CAPÍTULO 3
GUARDIÁN
Desperté sobre una superficie plana y fría, muy diferente a la roca; la cabeza me daba vueltas, mi visión estaba borrosa, un ligero zumbido atacaba mis oídos y una capa de dolor cubría todo mi cuerpo.
Donde... ¿dónde estoy? pensé mientras, con algo de esfuerzo, me ponía en pie, casi cayendo por la fuerte sensación de mareo. En medio de las nauseas vi una pequeña luz en frente, e ignorando todos los síntomas, traté de caminar hacia ella en medio de tambaleos.
-Auch-
Un repentino golpe en mi nariz aclaró mi visión, disipando las nauseas lo suficiente para ver algunos barrotes frente a mí. Al ver alrededor me di cuenta de que estaba en un tipo de habitación, además, solté un pequeño chillido al ver que no tenía tenía ni mis armas, ni mis mochilas.
¿Me capturaron?, ¿Porqué no puedo recordar nada?
-Parece que ya despertó Sr. Wood-
-¿Enserio? Acompáñeme a ver cómo está?-
Retrocedí hasta el fondo de la jaula al ver las siluetas de dos ponies acercarse; una de ellas parecía tener algo flotando a su lado, mientras la otra parecía ser un robusto pony con armadura de combate. Froté mis ojos para ajustar mi visión y tratar de ver mejor de quiénes se trataba. Ambas siluetas se aclararon con unos parpadeos, uno de ellos era un unicornio con bata blanca; una capa de magia rodeaba su cuerno acompañado de un arma muy familiar flotando a su lado. Unos pasos tras él, había un pegaso, el cual tenía puesta una montura de combate.
-¿Qué sucedió?- pregunté ganándome una confusa mirada del unicornio, él bajo lentamente su… mi arma y se acercó un poco más a la puerta
-Interesante... después de todo si es un pony razonable- el unicornio guardo el arma en un bolsillo de su bata y luego sacó una libreta junto con un lápiz. -entonces, no recuerda nada, ¿verdad?-
Negué sacudiendo mi cabeza, una idea no muy buena ya que eso provocó una pequeña molestia. El unicornio anotó algo en su libreta y se acerco apoyó sobre la puerta. Intenté hacer lo mismo, pero el pony de atrás cargó su montura, haciéndome desistir.
-Parece sufrir un tipo de amnesia. ¿Qué es lo ultimo que recuerda?-
-Bien… recuerdo saltar desde una columna... luego recibí un disparo en mi pata antes de ser golpeado por un gran pony y… - hice un pequeño esfuerzo por recordar algo más, pero mi último recuerdo era ver la sombra de aquel pony del martillo. Me concentré para forzar un poco más mi memoria, pero sólo agrave mi dolor de cabeza. -¿Por qué estoy en una jaula?-
-Véalo como una medida de seguridad- dijo el unicornio mientras seguía tomando notas en su libreta. -Teniendo en cuenta lo que hizo arriba, es mejor tener ciertas precauciones-
-¿Y qué se supone que hice? No es como si mágicamente hubiera acabado con todos después del matillazo-
-De hecho fue algo así. ¿Enserio no lo recuerda?-
Mis orejas cayeron por la impresión y un nuevo ataque de nauseas hizo colapsara en el suelo dando una mirada incrédula al unicornio; él permaneció en su lugar sin moverse, creía que estaba bromeando, pero su actitud me daba a entender lo contrario. -¿Qué fue lo que hice...?-
-Según la yegua que sobrevivió al ataque, después del martillazo escucharon un fuerte gruñido, acto seguido, usted los ataco transformado en un tipo de Guecho... Pobre chica, tuvo mucha suerte de solo perder una pata. Aunque ver como son devorados... -
-¡DEVORADOS!- grite haciendo explotar la magia del doctor.
-Tal como lo escucha. Hubiera creído que era una sobredosis de drogas de no haber visto como usted asesinó a un pony de un mordisco en el cuello antes de entrar completamente cubierto de heridas y de sangre.-
Puse mis cascos sobre mi cabeza intentando procesar la información, la confusión disipó el dolor, pero también dejó espacio a las preguntas. No podía creer lo que acaba de escuchar, y mucho menos entender que transformé en un monstruo o aun peor… que había devorado a otros ponies.
-Debe entender porque la jaula-
-¿Puedo salir?-
-Teniendo en cuenta que ya no luce como esa cosa de hace unas horas, su extraño cambio de color y que parece un pony razonable no le veo el problema, aunque le recomiendo que repose hasta que se sienta mejor. Por otra parte, si sale y hace algo extraño, le disparare-
Me puse de pie y asentí al doctor, él solo dio media vuelta y se alejó. En cambio, el pony de atrás no me quitó la mirada de encima hasta que el unicornio pasó a su lado.
-Al menos sera más fácil tomar las muestras sin la jaula-
Que bien... Un momento ¿muestras?
