CAPITULO 21: TRES AÑOS DESPUES…
Boruto y Sarada tenían una casa bastante espaciosa. Con tres habitaciones, cocina, comedor y un traspatio con muchas flores. A ella le gustaba tener un jardín colorido. Había agarrado el gusto a decorar la casa con floreros y cuadros, dotándola de una extensa vida a su alrededor. Y su marido se había convertido en los últimos meses, en el musculo que trasportaba todo lo que Sarada Uzumaki quisiera, hacia el sitio de la casa que deseara. Después de todo, Bolt se negaba totalmente a la idea de que su esposa embarazada de 8 meses, realizara el mínimo esfuerzo que perjudicara al niño en su vientre.
-Bolt-kun….-reía ella, cuyo cabello negro se había dejado largo hasta la cintura- no estoy incapacitada. Nuestro hijo es Uzumaki después de todo, no tengo menos fuerza, sino mucho más.
Sarada había pasado los primeros meses del embarazo con ciertos problemas. El niño en su vientre reclamaba una cantidad increíble de chakra producido por la madre. Parecía nunca saciarse. Sin dudas iba a tener el monstruoso nivel espiritual herencia de los hijos del remolino. Sarada sufrió el desgaste bastante, pero alcanzando el cuarto mes de gestación las variables se invirtieron completamente. El feto ya producía su propio chakra. Y Sarada tuvo una enorme píldora de soldado completando su poder. Desbordándola para ser precisos.
Fueron meses divertidos para los conocidos de la pareja. Noches donde los antojos de Sarada comenzaron agudizarse exponencialmente. En la medianoche de muchas jornadas, podía verse a media docena de clones de Boruto corriendo, buscando por toda la villa lo que fuera que su esposa hubiera pedido.
Luego, las pequeñas discusiones de pareja que terminaban con un Bolt recibiendo tremendos puñetazos que le hacían recorrer el firmamento de cabo a rabo. Para finalmente al regresar, reencontrarse a su llorosa esposa que alterada por los cambios hormonales, se trasformaba completamente. En el día a día, parecía una lunática peleando con el marido por cualquier cosa. Y por las noches, una bestia sexual que no parecía tener saciedad con nada que su esposo le hiciera. Esa parte hubiese sido peligrosa para cualquier otro hombre. Pero para Boruto Uzumaki en especifico, solo fue dar y recibir placer en cantidades más que aceptables.
Pero mucho antes del feliz acontecimiento del embarazo, Boruto y Sarada tuvieron los primeros dos años de casados para "enamorarse".
Cuando tuvieron la ceremonia de casamiento tres años antes, el joven Uzumaki no estaba enamorado de su novia. Ambos lo sabían. Sarada lo había advertido y aun así quería unir su vida para siempre con él. Ella pensaba, que muchos de los problemas que tuvieron como pareja, fueron causados por su propio padre. Boruto se sentía muy avergonzado con ese concepto. Sasuke Uchiha podía haber sido muchas cosas en su vida, pero la culpa de todo lo sucedido en la separación de los novios, no era suya. Sin embargo, ella firmemente deseaba tomar parte de la responsabilidad en la situación general. Pensaba, que si no se hubiese negado a concretar físicamente el amor que sentía por su novio, muchos de los horribles eventos del pasado jamás hubieran ocurrido. Su padre influenció en ella para evitar esa unión, y ella lo culpaba por eso. Sin embargo, Boruto no iba a consentir que Sarada se pusiera culpa alguna en sus hombros. No cuando nada le correspondía de aquel veneno.
Esa tarde, el momento de la última discusión entre Sarada y Boruto antes de caminar al altar, fue cuando la joven demostró cuanto podía llegar a amar a su futuro marido. Boruto recordaba ese momento como ningún otro. Nunca tuvo tanto miedo y vergüenza como cuando su novia le dijo que conocía la verdad:
-Hace tiempo….-le dijo caminando por el cuarto donde tenían su última conversación antes de casarse- mi madre confesó que tenía un amante.
Cualquier otro hombre no hubiera tenido idea de lo que ella hablaba. Bolt lamentablemente sí.
-Me dijo que no volvería a verlo, porque me hacía daño. –aclaró la muchacha sonriendo con nostalgia- dijo que nuestro vinculo madre-hija era más importante para ella que cualquier amante. Y aunque no dijo quién era, ahora puedo saber su identidad.
-¿De qué hablas Sarada-chan?
-No eres el único que había notado que tu padre y mi madre se miraban demasiado desde hace años –proseguía la joven- ella estaba sexualmente frustrada, y luego vino tu confesión esa noche de la reunión por el contrato matrimonial. Una misión, una mujer casada de Konoha. No me atrevía a pensarlo demasiado. Estaba furiosa con esa "amante" que tuviste, y la confundí con tía Ino.
Boruto ya no decía nada. Estaba demasiado aturdido como para reaccionar. Sentía que Sarada estaba esperando el momento justo para romper con todo. Tal vez todo el esfuerzo para ocultar su amorío con Sakura, no había servido para nada. Era irónico, que Himawari tratando de calmar a Sarada con su técnica para evitar los celos, le había liberado la mente para pensar bien las cosas. Y Sarada Uchiha era muy inteligente después de todo.
-Oka-sama no dice nada…-anunció suspirando Sarada- hace mucho esfuerzo por ocultar lo que pasó. Desde aquella primera noche que pasamos juntos, pude entender porque razón ella se siente atraída hacia ti. Y no quiero…
-No tienes que culpar a tu madre…-le interrumpió Boruto serio- yo la forcé a hacerlo. Fue un chantaje para evitar que se siguiera acercando a mi padre. Lo que sucedió después, fue solo…
-Fue consentido Bolt-kun…-le dijo la muchacha sonriendo de una forma tibia- mi madre estuvo muy relajada y feliz durante meses. No conocía la razón en su momento, pero era una mujer satisfecha y feliz. No tengo intenciones de iniciar una pelea contigo o con ella. Solo quería decirte algo importante. Antes de contraer matrimonio, quería decirte… que lo sabía todo.
-¿Qué quieres que haga para repararlo?-interrogó el rubio acercándose a su prometida y tomándola por ambos brazos- sé que no tengo excusa. Pero estoy dispuesto a hacer lo que sea para…
-Silencio….-le susurró ella poniendo un dedo en los labios de Bolt- lo que ella hizo, fue renunciar a un hombre que la trataba como mi padre nunca quiso o pudo. Y lo que tú has hecho, es quedarte conmigo aun cuando podías escapar a otra aldea. Solo quiero que me prometas algo...
-¿Qué debo prometer?
-Que vas a casarte conmigo, dándome la oportunidad de que nunca tengas que volver con ella. –Respondió la joven soltando algunas lágrimas- sé que he tenido que compartirte. Sé que amas a tu familia, a tu hermana y también a mi madre en diferentes formas. Pero me casare contigo, si me prometes que harás el esfuerzo, de amarme a mí. De desearme como deseaste a Oka-sama. De protegerme como lo haces con tu padre, madre y hermana. Pero de amarme, solamente a mí.
Luego de esa conversación perturbadora y posterior promesa solemne. Boruto y Sarada se casaron. Se comprometieron a pesar de todos los secretos revelados del pasado. Bolt siempre se preguntó lo que habría sucedido sin la intervención de Himawari en la mente de Sarada. Pero al parecer, todo había salido demasiado bien para la situación inicial.
Fue pasando el tiempo. Empezaron a convivir y compartir el tiempo. Boruto tal como había prometido a su ahora esposa, puso todo de su voluntad. Ambos guardaron el secreto descubierto por la mujer. No le dijeron a Sakura, pero Sarada mantuvo cierta distancia con su madre al comienzo. Los primeros meses, ambas mujeres tuvieron que buscar el nuevo lugar en la relación. Sarada era una mujer casada. Y Sakura era la madre-en-ley de Bolt. Esa denominación tuvo que quedar bien clara, antes de volver a reencontrarse como madre e hija.
