CAPITULO 18: SOBRE EL SILENCIO

Caminaba lento. Lo hacía arrastrando los pies, y tratando de no caerse en cualquier esquina de la aldea. La gente le miraba raro, y para Boruto no era sorpresa considerando que parecía un anciano en su andar. Le dolía todo su cuerpo, cada hueso, cada musculo. Articulaciones, nervios, células. Por dentro y por fuera, solo era una gran masa de dolor.

Cuando por fin llegó a su departamento, sintió todo el peso del mundo sobre su espalda adolorida. Tenía dos funciones típicamente sencillas. La primera consistía en mantenerse de pie frente al portal, y no ceder a la tentación de dejarse caer allí mismo para intentar dormir cual vagabundo. Y la otra tarea tenía algo de precisión requerida. Era tratar de colocar la llave y abrir esa maldita cerradura para entrar a su "hogar".

Dos meses. Llevaba poco más de 60 o 65 días de esa tortura interminable. Una rutina semana tras semana que se parecía mucho a la antesala del infierno mismo. Era entrenamiento, pero tenía todo el aspecto de famoso "castigo divino". Solo reservado a ese tipo de personas que desean algo tan intensamente que cuando se alcanza, pierde todo el brillo de lo esperado al comienzo.

-Cuidado con lo que deseas…-se dijo Bolt logrando con dificultad que la mano dejara de temblarle y así acertar a la cerradura- puede que el diablo venga a cumplirlo.

Más de dos meses entrenando con su padre. Más de dos meses cargando la pesada cruz de sus decisiones pasadas. Siendo entrenado de la manera más brutal que pudiese concebir. Apartado del afecto de su madre y hermana, mirado de reojo por prácticamente todo el pueblo. Era todo muy difícil, demasiado complicado.

En la oscuridad de pequeño comedor, se sintió morir de angustia con solo pensar que aun debía cocinar lo que fuera que pudiera. En realidad, necesitaba hacer tres cosas. Bañarse, comer y dormir. Era a las únicas cosas que podía apelar, para tratar de recuperarse en lo posible y así levantarse a un nuevo día.

Entonces, hizo lo acostumbrado. Colocó ramen instantáneo a calentar, y mientras esos interminables tres minutos trascurrían, se metió con ropa y todo a la ducha para ahorrar tiempo. El primer golpe del agua producía gritos, mientras que el resto de esos tres minutos hasta regresar por el ramen, consistían generalmente en quejas y maldiciones ante los intentos de quitarse la ropa. Sus músculos y articulaciones le hacían pagar cada intento de movimiento. Aun así, su orgullo aun lo mantenía intacto.

Su padre lo apaleaba a diario. Eran entrenamientos intensos en lo físico, que cada tantos días finalizaban en un combate al máximo nivel. Y nunca Boruto se había sentido más novato en el arte ninja. Y como añadidura de los 5 días hábiles de carnicería continuada, Bolt tenía que pasar casi todo el sábado estudiando con Kakashi; puliendo todo lo referido a diplomacia y leyes extranjeras.

Se dormía mientras el anterior Hokage hablaba y hablaba, recibiendo como pago un golpe en la cabeza en correctivo. Kakashi era tan serio como en sus primeros meses de sensei, no había bromas ni tampoco distracciones. El peliplata parecía muy preocupado en completar la formación teoría de un político, más allá de la parte ninja implícita.

"-deberíamos concentrarnos en técnicas y formas de combate tío Kakashi…-le dijo Bolt una tarde mientras se tomaba la cabeza luego de recibir su golpe número 5- esto me da sueño.

-deberás estar muy despierto de ahora más Bolt –argumentó Kakashi serio- a cada paso dentro y fuera de esta aldea, tendrás que cuidar de no caer en un pozo.

-soy solo un ninja Kakashi-sensei…

-No…-le corrigió el maestro- ahora no solo eres un ninja, sino un heredero. Eres el hijo del más poderoso líder de las aldeas. Lo que tú realices desde ahora, repercute directamente sobre el Hokage. Por esa razón, deberás manejar la política y diplomacia, con la misma habilidad que lanzas kunai"

Entonces para resumir, de lunes a viernes era entrenado y forzado hasta los límites en su físico. Mientras que el sábado se la pasaba torturado por el interminable aprendizaje de los tratados, obligaciones y situaciones diplomáticas que Konoha sostenía con el resto del mundo conocido. Quedando solo el domingo, para tratar de lamer sus heridas y recuperarse ante la inminente llegada del lunes venidero; todo para reiniciar el desgaste nuevamente.

Boruto comió el ramen en la oscuridad de la cocina-comedor, medio desnudo y tratando de sostener los palillos entre sus dedos temblorosos con extrema dificultad. No solo sentía su cuerpo atrofiado por el extenso entrenamiento de resistencia, sino que su chakra nunca terminaba de recuperarse totalmente antes de que llegara la madrugada siguiente, y de nuevo se viera obligado a gastarlo a raudales.

Y todo se trataba sobre resistir. Debía resistir a como diera lugar. Su padre no le hablaba más que para indicarle cada ejercicio, y jamás había vuelto a sonreír desde el asunto Uchiha. Así mismo, Bolt en más de dos meses apenas una vez se había podido ver a su hermana durante una tarde. La joven, le informó con cierta incomodidad que tenía prohibido visitar o ver a su hermano por órdenes expresas de su padre.

-Quisiera ayudarte Onii-chan…-le dijo Himawari mientras tomaban un helado ese domingo en particular- quisiera visitarte y estar contigo.