Sobe uno de los puntos que dejó una de las agujas en mi pata, el doctor dijo que, además de unas muestras de sangre, inyectó algo de Med-x para reducir el malestar y que no debía preocuparme. Por la vestimenta de los ponies y su comportamiento, intuí que no eran saqueadores; pero sabiendo que cualquier movimiento extraño me haría ganar un disparo, preferí ser colaborativo con la "toma de muestras".
El doctor preguntó si era la primera vez que pasaba algo así; sólo hasta ahora tenía este tipo de síntomas; la vista roja, el fuerte cosquilleo, la perdida de consciencia... aunque haciendo un pequeño esfuerzo, recordé una ocasión en que me desmayé cuando era un potro, no recordaba muy bien lo sucedido, salvo despertar en mi habitación y ver a mi abuelo al lado de la cama.
-Interesante, es como un síndrome de abstinencia, pero al revés, Aunque nunca antes vi una reacción tan violenta. ¿De dónde proviene Señor?-
¿Señor...? Nunca llamaron así antes.
-Bien... vengo de una pequeña granja al sur de Clowstep, donde vivía con mi abuelo... hasta ayer-
-¿Y de dónde era él?-
-Él era de Arbu- La magia del doctor colapso dejando caer el lápiz y la libreta. La repentina reacción del pony me dejó un poco intrigado, ya que hasta el momento, él mantuvo la misma actitud mientras hablábamos. -¿Pasa algo?-
-No, no es nada- dijo el unicornio antes de levantar las cosas con su magia. -A sí que un descendiente de Arbu… No había oído ella en un tiempo-
Mis orejas se levantaron y di un paso al frente, ganándome una fría mirada del doctor, y tomando eso como una advertencia, me relaje un poco y di dos pasos hacia atrás.-¿Sabe algo sobre la ciudad?-
-Según tengo entendido, Arbu está al norte de Manehattan y durante mucho tiempo los habitantes sobrevivieron gracias al consumo y venta de carne de radiodrilos, hasta que la mayoría de ellos fueron masacrados hace casi 20 años-
-¿Y qué pasó después?- dije en medio de un gruñido.
-Dos años después de la batalla de la caverna del dragón el lugar se convirtió en una prisión para los criminales de guerra y jefes de bandas de saqueadores. Todo marcho de esa manera hasta hace 6 años, cuando un demente ataco la prisión y varios convictos escaparon. La RNC intentó re acondicionar el lugar y ponerlo de nuevo en funcionamiento, pero terminó dejándolo a su suerte-
Mis orejas cayeron y mi mirada fue al suelo por la frustración. La ciudad que mi abuelo amaba y de donde proveníamos, no era más que una cascara sin vida, ni siquiera una sombra de su antigua gloria.
-¿Cómo pudo hacernos ésto? Maldita pe... - detuve mi frase de golpe al notar lo que estaba por decir; el doctor levanto una ceja y me miro fijamente para que terminara. -Quise decir... ¿Qué pasó hace 20 años?-
-No se sabe a ciencia cierta. Hay quienes dicen que fueron los steelrangers que había en una base cercana o el enclave cuando iniciaron su invasión, otros que fue un crecimiento súbito de radiodrilos e incluso hay quienes dicen fue ojo rojo.- dijo el unicornio con cierta inquietud. -En todo caso, nada explica por qué la mayoría de los ponies jóvenes sobrevivieron o que casi todas las víctimas tuvieran cicatrices sobre su cutiemarks-
-¿Qué tiene que ver eso con mi condición?- pregunté. Ya sabía, por las historias de mi abuelo, que las habitantes de la cuidad se dedicaban a la caza, pero él nunca mencionó nada sobre marcas en las marcas. De hecho, siempre creí que aquella cicatrices en sus flancos eran producto de un accidente de cacería o algo similar a la que tenía el Sr. Cebra.
-Dado el consumo de carne durante generaciones, el organismo de los residentes pudo adquirir una necesidad biología a su consumo. Tal vez uno de sus padres interrumpió esa cadena, lo que provocó una fuerte necesidad por la carne... Aunque me sorprende que sea tan violenta-
El doctor se acerco a una mesa cercana y dejo su libreta encima, no sin antes arrancar una hoja con su magia y levitarla frente a mí. Tomé la nota con mi casco y empecé a leer... o al menos lo intente, sin importar cuando girará la hoja para dar sentido a los garabatos en ella, todas las palabras parecían estar escritas en un idioma diferente al pony o al cebra.
-Ese es su diagnostico. En resumen, si prueba la sangre, perderá la conciencia y entrará en un estado frenético, además cambiará bruscamente de color. Afortunadamente, parece tener cierta vulnerabilidad a las armas basadas en electricidad.-
-¿Afortunadamente?, ¿Cómo ser vulnerable a algo es bueno?- pregunte un poco confundido.
-Al atacar con un arma de ese tipo, una descarga eléctrica recorre el cuerpo del objetivo. En su caso particular, si esa descarga es lo suficientemente fuerte producirá un tipo de reinicio en su sistema nervioso, lo que va a regresarlo a la normalidad después de un tiempo-
Asentí a pesar de no entender muy bien lo de la descarga eléctrica y busqué mis mochilas para guardar la nota, éstas estaban al lado de la mesa donde estaba el doctor y al abrir la mochila de cuero, vi el contenedor de orbes de memoria.