Los jóvenes esposos tuvieron esos primeros meses para acomodarse a la situación. Y poco a poco comenzaron a disfrutar mucho más que las extensas noches de sexo. Un desayuno juntos, almorzar en el campo los domingos. Ir a cenar y pasear del brazo. Sin apuro visible. Sin que nadie se entrometiera o perjudicara la situación, Boruto Uzumaki se fue enamorando profundamente de su esposa Sarada. La conocía y quería como amiga, pero vivir con ella y disfrutar cada día, lo fue conquistando completamente. Ella tenía mucho de su madre, pero definitivamente no era un reflejo de ella. Boruto la pudo amar individualmente. Más allá del deseo, más allá de todo sentimiento que alguna vez pudo sentir por Sakura.
Finalmente, cuando cumplieron su primer aniversario, realizaron un festejo donde tanto la familia de Bolt como Sakura Uchiha, se unieron y disfrutaron de la celebración. Ya no quedaban rencores. Boruto y Sarada Uzumaki, eran una pareja perfectamente constituida. Incluso la situación de Himawari, parecía encaminarse cuando retornó a su relación con Inojin Yamanaka. La joven parecía haber pasado malos meses alejada de su hermano. Pero la familia parecía estar mejor armonizada desde que la chica comenzó a salir otra vez con el joven Yamanaka.
Para el segundo año, el compromiso de Himawari e Inojin iba avanzando a buen paso. El joven Inojin era educado y amable con ella. Era respetuoso y un buen Shinobi. La familia Yamanaka eran amigos de Naruto. Y las reuniones de los fines de semana empezaron a incluir comúnmente también a Sai, Ino y su hijo.
Al comienzo del tercer año de casados, Boruto estaba completamente enloquecido por su esposa. Tres años de convivir no apagaron ningún fuego entre ellos. Muy por el contrario, hicieron al marido buscar más activamente algo que anduvo deseando con el tiempo, tener un hijo.
Algo que parecía al alcance de la mano, cuando Sarada Uzumaki quedó embarazada. Ese tercer año de matrimonio, parecía ser el inicio de una época de pura felicidad. Un hijo cambiaria sus vidas para siempre. Un hijo limpiaría el dolor del pasado.
Pero en la tierra de traidores…
La felicidad nunca dura eternamente…
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Casi nueve meses después…
Boruto Uzumaki estaba parado en una terraza imponente, encallada en lo más alto de la torre Hokage. Su padre le había relevado de sus funciones como escolta a mitad del día. Boruto se presentó esa mañana con un traje de ANBU y enmascarado. No quería que nadie le viera a los ojos. No quería tener que responder más a las preguntas dolorosas de todos los que conocía. Quería ser invisible, quería ser solo Shinobi. Solo un guardia de su padre cumpliendo el trabajo asignado. Su cuerpo estaba presente, pero la mente definitivamente no se encontraba ahí. Se sentía miserable y destruido.
Había pasado una semana desde la tragedia. Solo 7 días desde su entrada al infierno particular. Aproximadamente 170 horas desde el comienzo mismo de su destrucción. Era increíble como el mundo podía transformarse en basura de un día para el otro. Apenas podía creer que fuese real.
Unas semanas atrás, era un hombre feliz. No poseía un tipo de felicidad efímera, sino la completa dicha que da estar feliz a toda hora. Sus mañanas de los últimos meses eran rutina hermosa. Se levantaba de madrugada, mucho antes que su esposa abriera sus ojos hermosos y despertara definitivamente. Boruto salía temprano, buscaba en los mercados la fruta más fresca, y todos los implementos necesarios para un desayuno completo. Además compraba chocolate, crema y frutillas apetitosas. También solía adquirir algunos dulces tradicionales, como dangos. Toda una gama de opciones suculentas para cubrir las necesidades de su mujer. Volvía a su casa antes de que el sol dominara el firmamento. Preparaba dos deliciosos vasos con té y el desayuno por lo general se servía en una bandeja, directamente en el cuarto matrimonial. La veía despertar y sonreír. Llenita de su propio hijo. Con los ojos amables y una sonrisa grande como el sol. Sarada Uzumaki era toda la respuesta que Boruto necesitaba de la vida.
Era un hombre feliz. Tenía un trabajo estable junto a su padre el Hokage. Lo que le permitía estar todo el tiempo en la aldea. Tenía una esposa que amaba. Tenía una mujer esperando a su primer hijo. Su bebé, su niño. El motivo de todas sus alegrías y orgullos del futuro. Era todo dulce y lleno de vida para Boruto Uzumaki. Tenía lo que había deseado desde siempre. Respeto como Shinobi, amor como hombre, y la seguridad de su familia. Lo tenía todo, y ahora mismo en su recuerdo no le quedaba absolutamente nada.
Apoyado sobre el barandal de la torre alta, mirando hacia el abismo frente a sus ojos; se preguntó si le dolería menos dejarse caer como peso muerto hasta estrellar su cabeza contra la calle principal. Sería un gran daño, pero tal vez le ayudaría a olvidar lo que actualmente lo carcomía hasta las entrañas.
-Bolt….-le dijo su padre apareciendo en el balcón- ya te dije que el trabajo ha terminado. Vete a casa. No deberías haber vuelto a trabajar tan pronto.
No había "casa" para Boruto. Volver a ese hogar que hasta hac días compartía con su esposa, no era regresar a "casa". Allí solo había silencio y recuerdos desgarradores. Era volver al lugar donde todo estaba perdido. Donde sus habilidades y fortalezas no tenían uso alguno. Era débil y permeable. Era un montón de basura.
Su padre se acercó, con la confianza que le daba los últimos años de estrecha relación. Naruto como casi ningún otro ser, había atestiguado todas las fases de su hijo con respecto a la esposa. Cuando se casó lleno de culpas y remordimientos. Cuando aprendió a convivir. Y finalmente cuando estaba lleno de ansiedades esperando al niño por venir. Tres años donde Naruto vio madurar a su hijo mayor, y pudo tener asiento de primera fila para verlo feliz. Y ahora era una sombra de sí mismo. Una cascara vacía que no encontraba consuelo.
-Bolt….-le susurró su padre abrazándolo por detrás y tratando de trasmitirle calor- no puedo siquiera estar cerca de suponer lo que sientes. Pero debes tratar de ver la situación como cualquier misión Shinobi.
-Sarada-chan estaba bien….-respondió seriamente Boruto- ella fue al hospital y estaba bien. Nuestro hijo iba a nacer. Estaba sano, ella estaba bien.
Sarada Uzumaki había muerto en el parto. Una extraña anemia en su sistema circulatorio de chakra, fue debilitándola hasta el punto de costarle la vida en su esfuerzo dando a luz. El bebé era varón, y nació afectado por la misma extraña anemia de su madre. Ese niño, apenas pudo sobrevivir 20 horas extra. Y se fue apagando como la luz de una tenue vela. En cosa de 7 días, Boruto paso de tener una esposa y el nacimiento de un niño, a no quedarle nada.
-Hijo….-le señaló el Hokage- los médicos no pudieron hacer nada. Incluso Sakura que es la mejor. Tsunade-obachan y Shizune Onee-san también buscaron la solución durante horas. Nadie pudo hacer nada.
Boruto apretó los dientes con rabia. La sensación de dolor en su cuerpo solo aumentaba cuando el cerebro alimentaba teorías de conspiración.
-Fue asesinada Oto-sama….-declaró frio y Naruto se apartó para mirarlo directo a los ojos- ella estaba bien. La cuidé desde el primer día. Nuestro hijo estaba sano, los exámenes estaban bien en los meses anteriores. Sakura-san dijo que ella estaba perfectamente bien. Alguien tuvo que hacerle algo.
