¡Hola a todos! Me hace feliz escribir para ustedes mi primera historia para este foro, la cual he pensado desde hace muchos meses. Aún no he definido de cuantos capítulos constará lo que sí, es que habrá actualización semanalmente. Esperando su apoyo, disfruten de la lectura.
Summary: Nada podía alertar mis sentidos como el enfrentarme al público en un escenario; encendiéndolo, bailando, contando una historia. Ser parte de un personaje, crearlo, darle vida, había motivado mí día a día. Poco a poco, aquello que tanto amaba distorsionó mi realidad igual que la del resto de personas que me rodeaba.
"Las zapatillas carmesí"
Prólogo
"El movimiento es vida; si no me muevo muero"
"Inhala, exhala, inhala, exhala" mi cabeza repetía esto una y otra vez mientras concentraba al resto de mi cuerpo a continuar. Desde pequeña he sabido que el dolor implica esfuerzo, el esfuerzo conlleva a trabajo duro y, por consecuente el trabajo duro, logrará la perfección; eso era por lo que precisamente practicaba a diario, cada segundo, cada minuto, por ser perfecta.
Mi cuerpo se obligaba a moverse. Seguía forzando mis giros, fijando mi mirada en un punto en la pared lejana; mis piernas estaban entumidas, mi espalda punzaba horrores, mi antepié presentaba múltiples excoriaciones pero no importaba, porque yo quería esto.
A mi derecha se encontraba mi mejor amiga, supongo que algo resignada por haber perdido la tarde acompañándome. Cambiaba la posición de su cámara de video tratando de enfocar cada ángulo de mi Pirouette para posterior estudio de mis fallos. El sudor deslizaba por mi frente, solo un poco, necesitaba un poco más y entonces…
Beep.
Trastabillé y detuve mis giros mientras me estabilizaba para evitar caer. 45 giros.
Miré con molestia a Tomoyo, ella solo sonreía con resignación ─ Lo siento, batería agotada ─ elevó el mentado objeto en el aire mientras caminaba despacio hacia su mochila─ es demasiado por hoy, hay que irnos.
─ ve tu─ contesté inmediatamente, coloqué mi cuerpo en cuarta posición para retomar nuevamente mi tarea. La escuché resoplar con impaciencia y el sonido de su pie estampado contra el suelo del gimnasio hizo eco por todo el lugar.
─ Sakura son las 5 de la tarde, en casa deben estar preocupados─ se acercó nuevamente y tomó mi mochila─ estas tan concentrada que ni siquiera escuchas el sonido de los truenos, el cielo se ha nublado, parece que va a llover.
─aun debo terminar, me lo dijo la señorita Mizuki, mis giros se han quedado cortos en potencia.
─tus giros son perfectos─ me replicó con voz cansina. Miró nuevamente su reloj y retiró un mechón rebelde de su rostro- vamos, el chofer de mamá me llevará, te dejo en tu casa.
Levanté la barbilla y flexioné mis dos piernas, lista para comenzar una nueva ronda─ prefiero continuar aquí un rato más, sabes que este piso está lo suficientemente encerado y que en casa no me puedo concentrar─ los pirouettes comenzaron así como la cuenta: 1, 2, 3,4…
─Hasta mañana, Sakurita─ el sonido disminuyó hasta llevar al profundo silencio. 21, 22, 23, 24, 25… "inhala, exhala, inhala, exhala. No pienses en el dolor" se obligaba mi mente "aguanta un poco más" 46, 47,48, 49, ¡50!
Me detuve abruptamente cayendo sobre el suelo con mis brazos extendidos, cerré mis ojos, todo daba vueltas. Se escuchaban los sonidos de mi respiración en la vastedad del salón; los latidos de mi corazón comenzaron a acompasarse hasta llegar a su ritmo normal, el temblor de mi cuerpo disminuyó. Podía irme a casa satisfecha, esta vez había estado mejor.
Preparé mi cuerpo para levantarse pero no a mi mente para lo que me encontraría al abrir mis ojos. Un hermoso color ámbar fijó su mirada en la mía y fue cuando no coordiné, levantándome abruptamente choqué inevitablemente con mi inesperado acompañante.
─ ¡Dios!- exclamé sobando mi frente. A mi lado escuché una vociferación mientras observaba como acariciaba su nariz. Ahora si podía reconocerlo.
Su presencia me tenía acostumbrada, después de todo, habíamos sido compañeros desde los 10 años de edad. Podía ser un dolor de muela cuando se lo proponía, y por lo general, sus comentarios sarcásticos más ingeniosos eran dedicados a mi persona. Éramos una especie de amienemigos, pero en este momento, no estaba con la energía suficiente para sus estupideces.
─ Algún día se escribirá un libro sobre tu torpeza─ su sonrisa de comercial me hizo bufar con exasperación. Soltó una pequeña risotada mientras cambiaba su pose a una de arrogancia─ ¡tan femenina, Kinomoto!
─no te interesa, Li
Caminé hacia las gradas donde aún se encontraban mis cosas.
─ ¿se puede saber por qué estas hasta tan tarde aquí? ─ volteé rápidamente a observarlo. Pese a que su ancha espalda era lo que se mostraba a la vista, sabía que, detrás de esa actitud desinteresada se escondía preocupación genuina. O al menos, eso era lo que solía decir su mayordomo todo el tiempo.
─ practicaba para mis clases de ballet.
─ ¿te admitieron en un estudio con tus dos pies izquierdos? ─ Su sonrisa autosuficiente volvió a encender mi carácter.
─ ¿y a ti con tu estupidez en esta escuela?
─ por lo menos soy bueno en matemáticas- ¡ah! Tema frágil, justo en mi orgullo. Estuve a punto de reprobarla en el semestre pasado─ y en japonés, inglés, física, química, historia, deportes─ ¡Maldito engreído!
Me volteé nuevamente y tomé mi mochila para retirarme inmediatamente del lugar. El sonido de la puerta del gimnasio abriéndose, dando paso al equipo de futbol y al entrenador fue lo que me extrañó. Por lo general practicaban en el amplio campo con el que contaba la preparatoria. Eso explicaba la presencia de Li en el lugar, era el capitán del equipo.
─llueve a cántaros afuera. Deberías esperar a ir a tu casa.
─ traje paraguas.
─ ¡Syaoran! ─ llevé mi vista a la persona que había intervenido el diálogo. Takashi Yamazaki se aproximaba a nosotros con ligereza; quedarme supondría más problemas si iniciaba a contar fantásticas historias a las que nos tenía acostumbrado desde niños y que hacían aparición en cualquier oportunidad─ el entrenador nos quiere calentando. Hola Kinomoto─ saludó─ ¿te quedas a vernos practicar hoy?
Negué rápidamente mostrándole una sonrisa ─ De hecho ya me retiraba. Nos vemos mañana.
Caminé hasta la puerta de entrada y justo me disponía a abrirla cuando nuevamente fui llamada desde el centro de la cancha. Me di la vuelta rápidamente y observé como un objeto era lanzado hacia a mí. Siempre había sido una chica de buenos reflejos y quizá, eso fue lo que impidió que me diera justo en la cara. Luché para darle estabilidad entre mis manos y que no cayera al piso y al fin pude reparar en ello. Una botella de agua.
A lo lejos Syaoran Li se despedía con la mano─ te notabas cansada─ agregó. Luego, como si yo ya no me encontrará ahí se dio la vuelta para iniciar el calentamiento.
Llevé nuevamente mi vista al objeto y salí por fin del lugar, sorprendentemente, hasta ese momento me di cuenta que moría de sed.
