(Omar Lara)-Toque de Queda: -Quédate, le dije. Y la toqué.


Capítulo 3: "Te encontré, pero..."

Flash Back:

Finalmente, Terry se quedó con la ropa que le prestara Antonio.

Su padre le contaría de su abuelo en el transcurso del viaje y en el tiempo que transcurrió para partir de Chile luego de salir de la casa Marlowe; su abuelo se llamaba Charles, y era el actual Duque de Grandchester. Richard era el sucesor y le habían entrenado para ello desde una edad temprana. Sin embargo, le bastó un viaje de negocios a Estados Unidos cuando joven para enamorarse de una americana llamada Eleanor (Elly). El abuelo Charles se opuso, no por mera alevosía (de hecho, Elly le parecía encantadora y una verdadera dama), sino porque Richard era heredero al ducado, por lo que debía casarse con una joven de la misma posición; además, el era su único heredero. Richard finalmente declaró que en ese caso se casaría con Eleanor y que renunciaba al ducado. Charles intentó oponerse, mas la abuela Lucía le detuvo:

-Déjalo Charles, es su vida- le dijo con voz suave.

-Yo lo sé, y de corazón no quisiera oponerme, pero es que...- ella le detuvo.

-Tu también fuiste joven, ¿o acaso ya olvidaste que amenazaste a tu padre con raptarme e irnos lejos, sino permitía que nos casáramos?- suspiró derrotado- Yo sé que el ducado es un tema que tendremos que resolver, pero tranquilo. Lo que tenga que venir, vendrá. Y ya habrá tiempo de ponerle la cara.

Así, Richard partió a América para llevar una vida con Eleanor, perdiendo mucha conexión con su padre. De ahí ya se habían visto muy pocas veces, y menos luego de la partida a Chile. Pero el abuelo Charles siempre estuvo al pendiente, y cuando supo la mala situación que estaba pasando la familia de su hijo, logró que Richard venciera su orgullo y aceptara su ayuda; harían una pequeña escala de un mes en Estados Unidos, luego partirían a Inglaterra, donde Terry podría realizar sus estudios de Derecho, conocer a sus abuelos y sus padres pasarían a ser los duques de Grandchester, pues al tener Richard un hijo, el Parlamento consintió en que Eleanor fuera la duquesa como legítima esposa del futuro Duque, con la promesa de que su hijo Terrence le sucediera. Por supuesto, este aceptó.

No guardaba rencor ni a su padre ni a su abuelo. La vida era demasiado corta y frágil para perder el tiempo con esas tonterías.

En el breve tiempo que estuvo en Estados Unidos devuelta, conoció de casualidad mientras paseaba un día a Annie, quien vivía cerca del apartamento temporal de Terry. A este le costó un poco abrirse con ella, pero le contó someramente acerca de la situación en Chile, y no mencionó ni por error lo que le pasó. Ella no podía creer lo que le contaba:

-Todo eso que me cuentas parece tan...-buscaba una palabra.

-Irreal, confuso, de cuento de terror- suspiró- pero es la realidad, y quien sabe cuánto mas dure.

-Es muy injusto. Una horrible dictadura...debe haber una forma de acabar con eso.

-Cierto, pero solo el pueblo unido podría lograr sacarlo del poder, por revolución o plebiscito. Y solo los dioses saben cuándo eso ocurrirá.

El se alegró bastante cuando supo que ella también iría a Inglaterra; se había tomado ese año para pensar lo que haría al terminar la escuela, y siguiendo el ejemplo de su amigo, decidió que estudiaría Derecho, aunque ya le llamaba la atención esa carrera. Ahora habían ido ella y sus padres a visitar a los abuelos de esta, luego volverían a Inglaterra en Enero, pasarían una temporada en Escocia y ella ingresaría a la Universidad.

Prometieron estar en contacto durante ese tiempo.

Ya en el viejo continente, a Terry le llamaba mucho la atención la historia de Inglaterra, y así aprovechó de convivir con sus abuelos. El abuelo Charles le amaestraba como futuro duque mientras visitaban museos, leían viejos libros de historia, acerca de sus antepasados, etc. Richard probó estar bastante preparado para coger el cargo, mas la que pasaba por ciertas dificultades era Elly, quien solo sabía la posición de los cubiertos a la mesa y caminar correctamente; su esposo y sus suegros le tuvieron paciencia y le enseñaron todo lo necesario para ser la futura duquesa, ella aprendía bastante rápido por suerte. Pero lo que mas disfrutaban los tres era cabalgar.

