comenzaba y faltaba mucho para poder salir de clases y llamar al médico, que trataba a su abuela. Este abatimiento fue advertido por Hana quien instintivamente la abrazó.

—En el almuerzo me cuentas ¿qué te está pasando? —Le susurró Isuzu a Mako, quien solo asintió con la cabeza.

Las cinco con sus diferentes preocupaciones y miedos se dirigieron a sus respectivos salones. Cada una pensaba que en la hora del almuerzo podrían exteriorizar lo qué les pasaba, pero ciertos anuncios postergaron esa instancia.