Boruto sintió mucha frustración al enterarse de eso. Que su padre estuviera enojado y no le perdonara el asunto de Sasuke o lo de Sakura era una cuestión. Pero que además les prohibiera a su madre y hermana relacionarse con él, ya parecía odio puro. Bien debía saber Naruto, que sus hijos siempre fueron muy unidos entre sí. Era casi una crueldad hacerle eso. Y Naruto nunca había sido cruel con nadie en toda su vida. ¿Qué razón podía tener el Hokage para aislarlo así? Fue por eso, que Boruto decidió como cuestión de orgullo seguir el reglamento a rajatabla. Si su padre quería aislarlo de sus afectos, si quería castigarlo o simplemente comprobar que el joven Uzumaki no estaba a la altura del desafío, Boruto no le daría la satisfacción de rendirse tan fácilmente.

-No te preocupes Hima-Nee….- le susurró al oído el rubio mientras abrazaba a su hermana para despedirse- será mejor que obedezcas a Oto-sama. No quiero que seas afectada por lo que vendrá.

Boruto se apartó de su hermana desde aquel día. No volvió a verla ni aceptó pasear con ella. Decidió resistir en soledad la situación, ya que prefería sentirse miserable personalmente, y no que eventuales enemigos descubrieran que dañando a su hermana pequeña, sería la forma de hacerle mayor daño a el.

A partir del tercer mes, el entrenamiento se intensificó…

Como Boruto resistía todo tipo de ejercicio que su padre le imponía, las cargas de trabajo se fueron elevando de manera alarmante. Cada vez empezaban más temprano a entrenar, y los horarios de finalización se extendían poco a poco. Eran padre e hijo, también maestro y alumno, pero casi no había palabras entre ellos. Esta situación le molestaba a Bolt al principio, para luego entristecerlo. Fue durante estos meses de entrenamiento, que el joven Uzumaki pudo realmente comprobar cuan fuerte era su padre en realidad. Lo había admirado cuando más niño, pero era solo como un ideal para alcanzar. Pero luego de esa convivencia de entrenamiento forzada, ahora sentía un orgullo mayor de decir que ese hombre era su padre.

Poco a poco, el silencio entre ellos que tanto había dolido a Bolt al comienzo, se trasformó en un buen tipo de lenguaje para el entendimiento. Mientras practicaban, Boruto realizaba los ejercicios con mucha intensidad y entusiasmo redoblado. Sin exigir explicaciones como al inicio, sin quejarse o negarse por parecer imposible. Eso lograba agradar a Naruto, aunque gestualmente no lo demostrara. Finalmente, una tarde cualquiera Boruto comenzó a notar que algo estaba cambiando.

-El no….-se dijo en un susurro mientras realizaba sentadillas a un costado del campo de batalla- el ya no envía clones para entrenarme.

No lo había notado al inicio, tal vez por cansancio o simple acostumbramiento. Pero su padre había dejado de enviar clones para supervisarlo al entrenar. Hacía casi 15 días que se presentaba en persona. Dejaba el trabajo de oficina descargado en copias propias y en sus secretarias, para darle la mayor parte de su tiempo a las prácticas de su hijo. ¿Acaso comenzaba a perdonarlo poco a poco?

-Sensei…-le dijo Boruto que así lo trataba desde que comenzaron a entrenar juntos- ¿Qué más debo hacer hoy?

Eran casi las 20 horas, la noche estaba ganando terreno en el bosque. Siempre entrenaban bastante alejados de Konoha. Y generalmente hacia una hora que se tendría que haber acabado la práctica del día. Pero no sucedía, y tal vez fuese porque era viernes. Pasarían dos días hasta que volvieran a verse. Aun así, Naruto nunca había demostrado gusto por la cercanía. Todo siempre había parecido un trámite para el Hokage. Una obligación, más que un placer.

-La práctica ha terminado por esta semana…-señaló Naruto impasible y de brazos cruzados- acabo de enviar un clon para buscar algunas ordenes de Ramen. ¿Quieres cenar aquí antes de regresar a la aldea?

La noche era hermosa de pronto, había luciérnagas que comenzaban a notarse entre los árboles que rodeaban la zona. La luna ganaba terreno en el firmamento, y Boruto no podía notar nada a su alrededor. Estaba demasiado sorprendido, emocionado, estupefacto, con esa propuesta de su padre. Después de tanto tiempo sin dirigirle la palabra. ¿Acaso el Hokage estaba invitando a su hijo la cena?

El joven asintió, dejándose caer al suelo porque las piernas le reclamaban un descanso. Frente a él, su padre también tomó asiento cruzando las piernas. No había nada para ver en particular, sería difícil estar a gusto cenando sin dirigirse la palabra. Pero Boruto no quería arruinar la situación comentando algo estúpido. Por eso fue toda una sorpresa tal invitación.

Fueron los 15 minutos más largos de su vida. El bosque calmo, el sonido de los grillos, y ellos dos sentados lado a lado sin mirarse ni hablar. Solo hasta que retornó el clon con las ordenes de Ramen, que volvieron a moverse nuevamente. La copia desapareció, y ambos se dedicaron a cenar como el asunto más interesante del mundo. El silencio estaba instalado como siempre, pero ya no era tan incómodo.

-Has mejorado…-dijo finalmente Naruto.

Bolt sintió que la comida se volvía aún más sabrosa. Esas palabras eran esperanzadoras. Desde su punto de vista, lo único bueno que podía decir de su entrenamiento, era que había aprendido a tolerar el dolor constante más efectivamente.

