CAPITULO 19: EL HOMBRE Y LA SERPIENTE, PARTE 1

-"No puedo confiar en ti nuevamente…"

Las palabras rondaban en su mente todo el tiempo. Las escuchó mientras se acercaban a la reunión del país del hierro. Las escuchaba en su interior mientras revisaba con su chakra que no hubiese ninjas escondidos en los alrededores. Solo había quedado silencio entre Boruto y su padre, solo el trabajo que aún tenía como escolta del Hokage.

-"No puedo confiar en ti nuevamente…"

El salón de reuniones estaba sellado. Los Kage de todas las aldeas se sentaron alrededor de la mesa redonda, y sus consejeros (los antiguos Kage) justo detrás de sus respectivos líderes para susurrarles otras opiniones. Los escoltas de cada líder, se encontraban todos apostados en el piso superior viendo la reunión desde una prudente distancia. Con panorama despejado, para observar absolutamente todo.

El representante de los Samurai, era actualmente Shihiro Kurosake. Antiguo aprendiz de Mifune y nuevo líder de los guerreros del Bushido. Pero además, el antiguo maestro lo acompañaba como consejero. Era el anciano general Mifune quien generaba respeto y admiración en toda la reunión. Seguido muy de cerca en ese rubro, por el séptimo Hokage Naruto Uzumaki.

-"No puedo confiar en ti nuevamente"

Mientras los saludos protocolares daban inicio, Bolt desde el segundo piso no podía dejar de rememorar esa frase. No sabía que sentimiento era más fuerte en su interior. ¿Tristeza? ¿Frustración? ¿Arrepentimiento? ¿Resignación? Su cuerpo actuaba mecánicamente, no estaba pensando en nada sobre su entorno. Solo se movía como se suponía que su función de escolta para resguardar la reunión sugería.

-"No puedo confiar en ti…."

¿Alguna vez lo hizo? ¿Alguna vez había confiado realmente su padre en él? ¿Había valido la pena tanto esfuerzo y sufrimiento? ¿Lo entrenó porque quería salvarlo? ¿O solo para que no avergonzara más el apellido Uzumaki? Boruto tenía muchas preguntas en su cabeza, pero aun así estaba cumpliendo con su trabajo. Sus ojos detrás de la máscara de lobo seguían con detenimiento a uno de los guardias Samurai que supuestamente cuidaban al consejero Mifune, junto al líder Kurosake. Solo los guardias Samurai estaban apostados cuidando el primer piso donde la reunión se llevaba a cabo. Y era muy sospechoso el accionar de ese guerrero en particular. Aunque a ese sujeto la armadura completa con casco y mascara le ocultaran su identidad perfectamente. A Bolt no le hacía falta ver su rostro. Estaba seguro que ese hombre no era un Samurai. Entonces, solo era cuestión de esperar el momento justo para…

-Bienvenidos líderes de las aldeas ninjas….-dijo el líder Samurai Kurosake- es un placer para mi recibirlos en…

El sujeto avanzó impetuoso, hasta ubicarse junto al consejero Mifune. Su mano derecha se posaba sobre el mango de la espada Samurai firme, dispuesto apuñalar. Ese detalle primero había llamado la atención de Bolt. Los Samurai cuya mano hábil era la diestra, solían usar la vaina en el lado izquierdo de su cintura. Para cruzar su brazo y sacar la espada ya cortando. Este sujeto, empuñaba su supuesta espada como un cuchillo corto. Por lo tanto, tenía la vaina en el lado derecho de su cadera. Si esa fuera realmente una espada típica, no podría sacarla de la vaina por el largo del filo. En conclusión, esa arma no era una espada Samurai. En menos de un segundo, el espía desenvainó y esa supuesta espada larga, era un ninjato cuyo mango estaba disfrazado para simular un típico sable Samurai. Elevó su mano e intentó enterrar su ataque directo en el cuello del consejero Mifune, su objetivo principal.

Nadie supo lo ocurrido después, solo que un Shinobi de la escolta de Konoha, había aparecido frente al atacante para desviar su puñalada y así obligarlo a clavar el ninjato sobre la gran mesa redonda central, evitando que el anciano Mifune fuese herido. Instante después, un golpe certero en la garganta y un puñetazo al estómago fueron suficientes para que el atacante resoplara de dolor. Boruto Uzumaki no se detuvo, simplemente tomó de la parte trasera del casco del enemigo, para estrellarlo violentamente contra el borde de la mesa; logrando un estallido retumbante por todo el lugar.

El infiltrado se desplomó, desmayado en el suelo. El golpe al cuello le impedía respirar bien, el puñetazo le extrajo todo el oxígeno acumulado y el abrupto cabezazo contra la mesa directamente lo aparto de la jugada. Todo había sucedido antes que ningún escolta siquiera comenzara a entender la situación. Los guardias Samurai reales, azuzados por la vergüenza de haber estado junto a un espía sin notarlo, se apuraron a capturarlo y colocarle grilletes. Tuvieron que levantarlo y cargarlo inconsciente a la prisión, mientras Bolt simplemente volvía caminando por los alrededores de la mesa hacia afuera. Tomando las escaleras que lo regresarían a su posición original. Solo por un instante pudo mirar a su padre. Solo por un instante cruzaron la mirada aunque la máscara de lobo impedía el contacto total.

-Bien hecho Bolt….-dijo Naruto simplemente.

Todos sonrieron apenas. Los rumores eran ciertos. Ni siquiera lo habían notado moverse. Su sunshin había sido increíble. Era rápido, condenadamente rápido. Y muy astuto si había podido anticipar el atentado. Aunque nadie sabía a ciencia cierta el cómo lo había descubierto.