También enseñaron a Terry algo de esgrima y puntería; tenía un don natural.

Ahí, Terry conoció por primera vez el consentimiento de una abuela; como no estaba acostumbrado a un clima tan frío, la abuela Lucía siempre le estaba tejiendo alguna prenda, ya fuera guantes, bufanda o calcetines para dormir. Siempre tenía dulces escondidos y a veces le daba algunos antes de comer; volvía a sentirse como un niño. Solían platicar muchas horas también.

Annie y Terry seguían en contacto por sus cartas, y el le contó que le llevarían a conocer la Villa de su familia en Escocia. Annie le contestó que ellos también pensaban ir allá, y acordaron verse.

Terry llegó a Escocia antes, y no salía mucho de los alrededores, siempre cabalgaba cerca, además que estaban en invierno. Sus padres y abuelos aprovechaban de descansar. Cuando Annie llegó, se juntaban a platicar y estudiar, el le contaba todo lo que aprendió cuando estudiaba Derecho en Latinoamérica. Pensaban postular a la Universidad de Londres. Annie se lo recomendó, también porque ahí iban a postular y estudiaban sus amigos de la familia Andrey.

Annie a través de una carta de su amiga Candy se enteró que los Andrey pasarían una temporada en Escocia. Aprovechó para presentar a Terry ante sus amigos; el aceptó a regañadientes. Iban en el auto del chófer de los Britter.

-Les agradarás, no estés nervioso.

-Espero llevarme bien con ellos.

-Son muy buenas personas, y tu también. Eso basta para ellos.

-¿Quiénes son?

-Albert es el mayor con 21 años, estudia Finanzas en la Universidad de Londres y es el futuro patriarca de la familia; Stear es sobrino de Albert y tiene 19 años, estudia Ciencias ahí mismo ya que le encanta inventar cosas; Archie tiene tu edad y es el hermano de Stear, va a seguir los pasos de Albert este año; y Candy, mi mejor amiga, es la hermanita de Albert y pronto cumplirá 18 años como yo, piensa estudiar Enfermería. Así que tu y yo seremos los únicos humanistas en el grupo- terminó con humor. El asintió en silencio.

Y ciertamente no era tan difícil llevarse bien con ellos, eran personas sencillas y agradables. Terry no les contó que era hijo del próximo Duque de Grandchester pues no quería que eso les predispusiera para ser tratado de cierta forma, así que dijo que su apellido era Graham.

Lo único que pensaban los muchachos, es que Terry era muy callado a veces, o parecía estar su mente en otra parte, muy lejos de Escocia.

Terry les contó con varios detalles la situación política de Chile, y se sorprendió al descubrir que Europa estaba mas al tanto de lo que ahí ocurría que los civiles del mismo país. Transmitían los cuerpos que flotaban en el asqueroso río Mapocho, cosa que se negaba en Chile; también recibían a muchos inmigrantes chilenos. Por supuesto, nunca les contó todo.

Su relación con Candy fue algo lento. Siempre le pareció una chica muy bonita e inteligente, además de una gran persona...pero sentía que traicionaba la memoria de Susana al pensar en otra chica. Le tomó algún tiempo comprender que no era así. En realidad, Candy se declaró primero, y no se le hizo fácil. El le dijo que "si" de inmediato, pero hasta hoy no dejaba el pasado completamente atrás.

Por supuesto, estudiaron después todos juntos en la misma Universidad, por lo que eran grandes amigos; mas tarde se sumó Patty, estudiante de Historia, quien se casaría con Stear.


01 de Septiembre, 2003. Dos días antes de encontrarse con Tolquemada y de que Terry le sacara la porquería. Santiago de Chile.

