CAPÍTULO 7

EXPRESO EVERFREE

-Entonces de haber cruzado por la montaña hubiera llegado a un callejón sin salida- dije a la unicornio mientras caminábamos en dirección al noreste. Ésta nueva ruta era un poco más larga que la que pensaba tomar, pero al menos era una entrada segura al yermo, además de conducir directamente a la ciudad de New Apleeloosa.

-Y viendo tu estado, probablemente también sería tu tumba. Ése sendero lleva a un cañón lleno de cuevas y abismos. Aunque dudo que llegaras tan lejos tú solo viendo lo de anoche-

-¡Oye! tenía todo bajo control-

-Lo que tú digas- Respondió la unicornio levantando una ceja y haciendo una mueca con su boca.

Había pasado poco más de una hora desde que dejamos el campamento. Luego de discutir un poco con Crystal acordamos que ella llevaría mi mochila de cuero hasta que mis patas traseras estuvieran un poco mejor. El dejar de lado mi mochila no me atrajo mucho en un principio, pero la molestia en mis patas terminó haciendo que cediera; aun así tomé algo de tiempo para organizar mis cosas y no dejar nada comprometedor en ella.

-¿Cómo llegaste hasta aquí?-

-¿Te refieres a cómo llegué a tu campamento o a cómo llegué aquí?-

Pensé por uno instantes antes verla y levantar mis hombros, a lo que ella respondió estrechando que su mirada mientras veía al cielo como si estuviera organizando sus ideas. Sinceramente sólo quería saber cómo me había encontrado, pero la idea de saber un poco sobre ella no me disgustaba en realidad. No sabía si me ayudaría a llegar hasta Ciudad amistad o si sólo me llevaría hasta el paso, en todo caso ella me salvó de Striker, y como mínimo debía saber algo más sobre ella.

-Bien... en cuanto a cómo te encontré no fue muy difícil... aunque tampoco fue fácil. Después de que se fueron pensé en lo que dijiste. Eso me pareció muy... atractivo, así que busqué a aquella pegaso y le pregunté por tu paradero. Al principio se rehusó, pero luego de charlar un rato me dijo hacia donde ir. Lo demás no es importante-

-¿Y cómo llegaste hasta aquí?-

-Eso es un poco más interesante. Vengo de New Pegasus para empezar, trabajaba allí con mi madre en un espectáculo de magia, pero hace poco más de un año tuve que irme. Me colé en el primer tren que vi y me bajé en New Apleeloosa; no me pareció suficientemente lejos, así que me hice invisible y me subí a una caravana que se dirigía al sur. En algún momento me dormí y cuando desperté vi que dos de los escoltas estaban muertos y no había rastro de los demás ponies, así que tomé la carreta y vagué hasta dar con una vieja cabaña. El resto es historia-

-Entonces de ahí salió la carreta de Spark... ¿De qué tuviste que huir?-

-La verdad prefiero reservar esa parte. Quédate con que soy de New Pegasus y que escapé cuando tuve oportunidad-

No me esperaba que, aunque corta, la historia de Crystal resultara tan interesante. El hecho de poder hacerse invisible por tanto tiempo era alucinante, y aunque eso de venir de un lugar del cual nunca había escuchado llamaba mi atención, lo más atractivo fue eso tener que huir.

Discutiendo un poco más con ella me enteré que las vías de tren empezaban cerca del paso y que ahí era posible toparse con una caravana o encontrar un tren de carga donde, con suerte, podríamos colarnos para llegar hasta Ciudad amistad o al menos acercarnos tanto como sea posible.

Al ver árbol frondoso pedí a Crystal que nos detuviéramos para descansar un rato; no estaba cansado en sí, pero las heridas en mis patas traseras estaban empezando a picar demasiado para ignorarlo.

Ésta parte del desierto era muy diferente a lo que estaba acostumbrado. Había más parches verdes, la tierra tenía un color diferente e incluso había árboles con hojas vivas, parecido al que ahora usábamos como parasol. Desde también aquí podía ver el paso al seguir la cordillera, éste no estaba demasiado lejos, como a una hora de camino o tal vez un poco más a mi paso. Estaba feliz por ver el cruce tan cerca, aunque había un pequeño conflicto de ideas en mi mente. Por una parte, una vez en el yermo moverse sería más rápido, conseguir cosas sería más fácil y podría encontrar nuevas plantas para hacer nuevas recetas, pero por la otra, ya no podría dormir en cualquier parte, los saqueadores estarían al acecho todo el tiempo y tanto la radiación como el clima serian menos piadosos del otro lado, aunque esa era la menor de mis preocupaciones.

Al retirar las vendas de mis patas mis temores se confirmaron. Las marcas de los estragos que hizo Striker anoche seguían presentes a pesar de las pociones, y por su aspecto parecía que nunca se irían. Aún así apliqué mi última dosis de pasta anestésica y coloqué un nuevo vendaje, no solo haría que las heridas fueran menos vistosas y dejaran de picar, también evitaría una infección y más importante aún, recibir otro pinchazo de una aguja.

-Crystal... ¿Qué harás cuando lleguemos allí?- Pregunté con voz temblorosa.

-La verdad no lo sé. Sólo quería entregarte esta cosa y tal vez vivir de manera formal en la ciudad. Pero teniendo un grifo queriendo cazarme eso ya no será posible-

Mis orejas cayeron al escuchar eso. Era mi culpa que ella estuviera en problemas. Tal vez de haberme olvidado del libro eso no sería así y Crystal estaría en su cabaña como si nada, pero de no haberlo hecho lo más probable es que estuviera muerto. Le debía la vida a ella y tenía que hacer algo para remediarlo.