-Doctor ¿Podría ayudarme con esto?- dije mientras sacaba el estuche de los orbes y lo ponía sobre la mesa.
-Creo que tenemos algo para reproducir esas cosas para su raza. Sólo espere un momento-
Viendo que el doctor estaba tardando en volver aproveché para limpiar mis mochilas y tratar de retirar el fuerte olor o sangre.
Tomé algo de tierra y empecé a frotarla sobre la mochila metálica, la sangre estaba seca, así que el polvo y la arena la retiraron con facilidad, por otra parte, como el olor aun persistía, usé algunas de las hojas de mi bolsa para intentar disiparlo, y al ver que bastante bien, hice lo mismo con la maltratada lona. En su caso las manchas estaban impregnadas en ella y también tenía varios agujeros, tal vez de bala o de las ramas que se rompieron cuando golpeé la pared. No tarde en notar que las manchas no saldrían así que las camufle con la tierra.
Escavé para tener y poco más de tierra y acerqué mi mochila de cuero para hacer lo mismo, pero salvo por el olor a sangre, esta estaba misteriosamente limpia. Dado el caso, tomé algunas hojas para cubrir el olor y usé el resto para mí, curiosamente, al igual que la mi mochila, estaba limpio... demasiado limpio para lo que describió el doctor; después de un pequeño baño de tierra y antes de poner todo en su lugar, hice una pequeña revisión en busca de heridas; encontrando sólo un punto en mi pata y una hendidura en mi costado.
Valla, esas medicinas deben ser muy efectivas...
-Se ve mejor Sr. Ésto le ayudara con ese orbe- Dijo el doctor desde la nada, haciéndome estremecer por su repentina aparición. Él se acercó levitando un casco con un soporte en forma de garra en su parte superior.
Luché un poco con el casco, pero logre ponerlo gracias al doctor y mientras lo acomodaba él me explico el porqué del extraño aparato. Gracias a su magia, los unicornios podían abrir los orbes de memoria sin problemas, salvo en casos especiales. Pero como los pegasos y los ponies terrestres no podían hacer esto por si mismos, el ministerio de moral desarrollo estos aparatos para la recolección y lectura de memorias.
-Escoja bien el orbe Sr. Armor. Éste lector es algo viejo y tal vez logre reproducir sólo un orbe antes de dañarse-
Asentí y sin saber con que me encontraría tomé el que me pareció más brillante y familiar; un orbe marrón que recordaba el pelaje de mi abuelo.
Levanté la esfera con mi casco y se la mostré al doctor, quien asintió, lo colocó en su lugar con sus patas y tocó un botón al lado del bajo el soporte. Una pequeña sensación de calor recorrió mi cabeza junto con un cosquilleo que erizó mi crin. Respiré profundo y cerré mis ojos; el cosquilleo se hizo más intenso, mi cuerpo se estremeció como si la tierra temblará y una cegadora luz apareció frente a mí.
Me sentía muy cansado, me dolían varias partes del cuerpo sin razón, especialmente mis patas traseras, donde había un punzante dolor a la altura de las rodillas, junto una ligera molestia en mi pata delantera derecha.
Estaba en un habitación familiar; una vieja pared de madera y un desgastado librero estaba en frente, y el lugar estaba en silencio, salvo por una pesada respiración a mi espalda.
Traté de girar para ver mejor mi entorno, pero sin importar cuanto quisiera moverme, no obtenía ningún resultado; sentía que hacía un gran esfuerzo, pero era como si estuviera paralizado.
-¿Cómo pudiste hacernos esto?- dije involuntariamente con algo de tristeza. -Ya sabia yo que esa magia rara no traería nada bueno-
Mi huésped giró dando la espalda al librero, al ver las paredes confirmé que estaba en la granja, me sorprendió ver el gran desorden frente a nosotros, parecía como si hubiera caído una tormenta al interior de la casa. Por otra parte, al oír un par de "clops" metálicos, supe que estaba en el cuerpo mi abuelo.
-¿Pero qué te hice?- la tristeza era evidente en el viejo pony, de lo que sea hablaba le causaba un gran dolor y algo de frustración. Era muy extraño ver a mí abuelo así y aun más sentir de manera tan viva sus emociones.
Al bajar su mirada me topé con una extraña figura. Frente a nosotros había un potro tirado en el suelo, su pelaje era marrón obscuro y su crin plateada, el pelo al final de sus patas se se había caído, dejando ver unos cascos negros, además, él tenía la boca un poco abierta, lo que me permitió ver unos afiliados dientes. Nuestra mirada recorrió al pequeño pony hasta caer en su cutiemark.
Soy… ¿soy yo...?
Mi abuelo intento levantarme con sus patas delanteras para arrastrarme, pero no pudo; sin pensarlo mucho, él se agacho y uso su boca para tomarme por la crin; esta era muy rígida y áspera al contacto, como si mordiera un papel de lija, ademas, mi cuerpo se sentía increíblemente pesado, casi como el arado de la granja.