Terry leía algunos viejos expedientes en su oficina temporal, aunque no estaba del todo concentrado, pues recordaba. Había vuelto a Chile solo por temas de trabajo y durante un mes. En sí vivía en Chicago y pertenecía a un bufete de abogados, dedicándose a temas civiles, mas su especialidad eran los derechos humanos pues tenía una historia con ellos. Un día le comunicaron que debía ir a Chile para asesorar y ayudar en juicios a torturadores y para aplicar justicia. En parte eso, mas también lo enviaban a el y unos cuantos mas para estrechar vínculos legales entre Estados Unidos y el ya mencionado país. Además, era un secreto a voces que el había vivido varios años en Santiago, por lo que conocía mas o menos bien las leyes del país.

Se rehusó lo mas que pudo, pero sabía que también debía exorcizar los viejos demonios y enfrentar el pasado. Justamente, su esposa estaba de vacaciones por dos meses del hospital donde trabajaba como enfermera, así que se ofreció a acompañarlo. Annie, la amiga de su esposa y excelente abogada civil y penal también fue enviada allá y la acompañó Archie, su esposo, un gran financiero. Todos ellos conocían a grandes rasgos la Dictadura Militar de Augusto Pinochet en Chile, pues Terry, al volver a Estados Unidos y posteriormente conocerlos, no se quedó callado y les contó mucho de lo que vio. Aún así, no les había relatado ni la mitad de lo que sabía y había vivido.

-¿Se puede?- preguntó la voz de Annie luego de tocar la puerta.

-Adelante- fingiendo concentración. Ella entró con unos papeles en su mano.

-Mira- se los extendió para que los viera- Este tipo, Ricardo Tolquemada, está siendo acusado de ser un torturador durante la dictadura. Sin embargo, no hay pruebas mas allá que el testimonio de dos personas que recuerdan haberlo escuchado, o la de uno que otro ex-militar. El asegura ser inocente, pero como no estamos seguros, debes ir a interrogarle.

-Ya, claro- inspeccionando los papeles- me contactaré con el lo antes posible.

-Muy bien. Recuerda que esta noche nos reunimos a cenar los cuatro en el departamento mío y de Archie. No salgas tarde.

-Claro- sonrió- nos vemos después.

-Adiós- salió.

Terry suspiró e intentó calmarse. Cuando lo logró a medias, cogió el teléfono y marcó el número fijo de Tolquemada. Al tercer timbrazo, le contestó.

-¿Buenas?- voz ronca. Según los datos, contaba con 61 años. "Esa voz...¿dónde la he escuchado?".

-Eh, buenas tardes. Soy el abogado Terrence Graham, y debo interrogarle para asegurar su inocencia. ¿Cuándo podemos reunirnos?

-Estoy disponible pasado mañana, el 3 de Septiembre. ¿Le parece bien reunirse en la calle Compañía, frente al Liceo Javiera Carrera a las dos de la tarde?

-Claro, estaré puntual. ¿Le molesta si grabo la conversación?, lo lamento, pero es necesario.

-No hay problema, al contrario, así quedará confirmada mi inocencia.

-Eso yo no lo sé aún. En fin, hasta dentro de dos días.

-Bien.

La conversación se cortó mientras el seguía pensando en la voz de Tolquemada. No podía recordar donde la había escuchado.

Durante la cena entre amigos, anduvo algo distante y pensativo. Ellos lo notaron, pero prefirieron no atosigarle demasiado, ya le conocían bastante.

-¿Estás así por Tolquemada?- le cuestionó Annie mientras comían.

-Yo...eso creo.

-¿De qué hablan?- cuestionó Archie. Contaron brevemente de lo que trataba el asunto.

-¿En verdad será inocente?- reflexionó Candy.

-Pronto lo sabremos.

La velada transcurrió entre recuerdos y risas, hasta que llegó la hora en que Terry y Candy debían volver a su departamento temporal, el cual se encontraba en otro piso del mismo edificio.

-¿Estás bien?- le preguntó ella.

-Si, solo estoy algo cansado- se frotó la parte trasera del cuello.

-Mhmm, eso dices ahora, pero apenas apaguemos la luz, te pondrás a pensar otra vez- desapareció por la puerta del baño.

Y tenía razón. Mientras el la abrazaba por la espalda y con los ojos abiertos, comenzó a pensar. Ya era hora de que le contara a Candy de su pasado; ya era suficiente.