-el lunes que viene, -le dijo el padre calmadamente- tengo que viajar al país del hierro.

Eso significaba que no habría entrenamiento brutal como bienvenida a la semana siguiente. Hace meses Bolt lo hubiera sentido como una gran noticia, pero ahora por alguna razón le sabía mal. ¿Acaso era masoquista? Probablemente se la podría pasar durmiendo en su apartamento, o tal vez pasear un poco. ¿Por qué ahora sentía que extrañaría el entrenamiento? Debía estar volviendo adicto al dolor. No había otra explicación.

-Sai te ha designado como parte de mi guardia personal –añadió Naruto luego de comer durante un rato- debes estar listo para viajar el lunes bien temprano.

Boruto siguió sin hablar. La emoción era demasiado grande a esas alturas. Su padre no lo dejaba atrás. Lo iba a llevar como su guardia privada. Esa era una muestra cabal de confianza en sus habilidades. Nadie llegaba a ser guardia de un Hokage sin estar en el máximo de sus habilidades. Incluso los ANBU más poderosos, rara vez podían calificar para tal honor. Solo Sai, como líder de los escuadrones especiales o el Hokage mismo, tenían la potestad de elegirlos.

-Hai Oto-sama….-respondió apenas el joven asintiendo con tranquilidad.

Y por un instante, Boruto vio sonreír a su padre. Solo fue un momento, una milésima de segundo. Tanto que pareció una ilusión óptica. Pero fuera verdad o no, el muchacho sintió que estaba en el camino correcto para recuperar el cariño del hombre que más admiraba en la tierra.

Finalmente, los meses de silencio y dolor, estaban llegando a su ocaso final.

*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/

*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/

Boruto se encontraba sentado alrededor de la mesa en la casa Uzumaki. Había sido invitado por su propio padre a cenar, luego de varios meses donde el silencio fue la única certeza. Se creía que era una cena de reconciliación. Donde Boruto por fin podría estar con su hermana y también visitar a su madre a quien extrañaba mucho luego de irse a vivir solo.

Parecía que las misiones actuando como escolta del Hokage, habían terminado de limar ciertas asperezas que padre e hijo conservaban de los eventos trascurrido al comienzo del año. Se podría decir que luego de más de seis meses, finalmente los Uzumaki volvían a ser una familia. O eso pensaba Boruto, hasta que se sentó en una mesa donde no solo su familia estaba compartiendo, sino también Sakura y Sarada Uchiha.

-siéntate Onii-chan…-le dijo su hermana contenta de tener cerca a su hermano nuevamente- esta es tu casa también.

Bolt sonrió apenas, como gesto amable para Himawari y por la paradójica de esta situación general. Cada día que trascurría, se volvía más fuerte que antes de la pelea con Sasuke Uchiha. Pero irónicamente también, parecía poco a poco a convertirse en un ser más y más impotente ante las acciones de los demás. Perdía el control de su vida, ese que tanto le había costado ganar cuando se unió a la Raíz.

-esta reunión se ha retrasado demasiado…-inició la conversación Naruto, desde la cabeza de la mesa- el acuerdo matrimonial tenía una extensión de 12 meses, aunque ambas partes pensábamos ejecutarlo mucho antes. Aun así, el consejero Nara se encuentra presente para certificar los pasos que seguiremos. Debemos definir esta situación.

Shikamaru Nara. Estaba otra vez en el camino de Bolt. El joven no hacia ningún movimiento en particular, ni en esa cena, ni durante todos los meses pasados en la calle. Era más que evidente que el líder de los Nara seguía pendiente del asunto de Raíz. Pero Bolt estaba suspendido de sus funciones como miembro del grupo, así que no hacia otra cosa que entrenar. Sobrevivir al entrenamiento para ser precisos.

-¿están las partes de acuerdo con la cancelación del contrato? –consultó Shikamaru que había sido invitado por Naruto precisamente para ello.

-la familia Uzumaki desea cancelar el contrato –apuntó Naruto serio, quien ya había hablado con Bolt del asunto hace días- estamos dispuesto a ceder nuestro derecho a una devolución de la dote.

Todos miraron a Sakura. Se hizo el silencio incomodo que lo que se suponía que ella tenía que decir no surgía de sus labios. Se veía incomoda, su rostro estaba surcado por la duda y la preocupación. Naruto se sintió sorprendido por la situación. Si lo que sabía de Sakura y Bolt había sido cierto, la pelirosa sería la más interesada en evitar que su hija se casara con el joven Uzumaki. Después de todo, las posibilidades de que se descubriera la situación del pasado tarde o temprano, eran superiores si la relación entre esas familias continuaba a las nupcias.

-Uchiha Sakura…-intervino la quietud Shikamaru cortando el silencio como con un filo- ¿Cuál es la respuesta de su parte?

Sarada tenía el rostro pétreo, pero se notaba que estaba nerviosa. La tensión de su cuerpo era extraordinaria. ¿Acaso no era obvio que todo había terminado? La niña parecía frustrada porque su madre no estaba respondiendo como era evidente. O al menos eso creían quienes las miraban alrededor de la mesa.

-el….el clan Uchiha….-dudó al iniciar Sakura- exige….que el contrato matrimonial sea efectivo. La fecha puede ser parte de un acuerdo verbal. Pero lo firmado, debe ser respetado.

Increíble….

