Pepper estaba preocupada. Estaba en su naturaleza estar preocupada. Ella a sabía que Tony, el gran Tony Stark, Iron Man… era en verdad un niño en el cuerpo de un hombre, con un montón de inseguridades y miedos. Solo que no los dejaba ver a todo el mundo.
Tras lo ocurrido en Afganistán, su temperamento cambio. Tenía pesadillas sí, y algún que otro mal recuerdo, pero no fueron tan fuertes hasta lo de Nueva York. Pero incluso antes de todo, él ya tenía problemas debido a la dejada niñez que tuvo por parte de su padre. Una de las cosas por las que le gusta ser el centro de atención.
Ella sabía que lo que tenía Tony era TEPT (Trastorno de Estrés Post- Traumático). De hecho, se decidió documentar sobre todo acerca de eso, con la esperanza de poder ayudarlo un poco y hacerle las cosas más fáciles. Una de las primeras cosas que había que hacer era no presionarlo a hacer cosas que no quería, y ser el mar donde pueda ahogar sus males cuando lo necesite. Otras cosas las fue aprendiendo directamente de él, como el no cogerlo del cuello bajo ninguna circunstancia, o decirles adiós a los baños en pareja y hola a las duchas. Esto último fue una cosa que le dijo una vez empezaron a salir, y tuvo miedo de que se riera de él por su "miedo al agua". Pepper no lo hizo, sin embargo, ni le preguntó el por qué. Ya se lo diría cuando se sintiera cómodo.
Otra cosa era el constante sentimiento de culpa por todo lo que pasaba a su alrededor. Era un síntoma habitual de las personas con el trastorno, pero Tony lo llevaba hasta el último extremo. Y el que los del resto del equipo y demás ciudadanos se lo echaran todo en cara no ayudaba mucho. Más de una vez Pepper tuvo que cortar algunas discusiones entre Steve y Tony, cómo no, recriminándole algo.
Desde hace unos días, Pepper le había dejado caer el tema del psicólogo. Tony no estaba muy por la labor, como esperó, con el argumento de 'yo no estoy loco, Pepper'. No se lo repetía todo el rato, le dejaba tiempo. Pero pasadas unas semanas, después de una pesadilla, fue él el que decidió acceder. Pepper había pedido cita en la mejor psicóloga de la ciudad para esa tarde. Ella había ido a trabajar con la promesa de ir a buscarlo a casa para llevarlo a la consulta.
Así que ahí estaba, llegando al piso donde se encontraba el laboratorio de Tony. Cuando estaba nervioso se ponía a trabajar, así que hoy seguramente estaría trabajando el triple.
"¿Estás preparado?" sonrió a Tony cuando se le acercó. Se dieron un beso a modo de saludo y Tony inmediatamente sacudió su cabeza, haciendo un no.
"Estoy aterrorizado" admitió.
En el coche había silencio. Pepper conducía mientras Tony miraba por la ventana los coches pasar, intentando relajarse. Ella desvió su mirada un poco hacía él y vio que sus manos estaban temblando. Acto seguido, quitó una de las suyas del volante para coger las manos temblorosas de su novio, de forma tranquilizadora, acariciándole el dorso de una de ellas con el pulgar.
"Todo va a estar bien" le dijo suavemente. "Yo voy a estar ahí contigo"
"Lo sé" medio sonrió, apretando la mano que le había ofrecido, aunque sin parar de temblar. Ya en el parking de la consulta, Tony sí que estaba nervioso. Pepper le volvió a repetir que ella estaría allí y no lo iba a dejar solo. Le dio un beso antes de llevarlo con ella de la mano a la puerta del edificio.
Allí lo pasaron directamente a la consulta, debido a que no tenía a nadie delante de ellos. La doctora Becker se adelantó en los saludos, invitándolos a sentarse.
Al principio Tony no se sentía muy cómodo siendo escuchado por la doctora, aunque la sonrisa amable y comprensiva que le daba ella le ayudaba a relajarse un poco durante la sesión, pero no a bajar la guardia. Una cosa que Pepper notó fue que Becker no hacía preguntas, y le dejaba tiempo para explicarse. Así se ganaba un poco su confianza, supuso, haciéndole ver que no juzgaba sus actos. Y fue entonces cuando se dio cuenta de que había elegido a la psicóloga adecuada para Tony.
Cuando se acabó el tiempo, la doctora mandó a Pepper a acompañarla a otra habitación, dejando a Tony en la chaise-longue. Al ver su cara de pánico, le dijo que ahora mismo volvían. Becker le dijo a Pepper las siguientes sesiones en las que podría ir, aunque podría hacerle un hueco si lo necesitaba. Luego ella la informó sobre las pesadillas. No lo decía porque ella no pudiera dormir, sino por él. Explicó la gravedad de las mismas y Becker decidió recetarle unas pastillas que ayudarían tanto para el sueño como para la ansiedad. Así ambos podrían tener una mejor noche y Tony seguiría teniendo ataques, obviamente, pero serían mucho menos fuertes.
Después de tenerlo todo, Pepper se reunió con Tony de nuevo para salir del edificio, no sin antes despedirse de la doctora y pedirle cita a su secretaria dos semanas más tarde, para hacerle el seguimiento de las pastillas.
Al llegar al coche, Pepper inmediatamente sacó una manta del asiento trasero del coche y se la pasó a su novio. "No estuvo tan mal, ¿no?" dijo, mientras le acariciaba el pelo en lo que Tony se acomodaba como podía en el asiento con la manta por encima. Había caído la noche y quedaba un camino largo hasta la Torre.
"Porque estuviste ahí" le aseguró. "Si no, no hubiera podido"
"Cada vez que te toque ir, yo lo voy a dejar todo para estar contigo, no te preocupes" dejó un beso en su frente. Arrancó el coche y comenzó el camino de vuelta a casa. "Por cierto, ahora tienes medicación. Todas las mañanas una pastilla, sin excepciones. No te olvides. Por si no estoy para recordártelo, se lo diré a JARVIS"
Eso fue lo último que escuchó antes de quedarse dormido. Pepper le sonrió. Después de la tensión que había pasado, se merecía ese descanso.