Pero decidió que lo haría después de su entrevista con Tolquemada.


03 de Septiembre, 2003. Día de la Entrevista. Santiago de Chile.

Eran las 13:45 y Terry ya estaba frente al emblemático liceo de niñas, calle Compañía. Estaba ansioso; quería que llegara, y a la vez que no lo hiciera. Pero lo primero era lo mejor. Tenía una grabadora convencional, pero también pondría la grabadora de su teléfono celular. Por si las moscas.

A las 14:00 llegó Tolquemada; era un hombre ya en tercera edad, delgado aunque ligeramente robusto, de piel blanca y altura elevada; de expresión dura, fría y algo torva

-Buenas tardes- saludó Ricardo Tolquemada.

-Bue...nas tardes- dijo Terry. Por alguna causa, el corazón le latía muy rápido y se sentía nervioso. ¿Qué me sucede? se preguntó Terry- mmm...¿le molesta si vamos a la plaza de Santa Ana para la entrevista?.

-Para nada. En un lugar público y a la vista es mejor.

Se dirigieron al lugar en silencio

Habían una especie de mesas y sillas echas de cemento pegadas al suelo. Se sentaron y Terry preparó la grabadora. Hacía algún rato que llevaba la grabadora de su celular también en funcionamiento.

-En 3, 2, 1...- accionó la grabadora convencional- Nombre completo

-Ricardo Ernesto Tolquemada Rublo.

-Su edad cuando se efectuó el golpe militar.

-31 años.

-Trabajo en aquella época.

-Oficinista- Tolquemada se removió un poco.

-¿No era parte de ninguna de las fuerzas armadas?

-No- sonrió por lo bajo.

-Algunos ex-militares aseguran haberlo visto participar en arrestos y torturas, e incluso que era uno de los superiores, por no mencionar el testimonio de un par de sobrevivientes a casas de tortura...

-¡Puros cuentos, yo nunca he tenido algo que ver con eso!- y rió...Terry empuñó las manos.

-¿Está seguro?- su tono de voz era algo extraño.

-No tengo razón para mentir- contestó con suficiencia.

-Entonces, ¿por qué algunos aseguran eso, tiene alguna idea?

-Solo quieren escapar de la justicia responsabilizando a otros- Terry suspiró y lo miró.

-Usted...usted cometió un error esa noche- hizo una pausa- me quitó la venda de los ojos...y estoy seguro que su voz era la misma. Te observé, y...tenías- se paró rápidamente y le descubrió una parte del cuello- este tatuaje de una calavera- volvió a sentarse- Esa noche...torturaste a una jovencita de 18 años llamada Susana Marlowe y, frente a mi la violaste, forzándome a escucharlo y verlo para que hablara. Pero nosotros hicimos un juramento de sangre. Ella lloró y sufrió tanto...gritó de dolor pero nada fue capaz de conmoverte. Y luego te la llevaste...la desapareciste para siempre- lo dijo en voz baja, llena de rencor.

Ricardo no dijo nada durante unos momentos, miraba la mesa en que tenía apoyadas las manos. Y habló.

-¿Y qué hiciste vos para salvarla? Solo te quedaste mirando, su muerte no es solo responsabilidad mía.

Terry quedó tan descolocado ante esa declaración, que durante un par de minutos no pudo reaccionar. Trataba de comprender el cinismo de aquel hombre al culparlo por pecados que no cometió. Cuando despertó del shock, Tolquemada ya no estaba. Se había marchado, y consigo la grabadora. Terry se levantó con rapidez y comenzó a caminar hacia la Línea 2 del metro. En medio de su shock estaba seguro de haber visto a Tolquemada dirigirse en esa dirección. Caminaba velozmente, con la mirada dura y los puños tan apretados que los nudillos estaban blancos, como su mente en aquel momento. Parecía un autómata.

A lo lejos, al otro lado de la calle, vio al ex-torturador entre un montón de gente y la grabadora no se veía en ningún lado. Gracias al cielo que dejó grabando a su celular...

Terry frunció el ceño, y corrió para cruzar y alcanzar al hombre. Ya estaba cerca del metro cuando sintió una mano en su hombro que lo giraba velozmente y un puño se estrelló en su cara. Gritó al caer al suelo, y Terry se puso sobre el para seguir golpeándolo una y otra vez.