-Lamento haberte metido en esto. Buscaré una manera de solucionarlo... lo prometo-

-Eso no es tu culpa. Ninguno esperaba que tuvieras a un mercenario a cazándote, y mucho menos que iría tras de mí aún después de salvarle la vida. Aunque si te hace sentir mejor, prometo cubrirte la espalda hasta que nos deshagamos de ese grifo- dijo la unicornio mientras ponía un casco en mi hombro y me daba una cálida sonrisa, lo cual sirvió para alegrarme un poco. Al menos ya no estaría solo la mayor parte del viaje, e incluso podría comentarle sobre esos dos asuntos que tenía entre cascos. -Por cierto, ¿Qué dominios hiciste para tener a ese grifo encima? Hasta donde sé no llevas más de una semana en el yermo-

Abrí mi boca para responder, pero no pude decir nada. De hecho, no tenía idea de que hice exactamente para cabrear a alguien, en especial desde tan lejos. Según Striker alguien importante en Fillydephia era el responsable, y en base al contrato el precio por mi cabeza era absurdamente alto. Divagué un poco tratando de obtener respuestas; salvo por Wasp, quien estaba muerto, nadie en Ringrock tendría razones para eliminarme, al menos no desde que volé la mina. Clowstep tampoco podría ser una posible fuente; no dejé ningún enemigo allí y Nushbil no jugaría tan sucio sólo para quedarse con la granja.

Crystal tocó suavemente mi hombro distrayéndome, la miré de vuelta y noté como ella veía al cielo un tanto nerviosa, como si algo no estuviera bien. Miré hacia donde ella indicó y vi la silueta de un grifo sobrevolando cerca nuestro, pensé que se trataba de Striker, pero era muy delgado para ser él. La silueta se quedó quieta al pasar sobre el árbol y apuntó a nuestra posición. Quise ver a Crystal para tratar de hacer algo, pero para mi sorpresa solo vi como un destello se extinguía donde antes estaba la unicornio.

-Lo siento... - susurró ella suavemente.

Antes de procesar lo que acababa de pasar, dos grifos en armadura de combate aterrizaron frente a mí levantando una pequeña nube de polvo. Ambas eran hembras y tenían una marca roja en la hombrera izquierda de su armadura; una de ellas tenía una montura de combate con lo que parecía un lanza granadas y la otra apuntaba un rifle a mi cabeza. Di un paso atrás al ver el rifle, chocando con el árbol; de repente una última grifo aterrizó a mi lado, ésta no tenía ningún arma visible y su armadura era más ligera que la de sus compañeras, aunque compartían el mismo tono rojizo y el mismo símbolo.

La grifo con el lanzagranadas se me acercó y levantó una de sus garras para llevarla a mi boca; intenté alejarme un poco, pero el sonido del cerrojo del rifle me hizo desistir.

-Parece que este idiota se afilo los dientes- dijo ella al separar mis labios con sus garras. La grifo en armadura ligera se acercó y dio un atento vistazo antes de silbar y asentir a la grifo del rifle.

-Quítenle su mochila y llévenlo con los otros. Debemos llegar antes del medio día-

-Me pareció haber visto a dos ponies?-

Mi mundo se derrumbó con aquella frase, todas ellas asintieron y vieron al suelo como si buscarán algo, y al seguir la mirada de una de ellas, noté las marcas de mis herraduras en la tierra. De manera frenética, aunque disimulando lo más que podía, busqué cualquier señal de Crystal, no parecía haber rastro de ella, pero aún así debía mantener la calma para no delatar a la unicornio.

-Tal vez uso un Stealtbuck para ocultarse. No tardara en aparecer-

-O tal vez consumiste demasiado Dash y estás viendo doble, su efecto desaparecerá pronto-

Una pesada garra me tomó del cuello y se clavó en el árbol, puse mis cascos a los lados de ésta para tratar de zafarla, pero fue inútil. La grifo del lanzagranadas levantó su otra garra para golpearme, pero una de sus compañeras la detuvo antes de lanzar el golpe.

-Tienes agallas... pero eso se puede arreglar- dijo la grifo del rifle antes de golpear mi estómago con su arma. El fuerte golpe me hizo toser un par de veces y mis cascos se descolgaron. La grifo liberó su garra y caí al suelo, en medio del dolor pasé mi lengua por mi boca. El lado positivo es que no había sangre en ella, pero el negativo es que mis dientes parecían tener una pequeñas hendiduras que recordaban un poco a una sierra. Traté de levantarme, pero una de las grifo me disparó con un extraña arma, y con un ligero piquete una familiar sensación de parálisis bloqueó mi cuerpo.

-¿Qué hacemos con su armadura?-

-¿Esos harapos? Déjaselos, he visto esclavos mejor vestidos-

-¿Y su arma?-

- !Tírala por ahí¡ Esas pistolas cebra no sirven ni para suicidarse-


Luego de arrastrarme por lo que parecieron veinte minutos, una de las grifo me lanzó dentro del vagón de un tren y cerró una pesada puerta. Con un lento vistazo vi que había un grupo de ponies y algunas cajas de madera al fondo del vagón, las ventanas estaban cubiertas con planchas de metal y algunas vigas de madera, algunos rayos de luz se colaban por las uniones de las planchas y por una escotilla del techo, iluminando lo suficiente el lugar para no tener que encender la linterna.

-¿Qué sucede aquí?- pregunté. Ninguno de los ponies pareció escucharme; parecían estar enfermos, asustados o distraídos en sus propios asuntos, incluso pareció que ninguno se dió cuenta que acababa de llegar.

Viendo la negativa de todos me levanté y torpemente me acerqué a una de las aperturas de la pared. La sensación de parálisis aún no había desaparecido del todo, pero esta vez era menos fuerte, incluso me pareció extraño el poder moverme tan rápido. Al mirar al exterior por la apertura pude ver el paso y parte de la cordillera.

-¿Por qué no te defendiste tonto? Pudimos distraerlas y huir- dijo susurrando la unicornio desde fuera del vagón. Sonreí por escucharla, al menos sabía que estaba bien; aunque ella era muy buena ocultándose, aquí no había mucho caos para distraer a los ponies.