Naruto no tenía argumento contra eso. Sabía muy bien que Bolt había acompañado a su esposa durante toda la espera. Incluso cuando las contracciones le advirtieron el inminente suceso, Boruto tenía dos clones acompañándola por el mercado. Rápidamente la llevaron al hospital y no hubo ninguna complicación. Todo pareció ensombrecer durante su internación en el hospital. Pero para Naruto parecía imposible que alguien hubiera atacado a Sarada dentro de ese sitio. Muchos años pasaron desde la firma de los acuerdos de paz. No había motivos para asesinar a la esposa de un hijo del Hokage.
¿Atacar a la familia del Hokage?
Hubiese colado la sospecha, si acaso Hanabi y luego Hinata no hubiera tenido sus hijos sin problema alguno. Incluso la líder del clan Hyuuga, hacía pocos meses que esperaba a su segundo hijo. También Naruto era el padre naturalmente, los acuerdos de paz entre los Hyuuga y los Uzumaki se cumplían sin daño alguno. ¿Entonces quién podría querer la muerte del hijo de Bolt?
-No tengo idea quien pudo atacar a mi esposa. –Declaró Boruto mirando a su padre con clara hostilidad, aunque no fuera contra el Hokage precisamente- pero voy a averiguarlo, y lo asesinaré. Sea quien sea.
Naruto no pudo decirle nada más, el joven custodio dio un salto sobre la barandilla y comenzó a trasportarse por los techos. Alejándose de su padre, apartándose de todo el mundo. Quería estar solo y pensar. Sentía que algo importante había pasado por alto y por culpa de ese descuido su esposa e hijo estaban muertos. Alguien tenía que pagar. No existía un karma a quien culpar. Alguien había cometido un crimen, y Boruto solo esperaba averiguar rápidamente de quien se trataba.
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Otra vez la oscuridad….
Su casa entera estaba envuelta en penumbras. No encendía las luces porque lastimaban los ojos. Bebía casi todas noches, y casi no podía dormir. La oscuridad cuando soltero, había sido una aliada. Pero ahora mismo parecía más como si fuera su madre, acunando sus penas. Mientras tanto, algunos golpes en la puerta principal anunciaron que lo buscaban. Pero Boruto Uzumaki no tenía ganas, ni paciencia para recibir a nadie. Lo único que le interesaba realmente, era estar solo y pensar. Reconstruirse, reinventarse. Buscar la manera de tragar todo el dolor que sentía, para ir a trabajar al día siguiente y no parecer un alma en pena.
Le dolía demasiado todo, y no entendía lo ocurrido….
No podía comprender como su perfecto mundo, ahora era una tormenta perfecta. ¿De quién era la culpa? ¿Quién tenía que pagar por este dolor? Boruto sentía que su cuerpo se rompía por dentro. Que nada le haría recuperar la paz, hasta no descargar su rabia sobre quién hubiese causado ese daño.
Todo era irracional. Su padre tenía razón. ¿Qué motivo habría para intentar asesinar a su familia? En Konoha, los altos mandos del consejo de clanes no hacían más que desear el nacimiento del niño. ¿Se imaginan? ¿Un niño con sangre Uzumaki y la posibilidad de heredar el sharingan? Era algo que esperaban con ansias sin dudas. Nadie tenía razones para matar a su hijo.
-Boruto…-escuchó una voz en el interior de su casa y se puso alerta en la oscuridad del comedor- ¿Boruto, estás ahí?
Bolt estaba ahí desde luego, pero deprimido y parcialmente ebrio. Nunca había bebido tanto como en la pasada semana. Era la única forma de conciliar el sueño. Por desmayo, más que cansancio. No podía pensar con claridad, no podía trabajar con efectividad, pero al menos hacia más llevadera la situación personal. Tenía menos olor a podrido la situación de esta forma.
Esa era la voz de Sakura. La voz dentro de su casa. Seguramente estaba tan dolida como él. Seguramente buscando explicaciones en todos los rincones. Si Boruto se torturaba tratando de explicarse lo que habría salido mal. Sakura sin dudas estaría aun peor. Ella era médico, y dentro de su hospital había perdido la vida de su hija y nieto. Ella había monitoreado desde el comienzo todo el embarazo. ¿Cómo pudo salir tan mal todo?
Boruto estaba sentado en una silla del comedor, con los codos apoyados en sus propias rodillas. Solo levantando la cabeza para tomar de la botella con sake. Buscando ahogarse en el licor. Llenarse las tripas de algo más que dolor. Sakura por su parte, se acercó a él con clara pena y lentitud. Se arrodillo frente a él, y trató de mirarlo a los ojos. Ambos compartían el dolor de perder a las dos personas más importantes de sus vidas. Era desgarrador.
-Boruto no puedes continuar así….-dijo la mujer llorando- tenemos que sobrevivir a esto.
-No entiendo como entraste aquí, -señaló el rubio gravemente- la puerta estaba cerrada.
-La ventana del traspatio sigue abierta…-declaró ella apoyando ambas manos sobre la cabeza caída del hombre- no te acuerdas nunca de cerrarla por las noches. Sarada siempre me lo decía –intentó recordar a su hija en una situación más cotidiana y feliz. Pero enseguida, retomó al presente- estuve revisando los archivos médicos. He buscado todo tipo de análisis. No pude encontrar nada.
-Es imposible que fuese algo natural…-respondió el Uzumaki- ¿alguien extraño ingresó a su habitación desde que fue internada?
-Tengo registro de todo, -dijo Sakura tratando de controlar la voz entre sus lágrimas- Ino me ayudó a revisar todo. Nadie extraño. Solo familiares. Ni siquiera enfermeras extrañas. Esto solo ha sido un lamentable accidente.
-¿Y la autopsia?
Profanar el cuerpo de su esposa era lo último que Boruto hubiese consentido. Pero la sensación de un atentado no lo abandonaba. Y si no había podido proteger a Sarada, haría todo lo posible por vengarla. A ella y a su hijo. Por eso firmó los permisos pertinentes. Por eso todavía no la habían enterrado.
-Shizune-sempai y Tsunade-sama se hicieron cargo…-indicó Sakura- yo….no….pude…
Bolt dejó la botella en su mano izquierda, y al erguirse atrapó a la mujer frente a él. Le dio un abrazo que no significaba nada más. Solo ese dolor que ambos sentían. Los ninjas no debían llorar. Los ninjas estaban entrenados para evadir los sentimientos y el dolor. Los ninjas no debían sentirse muertos en vida, por un afecto perdido.
-Mañana debe ser el sepelio Boruto…-le susurró Sakura a su oído- ya no podemos retener el cuerpo en la morgue para investigar. No hay pruebas de nada.
Bolt aun abrazando a Sakura, pensaba que había intentado de todo para seguir su corazonada. Su esposa y su hijo debían ser enterrados al día siguiente. Y esa información le resultaba tan horrenda como definitiva. No podía soportarlo.
-Tengo que ver a Sarada-chan otra vez…
-No Boruto no….-le advirtió ella apartándose un poco y tomándolo con ambas manos del rostro- no te hagas esto. Mi hija ya no es como la recuerdas. Han pasado casi 9 días. Aun conservándola perfectamente, ya no puedes verla tan hermosa como era.
-¿Y mi hijo? –Gorjeó aturdido el hombre- ¿Quién podría desear la muerte de un bebe? Nadie absolutamente. Él no tenía nada que pudieran….-su argumento se fue apagando en la mente, hasta que decidió continuar- mi esposa era mucho más que una Kunoichi. Era más que un par de ojos y….