El esfuerzo de mi abuelo para arrastrame era evidente, los músculos de su cuello se tensaban con cada tirón, y a pesar de no haber avanzado mucho, el sudor ya comenzaba a recorrer su frente mientras, con cada paso, un creciente dolor surgía en sus patas traseras.
Una vez dentro de mi habitación, él me arrastro hasta mi catre; abrió su boca, uso su casco para limpiarla y se acerco a la ventana para mirar el exterior. Estaba atardeciendo y la luz del sol teñía las nubes de un tenue rojo. Por otra parte, la imagen de mi abuelo se reflejaba en el vidrio, su cara tenia más arrugas de las que recordaba y su rostro mostraba una fuerte determinación a pesar de estar sufriendo mucho dolor; aún así, sus ojos mostraban algo de tristeza, como si lo que cruzaba por su mente le causara remordimiento.
Él salio nuevamente a la sala y levanto algo del suelo, al ver su pata delantera derecha noté que había algunas marcas en su, como pequeños círculos punteados, especialmente cerca de su casco.
-Que bueno que le compre esto a Nushbil. Le diré que la instale en mi siguiente prótesis, pero antes…-
Él tomo un arma con sus dientes, se entró en su habitación y fue hacia el estante del al lado de su colchón, de donde sacó una bolsa de tela grande de la parte baja. Mi abuelo abrió la bolsa, puso aquel aparato en su interior y saco una familiar mochila de cuero.
-… Debo cumplir la promesa que te hice-
Sentí una cálida sensación en mi cabeza y pude percibir un ligero olor a quemado. Rápidamente lleve mi pata a mi cabeza para retirar el lector de memoria y tiré el aparato, del cual surgió una pequeña llama acompañada de una pequeña columna de humo al golpear el suelo.
El poder moverme a voluntad y mirar lo que quisiera resultó muy extraño luego de estar privado de ello; una vez leí sobre los orbes y su capacidad para almacenar recuerdos, pero el articulo nunca mencionó la manera de ver el recuerdo.
Al estirar mis patas para camina noté un objeto extraño adherido a mi pata delantera izquierda; quise revisar de que se trataba, pero el sonido de pasos acercándose me hizo olvidar la idea.
-¿Vio algo interesante en su orbe Sr.?-
Asentí al doctor; quien lucía un poco sucio y cansado.
-¿Qué es esto?- pregunte apuntando al objeto.
-Eso es un Pipbuck Sr. es una herramienta muy útil para cualquiera que decida salir al yermo… Permitame ponerlo en marcha-
La magia cubrió el cuerno del unicornio blanco y un pequeño rayo de energía salio disparado hacia el aparato, envolviéndolo en una brillante aura. Pasados unos segundos él me indicó que levantara mi pata. La gran pantalla se ilumino y un montón de letras empezaron verdes a recorrerla mientras un ligero escalofrío atravesaba todo mi cuerpo. De repente, con un destello, las letras fueron reemplazadas por la imagen de un pony con varias barras y números a su alrededor y ese feo color verde cambio por un blanco un poco brillante.
-Añadí un pequeño dispositivo al pipbuck para monitorearlo desde lejos- baje mi pata y mire un poco confundido al doctor. -Sé que tiene mejores cosas que hacer ahí fuera, y aunque me encantaría estar cerca para saber más sobre su alergia, tengo mis propios problemas-
-¿Que tipo de problemas?-
El doctor acomodo su bata y empezó a hablar. Después recolectar todo lo útil en la cueva tenían ir a Clowstep para entregar la mercancía que debían y luego buscar un nuevo lugar para establecerse. Aunque este lugar era cómodo no podían estar aquí mucho tiempo. Al parecer, apenas pudo caminar, la unicornio sobreviviente extrajo algunos documentos de la terminal y huyo, lo que hacía probable que volviera con refuerzos, a modo de represalia, además de que muchos de los equipos sufrieron daños durante el ataque.
Viendo la frustración en el rostro del doctor no pensé mucho en ofrecerme para ayudar a organizar las cosas en la cueva. Después de todo, este desastre era en parte mi culpa.
Antes de ir a la planta superior le explique al doctor lo que vi en el orbe y le pedí que lo revisara; él sólo asintió, tomó el objeto con su casco y me indicó que subiera por las escaleras.
La planta superior era un absoluto desastre; aún había mucho desorden y un olor a sangre muy fuerte a pesar de que los ponies empezaron a organizar desde muy temprano. Al notar mi presencia, todos dejaron de trabajar y me miraron fijamente, les di una ligera sonrisa y avancé entre sus miradas y murmullos. El doctor me había dicho que ayudara a los ponies de la carreta a cargar las provisiones y las armas de los guardias que encontrara por ahí.