-¿Cómo llegaste hasta aquí?-

-Llevo un año ocultándome de una ciudad entera. Tres grifos no son gran cosa para mí. Voy a sacarte de ahí-

-Es mejor que te largues antes de que te encuentren- interrumpió un pony desde una esquina del vagón. Se trataba de un pegaso naranja el cual parecía tener un tipo de arnés alrededor de sus alas; él se acercó a mí y miró a través del orificio -¡Vete! Quienes estamos aquí ya estamos condenados-

Fulminé al pegaso y lo quité del agujero; a él no pareció importarle y sólo volvió a su esquina.

Un fuerte silbido surgió desde fuera del vagón seguido por los gritos de una de las grifo. Mire a través del agujero y noté como el ojo de Crystal lo bloqueaba.

-No creo poder moverme muy rápido. Mis piernas están adormecidas-

-Mierda. Odias la vía fácil ¿verdad?- el ojo de la unicornio giró antes de expresar lo que parecía un ceño fruncido. Necesitábamos hacer algo rápido, de por sí mi situación ya era bastante mala, pero no tardaría en empeorar de encontrar a Crystal -Bien... Si no puedes salir, entonces tendré que entrar-

-Ella debe estar loca. Ningún pony cuerdo entraría a un vagón de esclavos voluntariamente-

Ignoré la frase del pegaso y busqué algún lugar por donde pudiera entrar la unicornio, pero salvo la escotilla del techo, no parecía haber ningún otro acceso. Me acerqué a otra de las ventanas para ver hacia afuera y tratar de pensar en algo; al apoyar mi pata en ella esta se movió un poco, como si no estuviera bien ajustada.

-¡¿Qué haces?!- dijo el pegaso mientras liberaba un patada en la ventana. El golpe retumbo por el vagón y las láminas de metal parecieron separarse un poco. Di un par de golpes más antes de que una de las grifo entrara dando un portazo. Furiosa, ella desenfundó aquella arma y me disparó dos veces.

-De no ser porque vales tanto ya no estarías respirando- dijo ella antes de cerrar la puerta bruscamente. Dos de la grifo aterrizaron en el techo, carca de la escotilla. Ambas empezaron a chillar y a gruñir rápidamente como si estuvieran hablando, aunque por la forma en que lo hacían, probablemente estaban discutiendo.

-Tu plan no tardó mucho en fracasar-

-Yo no estaría tan segura...-

Una jeringa se materializó en frente de nosotros, sorprendiendo al pegaso. Sabía que era para mí, pero al no poder moverme, no tuve más opción que esperar el pinchazo.


El vagón empezó a moverse luego de un fuerte tirón y un largo silbatazo; algo en frente estaba produciendo un ruido ensordecedor, muy diferente al del galope de cualquier pony. Pude reponerme rápidamente gracias al antídoto de Crystal, lo que me dejó echar un vistazo por todos los agujeros, lamentablemente no había mucho que ver, sólo la tierra moviéndose rápidamente por un lado y una gran pared de roca al otro.

No pudiendo hacer mucho, intentamos hablar con los ponies del vagón. Ninguno de ellos parecía estar de ánimo; estaban dormidos o tal vez drogados; golpeados o sangrando; inundando el lugar con el olor de la sangre seca y otros fluidos. Llegamos a despertar un par, pero solo obtuvimos una mirada vacía y sin brillo, además, los unicornios y pegasos tenían arneses de metal sobre sus cuernos o alas respectivamente.

Él único que parecía consciente era aquél pegaso naranja, así que decidimos hablarle; él nos ignoró al principio, pero terminó cediendo al poco tiempo. Acordando con él, nuestra mejor opción era mantener la calma y pensar en un plan más racional. En un principio queríamos descarrilar el vagón, pero sin la ayuda de los otros ponies solo lograríamos irritar a las grifo, y en caso de tirar el vagón su atención sólo se enfocaría en nosotros.

Al dar un vistazo al Pipbuck noté que nos dirigimos a Apleeloosa. La idea de ir a la ciudad me aterraba y según el pegaso ésta era peor de lo que fue hace 20 años. De alguna manera, ciertas bandas de saqueadores lograron organizarse y formar una sociedad estable a base de la fabricación y venta de drogas. Para colmo, también eran el principal lugar para la compra y venta de esclavos, aún más que Fillydelphia en sus días de gloria. Si es que a eso podía llamársele gloria.

-¿A qué se refería esa guardia con que valías mucho?- preguntó el pegaso.

-No estoy seguro, tal vez encontraron el contrato de Striker en mi mochila-

-¿Striker? Dudo que te refieras a un grifo con una mancha verde en su ala derecha- Crystal y yo asentimos al pegaso, quien rápidamente nos dio una incrédula mirada mientras se ponía de pie. -¿Y cuánto se supone que vales para ése grifo?-

-7000 chapas-

La mirada del pegaso cambió a una de preocupación e indicó que me quitara las vendas; una clara expresión de disgusto surgió en él al ver las cicatrices en mis patas.

-Le salvaron la vida, ¿Verdad?- Dijo el tocando una de las heridas con su casco, generando algo de comezón. Me pareció curioso el cambió de actitud del pony desde la mención del mercenario. Quien antes era indiferente a nuestra presencia, ahora parecía preocupado por nuestra situación, incluso más que nosotros.

Asentimos a su pregunta y le explicamos lo que había pasado. Él nos dijo que aquel grifo era un maldito bastardo y que otros mercenarios preferían dejar de lado sus presas por temor a sus represalias. Saber que alguien así estaba tras de mí era intimidante, aunque gracias a esa pequeña charla entendí porque la frase de la grifo. Adicionalmente el pegaso mencionó que sólo pocos ponies en Fillydelphia podían pagar un servicio tan exclusivo y que Crystal y yo no sobreviviríamos estando separados; ella trató de convencer al pony para ayudarnos, pero él mencionó que ya había trabajado con él un par de veces y que lo último que quería era tenerlo sobre su crin.