-¡¿Dónde está?!- gritó Terry deteniéndose un momento.

-¡¿El qué?!- recibió otro puñetazo.

-¡Su cuerpo, su cadáver!- lo agarró de la solapa, la nariz ya le sangraba.

-¡Y qué demonios me importa, otros se encargaban de los cuerpos de las put...!- otra sarta de golpes.

-¡Lávate la maldita boca antes de insultar la memoria de alguna de ellas, maldito hijo de perra!

Las personas alrededor no podían creer la ferocidad de aquel hombre joven, golpeando a alguien mucho mas viejo y débil.

-¡No va a ser en vano! ¡Para que sepan...¡PARA QUE TODOS SEPAN!- Terry miró a las personas a su alrededor que aún no atinaban a intervenir- ¡QUE TORTURASTE, MATASTE Y VIOLASTE DURANTE LA DICTADURA DE ESTE PAÍS!- le susurró al oído- y por si no lo sabías; desde antes de encontrarnos, mi teléfono celular ha grabado todo- volvió a golpearlo.

Finalmente llegó la policía a separarlos y se los llevaron a ambos, pues la gente les contó lo visto y escuchado. Terry perdió el conocimiento ante el esfuerzo echo y la vorágine de emociones que los asaltaban.


Cuando despertó poco después estaba en manos de la policía al igual que Tolquemada, en una comisaría del centro; le permitieron hacer una llamada debido a que era una visita muy importante en el país. Llamó a Annie, su colega, le contó brevemente lo ocurrido y colgó. Lo llevaron a una celda en la cual no estuvo mas de 40 minutos gracias a la rápida intervención de Annie, que pagó la fianza. Pero antes de irse, dejó la grabación a la policía, como prueba fehaciente de los crímenes de lesa humanidad cometidos por aquel hombre.

Annie conducía y miraba de reojo a su compañero que iba en el asiento del copiloto, con la cabeza agachada y expresión fatigada.

-Así que lo era...- comentó.

-Si...- susurró.

-¿Cómo supiste que mentía acerca de su inocencia? ¿Por qué perdiste el control?- consultó extrañada, pues Terry solía tener un temperamento de acero.

-Yo...es complicado...-suspiró- digamos que yo alguna vez lo escuché, y lo vi...- susurró- y al final lo reconoció, y se mofó de eso- dijo con indignación.

Annie solo asintió, no le pareció prudente seguir preguntando. Lo dejó sano y salvo en su departamento con Candy y se despidió.

Un rato después, Terry le confesaría sus peores vivencias luego de años de silencio.


Una semana después Terry visitó a Ricardo Tolquemada en la cárcel.

-No sé qué hago aquí, pero...¿dónde está su cuerpo...dónde lo tiraron?- preguntó Terry aferrándose a los barrotes con las manos.

-No sé. Yo no volví a saber nada.

-Por favor, sea lo que sea que sepas, por favor- rogó. Tolquemada lo miró un momento, se metió la mano en el bolsillo derecho de su pantalón y sacó un rectángulo. Un carnet de identidad muy antiguo. Se lo extendió.

-Es todo lo que queda...- contestó a Terry, quien lo tomó y lo observó. Los ojos se le llenaron de lágrimas.


Algunos días mas tarde Terry tocaba con nerviosismo la puerta de una casa en la comuna de Maipú. Tragó con fuerza. Debía hacer esto y ya no había marcha atrás. La puerta se abrió, revelando a una pequeña de unos 5 años. Se parecía mucho a...

-Hola, ¿quién eres?- preguntó con mucha curiosidad.

-Hola, yo...soy Terry. Ammm...¿hay alguien más en casa?- se puso a la altura de la niña. Ella sonrió traviesa.

-Si me das un dulce te digo.

-¡Hija, no abras la puerta a desconocidos!- dijo la voz de un hombre desde dentro.

-El no puede ser mala persona- dijo la niña. El hombre apareció y vio a Terry en la entrada.

-Bien, ah...Susi, trae a la abuela por favor.

-Si papá- se fue corriendo.