Recogí un par de pistolas antes de toparme con un montón de cuerpos apilados en una esquina. No podía creer lo que veía, los cuerpos estaban brutalmente destrozados; la carne y huesos sobresalían de todos partes , especialmente en el área de las cotillas, ademas de un penetrante olor a sangre que emanaba de ellos. Lentamente acerque para ver con más detalle, aquellos ponies con armaduras de combate o de cuero tenían serias heridas en su cuello y pecho, sus armaduras estaban desgarradas como si una pesada cuchilla o algo no muy afilado las hubiera cortado, en cambio, quienes usaban armadura de metal tenían sus heridas principalmente en las patas y el cuello.
¿Y-yo hice esto...? pensé mientras volvía a trabajar para trataba de eliminar esa idea de mi cabeza, aunque para mi mala suerte, tanto lo que vi en el orbe, como aquel evento en la tienda me confirmaban que, de algunas manera, yo había hecho esto. Ya veo por qué mantienen cierta distancia... Será mejor que haga lo mismo.
Poco a poco me arme de valor para hablar con los ponies cercanos, pero ellos desviaban su mirada o cambiaban de dirección bruscamente cuando me acercaba; salvo por aquellos que estaban junto a la carreta, quienes luego de un par de palabras empezaron a sentirse suficientemente cómodos como para conversar un rato. Al hablar con ellos supe que, tal como dijo Nushbil, esta era una modesta fabrica de medicinas y drogas, además de que también distribuían su mercancía en las ciudades y asentamientos cercanos; al parecer nunca tuvieron problemas con saqueadores hasta ahora.
Al preguntar sobre aquella unicornio que escapó, ellos me dijeron que el doctor Wood le dio una prótesis rudimentaria y que curó sus heridas. Él le advirtió que no duraría mucho en el yermo en esas condiciones, pero de un momento a otro simplemente desapareció, no sin antes llevarse un par de armas, munición y varias medicinas.
No podía dejar sentir lástima por ella. Asaltante o no, nadie merecé ver morir a sus compañeros y menos de una forma tan atroz. Sabía que no era mucho, pero elevé una pequeña plegaria a Luna por su bienestar.
Uno de los ponies de la carreta me indicó que el doctor se estaba acercándose, él encendió su cuerno y sacó un par de cosas desde su bata; una de ellas era mi pistola y la otra era un tipo de brazalete azul pálido con un gran tubo a un costado.
-Vi el orbe y parece que la electricidad si es útil para controlar su condición- dijo el doctor mientras me daba ambas armas; puse la pistola en mi pata derecha, pero mantuve el brazalete en mi casco mientras le daba un vistazo. Éste era similar al pipbuck en mi pata, sólo que un poco más largo y menos robusto, y además del tubo a su lado, también tenía un tipo de articulación en la parte de arriba- Esa es el arma del jefe de los asaltantes, un tal Thunder Whip o algo así, con ella podrá administrar la descarga que necesita; aunque le recomiendo que busque a alguien para que lo ayude en esos momento-
Al guardar el arma en mi mochila metálica noté que algo brillaba en su interior; mis ojos se agrandaron al ver el contador de Nushbil. Había olvidado que lo tenía y aunque marcaba casi dos días, no estaba seguro de encontrar al alguien para hacerse cargo de la granja.
-¿Pasa algo Sr.?- pregunto el doctor al ver mi nerviosismo.
-¡Si! Hice un trato con un hellhound llamado Nushbil y...- mi mente se detuvo unos instantes mientras caía en cuenta de una cosa -Me dijo que tenían que buscar un nuevo lugar para quedarse ¿verdad?-
-Ciertamente ¿Conoce algún lugar?- Asentí con un sonrisa al doctor y le entregue el temporizador, él lo tomo con su magia y empezó a darle un vistazo -Por cierto Sr., acaba de mencionar a un hellhound llamado Nushbil, ¿Qué tiene que ver con él?-
-Nada en realidad. Sólo me envió para preguntar sobre el retraso en su entrega-
-Así que ese viejo hellhound sigue engañando a ingenuos para hacer su trabajo sucio- El cuerno del doctor se encendió nuevamente, sacando su libreta y lápiz desde su bata para levitarlo frente a mí. -Estábamos a punto de enviar el pedido, pero justo antes de la entrega llegaron dos ponies con algunas heridas. Quisimos ayudarlos, pero aquellos ponies en armadura azul nos invadieron y no pudimos ofrecer mucha resistencia-
El doctor apretó sus dientes con fuerza por la gran frustración. Traté de acercarme, pero el rápidamente levanto un casco deteniéndome. Él guardo el temporizador en su bata y la acomodo con su magia. Con una seria mirada el unicornio nos indico a mí y a el pegaso que estaba en la carreta que le ayudáramos a mover la terminal que estaba en el cuarto hasta el ascensor.
Salvo por los ponies de la careta, el doctor y yo, todos los ponies fueron hacia Clowstep, y a pesar de que la mayoría aún estaban incómodos con mi presencia, uno de ellos se acerco a mí, tomó mi casco y me agradeció por sacarlos de esa situación.