Tratando de hacer un poco más corto el viaje cada quién contó una pequeña historia. Crystal inició hablando sobre su viajé desde New pegasus hasta aquí; por mi parte hablé sobre mi razón para ir hasta ciudad amistad, excluyendo las partes comprometedoras, y expliqué brevemente lo ocurrido en los últimos días; por último, el pegaso habló sobre uno de sus trabajos como mercenario, en el que debió recuperar un arma de la preguerra de una vieja fábrica para un cliente desconocido.

-Levanta tus casco delanteros así- Dijo Crystal mientras encendía su cuerno. Haciendo caso a la unicornio me senté y levanté las patas como me indicó mientras ella iluminaba su cuerno; una capa de magia rodeo mis cascos mientras ella ponía su cuerno entre ellos. La sensación resultaba muy rara pero también agradable, como si alguien me hiciera cosquillas. -¿Dónde está esos stealtbucks?-

-Están en la bodega al sur de aquí, trae tantos como puedas. Ahí también guardan las cosas que les quitan a los esclavos.-

Habíamos acordado el plan poco antes de llegar a la ciudad. Debíamos ser rápidos y precisos para escapar antes de ser marcados o vendidos al mejor postor, también debíamos evitar que alguien más viera ese contrato; no solo evitaría más individuos indeseables, también nos permitiría conservar un bajo perfil hasta encontrar a quien dio la orden.

El seguro de la puerta sonó como si alguien fuera entrar, y al notarlo supimos que era momento de trabajar. Crystal suspiró y se volvió invisible con un destello, aun me parecía impresionante que ella pudiera hacer eso, fue más interesante notar como su pelaje se seccionaba como si fueran escamas. Por nuestra parte, empezamos a despertar a los ponies, quienes serían una gran fachada para ocultar los pasos de la unicornio.

-Hora de salir, inútiles- gritó la grifo al abrir de un portazo; empezamos a caminar hacia la salida junto a los demás ponies, pero al estar en la puerta la grifo nos detuvo extendiendo su garra. -Ustedes se quedan aquí. Tengo pensado algo especial para los dos-

Nos miramos entre si cuando la grifo cerró y trancó la puerta. La base del plan acababa de joderse; según el pegaso el protocolo estándar era poner a los ponies en jaulas y clasificarlos para la venta, pero no esperábamos que nos separaran del grupo.

-¿Y ahora qué?- susurró Crystal desde fuera del vagón.

-Todo sigue igual, pero ahora debes buscar algo para forzar la cerradura.-

-De acuerdo... Por cierto, evita juntar tus cascos delanteros.-

-Bien... lo que digas. Ten cuidado... por favor.-

Los pasos de la unicornio poco a poco se atenuaron mientras ella se alejaba del vagón, traté de seguir el polvo que levantaban sus pisadas, pero el estrechó agujero me hizo perderla rápidamente.

-¿Qué pasa entre ustedes dos?-

-¿A qué te refieres?- respondí mientras me movía hasta otro de los agujeros.

-No seas inocente. Como dije antes, ningún pony entra en un vagón de esclavos por voluntad. Ella debe tramar algo- Fulminé al pegaso con la mirada, pero pasados unos segundos pensé mejor en lo que dijo -Piensa en esto. ¿Por qué no huir cuando estábamos en el paso? Aun con la excusa de Striker, ella no sabía de su reputación hasta ahora. De seguro ya debe estar en la puerta rumbo a Celestia sabe dónde.-

-¡Te equivocas!- Golpeé el suelo con mis casco delantero haciendo estremecer el vagón. El pegaso simplemente levantó sus hombros y se recostó cerca de una ventana.

Aunque no podía estar de acuerdo, tenía que admitir que él tenía un buen punto para hacerme dudar. Crystal simplemente podía trotar a la puerta y dejarnos a nuestra suerte, tenía mi mochila con cosas útiles como el hacha, mis libros y un par de recetas, además del Punisher y lo que sacara de la bodega. Dejando de lado al grifo, ella realmente no tenía razones para seguirme. Por el otro casco estaba aquélla promesa, aunque no se puede confiar en la palabra de nadie en los yermos, algo en ella era diferente, y el que quisiera devolver "mi garantía" era algo que me daba mucha seguridad, pero... ¿y si estoy siendo demasiado confiado?

Giré para volver a ver por los agujeros, pero un inesperado tirón en mi pata me detuvo de golpe. Miré mis cascos para ver si me había enredado con algo, pero no había nada cerca de ellos y tampoco parecía haber nada malo. Por curiosidad levanté uno por uno, nada parecía estar fuera de lugar hasta que lo intenté con el casco que golpeé el suelo; el cual estaba pegado al metal, como si un tipo de fuerza lo mantuviera en su posición.

Caí sentado luego de forcejear un poco y liberar mi casco, lo miré fijamente pero no vi nada raro; luego miré al suelo, pero no había nada más la marca de mi herradura estampada en el metal.

Evita juntar tus cascos delanteros. Susurró la voz de la unicornio en mi cabeza. Impulsado por la curiosidad ignoré la advertencia y empecé a juntar mis cascos delanteros con cautela, los cuales al estar lo suficientemente cerca se atrajeron entre sí y quedaron fuertemente unidos.

-Valla que eres bueno siguiendo órdenes-

Sin siquiera mirar al pegaso intenté separar mis cascos. Esta vez la unión era mucho más fuerte que hace un momento y por más fuerza que hacía, estos no lograban separarse; incluso intenté usar una de mis patas traseras para romper el agarre, pero solo logré que esta también quedara pegada.

Di una mirada al pegaso esperando un poco de ayuda, pero él se mantuvo indiferente. Aunque tenía una expresión seria en su rostro, podía sentir como él se cagaba de la risa por mi situación.

-Maldito impulso de idiotez- Murmuré mientras me arrastraba hasta una de las ventanas para descansar un poco. Tanto el calor sofocante en el vagón y la luz del sol que se colaba por la escotilla calentaba el suelo de metal y drenaban la poca energía que me quedaba.