-"No puedo confiar en ti nuevamente…"

Esa frase se volvió a escuchar en su interior. Boruto regresó al segundo piso, para retomar sus deberes de vigilancia. Muchos ojos de todas las aldeas ahora estaban sobre él. Algunos por interés, otros por sorpresa, algunos más por cuidado. Boruto Uzumaki ya no era invisible. Ya no más un simple ninja de escolta. Estaba presente y era notable. Todos los líderes, y más aún los antiguos Kage, prestaron atención a ese heredero de los hijos de la hoja. Ahora más que nunca, los líderes extranjeros estaban convencidos que Boruto Uzumaki había asesinado a Sasuke Uchiha.

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Himawari estaba preocupada….

Los días trascurrieron, luego semanas y meses. Casi se cumplía el año con la situación de su familia empeorando desde un poco antes de la muerte de Uchiha. Y ahora mismo, desde aquella última misión que su hermano Boruto había servido de escolta al padre, que ambos Uzumaki no se hablaban ni se encontraban por situación personal. La joven Himawari extrañaba horrores a su hermano mayor. La casa se sentía vacía sin su presencia. Era cierto que su padre trabajaba menos horas que hace un año, y actualmente siempre cenaba con su esposa e hija. Eso gustaba a Himawari pero aun así, no podía evitar sentirse incomoda por la falta de Bolt.

Su madre, se notaba más tranquila y feliz por la nueva situación conyugal. Durante todo el día, se ocupaba de los quehaceres de la casa, mientras tenia frecuentes visitas de tía Hanabi para charlar sobre cuestiones del manejo del clan Hyuuga. Los guardias que acompañaban a la líder, siempre quedaban vigilando en las afueras de la casa Uzumaki, a la que ningún Hyuuga con excepción de Hanabi tenía permiso de acceso. Himawari sabía que había influido en esa situación. También suponía con bastante acierto que la tía Hanabi, que frecuentaba demasiado la casa Uzumaki las últimas semanas, también evidentemente pasaba muchas noches ahí.

Además, Himawari había estado investigando la situación de Boruto en su apartamento de soltero. La joven portadora del Byakugan conocía los detalles de la vida de su hermano, y sentía bastante alivio que su Onii-chan ya no se viera a escondidas con la madre de Sarada Uchiha. Esa situación, más la cancelación del contrato matrimonial, eran asuntos que agradaban a Himawari. No quería ver involucrado a su hermano con esas mujeres Uchiha.

Sin embargo, no podía evitar sentirse preocupada por la seguridad de Bolt. Era cierto que su Onii-chan se había vuelto más fuerte gracias al entrenamiento con el Hokage. Pero también era claro, que Sarada Uchiha tenía un alma celosa y posesiva. Si acaso Boruto se equivocaba y pensaba que la joven Uchiha había dejado de añorarlo, posiblemente se iba a producir un desastre a futuro.

-"¿Por qué aceptaste extender el contrato de matrimonio Onii-chan? –le había preguntado esa noche luego de la reunión en cuestión- dijiste que era mejor terminarlo."

Esa pregunta no había tenido una respuesta cumplida. Himawari ya no tenía la prohibición de su padre para visitar al hermano, y lo hacía continuamente. Trataba de llevarle comida, incluso se encargaba de trasladarle ropa limpia que Hinata con diligencia lavaba en casa. Pero era dolorosamente evidente que Boruto se estaba apartando de Himawari, al menos en lo referido a la complicidad.

-"No puedo contarte todo Nee-chan, -le dijo alguna vez Bolt mientras compartían una cena en Ichiraku- por favor no me preguntes más. Solo quiero hablar cosas buenas contigo. Mis problemas personales con Oto-sama o con Sarada-chan, los resolveré yo mismo."

Boruto no volvió a referirse al tema. Pero Himawari no podía olvidar esas palabras. Sus expresiones graníticas y frías. La forma como dejaba de sonreír durante horas luego que algo le recordara sus asuntos con Sarada o el Hokage. Era evidente para la joven Himawari, que su hermano tenía problemas y no sabía cómo resolverlos. Dudas y preocupaciones le perseguían sin piedad.

Himawari sabía que debía ayudarlo. Deseaba con todo su corazón proteger a su hermano. No podía olvidar la infinidad de veces, donde Boruto había salido en su defensa cuando niños. Las millones de veces donde estuvo presente para consolarla y protegerla. Himawari no olvidaba el amor de su hermano que jamás había dudado hasta en inmolarse para mantenerla a salvo. ¿Cómo podía dejarlo solo en un momento tan difícil como el actual?

La joven Uzumaki no pudo mantenerse al margen. Ella también tenía sentimientos encontrados entre lo que debía hacer y lo que deseaba finalmente realizar. En cierta forma, dichos sentimientos eran una confusión entre entender el alcance de su poder, y tratar de no abusar en su uso. Durante años, se había culpado por las actitudes extrañas de su hermano Boruto. Pensaba, que haber modificado con su técnica de presión parcial ciertos puntos de la mente de su Onii-chan, era la causa que lo había impulsado a cometer la locura de acostarse con Sakura Uchiha. Era el impulso que lo había enfrentado contra su padre. La mala energía que lo había orillado hacia el lado oscuro de su alma. Boruto ya no era ese niño dulce y bueno que su hermana recordaba. Y la joven Himawari se culpaba personalmente por ello.

¿Qué hacer?

¿Cómo ayudarlo?

¿Cómo evitar que Sarada Uchiha descubriera en cualquier tiempo la traición?

¿Cómo evitar que los celos de esa Kunoichi, nublaran incluso los momentos donde hermana y hermano compartían un almuerzo?

