3. Sólo una amiga
Esa tarde Plagg estaba aburrido. Llevaban varios días sin el ataque de akumas y Adrien sólo había estado estudiando para los exámenes de la escuela. El rubio estaba terminando una videollamada con Marinette, quien le había pedido ayuda con unos temas que no entendía, cuando una sonrisa maliciosa apareció en la cara del pequeño kwami.
—¡Me alegra haberte ayudado, Marinett! ¡Adiós! — Dejó el teléfono a un lado y se dispuso a continuar con su estudio cuando notó a Plagg a su lado.
—Oh, ¿una llamada de amor? —
—¿Qué dices, Plagg? Estaba ayudando a Marinette —.
—Claro, y esa sonrisa de tonto sólo te la había visto con Ladybug — le picó el kwami.
—¿Qué? — un sonrojo cubrió rápidamente sus mejillas mientras miraba disimuladamente hacia otro lado, fingiendo retomar sus estudios.
Claro que le gustaba Marinette, poco a poco lo había ido notando. Quizás al principio no se había dado cuenta. Ladybug había entrado en su corazón de un portazo y sin avisar, sacudiéndolo con intensidad; tal vez por eso no había notado como Marinette se había ido colando en sus pensamientos. Al menos no conscientemente.
Sin embargo, si pensaba un poco podía recordar claramente como siempre buscaba su contacto de forma disimulada. Un leve toque en sus manos cuando ganó el concurso de padre, un apretón en el hombro para demostrarle apoyo, una que otra mirada intensa y muchas más disimuladas. Guiños y sonrisas. Mentiría si no dijera que se había sentido sumamente frustrado cuando ese beso había sido interrumpido. Todo había ido escalando paulatinamente hasta que pudo tenerla entre sus brazos en la fiesta de Chloe. Y él se había sentido feliz.
Cuando vio todas esas fotografías suyas en el cuarto de su amiga, en aquel programa de televisión, confirmó sus sospechas. Los tartamudeos, las frases sin sentido, el sonrojo en sus mejillas, no se debían a qué él le desagradara si no todo lo contario. Sacando lo mejor de su Chat Noir interior, la había abordado al día siguiente para dejar las cosas en claro.
Y ella lo aclaró todo. Le gustaba, sí, pero no de ese modo.
Desde ese día Adrien había decidido olvidar todo su embrollo emocional. Porque Chat Noir podía soportar los desplantes de Ladybug una y otra vez, casi sin perder la esperanza y el buen humor. Pero el frágil corazón de cristal de Adrien se rompería en mil pedazos si Marinette llegara a rechazarlo.
Por ese motivo había adoptado aquella frase que se repetía a sí mismo una y otra vez como un mantra para mantener a salvo su corazón.
—¿Entonces? — la voz de Plagg lo sacó de sus cavilaciones.
—¿Entonces qué? —
— ¿Lo vas a admitir, chico? —
—Plagg, ya te lo he dicho varias veces. Marinette… —
—No. No lo digas. No te atrevas —.
—… sólo es mi amiga —.
—¡Ahhhhhggggg! ¡Te dije que no lo dijeras! —Y con un gruñido de frustración, Plagg se alejó del testarudo de su dueño.
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Notas de la autora.
No iba a subir este capítulo hasta dentro de algunos días, peeero el capítulo de hoy, los ojitos de Adrien... Tenía que subirlo. Siempre lo he pensado, a él le gusta Marinette pero todavía no sabe jijiji.