Intenta cocinarme si quieres, solo harás que mi ira hierva con más fuerza.


Casi me quedé dormido cuando escuché un fuerte grito. Me levanté de inmediato y salté a uno de los agujeros para ver qué pasaba, mi mente se detuvo al ver como una pony salmón que corría en medio del campo era rodeada por un grupo de grifos y ponies antes de ser golpeada por ellos. El cansancio desapareció y una ira ciega tomó su lugar. Rápidamente busqué la ventana que estaba floja y sin pensarlo demasiado cargué contra ella.

-¡¿Qué pasa ahí?!- gritó alguien.

Cargué nuevamente contra la ventana, separando las placas de metal y astillando las vigas de madera. Varias sombras se ubicaron del otro lado y presionaron las placas; escuche un fuerte gruñido cuando cagué por última vez, pero tratando de causar un daño más puntual empecé a lanzar varias patadas a un costado de la ventana.

-¡DETENGANLO!-

La ráfaga de patadas logró tirar una de las vigas, pero cuando traté de soltar otro ataque, un piquete en mi espalda hizo que mis patas se entumecieran; aun con la sensación de parálisis empezando a adormecer mi cuerpo pude dar otro par de patadas y dar una mirada llena de furia a la grifo que me disparó desde la escotilla.

La grifo del rifle entró en el vagón dando un portazo, y sin siquiera mediar palabra me dio un culatazo en el costado, derribándome. Con una notoria ira ella golpeó mi hombro con su rifle, provocando que algo crujiera por el impacto y generando un enorme pico de dolor.

-Tenía en mente retenerte aquí hasta poder negociar con ese bastardo. Pero dadas las circunstancias...- Ella me tomó por la melena y me sacó a rastras fuera del vagón; tal vez por estar adormecido no sentía mucho dolor, pero antes de darme cuenta fue arrojado al interior de un carruaje.

Pasados unos segundos aquel pegaso entró caminando sin ofrecer ningún tipo de resistencia, sorprendiendo tanto a mí como a la grifo que lo trajo. Por último, aquélla yegua fue lanzada a dentro; ella cayó con un golpe seco y se mantuvo en el suelo totalmente inmóvil.

-Veo que conoces a esta yegua. Te alegrará saber que compartirán el mismo campamento en Everfree- dijo la grifo del lanzagranadas dándonos una siniestra sonrisa. -Espero que los tres disfruten su estancia-

Justo cuando la grifo cerró la puerta me arrastré hasta la pony y torpemente me puse de pie; sus costados tenían un par de cortadas y varios moretones cubrían sus patas, pero para mi sorpresa no se trataba de Crystal. El color de la yegua era muy similar al de la unicornio, pero su crin era de un azul muy claro y para colmo era una pony terrestre. A pesar de no tratarse de mi amiga, la sacudí un poco para ver como estaba, y me alegré al oír que ella respondía con un muy leve gruñido.

-No tardaste mucho en meter la pata. Que bueno que tu amiga se anticipó.- digo el pegaso mientras se levantaba. Él miró a ambos lados y fue hasta el frente del carruaje con cierta cautela antes de mover sus alas; poco a poco una poción curativa se asomó desde su ala derecha mientras el pegaso se sacudía, deteniéndose cada tanto para revisar que nadie se acercara.

Sin pensarlo mucho tomé la poción antes de que cayera y la puse en la boca de la pony para que la bebiera; tan pronto como el líquido empezó a fluir un leve brillo cubrió sus heridas, cerrándolas. Mientras tanto, más cosas cayeron desde las alas del pegaso. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al ver como unas semillas y unas cuantas hojas reposaban en el suelo, alegremente estiré mi pata para levantarlas, pero rápidamente la retraje al ver que un par de jeringas golpearon el suelo.


Luego de fabricar un poco de pasta para aplicarla a las patas de la pony y convencer al pegaso de que no necesitaba otro antídoto, me acerqué a una de las ventanas para ver al exterior. El panorama no era nada alentador, había muchas jaulas de alambre de púas llenas de ponies y rodeadas por una silueta de sangre seca, también había un modesto grupo de ponies y grifos merodeando por el campamento; todos ellos tenían una coraza de cuero negra con un curioso casco y la mayoría portaban armas largas; como rifles de asalto o escopetas.

Tal como mencionó el pegaso, el lugar parecía estar organizado, frente a las jaulas había un pequeño grupo de tiendas además de otro par de carruajes. Supuse que estas eran para los guardias, ya que a la izquierda de estas y a una distancia considerable había dos casas de madera, las cuales parecían estar restauradas, además de tener costales de arena frente a ellas a modo de muralla y guardias custodiándola.

-¿Dónde estás...? -

Sintiéndome algo desolado me alejé de la ventana y me recosté contra la pared. Podría intentar derribar la puerta de nuevo, viendo la delgada lámina que la conformaba y el endeble marco a su alrededor no tendría problemas esta vez, pero habiendo tantos guardias y estando totalmente desarmado no tendría mucha probabilidad de éxito, además el patear la puerta no pasaría desapercibido, y teniendo en cuenta lo que paso hace no mucho, no sería extraño que alguien nos estuviera vigilando.

Sin más ideas en mi cabeza decidí juntar mis cascos delanteros. Tal como esperaba estos se quedaron pegados firmemente, por lo que empecé a forcejear un poco para tratar de separarlos, aunque de una manera menos frenética esta vez. Sabía que esto era obra de Crystal, pero no entendía la razón, en todo caso lo mejor era tratar de saber cómo funciona.

Juguetee un rato con mis cascos hasta que la puerta se abrió y un nuevo par de ponies entraron al carruaje. Al igual que los ponies que había en el vagón, ellos no mostraban emoción o interés en nada de los que los rodeaba, como si su espíritu hubiera sido destruido por el cautiverio, además su color natural era muy opaco, como si la magia en su interior ya no tuviera fuerza.