Sarada estaba frustrada y furiosa. Himawari entendía esa situación mejor que nadie. Comprendía que Sarada no quisiera renunciar a su felicidad, como tampoco quería la joven Uzumaki. Incluso podía comprender el instinto de posesión. Muchas veces había deseado estar con Boruto y que nadie más los interrumpiera por nada. Pero si quería ayudar a su hermano, Himawari tendría que encargarse de Sarada Uchiha. De la única forma que podía, de la única manera que resolvería la cuestión. Como solo Himawari Uzumaki, la hija mejor del ninja más poderoso de la historia, la heredera de un nuevo y evolucionado Doujutsu podía hacerlo.

Rompiendo los prejuicios, destruyendo los límites…

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Durante algunos minutos, Anko Mitarashi no pudo prestar debida atención al asunto. Atendía su puesto de Dangos mientras preparaba un nuevo grupo de palillos para disponer a la vista de la clientela. Era de tarde, así que los niños saldrían de la academia en cosa de una hora, para pasar y deleitarse con algún dulce de camino a sus casas. Pero le había extrañado la presencia de un joven Shinobi con esa típica mirada que ella misma tuvo hace años. Se prometió hablar con él, en cuanto terminara de sacar las bolas de masa apunto de la freidora.

La vida para Anko había cambiado radicalmente en los últimos años…

Ya no era Kunoichi en activo, y su puesto de Dangos le otorgaba suficiente trabajo como para no extrañar ni siquiera monetariamente su antigua profesión. Había subido algunos kilos de peso, en una combinación de falta de entrenamiento extremo y su afición por los Dangos que tanto amaba desde la infancia. Pero no se sentía mal por ello. Tener un cuerpo extremadamente trabajado y sexi, requería demasiado esfuerzo por la baja compensación de sentirse deseada por todos. No le interesaba, nunca le interesó en realidad. Su cuerpo era una herramienta de trabajo cuando fue Kunoichi, y ahora simplemente ya no necesitaba mantener afilada ese arma. El placer de comer lo que le gustaba, era mucho más que las decepciones que pudieran devolverle el reflejo en un espejo.

Sin embargo, su vida anterior como ninja, algunas veces llegaba de visita a su puesto de dangos. Anko podía ser actualmente una comerciante, pero en algún punto específico, nunca dejaría de ser Kunoichi totalmente. Y ella lo aceptaba, con las cosas buenas y malas de esa definición. Por ello, cuando hubo despachado a Chocho Akimichi y cobrado por los dulces que se estaba llevando, miro al único cliente que había pedido algo, pero se quedó a comer junto al puesto sin marcharse. Sentado en una de las tres banquetas frente a su mostrador, estaba Boruto Uzumaki.

-Conozco esa mirada….-le dijo Anko cuando quedaron solos- muchos ninja la han tenido, y muchos más la van a tener en el futuro.

Boruto levanto su vista confundido. Anko-sensei no era precisamente la mujer más conversadora del mundo en su trabajo. Solo se limitaba a recibir pedidos y a casi expulsar a quienes quisieran pasar más de unos minutos extra frente a ella. Sin embargo, cuando esa mujer tenía algo que decir, era mejor ponerle atención. Era infinitamente más saludable, que tratar de ignorarla.

-¿Qué mirada Anko-sensei? –preguntó Bolt que le llamaba sensei cuando estaban solos.

-La de un niño que está perdido en el bosque…-le reafirmó Anko severamente- llamando a gritos a Oto-chan y Oka-chan, porque no sabe cómo volver a casa. Escuche que hiciste un magnífico trabajo en el país del hierro. Deberías estar satisfecho porque ahora juegas en la primera categoría niño. Pero esa mirada parece la de un perro apaleado. Incapaz de disfrutar el lanzar una mordida.

El la observó un largo rato. Negarle a esa mujer una realidad consumada era más peligroso que nadar entre pirañas. Había algo en la mirada gris de Anko Mitarashi que resultaba tan atractivo como mortal. Era fijar los ojos en una serpiente, y esperar el momento exacto donde enviaría la dentellada mortífera, sin poder hacer nada por evitarlo. Mentirle no era algo que Boruto quería, si es que tuviese esa opción claro está. Así entonces que le contó todo, sacando a un costado los detalles innecesarios.

Anko volvió a su trabajo con el oído dispuesto. La mujer no solía sentir aprecio por nadie generalmente, pero los pocos que se ganaban su respeto, eran a quienes ella escucharía y ayudaría por siempre. Kakashi era uno de ellos. Desde los tiempos del ANBU. Era el peliplata quien le había enviado a este niño para entrenarlo como espía. En esos tiempos Anko se había reído mucho de esa elección. Si Boruto era solo la mitad de idiota que su padre, sería un fracaso total en ese campo especifico. El tiempo sin embargo, le dio la razón a Kakashi como de costumbre.

-Los imbéciles se pasaron 4 días fracasando en el interrogatorio de ese mercenario –dijo Bolt que una hora después ya estaba hablando de su misión en el país del hierro como escolta- y como no obtuvieron nada del sujeto, Shikamaru Nara le dijo a mi padre que debían enviarme a mí para interrogarlo.

-¿Y cuál fue el problema con eso?

-Solo lo hizo para medir lo que puedo hacer- añadió Bolt- le dijo a mi padre que yo estaba entrenado para eso. Me delató completamente. No podía negarme, y tampoco podía salir de ese interrogatorio sin obtener nada. ¿Qué pasaría si ese mercenario tenía aliados y después pensaban atacar al Hokage? no podía fingir que fracasaba. Tuve que aplicarme y sacarle quienes eran sus aliados. Tenía que averiguar también quien puso el dinero para ese intento de asesinar a Mifune-sama. Mi padre podía estar en peligro, tuve que actuar.