La mayor parte de la carga eran contenedores con diversos líquidos, aunque también había un par de cajas con comida y otras provisiones, además de una caja con el equipo de los asaltantes; mayormente pistolas y, a pesar del atroz estado, sus armaduras. Una de ellas destacaba del resto, una servoarmadura de color azul con varias bobinas incrustadas en ella. Traté de convencer al doctor para quedarme con ella, pero me dijo que no era posible, no sólo por ser demasiado grande para mí, también porqué sin el entrenamiento adecuado no podría siquiera moverla, y si trataba de forzarla podría terminar con una extremidad rota... o peor.
En una última revisión al suelo me topé con aquélla infame granada que causó todo este lío. No sabía si maldecirla o agradecerle, pero en todo caso, junto con la escopeta recortada sería lo único que obtendría de los saqueadores... Al menos por mi cuenta.
-Le debemos mucho Sr. Gracias por la ayuda-
-No fue nada. No podía quedarme quieto viendo como organizaban mi desastre- respondí mientras sacaba el temporizador y el mapa. Mí intención no era que estos ponies trabajaran ahí e hicieran las tareas que me correspondían, pero al menos estaba seguro de que la granja estaría a salvo y de que ellos tendrían un buen lugar donde vivir. -¿Cree que Nushbil respete nuestro pacto?
-Tal vez él sea algo avaro y embustero, pero es muy honrado en esos asuntos. ¿Qué hará ahora Sr.?-
-Iré al el norte, hacia a las montañas Macintosh y buscaré la manera de llagar a Ciudad amistad-
-No es una mala idea; aunque sería mejor ir hacia el noreste-
-¿Por qué lo dice?-
-En esa dirección está Ringrock, es la última ciudad que hay antes de los yermos. Debería pasar por ahí y abastecerse para un viaje tan largo, además los pedidos de la cuidad aumentaron últimamente y puede que alguno de sus habitantes quiera irse...- dijo el doctor mirando hacia el pipbuck. -... También oí que tienen una biblioteca donde preservan libros de todo tipo, incluso sobre historia-
Asentí y me acerqué a el doctor para despedirme, él encendió su cuerno y saco una pequeña bolsa del tela llena de chapas desde su bata.
-¿Pero qué hace Sr.?- él dijo con una notoria expresión de confusión en su rostro al ver como, con una sonrisa, vaciaba las chapas sobre una roca.
-Ustedes necesitan más las chapas que yo- respondí empujando la roca hacia él -por otra parte, la bolsa me sera útil-
Caminé hasta que se oculto el sol; me sentía cansado y aunque revisaba constantemente la brújula, no estaba seguro de ir en la dirección correcta. Vi una gran roca a lo lejos y decidí acercarme; noté que había varios huesos esparcidos por el lugar, pero teniendo en cuenta que cada tanto encontraba algún esqueleto, no le preste mucha importancia.
Nada más llegar me recosté contra la roca para descansar, saqué algunas de las ramas que rotas que conserve y encendí una pequeña fogata; vi aún más huesos alrededor gracias a la luz, además, la roca tenia unos extraños arañazos sobre ella, como si algún pony hubiera usado algo para marcarla. Algo no se sentía del todo bien, pero estaba demasiado cansado para moverme, así que sólo retiré los huesos cercanos a la roca y me senté al lado de la fogata, el lugar no era precisamente cómodo, pero si usaba la lona para aislarme del suelo no tendría de que preocuparme, salvo que lloviera.
Miré al suelo y vi el dispositivo en mi pata izquierda. Hasta donde sabia, un pipbuck era más que una herramienta, era un gran ayudante para la monótona vida en los establos, o al había leído. Levante mi pata y mirar la pantalla esta se encendió mostrando la misma imagen de aquel pony blanco rodeado por barras y números.
-¿Cómo uso esta cosa?- pregunte a la nada. Repentinamente, aquella imagen desapareció y fue reemplazada por un texto.
Pipbuck. Manual del usuario.
Estimado usuario. Para acceder a los hechizos básicos del pipbuck como, el E.F.S., el organizador de inventario, la linterna, entro otros; sólo piense en la acción que deseá realizar y espere. Para acceder a hechizos más complejos o acceder a los diversos menús, utilice los botones y la perilla que hay cerca de la pantalla.
Gracias por elegir los servicios de Stable-Tec.
-Esto no puede ser tan simple- dije un poco confundido. Queriendo descansar un poco, me recosté sobre mi pansa y puse mi cabeza sobre mis cascos. -Como me gustaría tener un mapa.-
Un pequeño "bip" salio desde el pipbuck llamando mi atención, sin levantarme gire mi pata y, para mí sorpresa, me encontré con un mapa en el que había algunas manchas y dos marcas algo raras.
Me puse de pie y caminé al rededor de la roca sin quitar mi vista de la pantalla, descubrí que una de ellas era yo y deduje que la otra debía ser la ciudad a donde tenia que ir. -Veamos que más tenemos aquí.-
El suelo se sacudió bruscamente despertándome. Me había quedado dormido mientras jugueteaba en la sección de inventario del pipbuck. Mí fogata se había apagado, pero por suerte la luna bañaba el mundo con una tenue luz plateada. Una nueva sacudida, más fuerte que la anterior, me hizo levantar; se sentía como si un hellhound o algo grande estuviera muy cerca, bajo el suelo. La tierra bajo mis cascos tembló bruscamente y empezó a abrirse, di un salto hacia atrás mientras una gran pinza emergió, seguida por una enorme criatura de ojos rojos, muchas patas y una larga cola terminada en un afilado aguijón.