Completamente increíble…

Una locura total…

Boruto e Himawari tenían los ojos tan grandes que parecían intentar escapar de las orbitas. No podían creer lo que Sakura-sama acababa de comentar. Acaso… ¿las mujeres Uchiha habían perdido la cordura? Shikamaru suspiró aburrido. No parecía ni siquiera atender la situación, cuando en realidad era lo que deseaba. Era la razón por la que había venido en primer lugar. Naruto había recibido la misma respuesta de Sakura ante la reunión previa que tuvieron. Pero aun así, no creyó que esto fuera la realidad. ¿Cómo obligar a Bolt al casamiento? No parecía algo que el muchacho fuera aceptar tranquilamente. ¿Por qué Sakura permitía que esta situación siguiera adelante? Acaso…. ¿quería que su hija se casara para poder tener cerca a Boruto? ¿Planeaba continuar sus amoríos aun con su hija siendo esposa del amante? No, no era lógico. No podía ser cierto. Sakura no se arriesgaría a una locura semejante. ¿O si lo haría?

Mientras tanto, Boruto recuperándose del impacto de la situación. Supuso que Sakura había dicho lo dicho, contra su voluntad. Era indudable que Sarada había sido inflexible en su determinación de no cortar la relación. Era claro que la madre no era quien quería continuar con todo esto. Y por esa razón, Boruto debía cortar el problema de raíz. No podía casarse con Sarada Uchiha. No después de todo lo ocurrido.

-quiero hablar con Sarada….-dijo el joven Uzumaki tranquilo- a solas.

-eso no será posible, -dijo Shikamaru como mediador- la reunión es para definir los aspectos de…

-No estoy pidiendo su permiso…-señaló con dureza Boruto, mirando a Shikamaru como si fuera un perro- no es más que una mosca en la sopa de esta reunión. Así que mejor sería que guardara silencio, cuando menos hasta que le pregunten su opinión.

-¡Boruto! –Le amonestó el padre duramente- no vuelvas a hablar de manera tan irrespetuosa con Shikamaru. Si no tienes nada bueno que aportar a esto, cierra la boca.

-guardare silencio Hokage-sama –admitió tranquilamente el hijo- cuando no tenga nada más que decir. Pero Sarada debe saber todo lo que ha pasado, antes de seguir adelante con esta situación.

-¡Eso no! –gritó la pelirosa espantada, y luego bajo la cabeza dándose cuenta de su error.

Boruto se había puesto de pie, para invitar a Sarada al traspatio y así charlar. Pero el grito de Sakura había dejado a todos congelados. Incluso la niña Uchiha no entendía que estaba pasando. ¿Por qué su madre y el padre de Bolt estaban tan nerviosos? ¿Qué era eso que Bolt debía decirle para cambiar su opinión al respecto del casamiento? Durante meses, había intentado que su madre concertara esa reunión para definir el casamiento. Casi no había podido ver a Bolt durante meses por culpa de los brutales entrenamientos que tenía con el padre. Y para colmo el fin de semana se la pasaba internado con Hatake Kakashi estudiando. Apenas tenía el domingo de cierta libertad, pero aun así siempre tocaba a la puerta del departamento para encontrarlo durmiendo o agotado como para salir. El asunto de Sasuke no era una sorpresa para Sarada. Por intermedio de su madre, más la situación de salud que Boruto había trascurrido, hacían evidente lo sucedido. Sarada había amado mucho a su padre, pero ya no más. Nunca más desde que descubrió el negro futuro que se preparaba para ella.

-Sarada….-le dijo Bolt alejándose de la mesa e invitándola con la mano al fondo de la casa- ven por favor….

La muchacha dudó algunos segundos, ya más tarde preguntaría a su madre sobre ese grito sin sentido. Siempre había tenido la intuición que algunas cosas la pasaban de lado. Alguien, o algunos de los presentes, tenían oscuros secretos guardados. Fuera lo que fuera, Sarada se prometía que nada le impediría convencer a Bolt de contraer matrimonio. Lo amaba, lo seguía amando como siempre. Sentía un vacío enorme que solo la sonrisa confiada del rubio podía llenar. Fuera cual fuera el problema entre su madre, el Hokage o Boruto, Sarada se prometía que estaría de parte de su futuro esposo. Aunque tuviera que luchar contra todos para conseguirlo.

*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*

-¿Por qué no quieres casarte conmigo Bolt-kun?

Hablaron durante algunos minutos, pero las charlas no tenían que ver con la cuestión que los llevó al traspatio en primer lugar. Ambos estaban tensionados, y Boruto estaba seguro que tanto Sakura como Naruto en el comedor, estarían retorciéndose de los nervios por descubrir lo que sucedía afuera. Sin embargo, Boruto eligió que la primera charla tranquila que tenía con su mejor amiga en varios meses, fuera más relajada y tratara de apartarlos por un instante de la realidad compleja. Pero mientras Bolt hablaba sobre entrenamientos y dolores actuales, Sarada solo tenía un objetivo claro esa noche. Y lo perseguía con la paciencia de una cazadora consumada.

-¿Por qué quieres renunciar a nuestro compromiso?

Dos preguntas continuas y profundas. Boruto era consiente que podía manipular la situación a voluntad. Si tan solo mentía, y además reacomodaba los eventos del pasado a su beneficio, podría conseguir que Sarada lo odiara, o en cambio siguiera amándolo por siempre. El problema con ambos conceptos, era que lograrlos atraves de una mentira conllevarían al mismo resultado. Sarada ardería en las llamas de la furia, sus ojos se alimentarían sin cesar de esa explosión, y un manto de oscuridad teñiría su vida por siempre. Si buscaba que Sarada lo odiara ahora, podrían empezar una batalla a muerte en cuanto le confesara que había follado con su madre decenas de veces. Y que por añadidura, parecía estar enamorado de Sakura. Bolt aún no sabía si definir lo que sentía como amor, después de todo, simplemente había sido sexo básico. Animal y caliente. ¿Pero que era el amor realmente? ¿Acaso la necesidad de estar con el otro a cualquier hora y lugar estaba directamente relacionado solo a lo afectivo? ¿No se podía empezar amar desde lo carnal?