-¿Qué método utilizaste? –consultó Anko que siempre se había sentido interesada por la imaginación que tenía ese niño para interrogar.

-Negarle su trabajo a futuro, mientras tampoco realizaba el mío en ese momento –señaló Bolt que sonrió levemente por un segundo- me tomó tiempo que funcionara, pero era la única estrategia que se me ocurrió y los demás no utilizarían jamás.

Flash back:

"Boruto ingresó a un cuarto pequeño para interrogatorios. El sujeto estaba sentado frente a una mesa cuadrada con sus manos sobre ella, en grilletes que le impedían moverse. La habitación tenía una silla adicional para el interrogador, y un muro falso del cual se podía apreciar todo lo que sucedía allí dentro. El sujeto había dicho que se llamaba Koji, pero no mucho aparte de su lugar de nacimiento y edad. Los métodos de tortura utilizados por otros ninjas de la reunión, habían sido inefectivos. Durante 4 días, apenas si había comido algo y bebido. Pero no claudicaba en mantener su silencio.

Los guardias internos del cuarto se fueron, y Boruto se quitó su máscara colocándola sobre la cabeza. Miró al sujeto neutralmente, y quedándose parado frente a él, trató de que lo recordara como aquel que había detenido su accionar. Sin embargo, cuando el preso comenzaba a prepararse para una nueva sesión de tortura inimaginable, Boruto simplemente tomó la silla vacía y alejándose de la mesa se acomodó contra un rincón en silencio. Acto seguido, solo se sentó y abrió un libro que traía, para disponerse a leer ignorando al preso con quien compartía el cuarto.

Pasaron algunos minutos. El sujeto llamado Koji, esperó con cierta ansiedad lo que sucedería. Tal vez ese ninja era usuario de Genjutsu, y trataba de hacerlo bajar su guardia para colocarlo en una ilusión. Por lo tanto había que enfocarse en sus movimientos. Koji sabía que concentrándose en donde estaba y contra quien, cualquier otra cosa que sucediera era parte de un Genjutsu. No volvería a derrotarlo ese joven. Por más rápido que fuera, no le haría decir absolutamente nada.

Trascurrida la media hora, lo único que cambió del ambiente fue cuando Boruto volteaba otra página para continuar leyendo. Sus piernas alargadas, entrecruzadas y relajadas daban todo el aspecto de alguien a quien no le importaba tener que levantarse rápido o en la brevedad. ¿Qué clase de interrogatorio era ese? El hijo del Hokage no había emitido ni una sola palabra, ni un gesto, nada en lo absoluto. ¿Cómo pretendía sacarle información de esa forma?

-Pierdes el tiempo, -le dijo finalmente el preso con algo de confusión- no puedes hacerme nada que los demás no hayan intentado antes. No te diré nada, hagas lo que hagas.

-Correcto…..-le indicó Bolt sin apartar la vista de su lectura- estamos de acuerdo en eso.

Algunos minutos de silencio, y al preso comenzó a fastidiarle que Boruto siguiera tan fresco con su lectura sin hacer nada. ¿Qué rayos pretendía haciendo eso? ¿Acaso pensaba aburrirlo hasta la muerte? Koji sabía que habían pasado muchos días desde que fue llevado a ese lugar. Con breves intervalos de estadía en una sucia celda oscura. Golpes, quemaduras, hambre y sed. Días sin dormir parado frente a una luz. Encerrado en una celda tan pequeña que solo podía estar parado. Baños de agua muy fría o caliente. Todo dolor podía soportarse si estaba concentrado en ello. Además, tenía aliados que irían a rescatarlo muy pronto. Solo debía aguantar.

-¿Qué quieres? –preguntó con molestia al ninja de Konoha, cuando casi pasaba una hora y nada había ocurrido.

-estoy aquí por lo mismo que tú, -le respondió Bolt que aun así seguía leyendo su libro- me ordenaron venir, y en una hora salir. Me importa un cuerno lo que sepas o dejes de saber. Solo tengo que perder el tiempo, y luego largarme.

¿Qué clase de método de interrogatorio era ese? El preso no sabía que pensar. ¿Acaso ese ninja estaba "castigado" y por eso le mandaban a interrogatorios? ¿No pensaba hacer su trabajo? ¿Le daba lo mismo que lo estuvieran observando hacer nada desde el otro lado del muro falso? Eso le resultaba extraño a Koji por sobre todas las cosas. Se suponía que en cuartos como estos debía haber un muro falso. Que otros ninjas observaban el interrogatorio. ¿Sería un cuarto cerrado completamente? ¿Acaso nadie veía lo que ahí dentro ocurría?

Tal vez los Samurai no tenía cuartos de interrogatorios como los ninjas. Tal vez solo era una habitación común. Ese sujeto ni se interesaba por preguntarle nada. Era como si estuviese en ese sitio a desgano completamente. En cierta forma, era un alivio. El preso pensó que usaría ese tiempo para descansar de la tensión que sentía por los métodos de otros. Sería como un tiempo extra para recuperarse y así aguantar.

De pronto, golpearon la puerta. Boruto sin ningún apuro, terminó de leer la página en la estaba, para luego levantarse e irse. Abrió la puerta y respondió al llamado externo diciendo que ya salía, para luego regresar adentro como si olvidara cosa alguna.

-me tengo que ir….-le dijo al preso- me dijeron que tenía una hora para obtener algo. Y como me aburre preguntar y escuchar negativas o mentiras, simplemente prefiero llevarme algo más sólido.