-¡Empacado y listo!- gritó alguien en algún lugar y nos empezamos a mover lentamente hasta alinearnos en dirección a la puerta antes de empezar a tomar velocidad. Di una mirada al pegaso quien tenía con clara una expresión de "te lo dije" en su rostro.

-Por poco no los encuentro. ¿Ahora qué hiciste? - Susurró una familiar voz de una de las ventanas. Al toquetear la base de la ventana de la que provino su voz me topé con una de sus patas delanteras y la abracé para evitar que se cayera por la velocidad del carruaje. - Di algo, torpe. No podemos estar así mucho tiempo.-

-Campamento en Everfree.- Ella golpeó dos veces la pared metálica y lanzó una roca transparente por la ventana con una hoja pegada. Asentí y aflojé mi agarre de a poco para que ella bajara a salvo; de un momento para otro dejé de sentir su pata y vi como una ligera nube de polvo se levantaba, dejando ver fugazmente la silueta de una unicornio.

No pudiendo hacer más que esperar que ella pudiera encontrarnos, volví al centro del carruaje y tomé lo que arrojó Crystal, que resultó ser el contrato de Striker. Sin dudarlo se lo di al pegaso para que lo revisará, quien tuvo una expresión cada vez más incrédula mientras veía el documento. Por mi parte, me quedé con la roca y empecé a revisarla; esta no más grande que mi casco, sus bordes estaban pulidos y su color era un rosa fuerte, similar al escudo de anoche.


Recorrimos un largo trecho antes de empezar a detenernos. La puerta de carruaje se abrió y dos ponies entraron; se veían exhaustos y tenían algunos golpes de látigo en sus espaldas. Con un extraño chillido los dos ponies que habían entrado en el campamento se pusieron de pie y caminaron a la puerta. No podía entender lo que estaba pasando, estos ponies respondían solo a los silbidos de las grifo y parecían no estar conscientes ni de su entorno, ni de su estado físico.

-¿Do- dónde estoy?- dijo de repente la pony lavanda.

Al ver que los ponies recién llegados se recostaban a su lado, ella se puso de pie y corrió a la puerta que aún estaba abierta, pero cuando ella estuvo a punto de salir la grifo la tomó por la crin y, con un golpe en el vientre y una mirada de odio, la arrojó hacia adentro del carruaje.

-Tu turno llegará pronto escapista-

La yegua se levantó nuevamente y corrió hacia la puerta, pero fue detenida de un portazo en la cara. La grifo la miró detenidamente por una de las ventanas mientras se movía al frente con una sonrisa de satisfacción. La fulminé al cruzar nuestras miradas a lo cual ella respondió con indiferencia, al ver al pegaso noté que él hacía lo mismo; podía sentir su frustración por lo que acababa de pasar, pero seguíamos estando en desventaja como para responder.

Una vez el vagón se puso de nuevo en marcha nos acercarnos a la yegua. Ella estaba sentada frente a la puerta, las lágrimas recorrían su rostro y su nariz estaba roja por el golpe. Acerqué mi casco a su hombro, pero ella rápidamente lo desvió con su pata y se alejó bruscamente.

-¿Estas bien?-

-Aléjate de mí, escoria. ¿Tu pandilla no tuvo suficiente con secuestrame y venderme como esclava?-

-Cuida tus palabras, yegua estúpida. De no ser por el alboroto que hizo éste imbécil probablemente estarías como ellos- dijo el pegaso señalando a los recién llegados, quienes estaban mirando hacia la nada. -Somos Orange Clock y Rust Armor, y de estar con ellos yo no tendría puesta esta cosa y el no tendría vendado el hombro-

La yegua agitó su cabeza y caminó un poco antes de sentarse en el suelo con sus cascos delanteros sobre su cabeza. Ella no parecía entender lo que pasaba, aunque sinceramente yo tampoco podía. -No. Me niego a aceptarlo. Como ciudadana tengo derechos y...-

-¡Cállate! Esos derechos acabaron cuando pagaron por ti- gritó el pegaso -No puedes exigir algo que sólo existe para los privilegiados que viven tras las murallas de la capital. Sobre todo cuando algunos de ellos financian este negocio-

La yegua se alejó aún más y se sentó en una esquina del vagón. Miré a Orange con seriedad unos segundos antes de acercarme a ella. Aunque no me agrado su actitud, él tenía un muy buen punto. Odiaba admitirlo, pero el yermo había sido muy amable hasta anoche, aun así supe desde el principio que no tenía nada garantizado.

La yegua estaba sentada mirando hacia la pared, nuevamente las lágrimas recorrían su rostro. Me senté cerca de ella e intenté hablarle, más no se me ocurría nada adecuado para decir, quería saber sobre esos derechos del ciudadano, pero no me parecía buena idea empezar por ahí.

-Armor, ven aquí- dijo Orange llamando mi atención; el contrato estaba en su casco por lo que un poco a regañadientes dejé sola a la yegua y me acerqué -Ya sé quién dio la orden. ¿Qué demonios hiciste para que cabrearla tanto?-

-¿De quién se trata?-

Él señaló un símbolo en la parte de abajo del contrato, era como una estrella de 5 puntas envuelta en llamas. -La última vez que vi esto fue en el contrato de mi última misión con Striker. Ella no se anda con rodeos muchacho, si eliminas al grifo ella solo enviará a otro mercenario y lo hará hasta que tenga tu cabeza en su escritorio-

Tragué saliva por la conclusión del pegaso. El eliminar a Striker no había cruzado mi mente hasta el momento, aun así no estaba en condiciones para hacerlo; sin una buena armadura o armas decentes mis posibilidades eran muy bajas, y aunque lo logrará, solo empeoraría mi situación.

-¿Y si me encargo de ella?-

-Tantas dosis de veneno te deben estar afectando. Literalmente te cocinará vivo si te acercas a su edificio... si es que llegas tan lejos-

-¿Dónde está?-

-Está en Fillydelphia como te dije, pero eso no te servirá de nada a donde vamos. ¿Dónde estamos por cierto?-

Sintiendo la misma curiosidad del pegaso revisé el Pipbuck para acceder al mapa. Suspiré al ver que aún había una gran distancia entre nosotros y el bosque, por lo que con desconsuelo mostré la imagen al pegaso, quien relinchó con frustración.