Su mente se detuvo. Chirriando como las ruedas de un carro que frenan abruptamente. Él bebe no era importante. No sin crecer y desarrollar su potencial. Pero en cambio Sarada, tenía algo que podía ser objeto de deseo. Tenía que ser eso. ¡ERA LA UNICA EXPLICACION!
-Sakura...-le dijo ante un gesto de seriedad- necesito ir a verla.
-No puedes Bolt…-le advirtió ella- no te hagas más daño.
-No me importa lo que pienses de mi…-le dijo ya poniéndose de pie, aun en su ebriedad- necesito verla ahora mismo. Tengo que comprobar algo.
Un par de horas después, gracias a Sakura que tenía acceso a todo el hospital como directora del mismo; ambos ingresaron a la morgue. La mujer rebuscó en los archivos, y finalmente encontró la puerta indicada donde se guardaba en el frio los cadáveres. Abrió el sitio preciso, ambos deslizaron la camilla donde el cuerpo reposaba.
-¿Estás seguro de esto Boruto? –le consultó por última vez la mujer, y al verlo asentir ambos destaparon el cuerpo frente a ellos.
Ella estaba ahí. Hubiese parecido dormida, de no ser por la bata blanca y los signos claros que continúan a la muerte. Su piel era extremadamente pálida, algunas vetas verdosas recorrían brazos y piernas. El efecto morado de la descomposición era más evidente día con día. Su rostro pétreo, inmóvil, inerte. Bolt retrocedió cubriéndose el rostro. Sabía que sería difícil, tanto que incluso hubiese cambiando esa sensación por una puñalada al pecho. Sin dudas eso sería menos doloroso.
-Te lo advertí Boruto….-dijo Sakura que no se había apartado, pero apenas se sostenía en pie aferrándose a la camilla con firmeza- ella no es…..ella ya no es….
Pero Boruto gruñó, se limpió el rostro para despabilar y trato de recuperar la cordura. En este momento el sake antes ingerido le brindaba un calor y una fuerza desinhibida muy necesaria. Tenía una idea siniestra en su mente, y había venido para satisfacer esa maldita obsesión. Así que hizo todo el esfuerzo para mantener el control de sus emociones. Avanzó hasta pararse junto al cuerpo, y estirando su mano abrió uno de los parpados cerrados.
Su peor pensamiento era una realidad. Ahí donde tendría que encontrar un globo ocular necrotizado, se encontraban ojos de vidrio artificial. Ante el espanto de Sakura, y el gruñido furioso de Boruto. Comprobaron que los ojos de Sarada Uzumaki, última portadora del sharingan, habían sido robados.
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-¡MATARON A MI ESPOSA! –Estalló hecho una furia Bolt, y dio un golpe tan violento en el escritorio del Hokage que las patas cedieron y toda la estructura de madera se fracturó en el medio. Apenas se sostuvo el mueble en pie- ¡ALGUIEN ASESINÓ A MI ESPOSA Y LE ROBARON SUS OJOS!
Naruto estaba sorprendido. Simplemente no podía creer lo que sus oídos le trasmitían. Sino hubiera estado Sakura presente, llorando desconsolada, seguramente hubiera pensado que su hijo había enloquecido. No existía pista alguna sobre el sentimiento que Bolt había alimentado en la oscuridad de esa última semana. Pero por fin, el más joven de los hombres Uzumaki presentes tenía pruebas de su teoría.
Hubo silencio. Shikamaru y los ANBU presentes se estremecieron hasta la medula. Boruto estaba tan descontrolado que hasta había olvidado que esa información debía ser clasificada. No le importaba nada. Ni que lo supieran los extraños presentes, ni que se enteraran en toda la aldea. A Boruto Uzumaki no le interesaba nada. Solo dar caza a los imbéciles que se habían robado la felicidad que hasta 10 u 11 días sentía. Esos ojos importaban muy poco, y cuando atrapara a los responsables de todo el dolor, no les serviría para nada.
-Shikamaru….-dijo el Hokage como única indicación.
El consejero asintió pesadamente. Dejó los archivos en sus manos sobre la mesa, y empezó a dar órdenes. Los ANBU escoltas salieron de la oficina. Luego Shikamaru ayudado por Sakura, se dedicó a colocar los sellos de silencio. Esa conversación debía ser privada. Era el primer incidente realmente grave, desde la firma de la paz en todo el mundo ninja. ¿Acaso alguna aldea extranjera estaba dispuesta a romper el equilibrio? ¿Quién sería tan estúpido para atacar a la familia del Hokage?
-Debes decirnos todo Boruto…-consultó Shikamaru cuando solo Sakura y ambos Uzumaki quedaron dentro del lugar cerrado.
-Mi esposa fue asesinada….-dijo tratando de hallar la calma que no tuvo, al ingresar al lugar hace rato- estaba sana, tuvo contracciones y la lleve al hospital. Tenía su salud intacta y su chakra en perfecto balance. 24 horas después de internada, su chakra comienza a consumirse, entra en trabajo de parto y esa extraña "enfermedad" no solo afecta a mi esposa, sino que acaba con mi hijo también.
Hubo silencio, todos miraron a Sakura que trataba de recuperar la voz. Esta parte debía ser aclarada por ella:
-Tsunade-sama…..-pareció romperse su voz, pero luego pudo continuar- y Shizune-sempai llevaron adelante la autopsia hace 5 días. No existe causa natural que explique la pérdida masiva de chakra. Tampoco había rastros de algún químico hostil. Sin embargo, existe la posibilidad de le que hayan inyectado algo. Sin ir más lejos, yo misma estoy desarrollando una versión inyectable de mi inhibidor de chakra. En resumen, el niño no debió ser afectado si fuera algo interno en Sarada. Pudo ser algún tipo de veneno nuevo tal vez. Pero definitivamente no nada natural.
-Eso ya no importa….-aclaró Bolt duramente- solo que alguien le ha quitado los ojos a mi esposa. Y yo quiero saber si el consejo o tú, tienen algo que ver con eso.
Si bien era una acusación grave, tanto Shikamaru como Naruto entendieron la situación. El sharingan era un activo valioso. De no ser Naruto el Hokage, otro sujeto con menos acercamiento emocional a la situación, probablemente hubiese pensado que era un desperdicio enterrar el último sharingan del mundo en una tumba común. Pero Naruto jamás haría eso. No le dejaría vivir la culpa de hacerle eso a la esposa de su hijo. A la hija de su más vieja amiga. ¿Y el consejo lo haría?
-El consejo de clanes ni siquiera lo ha sugerido en las reuniones. –Aclaró Shikamaru con manos en los bolsillos, captando las dudas del resto- todos los líderes entienden el dolor que todo esto ha causado. Sabían perfectamente que una petición de este tipo, seria descartada de plano por el Hokage. Y si lo llevan a votación, los amigos de Naruto inclinaríamos la balanza a favor del líder. Es impensado que alguien actuara a espaldas de todos. No con la caza de brujas que se ha generado en la cuestión de Raíz, hace algunos años. Si hasta el antiguo Hokage Hatake Kakashi, ha terminado en prisión. ¿Qué pasaría con los tontos pasaran por sobre la autoridad de Naruto sobre el asunto de Sarada? No quiero ni imaginarlo.
De mínimo, la ejecución. Era claro para todos. Pero eso no iba a detener a Boruto Uzumaki. Las palabras ya no servían para frenar al tornado que se estaba generado en el ánimo del joven custodio del Hokage. Alguien tenía que pagar, y por lógica tenían que encontrar la identidad del sujeto primero.
-No me importa lo que digas Oto-sama…-añadió Bolt cuando el silencio parecía ganar terreno- incluso si me ordenas que no haga nada. Voy a buscar bajo las piedras, voy a registrar cada archivo, cada pista. No voy a parar hasta dar con los malditos que mataron a Sarada-chan.