Dicho esto, tomó un kunai de su riñonera y capturándole una mano, le cortó un dedo limpiamente. Koji gritó, y Bolt evitó que siguiera chorreando sangre sellándole la herida con chakra de fuego. Luego de esto, sin detenerse a preguntar nada, salió del lugar con ese dedo envuelto en un trapo que también sacó a tiempo. Dejando al preso con la confusión más grande de su vida. Y la promesa que esa situación horrenda, no hacía más que empezar:

-Me advirtieron que saliera del cuarto con algo, –le dijo Boruto mientras se iba- y eso es lo haré cada vez que me envíen aquí."

Fin del flash back

-¿Le cortaste un dedo sin preguntarle ni su nombre? Ku ku ku…-sonrió Anko muy entretenida- ¿Y luego qué?

-Regresé un par de horas después, -señalo sin emoción alguna Bolt- el mismo método. Solo que esta vez traje un reloj que coloqué sobre la mesa. Le puse tiempo de una hora, y me senté a esperar el final. Muchos ninjas son entrenados en método para resistir torturas basado en la concentración. En liberar la mente para que escape y deje al cuerpo sufrir solo. Lo que hice fue cambiar las reglas, colocar su concentración en el tic tac de ese reloj frente a él. Durante 59 minutos, estaría pensando en lo que le pasaría en el minuto 60. Le fui quitando la posibilidad de escapar a su mente. Y entonces, repetí las mismas acciones otras 4 veces más. Una hora de tiempo, sin preguntas o interesarme por lo que él dijese. Finalmente, cuando se dio cuenta que pensaba cortarlo a trozos hora tras hora, ese reloj frente a sus ojos fue toda la tortura que necesitaba. Pronto sería un inútil sin dedos de manos o pies, sin orejas u otras partes más importantes para los hombres. A mi quinto ingreso al cuarto, prácticamente me gritó en la cara todo lo que necesitábamos. Nombres de aliados, quien había pagado por los servicios de su grupo, porque razón atentaron contra Mifune, incluso me dijo que otros objetivos tenían en su itinerario. Me lo dijo todo, antes de que se quedara sin manos o pies. Dijo que prefería morir, antes que lo dejaran vivo e invalido. Cuestión que sin dudas, hubiese sido grave para un mercenario que delató a sus compañeros.

-Muy inspirador, debería felicitar a tu sensei por haberte preparado Ku ku ku -señaló Anko divertida- si no se tratara de mí, por supuesto. Pero esto no tiene relación con tu mirada de dudas niño. ¿Qué ocurre con eso? no me dirás que sientes culpa por hacer tu trabajo. ¿Verdad? tú no eres así.

Boruto finalizó su relato, diciendo lo que había pasado con su padre antes de llegar a la reunión. Las palabras que tanto le habían dolido. La situación de preguntarse a sí mismo, si el camino que había elegido era en realidad el correcto. Cada vez se alejaba más de su padre. Y como el Hokage era un buen hombre, un buen líder, en cierta forma significaba que despreciaba lo incorrecto. ¿Era realmente lo ideal, usar lo que había aprendido en la Raíz para mantener la estabilidad de aldea? ¿Podía ayudar a su familia, teniendo que enfrentarse a su padre por los métodos utilizados? Finalmente, Boruto no pudo evitar decir, que durante los últimos meses mientras su padre lo entrenaba, había pensado seriamente en abandonar la Raíz. En tratar de usar solo las habilidades que había pulido entrenando con su padre. De ser simplemente un Jounnin al servicio del Hokage. Un hombre normal con una familia normal. Quería ser un buen hombre, quería ser como Naruto Uzumaki.

Anko sonrió apenas, para luego ya reír abiertamente. Boruto nunca la había escuchado reír así, tal vez nadie en toda su vida había apreciado ese acto sorprendente. Anko se reía, y casi le escaparon algunas lagrimitas, algo que Bolt no podía apreciar había sido tremendamente gracioso para la ex-Kunoichi. ¿Pero qué seria?

-Tu mirada es la misma que tuve durante años….-le confió la mujer ya más relajada- cuando puse en duda si debía usar las habilidades y los jutsu que Lord Orochimaru había insertado en mí. Me cuestionaba ser una traidora, al usar lo aprendido por un traidor.

-Pero aun así lo hizo…

-Desde luego que si niño ku ku ku….-dijo divertida- luego de torturarme durante años con esas dudas, entendí que mi entrenamiento o quien fue mi sensei no me definía personalmente. No me hacía más fiel, o más traicionera. Era mi elección, siempre fue mi elección.

-¿Pero si lo que me enseñaron me guía a realizar cosas malas? –Cuestionó Bolt confundido- ¿si acaso ser de Raíz, me impide estar en paz con mi familia?

-¿Estás dispuesto a no usar tus habilidades por recuperar la confianza de tu padre?

-Si

-¿Incluso si eso te hace menos útil para el bienestar general de la aldea?

-Aunque así fuera.

-¿O arriesgando que tu familia fuera lastimada en un futuro, pudiendo tu haber hecho algo al respecto desde las sombras?

-¿Por qué sucedería algo así? –interrogó Bolt algo molesto.

-Porque este es el mundo de los ninja pequeño, ku ku ku-respondió la mujer viperina- por eso los espías no tienen familia o amigos. Por eso mueren jóvenes y solos. Por eso el cementerio se encuentra lleno de jóvenes que apenas si tenían tu edad cuando fallecieron. Este es el mundo para el cual naciste. Es el mundo de tus abuelos, de tus padres y de tu hermana. El Hokage puede intentar negarlo, incluso hacer fuerzas por cambiarlo, pero en el fondo de nuestra alma somos ninja. Robamos, asesinamos, torturamos. Nos entrenaron para eso. Es nuestra naturaleza. No es una elección moral, es una misión lo que nos impulsa. Y la misión es lo más importante. Lo que ha mantenido a la aldea de la hoja de pie, aun en tiempos oscuros.