-Sarada….yo….

-por favor no me rechaces…-dijo la niña acercándose a su brazo y tomándolo de costado- sé que todo se ha empañado con sangre. Pero mi padre quería un futuro mí, que era asqueroso. Si tengo que darte todo para me aceptes. Si yo tengo que…

-No….-le interrumpió Boruto apartándose un poco- esto no tiene que ver solo con sexo. Y no es por causa de tu padre mayormente.

-¿Entonces qué?

Se lo iba a decir. Era cuestión de abrir la boca y confesar que fue infiel cuando eran novios. Confesar que se había acostado con otra mujer y no era por una misión de seducción. Confesar quien era esa mujer, y porque razón Bolt seguía pensando en las horas que pasó junto a ella en el pasado. Algo en la mente del joven rezaba… "díselo" "libérate y libérala de esta carga". Pero otra parte, la más oscura del deseo susurraba maliciosa: "acepta el casamiento, luego podrás continuar tu amorío con su madre a espaldas de todos" "acepta para estar cerca de Sakura" "acepta para chantajear a Sakura con esa verdad si es necesario"

-Sarada….-dijo finalmente decidiendo- no podemos continuar con esto, sin que sepas algunas cosas. Para casarnos, debemos hacerlo sabiendo perfectamente todo lo ocurrido. Lo más importante, la razón de porque decidí romper nuestro noviazgo hace meses. Para que puedas perdonar, o dejar nuestra relación anulada para siempre.

-dijiste que fue porque te culpaban de la muerte de Kiba Inuzuka –señalo la joven suavemente- ¿no era verdad?

-en parte sí, pero también lo hice porque realice una misión, donde tuve que dormir con mi objetivo. Para chantajearla y cumplir mis órdenes.

-¿una misión? ¿Qué tiene que ver una misión con lo nuestro?

Sarada era Kunoichi. En el mundo civil, hubiese sido una excusa inaceptable declarar una infidelidad por obedecer órdenes de otros. Pero entre ninjas, las misiones tenían y debían cumplirse más allá de asesinatos o sexo. Los Shinobi de la división "infiltración" vivían prácticamente de seducir objetivos y sacarles lo que necesitaban. A la fuerza, o con sexo. Eso no constituía traición entre ninjas. Pero Bolt no podía disfrazar la verdad del asunto, ahora que había decidido abrir el juego, Sarada debía decidir si quería casarse con un traidor.

-Cuando terminé mi misión, -prosiguió el rubio- aun así decidí continuar viendo a esa mujer. Ella vive en Konoha, y nos volvimos amantes. Tú y yo no hacíamos el amor, y no pude evitar seguir viéndola.

Sarada estaba paralizada. Esto no tenía nada que ver con una misión. Era simplemente que Boruto estaba acostándose con otra mujer. Que la había cambiado por otra. Que no pudo esperarla cuando ella le pedía tiempo antes de tener su "primera vez". Los intentos de acercamiento físicos cesaron en la joven Uchiha, su mente comenzaba a nublarse de rabia.

-¿Quién es ella? –Gruñó furibunda- ¡¿Quién demonios es ella?!

Esa era la pregunta clave. Ahora mismo Boruto podía manipular el resultado solo dando el nombre de Sakura. Sarada estaría tan furiosa con su madre, que hasta olvidaría que Bolt era también parte de la traición. Incluso si decía las palabras correctas, podía lograr casarse con ella y que se separara de Sakura culpándola del asunto a conveniencia. Dividir para conquistar. Pero los últimos meses habían cambiado algo en el alma de Boruto. Tal vez fue sobre el silencio, tal vez la extrema soledad o el dolor de no tener a nadie cercano. El Uzumaki actualmente entendía, que si el destruía el vínculo que Sarada tenía con su madre, la dejaría sin nada. Sin su padre, sin su madre, sin pareja. La haría pedazos y la trasformaría en usuaria del Magenkyo con seguridad. No le podía hacer eso a Sarada Uchiha. Y aunque le doliera admitirlo, tampoco podía dañar a Sakura. Ambas eran parte de mismo deseo y sentimiento. Ambas o ninguna.

-El problema es este….-señaló Boruto tratando de mostrarse tranquilo- al parecer los Uzumaki del remolino, tenían una cantidad tan excesiva de chakra, que su libido era incontrolable. Ellos según he leído, lo solucionaron con ayudantes sexuales. Una segunda mujer que pudiera cubrir a la esposa en caso de necesidad.

-¿Qué….dices? –balbuceó Sarada sin entender adonde quería llegar.

-La razón porque la necesité a esa mujer, es la misma que me impulsara a no serte fiel si nos casamos. La misma razón por la que Oto-sama, tiene una ayudante sexual que complementa a mi madre. Por esta cuestión, debemos cancelar el compromiso. Dudo mucho que quieras encontrarme con otra mujer en nuestra cama, dentro de 10 años. O compartirme con alguien más.