Naruto lo sabía perfectamente. Su hijo tenía una determinación de hierro cuando algo se le presentaba. En los últimos años de entrenamiento, Naruto había visto su ventaja disminuir día con día. Ahora mismo, no podía decir si vencía a Boruto en combate. Era cierto que Naruto tenía el modo Rikudou y otros recursos. Pero Bolt contaba con la terrible arma de sus golpes profundos. No había defensa posible frente a un ataque directo del puño secreto. Lo rompía todo literalmente, y destruía incluso los canales de chakra que permitían cierta probabilidad de recuperación. Además, las diferencias de fuerza y velocidad ahora eran ínfimas. Sin dudas Naruto no elegiría pelear con alguien así. No a muerte por lo menos.
-Entiendo….-dijo suspirando con cansancio- Sakura, Shikamaru…por favor salgan de mi oficina. Tengo que hablar a solas con mi hijo.
Los mencionados se sorprendieron. No por ser expulsados del lugar, sino porque Naruto no había apoyado al instante a su hijo. Era cierto que Bolt supo ser muy irracional y peligroso hace años, pero ahora mismo tanto Shikamaru como Sakura, creían justificado el descontrol. Después de todo, Boruto lo había perdido todo. Esposa e hijo.
Al salir del lugar, Sakura tocó el hombro de Bolt con su mano, y le dijo en un susurro que lo ayudaría hasta el final. Dispuesta a ir incluso contra Naruto, si eso era necesario. Ahora mismo, la búsqueda de una venganza parecía más aceptable que dejarse deprimir y morir por el dolor. Boruto no era el único que había contemplado la idea del suicidio. Sakura había pasado la peor semana de su vida. Mucho peor que cuando tuvo que soportar el casamiento de su hija, con el hombre del cual se había enamorado. Mucho peor que notar cuan feliz hubiera sido en compañía de Boruto. El tiempo había pasado desde entonces, y la madre estaba feliz por su hija. Y Sakura ahora solo quería hacer trizas a los culpables de su muerte.
Para cuando abandonaron la oficina. Naruto con una seriedad mortal, se puso de pie. Fue a una gaveta oculta detrás de un cuadro, y de la caja fuerte extrajo algo que creía nunca volver a usar. Algo que había deseado desde siempre destruir. Pero por pura responsabilidad personal, no pudo. El archivo en sus manos prácticamente parecía quemarle. Iniciaba un nuevo y peligroso juego de Shinobi. Y la primera carta la debía jugar el Hokage de Konoha.
-No me vas a detener con nada…-aclaró Boruto mientras lo veía maniobrar- pienso ir hasta el final. Si me suspendes como ninja, si me expulsas de Konoha incluso, iré por mi cuenta y….
El parlamento fue cortado por el azote de una carpeta sobre la mesa lateral de la oficina. El escritorio estaba hundido por el medio y apenas se sostenía. Naruto lo hubiera destruido completamente de presionarlo más. Esa carpeta, ese archivo aún conservaba el nombre propio del Hokage. Pero tenía un agregado de su puño y letra. Una sola palabra, una que significaba poco y al mismo tiempo todo un mundo interminable.
Una sola palabra…. "Raíz"
-Como Hokage….-le dijo a su hijo que miraba la carpeta con cierta sorpresa- no puedo romper la paz que yo mismo he prodigado. Existen muchas razones, pero la principal es la cantidad de vidas que salvamos evitando nuevas guerras. Pero como padre, entiendo lo que sientes. Dudo mucho que no actuaria igual en tu lugar. No hay consuelo para lo ocurrido. No puedo mentir al decirte que mañana será un mejor día y debes olvidarlo. Una noche donde discutimos fuerte hace años, aseguraste que nunca había confiado en ti. Estos tres años, me demostraron que estaba muy equivocado en dudar. Y hoy ha llegado el momento de corregir eso.
-Esa carpeta te fue legada por Kakashi-sensei…-añadió Bolt serio- no puedo…
-Pero yo elijo darle el poder a mi hijo…-contradijo Naruto alejándose de la carpeta y permitiendo a Bolt acercarse a la mesa lateral y tomarla- no puedo controlar luz y oscuridad al mismo tiempo. Pero confió que juntos tu y yo, vamos a lograrlo. Confió en ti, Uzumaki Boruto.
No volvieron a hablar más del asunto. Boruto tomó el archivo y salió del lugar. En otras palabras, se hizo cargo de activar y conducir Raíz. Con esa poderosa organización, alcanzaría a donde fuera y a quien sea. Si los asesinos de Sarada tenían alguna oportunidad de salir ilesos, acababan de perderla completamente. Boruto Uzumaki iba tras ellos. Era una fuerza imparable que los perseguía.
El o ellos estaban muertos, solo que no lo sabían.
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Seis meses después…
Boruto estaba en su habitación terminando de arreglarse. Su kimono negro ceremonial, se veía impecable. El espejo le devolvía una imagen de seriedad y salud renovada. Habían pasado cuando menos seis meses desde el día donde se convirtió en el nuevo líder de Raíz. Y a decir verdad, había reactivado el poder de su organización secreta, solo para dar caza a los miserables que atentaron contra su difunta esposa. No tenía intenciones de mantener activo el espionaje y arriesgar un nuevo conflicto mundial.
Ellos no tuvieron oportunidad…
Una docena de agentes recibieron órdenes de moverse nuevamente. Entre los destacados, Kabuto Yakushi había provisto la información externa de Konoha, mientras que Sai y su esposa Ino se encargaron del sector interno. Sakura aportó la información del tipo médico, y el resto de los agentes sirvieron para abrirle las puertas a Bolt en todos los sectores importantes.
Estaba trascurriendo el tercer mes, cuando los 4 sujetos que formaban parte del grupo mercenario fueron capturados. Tipos contratados por un privado desconocido que nunca vieron. Un sujeto que por algún motivo había querido apropiarse del sharingan. Los capturados no supieron nada más del contratante, luego de intercambiar pago por objeto.
Boruto por su parte, agradeció con un generoso pago a sus agentes externos, dejando a Kabuto y los demás regresar a sus vidas tranquilas. El peliblanco había capturado a 3 de los 4 en la frontera norte. Y el otro nunca se fue de Konoha. Era un mercenario que tenía tapadera de comerciante. Fue delatado por sus compañeros. Entonces, los 4 del equipo pasaron al sótano más profundo de la antigua base de la división de interrogatorio y tortura.
Allí dentro, durante un mes completo pasaron por todas las maniobras para infligir dolor y tormento que Bolt y los suyos pudieron imaginar. Y para cuando no les había quedado nada por confesar, Boruto completó la tarea dando toda una semana de sana diversión a su antigua maestra. Nada menos que la terrible Anko Mitarashi. Todo lo afable y bonachona que parecía en su puesto de dangos, se invertía al rubro siniestro cuando entraba a un cuarto de interrogatorios. Y los sujetos sufrieron hasta el último instante de sus infortunadas muertes. Eso fue garantía propia de la ex-Kunoichi.
Boruto terminó de arreglarse para la boda. Su prenda ceremonial estaba lista y el también. Habían pasado seis meses desde la muerte de Sarada-chan. Tenía que poner su mejor rostro ante su hermana y familia. La joven Himawari por fin iba a unir su vida con Inojin Yamanaka. Esperaron que el tiempo pasara desde la muerte de Sarada, para confirmar la feliz fecha. Para Himawari hubiera sido impensable estar de fiesta, mientras su hermano sufría su perdida. Seis meses trascurrieron, y aunque nadie lo supiera con certeza, Boruto ya había vengado a Sarada con sus asesinos.
-¿Estás listo Bolt-kun? –Le dijo Sakura desde el pasillo- no deberías llegar tarde al matrimonio de tu hermana.