-¿Ese es uno de esos tales Pipbucks verdad?- Dijo la pony terrestre con cierta emoción mientras se acercaba con cautela. Su inesperado cambió de actitud nos confundió un poco, pero tratando de ganar algo de confianza asentí a su pregunta. -¿Te molesta si pongo la radio?-

-No, no... Adelante- ¿tengo una radio?

La pony sonrió y toqueteó los botones del Pipbuck; una alegre música empezó a surgir desde el aparato llenando el carruaje con su melodía e inundando mi espíritu con una sensación de felicidad. De igual manera, el pegaso y la pony parecieron relajarse un poco, pasados unos segundos algo empezó a golpear el techo del vagón siguiendo el ritmo de la canción.

Saludos mis pequeños ponies, les habla Dj-pon3... es hora de las noticias. Las conversaciones entre la RNC y Fillydelphia oriental se han estancado por el momento, los empresarios se niegan a ceder ante le presión de la república y han movido algunas tropas cerca del muro, aunque por ahora no se han dado enfrentamientos.

En mi humilde opinión, pienso que ya es hora de que llegue la paz a la ciudad o al menos que se dejen de lado las viejas costumbres.

Por el otro casco, se ha esparcido el rumor de que muy al sur de New Apleeloosa una caravana fue atacada por un tipo de súper ghout o algo similar. Una unicornio azul afirma ser la única sobreviviente del ataque y dice que la criatura arrancó su pata delantera de una mordida. Cuidado mis pequeños ponies, últimamente han aparecido cosas muy extrañas por todas partes.

Esas son todas las noticias por el momento, ahora vamos a alegrar un poco el día con música nueva. Un agradecimiento especial a los carroñeros que trajeron ésta tonada, gracias a ellos podremos disfrutar de los ponytones, una de esas joyas perdidas de la preguerra.

La ronca voz del dj dejo el micrófono para dar paso a un ligero silbido, seguido de la voz de 4 ponies. La combinación de voces era muy curiosa, los tonos graves y los agudos se sincronizaban y mezclaban a lo largo de la pieza, haciéndola muy agradable para todos… salvo los ponies sin color, quienes gruñían cada vez que se oía una voz aguda.


-¡Hora de cambiar, basuras!- Gritó una de las grifo cuando el vagón se detuvo. Apagué la radio y esperé a que la puerta se abriera; hasta el momento ellas no parecieron tener problema con la música, incluso, por los golpeteos en la pared del carruaje, parecía que la disfrutaban, pero teniendo en cuenta mis antecedentes preferí evitar cualquier problema.

Con un silbatazo los ponies de hace un momento entraron en el carruaje y se recostaron a lado de los otros; ellos estaban cubiertos en sudor y algunos moretones, pero seguían sin demostrar señal de vida. La grifo levantó su garra y nos señaló a la pony y a mí, su extraña decisión nos sorprendo un poco a todos, pero teniendo en cuenta que todos, salvo Orange, éramos ponies terrestres y el extraño arnés que él tenía puesto podrían ser la causa.

La yegua y yo salimos del carruaje y caminamos frente a él, era evidente que ella tampoco estaba de acuerdo con esto, de hecho, ella debía odiarlo más que yo. Por fortuna desde que encendimos la radio pudimos hablar un poco con ella y, con algo de trabajo, Orange la convenció de que la mejor idea era seguir la corriente.

La idea de tirar de un carruaje de esclavos no me agradaba en absoluto, era como si estuviera cavando mi propia tumba, pero era lo mejor que podía hacer hasta llegar al bosque. No solo para tener un lugar para planear mejor nuestros movimientos, también debía dejar algo para que Crystal nos encontrará si lográbamos escapar.

Nada más ver el atalaje entendí porque no sacaron al pegaso para que tirara. El aparato era muy rudimentario; el cuero estaba notablemente desgastado y el óxido cubría buena parte de las zonas metálicas. El carruaje no estaba mejor, la mayoría de su carcaza estaba cubierta de óxido y algunos de los radios de sus ruedas estaban rotos o corroídos, curiosamente toda esta decadencia no se veía en el interior; lo único en condiciones decentes, eran la silla del conductor y un gran número 2 pintado al lado.

Las otras dos grifo bajaron a nuestro lado y nos colocaron el pesado arnés, un escalofrió recorrió mi cuerpo cuando el sudor caliente en la correa tocó mi abdomen y antes de darme cuenta, una de las grifo me puso un tipo de visera, la cual tenía unas aletas que solo me permitían ver hacia en adelante. Por último la grifo puso las riendas, estas estaban ligeramente oxidadas y la correa tenía algunas grietas, mantuve una seria expresión mientras la grifo las colocaba; ella no pareció notarlo y caminó hacía el vagón.

-Listo para avanzar- gritó una de las grifo mientras me daba un golpe en el costado. Lleno de odio giré mi cabeza para ver dónde estaba, pero las riendas, junto a las cosas a los lados de mis ojos me impidieron ver cuál de ellas había sido.

-Subamos todas. Quiero probar su fuerza... ¡ARRE!-

Las riendas se agitaron en el aire y golpearon con fuerza mis flancos. Ignorando el dolor empecé a tirar con toda mi fuerza; el carruaje se movió ligeramente antes de halarnos hacia atrás, negándose a avanzar.

Vamos Rust. Esto no es más que un arado gigante.

-Dije ¡ARRE!- Un segundo azote golpeó mis costados y miré a donde estaba la yegua, ella también estaba haciendo un gran esfuerzo para tratar de movernos. Respiré profundo, cerré mis ojos y puse mis cascos en el suelo firmemente para tratar de hacer avanzar el aparato, pero este aun rehusaba.