Aquélla cosa abrió sus enormes pinzas y levanto su cola, gracias a la luz de la luna y su color blanco lechoso pude ver con claridad como lanzó su cola hacia mí, instintivamente salte hacia atrás, evitando por poco el golpe y viendo como salia una pequeña gota desde la punta de aquel aguijón.
Tome mi pistola y hale el gatillo… pero nada ocurrió; dando una rápida mirada, vi que el martillo del arma estaba hacia atrás y la pequeña muesca estaba de color rojo.
¿Es enserio? La cola de la criatura se lanzo nuevamente, acompañada de un siceso, esta vez me moví un izquierda y gire para golpear con una de mis patas traseras, pero a pesar de estar en el aire, la cola fue lo suficientemente firme como para hacerme sentir que golpee el tronco de un delgado árbol.
Con un solido golpe de su pinza la criatura me alineó frente a ella y empezó a avanzar, quise saltar hacia el otro lado por si usaba su aguijón, pero me topé con su otra pinza. Sin más en mente desplegué mi hacha; podía intentar recargar y dispararle, pero descubrí que, muy ocasionalmente, las balas de la pistola podían explotar por un hechizos en su cañón, por otra parte, el gatillo de la escopeta no estaba adaptado para ponies terrestres y no sabía como usar el arma de aquel asaltante.
Algo solido atrás de mí hizo que me detuviera de golpe, con un rápido vistazo hacia atrás, noté que la gran roca estaba a mi espalda; para empeorar la situación, la criatura lanzo sus pinzas hacia adelante, las afiladas puntas se incrustaron en las marcas que había en la roca. En medio de la sorpresa vi la cola elevarse para atacar, en un rápido reflejo me agaché evitando el aguijón, el cual tuvo suficiente fuerza como para para quedar incrustado
No puede acabar así, ni siquiera he estado una semana fuera y todo terminara sin más. Apenas tenía espacio para moverme, la cola se agitaba tratando de liberarse, raspando la roca y producían un poco de arenisca, además sus mandíbulas se abrían y cerraban frenéticamente, intentando atraparme.
¿Cómo pude ser tal descuidado...? Si quiera me acerque acerque a ella… Ella… Rápidamente miré al dispositivo en mi pata, gracias a una de las historias de Sr. Cebra, sabía que había un hechizo que, tal vez, podría sacarme de esta. Vamos Rust, él mencionó lo que ella usaba... ¿Cómo se llamaba...?
-¡SATS!-
Sentí un escalofrío mientras el tiempo se ralentizaba. Miré hacia arriba y vi como el aguijón finamente se liberaba, retrocediendo lentamente y arrancando un poco de roca. Al ver a la criatura noté como una extraña aura de color blanco la rodeaba y una gran barra estaba frente a él, acompañada de un gran numero y usa etiqueta.
Radscorpion.
Sabía que esto era lo que buscaba, aunque la sensación era muy extraña. Debía actuar rápido, así que pensé en el primer ataque que se me ocurrió. El tiempo volvió a la normalidad y de una manera totalmente involuntaria liberé liberé una poderosa patada manzanera, golpeando a la criatura en el rostro y doblando una de sus mandíbulas por el impacto. El golpe hizo retroceder a la criatura, dándome más espacio para moverme y algo de tiempo extra; viendo esto saqué una de las estacas, la tomé con mis cascos delanteros y, con mucha fuerza, la incrusté en uno de los ojos del radscorpion, generando un fuerte chillido. Con un pequeño salto y usando la estaca como apoyo, logré subir a su espalda y deslizarme por ella; su coraza resultó muy áspera al contacto, como una piedra de afilar desgastada.
Notando mi escape, el radscorpion empezó a dar agresivos tirones para liberarse de la roca. Aprovechando esto y como aun tenía mi hacha en la boca, empece a atacar repetidamente las patas. Me sentía algo raro por la que había pasado, por una parte, estaba feliz por escapar y ser yo quien ahora daba los golpes, pero también estaba frustrado por la manera en que lo hice; aunque usar el SATS fue un acierto, haberlo recordado gracias a ella era algo molesto.
Un seco golpe cayo sobre mi pecho mientras atacaba una de las patas con mi hacha, mandándome a volar y no noté mi error hasta poco antes de golpear el suelo; en medio del ataque y por aquélla pataleta me había olvidado de la cola, y ésta, de alguna manera, se balanceo lo suficiente como para golpearme y lanzarme. Intenté levantarme de inmediato, pero un punzante dolor en mi pata evitó que lo hiciera, revisé para ver de que se trataba y quedé sorprendido al ver una costilla la había atravesado.