Boruto salió de su habitación, para encontrarse con Sakura Uchiha. La mujer había vivido en la misma casa de Bolt los últimos 5 meses. Ambos acordaron que era mucho mejor tener compañía. Ella cocinaba y mantenía a flote los aspectos descuidados del hombre. No habían vuelto a hablar sobre aquella vieja relación que mantuvieron hace años. Simplemente sentían que era bueno no estar solos. En cierta forma, habían construido en los últimos tiempos una buena convivencia. Solo levemente dañada con pequeños "accidentes". Encuentros en lugares comprometedores. Visiones de desnudez o simplemente tiempo sin sentir la tibieza de una intimidad. Aunque desearan tener algún tipo de acercamiento físico. No concebían hacerlo en el medio de un luto pronunciado.
Juntos salieron vestidos formalmente para la ceremonia del templo. Sakura estaba impecablemente vestida con un yukata rosado. Se veía muy bella, ese pequeño truco aprendido de Tsunade le reportaba cada día más beneficios. Era la envidia de las señoras de su generación. Y más aún, cuando podía darse el lujo de ir tomando el brazo de uno de los hombres más apuestos de Konoha. Las miradas indiscretas y las malas lenguas, incluso les costaría admitir que podían tener una relación más cercana al parentesco mediante Sarada. Lo cual los mantenían a salvo de habladurías. Pero aun así, se veían increíblemente bien juntos. Incluso en ciertos momentos, habían recuperado la sonrisa.
Cuando Himawari los vio llegar del brazo, aun concentrada en arreglar los últimos detalles del festejo antes de ir a vestirse, se preocupó mucho. Había pasado mucho tiempo desde la relación clandestina. Pero aun así no le gustaba lo que veía. No le agradaba para nada que Boruto hubiera escogido a Sakura como paño de lágrimas ante la desgracia pasada. Himawari hubiera querido ser ella personalmente. Hubiera querido tener acceso privado a su hermano mayor, y ser ella la que tuviera esa confianza. Pero todo eso era parte del pasado. Desde que se había casado con Sarada Uchiha, que Bolt no tenía la misma cercanía por Himawari. Por eso, le pareció insoportable cuando vio a su hermano entrar del brazo con Sakura. Se veían como una pareja, aunque nadie más lo pensara así.
-Onii-chan…-sonrió Himawari acercándose a ellos- que bueno que has venido.
-No faltaría por nada del mundo Nee-san. –Le respondió el hombre- mi hermanita se va a casar. Jamás dejaría de asistir. Tengo que amenazar por última vez a tu futuro esposo.
Tanto Sakura como Himawari rieron de buena gana. Los seis meses trascurridos, más la revancha ejecutada sin que casi nadie supiera, curaron un poco el alma del Uzumaki. Por eso podía bromear, por esa razón volvía a sonreír un poco.
A lo lejos su padre y madre caminaban por los jardines del templo charlando, llevando el carrito con su tercer hijo. Minato Uzumaki dormía plácidamente en su viaje. El niño era el otro motivo por el cual Boruto había recuperado parte de su ánimo. Su pequeño hermanito ocupaba en cierta forma, la carga afectiva de aquel hijo que murió al nacer.
Himawari se disculpó con Sakura y Bolt, diciendo que debía ir a colocarse su vestido. Sakura le advirtió que no debía tomar apuro. No existía boda donde el novio no debiera esperar un poco a la novia. Mientras que Boruto le aseguró que se encargaría de que Inojin no escapara del compromiso. La joven Uzumaki volvió a sonreír, pero esta vez mas fríamente. Nadie lo notó, pero algo no le gustaba. Entonces dijo:
-Onii-chan…quisiera hablar contigo a solas. Antes de vestirme para la boda.
El hombre asintió, y se soltó de Sakura para ir tras su hermana. Posiblemente estaba nerviosa y quería algo de apoyo. Siempre había sido una joven tímida mayormente. Aunque como Kunoichi, estuviera entre las mejores. Era como dos mujeres en un cuerpo. Tímida, dulce y retraída en la vida civil. Fuerte, desinhibida y feroz como Kunoichi, o cuando se enojaba mucho. Para cuando encontraron una habitación lateral donde estuvieron solos. Los gestos alegres de Himawari mutaron gravemente. Estaba preocupada, y en cierta forma molesta también.
-No debiste traerla Onii-chan…-aseguró la joven enfrentando a su hermano- esa mujer fue tu amante mientras tenías novia. ¿Acaso has vuelto a estar con ella?
-Nunca engañé a mi esposa. Nunca me tocado a otra mujer desde el día donde me case con mi esposa. Se lo he prometido, y he cumplido. Además "esa mujer" como tú le dices, -respondió Boruto serio- ayudó a capturar a los imbéciles que mataron a Sarada-chan. Los 4 ya están bajo tierra. Ella ha sido un gran apoyo para mí. Me ha mantenido cuerdo y alimentado durante estos meses. No es poca cosa ciertamente.
-¿Estas acostándote con ella nuevamente?
-Claro que no…-aseguró el hombre- ¿Crees que tengo ánimo para pensar en eso?-le acusó haciéndola retroceder aturdida- mi esposa ha muerto hace meses. No tengo ganas ni tiempo para darle explicaciones a nadie sobre mis acciones. Estoy en esta celebración solo porque eres tu Nee-san. Entiende que por nadie más, estaría en la calle vestido ridículo como estoy.
-Tal vez has venido sin beneficio…-señaló la joven girándose y dándole la espalda, su cabello ahora era largo hasta la cintura, como lo supo tener su madre en la adolescencia- si hubieras estado estos últimos meses cerca mío como antes, sabrías que estoy dudando mucho sobre casarme.
Boruto suspiró largamente. ¿Acaso habría una mujer en el mundo que no dudara a pocos minutos de dar el sí? Las interrogantes no eran precisamente propiedad exclusiva de los novios. Pero no tenía mucho fundamento luego de varios años de noviazgo y compromiso.
-Tranquila Nee-san…-le dijo acercándose y colocando ambas manos en los hombros por detrás- respira profundo y mantén la calma. –Ella suspiró largo, y trató de hallar tranquilidad- no tengas miedo. El hombre que vas a tomar por esposo, es buen sujeto. Proviene de una familia amiga. Es también un ninja excelente y…
-¿Y si aun así no quiero casarme con él? –consultó la joven aturdida. Que deseaba desesperadamente un gesto aprobatorio de su Onii-chan.
-¿Por qué no desearías hacerlo?- respondió en cambio Boruto.
Himawari se giró rápidamente y abrazó el pecho de su hermano, hundiendo su rostro en él. Algo le angustiaba demasiado. Y Boruto no tenía idea si era específicamente el asunto del casamiento. ¿Podía estar sufriendo por otra situación?
-¿Qué sucede hermana? –Le consultó el rubio- confía en mí por favor.
Finalmente ella habló. Se sentía muy aturdida y debía descargar su angustia a como diera lugar. Era el momento de la verdad para Himawari. Tal vez la última oportunidad para ella.
-He pensado durante este tiempo….-susurró aun en el pecho de Bolt mientras seguía abrazándolo- que cuando te casaste con Sarada-san, nos alejamos demasiado. Sé que era tu esposa Onii-chan, pero prácticamente te olvidaste de mí.
-Sabes que eso no es cierto Nee-san.
-Si lo es. Pasaban meses para poder reunirnos, nunca estabas disponible para mí. Y ahora pienso, que si me caso a Inojin-kun, tendré que invertir todo mi tiempo en él. Volveremos a estar lejos para siempre.
-Nee-san...-sonrió el rubio divertido del planteo- no seas infantil. Sabes que te quiero más que a mi vida. ¿Crees que estar casada con Inojin va a lograr que deje de quererte? Yo deseo tu felicidad desde siempre. Él puede darte una linda familia. Es un muchacho amable y respetuoso. Además, siempre puedes recurrir a mí, si algo no funciona en tu matrimonio. Simplemente lo haría pedazos si te hiciera daño -bromeó divertido- Pero tú debes enfocarte en las cosas bonitas que puedes vivir.