-¿Aunque eso me cueste el amor de mi familia?

-Aunque te cueste la vida misma. Además, siempre los preferirás vivos y odiándote, que muertos y sin poder amarte. Créeme que todos los prefieren así, si realmente les importa tanto esa dichosa familia. Y eso no alcanza para tranquilizar tus dudas, aún queda el asunto de tu naturaleza.

-¿Mi naturaleza?

-Existe una fábula divertida que lo muestra…-añadió Anko extrañamente conversadora para su costumbre- y ese cuento es algo así:

"Un hombre vio cuando una serpiente estaba muriendo quemada y decidió sacarla del fuego, pero cuando lo hizo, la serpiente lo mordió. Por la reacción del dolor, el hombre la soltó y el animal cayó de nuevo en el fuego y se estaba quemando de nuevo. El hombre intentó sacarla otra vez y la serpiente lo mordió nuevamente. Alguien que estaba observando se acercó al hombre y le dijo:

-Disculpe, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que todas las veces que intente sacarla del fuego va a morderlo?

El hombre respondió:

-La naturaleza de la serpiente es morder, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar.

Entonces, con la ayuda de un pedazo de hierro, el hombre sacó la serpiente de fuego y salvó su vida."-finalizó tranquilamente Anko- ¿Entiendes el concepto?

-¿Quiere decir que debo ser como ese hombre? –Indicó Bolt al terminar de escuchar- ¿se trata de soportar la mordida?

-No niño….ku ku ku -le afirmó Anko divertida- significa que tu padre es como aquel hombre de la fábula. Su naturaleza es ayudar. Pero eso no significa que todos seamos así. Eso lo destaca y define. Sin embargo, tanto tú como yo cariño…-le sonrió cómplice- somos como la serpiente del cuento. En el fuego o fuera de él, nuestra naturaleza siempre nos impulsa a morder. Es nuestro don, y también nuestra maldición. Esa es nuestra naturaleza. Y de ello….no puedes escapar.

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Sarada Uchiha tenía su plan listo…

Pacientemente, como quien espera para cazar a la presa más esquiva, había esperado e investigado cada detalle de su "objetivo". Ya había trascurrido un par de meses desde la firma del nuevo acuerdo de compromiso. Bolt y Sarada solían salir a comer o a pasear, solo en carácter de amigos. Ella había puesto su mejor esfuerzo para no parecer celosa o ansiosa por saber lo que Boruto sentía. Nunca volvió a mencionarle el asunto del matrimonio. Tampoco lo que hacía Bolt en sus misiones o ratos libres. Solo como amigos, contándose cosas del pasado y riendo con algunas tonterías que Konohamaru-sensei solía realizar. Pero incluso comenzaba a fastidiarle la presencia de la hermana de Bolt. Que no hacia otra cosa que rondarlo y no dejarlo solo casi nunca. Sarada trataba de no mostrarse ansiosa ante aquello. No quería enfrentarse a Himawari, por quien Bolt tenía un apego muy especial. Pero claramente le fastidiaba compartirlo incluso con ella, aunque simulara lo contrario.

Sin embargo, Sarada no era tan descuidada como solía aparentar…

Cuando tenía misiones, amigas como Chocho Akimichi le mantenían al tanto de todo. Y también una charla sutil y amistosa con ciertas personas que rondaban constantemente el sub-mundo donde Boruto Uzumaki se movía. Sarada tenía información de varias fuentes, triangulando lo que ex–novio hacia o con quien. La paciencia era una virtud en ella generalmente, pero en esos meses no había tenido novedades. Todo parecía normal en las rutinas de Boruto. Nadie extraño se acercaba a él, y mucho menos alguna mujer sospechosa le prestara profunda atención.

Sin embargo, Sarada tenía algunas pistas sobre la identidad de aquella golfa aprovechada…

Era casada, y también habitante de Konoha. Debía ser esposa de un ninja importante, o ser ella misma una Kunoichi de renombre. Este dato Sarada lo razonaba de las propias palabras del rubio Uzumaki. Había dicho que tuvo una misión para acostarse con ella. Por lo tanto, ese tipo de misión solo podía apuntar a extraer información valiosa de su objetivo. Debía pertenecer a una familia importante, o al menos estar casada con un heredero de clan noble. Lo cual descartaba de plano a Anko Mitarashi, con quien Chocho había visto en conversaciones con Bolt semanas atrás.

Finalmente, trascurriendo el tercer mes desde la nueva firma del acuerdo prenupcial, Sarada encontró a la mujer que había estado buscando. Fue una tarde donde regresaba junto a Himawari y Chocho de entrenarse en el bosque. Pasaron por una calle lateral, tratando de llegar al centro de Konoha para comprar comida en un puesto reconocido y en un callejón lateral, Sarada pudo ver de reojo a esa mujer junto a Boruto. Ambos charlaban solamente, pero la reunión de manera furtiva podía levantar todo tipo de sospechas sin que por ello estuvieran besándose o algo parecido.

Lamentablemente, la hermanita de Bolt estaba en el grupo que caminaba con Sarada, así que no pudo hacer ni decir nada. Sin embargo, en las semanas siguientes mantuvo una vigilancia más estricta en las zonas donde esa mujer solía trabajar. Dolorosamente para la joven Uchiha, el hospital general de Konoha era el lugar donde Bolt fue a visitarla muchas veces.