-¿Por qué no se mueve?- Dijo la yegua quejándose. Me pregunté como aquellos ponies no tardaron mucho en mover éste aparato, el carruaje parecía querer avanzar, pero algo lo mantenía quieto como si estuviera pegado al suelo.

-Deja de putearlos y suelta el freno. Hay que llegar antes de que anochezca-

Un sonido similar al de un martillo golpeando el metal surgió detrás nuestro y el carruaje se movió repentinamente, tirándonos al suelo. Un nuevo golpe de las riendas me obligó a ponerme en pie, pero antes de hacer cualquier esfuerzo miré a la yegua para saber cómo estaba; ella se había incorporado y también trataba de mirarme, de alguna manera nuestras miradas se cruzaron y asentimos para empezar a halar; esta vez el carruaje comenzó a moverse suavemente, como si no pesara nada, incluso resultaba más fácil de mover que los arados en la granja.

Mientras avanzábamos giré levemente la cabeza para ver a mi alrededor, por alguna extraña razón y a pesar de tal vez estar cavando mi tumba, estaba feliz por salir del monótono amarillo del desierto. Era maravilloso ver tantos árboles con hojas vivas y la gran cantidad de parches de césped por todas partes; incluso la montaña donde alguna vez estuvo Canterlot estaba cubierta con algunos parches de césped rosa.

Un tirón de las riendas hizo que mi vista estuviera fija en frente y a regaña dientes me obligué a mirar hacia adelante, sin embargo, todavía tenía un gran panorama; hasta el momento no me había tomado el tiempo de admirar mi entorno, sólo había discutido con Orange y la yegua sobre qué hacer en el campamento, disfrutando de la música o jugueteando con mis cascos.

-Esa perra del clima nos quiere poner las cosas difíciles- dijo una de las grifo. De repente el suelo se obscureció poco antes de que una pesada gota de agua golpeara mi lomo y empezara a llover fuertemente.

¿No tienes algo mejor? Una simple llovizna no hará que me detenga.


-Es nuestro turno hermanas- gritó la grifo del lanza granadas luego de arrojarnos al interior del carruaje.

Estaba totalmente agotado y me costaba respirar un poco. Tanto la lluvia como la posterior granizada fueron inclementes con nosotros. Las pesadas gotas y los trozos de hielo nos golpeaban incesantemente, además de humedecer las riendas, haciéndolas más pesadas y difíciles de mover. La lluvia también formó charcos de lodo en el suelo, el cual se pegaba a las ruedas y a nuestras patas dificultando el avance; pero aun con todo en contra pudimos llegar hasta la frontera del bosque.

-Nuestro plan se acaba de ir a la mierda- dijo Orange mientras ayudaba a levantarnos. Me acerqué a una ventana para ver al exterior y tomar un poco de aire, el cual resultó ser más fresco de lo que esperaba.

El suelo se estaba alejando y sobre el vagón podía ver las alas de dos de las grifo agitándose con fuerza. El carruaje avanzó rápidamente por el aire y tan rápido como tomó altura este comenzó a descender. El vagón se sacudió bruscamente al aterrizar tirándonos al suelo; intenté levantarme pero estaba demasiado cansado para levantarme.

Esto se había complicado más de lo que planeado, nuestra idea original era escapar del vagón y ocultarnos en medio del bosque para perder a las grifo; después de eso usaríamos los mapas para orientarnos y salir, pero nadie esperaba que cruzaríamos por encima del bosque.

La puerta del carruaje se abrió y un gran pony vestido con una desgastada bata y unas máscaras de gas se paró en la entrada. Él miró a cada pony y de alguna manera emitió un silbido, a lo que los otros pones sin color respondieron saliendo del carruaje.

-Estos tres aun están consientes, ¿Por qué trajeron a un pegaso? Sus patrones saben que solo pido ponies terrestres - dijo él calmadamente.

-Nos dijeron que los trajéramos aquí. Solo seguimos la orden-

-Arreglaré eso después. En fin, llévenlos a las jaulas, la cámara de acondicionamiento está cerrada y ya se cumplió la cuota de hoy-

El pony rasco su nuca y salió dando paso a las grifo, cada quien seleccionó a uno de nosotros y nos llevaron hasta unas grandes jaulas llenas de ponies. Cada quien fue puesto en una en una de ellas, pero por suerte el alambre de púas permitía vernos entre sí y ver al exterior.

Estábamos en un claro en el bosque, frente a las nosotros había una cabaña más o menos grande con una especie de altavoz y una chimenea en el techo; a la izquierda estaba la carroza que nos trajo hasta aquí y a la derecha había una puerta con un tejado inclinado, tal vez para un túnel o algo por el estilo.

El extraño pony se paseó en frente de las jaulas como si nos detallará; me sentí realmente incomodo cuando él se paró frente a mi jaula viéndome directamente a los ojos a través de los lentes de su máscara.

-¿Algún problema con ellos señor?-

-No, no. Solo pienso en lo dulce que será arrebatar la luz a estos ponies. Presiento que será un reto... Sobre todo éste de aquí. -dijo él señalándome con su casco -También será interesantes convertir a aquél en un pony terrestre. Salvo por las cicatrices, nadie notará la diferencia-

Rust Armor: Level up

Nuevo beneficio: Rivalidad amistosa – El tener compañía en tu viaje te hace exigirte un poco más. Por cada compañero o acompañante que tengas en tu equipo recibirás una bonificación en una de tus habilidades destacadas. Esta bonificación alcanzará un valor de +10 al tener el máximo de confianza con tu compañero.


NOTA DEL AUTOR: Como ya es contumbre ando publicando el último viernes del mes (por fin a tiempo, aunque más tarde de lo esperado) En éste capítulo aumenté un poco la velocidad de la historia, mi idea es que el ritmo sea así siempre y cuando el lugar donde ocurre todo no amerite más de un capítulo. por cierto, por fin tenemos portada, algo simple por ahora pero es mejor que el pajaro raro de la foto de perfil.