La idea era genial. Se le había ocurrido mientras encontraba la manera menos dolorosa de convencer a Sarada para detener el compromiso. La técnica dialéctica era apartar el problema de la traición. Implantar en el dialogo, una especie de asunto de salud que impidiera continuar la relación. Si Sarada era tan celosa y posesiva como parecía, jamás iba a consentir tamaño argumento. Probablemente le trataría de mentiroso, o le daría una bofetada para volver al comedor y dar por terminada la reunión. Pero la identidad de la amante iba a ser irrelevante si el problema era de carácter crónico. Después de todo, podían venir más amantes en un futuro. Ciertamente las clases de historia que impartía Kakashi-sensei, estaban dando un inesperado fruto. Apartar a Sarada, para mantener el enterrado el secreto de Sakura para siempre. Sin relación de contrato, ya no habría relación de familia. Naruto y Sakura solo estaban reunidos por algo previamente firmado. Pero la realidad es que no se hablaban hace meses. Y tal vez nunca volverían a hacerlo si acaso la pelirosa entendía la maniobra de Bolt.

-¿lo entiendes Sarada-chan? –le dijo suavemente Bolt como para hacer más llevadera la información que estaba dando- no podemos ser marido y mujer. O terminaré haciéndote daño.

-ahora mismo, me haces más daño que nunca- aclaro dolorida la chica.

-pero puedes elegir…-le admitió el con firmeza- ahora puedes, antes que el contrato se haga efectivo. Te estoy dando la oportunidad de…

-¡me estas abandonado!-le gritó ella parándose frente a él y golpeándole con un puñetazo al estómago que hace meses lo hubiera mandado a volar, pero ahora apenas lo movía- ¡eres un maldito mentiroso! ¡Solo quieres abandonarme para irte con esa mujer! ¡¿QUIEN ES ELLA?! La mataré…

-no serviría de nada…-le dijo el rubio tomándola de la muñecas para evitar que siguiera agrediéndolo sin sentido- esa mujer está fuera de mi alcance ahora. Ella ya no quiere verme porque es casada. Pero el problema que me hizo verla al comienzo, es el mismo y se mantiene igual. Mi padre el Hokage, también lo tiene.

-¿Tu padre, engaña a Hinata-sama?

-No…-le sonrió apenas Bolt con picardía- en realidad se dice…que mi tía Hanabi, es la que viene… "de visita". Directo al cuarto del matrimonio Uzumaki. Ju ju ju

Por alguna razón desconocida, la imagen cubrió toda la mente de Sarada. Se imaginó al Hokage, que siempre se veía tan serio en su oficina y todo. Desnudo entre sábanas blancas asediado por las dos princesas Hyuuga, pidiendo hambriento sexo sin tregua aparente.

La imagen mental le hizo cabecear, y un hilito de sangre descendió por su nariz levemente. Tardó algunos segundos en recuperarse, y al fin notar que Bolt estaba entrando de nuevo a la casa para retomar la reunión. Al parecer, todo se había complicado por el lado más inesperado. Sarada no sabía que sentir, tristeza por la situación, odio a esa mujer desconocida, o angustia por sentir que se escapaba su oportunidad de casarse con el hombre que amaba. Todo era una confusión enorme. Incluso empezaba a entender un poco más a su madre. Era Sakura, quien le había sugerido que no continuara con la idea del casamiento.

Sarada fue inflexible en su pedido hace días. Incluso amenazando con fugarse de la aldea si acaso su madre se interponía con su felicidad. Fue Sarada que desde las sombras había forzado esa reunión, fue Sarada quien le había obligado a su madre a exigir el cumplimiento del compromiso. Pero ahora, justo en ese instante, no se sentía con fuerzas para seguir peleando más en ese terreno. Sin embargo algunas batallas, podían ganarse fingiendo la derrota al comienzo.

Si Bolt no deseaba continuar con esta situación, nada podía hacerse por el momento. Pero Sarada no se rendiría con facilidad. Era obstinada e inteligente. Se dijo que aún tenía una posibilidad para apelar. Entonces, aun le quedaba una carta por jugar en la partida.

-Bolt-kun….-le susurró tristemente- si no podemos casarnos….

-¿Qué ocurre?

-Soy la última de los Uchiha –aclaró la niña bajando la vista apenada- todos los clanes intentaran que me comprometa con sus hijos. Será una cacería, quedaría expuesta. Oka-san no tiene poder alguno sin Oto-sama vivo. Ellos me obligaran a….-no pudo ni decirlo de la frustración- al menos… ¿no podríamos fingir que continuamos comprometidos?

-Sarada no podemos casarnos, -intentó explicarle el rubio- no sería bueno para ti si…

-¡no quiero eso! –le aclaró la joven interrumpiendo- solo…que pase más tiempo hasta volver a quedar…. "disponible".

Boruto lo entendía, si se rompía el contrato, Sarada volvería a estar soltera oficialmente y le lloverían propuestas de matrimonio. El asunto ahora, era que sin Sasuke como elemento intimidante vivo, el consejo podía querer apurar los tiempos para que la última Uchiha comenzara a producir herencia de Sharingan cuanto antes. Entonces Sarada ya no tendría poder de decidir con quien compartir su vida.

-entiendo…-le indicó Bolt asintiendo- podemos firmar una extensión del contrato. Eso te daría un año más cuando menos. ¿Cierto?

Ella sonrió, y ambos retornaron al comedor en silencio. Boruto había hablado con su padre seriamente sobre el rompimiento y las razones para pedirlo. Pero no podía evitar sentirse un poco culpable por todo lo pasado, así que no podía negarle a Sarada la posibilidad de conservar su libertad un poco más. Al mismo tiempo, la joven Uchiha se alegraba de haber conseguido convencer a Bolt de continuar el acuerdo. Todo había sido una gran excusa, no le importaba ni tenía miedo a las presiones políticas. Pero aunque Boruto ya no la viera como la única chica de su vida, aun así podía encontrar la manera con el tiempo de reconquistarlo. Mantener el acuerdo, era la forma de ganar algo de tiempo.