-Hola. Han sido muchos años...- dijo Terry.

-Sin duda- le contestó Antonio- ¿quieres pasar?

-Eh...no, vine por algo puntual, pero gracias- calló unos segundos- ¿Es tu hija?

-Así es. Mi esposa se encuentra algo agripada, por eso me pidió que sacara a la niña- continuó- Según mi madre, se parece mucho a mi hermana.

-Ciertamente. Es como...si se tratara de una segunda oportunidad.

-¿Qué ocurre hijo?- la señora Marlowe se acercaba con la pequeña en brazos.

-Mira quién está aquí- le dijo Antonio sonriendo.

-Vaya, no lo puedo creer- dijo asombrada- ¿cómo has estado?- le preguntó con cariño.

-Bien señora, ¿y usted?- ella se encogió de hombros.

-No me quejo...¿deseas pasar?

-Gracias, solo vine a entregarles esto- les extendió un pequeño sobre blanco. Antonio y su madre se miraron,y luego el tomó el sobre- sé que...no es suficiente, pero peor es nada.

Expectante, Antonio abrió el sobre, su madre tan impaciente como el. Extrajeron el rectángulo que había dentro y la señora Marlowe no pudo contener un sollozo.

-Es todo lo que pude encontrar de ella, yo...me enviaron a interrogar a un hombre que aseguraba ser inocente, pero...lo reconocí. Su voz era inconfundible, también lo reconocí por un tatuaje...

-Su carnet...de identidad- susurró Antonio, emocionado ante la foto de su hermana, que le sonreía. El también sonrió- Gracias. De verdad, gracias.

-No es nada. En serio no lo es- les dijo con pesar- Adiós, y tu- se dirigió a la niña- cuídate mucho- la niña se rió y agitó su mano en señal de despedida.

-Adiós Terry. Gracias y cuídate- le dijo la Señora Marlowe. Antonio y Terry solo se estrecharon las manos.

Terrence dio media vuelta y se fue tan rápido e inesperado como llegó. Mientras caminaba, derramaba lágrimas de tristeza, impotencia y esperanza.


Tres semanas después se efectuó el juicio contra Ricardo Tolquemada. Declararon algunas víctimas, Terry entre ellas. Hablaba por Susana, sobre todo, la chiquilla que hacía casi 30 años se quedó sin voz. También el testimonio de ex-militares. Hubo muchas lágrimas durante aquel juicio. La condena fue de cadena perpetua para Tolquemada, pero la amargura permanecía inerte en el ambiente.

Candy fue con el al juicio, y lo escuchó declarar. Cuando salieron del juzgado, lo hicieron en silencio. Había algo más qué visitar en ese país antes de marcharse.


Esa misma tarde visitaron por primera y última vez el Museo de La Memoria; testimonios de víctimas, videos sobre el bombardeo al Palacio de la Moneda, las armas de tortura, fotografias, entre otros.

Sin embargo, no importa cuánto énfasis hagamos al "Nunca Más". La historia es cíclica, y se ve con los años y algunas generaciones. Basta escarbar un poco para que aflore toda la mierda acumulada y la que quedó. Al principio pareciera que hemos aprendido, pero bastan unas cuantas décadas para que los pensamientos y dirigentes totalitarios salgan a flote y haya peligro de un nuevo estado totalitario o dictatorial y de un golpe de estado. La tortilla siempre se puede dar media vuelta. Porque es un hecho que no nos encontramos en una verdadera democracia. Basta para darse cuenta el hecho de que seguimos usando la Constitución de 1980, un legado de la dictadura que fue un fraude completo.

Hay un espacio en el Museo de La Memoria con fotografías de los detenidos desaparecidos, retratada en sus rostros la inútil ilusión de alguna vez encontrarlos, algo que nunca se concretaría . Terry buscó a Susana hasta encontrarla y se la mostró a su esposa. La chica de la fotografía sonreía. Candy le devolvió la sonrisa y Terry la abrazó.

Supo entonces que jamás olvidará todo lo que vivió en Chile. Y que estaba bien. Porque eso no se puede ni se debe olvidar. No si en verdad deseamos que no se repita...

Fin.


Gracias a todas por su atención.

Bendiciones.

BetinaC.