Gracias a Luna mi hacha cayó cerca, así que la tome con mi casco y la levante, pero antes de intentar cortar el hueso, un estruendo captó mi atención; el radscorpion se había liberado de la roca y giro hasta ubicarme, podía sentir el odio proviniendo desde sus ojos mientras avanzaba. El tener sus patas rotas le hacía difícil moverse rápido, pero eso sólo lo hacia más aterrador. Traté de cortar el hueso, pero el constante siseo del radscorpion acercándose evitó que diera el golpe, y aun con el hacha en el aire, giré para verla; dándome cuenta que estaba demasiado cerca para mi gusto.
-Espero que esto funcione- dije al entrar de nuevo en SATS, el tiempo se ralentizo a mi alrededor nuevamente y sin pensarlo mucho me enfoqué a la criatura, sus pinzas se abrieron lentamente mientra se acercaba y se enfilaban hacia mí. No había recargado la pistola y tampoco estaba en condiciones para una patada normal, por lo que sólo me quedaba una opción.
El tiempo volvió a la normalidad y, de manera involuntaria y desesperada, arrojé mi hacha con la esperanza de golpear sus ojos o algo importante. Ésta giro en el aire y golpeo donde quería; más no como quería. El mango del hacha golpeo los ojos de la criatura haciendo parar, sin embargo, ésta solo se sacudió y continuo su avance. Intenté arrastrarme para ganar algo de distancia, pero no tenía control sobre mi cuerpo, al parecer, el hechizo aún seguía actuando.
De la nada, un rayo cayo sobre el aguijón, haciendo que la criatura colapsara y se sacudiera violentamente mientras la electricidad cruzaba por su cuerpo. Seguí con la mirada el rayo para ver su origen; no había nada en el cielo, salvo por la luna, algunas nubes… y una misteriosa silueta alada.
-¿Prin-princesa Luna...?-
Nada más percatarme de su presencia, la extraña silueta bajó, aterrizando entre el radcorpion y yo. Ella era una alicorn que vestía una gabardina violeta, acompañada de un sombrero con un muy ancha del mismo color. Ella giro levemente su cabeza para trataba de mirarme, pero un chillido atrajo su atención; el radscorpion se estaba levantando, tambaleándose ocasionalmente. La criatura lanzo sus pinzas para atraparla, pero ella dio un paso atrás y libero otra poderosa descarga; ésta vez, el rayo golpeo la estaca que clavé hace un momento, provocando que el radscorpion se sacudiera bruscamente antes de que parte de su coraza explotara.
Ella se giró para verme, dejando que la detallarla mejor. Ella era de un azul tan obscuro como la noche y tanto su cola como su crin eran de un marrón claro, similar al de sus ojos; ella tenía sus alas estaban abiertas que junto con su tamaño la hacía ver amenazante, sin embargo, su mirada me generaba mucha tranquilidad. Traté de buscar la suya, pero su gabardina no me dejaba verla, según el grifo de la posada, algunas de las caravanas tenían alicorns como escoltas, la mayoría de ellas tenían colores en común, como el azul o el verde, aunque sus cutiemarks siempre eran diferentes.
Ella ilumino su cuerno, tomó algo del suelo y lo arrojó, aún sin moverme vi como el hacha voló hacia mí, cayendo a no más de un metro. Mi mirada se elevó para tratar de encontrar aquélla figura... Pero ella había desaparecido.
-¿Quien era… ella?- dije en absoluta confusión, las ideas intentaron abordar mi mente, pero el dolor en mi pata rápidamente las ahuyento.
Me senté y tome la costilla con mi casco, respire hondo antes de extraerla de un tirón, afortunadamente, ésta no se astilló dentro de mi pata, más no evitó que gritara por el dolor. Me arrastré hacia la fogata y, usando algo se ceniza y unas hojas, preparé algo que llamábamos pasta anestésica. Apliqué la mezcla sobre la herida y corté un poco de la tela para cubrirla.
Sabía que la pasta y el vendaje no sería suficientes para curarme, así que tomé una poción y espere mientras daba un vistazo al mapa, una idea surgió al ver que la ciudad no estaba muy lejos y aun sintiendo dolor en mi pata, me levanté y caminé hasta los restos humeantes del radscorpion. La estaca en su cabeza tenía un color amarillento y estaba caliente al tacto, por lo que mientras ésta se enfriaba, revisé las patas que había rotó; su forma recordaba un poco a la de la cuchilla del arado y, hacha en casco, empecé a cortar; poco a poco la pata empezó a ceder y con ello, mi idea a tomar forma.
Rust Armor: Level up
Nuevo beneficio: Bien hechora misteriosa– No muchos tienen la suerte de tener su propia estrella guardiana. Al usar el SATS en momentos críticos, puede que aparezca tu escolta personal y desate un ataque fulminante a tus enemigos.
Nota del autor: Definiré este capítulo con una palabra: complicado. No solo es un tanto más lento que el anterior, también fue un poco problemático reescribir ciertas partes para que encajaran correctamente. Quedó bastante bien a mi parecer, pero serás tu quien decida eso. En todo caso espero que disfrutes de este nuevo capítulo, tanto como yo al escribirlo.