-¿Cómo cuáles? –preguntó Himawari sin despegarse de su hermano.
-Amor, compañía, intimidad. –Enumeraba Boruto tranquilamente- siempre has sido muy dulce y protectora. Serás una excelente madre. ¿No quieres darle a tu querido hermano, un grupo de revoltosos sobrinos para consentir? Eres muy cruel Nee-san...
-¡Bolt-kun! –Se apartó nerviosa la joven y le dio un golpecito en el hombro al tonto de su hermano- ¡no digas esas cosas! Es muy vergonzoso.
-jajaja…..Nee-san estas roja como tomate…..jajaja….-reía de buena gana el rubio- tal vez yo no sea el indicado para decirlo, pero estas a unas pocas horas de saber lo que es bueno. Jajajaja.
Ella estaba rojísima, pero tampoco pudo contener la risa. En ese momento ingresó Hinata buscando a la novia y los vio tan divertidos juntos, que automáticamente se alegró. Sus hijos habían sido más que hermanos desde siempre, fueron compañeros y amigos. Ni el tiempo ni formar otras familias, los iba a separar completamente. Además, era bueno ver de gran ánimo a Boruto. Sobre todo después de lo ocurrido hace tiempo.
-Oka-sama míralo…..-dijo Himawari queriendo devolver el golpe pasado- Bolt-kun está intentando convencerme de que no me case con Inojin.
-¿Ah sí? –dijo Hinata entendiendo la broma- ¿Y cuál es la razón?
-Dice que huya con el lejos Oka-sama, es un pervertido que propone eso a su hermana pequeña.
-¡Ka-san eso no es cierto! –estalló haciendo puchero Boruto ante las risas de su familia- ¡La pequeña pervertida ha pensado eso por si misma! ¡Resulta ahora que no quiere casarse con Inojin, y trata de usarme como excusa!
Los tres rieron, porque Naruto que debía oficiar la ceremonia asomó la cabeza con claro gesto confuso. Su rostro lo decía todo. ¿Cómo que no había casamiento? ¿Después de organizar todo durante meses? ¿La comida, el templo, el papeleo? Los invitados extranjeros. ¡¿Qué haría para explicarle a Gaara que no había boda después de viajar tan lejos?!
El ambiente de risas fue un golpe necesario de salud para todos. Los dolores de pasado tal vez tardarían en desaparecer completamente, pero poco a poco permitirían tanto a Boruto como a todos; proseguir a un mañana mejor.
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La boda fue preciosa…
Boruto había entregado a su hermana ante la imposibilidad de su padre por cumplir esa doble función de padre y maestro de ceremonia. El Hokage hubiera usado de buena gana los clones de sombras, pero Hinata consideró que su hija deseaba hacer participar a Bolt de todo el evento. Así fue como entregó a su hermana cerca del altar, le dio la mano a Inojin, y rato después estaba sentado en un rincón del fondo junto a Sakura.
Boruto estaba feliz por su hermana ciertamente, pero todo el acto ceremonial le supo a muchos recuerdos dolorosos. Pudo verse a sí mismo en lugar de Inojin, y a Sarada ocupando el lugar de su hermana. Sin darse cuenta, su mirada nostálgica también había sido observada por Sakura a su lado. La mujer decidió tomarlo de una mano y entrelazar los dedos con él. Darle su apoyo, lo único que podía hacer en ese momento.
Durante la fiesta horas después, Boruto trató de conservar el mejor ánimo y la mejor cara frente a todos. Bailó formalmente con Himawari justo después de su esposo y del padre, para luego retirarse a un lugar más tranquilo de las luces y la música fuerte. Había mucha gente, y eso ayudó bastante a que pasara desapercibido. Nadie además, quería cruzarse con él durante demasiado tiempo. Las preguntas obvias eran molestas, y no hablar del tema en cuestión, parecía algo forzado.
Lo único que rompió la monotonía de la noche para Bolt, fue contar con la compañía de Sakura prácticamente todo el tiempo. La mujer tenía amigas en el lugar y posibilidad de más animadas compañías. Incluso algunos hombres intentaron sacarla a bailar. Sin dudas eran una de las señoras más atractivas del evento. Pero la pelirosa no tenía cabeza para esos menesteres. Solo quería acompañar a Boruto y no dejarlo solo. Quería verlo feliz, aunque ese deseo pareciera casi imposible. El rubio sin embargo, no pudo apartarse demasiado del vicio cosechado en los últimos meses. Bebió mucho, demasiado para lo recomendable. Y cuando pudo notar cuan mal estaba, decidió por su cuenta salir del festejo y tomar algo de aire fresco. Para tal vez nunca volver. Había salido, y apenas pudo notar que junto a él estaba Sakura acompañándolo. El hombre observó a la pelirosa como si fuera un Genjutsu. A un paso de no creer su presencia, de tratar de disiparla con el restablecimiento del chakra.
-Vuelve a la fiesta…-le dijo el rubio- quiero estar solo.
-No es cierto Bolt-kun…- le respondió ella dolida- no puedes estar solo, y yo tampoco quiero estarlo.
-Estoy ebrio Sakura-chan…-añadió aturdido el hombre- no quiero hacerte daño.
Esas últimas palabras indicaban más de lo evidente. No era que físicamente Sakura estuviera en peligro. Era la situación peligrosa. Ambos habían convivido durante meses, pero la lejanía con esa intimidad necesaria de su esposa, habían generado en Boruto el apetito correcto para causar daño a esa "convivencia formal". Recordaba haber visto a Sakura en una bata liviana por la noche. Y otra vez se encontraron en la puerta del baño, y ambos tenían poca ropa. El sake podía destruir las barreras que debían mantenerse por siempre. No podían volver a intimar. No podían ni siquiera besarse. O todo se iba a convertir en una locura nuevamente.
-Lo siento Bolt-kun…-le susurró la mujer acercándose y parándose a su lado mientras le tomaba del brazo- no quiero sentirme sola. No quiero sentir que solo a tu lado puedo resistir lo que ocurrió. Durante estos años, intenté olvidar lo que pasamos juntos. Creí que la felicidad que tenías junto a mi hija, expulsaría mis deseos personales. Pero no puedo olvidar, mi cuerpo no olvida. Y ahora no se hacer.
Llena de culpas, tal cual era su costumbre de toda la vida, Sakura la había pasado mal los últimos meses en casa de Boruto. En una mescla agridulce de deseo femenino, atracción y sentimientos de cuidar y proteger a un hombre dolido; sumado a la verdad siniestra de ya no tener que rendir cuentas ante Sarada. Ellos estaban solos, ellos no tenían barreras que detuvieran lo básico del deseo.
Se pararon uno frente a la otra. Ella tuvo que elevar su vista porque Boruto la superaba en altura. Las manos de Sakura se instalaron en las mejillas del hombre. Tanto deseo básico contenido por ella, tanta necesidad de una mujer cálida por parte de él. Se miraron y ella mordió su labio inferior sin poder contener lo que sentía. Seis meses no eran suficientes para olvidar a Sarada. Pero si demasiado tiempo para contener las brutales cantidades de chakra escondidas en las venas del Uzumaki.
-Sakura-chan no…-le dijo el sin fuerza.
-Lo siento tanto Bolt-kun….-susurró suavemente ella, y lo obligó a bajar leve para acortar la distancia y posar sus labios sobre los del hombre.
El primer beso fue corto y doloroso. Casi como veneno para ambos. Y lo siguiente estuvo gobernado por la necesidad acumulada y el sake. Boruto resolvió tomarla de la cintura y empujarla contra el tronco de un árbol cercano. Si el primer beso solo fue como un soplo venenoso, lo que sucedió a continuación fueron puras inyecciones boca a boca de adrenalina y culpa. La horrible culpa de estar cometiendo un error imperdonable, y disfrutar mucho en el proceso.