Mientras tanto Sarada, se dijo que iba a vengar de esa maldita mujer que había alejado a Boruto de su lado. Solo tenía que descubrir quién era, y el comienzo de todo, era fingir que no la perseguiría hasta el fin del mundo. Pero en cuanto todos bajaran la guardia, en cuanto Boruto volviera a verla por cualquier circunstancia; Sarada lograría averiguar su identidad.

Esa mujer estaba muerta, solo que aún no lo sabía.

*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*

*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/

El camino mayormente había sido tranquilo….

Boruto marchaba detrás de su padre, junto con los escoltas del Hokage directo a la reunión de líderes en el país del hierro. El ritmo de marcha había sido lento según el joven Uzumaki, incluso se sintió tentado por indicarle al líder, que apresuraran la marcha para llegar antes de la puesta de sol. Sin embargo, cuando la noche ya era dueña y señora del paisaje, Boruto por fin pudo notar la razón principal de esa supuesta "lentitud".

-descasaremos aquí una hora, -anunció Naruto a su grupo de subordinados- tenemos que llegar con fuerza a la reunión. Por cualquier problema.

Bolt estuvo a punto de soltar la pregunta más básica. ¿Para qué descansar a pocos kilómetros del objetivo? Pero observando al resto de los ninjas enmascarados que escoltaban al Hokage, pudo notar que todos se encontraban visiblemente agotados. Se quitaron sus máscaras algunos, otros trataron sin éxito de fingir no estar agitados. Pero se podían notar que habían dado bastante de su chakra para mantener el ritmo de carrera. Y en caso de tener que pelear, les sería difícil sostener un buen nivel sin descanso.

Boruto se quitó su máscara de lobo para verlos bien. Le parecía bastante notable el nivel de cansancio por mantener una marcha tan lenta según su visión. Solo su padre y el mismo, parecían respirar sin prisa. Como haber dado un paseo de pocos kilómetros solamente.

-nunca olvides…-le dijo su padre viéndolo tan confuso- nuestro entrenamiento del último año.

El joven asintió seriamente. Había sido el maldito infierno. Durante todos los días, sin descanso o tregua aparente. Su cuerpo había sido forzado al límite, una y otra vez. Había terminado muerto, exhausto, totalmente sin capacidad de moverse. ¿Qué era esa marcha furiosa por los bosques cruzando el país del fuego en comparación? ¡Maldición si podía seguir corriendo toda la noche de ser necesario!

-increíble…-se dijo apenas sonriendo- es increíble…

Naruto estaba a su lado, y no pudo evitar sonreír también. Se sintió orgulloso. No lo pudo evitar. Su hijo era casi tan fuerte como el mismo. Tenía casi 19 años y era casi tan fuerte como el Hokage más poderoso. Lo que le faltara de experiencia o edad, lo compensaba con trabajo duro y mucha inteligencia. Su hijo era todo lo peligroso que el resto de los Kage suponían desde hace tiempo. Era exactamente lo que esperaban de él. Nadie que estuviera en sus cabales, intentaría atacarlo de frente y en campo abierto. Naruto lo sabía hace tiempo, pero recién en ese momento fue totalmente consiente de lo que debía hacer:

-Estás listo Bolt….-le señalo seriamente- tu entrenamiento ha concluido.

El joven le miró. Con esa expresión de extrañeza que lo hacía ver casi un niño. El niño que hace años ya no era. El infante que había deseado la compañía y el apoyo de su padre. Naruto se sentía algo culpable por ello. Si acaso hubiese actuado distinto, tal vez Sasuke estaría vivo. Tal vez Sakura no se habría involucrado Bolt. Tal vez el compromiso entre Sarada y Boruto no fuera una farsa como en la actualidad.

-¿Qué quieres decir Oto-sama? –Balbuceó algo confundido el joven- aun no me has enseñado todo.

-El arte ermitaño es un entrenamiento que no me corresponde –Aclaró el padre- solo los sabios de la montaña sagrada puede entrenarte en ello. El resto de mis técnicas, son derivadas de las básicas que tú ya conoces. Pero esta noche he comprobado, que lo esencial de mi tarea está concluida.

Como Bolt no entendía lo que quiso decir, simplemente guardo silencio. Naruto entonces se apartó del resto del grupo caminando lado a lado con su hijo. Lo que tenía que decirle era privado, y nadie debía escucharlo aparte de ellos.

-existen muchos Shinobi en el ancho mundo con un alto nivel. Ya sea por técnicas, o haber entrenado duramente en un campo específico para convertirse en especialistas, muchos ninjas pueden pelear al más alto nivel. Serán tus rivales en igualdad de condiciones.

-¿entonces como sabes que estoy listo?

-durante este viaje, fui aumentando cada hora la velocidad de marcha. Poco a poco, sin que nadie lo notara durante las primeras horas.

-¿y eso prueba….?

-me ha probado que tu resistencia al prolongado esfuerzo es alta. Te sorprenderá saber, que las batallas más duras contra los rivales más peligrosos, rara vez se definen en pocos minutos. Duran horas, incluso días si los Shinobi se encuentran en igualdad de poder. Y por lo tanto, las definen no las técnicas, sino la capacidad de sostener un alto nivel físico durante prolongado tiempo. Además de poder administrar el chakra correctamente.