Sarada supo que era ella, y le dolía en el alma. No podía evitar odiarla aunque también la había querido. Esa maldita aun casada, se había dejado seducir por un muchacho y encima continuaron viéndose después de todo. Sarada no podía soportar la situación. Que Bolt decidiera seguir como un perro a esa mujer, en lugar de aceptar el amor que ella le ofrecía libremente, era inaceptable.

Entonces, cuando las visitas al hospital se hicieron más frecuentes, Sarada decidió fríamente que la mataría. Boruto Uzumaki era suyo. Ninguna maldita golfa se quedaría con su amor. No importaba lo que alguna vez hubiera sentido por aquella mujer. Ahora Sarada Uchiha la odiaba. Haría lo que fuera por poseer a Boruto Uzumaki. Y ya tenía un plan preparado, para matar a esa rival en la clandestina oscuridad. Nadie evitaría que Sarada se casara con Bolt. La última Uchiha estaba dispuesta a cualquier cosa por conseguirlo. Lo que fuera.

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-buenas noches….consejero Nara.

El salón estaba vacío. Ichiraku Ramen que hace muchos años era tan solo un puesto de comida al paso, se había ampliado poco a poco hasta ocupar varios salones laterales que anteriormente pertenecieron a otros comerciantes. Tenía un amplio lugar para los comensales y varios platillos típicos, además de las nuevas recetas venidas de otros países. Ayame era la actual dueña del lugar. Había heredado de su padre ya fallecido, la responsabilidad de llevar el negocio familiar a un nuevo tiempo de prosperidad. Y por la época de paz otorgada por el actual Hokage, había conseguido prosperar ampliamente.

Ayame nunca se había casado. Hace años estuvo enamorada un tiempo de un joven alfarero que anduvo de paso por Konoha, pero el asunto dejo de funcionar cuando el hombre tuvo que mudarse en busca de mejor suerte en otro país. Ayame había tenido algunos problemas por su soltería. Otros dueños de comercios que eran competencia, intentaron superar su negocio por métodos poco honestos cuando no pudieron igualar la sazón de su cocina.

Ayame era una mujer soltera, no tenía apellido con influencia, o marido para hablar en su nombre ante los sujetos que intentaron arrebatarle lo suyo. Su padre había muerto por ancianidad hace unos 5 años y estaba sola. Sin embargo la mujer pudo prosperar y superar los problemas que se sucedieron, porque tuvo la inesperada ayuda de algunos integrantes de Raíz.

Boruto Uzumaki estaba almorzando junto a su hermana un afortunado día donde los rivales comerciales de Ayame, enviaron a un par de sujetos con mal aspecto. Era obvio que no podrían pagarle a los ninjas de Konoha para causar daño a una habitante de la aldea, pero eso no detuvo a los sujetos que creyeron poder amedrentar a la mujer sutilmente. Tampoco podían actuar abiertamente, porque muchos ninja comían en ese lugar y cualquier combate sería totalmente negativo para mercenarios extranjeros. Entonces, los hombres aparecieron para pedir una orden de comida, y mientras fingían que hablaban entre ellos, decían que ese negocio no tenía futuro. Que tal vez Ayame debía irse de Konoha, que sin dudas algún accidente grave podía ocurrir.

Boruto no interrumpió la cobarde amenaza, pero tomó nota de lo que sucedería a continuación. Hacía casi un año que entrenaba con Kakashi-sensei en la Raíz. Empezaba a entender el mundo que lo rodeaba como mucho más que misiones e ideales de defensa estructural. Había otro mundo pequeño, donde algunos sujetos usaban el dinero o el poder de sus apellidos, para doblar las leyes a su antojo. Entonces, mientras Ayame muy preocupada trataba de continuar su trabajo sin ponerse a llorar por la frustración de esa amenaza recibida, Boruto se acercó a pedirle otra orden de ramen, mientras declaró como cualquier cosa:

-Ayame-Oneesan no debe sentirse mal por nada... –Le susurró bien privado sobre la barra- tiene amigos que la quieren mucho. Esa gente que vino amenazarla, no entiende la situación.

Esa noche, mientras un grupo de hombres se escabullía en la zona buscando iniciar un incendio a todo el establecimiento que comprendía el negocio de Ichiraku, encontraron una desagradable sorpresa en la oscuridad. Una mortal sorpresa. A la mañana siguiente, los comerciantes que pagaron los servicios de mercenarios para destruir a Ichiraku-ramen, abrieron sus negocios para encontrar cadáveres dentro. Los mismos sujetos a los cuales pagaron por delinquir. Y una nota perturbadora:

"nunca vuelvan a intentar nada parecido"

Los comerciantes se horrorizaron. No podían denunciar el suceso a los ninja sin quedar en medio de un interrogatorio sobre los motivos que tuvieron los asesinos para dejar esos cuerpos en sus comercios. Se sabría tarde o temprano que ellos mismos habían pagado a los muertos por un trabajo. Y perderían más de lo que podrían ganar con respecto a Ichiraku-ramen. Entendieron el mensaje enviado por Bolt y su equipo. Incluso el mensaje dentro de ese mensaje. Algunos optaron por cambiar el rubro de su comercio, otros siguieron y trataron de mejorar su servicio para no quedar arruinados. Alguno más reunió todas sus pertenencias, para marcharse a otro lugar y evitarse otro siniestro "aviso". Pero Ayame en su puesto de comida, decidió que cuando volviera a ver al joven hijo del Hokage, reservaría para el totalmente gratis un platillo exquisito como agradecimiento a su invaluable ayuda. Y no sería todo:

-Boruto-kun puede venir cuanto quiera a mi humilde negocio –le dijo en cuanto le dio ese delicioso tazón de ramen con receta especial- su dinero ya no tiene ningún valor para mí.