-¿Qué estamos haciendo….-susurró Sakura entre los intercambios de besos- ¿Qué estamos haciendo Bolt?
-Una locura…-le respondió el hombre y aflojando un poco con pericia la yukata de la pelirosa, lo que le otorgó más flexibilidad para hacerla abrir las piernas- todo esto es una locura Sakura-chan.
Se besaban sin control, y Boruto seguía apretando a su pareja contra el árbol en la penumbra. La música fuerte en el salón de fiestas cercano, los ocultaba a la perfección de todo oído indiscreto. Más no de la mirada curiosa de alguien a lo lejos. Algunos segundos antes que Boruto activara el Hiraishin no jutsu y desapareciera junto a Sakura rumbo a su casa, un par de ojos llenos de sorpresa, lo habían presenciado todo.
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Había pasado casi un mes desde la boda de Himawari e Inojin. Boruto seguía trabajando como escolta del Hokage, y cada tanto requería algunos de los agentes de raíz según Naruto necesitara averiguar algún asunto extranjero. Todo se manejaba con la mayor discreción, y las misiones no comprometían de ningún modo a otras aldeas. En general, los agentes de raíz estaban más utilizados para verificar los movimientos de grupos mercenarios, o de políticos en la capital del país. Boruto sin embargo, también había utilizado a los ninjas de más nivel para una investigación extra. Si bien era cierto que los mercenarios que mataron a Sarada habían sido exterminados hace tiempo, quedaba aún por resolver el asunto del contratante. Alguien o un grupo, fueron quienes le pagaron a esos sujetos por la misión. Alguien les pagó por obtener el sharingan, alguien pagó por el trabajo de asesinato. Y además, quedaba todavía por resolver el misterio de como lo hicieron. Como lograron penetrar la seguridad del hospital, inyectar lo que fuera que inyectaron en Sarada, y tener acceso a la morgue para extraer los ojos después de que Tsunade y Shizune hicieran la autopsia. Un detalle que Boruto no había pasado por alto a pesar del tiempo trascurrido.
Toda esa carga de trabajo lamentablemente, era una triste excusa…
Después de años de evitarlo, después de prometerle a su esposa que nunca más lo haría. La misma noche del casamiento de su hermana, Boruto se había emborrachado y acostado con Sakura nuevamente. La tomó entre sus brazos, y llevándosela de la fiesta aparecieron en el dormitorio del hombre para arrancarse las ropas y follar. El sentimiento salvaje del deseo, de la carne, el sudor y el placer. Tomar a Sakura, como hace muchos años lo hizo. Usarla para apartar la soledad y el dolor. Llenarse tanto de culpas, que fuese imposible mirarla a los ojos en las semanas siguientes. Y aunque se hubiera perjurado a si mismo que no cometería ese error otra vez, el convivir en la misma casa había evitado todo intento de alejamiento.
No se hablaron dos días. Se evitaban todo lo humanamente posible. Incluso comían en horarios distintos. Pero en tercera noche desde el suceso, Boruto tuvo la infortunada idea de bañarse más temprano de lo usual. Había salido del trabajo dos horas antes de lo previsto, y quiso ducharse rápidamente para conciliar el sueño. Quiso evitar a Sakura, y se la encontró desnuda en la tina llena de agua caliente del baño. Se miraron, intentaron por todos los medios que el otro no estuviese enterado del deseo que sentían, y finalmente terminaron compartiendo tanto la ducha, como la cama esa noche caliente.
Y a la mañana siguiente desayunaron juntos, para finalmente considerar que la vergüenza y la culpa no eran una barrera de tamaño suficiente; para evitar dormir juntos en la misma habitación en otras ocasiones. Entonces Sakura acusó de muy fría la noche posterior, y Boruto sugirió que se podía ahorrar en calefacción si tan solo dejaban cerrados permanentemente algunos cuartos. Como por ejemplo el de invitados, que hasta el momento había ocupado la madre de su esposa. Seguidamente, era lamentable que no pudieran solo "dormir", cuando ambos estaban en la misma cama. La naturaleza de los Uzumaki era tener una libido tan poderosa, como la cantidad de chakra en sus cuerpos. Y Sakura ya no podía negar lo que evidentemente necesitaba y deseaba.
Para cuando trascurrió ese primer mes, dentro de la casa eran en todas las maneras una pareja. Boruto no quería admitirlo, pero la calidez estaba volviendo a su cuerpo. Ya no se sentía miserable cada segundo que trascurría en su hogar, y hasta las flores o las luces parecían recuperar un poco de ese color brillante que supieron tener. Era cruel hacer cualquier comparación, era aún peor pensar que estaba haciendo el amor con otra mujer que no era Sarada Uzumaki. Pero se sentía bien. Y eso lograba que sus ganas de levantarse todos los días para continuar su vida, aumentaran a cada momento.
Sin embargo, el amor no es un sentimiento general cuando se trata de parejas. La felicidad de dos personas, puede no significar alegría para el resto del mundo. Era cierto que tanto Boruto como Sakura habían cuidado al detalle el no delatar lo que estaba sucediendo entre ambos. Pero tanto Ino con su amiga, como Naruto con su hijo notaron los sutiles cambios positivos. Y sabiendo lo que sabían del pasado, estuvieron dispuestos a suponer lo que actualmente trascurría en el presente. Aunque claro, no pensaron ni por un momento ponerse a cuestionar esa situación. ¿Qué bien podían hacerle a Boruto o Sakura el cuestionarles la pareja? ¿Acaso no se habían preocupado mucho en los meses donde sufrieron muchísimo por la pérdida de Sarada? ¿Esa pequeña felicidad y mutua compañía, debía ser destruida por una situación de la edad o el parentesco político?
Tanto Naruto como Ino, resolvieron fingir que no se habían dado cuenta de nada. El mundo ninja había pasado por demasiada etapas de sangre y prejuicios antes de llegar a un periodo de paz. Tanto Boruto como Sakura, merecían vivir su historia privada sin más contras o culpas. Y que el destino hiciera su parte sobre el camino elegido. Sin embargo, aunque el último mes había sido de cambios positivos para Sakura por estar junto a Bolt, lamentablemente el trabajo parecía anteponerse a todo.
El Kazekage Gaara, estaba a punto de ser padre. Y su esposa atravesaba la última etapa del embarazo con dificultad. Naruto entendía que era el peor momento para dar esta orden, pero Gaara era un amigo de muchos años, y la verdad no quería tener que hacerle pasar la horrible experiencia que personalmente sufrió en calidad de abuelo. No, incluso Bolt lo entendería en ese punto. Y aunque bien pudo enviar a Sakura con Bolt en su equipo escolta, lo cierto era que su hijo actualmente era una parte vital del trabajo en la oficina del Hokage. No era un simple guardia para el líder, era más bien como su cerebro auxiliar, su compañero íntimo, su mejor amigo. Y tampoco había que olvidar, que era el líder de Raíz. Debía estar al tanto de todo y no podía desviarse del trabajo en Konoha.
Sakura y el equipo de escolta se marcharon dos días después. Boruto no se sintió muy cómodo al verla partir. Pero el trabajo era trabajo. Las obligaciones debían acatarse y la pelirosa estaría de vuelta en algunas semanas. Serian días difíciles en su casa sin esa mujer. Pero comprendía la situación del tío Gaara como tal vez nadie más.
Y por sobre todas las cosas, cabía recordar que el contratante de los mercenarios que asesinaron a Sarada, aún seguía vivo. ¿Acaso volvería a intentar robar una herencia ninja? No podían arriesgarse a repetir el descuido.
Fin del capítulo.