Boruto se quedó pensativo. Era cierto que ahora era mucho más fuerte y resistente que hace un casi un año. Pero su padre no le había enseñado ninguna de sus dos más poderosas armas. El modo ermitaño, y el Hiraishin no jutsu. Uno no podía porque era entrenamiento para quienes firmaban el contrato de los sapos. Y era el sabio de la montaña quien debía elegir a sus estudiantes. Pero la otra técnica, creada por su abuelo Minato Namikase, era herencia familiar. ¿Por qué no se lo había enseñado?

-el Hiraishin no jutsu, técnica de clase S creada por el Yondaime Hokage. Solo el dominio de ese jutsu convierte a cualquier Shinobi ordinario en un guerrero casi invencible. Esa técnica es herencia de familia. ¿Por qué no me la has enseñado Oto-sama?

Naruto detuvo su caminata de repente. Sus gestos serios y adoloridos indicaban que lo que estaba a punto de responder era totalmente contra su corazón. Boruto no podía imaginarse la causa de todo esto. ¿Sería que no tenía suficiente talento para aprender algo tan complicado? No, no podía ser eso. El abuelo Minato había sido un genio. Pero su padre el actual Hokage solo un sujeto muy voluntarioso, y aun así había descubierto la forma de realizar la misma complicada técnica. Tenía que haber otra razón.

-la técnica "Hiraishin no jutsu" es parte del pergamino prohibido de la aldea de la hoja. Mi padre no tuvo tiempo de legármela, y solo cuando me convertí en Hokage pude perfeccionar lo que el chakra del Kyuubi me había enseñado apenas. Es una técnica, que solo puede ser enseñada a un Hokage, o a personas de extrema confianza para un Hokage.

Entonces, Boruto comprendió. Su padre le había entrenado, incluso volvía a dirigirle la palabra luego de pasar tantos meses aislado. Pero sobre el silencio de ese momento, estaba la verdad más clara que luz de sol. Boruto en ese momento, lo comprendió todo.

-lo siento Bolt…-añadió el padre antes de darse la vuelta y retornar al campamento en soledad- pero a pesar de haberte entrenado para que puedas sobrevivir a cualquier mercenario, no puedo confiar en ti nuevamente. Lo admitas o no, Kakashi te ha involucrado con una organización clandestina.

-Eso no es…

-Hablé con Kakashi, la noche que te buscaba para que no lucharas con Sasuke. –Le dijo Naruto serio- él dijo más de lo que quiso decir ciertamente. Además, Shikamaru que es mi consejero más leal, tiene la certeza de que algo no está bien. Y tengo que confiar en que nunca me ha fallado. Sé que Raíz existe, sé que formas parte de ella. Así que no puedo confiar en ti nuevamente. No puedo darte la técnica de mi padre. No puedo darte la técnica de un Hokage, cuando no estoy seguro si la usaras para proteger nuestra aldea, o en tu capricho personal. Dijiste que romperías tu compromiso con la chica Uchiha, que la liberarías pero terminaste extendiendo el contrato.

-Pero yo no…

-déjame terminar Bolt…-le interrumpió el rubio líder-No volveré a decirte lo que harás con tu vida. Pero cuando retornemos a Konoha, serás ascendido a Jounnin de Elite. Y podrás elegir trabajar en cualquier departamento que quieras. No obstante, hasta que esa organización secreta sea desenmascarada y destruida, no volverás a ser parte de mi escolta o a frecuentar a nuestra familia. Has elegido un camino, así como Sasuke Uchiha lo hizo hace mucho tiempo. Vive con las consecuencias de tu elección. Así como tengo que lidiar con las mías.

Y el Hokage se fue. Dejando solo a uno de los seres que más amaba en el mundo. A su propio hijo. Tal vez Boruto pensara que había sido fácil o satisfactorio para Naruto decir todo lo que dijo. Pero nada más alejado de la realidad. Desde que se casó con Hinata, incluso cuando se convirtió en Hokage, Naruto Uzumaki había usado todo su tiempo y esfuerzo en post de una misión. La paz mundial. Podría ser el motivo más altruista de la tierra buscar eso, pero en realidad, Naruto lo buscaba por el objetivo más egoísta que se puede concebir.

Había sido huérfano. Sin familia, sin padre, sin madre. Nunca tuvo hermanos y hasta hace un año, el único hombre que había ocupado de cierta forma ese lugar había muerto. Naruto Uzumaki vio a sus hijos nacer y crecer. Tuvo un niño y una niña. Pero sobre todo tuvo mucho miedo. Miedo a ese mundo ninja en el que había crecido, le arrebatara a esa familia que tanto esfuerzo le costó conseguir. Amaba a su esposa, pero ya retirada de la actividad era quien menos riesgo corría en la aldea. Amaba a sus hijos, y ellos elegirían un sendero demasiado sangriento y peligroso como para salir indemnes de ello.

La paz mundial, fue para evitar sufrir la muerte de sus hijos. Para evitar que se convirtieran en ninjas. Para evitar un dolor que seguramente no podría soportar si en una misión los perdiera. Y Boruto su hijo mayor, estaba violando aquel titánico esfuerzo de su padre para salvarlo de toda la oscuridad. Aun peor, se había convertido en oscuridad. Un Shinobi que obedece a las sombras.

De ese camino, de esa dirección, no podía salvarlo. Y solo le quedaba desear que fuera con bien. Porque aun sufriendo como padre la situación, tenía la obligación como Hokage de proteger a su aldea. Contra el riesgo que fuera, aunque ese peligro se tratara….

De su propio hijo…

Fin del capítulo.