-Eso no necesario Ayame-Onee….-le respondió el joven que entendía el sacrificio económico que implicaba- tú no tienes que…

-ningún valor Boruto-kun…-aseguró la mujer interrumpiendo sonriente, y se acercó para darle un beso en la frente- ya no acepto su dinero, solo su amistad. Envíele mis saludos a su padre también.

Por ello, cuando Bolt le pidió que Ayame prestara el salón comedor para una reunión por la noche. No hubo ni siquiera una sola pregunta sobre su uso. Para la mujer dueña de Ichiraku ramen, cualquier cosa que pudiera hacer por el hijo de su mejor cliente, era poco y lo haría sin dudar. Shikamaru e Ino ingresaron al lugar que apenas si tenía iluminación tenue. La zona estaba despejada de las mesas centrales y Bolt sentado cómodamente en el fondo del salón, parecía bastante dispuesto y relajado para una conversación. Shikamaru fue prevenido. Le pidió a Ino que lo acompañara e incluso hubiera contado con Chouji, pero consideró que Bolt podía delatarlo ante su amigo de la relación clandestina que había tenido con la rubia Yamanaka. Chouji era un buen amigo, pero seguramente no aceptaría la situación. Después de todo, era hombre de familia y le parecía inconcebible la infidelidad. ¿Cómo lo tomaría si supiera lo de Ino y Shikamaru? Simplemente el Nara no se pudo arriesgar. Así que solo trajo consigo a Ino, quien estaba tan interesada como el que no se descubriera el asunto.

-¿Cuál es el motivo de esta reunión? –consulto Shikamaru que trataba de mantener la distancia mientras exploraba el salón en busca de trampas.

Bolt sonrió, y no dijo nada. Simplemente se sirvió una copa pequeña de sake y bebió con tranquilidad. Shikamaru estaba evaluando la situación general. Ino un paso detrás de él, también parecía alerta a cualquier ataque. Pero no era lo que el joven Uzumaki tenía planeado al comienzo. Primero necesitaba hablar, era el motivo de la reunión.

-lamentablemente, -inició Boruto tranquilo- el consejero Nara no ha podido con su genio. Se ha pasado los últimos meses persiguiendo mis acciones, e investigando donde le dije que no lo hiciera. Mis amistosas advertencias no fueron suficientes para calmar su curiosidad.

Shikamaru escuchaba con atención, pero también evaluaba el salón y la situación particular. Si Boruto lo había atraído a ese lugar para matarlo, eligió muy mal terreno. El salón estaba despejado en el centro, pero con muchas mesas y sillas a los lados. Abierto como para tener a alguien escondido, pero con demasiadas sombras disponibles como para pelear contra un Nara efectivamente. Shikamaru no tenía ni que acercarse, podía allí mismo desde la entrada, paralizarlo y matarlo. Si Boruto planeaba un ataque, sería lo último que haría en la vida.

-le dije que si continuaba fastidiándome, -añadió Bolt tranquilo pero con un acento más severo- me encargaría de descubrirlo ante todos.

-Pero no lo harás…-indicó Shikamaru serio.

-¿Por qué no lo haría?-respondió Bolt a lo que Ino contuvo la respiración como escuchaba el moreno detrás de él.

-Porque mi hijo también pertenece al mismo grupo que tu –comento con seguridad Shikamaru- y no vas a perjudicar a la familia de tu amigo. Lo ayudaste con mi esposa, e incluso has guardado silencio sobre mi asunto con Ino. No vas a herir a tu compañero.

-No me conoce tan bien al parecer…

-Pero conozco a tu padre, y sé muy bien que te pareces más a él de lo que quieres aparentar.

El maldito Nara tenía un buen punto. Incluso especulando desde lo que no sabía efectivamente, había acertado de pleno. Boruto no podía matarlo. Porque Shikadai no solo era su amigo, sino también un compañero de Raíz. Shikadai amaba y protegía a su familia ante todo. Y Boruto conocía esa sensación porque personalmente era idéntico. Respetaba a Shikadai, confiaba en el también. No le haría daño intencionalmente.

-Sería mejor que confesaras todo…-le advirtió Shikamaru serio- tarde o temprano lo voy a descubrir todo. Tu padre hizo la promesa de traer paz a nuestra aldea. Y organizaciones criminales como la Raíz de Danzou, no tienen cabida en este tiempo.

Se instaló el silencio. Boruto no hacia gesto alguno. Tanto Shikamaru como Ino estaban a la expectativa de cualquier cosa. Pero nada les hacía suponer el siguiente movimiento. Finalmente, el joven Uzumaki suspiró fingiendo resignación. Algunas batallas no se ganaban golpeando más duro, sino eligiendo en donde atacar con inteligencia.

-De acuerdo….-dijo el rubio sorprendiendo a Shikamaru que no esperaba una confesión abierta- empecemos desde el principio. Cuando tenía 15 años y me derrotaron en los exámenes Chunnin, un ninja de renombre se acercó a mí ofreciendo entrenarme.

-¿Quién fue ese ninja?

-No importa realmente. Solo que fue él, quien me recluto para formar parte de Raíz.

Y comenzó su relato, lento y detallista. Eludiendo nombres pero puntualizando en misiones y hechos. Shikamaru escuchaba con atención, por fin había logrado desvelar el misterio. Era el comienzo y tal vez el final de la Raíz en Konoha.

Fin de la parte 1.